Capítulo 45
Los días que siguieron fueron muy ajetreados. Muchos de sus antiguos mineros habían vuelto a ayudar al despejar el túnel al enterarse del descubrimiento y los inversores ya venían con intenciones de cobrar sus dividendos. Había tenido varias reuniones en la biblioteca de Nampara, Ross les había explicado hasta el cansancio que no había dinero aun, que primero tenían que sacar el cobre de las profundidades y luego había que limpiarlo, separarlo y venderlo; y para eso necesitaban dinero. Y ninguno estaba dispuesto a invertir un penique más. Así que toda la esperanza yacía en la visita de Tonkin.
Demelza había preparado un banquete digno de la realeza. Había trabajado un día entero, encerrada en la cocina. Los hombres tenían prohibida la entrada, pero desde la sala habían visto pasar a Prudie cargando una gran canasta con vegetales. Jim les había llevado un pato salvaje que Garrick casi le saca de las manos apenas el joven se asomó a la puerta, y Demelza había leído y marcado las páginas de un libro de recetas que estuvo estudiando durante muchas horas.
Ross la contempló atentamente durante esos días. Se la notaba mucho más distendida y se resistía con firmeza a no perder las esperanzas cuando él insistía que todo podría quedar en la nada. Era imposible desanimarse teniéndola cerca. Y por fortuna, Demelza revoloteaba contenta alrededor de la casa contagiando a todos con su entusiasmo. Y eso lo incluía a él también ya que, si bien no le había dicho que lo había perdonado, tampoco lo evitaba y quería que él la mantuviera al tanto de todo lo que pasaba en Leisure.
Por suerte los días en que solo quería dormir ya habían quedado atrás. Ahora se sentía llena de energía, aunque también se habían sucedido otros cambios, de carácter más personal. La pequeña hinchazón en su vientre se había hecho más pronunciada de un día para otro. Aún se disimulaba bajo el corsé y su vestido, pero era bien visible cuando se paraba desnuda de costado frente al espejo a inspeccionar su cuerpo. Además, le parecía que tenía las caderas un poco más amplias y por la noche le dolían los pies luego de estar parada todo el día. También tenía sofocos de calor, aun cuando era pleno invierno. Ross la regañaba de vez en cuando de que hacía demasiado, la última vez estaban sentados frente a frente uno a cada lado de la mesa y él había dado todo su discurso sin sacar la vista de su escote, ni una vez había levantado la cabeza para mirarla a los ojos. Sí, ese era otro cambio significante en su cuerpo. Y Ross, bien, él se estaba... comportando. No era que alguna vez hubiera dudado de que querría a su hijo, pero aun así la llenaba de ternura que todas las noches al acostarse pusiera su mano en su barriga mientras conversaban. A veces de la mina o de las cosas de la casa, otras veces sobre ellos y de cosas que no se habían dicho antes. Demelza al fin le pudo hablar con calma de Hugh, mientras Ross estoico como una estatua escuchaba en silencio lo que su amistad había significado para ella y como al fin lo único que lamentaba era que su vida se hubiera truncado tan pronto y no pudiera experimentar lo que ella estaba viviendo con él. Ross a su vez había profundizado sobre ese sentimiento de posesividad que lo invadía cada vez que pensaba que otro hombre podría acercarse a ella.
"Pero eso es una tontería, Ross. Yo soy tu esposa..."
"¿Y crees que los otros hombres se van a detener solo por eso?"
"Pues... no sería muy caballeroso. Además, ¿no tendría yo algo que decir en el asunto?"
"mmmm... supongo que sí."
"¿Supones?"
"Más ahora que este chiquitín está aquí." - dijo dando una pequeña palmadita sobre su panza. - "Ahora sí que nadie se atreverá a acercarse." - había añadido riéndose entre dientes.
"¡Judas!"
Ross se había acercado, aun sonriendo maliciosamente, con intención de besarla. Pero Demelza le dio vuelta la cara de una forma exagerada.
"¿Ves como si tengo palabra en el asunto? Duerme, Ross mañana es un día muy importante."
Sintió a Ross sonreír detrás suyo y ella sonrió también, ocultando sus labios en la almohada. Ross terminó por darle un beso sobre su cabeza, pero no quitó su mano de su panza.
"Que descanses, mi niña. Y tú también, chiquitín."
Cuando la comida estuvo servida había varias bandejas conteniendo pato asado, espárragos con hongos, y pasteles de carne picada con patatas para los niños. Además de la salsa de arándanos, pickles de remolacha y sopa de guisantes. Como dulce había preparado una tarta de albaricoque y un pudding de limón. Prudie estaba vestida con sus mejores ropas y con el pelo arreglado, lo que era un espectáculo digno de admirar, y Demelza estaba muy bonita con uno de sus vestidos nuevos de un color verde oliva y una enagua con mangas y escote de broderie que sobresalían en sus muñecas y tapaban su pecho. Había algo nuevo en ella, Ross notó. Quizás era porque estuvo más animada en los últimos días con las novedades de Leisure, y con la noticia del bebé por supuesto. Pero había algo más, además del pequeño bulto en su vientre que solo se notaba cuando lo tocaba sobre su camisón por las noches. Sus mejillas estaban más llenas, sus ojos tenían otro brillo, su piel parecía resplandecer. Ross se encontró en varias ocasiones mirándola absorto. No podía hacer mucho más, porque si bien su relación había mejorado, incluso podría decir que estaba casi igual que antes respecto a sus conversaciones y como trabajaban codo a codo para sacar adelante Nampara y ayudar a sus inquilinos, había una parte importante de su relación - una parte muy importante – que todavía estaba... fría. Solo su mano sobre su vientre por las noches, y tal vez un beso en su barriga si era lo suficientemente rápido. Pero eso era todo.
"Ross, ¿Ya está todo listo en la mina?"
"¿Cómo? ¡Ah! Sí... Zacky se encargará de todo."
"De seguro el Señor Tonkin se sorprenderá al ver la nueva veta."
Ross respiró profundo. Tonkin era su última esperanza, si decía que no Wheal Leisure tendría que cerrar. Demelza se acercó a él mientras estaba distraído y le arregló el pañuelo del cuello. Ross, en vez de levantar la pera para darle acceso bajó la cabeza para mirarla. Mientras acomodaba el nudo en su cuello con sus agiles dedos le dijo: "Solo no le digas que tardará mucho tiempo en ver ganancias, eso ya lo sabe. Tú háblale de que la veta es muy prometedora y que además aún hay posibilidades de encontrar estaño si siguen excavando..."
Ross le sonrió.
"¿No querrías ir a enseñarle la mina tú?"
"En realidad, sí. Pero dudo que tú me vayas a dejar. No, Ross. Yo me quedaré aquí, jugando a la señora de la casa con la señora Tonkin y sus niñas..."
"No juegas, tú eres la Señora de esta casa." - dijo él mientras ella terminaba con el pañuelo.
"Listo. Ahí no se te desatará..." Demelza dio una pequeña palmada sobre su pecho e intentó alejarse. Pero Ross la sujetó suavemente sobre los hombros, sus manos deslizándose sobre sus brazos hasta que sus dedos terminaron en los suyos.
"¿Qué tal un beso... para la buena suerte?" Se atrevió a preguntar. Demelza se quedó inmóvil por un momento. Últimamente Ross la hacía sonrojar tan solo con sus miradas, pero ella se había mantenido distante, manteniéndolo a raya aunque compartían la cama todas las noches y todas las noches él se dormía con su mano acariciando su vientre. Demelza se movió más rápida que Garrick cuando iba en busca de un conejo. En puntillas rozó sus labios contra su mandíbula y se alejó rumbo a la cocina.
"Quizás más tarde, si logras convencer a Tonkin." Ofreció con una sonrisa astuta antes de desaparecer a través de la puerta.
Pero Tonkin era una persona afable y no requirió de mucha persuasión por parte de Ross para tomar una decisión. Le parecía a Ross que el hombre, al no haber nacido en la alta sociedad de Cornwall, creía que convertirse en socio de una mina le daba cierto estatus que podía servirle para concretar futuros negocios. Ross, recordando lo que le había dicho Demelza, se contuvo de hacer comentario sobre lo mezquinos, tanto en cuestión de dinero como de carácter, que eran los demás accionistas. Y se limitó al enseñarle el progreso que habían hecho con la limpieza de Leisure y en que se utilizaría el capital que él aportaría.
Por su parte, Demelza estaba encantada y encantando a la esposa de su invitado y a sus dos niñas de cuatro y siete años, quienes nunca habían visitado una granja y estaban fascinadas con los animales. Dándoles de beber y llenando los recipientes con comida. Demelza les había dado una zanahoria a cada una para que alimentaran a la cabra. Hasta Garrick estuvo con su mejor comportamiento dejando que las niñas lo acariciaran.
"Tiene una hermosa hacienda, Señora Poldark..."
"Por favor, llámeme Demelza."
"Demelza. Yo no sé si sería capaz de llevar adelante un lugar así, parece mucho trabajo."
"Lo es. Pero alguien tiene que hacerlo. Y estoy segura que usted sería capaz también. De seguro criar dos niñas debe ser más difícil."
"Me mantienen ocupada, es cierto. Pero son lo que más quiero en la vida. Por años pensé que no iba a tener hijos, que sólo seríamos Richard y yo. Y estaba conforme con eso. Pero luego... se produjo un milagro. Y luego otro..." La mujer sonrío con una alegría plena y sincera que hizo que se le llenara el corazón a ella también. Sin notarlo, se llevó la mano a su pequeña panza escondida.
Pronto Ross y Richard Tonkin estuvieron de regreso. Demelza intentando capturar la mirada de su esposo para obtener alguna pista de lo que había ocurrido. Pero los hombres pasaron directo a la biblioteca y se encerraron allí durante un buen rato más. Cuando terminaron todas las mujeres estaban tomando el té con el pastel que Demelza había hecho. Ella se puso de pie cuando salieron. "¿Quieren que les sirva el té?"
"Creo que necesitaremos algo más fuerte, cariño."
"¡Sí, sí! ¿Algo con que brindar!"
"¡Oh!" Ross recién entonces la miró a los ojos con una gran sonrisa. Demelza quería correr a sus brazos y abrazarlo. ¡Judas! ¡Quería abrazar al Señor Tonkin también!
Ross ordenó a Prudie que trajera copas para todos y sacara el brandy bueno que tenía escondido en el aparador. Todos se reunieron alrededor de la mesa, Prudie y Jud incluídos, y cuando alzaron las copas llenas el señor Tonkin brindó por Wheal Leisure, y por su nuevo socio y amigo, Ross Poldark.
"Si me permiten." - añadió Ross, acercándose más a Demelza y rodeando su cintura - "Quisiera añadir otro motivo a este brindis. Quisiera brindar por mi querida esposa, y por el bebé que estamos esperando..." Todos contuvieron el aliento y sus mejillas se pusieron más coloradas que su propio cabello. "Por ti, Demelza. Por darme el regalo más preciado que un hombre puede imaginar."
"¡Por Demelza!" - Dijeron todos al unísono. Podía sentir los ojos acusatorios de Prudie sobre ella, pues no le había dicho nada ni ella se había dado cuenta. También sintió los labios de Ross presionarse sobre su mejilla. Y los aplausos del Señor Tonkin que estrechó la mano de Ross mientras su esposa la abrazaba. ¡Judas! Un aviso previo hubiera sido considerado. Pero no pudo evitar el calor en su corazón al escuchar sus palabras, su bebé aleteaba en su vientre. Estaba feliz... Al igual que ella.
Los Tonkins se quedaron durante un par de horas más. Ross hablando de su nueva asociación, pero también acerca de paternidad. Era agradable hablar con otro hombre sobre eso, pues él no sabía que esperar. Las niñas pequeñas revoloteaban alrededor de Demelza, queriendo tocar su vientre y ella haciéndolas jugar.
"Será una gran madre." - Dijo Tonkin al observar cómo Ross la miraba.
"Si... lo sé."
"Creo que ya es hora de irnos. Ross, será un placer hacer negocios contigo, y te agradezco por recibirnos en tu hogar. A usted también Señora Poldark," - agregó dirigiéndose a Demelza - "todo estuvo riquísimo, no se tendría que haber molestado. Y mis más sinceras felicitaciones nuevamente."
Luego de despedirse de Demelza, Ross acompañó a la familia hasta la caballeriza y los ayudó a acomodarse en su carreta para emprender el camino de vuelta a casa. Les dijo adiós levantando el brazo y se apresuró a regresar adentro. Quería estar con Demelza.
La encontró sentada en un sillón de la sala con los pies extendidos sobre una silla y sin zapatos y con una porción de tarta en sus manos. Ross se detuvo y la miró de arriba abajo con una pícara sonrisa.
"No te burles, Ross. Los zapatos estaban matándome. Creo que se me hincharon los pies."
"No me extrañaría, con todo lo que trabajaste."
"Pero valió la pena, Ross. ¡Leisure va a poder reabrir!"
"Sí. Tenías razón después de todo... Y todo fue gracias a ti."
"Yo no hice nada..."
"Haces más de lo que te imaginas. Aquí, quizás yo pueda ayudar un poco esto." Ross se sentó en el mismo sillón de madera en el que estaba Demelza, tomó sus pies, los puso sobre sus rodillas y comenzó a masajearlos.
"Ouhhh..." - gimió ella.
"¿Se siente bien?"
Se sentía maravilloso. "Mhmmm..."
"¿Sí? ¿El chiquitín te está causando problemas?"
"Oh no... solo que estuve mucho tiempo de pie en esos zapatos duros..."
Ross continuó masajeando sus pies con sus hábiles dedos. Frotando firme pero delicadamente y girando sus pies para aliviar sus tobillos mientras ella daba suspiros de alivio. Sus gemidos evocando recuerdos de otro tipo de gemidos que Ross solía provocar en ella. Cuando terminó, bajó sus pies y buscó sus pantuflas que ella guardaba en la cocina.
"Me quedan grandes..." Dijo levantando sus pies hacia el fuego y tomándose la cintura. "Ouch..."
"¿Qué? ¿Qué ocurre?"
"Nada, nada." Demelza intentó ocultar su incomodidad mientras se frotaba la parte baja de la espalda. Ross se sentó a su lado.
"Dime..." - dijo reemplazando sus manos por las de él.
"Solo un pequeño calambre, ya va a pasar." Pero Ross comenzó a usar sus dedos en ese sector también, acomodándola de modo que ella estaba prácticamente reclinada sobre él.
"Ross... fue muy bonito lo que dijiste. De verdad... de verdad estas contento porque vamos a tener un bebé?" - Demelza dijo casi suspirando. Sus dedos la tocaban de una manera estupenda, exactamente en el lugar indicado.
"De verdad. Por supuesto. Nunca te dije..." - Ross sonrió entre sus cabellos.
"Nunca me dijiste... ¿Qué cosa?" Él apoyó su mentón sobre su hombro y rodeó su cintura para descansar una mano contra su vientre mientras su otra mano la seguía masajeando por detrás.
"Es algo que ya me había imaginado... A ti, con niños. Nuestros hijos..."
Demelza giró su rostro y quedó a escasos centímetros del de su marido. ¿había pensado en esto ya?
"Ross... ¿Querías tener hijos?"
"No, no quería. O nunca lo había pensado, no en realidad. La idea empezó a aparecer en mi mente cuando te conocí, o cuando tú y yo... ya sabes."
Increíblemente un rubor rosado coloreó sus cachetes. Ross la encontró encantadora. Después de todos estos meses y de todo lo que compartieron juntos, que aún le diera pena hablar de esas cosas. Pero eso había sido lo más maravilloso que le había ocurrido en su vida, por ello habían creado una nueva vida. Un niño o niña, parte de él y parte de ella. Era difícil de comprender, y aun así lo podía sentir revoloteando bajo sus dedos. Demelza acercó su rostro un poco más, rozando su nariz con la suya. "Quiero tener niños contigo. Muchos."
"¿Muchos?"
"Sí. No creo que podamos evitarlo de todas formas... Vas a ser una madre grandiosa."
"Y tú serás un gran padre..." dijo ella casi contra sus labios.
Ross exhaló. Su aliento entibiando su piel. "Lo haré lo mejor que pueda. Aunque no se nada de niños. ¿Me ayudarás?"
"Sí, Ross." Demelza alzó su mano y suavemente acarició sus cabellos, pasando sus dedos por su mejilla. Ross la sostenía por la mitad de su cuerpo, por delante y por detrás, y todas las sombras que los habían rodeado en ese último tiempo de repente se había desvanecido. Ella nunca había dejado de amarlo, pero si había estado muy molesta y ofendida. Él le había pedido disculpas y, si bien no le había respondido, en su corazón ya lo había hecho.
"Demelza... ¿puedo besarte ahora?"
"Sí, Ross."
Ross se acercó lentamente, casi vacilante. Hacía semanas que no estaban así de cerca, que no la tenía en sus brazos dispuesta a recibirlo. Ella era su esposa, y el su marido. Lo había lastimado y él a ella, pero aun así sentía que necesitaba sus labios en los suyos tanto como necesitaba aire en sus pulmones. La amaba, y ya debería dejarse de tonterías, de celos y sospechas. Debía templar su mal genio y no descargarse con ella cuando las cosas no salían como él quería. No podía arriesgarse a perderla, no quería que ella dejara de quererlo. Si en algún momento había vivido sin su cariño pues ya no recordaba cómo era entonces, o quizás no había vivido en absoluto hasta que ella había aparecido. El beso, tímido al principio, como dos nadadores que testean las aguas antes de sumergirse en lo profundo, se intensificaba con cada aliento, con cada caricia de sus dedos en su cabello, con cada latido de su corazón contra sus pechos. Demelza terminó sobre sus piernas, Ross la había levantado y rodeado sujetándola con firmeza. Ella había rodeado sus hombros. Sus besos ya no eran tímidos sino que los dos batallaban con sus lenguas por poseer las profundidades del otro, su alma. Fue ella quien se rendió primero, apartando sus labios para tomar aliento, pero sin desprenderse levantó su rostro ofreciendo su garganta y su cuello para que el besara. La sensación que la inflamaba tan familiar, tan anhelada. De pronto los dos se detuvieron con un "Ohhhh" cuando su chiquitín hizo notar su presencia con una fuerte patada, o eso creyeron que fue. Ross sonrió, su rostro mucho más relajado y hasta rejuvenecido luego de tanta preocupación y dio otro rápido beso en su boca.
"Creo que debo ir a ver la cena."
Pero Ross lo que menos tenía era hambre, al menos no de comida. Estaba ansioso por estar a solas con ella de nuevo. La cena había sido rápida, pero no podían salteársela. Estaba, después de todo, de vuelta en alerta y controlando que Demelza comiera desayuno, almuerzo, merienda y cena. Aunque no hacía falta supervisión realmente. Además, Jud y Prudie se habían enterado del embarazo y tenían muchas preguntas. Mejor dicho, Jud tenía preguntas sobre la mina y Prudie reproches porque Demelza no le había contado.
Ross fue primero a la habitación para encender el fuego, para cuando Demelza subió él la estaba esperando sentado en el pie de la cama. Ella pareció titubear al verlo sólo con su camisa de dormir, pero un momento después cerró la puerta tras ella lentamente.
"Demelza..." su voz pareció una caricia que la recorrió de pies a cabeza, causándole escalofríos a su vez que un calor viajó a su entrepierna. Tantas noches habían pasado separados... ¿Quería hacer el amor con el de nuevo? Sí... Lo anhelaba con todo su ser. Lo había extrañado tanto. Ross estiró un brazo invitándola a acercarse y ella obedeció, deteniéndose frente a él. Dulcemente, Ross volvió a colocar su mano sobre su vientre, inclinándose para dar un beso a su chiquitín. Luego levantó sus ojos hacia ella, sin dejar de acariciarla. Sus ojos parecían más claros, color avellana. Y la observaban con adoración. Demelza colocó sus manos sobre sus hombros, en parte para ayudarse a sostenerse pues sus rodillas habían comenzado a temblarle, y se agachó lentamente para besar su frente, su nariz. Sus labios terminando en los suyos.
"Cariño... ¿puedo verte?" - susurró Ross, su voz áspera y cargada de deseo. Una voz que no escuchaba hacía semanas, aunque bien podían haber sido años. Ella asintió. Y dejó que Ross se encargara de desabrochar los ganchos del frente de su vestido. El material era grueso y la cubría casi completamente. Sólo dejó sus hombros un momento para quitarse la parte de arriba y ayudarlo a desatar la falda pues él no podía y ella no se dio vuelta para dejarlo ver. Luego él se apresuró con el corsé que, si bien aún le quedaba y disimulaba su vientre, ya comenzaba a apretarle. Demelza dejó escapar un suspiro de alivio cuando por fin se deshizo de la prenda.
Su enagua era delicada con los bordes de broderie, y frotaba agradablemente sobre su piel, endureciendo sus pezones y rozando su figura redondeada. Ross se humedeció los labios y bajó la mirada hasta donde estaban sus manos, sobre su vientre. No esperó. Rápidamente movió la enagua hacia arriba, más allá de sus caderas cubiertas, más allá de su cintura, hasta que finalmente pudo descansar sus ojos sobre la piel de su redondeado vientre. No era muy grande, pero después de no verla durante casi un mes, la diferencia era muy notable. Su hijo estaba allí, creciendo.
"Dios... Demelza..." exclamó. Y por un segundo ella tuvo miedo de que lo que vio le desagradara. Pero solo por un breve momento, hasta que susurró: "Eres tan hermosa..." casi como una oración. La besó como antes, solo que esta vez sus labios sobre su piel desnuda enviaron oleadas de deseo haciendo que los vellos de su cuerpo se erizaran. Susurró algo más, pero no pudo oírlo, no le estaba hablando a ella. Otro beso, y luego continuó moviendo la tela hacia arriba, sobre su vientre, para revelar sus pechos. Sus ojos se agrandaron al verlos, se veían mucho más redondos que antes, aún más tentadores si era eso posible. Su polla se paró en atención mientras ella tomó la enagua y se la quitó por la cabeza. Ross se pasó la lengua por los labios y, tras otro profundo suspiro, volvió a mover la cabeza hacia delante. Otro beso en la parte superior de su vientre, y luego otro más cerca pero más alto, y más alto... hasta que sus labios acariciaron la hinchazón de su seno, su rostro enterrado entre sus pechos para besar su piel.
"Ross..."
Su mirada se apartó de sus pechos y subió a su rostro, su expresión aún desconcertada. Ella se alejó un poco, sonriendo enigmáticamente y un poco regocijada por su confusión, Demelza se deslizó alrededor de la cama, balanceando sus caderas mientras se movía junto a la cama y lentamente se quitó los calzones, sin molestarse con las medias de seda. "Te extrañé, Ross." - dijo tímidamente.
Sus palabras eran un estímulo, como se suponía que debían ser, y la incertidumbre en los ojos de su marido se disipó para ser seguida por una resolución entusiasta. Avanzó y se detuvo junto ella cerca de la cama, rodeando su cintura con el brazo y acercándola a él. Inmediatamente, su corazón comenzó a latir más rápido, revoloteando dentro de su pecho mientras presionaba sus manos contra las de él.
"Y yo a ti. Tanto." - dijo entre dientes, sujetándola con fuerza. Su otra mano presionando la parte baja de su espalda y comenzando a deslizarse hacia su trasero.
"Pero sin castigo esta noche." - susurró Demelza, casi burlonamente, mientras se ponía de puntillas para besarlo.
Cualquier respuesta que pudiera haber dado se perdió en su beso, sus brazos se cerraron aún más sobre su cintura mientras ella le rodeaba el cuello con los brazos. Su calidez ahora parecía incendiar su piel mientras su mano acariciaba su trasero, apretando y frotando su carne blanda.
Gimiendo contra sus labios, se frotó con desesperación contra el frente de su cuerpo, disfrutando de la forma en que la tela de su camisa raspaba sus pezones apretándolos también.
Para su decepción, las manos de él desaparecieron repentinamente de su trasero y la sujetaron por las caderas, alejándola un paso atrás. A punto de protestar cuando sus labios se separaron de los de él, ella lo miró con confusión y una repentina incertidumbre.
Sus ojos oscuros brillaban a la luz de las velas mientras la miraba, ahora completamente en control de sí mismo y pecaminosamente guapo. Algo había cambiado en su mirada, haciéndolo lucir mucho más preocupado de lo que estaba hacía unos segundos.
"¿Cómo sabemos que no... lo lastimaremos?" - susurró. Preocupación escrita en todo su rostro.
"No lo haremos. Créeme." Respondió ella con seguridad
"¿Cómo lo sabes?" Insistió él, no muy convencido.
"Lo sé. Créame." Demelza ya le había preguntado a la Sra. Martin sobre las relaciones íntimas durante el embarazo.
"¿Está segura?"
"Sí, Ross." Dijo, y se acercó a él de nuevo para darle un beso en la barbilla. Él confiaba en ella. Y además, habían estado haciendo el amor todo ese tiempo mientras ella ya estaba embarazada. Pensándolo bien, ella había estado embarazada la mayor parte del tiempo, pensó. Pero sus pensamientos se volvían cada vez más abstractos bajo las dulces caricias de su esposa, que besaba y lamía su barbilla. Dios.
"Realmente te extrañé." - dijo de nuevo. - "Quiero... quiero verte más." Dio un paso atrás, un paso muy pesado que requirió la mayor parte de su fuerza de voluntad. Le dio un pequeño beso y tomó sus manos, levantando sus brazos sobre su cabeza. "¿Puedes sostenerlos ahí arriba por un momento?" - le susurró al oído. Un pequeño escalofrío recorrió su columna vertebral mientras levantaba los brazos hacia arriba. Ella asintió.
Sus ojos parecían arder, mirando directamente a los de ella mientras sus manos rozaban sus costados, y luego lo vio levantar su camisa. Con un suave movimiento, Ross la pasó por sobre su cabeza y se quedó completamente desnudo frente a ella. Demelza empezó a bajar los brazos.
"Detente."
La orden la dejó paralizada y se sintió casi sin aliento con una extraña excitación mientras lo miraba.
"Pon tus manos detrás de tu cabeza si es necesario, pero no las bajas todavía."
Hasta hace unos días, si él le hubiera dicho que no podía hacer algo Demelza habría desafiado inmediatamente la idea. Pero ahora... dobló los codos y llevó sus palmas a la parte posterior de la cabeza. Solo le tomó un momento apreciar su nueva posición mientras la mirada de Ross descendía hacia sus pechos completamente expuestos. Sus pezones palpitaron cuando sus manos rozaron sus costados una vez más, apenas tocándola, haciéndola ansiar que la tocara más deliberadamente.
Ella trató de inclinarse hacia sus dedos, pero él dio a su pecho derecho un apretón corto y fuerte y ella dio un pequeño brinco por la sorpresa, sus pulmones se encogiéndose en su pecho.
"¿Te duelen?" - preguntó, ahuecando su mano contra un pecho y dándole otro suave apretón. Le pasó el pulgar por el pezón y el pequeño capullo palpitó cuando una sensación similar pulsó entre sus piernas como respuesta.
Los labios de Demelza formaron una pequeña "o" pero no salió ningún sonido. No tenía aliento para emitir alguna. Había extrañado esto. El juego previo, la satisfacción en su rostro mientras la volvía loca de sensaciones. Mirándolo, esperó a ver qué haría a continuación, aún había tantas cosas que podrían descubrir juntos.
Los grandes ojos verdes de su esposa llenaron a Ross de una engreída satisfacción. Ella era su amante, su sirena, la mujer seductora pero aún inocente que había llegado a amar, a desear con cada centímetro de su ser. Y esta noche quería tomarse su tiempo. Explorar su cuerpo. Familiarícese con cada centímetro de ella una vez más.
Comenzó con sus manos, acariciando, cerrando sus dedos alrededor de cada curva suave de su cuerpo mientras se arrodillaba lentamente ante ella. Todo el tiempo, podía sentir la mirada de Demelza, sus ojos hacían un agujero en la parte posterior de su cabeza mientras acariciaba sus muslos, sus manos se habían movido hacia sus pantorrillas. Cada centímetro de su piel era suave como la seda, y sus piernas tenían los músculos firmes de un ávido jinete, lo que ya le estaba dando varias ideas interesantes. Con su rostro a sólo unos centímetros del vértice de sus piernas podía oler el dulce y almizclado aroma de su excitación femenina. Curiosamente, el aroma embriagador le hizo querer apresurarse y ralentizarse aún más al mismo tiempo.
"¿Ross?" Su voz era suave, casi ansiosa. "¿Ya puedo bajar mis brazos?"
Había tardado tanto que sus brazos debían estar cansados.
"Sí, lo siento mi amor." - dijo, poniéndose de pie. Pasó las manos por su cuerpo mientras lo hacía, disfrutando de la forma en que ella se estremecía bajo su caricia. "Súbete a la cama y acuéstate boca arriba." - añadió.
Tan pronto como estuvo en posición, su cabello rojo extendido sobre las almohadas, sus piernas ligeramente separadas, las manos a los lados, sus ojos se dirigieron directamente a su dura polla. Inmediatamente, sus piernas se abrieron un poco más y Ross sonrió. Obviamente, pensaba que iba a conseguir lo que quería de inmediato.
Pero él aún no había terminado.
Subió a la cama, tomó cada delgado tobillo con una mano y los abrió más, empujando sus piernas hacia ella para que tuviera que doblar las rodillas. Los labios de su coño se separaron, carnosos y rosados bordeados por rizos mojados color cobre, abriéndose para él mientras Demelza se sonrojaba. Pero no intentó cubrirse, que era lo que siempre hacía, solo miraba y esperaba para ver qué haría él.
"¡Oh!" El grito de sorpresa de Demelza cuando bajó la cabeza entre sus muslos envió otra lanza de lujuria que lo apuñaló. Ese suave y pequeño jadeo fue como música para sus oídos cuando deslizó su lengua entre sus labios inferiores, saboreando su dulce néctar. Envolviendo sus brazos alrededor de sus muslos para mantenerlos separados firmemente, comenzó a darse un festín, el sabor más dulce de lo que recordaba.
Casi de inmediato, los dedos de Demelza agarraron la parte posterior de su cabeza, sus caderas se levantaron ansiosas por encontrarse con su boca. Su pasión lo impulsó a seguir adelante y estaba decidido a mostrarle exactamente cuánto lo había extrañado todo este tiempo.
Demelza gimió mientras se movía contra su lengua, casi sollozando cuando él comenzó a succionar. Sus fuertes manos mantuvieron sus muslos separados mientras ella presionaba para juntarlos, ya que su asalto oral en sus partes más sensibles se volvió casi demasiado intenso para soportarlo.
"¡Judas!" - gritó cuando su placer aumentó... aumentó... alcanzó la cresta. "¡Ross!" Agarrando su cabello con fuerza, tiró, retorciéndose contra su boca en éxtasis. La embriagadora sensación se extendió mientras él continuaba lamiendo, chupando, complaciéndola, prolongando las fuertes olas que ondulaban a través de ella.
Para cuando terminó con ella, Demelza se sintió como si no tuviera extremidades a la vez que obligaba a sus manos a alisar su cabello y soltar su cabeza. Embriagada por el resplandor brumoso de la satisfacción, todavía sentía un pequeño temblor cuando Ross se elevó sobre ella como un dios oscuro, su virilidad erguida e insatisfecha.
Gimió cuando él se arrodilló entre sus muslos. Se sentía tan exquisitamente sensible y no podía esperar a tenerlo dentro de ella... Lo necesitaba... Lo amaba.
La gruesa cabeza presionó contra ella y luego fácilmente comenzó a deslizarse dentro, Ross apoyando los brazos a ambos lados de su cuerpo mientras gemía y empujaba hacia adelante. Gritando, sintió que sus músculos se contraían alrededor del gran invasor, sus manos se posaron en sus bíceps. Un momento después, estaban a ambos lados de su cabeza, sus manos sosteniendo las de ella, entrelazando sus dedos.
"¿Estás bien?" Jadeó. Y por alguna razón su preocupación, su devoción la despertó de nuevo.
"Sí, mi amor, sí."
Movió las caderas, empujándola un poco más profundamente con cada embestida, y Demelza se arqueó para encontrarse con él mientras su cuerpo respondía. Sus dedos apretando los de ella mientras trataba con cuidado de no descansar todo su peso encima de ella. Ross empujó de nuevo, enterrándose dentro de ella y Demelza soltó un grito agudo cuando su ingle frotó sus sensibles labios y clítoris.
Se sentía como volver a casa, como volver a su templo del placer.
Demelza, su esposa. Demelza, su apasionada sirena... dos cosas que Ross ya sabía, y ahora, Demelza, la madre de su hijo. Siempre destinada a él. Para siempre suya.
Su cuerpo se apretó alrededor de su miembro, moviéndose hacia arriba para encontrarse con su mirada, sus reacciones lo incendiaron. El calor sedoso de su agarre en su polla era una felicidad inmaculada, su suavidad lo acunaba mientras él bombeaba sus caderas, montándola lentamente al principio y luego más fuerte y más rápido a medida que sus propios impulsos comenzaban a tomar posesión de sus actos.
Ella se retorció debajo de su cuerpo, sus piernas se envolvieron alrededor de las de él para atraerlo hacia ella, tratando de sostenerlo contra su piel, dentro de ella. Ross bajó su boca tomando sus labios en un beso ferviente mientras se movía dentro de ella, sintiendo sus gemidos contra su lengua. Los duros empujes en su cuerpo lo estaban volviendo loco, especialmente cuando sentía su respuesta.
Un sollozo subió a su garganta mientras él se movía asegurándose de frotarse contra su cuerpo con cada embestida. Sus pezones se frotaban contra su pecho, sus pechos rebotando suavemente debajo suyo, hasta que se apretó alrededor de él con un grito agudo cuando otro orgasmo se apoderó de ella.
Sintiendo que ella se deshacía debajo de él, cortó la última cuerda de sus riendas y Ross dejó escapar su propio grito salvaje mientras bombeaba fuerte y rápido, su propia culminación elevándose como un géiser. Un éxtasis completo lo llenó mientras la inundaba, sus manos tomando con fuerza sus dedos mientras cabalgaban juntos las oleadas de placer. Sus embestidas se hicieron más lentas... más superficiales... hasta que estuvo completamente agotado y se desplomó sobre ella.
Debajo suyo Demelza murmuró algo, pero no tenía idea qué dijo. Pero luego lo recordó.
"Oh, lo siento." - dijo y se movió hacia un lado inmediatamente. E inmediatamente, ella se acurrucó contra él, su cabeza encontró el hueco en su hombro, su brazo envolvió su cuerpo. Un sentimiento de extrema satisfacción fluyó a través de sus venas. Mucho más que satisfacción carnal, sintió como si hubiera vuelto a casa. Lo cual era una sensación muy extraña cuando ya estaba en casa y nunca se había ido... pero era como si su casa hubiera estado incompleta y ahora ya no lo estaba.
Pasando sus dedos por el cabello de su esposa, Ross sonrió antes de estirar la mano para apagar las velas de la mesita de noche de Demelza. Con solo el fuego proveniente de la chimenea, le dio un beso suave en los labios y, dándose la vuelta, la arrastró con él.
"Te amo, mi niña."
"Y yo a ti, Ross."
Feliz como nunca lo había estado, Ross cerró los ojos y se quedó dormido con la barbilla apoyada en la cabeza de Demelza.
Fin del Capítulo 45
