El bullicio descendiente de los estudiantes a la salida era ahogado por el largo pasillo y la voz de Kenny mientras hablaba con sus amigos en el umbral de la puerta del salón. Estaba esperando a que Clyde terminara de organizar sus cuadernos para acompañarlo a merodear por la escuela o caminar juntos cerca del campo de fútbol y después entrenar como solían hacer a veces después de clases.
Clyde estaba intentando recordar de qué materias tenía tarea, si tenía algún proyecto para el que tuviera que reunirse con alguien el fin de semana o si debía regresar cuadernos a alguien después de pedirlos prestados. El saber que Kenny lo estaba esperando dificultaba esa tarea, pero después de recordar vagamente que no tenía proyectos en equipo, por fin metió los últimos libros de texto en su mochila y salió.
Kenny se despidió de Stan y Kyle y Clyde esperó a unos pasos de ellos, tratando de no sentirse nervioso por saber que ellos sabían de la relación que tenía con Kenny. No debería importarle, pero también sabía que ellos pensaban que era extraño el cómo habían terminado juntos. Kenny lo alcanzó y caminó junto a él, buscando sus ojos para leer su expresión mientras él miraba las puertas de los salones distraídamente mientras pensaba sobre qué pensarían de él los amigos de Kenny.
No supo cuándo el rubio lo tomó de la mano y al darse cuenta se sonrojó y el estupor le hizo parar en seco por una milésima de segundo, pero rápidamente se recuperó y continuó caminando como si nada. Aún no se acostumbraba del todo a ser tan cercano con él, lo que le parecía estúpido porque habían hecho cosas más íntimas juntos y se suponía que tomarse de la mano no era nada. De cualquier manera, no podía evitarlo, le hacía feliz, demasiado feliz, y dejó ver una pequeña sonrisa mientras daba vueltas a ese minúsculo detalle.
—¿Qué piensas? —La voz de Kenny le sobresaltó e hizo alzar los hombros un poco al oírla tan cerca de su oído. Volteó y le dieron escalofríos cuando sintió su mano en su hombro, rozando la piel en su espalda y nuca.
—¿Pensar? ¿De qué? —preguntó intentando recuperar la compostura y tomado por sorpresa al escuchar la pregunta de la nada. Se habían soltado de las manos, pero volvió a sentirse sonrojar, cosa que le hizo mirar cualquier cosa excepto la cara de Kenny.
—De mí, ya sabes, porque no has dicho nada, pero sé que estás pensando en mí —dijo sonriendo con una diversión disimulada y más coqueteo que nada.
Clyde soltó una risa contenida por el comentario y vio su cara buscando una señal que le dijera si era en serio o solo en parte.
—¿Cómo supiste? —respondió siguiendo el juego mientras sonreía de lado y la tensión en sus hombros desaparecía. Con esa frase recordó que no mucho había cambiado entre él y Kenny, seguían siendo amigos, con las mismas bromas y joteo entre ambos de siempre; simplemente ahora eso no era tanto una broma, o más bien, no siempre. Fuera de eso, todo era igual.
—Porque me pasa lo mismo —dijo y sonrió mirándolo a los ojos con intensidad—, contigo.
Clyde no pudo ocultar su sorpresa y a la vez su rubor al escuchar eso. Frunció el ceño y estaba a punto de hacer un puchero, apenas resistiendo las ganas de cubrir su cara por el bochorno, como reclamándole a Kenny: "No es justo, no puedes decir eso de la nada" y apartó la mirada de nuevo para calmar su pulso.
El rubio soltó una risilla al ver su reacción y cuando pasaron algunos segundos y Clyde creyó que ya no se sentía tan tímido, aclaró su garganta para volver a su semblante normal y responder a Kenny.
—Bueno, pero... no estaba pensando nada —dijo, mintiendo claramente a pesar de que fuera inútil, pues Kenny podía leerlo como un libro. Supuso que había sido bastante obvio, normalmente él hablaría sobre cualquier cosa en el camino hacia los vestidores, justo como cuando iban al comedor y se encontraban en el receso. Normalmente le era fácil decir si había algo en su mente o si estaba pensando en algo con insistencia, pero ese día estaba más nervioso que nunca.
Kenny no replicó, aún si sabía que no era verdad. No insistió para no presionarlo y en vez de eso se acercó a la puerta del salón de música —Clyde no se había percatado de cuándo habían llegado al área de talleres extracurriculares—, probando a girar el pomo para ver si estaba abierto.
Abrió la puerta un poco y sonrió con picardía dándole un vistazo a Clyde, que todavía estaba con la idea de que irían a los vestidores. La maldad destelló por un segundo en sus ojos, pero desapareció al instante, lo que le hizo dudar a Clyde si de verdad lo había visto.
—¿Y si pasamos el rato aquí? —sugirió el rubio con una de esas sonrisas que le daba cuando quería algo, las que usaba para convencerlo de cualquier cosa, mostrando sus dientes y pareciendo totalmente un ángel gentil y sobre todo galán, si esa combinación podía describirlo.
—¿Vale…? —respondió confundido sin sentirse capaz de preguntar para qué en ese lugar en particular.
Kenny entró al salón de música y el castaño miró desde la puerta, todavía inseguro de si sería buena idea hacerlo. El olor a madera de los escritorios y el piano inundó desde el primer momento sus sentidos, pero no fue suficiente para desanimarlo o quitarle la necesidad de contacto corporal con su novio, o los increíblemente tentadores pensamientos sobre cómo hacerlo ruborizar de nuevo, pero ahora con más intensidad.
Como el salón de música estaba vacío y las clases habían acabado, Kenny se había sentado en el escritorio del profesor y le sonreía de oreja a oreja a Clyde. Parecía que planeaba algo, pero Clyde ignoró esa suposición y se preguntó si sería lo que estaba pensando. Tenían casi dos horas antes del partido de esa tarde, llegar tarde no era una opción, pero quería estar con Kenny y estar a solas con él era un gusto que no siempre podía gozar.
Se decantó por la segunda opción e ignorar el paso del tiempo, solo quería disfrutar lo que fuera que harían ahí sin pensarlo mucho. Fue fácil decidir cuando tenía el deseo vehemente de sentirse reconfortado, feliz y como solo Kenny le hacía sentirse.
—¿Por qué no vienes aquí? Podemos esperar hasta que llegue la hora de tu partido —sugirió con aire petulante Kenny mientras hacía un gesto casual y grácil con su mano, invitándolo a sentarse junto a él. Sabía que estaba bromeando a medias, enfatizándolo con su tono presumido pero a la vez añadiendo seriedad con sus gestos y atención. Era lo que hacía pasar el tiempo con Kenny interesante, podían actuar de la misma forma que antes, pero ahora con otras formas de decir lo que no podía decirse: "Quiero que hagamos algo, ven", "¿Qué cosa?", "Tendrás que averiguarlo por ti mismo".
Entró al salón lentamente y tomó asiento junto al rubio, apoyándose en sus brazos brevemente porque la mesa era un poco alta. Balanceó sus pies en el aire sin dirigirle la mirada porque estaba nervioso y a la vez emocionado: estaba pensando en qué estrategia usar y qué podía hacer en el partido para que ganara su equipo, pues Kenny estaría ahí y quería impresionarlo, aunque el pensamiento fuera un poco infantil. Le hacía ilusión que Kenny estuviera ahí y no podía evitar darle vueltas al asunto y planear cómo podría actuar después.
—¿No quieres esperar aquí conmigo? —preguntó ahora Kenny sin el tono presumido de antes, ahora con más seriedad. Clyde volteó y vio la inquietud en su rostro, su ceño fruncido levemente y el atisbo de tristeza en sus facciones.
—No, no es eso —respondió cohibido por sus pensamientos y arrepentido por no haberle explicado lo que le preocupaba. Empezó a jugar con sus dedos y bajar la voz sin darse cuenta—. Solo me pongo ansioso antes de los partidos y ahora incluso más porque irás a verlo.
Kenny entendió inmediatamente a qué se refería y su expresión se suavizó para después darle unas palmaditas en la espalda y una sonrisa alentadora—: No tienes que preocuparte, sé que jugarás bien.
Después de decirlo, Kenny lo abrazó de lado, puso su mano sobre las suyas y le dió un beso en la mejilla. Clyde sintió la vergüenza invadirle por enésima vez al darse cuenta de que estaban tan cerca y de que Kenny era tan dulce, no podía creer que pudiera serlo solo con él, solo con él, tanto así que siempre que era así de gentil le hacía infinitamente feliz y quería llenar de besos a Kenny. De solo pensarlo sentía sus manos cosquillear y su corazón saltar.
—Gracias —agradeció con su cara roja y observando su mano sobre la suya. La vergüenza desapareció cuando reconoció que él era importante para Kenny y que él era en realidad una persona muy atenta y considerara a pesar del otro lado de su personalidad, que era su coquetería y galanteo sin escrúpulos.
En un impulso por agradecerle le dio un beso corto en la boca, pero una timidez repentina le hizo separarse al momento. Sin embargo, el rubio no lo dejó ir y volvió a darle un beso, esta vez más largo y con más descaro, sin miramientos, a lo que Clyde no pudo decir no y le correspondió con la misma emoción.
—¿Por qué eres tan lindo? —preguntó Kenny en un tono sensual tomando su barbilla y volviéndolo a besar, esta vez con más necesidad y rodeando su cuello con su brazo.
—¿Yo soy lindo? —preguntó Clyde en casi un susurro cuando se separaron por aire en tono divertido. Lo había dicho de la nada y le hacía gracia la falta de contexto— ¿Lindo como un perrito o lindo como una obra de arte?
—Mmm, lindo como… alguien que quiero besar siempre —respondió al pensarlo por un momento, bajando el tono de voz a uno más grave. Con los segundos, sus ojos mostraron el deseo creciente y Clyde quedó hipnotizado por ellos—. Tanto que cada vez que lo hago no puedo parar.
Sin esperar respuesta, Kenny volvió a unir sus labios y profundizó el beso arrastrando su otra mano a su espalda baja, con la otra deslizando sus dedos de su cuello hacia su nuca. Era lo que más le gustaba sentir cuando lo besaba, el control que podía ejercer sobre sus reacciones. Abrió su boca e incitó al castaño a que se dejara llevar y sin poder negarse Clyde dejó que Kenny jugara con sus labios, succionando ligeramente el inferior mientras ambos suspiraban y sentían el calor en la sala aumentar.
Esta vez Clyde no estaba tan sorprendido como días antes, pues se había acostumbrado a la insistencia y prolijidad de Kenny en cuanto a empezar las escenas picantes, pero nunca se iba a acostumbrar a la mirada casi suplicante y tórrida que le dedicaba cada vez que pasaban de cierta línea.
Normalmente el único inconveniente, que a veces pensaba era tanto una bendición como un tormento, era que pasar de esa línea era muy fácil, tanto que ambos lo hacían sin darse cuenta. Era un punto de no retorno cuando después de varios minutos ninguno de los dos ponía un alto y continuaban con los besos y juegos de manos. Y es que ninguno de los dos quería parar en ese punto, pero por suerte —o por desgracia— hasta ese momento siempre les había interrumpido alguna situación externa, como la campana de clases, la presencia de alguien o un maestro.
No era el caso esta vez.
Kenny volvió a bajar sus manos para tocar el abdomen de Clyde, subiendo su playera y tocando con las puntas de sus dedos su abdomen, apenas levemente para molestarlo. Al mismo tiempo jugaba con su lengua en la boca de Clyde, como una guerra de sensaciones para averiguar quién subyugaba al otro primero. Mientras, el castaño le bajaba la capucha del parka para tomar con más firmeza su nuca, pidiendo por más con cada segundo que pasaba y poniéndose impaciente.
Kenny sintió su cara sonreír, pero estaba muy ocupado como para hacer el gesto por completo. Simplemente succionó el labio inferior de Clyde, deslizó sus dedos entre la piel descubierta de su vientre y sintió su poco autocontrol comenzar a desvanecerse tanto como su razonamiento. El sentir piel contra piel y el cómo sus acciones provocaban reacciones y suspiros desesperados era el combustible de ese fuego en su ser.
En cuanto las manos de Kenny masajearon su vientre, Clyde dejó escapar sonido húmedo, como un suspiro conteniendo un gemido, y se aferró incluso más a él, estremeciéndose ante su tacto. Clyde jadeó en un intento de controlar su respiración, pero las sensaciones que le estaba provocando eran demasiado adictivas y lo único que pudo hacer fue apoyarse en el hombro de Kenny para sofocar el sonido y ocultar su cara.
Kenny soltó una risilla y lo tomó de los hombros para que lo mirara a los ojos. Su expresión favorita era cuando Clyde estaba más sonrojado por la vergüenza de no poder controlarse y eso solo hacía aumentar su deseo de poseerlo y hacerle sentir bien. Le daba ternura, pero más que ternura, quería que le mostrara otras expresiones en ese momento, así que tomó su barbilla con delicadeza.
Clyde no pudo negarse ante eso, era la mirada matadora de Kenny que le hacía temblar las rodillas y postrarse a sus pies, cumplirle cualquier cosa y asentir a todo. Todavía con los ojos entrecerrados por el bochorno, se inclinó para seguir con el beso y esta vez Kenny guió sus movimientos, primero con calma para tranquilizar a Clyde, y luego acelerando para seguir con el foreplay.
Clyde mantuvo una de sus manos en la espalda de Kenny y abrió su boca para dejarlo jugar con su lengua. Cada vez que le besaba, aunque para él fuera suficiente algo leve y suave como un beso normal, Kenny sabía cómo hacer que siempre deseara más y quisiera seguir el ritmo. Si normalmente tenía la voluntad suficiente para parar, cuando Kenny lo incitaba a seguir sin importar qué, era imposible negarse, y era un poco embarazoso admitir que únicamente le había pasado con él así.
El beso que en un principio era caluroso pero controlado se convirtió en uno húmedo y hambriento haciendo que los dos se movieran por instinto. Las manos de Kenny se volvieron más inquietas, acariciando con necesidad el cuello y vientre alto de Clyde y pronto bajando el cierre del parka que tenía puesto sin dejar de besarlo.
Al separarse Kenny para quitarse por completo el parka, Clyde hizo lo mismo con su chaqueta y el ver su expresión en blanco pero desconcertada por el placer, prácticamente preguntando por qué había parado, sus mejillas ruborizadas, su mirada suplicante y su cabello castaño despeinado, el autocontrol que Kenny estaba reservando huyó por su boca cuando dijo con esfuerzo:
—Si empezamos, terminamos, ¿eh? No vale echarse para atrás.
Clyde sintió su boca (y no solo eso) hacerse agua al escuchar tales palabras mientras Kenny se apresuraba a volver a unir sus labios y tomaba su cintura. Nunca podría dejar de pensar que la manera en que Kenny movía sus manos era tan descarada y experimentada que no podía llevarle la contraria. Era como si no pudiera sentir sus dedos cuando Kenny creaba el ambiente y murmuraba las frases cortas, apresuradas y roncas entre jadeos.
Kenny lo besó, se humedeció los labios cuando se quedaron sin aliento y volvió a dar besos franceses a Clyde, pero esta vez comenzó a bajar desde su barbilla hasta su cuello dejando caricias hasta que al llegar a su clavícula. Lamió su piel con atrevimiento y volvió a hacer contacto visual mientras abría su bragueta y pantalón sin dejar de observar cada una de sus expresiones. Le encantaba cuando Clyde mordía su labio inferior para evitar gemir, cuando apartaba la mirada con timidez, y sobre todo cuando lo miraba con tanto deseo como él lo hacía.
Ninguno de los dos era tímido en cuanto al erotismo y ambos se ponían calientes cuando los movimientos sensuales se salían de control, incluso más si estaban solos y no había razón por la que parar, pero Kenny era quien siempre se adelantaba. Era imposible no dejarse dominar por él cuando tomaba el mando y nunca le decía que no, no sabía cómo. Era el fuego de su lengua que lo embelesaba y las cadenas de sus manos sobre su piel lo mantenían bajo su control.
Por la saliva y el calor creciente del momento los sonidos húmedos inundaron la habitación que, por el silencio parecieron ser más fuertes de lo que eran. Kenny continuó lamiéndolo y acariciando su piel por debajo de la camiseta, cosa que a ambos les estaba provocando una erección. Clyde no podía recordar si había puesto el seguro a la puerta, pero esa fue la menor de sus preocupaciones cuando Kenny subió una de sus manos de su abdomen hacia su pecho. Se tensó momentáneamente, pero respondió poniendo una mínima distancia entre él y Kenny para decir:
—Creo que deberíamos quitarnos las camisetas, ¿no…?
Tomó el borde inferior de la suya y la alzó en un movimiento rápido para quedarse con el torso desnudo. Lo había hecho tantas veces antes cuando estaba en los vestidores, pero ahora que lo hacía frente a Kenny se sentía al descubierto. Su propio cuerpo no estaba mal, pues se esforzaba en el entrenamiento de americano y le dedicaba gran parte de su tiempo porque no tenía otro talento además de ese. No obstante, también era inseguro, pensaba que tal vez era demasiado robusto, no lo suficientemente delgado, a pesar de que su abdomen se marcaba, demasiado pálido...
Antes de que pensara más sobre eso, Kenny siguió sus pasos y retiró su camiseta también, lleno de prisa y sin premura. La dejó en el suelo para continuar con el juego que habían empezado y Clyde admiró su cuerpo: él era más delgado, más pálido, pero igual de tonificado que él. Se quedó boquiabierto hasta que Kenny se dio cuenta de esto y lo miró de igual manera de arriba a abajo.
Se acercó a él como si fuera a besarlo, pero en vez de eso lo miró con ojos traviesos y respiración acelerada mientras trazaba con las puntas de su índice su pectorales. Clyde se alejó de él por unos centímetros, tensando su abdomen y soltando un pequeño gruñido al sentir sus dedos. Kenny tomó esto como una señal para aumentar el tono y bajó su cabeza con una lentitud desesperante mientras deslizaba sus manos, besó el centro de su pecho al mismo tiempo que sostenía sus hombros y lamió sus abdominales con picardía.
—Me encantas —dijo en tono bajo, jadeante—, ¿lo sabías?
Clyde se estremeció y soltó un gemido tembloroso al sentir a Kenny jugar con su cuerpo, haciéndole notar más la creciente presión en su entrepierna. Kenny no parecía haberse percatado, pero antes de que pudiera pensar cualquier otra cosa arqueó su espalda y soltó un grito ahogado y un gemido gutural al sentir la lengua de Kenny sobre sus pezones.
Sus sentidos se desbordaron y las sensaciones se exaltaron, haciéndole percibir el tacto húmedo con más intensidad. Kenny continuó lamiendo y mordiendo su pezón y Clyde no era capaz de contener los sonidos lascivos que salían de su boca, alentando al rubio a que siguiera al siguiente nivel.
Kenny recorrió con su lengua su pecho y bajó hasta su abdomen, introduciendo su mano entre sus piernas y sintiendo la erección debajo de sus boxers. Dejó un rastro de saliva desde sus pectorales hasta su abdomen bajo, buscó su mirada mientras el castaño se retorcía del placer y sonrió con malicia.
Clyde no le impidió a Kenny deshacerse de sus últimas prendas y dejarlo únicamente en ropa interior. Para este punto, el castaño no disimulaba más sus gemidos cada vez que su lengua bajaba más y más hasta que llegó al borde de su ropa interior y sus miradas se conectaron.
Parecieron entenderse perfectamente sin necesidad de palabras, por lo que Clyde removió sus boxers y Kenny volvió a besarlo en la boca como pausa antes de proseguir. Se separaron y mantuvieron tan cerca del otro por unos momentos, Kenny pareció pedir consentimiento con la mirada y Clyde asintió ligeramente. Ahora de verdad no había vuelta atrás.
Sonrió de nuevo, Clyde sentado en la mesa y él enfrente suyo, se recargó en Clyde mientras miraba hacia sus manos para prepararse y murmuró:
—¿Jugamos cinco contra uno?
—¿Eh? —Clyde trató de leer sus intenciones a través de sus palabras, pero antes de que pudiera analizarlo, el placer que explotó desde su abdomen hacia sus extremidades, las puntas de sus dedos y se retorció en su lugar, jadeando, para después soltar un gemido incontrolable.
—K-Kenny —le llamó con timidez por estar totalmente a su merced. No podía ni quería interferir mientras Kenny tomaba su pene con sus manos y Clyde agarraba sus hombros con fuerza.
Mordió sus labios para evitar gemir como sus impulsos lo obligaban, pero la presión que Kenny ejercía con sus manos y dedos le hizo rendirse y dejar que todos los sonidos desesperados salieran sin pudor. Su cerebro se derretía un poco con cada vaivén que daba Kenny, masturbándolo con habilidad y haciéndolo jadear cada vez más, y por lo mismo apartó la mirada viendo mejor los escritorios o el pizarrón.
—Cly-de —canturreó Kenny alargando las sílabas de su nombre con voz sensual usando el tono de voz que tanto le ponía, haciendo parecer su voz tan lisa, suave y resbaladiza como el líquido que estaba saliendo de su pene.
Kenny pareció disfrutar incluso más lo que provocaba en su novio cuando hacía tales sonidos, cambiando su expresión concentrada en el rostro de Clyde a una más bien lujuriosa y con un atisbo maldad, o astucia, o algo que le había hecho incluso más sexy de lo que ya era.
—¿Puedes… verme por un segundo? —preguntó Kenny en un murmullo cuando sus manos se humedecieron con líquido preseminal. Continuó aumentando la velocidad y el deseo dominar sobre todo y Clyde pensó que podría venirse en ese mismo instante.
—Ngh —Clyde obedeció y Kenny sintió su entrepierna doler por solo ver su rostro. Tenía rubor en su cara, labios entreabiertos y una expresión suplicante, rogando por que continuara.
Kenny no dudó en complacerlo y esta vez usó más fuerza en sus manos. Clyde pensó que su cerebro estaba haciendo cortocircuito, su mente se nubló momentáneamente por el placer y dejó salir un gemido que resonó en la habitación y en los oídos de Kenny hasta por mucho después.
Clyde eyaculó entre las manos de Kenny y el rubio se separó de él, aún insatisfecho y con un erección en sus pantalones. Comenzó a quitárselos mientras Clyde batallaba para bajar de las nubes, forzándose a recuperar el sentido del habla.
—Huff —Jadeó para recuperar una mínima parte de su cordura y alcanzó a interrumpir—, e-espera.
—¿Qué pasa?
—Ahora es mi turno… —dijo en tono agitado pero determinado— ¿No crees?
—¿Huh? —Kenny pareció sorprendido, pero no se mostró en su cara tanto como en su voz por la excitación que todavía tenía entre sus piernas. Su cara delataba la impaciencia que sentía, pues estaba ansioso por seguir y su erección era bastante visible, excitando de nuevo a Clyde. Esto lo instigó a jugar con Kenny, por lo que se paró para recoger su pantalón.
—No soy tan bueno como tú en esto, pero déjame hacerlo —murmuró mientras buscaba en la bolsa delantera de su pantalón con letargo, hasta que sacó la bolsa de un condón.
—¿No dicen por ahí que… hombre precavido vale por dos? —bromeó mientras lo abría rápidamente y después miró con intensidad a Kenny.
—Ja —respondió el rubio con una burla ahogada casi por completo por la necesidad mientras sonreía de lado.
Clyde se puso frente a Kenny, colocó el condón en su pene y se agachó para acomodarse y prepararse.
—Bie-n, entonces, ¿qué- —Abrió los ojos como platos antes de terminar su pregunta por sentir la lengua de Clyde en su pene. Clyde estaba explorando su punta con toques suaves por ahora, casi tímidos. El tacto le dio escalofríos y miró los ojos avellana del contrario: estaba completamente serio y no demostraba ningún tipo de duda mientras tomaba con sus manos su base y comenzaba a mover con más ímpetu su lengua.
Al abrir más su boca y exhalar con lentitud, continuó lamiendo, esta vez haciendo contacto con toda su lengua. Kenny se retorció en su lugar al sentir la textura húmeda y dejó salir un gruñido bajo. Esto pareció incitar a Clyde para que continuara con más energía y así en un movimiento introdujo su pene en su boca. No lo metió hasta el fondo para no sofocarse, pero si lo suficiente para que estuviera dentro casi por completo.
Apretó sus labios alrededor de su pene y succionó. Al principio suavemente y aumentando la fuerza despacio, torturando un poco a Kenny por puro capricho porque podía ver su expresión.
—Ugh, ah, ¡uhmm! —Kenny dejó salir sonidos lujuriosos mientras respiraba agitadamente, pero cuando Clyde volvió a meterlo y esta vez a un ritmo más acelerado no pudo controlarse y exclamó entre jadeos el nombre del castaño. Estaba seguro de que se había escuchado hasta unos salones más allá, pero eso no era importante.
—Mierda —maldijo cuando sentía el orgasmo y cómo ahora sus caderas se movían automáticamente al ritmo en que Clyde había empezado a sorber y menear una y otra vez cada vez más rápidamente—, me corro, Clyde, Clyde, ¡ngh!
Eso pareció avisar a Clyde para que disminuyera el ritmo, lo sacara e hiciera movimientos lentos y sensuales con su lengua alrededor de su pene para tardar a propósito. Lo metía poco a poco y aplicaba presión en cada parte que sus labios tocaban, succionando y usando su lengua para provocar placer. Y vaya que lo estaba haciendo, con solo escuchar a Kenny se estaba poniendo caliente de nuevo.
—Clyde —le llamó—, no- no puedo, ¡Clyde...!
Esta vez Clyde hizo caso y metió por completo su pene en su boca, ahogándose un poco por la sensación que provocaba cuando tocaba su epiglotis, pero aguantó y Kenny pareció estar completamente bajo su mando, a sus pies.
—No pares —gimió el rubio mientras enterraba sus dedos en la nuca de Clyde, su pecho subiendo y bajando por el torrente de sensaciones que se extendían desde sus genitales.
Clyde sacó su verga momentáneamente y Kenny lo miró con atención, preguntándose qué seguiría después y desesperado por que continuara. Clyde pausó y con la boca entreabierta respondió con voz sensual:
—No lo haré.
Siguió jugando con su pene y su lengua por otros minutos hasta que Kenny eyaculó en su boca, por lo que sacó su pene, dejando un rastro de saliva, y alzó la vista para encontrarse con un Kenneth impresionado y en un tipo de trance por lo que acababa de hacer.
—Creo que ahora entiendo por qué te diviertes tanto con molestarme —comentó, pero Kenny no respondió porque aún seguía agitado.
—Pensé que… nunca habías hecho… algo así antes —murmuró a duras penas Kenny mientras luchaba por volver a sus sentidos.
—Tuve que… investigar y practicar —balbuceó Clyde sin poder mentir, pero sin dar muchos más detalles—, pero creo que valió la pena.
Clyde se incorporó y volvió a besar brevemente a Kenny mientras jadeaba; todavía le costaba mantenerse sereno y no empezar de nuevo con el juego de seducción que habían empezado. Había perdido por completo la noción del tiempo y no sabía si ya era hora de su partido, así que se separó de Kenny y buscó por la habitación su ropa para vestirse.
—Creo que ahora sí… deberíamos irnos —dijo mientras se arreglaba el pantalón de mezclilla y miraba a Kenny con nerviosismo—. ¿Sabes qué hora es?
—Ni idea, pero no creo que sea tan tarde.
Kenny tenía curiosidad sobre a qué se refería cuando había dicho "practicar", pero no estaba seguro de si podía preguntar. Por último, se dijo que no había nada que perder con hacerlo, por lo que dijo:
—¿Y cómo practicaste? —Disimuló su preocupación con una sonrisa burlona mientras se ponía su ropa interior.
—No es como lo piensas, en realidad fue más ridículo —respondió con nerviosismo recordando cómo había usado un plátano para eso.
Kenny soltó una risilla imaginando perfectamente a qué podría referirse y ambos terminaron de vestirse en silencio mientras rebobinaban cada segundo de lo que acababa de pasar. Por fin, cuando se habían puesto la ropa de nuevo, parecía como si nada hubiera pasado, excepto por su cabello despeinado y el olor peculiar en el salón, que no era el de la madera.
Antes de salir, Clyde había intentado acomodar su pelo con sus manos como usualmente lo tenía, pero era notable que algo había pasado entre ambos. Kenny lo miraba y reía por lo bajo, y cuando se rindió y se acercaban al marco de la puerta, empezaron a hablar.
—Eso fue bastante…
—Sexy.
—Iba a decir intenso, pero también eso —Clyde rió un poco y caminó intentando ocultar su incomodidad por lo viscoso y sudado que se sentía por debajo de su ropa.
—Tendré que tomar un baño antes de jugar —comentó mientras daba unos pasos vacilantes y esperaba a que Kenny lo alcanzara en el pasillo.
