Epílogo
Ross estaba hablando con su primo cuando con el rabillo del ojo lo vio a Jud acercarse de prisa y torpemente hacia Wheal Leisure.
Viendo que la mina prosperaba, Francis había ofrecido invertir su poco capital en Leisure. Pero Ross, sabiendo la cantidad de accionistas que la mina que había heredado tenía y las pocas ganancias que daría si seguían sumando inversores, había sugerido a su primo la posibilidad de reabrir la otra mina de la familia, Wheal Grace. Reabrir una mina que había estado cerrada por décadas era una empresa ardua y se necesitaba más capital del que ellos tenían, pero Ross creía poder convencer a Tonkin de sumarse a la aventura también, y tal vez a Henshawe si es que estaba ahorrando las ganancias que había obtenido en los últimos meses, y también podía pedir un préstamo a Pascoe ahora que era un poco más solvente. Menos accionistas y todos amigos de confianza, le parecía más fácil de controlar que los socios que había heredado de su padre. Francis estaba muy ilusionado con la idea de alejarse un poco de su Charles y tener algo de independencia sobre su propio destino ahora que se había convertido en padre. Ross aún no había conocido a Geoffrey Charles. Tal como hacía Demelza, él también utilizaba su embarazo como excusa para no salir demasiado y así había evitado ir a Trenwith a visitar a Elizabeth y a su recién nacido. Era algo egoísta de su parte, lo sabía. Hasta Demelza había insistido a que fuera cuando nació el niño. Era el hijo de Francis, familia, otro Poldark, había dicho. Pero Ross aún no había podido perdonar a Elizabeth por las cosas que había dicho y prefería mantener las familias alejadas lo más posible, aunque ahora veía a Francis mucho más seguido y su primo pasaba por Nampara a saludar a Demelza cada semana. El encuentro era inevitable en algún momento.
Pero a Ross no le importaba en lo más mínimo, más cuando Jud llegó sin aliento y sin necesidad de que dijera una palabra Ross entendió lo que ocurría.
Cuando llegó a Nampara, Prudie y Jinny daban vueltas con una expresión nerviosa en el cuerpo de aquí para allá. Había una pila de sábanas, ropa y toallas sobre la mesa de la sala. En la mesa de la cocina estaban pelando vegetales, había una olla con agua al fuego y otra con lo que olía a estofado sobre la estufa, el horno estaba encendido y Ross casi tropieza con la bañadera cuando la seguía a Jinny ya que ninguna había notado su presencia.
"¿Qué ocurre? ¿Dónde está Demelza?"
"¡Señor Ross! Disculpe, no lo oí llegar. La señorita esta arriba... mi mamá está con ella."
"¿Está bien? ¿El bebé ya...?"
"No, todavía no." - intercedió Prudie - "Todavía faltan horas para eso. Rompió fuente, eso es todo. Pero la Señora pensó que todo sería cuestión de pim pum pam y por eso lo mandó a llamar, pero puede volver a la mina si quiere y yo le avisaré cuando sea la hora." Hasta su sirvienta se veía nerviosa, aunque quizás estaba molesta porque tenía que lavar el piso de la cocina.
"Demelza está bien. Puede subir a verla, de seguro se alegrará de que esté aquí." - Agregó Jinny.
"Pero el bebé... ¿llegará hoy?" Ross le preguntó a la joven casi susurrando para que Prudie no lo escuchara. Jinny le respondió sonriendo y moviendo la cabeza de arriba abajo.
Noc noc.
Ross llamó a la puerta de su propia habitación antes de asomar la cabeza, no sabía con lo que se iba a encontrar. Pero en la habitación principal de Nampara todo estaba en calma. La señora Martin estaba sentada en el banco del tocador de Demelza bordando en un pequeño bastidor, y Demelza estaba de pie junto a la cama tarareando una canción mientras se acariciaba la panza.
"¡Ross!" - exclamó al verlo - "Disculpa que te hice venir en vano."
Ross le dedicó una sonrisa a la Señora Martin mientras se acercaba a su esposa. La mujer levantó la vista un momento, pero volvió rápidamente a su tarea.
"No tienes nada porque disculparte. ¿Cómo te sientes?"
Demelza suspiró.
"Pues... algo tonta en realidad. Hace un rato pensé que ya estaba por llegar, pero... pero resulta que fue solo el principio."
"No te preocupes, Demelza. Es la ansiedad típica de las madres primerizas." – dijo la mujer sin levantar la vista de su trabajo para darles intimidad.
"Pero todo marcha bien ¿verdad?" - Ross insistió, esta vez buscando reafirmación en la Sra. Martin.
"Claro que sí. Como la señora acaba de decir, esto recién empieza. Las contracciones son muy distantes aún. Puede volver tranquilo a la mina, aquí la cuidaremos hasta que usted vuelva."
"Si, Ross. Ve tranquilo."
¿Tranquilo?
"Ya que estoy aquí, me quedaré a hacerte compañía." Dijo entrelazando los dedos en los suyos sobre su barriga.
A Demelza la tarde le pareció una eternidad. La señora Martin le dijo que caminar era una buena idea para apresurar el proceso, así que había caminado lo que a ella le parecieron millas y millas alrededor de la cama y por cada rincón de la habitación. Prudie le había subido el almuerzo. Y el té. Pero no había podido comer casi nada. Otra cosa que podía ayudar, dijo Prudie, era darse un baño. Así que Ross había subido la bañadera y la había ayudado a desnudarse y meterse en el agua. Allí se había quedado un buen rato, hasta que la piel de los dedos comenzó a arrugarse y Ross se había mojado todo cuando metió los brazos en la bañera para sacarla, pues ella no se podía poner de pie por si sola. Se estaba comenzando a sentir un poco incómoda, pero no quería hacer mucho alboroto con Ross allí. Ross la envolvió en una toalla y Jinny le aconsejó que ya mejor se quedara en camisón mientras limpiaba el cuarto y tiraba el agua que había usado por la ventana. La señora Martin se había vuelto a sentar a bordar en una silla, pues Ross la había sentado frente al espejo para desenredar su cabello y le estaba haciendo una trenza cuando un dolor punzante en su abdomen la paralizó.
"Ya va a pasar, Demelza. Respira profundamente, suelta el aire despacio por boca." - Ross escuchó decir a la señora Martin. Cuando la miró a Demelza estaba pálida con los ojos y los labios bien apretados, evidentemente dolorida.
"¿Demelza?"
"Respira profundo." - Repitió la mujer y Demelza le hizo caso. No fue la única vez en esa tarde – ni en su vida – que Ross se sintió impotente, completamente inútil.
Demelza sintió a Ross arrodillarse a su lado y tomar sus manos, pero antes que nada se enfocó en respirar y en que el dolor pasara. No duró mucho, pero fue bastante más intenso que los que había tenido hasta ese momento.
Y solo estaba comenzado.
La noche no pudo llegar más rápido para Ross. Y con ella una tormenta. En algún momento de la tarde había sugerido ir a buscar al Dr Choake, pero Demelza no quiso ni escucharlo. Supuso que ahora la idea quedaba totalmente descartada pues ese hombre jamás saldría en una noche con diluvio. Pero es que Ross no sabía que es lo que podía hacer para ayudar. Los dolores de Demelza, contracciones había aprendido que se llamaban, fueron aumentando con el paso de las horas. Eran cada vez más seguidas y al parecer cada vez más dolorosas. Jamás se atrevería a quejarse, pero le dolía un poco la mano por la forma en que Demelza apretaba sus dedos cada vez que tenía una. También le había dicho varias veces ya que quizás sería mejor que la dejara sola con las mujeres, principalmente después de que la señora Martin le levantó la falda sin ningún tapujo para ver cuanto estaba de dilatada. Como estaba sentado junto a ella no llegó a ver nada, pero Demelza se había puesto muy ansiosa después de eso.
Para medianoche Prudie literalmente lo había agarrado por la manga de la camisa y lo había arrastrado fuera de la habitación. "Está poniendo a la Señora muy nerviosa." Le dijo una vez que estuvo afuera y antes de cerrarle la puerta en las narices.
Afuera la lluvia caía incesante y con el primer trueno que pareció sacudir la casa también llegó el primer grito de Demelza desde el otro lado de la puerta. Estuvo a punto de entrar, pero justo Jinny estaba saliendo.
"¿Qué ocurre? ¿Está bien Demelza?"
"Todo está bien, Señor. Ya no falta mucho."
Pues Ross esperaba que eso fuera cierto, porque lo que vino a continuación fueron los momentos más difíciles que Ross hubiera vivido jamás. Y eso que había estado en la guerra. Pero escuchar que los gritos de su mujer eran los que ahora parecían hacer temblar la casa, era una tortura.
Ross permaneció caminando de un lado al otro frente a la puerta de su habitación por lo que le pareció una eternidad. Eventualmente Jinny le acercó una copa y una botella de ron. La joven era la única que salía y entraba en la habitación sacando trapos sucios y llevando lo que fuera que necesitaran ahí adentro. Ella era quien le decía una y otra vez que todo iba bien, aunque era algo difícil de creer juzgando por los gritos que escuchaba de Demelza. Varias veces estuvo a punto de entrar, ya no sabía cuanto más podría soportarlo. Quizás no podría ayudar en nada, pero al menos estaría a su lado. Y cuanto estuvo a punto de hacerlo, cuando ya no aguantó más y llevó la mano al picaporte, un fuerte trueno cayó en la costa de Cornwall y Demelza emitió un grito que le heló la sangre, y luego...
Nada.
Por unos segundos, no escuchó nada. La lluvia pareció cesar afuera y no se escuchaba nada desde el otro lado de la puerta. Ross acercó la oreja. Su corazón latió una vez, y luego otra. Y entonces la escuchó. Un sonido que jamás había escuchado y que jamás olvidaría.
El llanto de un bebé.
Ross se alejó de la puerta cuando escuchó pasos del otro lado. Jinny abrió la puerta y se hizo a un lado y de atrás de ella apareció Prudie cargando algo en sus brazos.
"¿Cómo está Demelza?" le preguntó antes de tenerla en frente.
"La señora está bien... Aquí le traigo a alguien que quiere conocerlo." Susurró.
Ross jamás había cargado a un bebé recién nacido y por un momento tuvo pánico cuando Prudie dio el último paso y puso al bebé en sus brazos.
Y Ross por fin la vio. Era una niña, tal como Demelza había dicho. La criatura más preciosa que jamás hubiera visto. Cuando los brazos de Prudie la soltaron y la sostuvo por sí solo, la pequeña se movió un poco bostezando y agitando sus manitos hacia arriba. Y sus manos, brazos y todo su cuerpo aprendieron al instante como sostenerla, como cuidar de ella.
"Hola, hola mi princesa..." susurró en una voz que desconocía. Era tan pequeña. La niña parpadeó lentamente y agitó sus manitos de nuevo en el aire. Ross aprovechó para besar sus diminutos dedos, y luego acercó sus labios y besó su frente.
Allí permaneció un buen rato. En el pasillo sosteniendo a su hija, hasta que alguien lo llamó desde la habitación y le dijo que Demelza ya estaba lista.
Era increíble que pudiera verse tan hermosa cuando hasta hace unos minutos sus gritos hacían temblar la casa. Pero allí estaba, sentada en medio de la cama contra las almohadas viéndose como un ángel. Ross se acercó lentamente, atraído por su sonrisa.
"Aquí hay alguien que quiere conocerte, mi niña."
Apoyando una rodilla en el colchón, Ross entregó su hija a su madre que la esperaba con brazos ansiosos.
"¡Oh, Ross!"- Demelza exclamó al ver a su hija por primera vez. Él se sentó junto a ella, rodeándola con un brazo y llevando su otra mano a los pequeños dedos de su hija. Demelza se acomodó contra su cuerpo. "¿Cómo pudimos hacer algo tan perfecto?" - susurró.
"Se parece a ti."
"La pobrecita..."
"Es hermosa... Gracias, Demelza. Muchas gracias."
"No tienes porqué agradecerme."
"Sí que debo hacerlo. Tú le has dado sentido a mi vida... ¿Cómo te encuentras?"
"Feliz. Y algo cansada, pero estaré bien. Más que bien. ¿Cómo crees que se llama?"
"Mmmm... A ver." Ross observó a su hija con atención, rozando su mejilla con sus dedos. La niña pareció sonreír, y los dos rieron. "¿Julieta?"
"Mmmm... no lo sé. Juli... Julia." - La niña volvió a sonreír.
"Julia es entonces. Te amo... Las amo."
"Y nosotras a ti."
SEIS MESES DESPUÉS.
Demelza estaba dormida, su cuerpo acurrucado contra él, su cabeza apoyada en su brazo, su respiración lenta y uniforme. Ross se había quedado despierto mirando a su esposa después de un día agitado, todos los días eran movidos últimamente. Pero no podía quejarse. Observando las suaves líneas de su rostro relajadas mientras dormía, sintiendo nada más que alegría por el curso que había tomado su vida. Julia dormía en su cuna. Afortunadamente, su bebé había comenzado a dormir durante toda la noche, por lo que su madre podía tener un descanso adecuado. Bueno... ahora había estado durmiendo durante varias horas y Ross no pudo evitar deslizar una mano entre ellos y girar su cuerpo hacia el de ella, encontrando esos suaves labios entre el ápice de sus piernas. Comenzó a separarlos, moviendo sus dedos sobre su clítoris y sobre la piel rosada ondulante alrededor de su entrada. Ella se movió y suspiró feliz y soñolienta, sus piernas se abrieron para permitirle un mejor acceso, aunque sus ojos permanecieron cerrados y su rostro relajado. Todavía estaba dormida.
"Ross..." - murmuró.
"Shhh..."
Ross abrió el escote de su camisón fácilmente e inclinó la cabeza para llevarse un pezón a la boca, succionando suavemente, moviendo su lengua alrededor del brote rosado, y ella comenzó a retorcerse, pero aún estaba dormida. Lamentaba despertarla, pero no podía esperar más. Ross levantó una de sus piernas y la colocó sobre su cadera mientras se posicionaba en su entrada. Manteniéndola en su lugar, empujó hacia adentro, y como una cortina cayendo sobre una ventana soleada o una puerta que se cierra contra el ruido de una fiesta, el mundo exterior se amortiguó de inmediato. Todo se desvaneció ante la intensidad de su conexión, como siempre sucedía. Incluso cuando en los dos meses posteriores al parto no podían unirse así, aun así la intimidad no se había perdido. Cercanos y cariñosos. Y después, la conexión sexual se reinició fácilmente. Más pasional que nunca. Ella todavía lo volvía loco de deseo. Y ahora la sensación de su apretado coño lo estaba hundiendo en ella. Dios, podría quedarse así para siempre, sin siquiera moverse, solo estando dentro de ella. Sintiéndola despertarse y estirarse como la sirena lánguida que era mientras él sostenía sus caderas firmemente contra las suyas.
Finalmente, sus ojos se abrieron, somnolientos pero complacidos. "Mmm..." tarareó, enganchando su pierna con más seguridad alrededor de su cintura. "Me gusta despertarme así."
"A mí también me gusta." Ross dijo con voz ronca, estirando la mano para apartar un mechón de cabello de su mejilla.
Ella le puso una mano en el hombro y lo empujó hacia atrás, rodando con él de modo que quedó acostado con Demelza encima. Ella comenzó a montarlo con ondulaciones lentas y adormiladas. El sueño y el sexo la habían despeinado, y su cabello colgaba en ondas desordenadas y enredadas alrededor de sus hombros blancos y suaves pechos, y la luz de la luna que entraba por la ventana pintaba sus curvas en tonos de luz y sombra.
Era tan hermosa.
Ross se echó hacia atrás, entrelazando sus brazos detrás de su cabeza, solo observando como ella buscaba su placer en él, mientras comenzaba a moverse cada vez más rápido, sus ojos entrecerrados y sus manos apoyadas contra su estómago. Desde ese ángulo, Ross podía ver su brote femenino frotándose contra su pelvis, un atisbo de dónde la estaba llenando y estirándola, a veces no podía creer que la amara tanto.
"Eso es mi niña." - susurró.
"Shhhh..." Demelza le tapó la boca con un dedo y le dio un beso. Sí, tenían que estar callados, o tan callados como podían. No eran muy buenos en eso y más de una vez habían sido interrumpidos por el llanto de su hija. Y ahora mismo Demelza no quería detenerse.
Su boca se abrió y Ross observó fascinado cómo los músculos de su estómago se apretaban y estiraban, mientras ella gemía y temblaba en el camino a través de su clímax, finalmente deslizándose hacia adelante para recostarse contra su pecho.
Ross la abrazó con fuerza durante unos momentos y luego giró sus cuerpos sobre la cama, de modo que él quedó arriba y ella abajo. Sólo entonces se inclinó y la besó. Un beso largo y húmedo mientras ella jugaba con sus dedos en la parte posterior de su cabeza y entre su cabello. Fue ella quien gimió en voz alta cuando él mordió la piel entre su cuello y su hombro.
"Shhh..." La regañó sonriendo, poniendo un dedo sobre sus labios.
Ella fingió estar ofendida.
"Señor Poldark..."
"Señora Poldark."
NA: Muchas gracias a todas por leer y seguir esta historia. Espero que les haya gustado tanto como a mi me gustó escribirla. ¡Nos leemos en la próxima!
