Disclaimer: Inuyasha, Sengoku O Togi Zoushi es propiedad intelectual de Rumiko Takahashi.


Kagura

por Onmyuji


7.


El silencio en su pequeño consultorio era tan denso que casi podría cortarlo con un cuchillo. Trató de restarle importancia, concentrándose en cada documento, mientras analizaba todos y cada uno de los exámenes en sus manos, tomando nota mental de las fechas y los resultados, cada vez más complicados mientras más se acercaba a la fecha actual. Esto no era lo que había imaginado de la enfermedad de Kagura, que al parecer en algún momento se había salido de control sin que ningún especialista pudiera atenderlo correctamente.

Hitomi casi se quiso reír. Teniendo Naraku tanto dinero y poder, esperaría que no escatimara en gastos para que los mejores especialistas del mundo controlaran la enfermedad de su esposa y madre de sus hijos, pero parecía que ningún tratamiento no solo no servía, sino que lo empeoraba todo.

O quizás sería porque Kagura se esmeraba por sabotear a cada especialista, ya que la susodicha tenía un historial de cero atención a ningún tratamiento recetado, y en su lugar lo había sustituido con el abuso del cigarro y el alcohol.

Y hablando de Kagura, era ella la razón por la cual la tensión en su consultorio era tan marcada. Porque ahora estaba ahí, sentada sobre la camilla, esperando que terminara de revisar años de exámenes, tratamientos y resultados varios, antes de que hiciera su propia evaluación médica.

Ella no le había quitado la mirada desde que llegó, tratando de atravesarlo con sus ojos de rubí en todo momento y sin emitir una sola palabra. A veces tenía que releer los documentos, ya que cuando menos lo esperaba, su mente ya se había distraído en poner atención discreta a la mirada de ella y olvidaba en qué se encontraba.

—Ahora voy a revisarte, por favor, descubre un poco el torso debajo de los hombros. —Solicitó él con un ligero temblor en la voz. La azabache obedeció sin respingar ni una sola vez, esperando paciente a que él colocara el estetoscopio e hiciera su propia evaluación.

Hitomi tragó duro mientras movía su mano torpemente entre distintas áreas del torso, revisando desde varios ángulos la irregularidad de los latidos del corazón de Kagura. Cuidaba cada milímetro del contacto, sabiendo que debía ser respetuoso con ella por ser no solo su paciente, sino su cuñada.

Porque, a pesar de haber tenido ya dos hijos, Kagura era ciertamente una mujer bella y bien conservada. Y su figura, a pesar de la edad (aunque se dijo a sí mismo que para él, la edad de Kagura jamás sería un problema para él), era provocativamente atractiva.

Tragó saliva discretamente, tratando de pasar inadvertido.

—¿Cómo estoy?

—Tu cardiopatía ha comenzado a empeorar. Si no te apegas al tratamiento, la insuficiencia cardíaca podría aparecer en cualquier momento y entonces vas a necesitar un trasplante, y no podremos darnos el lujo de colocarte en la lista.

—Para eso está el dinero.

—¿Dinero? Kagura, no solo se trata de que aparezca un donante o le pagues a alguien porque te dé su corazón literalmente. Tiene que ser de un tamaño similar al tuyo y tiene que ser compatible contigo, para lo cual se requieren pruebas. Y podría ser que el primer donante que parezca ideal, no sea adecuado para tu cuerpo y lo rechace.

—Cualquier cosa es mejor que seguir viviendo en este infierno.

—No digas eso. Kanna y Hakudoshi te necesitan.

—Tsk. —Ella le restó importancia a la mención de sus hijos y de su bolso extrajo una cajilla con cigarrillos, extrajo uno y lo encendió habilidosamente.

—Tienes que dejar el cigarrillo. —Eso no sonaba como una sugerencia y Hitomi se esforzó por sonar contundente y amenazador.

—¡Keh! —Ella le dio una buena calada al cigarrillo, antes de expulsar el humo de su boca.

—Kagura.

—¿Qué? —Ahora ella sonaba como una niña incapaz de entender por qué la regañaban.

—El cigarrillo.

—¡Tú no eres nadie para decirme que debo hacer o no!

—A partir de ahora soy tu médico y no me gusta que mi consultorio esté lleno de olor a tabaco, así que fuera el cigarrillo.

—¡Keh! —Kagura parecía indignada por la exigencia de su cuñado y sin decir más buscó algún lugar donde apagar el cigarrillo y tirarlo al cesto de basura casi completo.

Hitomi suspiró y luego regresó a su escritorio, donde registró todos los avances que tenía sobre la condición de Kagura y comenzó a apuntar medicamento tras medicamento mientras revisaba que fueran las dosis adecuadas y la cantidad y frecuencia correctas. Kagura terminó de ajustarse el kimono mientras esto ocurría y luego bajó de la camilla, para caminar hacia el extremo opuesto del escritorio de su cuñado.

—Hitomi.

Él no respondió, más concentrado en lo que estaba haciendo que en la voz de ella—. Por lo pronto, haré un ajuste con los medicamentos y las dosis, pero necesitas cambiar de hábitos urgentemente. Es decir, nada de alcohol y sobre todo, nada de cigarrillos. También espero verte en tres días, en lo que me facilitan el ecocardiógrafo para revisar con mayor precisión el estado de tu corazón.

—¡Hitomi!

—¿Qué pasa? ¿Tienes alguna duda?

—¿Cuánto tiempo más vas a seguir con esto? Ya no más, por favor. —Ella sonaba desesperada y llena de frustración mientras hacía aquella súplica de manera casi exigente.

—¿Perdón? —Hitomi parecía confundido.

—¿Cuánto tiempo más vas a evitar buscar mi mirada? ¡Desde que regresaste del hospital me evitas, prefieres pasar el tiempo con Kanna y Hakudoshi, o con cualquiera que pueda mantenerte alejado de mí! ¿Cuánto tiempo más vas a seguir indiferente a mí? ¿Puedes imaginar cuánto me duele?

¿Era su imaginación o a Kagura se le había quebrado la voz?

—Kagura, yo no-...

—¿Es por lo que te dije en el hospital, no es cierto? ¡Lo sabía! ¡Sabía que no lo tomarías bien después de lo que sucedió! Éramos todavía jóvenes y cometí muchos errores, pero ninguno como el haberte dejado ir.

Entonces Hitomi se calló, tratando de entender cómo es que habían llegado a esa conversación tan de repente. De súbito llegaron a él los recuerdos de sus motivos para marcharse de Japón y sintió que la sangre abandonaba su rostro, antes de apurar una respuesta—. Irme era inevitable, Kagura. Además-... bueno. Siempre pensé que eras consciente de mis sentimientos, por eso lo tuyo con Naraku-... no. Olvida lo que dije. Ya no tiene caso.

—Bueno, ¡no es mi culpa haber quedado embarazada de tu hermano!

—¿Perdona? Para embarazarse se necesitan dos personas, Kagura. Además, no me sorprende. Naraku siempre fue el de la personalidad sugestiva, el que siempre atraía las miradas. Era obvio que si te fijabas en alguien, sería en él. Él siempre tuvo todo lo que yo no podría darte ni podría ser. —Y entonces Hitomi suspira cansado—, Y no sé por qué hablamos de esto.

«Porque con una mierda, duele más de lo que pensé que dolería cuando han pasado ya diez años».

Ahora el silencio era más profundo y más incómodo que antes. ¿Por qué Kagura se atrevía a decirle algo como eso a estas alturas de la vida? Cuando ya era tan tarde para tratar de resolver algo, cambiar algo. Sus vidas ya estaban claramente formadas, no podían hacer nada así como así y esperar que no hubiese consecuencias. ¿O ella esperaba que él hiciera algo al respecto? Porque si era así, la respuesta sería no.

—Hitomi. —Kagura le llama de pronto y el aludido lucha por que su corazón no salte de emoción ante la expectativa. Pero entonces ella no espera su respuesta y añade—. Yo te quería a ti.

Los ojos del hombre se abrieron enormes y la observaron con confusión. Seguramente Kagura se sentiría extraña de imaginar que algún día vería el rostro de su marido, siempre con una expresión fría y soberbia, lleno de dolor y confusión.

Y es que no había espacio para ser claros y entender. ¿Por qué tendría caso sacar eso a relucir en este momento? ¿Qué ganaría Kagura con eso? ¿Que doliera más? ¡Ya no podía doler más! Era tanto lo que dolía no tenerla, que ya se había adormecido, ya se había insensibilizado a esa clase de tormento. ¡Era un verdadero masoquista!

—Mientes. —Fue lo único que atinó a decir.

—No, de verdad. Yo siempre te quise a ti. —Entonces Kagura estiró su brazo hacia él, con intención de tomar su mano. Pero en el instante en que sus pieles hicieron contacto, Hitomi retiró la mano, horrorizado.

—No.

—Hitomi, por favor.

—¿Entonces por qué las cosas te llevaron a seguir a mi hermano? No lo entiendo. ¡Sabías que te quería, sabías lo que hacía yo por ti! ¡Sabías que todos mis estudios médicos eran para ayudarte, por salvarte! ¡Entonces no entiendo por qué mientes de esa forma!

—¡Él me usó!

—¿Usarte? ¿De qué le serviría usarte? Te dio una familia preciosa, una vida de ensueño. Esto fue lo que tú quisiste. Tú lo permitiste.

—Él no me quería a mí, él quería a Kikyou. Siempre fue Kikyou. Y cuando se acostó conmigo lo hizo por despecho, ¿entiendes? Yo te quería y siempre pensé que eras inalcanzable para mí y sabía que Naraku sería lo más cercano que tendría a ti. Y resultó fatal.

¿Por qué sonaba demasiado bueno para ser cierto? Kagura hizo como que se acomodaba nuevamente el kimono, mientras él trataba de despejar su mente para pensar en algo distinto y comenzaba a guardar cada instrumento utilizado para la revisión.

La azabache suspiró con cierta resignación al ver que Hitomi no tenía la menor intención de retomar la conversación y luego, con la voz llena de inseguridad, prosiguió—. No puedo presionarte ni obligarte si no quieres, pero Naraku casi no pasa tiempo en casa. Tal vez-... tal vez podría ser esta una buena oportunidad para recuperar el tiempo perdido. Ese que perdimos tú y yo, hace diez años.

El aludido no podía estar más inquietado con toda esa conversación y las implicaciones que esta tenía para él y para ella—. ¿Qué estás-...?

—Naraku estará en Filipinas a partir del fin de semana-...

—Kagura-...

—... y no regresará en dos semanas. —Era la primera vez que Hitomi sabía algo acerca del trabajo y la clase de negocios que Naraku tenía, aunque fuera de manera tan escueta. Pero de pronto la implicación de lo que estaba insinuando Kagura, le sonó tan aterradora como descabellada.

—... no.

—Si cambias de opinión, la puerta de mi habitación no tendrá seguro después de la medianoche. Y entonces estaré esperando por ti.

—Kagura, por favor no hagas esto más difícil-...

—Entenderé si no vas. Seguramente temes la idea de arruinar todo, con Haku y Kanna, que alguien pueda darse cuenta. Solo-... bueno, al menos me quedaré con que lo habré intentado. —Y con estas últimas palabras, ella se levantó de su lugar y volvió a revisar que su Kimono estuviera correctamente acomodado, antes de tomar su bolso y darse la vuelta sin dedicarle ni una mirada más.

Hitomi casi seguía sin poder creérselo. Ella tan de repente soltaba todo eso y esperaba que no tuviera dudas. Tanto años añorándola noche y día y ahora todo estaba saliendo a su favor sin haber hecho el esfuerzo, o haberlo pedido. Quemaba en él ese amor por ella, sin apaciguarse ni un solo día. Y ahí estaba Kagura, diciéndole todo eso de manera tan casual que parecía inverosímil.

Ella ya estaba casi saliendo del consultorio, cuando Hitomi se atrevió a llamarla—. ¿Cómo has lidiado con esto todo el tiempo?

Entonces Kagura se giró, sonriéndole de medio lado con la sonrisa más triste que le había visto en un largo tiempo—. Simplemente aprender a sobrevivir mientras duele.

Y entonces Hitomi entendió que Kagura también había sufrido mucho esos diez años.


TBC.


PS. Vengo rápido y me desaparezco, luchando por retomar la escritura que tan feliz me hace, en medio de la vida cotidiana y mi estado de salud general. Les dije que me podía tardar una vida, pero el show va a continuar (y tengo varios shows que terminar :P).

Hoy actualizo Kagura y espero antes de que termine el año, actualizar algunos otros fanfics que tengo pendientes por actualizar y cuyos capítulos ya van a la mitad de escritos o incluso ya solo falta editar. Por lo pronto, pues a devorar este dulcecito.

Hay cosas que aún son confusas para Hitomi y cosas que se van a poner RARAS. El camino que va a seguir esta historia no ha cambiado en todos estos años, solo me falta afinar algunos detalles. Soy de la idea de que no pude terminar esto antes porque no estaba mentalmente preparada para manejar las cosas que se vienen, pero bueno, solo les diré que es mejor que se agarren, que la montaña rusa apenas va de subidita. Todavía falta hablar con Byakuya y entender qué mierda pasó con Kikyou, pero todo eso saldrá a su debido tiempo.

Sin más que agregar, me despido con la aclaración de que este es uno de esos longifc de los que más me siento muy orgullosa y no pienso dejarlo morir. Así que sí, Agatha, aunque me tarde la vida, pero esto va a terminar :P así que espero que te guste y que este capítulo te dé una grata sorpresa... o varias! ;).

¡Nos estamos leyendo!

Onmi.