Disclaimer: Hange Zöe es una médico forense que llega a Londres para colaborar en la investigación del famoso asesino, Jack el destripador. Bajo el mando de Erwin Smith, tendrá que trabajar con Levi Ackerman, un detective que podría guardar varios secretos.

Advertencias: Contenido explícito.

Género: Misterio, Policial y Romance


Capítulo 1. El sexto cuerpo

Su nombre era Hange Zöe, pronunciación Hanji, pero aunque descendía de padres alemanes, ella nació y creció en Inglaterra. Para ser más exactos, en Londres.

No era ajeno para ella el cielo ennegrecido por las chimeneas, las calles abarrotadas de gente y sucia por el desecho de los caballos; el aire estaba viciado de olores, algunos agradables como el de la comida de puestos ambulantes y perfumes costosos y otros nauseabundos como las carnicerías y el drenaje expuesto.

En Londres no existía la quietud, salvo en algunos rincones de Kensington, desde donde la reina observaba los bellos paisajes de Hyde Park. Un paraíso reservado para aquellos que no debían sufrir las penurias de una capital cada vez más industrializada.

Cuando Hanji volvió a Londres después de cinco años de estudios en París, le sorprendió que aún quedasen edificios y avenidas qué descubrir en su vieja ciudad de origen.

Había desembarcado en los muelles y apenas pudo tomar un carruaje de alquiler, el cual se movía maniático entre las estrellas calles concurridas de comerciantes. Los edificios se habían estropeado más de lo que esperaba... Igual que las personas.

Notaba los rostros cansados, las miradas gachas de hombres y mujeres que volvían de trabajar en las fábricas. Una imagen triste y desgastada que poco a poco envejecía en la pared.

Cuando el carruaje la dejó en Scotland Yard, Hanji se apresuró a las puertas gemelas, una de las cuales yacía siempre abierta durante el día. No se abstrajo con la enorme fachada ni con el coro del recibido; el sonido de las máquinas de escribir, el archivado y el eco de las botas sobre las tablas de madera. En cambio, fue directo al policía que revisaba unos papeles en recepción.

— Buenos días. —Saludó con energía, captando la atención del hombre.— Busco al Comandante Erwin Smith. Me solicitó esta tarde pero mi barco arribó temprano.

— Disculpe, señorita... El Comandante no recibe visitas personales en la jefatura. —Le respondió el policía con sorpresa, la cual aumentó al oírla reír.

— Imagino que no. Es un hombre demasiado serio para abusar de su cargo y traer a sus citas al trabajo. —Hanji se sostuvo el estómago mientras reía, levantando muchas cejas a su alrededor. No muchos se expresaban con tanta libertad del Comandante de Scotland Yard. Cuando se calmó, Hanji extrajo de su bolso de mano una nota, la cual acercó al policía.— Soy Hange Zöe, médico forense. El Comandante Erwin se comunicó conmigo la semana pasada para…

— Perdone, ¿cómo dice? —El joven policía parecía cada vez más desconcertado.— ¿Médico? ¿No querrá decir enfermera?

La sonrisa de Hanji se tensó con esa pregunta, menguando su buen ánimo.

— No, quise decir médico forense. —Insistió con un gesto impaciente.— Le mostraría mi diploma de la Universidad de Londres y mi doctorado en París si no viniera tan cansada de mi viaje. Ahora, si no le molesta…

— Tan impaciente como siempre, Hanji.

La voz de Erwin Smith atravesó el vestíbulo y silenció el cuchicheo que se había formado alrededor de la recepción. El joven policía se puso de pie como impulsado por un resorte y saludó formalmente a su superior, el cual sólo miraba a la única mujer en la sala.

Hanji no era particularmente bonita, según los estándares londinenses. Alta, de cabello lacio y con una piel ligeramente tostada; una nariz aguileña sostenía unas gafas de armazón delgado, dándole un auténtico aspecto de solterona. Su vestido gris y su chaqueta a juego aportaban aún más seriedad a su estilo de institutriz, además de la maleta de terciopelo negro y su bolso bordado.

En cambio, cuando Hanji miraba a Erwin, sólo podía ver una versión más imponente del encantador policía que conoció durante su juventud, mientras estudiaba en la facultad de medicina. Su cabello rubio y ojos azules lo hacían irresistible para las mujeres, por no mencionar su altura y sus hombros anchos.

Sin embargo, los años le habían endurecido las facciones.

— Y tú tan serio como de costumbre, Erwin. —Le respondió ella, recuperando la sonrisa. El Comandante se detuvo a estrechar su mano en un fuerte saludo.— Creí que me esperabas.

— No tan temprano. —Admitió el rubio, lanzando una mirada a su subordinado detrás del escritorio. No hacía falta explicar qué nadie había supuesto que el médico forense venido de Francia fuese una mujer.— Lo lamento. Tendrías que haber descansado primero, debió ser un viaje largo.

— Ahorrémonos las presentaciones y los refrigerios, Erwin. —Hanji suspiró. Parecía cansada, pero dispuesta.— Quería comenzar cuanto antes. ¿Es aquí?

— Sí, en el sótano. —Erwin pasó la mano por su espalda.— Ven.

Los pasillos de Scotland Yard y las múltiples salas y oficinas estaban bien iluminadas durante el día, con tantos ventanales en cada una de sus fachadas. Era como una enorme colmena de abejas. Hanji apreció con gusto que esta buena iluminación no desaparecía en el sótano, el cual poseía multitud de tragaluces.

— Que lindo. —Mencionó.— Siempre creí que aquí estarían las celdas.

— Esas están un piso más abajo. —Le aclaró Erwin mientras la hacía girar en un pasillo hacia otras puertas gemelas. Un oficial de casco negro les abrió una de ellas en un gesto estoico.— El primer piso del sótano está reservado para la investigación forense.

— ¿No los llevan directamente a la morgue? —Preguntó Hanji mientras fruncía el ceño. Luego se detuvo para observar el cuerpo que yacía en una mesa en el centro de la habitación.

— No. No queremos que alteren el cuerpo antes de poder echarle un vistazo. —Dijo Erwin, pero Hanji ya no lo escuchaba.

El cuerpo le pertenecía a una mujer no mucho mayor que ella, pero sí bastante más guapa. Su piel había comenzado a volverse cerosa y pálida, logrando que sus pestañas negras actuaran como dos lunas nuevas sobre su rostro. El cabello, también oscuro, caía en un extremo de la mesa. Alguien había colocado una sábana blanca sobre su cuerpo, probablemente por pudor.

— Necesitaré un asistente. —Le dijo Hanji a Erwin sin dejar de observar a la difunta, moviéndose a su alrededor y dejando su maleta debajo de una mesa cercana. En cambio, su bolso lo colocó encima.— Alguien que tenga estómago, de preferencia, y que no pierda mucho tiempo preguntando por qué esto o para qué aquello.

— Sí, pero antes de eso… —Escuchó decir al rubio.

— Mi casa queda muy lejos de aquí, y tal vez tenga que quedarme algunas noches, así que si pudieras bajar un diván aquí abajo sería estupendo.

— Se lo encargaré a alguien, pero Hanji…

— Y una mesa para almorzar.

— ¿De veras podría almorzar junto a un cadáver?

Aquella voz, que no era la de Erwin, la sobresaltó.

No había notado al hombrecillo bajo el tragaluz, en el otro extremo de la habitación. Era bajo, incluso más bajo que ella, pero iba muy bien vestido con un traje gris de lana y una corbata blanca. Sostenía un pañuelo en la mano, lo normal para alguien que no soportaba el aroma a descomposición o a los químicos que se utilizaban para las autopsias.

Su expresión era adusta y un tanto irritada, como si su postre favorito hubiese sido invadido por gusanos.

— Tal vez no junto al cuerpo. —Replicó Hanji.— Pero sí en la misma habitación. Perdería mucho tiempo yendo a casa para cada comida.

— Eso es repugnante. —Se expresó el desconocido, con una expresión que compartía bastante bien el sentimiento de sus palabras.

Hanji sonrió de forma socarrona.

— Se me ocurren cosas aún más asquerosas. Por ejemplo…

— Hanji, es suficiente. —Erwin se acercó a ella con una mirada de advertencia.— Hay un comedor arriba donde los muchachos se reúnen a almorzar, eres invitada a unirte si lo deseas. —Contuvo un suspiro. Conociendo a su antigua amiga, sabía que ella prefería no despegarse de su trabajo ni un instante, incluso si eso implicaba comer junto a un tórax abierto. Dejando de lado el tema, hizo un gesto hacia el hombre de traje.— Hanji, este es el detective Levi Ackerman. Es el encargado del caso de Carla Jeager.

Hanji dio un rápido vistazo a la occisa, satisfecha de que al menos tuviera un nombre para sepultarla. Luego volvió la atención hacia el enano de mala cara.

— Levi, ella es la doctora Hanji Zöe, especialista en medicina forense. —Erwin los enfrentó cara a cara.— Accedió a darnos una mano con el caso.

— ¿Doctora? —Levi bufó, cruzándose de brazos. Recorrió la larga silueta de la mujer con una expresión aburrida.— Si tú lo dices.

— No tengo barba, como la mayoría de los médicos. —Concedió Hanji con ironía, irritando más si cabe a Levi.— ¿De qué tengo aspecto?

— Flaca como una escoba y tiesa como un atizador. —Observó el detective, entornando los ojos.— No tan fuerte como una lavandera ni tan delicada como una costurera… Y con esas gafas de cuatro ojos, tal vez una maestra.

Sorprendentemente, la castaña se echó a reír. Una risa fresca que resonaba en todo el cuarto, a pesar del cuerpo frío del centro.

— No sé qué decir. A pesar de todo lo que has dicho, sé lavar un cuerpo y coser heridas… ¡Si acaso tengo bastantes dificultades para tratar con niños!

Advirtiendo que su mejor investigador estaba a punto de perder la paciencia, Erwin intervino de inmediato.

— Mi intención al solicitar a Hanji es tener una mejor visión de los hechos, Levi. —Le dijo al detective, el cual chasqueó la lengua y lo miró.— Tenemos cinco cuerpos y sabemos poco del asesino. Quiero que colabores con Hanji y escuches todo lo que tenga que decirte.

— ¿Cinco? —Hanji se sorprendió. No eran pocos los cuerpos de mujeres asesinadas que había visto, pero era la primera vez que escuchaba la hipótesis de un mismo asesino.

— Seis, en realidad. —Erwin rectificó, volviendo la mirada hacia Carla. Los tres rodearon la mesa con el cuerpo, observándola.— Carla Jeager es la sexta víctima en los últimos dos meses. Sin embargo, su caso es muy diferente de los anteriores.

— ¿Por qué? —Preguntó Hanji.

No esperaba que fuera el enano quien resolviera su duda.

— Las primeras cinco mujeres eran prostitutas. —Le dijo.— Todas vivían en los barrios bajos de la ciudad, sin que nadie se preocupara por su desaparición.

Hanji notó algo en la mirada de Levi mientras hablaba, pero no podía identificar el qué. En cambio, Erwin se movía para mostrarle a Hanji unas marcas en el cuerpo de Carla.

— La señora Jeager —Le explicó— era una mujer casada y con un hijo. Su marido era doctor, así que poseía una buena situación económica.

— ¿Cómo murieron las otras mujeres? —Preguntó Hanji, intrigada, mientras inspeccionaba las marcas púrpuras en el cuello de Carla.

— Apuñaladas. —Volvió a responder Levi, llevándose de nuevo el pañuelo a la nariz.

— ¿Y por qué piensan que es el mismo homicida? —Inquirió la doctora, ahora desconcertada.

Ambos hombres intercambiaron una mirada incómoda antes de responder.

— A todas sus víctimas les abrió desde la garganta hasta la base del vientre. —habló Erwin en voz baja.— Les extrajo varios órganos y… Se quedó con el corazón.

Levi señaló al cuerpo.

— Hizo lo mismo con Carla Jeager.

Levi estaba seguro de que esa supuesta doctora vomitaría cuando viera el torso expuesto de la mujer sobre la mesa, vacío de órganos. En su lugar, Hange Zöe se agachó para ver mejor las incisiones de la piel y algunas supuestas rasgaduras en las costillas que antes ellos no hubieran visto. Se notaba cómoda en aquel ambiente, algo que no podía decir ni siquiera de los mejores oficiales de su división.

Había sopesado varias burlas y comentarios sarcásticos al oír sobre su supuesto doctorado, pero mientras la veía trabajar, debía reconocer que se había equivocado con ella.

Tocaba el cuerpo de Carla Jeager con una mezcla de profesionalidad y delicadeza que sólo podía provenir del más absoluto respeto por la víctima, sin perder la compostura ni caer en el sentimentalismo.

Después de varios minutos de mover con cuidado las extremidades de Carla, Hanji preguntó por los órganos y Erwin la acercó a los frascos que había en una repisa.

— ¿Los dejó todos junto al cuerpo? —Preguntó la castaña en un susurro curioso, casi hablando consigo misma.

— Sí. —Asintió Erwin, más serio que antes.— Tuvimos que guardarlos y traerlos aparte.

— Se ven bastante bien conservados. —Mencionó Hanji, sosteniendo un frasco de vidrio lleno con un líquido amarillento y un riñón flotando en el interior.

— El doctor Zeke nos instruyó para guardarlos en formol apenas los encontráramos. —Explicó Erwin, captando la atención de Hanji.

— ¿Es el forense a quien estaré sustituyendo?

— Trabajó con nosotros varios años, pero después del homicidio de Mary Ann Nichols, la primera víctima, tuvo una emergencia familiar y tuvo que volver al continente.

Mientras hablaban, Levi había seguido el ejemplo de la doctora y había observado con más cuidado el cuerpo de Carla Jeager. Por alguna razón, el comentario de Hanji sobre la conservación de los órganos le había puesto a pensar en las otras víctimas.

— Los órganos de Carla no fueron los únicos que se conservaron tan bien. —Mencionó a nadie en particular, ganándose una mirada de la nueva forense.

— Bueno, si han estado usando formol, no me sorprende…

— Mary Jane Kelly, la víctima anterior a Carla Jeager, fue asesinada en su habitación. —La cortó Levi, girándose hacia ella con cierta brusquedad. Hanji descubrió una sombra amenazante en sus ojos grises.— Probablemente no lo sepas, cuatro ojos, pero las prostitutas de Londres viven en habitaciones de los barrios bajos. Allí las ratas entran y salen a su antojo, igual que otras alimañas. Cuando alguien muere en su hogar, no pasan ni diez minutos en que las ratas comienzan a devorar el cuerpo, como si de un trozo de queso se tratara.

Hanji no se alteró, pero pudo sentir su garganta contrayéndose a causa de la tensión. Siempre había intentado conservar una postura sensible ante el cuerpo de las víctimas que debía estudiar, pero a menudo olvidaba que alguna vez fueron personas que vivían sus vidas igual que ella; añorando y temiendo a partes iguales.

Bajó la mirada hacia Carla, y notó lo que Levi había visto.

O mejor dicho, lo que no había visto.

— Ni los órganos ni el cuerpo tienen mordidas. —Entendió.— ¿Carla y Mary Jane seguían sangrando cuando las encontraron?

— No. —Erwin respondió.

Levi sólo la miraba fijamente.

— ¿Sus cuerpos habían empezado a endurecerse?

— Sí.

Hanji suspiró. Se quitó los lentes y los limpió con un viejo pañuelo mientras sopesaba la información recabada en pocos minutos. Ella no era la detective del caso, pero le inquietaban los factores ambientales de las escenas del crimen.

— Las víctimas llevaban al menos una hora muertas cuando las encontraron. —Les dijo a ambos, volviendo a acomodarse las gafas sobre el puente de la nariz. Levi la miraba con los brazos cruzados y Erwin parecía cada vez más sombrío.— Si el dato de las ratas es correcto, lo más probable es que el asesino se quedara con ellas hasta que alguien llegara a la escena.

Levi hizo un sonido extraño desde el fondo de la garganta. Hanji comprendió que se trataba de sorpresa.

— ¿Por qué haría eso?

— Creo que quería cuidar los cuerpos. —La forense se encogió de hombros y fue a buscar las herramientas quirúrgicas de su bolso de mano. No pasó por alto la expresión del pelinegro cuando extrajo varios bisturíes, pinzas, lentes y algunos otros artefactos que seguramente tendrían el aspecto de armas medievales.— No podré darles más detalles hasta que vea los cuerpos de las otras mujeres, pero es una hipótesis. A pesar del daño que recibió el cuerpo de la señora Jeager, parece ser que no fue arrastrada.

— ¿Dices que sentía remordimiento por asesinarlas? —Inquirió Levi, escéptico.

— Nadie capaz de hacerle algo así a una mujer podría sentir remordimiento. —Negó Hanji con suavidad, logrando que el detective bajara un poco la guardia.— Como dije, es sólo una hipótesis.

Se hizo un silencio breve en la sala, el cual se rompió cuando Erwin se aclaró la garganta.

— Ya que insistes en empezar de inmediato, llamaré a Moblit Berner. Es un excelente miembro del cuerpo de policía…

— ¿Tiene algún conocimiento médico? —Preguntó Hanji mientras alzaba una ceja.

Erwin le respondió con un gesto severo.

— No, pero fue asistente del doctor Zeke los últimos dos meses antes de que tuviera que irse. Te aseguro que es muy responsable y sabrá trabajar a tu ritmo.

— Ya veremos. —Hanji se apartó con una sonrisa.

Mientras Erwin cerraba suavemente la puerta de la sala forense, Levi caminó a su lado por el camino de vuelta a la planta baja de la estación, mirando a su superior sin perder detalle de su estoica expresión.

— ¿Estás seguro de que es buena idea? –Le preguntó sin miramientos.

Erwin ni siquiera tuvo que devolverle la mirada para saber a qué se refería.

— Hanji es mucho más que una excelente doctora y médico forense. Tiene una mente privilegiada y un "sexto sentido". —Inclinó la cabeza a un par de oficiales que pasaron por su lado mientras ascendían por las escaleras.— Diría que su condición como mujer no sólo no es un impedimento sino que le provee una perspectiva única en el campo.

Levi resopló.

Cuando pasaron al pasillo principal, siguieron subiendo escaleras, ya que la oficina de Erwin estaba en la tercera planta.

En el camino, el Comandante solicitó la presencia de Moblit, un joven castaño de veinticinco años que había trabajado con ellos desde hacía casi cinco años.

— Es un poco extraño. —Comentó Erwin cuando finalmente abrieron las puertas de su despacho. Se trataba de una habitación grande y tan bien iluminada como el resto del edificio. A diferencia de muchas otras estancias de Scotland Yard, no estaba atiborrada de informes sino de libros.— No diría que eres un hombre encantador, pero generalmente tienes buenos tratos con las mujeres.

— Esa no era una mujer. —Volvió a resoplar el detective, recostándose contra la pared, junto a uno de los ventanales de la sala.— Era una escoba vieja.

— Aunque no lo parezca, Hange Zöe es una mujer.

Levi miró a Erwin mientras este tomaba asiento detrás de su escritorio, evaluándolo un instante antes de ladear la cabeza.

— Me lo venía preguntando mientras subíamos. —Murmuró, viendo como su superior curvaba las cejas confundido.— ¿Te acostaste con ella alguna vez?


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