Advertencia: esta historia tiene contenido gore, sangre, maltrato, agresiones, violencia. Si no le gusta este tipo de dinámica, puede retirarse.
¿Segura que quieres leerla? Esta bajo tu propia responsabilidad hacerlo o no. Tu eliges, lector.
Los personajes no son mios, son de la mangaka Rumiko Takahashi.
¡Ah! Y otra cosa, perdon por la demora.
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Las Gotas sangrientas cayeron a difundirse en las inmaculadas sabanas de la cama. Muchos de los muebles bien simétricos fueron hecho pedazos; el closet, las estanterías de libros, repisas, donde escondía mas a fondo las fotografías de un hombre que podía transformarse en un cerdito negro, estaba puertas abajo, astillados. Una chica de cabello verdoso oscuro, moribunda y exhausta, abrumada del acto que tolero en el trayecto de las manecillas de su perenne reloj, estaba postrada en la cama desordenada.
Para su buena fortuna (o mala para el animal violento que la transgredió en su propio domicilio), se arropo mas o menos con una las pocas sabanas que aun tenia disponible en su perímetro acolchado.
Ahí afuera, en los terrenos arboleados, antiguo hogar de cerdos expertos en combate, el revoloteo de las moscas era audible aun con las paredes insonorizadas que los ensañaban a refugiarnos. Gracias a esos insectos, los cadáveres degradaran lo que quedaba de esos cuerpos descompuestos, que desprendían un hedor a toxinas horripilante. El criminal zapateo, imperativo, en sus pedazos de cuerpo que pendían de delgados puentes de carne, sonriendo vacuamente, festejando de felicidad de la carnicería que vivía debajo sus suelas sencillas. Mezquino al saber que su victima se aferraba a todo resquicio de vida, este hombre expreso una sedienta juerga de paz.
Escucho el deprimente intento de jadeo que a hecho la ramera personal del puerco de Ryoga. En un principio, los lloriqueos le satisfacían, le producían excitación. A causa de esas respiraciones laboriosas, se endurecieron sus partes bajas mientras sonreía pletórico. Su morfología, exquisita y gustosa para alguien exigente como el, lo seducía con las prominente curvas inimitables . Estaba desnuda, tendida sobre el colchón de la cama, estilizando su bello cuerpo que meneaba, por obligación de el, durante la sesión de sexo que duro por una gran parte de toda la noche, concluyendo por la mañana.
—Ra... ¿Ranma...? — Un susurro casi imperceptible destapo su boca— Ya... ya cumplí con lo que prometí. Ahora quiero mi familia de regreso, por... favor...
¿Ella lo dijo? Probamente se confundió de su apariencia, admirada, crédulamente, por los mismísimos dioses inexistentes del olimpo. Su aspecto físico es halagado por una multitud de chicas a las que violo y matado, o eso quiso pensar antes de extorsionarlas a nivel psicológico, gracias a sus nichos de manipulación evolucionados. Esa cualidad salió de algún lado que desconocía hasta el breve momento que se topo con su presencia, proveniente tal vez de cierta amazona de pelo azul lavanda o una chica con escaso ápice de simpatía con la gente que la rodea en su circulo mas privado; la familia, debido a la codicia que me otorgaba esa esencia, podría ser la razón mas lógica de tal singularidad.
Estaba sentado mirando el piso desordenado de muebles astillados, donde sus ojos color escarlata tintineaban en la sangre diluida de la costura modesta, encima de la alfombrilla. Mediante un suspiro, volvió su cara por encima de su hombro, observando a la prostituta que deseaba cortar en trozos de carne barata. Digiriendo cada vocal que regurgitaba de Akari, le enseño una de sus sonrisas hermosas y, aun saboreando ese sabor agridulce en su lengua, humedeció los labios para una segunda ronda de sexo. Pero ¿ella estaría dispuesta a todo por su salvar a su familia y mascotas? Se lo prometió, aun si fuera cierto, de alguna manera, que dejaría con vida a los otros amantes de cerdos. Solo quiso divertirse de ese espectáculo, por lo que le mintió, y manipulo su ingenuidad a través de sus palabras maquiavélicas.
—Es una pena, Akari. Es una pena que, a pesar de intentar ser condescendiente contigo, me demuestres tu aversión hacia mi. Yo, un hombre tan varonil y apuesto—Sonreí maliciosamente al verla desnuda, temblando del terror al notarle en su recamara—Si fueras un poco mas intensa en la cama, dudaría un poco mas en dejar vivos a tus padres y a tus puercos.
—E... Eres un... un ser de-despreciable, Ranma S-Saotome—Tartamudeo una aterrada Akari.
¿Despreciable? Quien pensaría que la simpleza de esa palabra le proveería aquella angustia en ascuas. El corazón latía ferozmente cuando observaba a Akari, a sabiendas de lo que a cometido pronunciar esa mujer. Esa sonrisa maléfica curvada se torno triste y, a su vez, el vivar de los ánimos bestiales decayeron preocupantemente. La añoraba violar por consecutiva vez... pero el deseo intenso de rehacerlo desapareció en cuanto recalco ese ofuscado recordatorio.
En un sujeto despreciable total... me lo hizo.
Pese a que tomo por el mote de Ranma Saotome, ya que su apariencia es increíblemente idéntica a ese, según el, bastardo, Akari se refería específicamente, por supuesto, al hombre que la violento y fulmino a sus queridos animalitos de caricaturas entrañables. Ella no era plenamente conciente de absolutamente del daño que era capaz de engendrar en la vida de los otros pecadores, sin matiz y autocritica durante el tiempo ínfimo que trascurría en este distrito de enfermos artistas marciales.
Pero, además, no todas las causas desembocan en esos mortales ineptos y despreocupados, que no les importa nadie mas que a ellos mismos.
Muy en el fondo de sus sentimientos enjaulados, lloraba lagrimas de sangre y amargura, por culpa de las atrocidades cometidas por un hombre egoísta, lleno de avaricia en su corazón insensible. Ese odio se propago como un virus letal en su sangre, corrompida de la maldad mas mortífera que a pisado este basto mundo. Aquella vez, auto infringiéndose daño al evocar, recordó esa sonrisa encantadora de su madre afable de ojos de color canela, y esa dulzura que no menguaba, aunque a su alrededor estuviera en llamas.
La cabeza gacha y los hombres caídos, pensando en aquella figura femenina de cabello peliazul, escucho que los silbidos del viento, que le perseguían desde el mas allá, atestiguaban hurtarle su alma corrosiva de rencor y maldiciones. Soñaba con borrajos de fuego extintos; esa sonrisa hermosa desapareció de ellos, imposibles de rebobinar en mi mas profundo pensar.
Sin embargo, dentro de todo su odio, rencor, desprecio y rechazo enorme que le provoca su padre, nunca desecho su esperanza en volver a ver el rostro de su madre otra vez; podría asesinar a mil transeúntes para volver a recordar algún pequeño atisbo de su luz, proveniente de su sonrisa y alegría de esa fémina, Nodoka Saotome.
En su pasajera infancia, fue tratado como saco de boxeo toda su vida: latigazos, maltrato físico, atentaron contra su moral, golpes, aversiones dichas de mi padre, que le causo un gran resentimiento en contra de su forma de pensar y entender, creando una jerarquía donde el era el mas inútil dentro de todos los que habitaban en la casa. Pero, dentro de todo eso, aun habia algun signo de luz en su ser, que con los años se trasformaron en oscuridad y sombras en mi corazón.
Para el obeso, su primer y odioso hijo fue fruto de un negocio de casamiento a largo plazo, nacido para ser prometido de alguna de esas tres estúpidas mujeres: Nabiki, la codicia; Kasumi, la ingenua y escéptica mujer sumisa; y Akane Tendo, la estrella de mi destrucción mental y psicótica que tenia hace doce años.
Y el principio del fin comienza en su sitio de nacimiento, conjunto con su madre, su padre... y su hermano.
Unas briznas doradas atravesaron la coyuntura de sus cortinas, tocando directamente el rostro trasnochado de un niño de pelo café oscuro y ojos marrones, como los de su madre. Esos rayos efusivos, que jamás podrá explorar de nuevo, lo despertaron. Abrió sus parpados con parcialidad mientras su vista se volvía visible, clareándose. Se desperté medio somnoliento de su cama; estaba mareado, supongo que el día de ayer fue un día monótono e insufrible.
Un bostezo profundo se hiso paso en sus cavidades.
—Que día mas espantoso el de ayer. Espero que hoy sea diferente, espero—dijo para mi mismo.
De pronto, en el piso inferior de la casa, un vocifere lo llamo.
—¡Yoichi, el desayuno esta listo!— Esa voz femenina le subió mis ánimos hasta el tope.
Si, su nombre de pila era Yoichi, Yoichi Saotome. Si no mal recordaba, ellos fueron herméticos con no mencionarlo en ninguna reunión o convocación futura; eso aun esta en discusión.
—¡Ya voy, mamá!— Aviso de un vocifere.
—Se un poco mas rápido; tu hermano se zampara todo el desayuno antes que si quieras te presentes
—Ya oí
Se puso un abrigo sencillo y abrió el pomo de su puerta, y salió disparado por las escaleras, dirigiéndose a la primer planta de la casa de su familia. Al llegar a la cocina, Ranma, su hermano menor, comía todo lo servido de la mesa. En ese tiempo, el lo observaba con asombro, pues no pensaba que un niño podía ingerir tales cantidades de comida, en exceso; hoy se siento escéptico al pensar en ello.
—¡Hola, mamá!— Saludo y la abrazo.
Nodoka se agacho para estar a su altura y, luego de eso, lo abrazo de vuelta, trasmitiéndole una agradable sensación de cariño y serenidad.
—¡Buenos días, Yoichi ¿Dormiste bien anoche? ¿Pudiste conciliar el sueño después de tu entrenamiento de ayer?— Pregunto con su sonrisa.
Inmediatamente, nervioso y preocupado, no escatimo en detalles, solo contesto que estuvieron bien... a medias. Sin embargo, esos entrenamientos tortuosos y carentes de pausas de descanso, hicieron añicos su espalda y brazos. Esa sensación quisquillosa de soportar esos dolores, incrementaban sin parar cada mes, cada dia, cada hora, cada minuto. Ese dolor no amainaba; al contrario, se ampliaba sofocantemente. Por poco, casi se desmayo del puro agotamiento. En resumen, fue un entrenamiento de porquería. ¿Por que, te estarás preguntando? No le gustaban las artes marciales. Para nada era de si agrado entrenar como un enajenado todos los días. ¡No era lo suyo!
—B-bueno... yo... ¡Si, estuvieron geniales!— Sonriente de la nada, mintió. No quiso preocuparla.
Mi madre, enternecida del jovencito de pelo castaño, sonrió con tristeza en su semblante, ya que sabia a la perfección que las artes marciales y su primer hijo no compaginaban ni por donde se lo vea. Este ultimo, diciendo sin temor que era una perdida de tiempo para desarrollarse a una persona académica, abnegada y educada. Aun con los antecedentes que le ha dicho en incontables ocasiones, sin embargo, Nodoka presionaba a que continuara practicando, sin rodeos, esa patética "Escuela de las Artes Marciales de Estilo Libre". Al oír eso, con solo nombrar esa cosa, aunque sea las siglas, repelía cualquier incipiente interés en dar entreno a esa disciplina. Nodoka le explicaba que debía continuar con ese legado escueto, sino también convertirse en un excelente luchador, uno veterano e imparable.
—Yoichi, tu sabes que tienes que ser el heredero de la escuela de artes marciales de estilo libre. Si no es así, Genma se pondrá muy triste. Se que puedes hacerlo, porque eres especial, hijo. No te desanimes y sigue tu camino— me dijo ella, no del todo segura de las palabras que escogió.
Fue decepcionante escuchar eso de Nodoka, pensando así que ella nunca en su vida entendería la posición de negación que objetaba el propio Yoichi.
El destino que compartía con su hermano menor, Ranma, era una reverenda mierda. Sin ninguna explicación o un motivo razonable de por medio, Yoichi tenia como meta de carrera cumplir, a exigencias de su padre, y algunas veces de su madre, en convertirse en el heredero de aquella sandez de estilo de combate y bla, bla, bla, bla, bla, bla... En la etapa de la vida de la adolescencia, probablemente, sin lugar a escrúpulos, se sentirá como un esclavo, aprisionado a los mandatos de Genma.
—Si, mamá. Lo que tu digas—le dijo cabizbajo
A pesar del disgusto que acababa de residir un segundo atras, no dejo que esa conversación le degradase su animo intachable. Procedió a sentarse en un pupitre cercano al de su hermano quien, por cierto, tragaba como un lunático hambriento, que pagaría cantidades exorbitantes de dinero por un trozo de mendrugo por meses incsantes.
Yoichi se sentó a su lado y comió con los palillos casualmente. A su izquierda, Ranma comía, no, tragaba la comida sin dejar una grano de Arroz en el plato. Luego llego Genma, saludando a Nodoka y Ranma por el buen día (¿que tenia de buenos?), y haciendo vista gorda a su primogénito. Para su padre, el era invisible e intangible en la hora del desayuno y gran parte de la tarde; en la noche... el chasqueante eco de un látigo resuena en su pesadillas una vez acabado su "enseñanza".
Todos estaban sentados en la mesa, comiendo pasivamente mientras Genma aparentaba cierto enojo en sus reojos a Yoichi.
Yoichi decidió romper el hielo—Mama, ¿hoy iremos a la feria, verdad?— Pregunto Yoichi.
Por otro lado, Nodoka respondió alegremente a su hijo—¡Por supuesto! Tu sabes muy bien que Ranma se acaba toda la nevera en un santiamén. Las verduras escasean, asique necesitamos reponerlas. ¿Me acompañaras, Yoichi?
Cuando escucho la invitación de su madre, al instante, Yoichi sonrió felizmente a Nodoka, ya que pasar tiempo en la casa, encerrado y estudiando materia, le resultaba muy agobiante.
—Como no, mamá. Hermanito, ¿vendrás con nosotros? Si aceptas, con mucho gusto te comprare algunas golosinas para comer algo dulce. Yo apaño en mis ingresos
El castaño llevaba consigo dinero en efectivo casi la mayor parte del tiempo, el cual se lo ha ganado a punta de esfuerzo, ayudando y darle un apoyo adicional a Nodoka en los quehaceres del hogar: lavar los tazones, cumplir pedidos, o simplemente llevar a casa buenas calificaciones, con respecto a su notas que ganaba en su escuela. Si, Yoichi era muy hacendoso, cordial y honesto. Pero para Genma, era la representación exacta de la desobediencia, en su mayor parte.
Ranma, una vez haber merendado semejante tazón de arroz, acepto sin regañadientes. Es mas, sonrió, ya que su hermano era muy atento con el, y, además, lo hacia sentir en un ambiente agradable.
—Me encantaría, hermano. Solo déjame terminar otro tazón de arroz, por favor— Ranma le esbozo un rostro suplicante.
Yoichi, viendo la reacción, quiso ser travieso y fastidiar, aunque sea un poco mas, al chico de la coleta de caballo—¿Has pensado algunas vez en tu familia, niño? Te comerás las provisiones de un golpe sin dejar ni una porción de comida a mi, Glotón—Yoichi estiro su brazo atrás para, posteriormente, rodearle la cabeza, jalándolo a su pecho y rascarle su cuero cabelludo con sus nudillos. Frotando sus nudillos, alternando—De donde sacaste ese talento para comer así de rápido, ¿eh? Explícamelo de inmediato.
Nodoka soltó un risita. A menudo, ella pensaba que en la escuela Yoichi era una especie de brabucón problemático, gracias, probablemente, a su comportamiento burlesco e irónico que demostraba a Ranma cuando podía hacerlo. Para su alivio, nunca presentaron quejas graves en contra de la conducta burlona de Yoichi hacia sus compañeros de clase; eso o era muy discreto en sus payasadas.
—¡No hay empieces! ¡Por favor, Yoichi!
—Entonces, si tengo que ser mas flexible, tendré que dejar de ser tu montura personal. ¿Quieres eso?— Dijo en tono muy jocoso.
—¡NO! ¡Todo menos eso!
—Y bien... Que piensas hacer al respecto. Una de dos, hermanito.
—Esta bien, esta bien, me controlare. Para que te quedes bien a gusto con tu comida— Inquirió Ranma, molesto, poniendo de por medio ojos blancos.
—¿Ya te enojaste, niño? Vamos, anda, súbete a mi "lomo"—Se paro de su silla y se erguío a una altura correcta para que saltara a su espalda.
Ranma se subió algo amargo, pero se normalizo su temple usual de siempre cuando Yoichi estaba correteando por toda la casa. A un lado, Nodoka demostraba una sonrisa apenada, tratando de sostenerla aunque sea por breves momentos, mientras que Genma estaba mancillado en su tazón de arroz, severo y, aparentemente, desdeñoso con el jinete y el caballo.
De pronto, cortando de un soplido su bulliceo escandalo, Genma hablo severamente—¡Yoichi!
Desde ese preciso instante, esas oraciones sosas como su nombre lo han descrito, el castaño se detuvo, a tropezones, por poco perdiendo el equilibrio, a sabiendas de que su tiempo libre y divertido, decayó en el fondo de un profundo e infernal fisura. Hablando consigo mismo, vaciante, despotricaba fuertemente en el limbo interior, como una atracción magnética que lo atrajera hacia una cloaca estancada de malvivientes transeúntes, apunto de saquearles los órganos vitales. Estacionando la gravedad en el aire, casi siente una fuerza diabólica, no, mucho peor, eufórica de adrenalina, salvajismo, llena de una furia que, a no mas tardar, aumentaba conforme las sanguijuelas alquilaban sus emociones; una serie de sentimientos encontraron finalmente al perturbado de Yoichi: ira, impotencia, angustia, fatiga, ansiedad, predominando en un trono lustroso la demencia. Pero, además de eso, una ampolleta radiante se iluminaria al final de su vida... con su madre y hermano a su lado, con el... visualizando el ocaso de una vida de éxito a su lado. Con ellos, con el.
No obstante, ese propósito floral, llano de elogios, ilusiones, metas, logros, aspiraciones y alegría, al final de la carretera contigua a esos pilares... no vio mas que odio. Odio. ¿Que es el odio, realmente? Odiar, en realidad, significa enfocar todo tu enojo en un personaje inexistente, ficticio, porque su forma de ser te pareció meramente cuestionable, hasta incluso obsesiva. No. Nada de eso es odio, solo es desahogo. El odio debe tener un inicio, un desarrollo, climax y hasta un final. ¿Qué final le esperaba? Uno de armonía y dedos entrelazados, simbolizando la paz hallada al termino de la madrugada. O, al contrario, donde las cubetas de sangre pardusca, almacenadas, eran un recordatorio picante de su inentendible fracaso como un mero intento de luchador de artes marciales.
—Escucha muy bien esto, hijo, porque no te lo volveré a repetir nuevamente: debes poner todo tu esfuerzos los entrenamientos para convertirte en el proximo heredero. Continuaras este legado si o si. Y para ello, concentrarte en tus técnicas de batalla es tu única obligación, pues tu serás el siguiente con Ranma. ¿Me entiendes adonde quiero llegar con todo esto?— Pregunto Genma con cierto rigor en sus palabras, dándole una facción intensa al castaño.
Al mismo tiempo que Genma le sermoneaba sobre peleas y esas nimiedades, Yoichi bajo a Ranma de sus hombros, para luego mirar a Genma. Infundido del miedo, Yoichi, cabizbajo, deprimido de ser poca cosa para alguien de tal magnitud como su padre, solo asintió tímido de contradecirle. Sin embargo, en el exterior, parecía un chiquillo pusilánime, miedoso de criminalizar los actos de Genma como delictivos, esos que atentaban sus derechos; en el interior, su blando corazón empezaba a desmoronarse en varias de sus capas que le impedían explotar todo ese estrés contenido adentro de recipientes sobresaturados. No falta mucho que aquello culmine en un cascareo, inmortalizando el rencor en su corazón.
—Si, papa...— Contesto no con muchas ganas, compungido.
—Bien, así quiero que las cosas sucedan, Yoichi. Ahora, vete acompañar a Nodoka a la feria.
Dicho esto, Nodoka, Ranma (sentado en los hombros de Yoichi como antes) y Yoichi salieron de la casa, siendo este ultimo en salir. Justo antes de cuzar el umbral que separaba la casa con la calle, Genma le advirtió una ultima cosa que quería dejar en claro.
—Una cosa mas, hijo: te veré en el mismo lugar de siempre para empezar nuestro entrenamiento. Ni se te ocurra faltar. ¿Me oíste?
Una palabra mas viniendo de la boca de ese cavernícola descerebrado, una sola, y colapsara. Mediante su mano blancuzca, apretujaba ruidosamente el picaporte de la puerta, dejando al descubierto el incremento bestial de enfado que se sobreponía al sosiego. Podía, no, tristemente. No podía entender que personas como el, ignoraban sus anhelos en los cuales quería ser participe, pero su frivolidad no le era del agrado para nadie que no sea mas que el. Precisamente eso le causaba tanto fiasco a los dos: frivolidad que provenía de ese jovencito.
Y al cabo de un rato, se fueron de la vista ociosa de Genma.
-Mas tarde-
Tras caminar a paso rápido a su destino, llegaron finalmente a la feria. Una vez allí, Nodoka, apurada, le confió algunos yenes y una lista de compras que debe zanjar de inmediato. Sin mas titubeos, Nodoka se retiro a cumplir con el resto de las compras. Yoichi (junto con Ranma en sus hombros) repaso con ojo a lujo detallado todas las especias, verduras, frutas, condimentos, aderezos, víveres que tenia que comprar con el dinero que le fue convidado.
Madre e hijos se separaron por caminos diferentes y empezaron a buscar entre los pabellones. En su recorrido por buscar lo que indicaba la lista, Yoichi no pudo evitar mirar hacia sus lados, curioso, cada objeto exhibido que estaba en venta. Sin embargo, sacudió su cabeza en negación, resistiéndose a la profana idea de darse un lujo a expensas de los yenes que le fueron prestados. Ese dinero no le pertenecía, sino era, solamente, para abastecerse de refrigerio.
Después, redondeando a unos veinte y cinco minutos o así, revisando cada mercadería que ofrecían los negociantes, el castaño acarreaba las bolsas plásticas espaciadas en sus manos coloradas, pues ya había llevado un significativa cantidad de tiempo en la agarradera en sus dedos. El era fuerte físicamente, gracias a los estrictos entrenamientos que era sometidos, pero el tiempo nunca frenaba sus manecillas, por lo que cobraba factura. La anatomía humana tenia un limite, dato estudiado con la ayuda de su libro de anatomía, obsequio recibido hace ya un tiempo atrás.
Un ardor ligero subía por sus antebrazos; se detuvo y recuperaba, luciendo cansado de por si. Faltaba una ultima y trascendental compra. Tenían de todo, pero algo olvido...
—¡Claro, el arroz! Como se me pudo haber olvidado— Recordó, exclamo en sus adentros.
De casualidad, donde estaba estacionado se encontraba un mercader que vendía arroz blanco, en sacos cilíndricos, abultados.
—Tengo hambre, Yoichi. ¿Tienes alguna alimento por ahí?— Dijo Ranma, señalando las bolsas, hambriento para variar el tema.
—Lo siento, hermanito, pero llevamos a casa lo justo y necesario. Mama me encomendó los yenes. Gaste casi todo mi dinero. Este saco de arroz es lo ultimo—Menciono Yocihi, mostrándose absolutivo.
Defraudado, Ranma sintió una aguja insertándose en su indefenso corazón, el cual, posteriormente, libero un rugido voraz que escapaba de sus tripas, enfatizando aun mas su abominable apetito. Escuchando eso con el par de orejas encogidos de un rubor de encogimiento, su hermano se compadeció del trenzudo, no con muchas ganas de darle el gusto bucólico. Ranma, reluctante, soltó un gruñido estomacal amplificado.
Queriendo obviar esos desagradables sonidos, acepto, malagana, disgustado de perder los ahorros que preservaba en sus bolsillos, en caso de extrema necesidad.
Soltando un suspiro entre los entarimado de sus labios, le dijo:—Ok, ok, ok. Te daré algo de comer. Solo déjame pensar en algo. Además, necesito tiempo antes de todo.
—¡Hurraaa!—Festejo el chico de la coleta, jubiloso.
Parándose enfrente del puesto de venta, Yoichi dijo—Un saco de un kilo de arroz, por favor—
—400¥—valoro el precio.
Yoichi abrió el cierre de su bolsillo, avistando, perplejo, una cantidad de tan solo unos 200¥—Tch. Esto es una estafa—Penso—¿Puedo regatear el precio?
Al instante, el señor de buenos modales que aparentaba alguien ameno, cambio su mueca a una de enojo. Al parecer, creia que lo estaban engañando con ese regateo.
—¿Me estas tomando el pelo, niñito? Mis precios son fijos. Si te parece injusto, una lastima. Vete antes de que me irrite.
Yoichi agito sus manos hacia los lados—¡No, no es eso! Es solo que vengo algo corto de dinero; eso es todo. Discúlpeme si provoque un malentendido.
El mercader, mostrando su acritud, suspira ásperamente—Entiendo, chiquillo. Pero, aun así, el precio se mantiene inalterable.
Esa mala suerte, de donde quiera que viene, le reprochaba constantemente a Yoichi. Sin mas dilaciones, el castaño, tratando de no poner un rostro de enojo, no tuvo mas que otra sacar dinero de sus queridos ahorros que reunía semanalmente. Ambos intercambiaron; el señor le dio el saco de arroz con su semblante severo y se despido desdeñoso del joven, quien se arrepintió al cabo de darle la espalda al adulto que le compro los granos blancos.
—No te preocupes, Yoichi. Tampoco fue tanto el dinero que gastaste. Además, conseguiste lo que querías—señalo el saco.
Yoichi le hablo un poco defraudado—Si, lo se. Pero no puedo gastar mucho de mis ahorros. No hay mucho dinero, Ranma. Por eso, necesito mucho dinero para nuestro plan futuro— Yoichi, esta vez, se expreso soñador—Imagínate, tu, yo, mama, juntos, hasta el fin. Planeo invertir mis ahorros y obtener sueldos de mis trabajos para invertir en una gigantesca mansión. No. Mejor aun: ¡un palacio solo para los tres solos!
—¡Guau, eso seria fenomenal! ¿Y la comida? Cada una modelando en platos plateados y desprendiendo un aroma que dejaría la boca babeante a cualquiera que huela ese manjar culinario—Soñó Ranma, expresando su iluminada cara de hambre— Alto ahí, Yoichi. ¿No olvidas a alguien?— Pregunto el joven, dudoso e inocente criatura.
Curvo su ceja en forma de confusión.—¿A quien te refieres?
—Como no vas a saber. Nuestro padre. El nos esta entrenando, después de todo. Merece un lugar con nosotros.
Eso apesumbraba toda chispeza paradisiaca que Yoichi había comentado. Su sola mención revivió esa ira rimbombante que se encontraba en su interior, matándolo, volviendo ese coraje incorregible que, ávidamente, quería desechar. Por supuesto, como no seria de otra manera, el habia asegurado, a alaridos, que su futuro no estaba por el lado académico, sino por el lado de las peleas. Las artes marciales eran todo, y seguir con el legado que le fue encargado es su deber si no quiere deshonrar al demonio que era denominado como un padre para Ranma.
Ese hombre es su ruina y, por lo tanto, desangramiento. No obstante, Yoichi, el niño con metas universitarias ya definidas, no se iba a darle su vida a la rendición y soledad. Su deber era encontrar la forma de deshacerse de la ampolla de su padre a toda costa. Con el paso de las arcadas accionadas, este niño desarrollo tendencias asesinas que solo el imaginaba, formando teatros, cines, y cintas mentales graficas donde su padre era el protagonista desgraciado de su propia historia.
Las personas lo veían caminar por los pueblos esquilmados. Por alguna razón que solo el castaño sabia, este Genma era maltratado, abucheado, despreciado, acribillado en el suelo, donde los tomates podridos manchaban sus mejillas hundidas de hambre y caminata. Era su fin, tarde o temprano el diablo, en carne y hueso, recobrara esa parasitaria alma de sus siembras. A no mas tardar, auparía su caperuza, descubriendo el rostro, lleno de moretones, de su primer hijo, el cual su aversión siempre se dirigió exclusivamente a el. Imaginaba el diablo, matándolo, desmembrando la musculatura lacia que no servía, tirandolo finalmente al mar como debía habar sido desde un principio: basura. Y luego...
Agrando los ojos, incrédulos, rompiendo cada escena sacada de un filme criminal y misterios sin resolver, sin explorar. Pensó varias veces si se estaba volviendo un psicópata genocida en cada oportunidad que soñaba las escenas graficas de los distintos destinos que involucraban a Genma; consistían en una muerte ahogada bajo el agua; en otra, quemado vivo en un caldero de fuegos blancos, vistosos, y con un sonido aguado placentero. Obvio, Yoichi, en primera fila, lo dejaría repleto de gozo de por vida esa imprimante cinografía si se volviera, se vale soñar, realidad. Mejor aun: Genma siendo devorado en chuletas grasas en las fauces de hidras, portadoras de siete cabezas, que custodiaban voluminosos y hondos lagos que dan vida a toda vegetación y maleza al ambiente cercano. No. Muy redundante. Otra en...
—Detente ahi, cerebro estúpido— Se quejo en sus pensamientos.
¿Qué recórcholis estaba pensando? Una vez despejado de su trance mental, Yoichi, plausible, cacheteo sus mejillas asimismo, mostrando pucheros involuntarios. Luego de suprimir todos esas torturas inmanejables que merecía su padre (porque si, sentenciaba Yoichi, se lo merecía el flojo), Ypichi se quedo sopesando lo acontecido últimamente. Esto ya era frecuente, demasiado para ser exactos. Con cada sesión de inexpugnables entrenamientos con semejante basura de padre que tenia, se volvió medianamente propenso a dar sedimento, exhaustivamente, a los escenarios correctos en donde su padre perecía de la forma mas grafica y repugnante posible. Y, sin embargo, Ranma amaba a su padre. Pero eso no dudaría para una eternidad. Tarde o temprano, cuando Ranma sepa por mera mano propia lo que esta sufriendo su hermano, explotara en rabia.
Es una lastima que no pueda contárselo todo en ese instante, pues tenia estrictamente denegado hacer mención o algo relacionado de esas cubetas chorreantes de sangre llorona. Y si en dado caso se enteraba del sufrimiento letal, cuando Ranma tenga una edad mas elevada, debido a esto, odiara a su padre como Yoichi lo odiaba también.
—Yoichi, ¿estas ahí?—Pregunto receloso su hermano, encima de el.
En respuesta, este sacudió su cabeza para liberarse de su televisión mental.—Si, no es nada. Tu tranquilo. No me pasa absolutamente nada.
—De verdad? No lo parece— Dijo, irónico
—Quieres que te de otro coscorrón, eh, hermanito? ¿No tuviste suficiente? Mira que yo, aunque no sea un prodigio, puedo vencerte.— Se jacto, pese al odio masivo que sentía por su habitual estilo de pelea.
—Como te decía:— cambio de tema repentinamente— acuérdate de tenerle un espacio a papa. Sera genial vivir para toda la vida con ellos a su lado.
Yoichi lucia dudoso, por no decir, huraño a la declaración.
Pero respondió
—Si... como se me pudo haber olvidado a papa. Cálmate, hermanito, todos seremos millonarios al final del dia.
—¿Me lo prometes?
Primera se relajo, pero a no mas tardar... ¡Como podría prometer tal desfachatez! Esa babosada. Ese hombre bruto, por ningún motivo, se asentaría en el mismo tejado que ellos tres, y mucho menos si el sitio donde se organizaran seria ostentoso. No se lo merecía. Prometerle eso a su pequeño hermano, seria completamente imposible, debido al poco tacto y cariño paterno que recibía Yoichi en sus sesiones y series de estas que pasaba continuamente en las zonas de entrenamiento. Pero, a través de los monótonos días de la semana bipolar, recordó algo cuando escuchaba y penetraba las puertas con su oído.
Yoichi bajo la mirada solemne, sombría y, sobre esa, enojo, la cual seria mas que capaz de derretir los glaciares del ártico. Mientras fue creciendo progresivamente en su hogar, se dio cuenta de lo mucho que su padre hablaba por teléfono con una voz masculina al otro lado de los orificios circulares de este. Evocaba, divagaba, preguntaba nervioso, como también ansioso por su salida de su casa para viajar por toda... ¿China?
Levemente escucho sus palabras casi como un susurro rompiente en aire.
A Genma...
—¿Alo? Soun Tendo, ¿estas ahí?
Guardo silencio al momento que el repondría a su llamado telefónico.
—Dentro de una semana viajare a China. Ya dentro de poco tengo los preparativos listos. Además...
La gota que derramo el vaso.
—... tengo a dos hijos para que se casen con tus hijas. Esto es lo mejor Soun. Tanto tu como yo, estamos de acuerdo para comprometer en matrimonio a nuestros hijos. Es por el bien de la unión de nuestras escuelas de combate.
Otro silencio.
—¿Tres hijas? Entonces, todo esta en orden—tuvo la sensación de oír algo que provenía de las persianas, pero lo dejo pasar—Uno de mis hijos ya esta comprometido. Pero... solo falta uno en que lo haga.
Yoichi detuvo sus pasos roncos. Miro al suelo mientras sus mechones castaños ensombrecían la mueca de indefensión, que según Ranma era como dar cabida al infierno en su corazón. Aun no lo podía creer. Su padre, con el que entrenaba y lo ejercitaba para heredarle este peso sobre sus hombros rascados, ¿ahora lo comprometerá a una vida de matrimonio con mujeres que ni el conoce en persona? ¿Sin su intimo consentimiento? No había necesidad mucha de un ataque de arrebato. Solo suspiro, o mas bien, resoplo aire caliente de rabia e impotencia, mesclados en una olla hervida de pura irascibilidad.
Todo el tiempo en que entrenaban, rompiéndose los huesos, practicando técnicas enredadas y absurdas, el sudor profuso concentrado en la hierva esmeralda, y la sangre encallando en las vigas, lagriméense, por sus heridas induradas, ¿no eran sino fruto de un capricho de mierda? ¡¿Es eso acaso egoísta, una falta de sensatez e indulgencia?! Estaba en su apogeo su quiebre emocional, mental y físico. Todo esto de entrenar para persistir este legado en su familia ya no solo se trataba únicamente de eso que le producía tanto asco y nauseas. Ahora se tenia que casar para unir ambas escuelas. Esto es un abuso. Ya solo era una mera pieza de ajedrez; un peón que, renuente, es desplazada en casilla en casilla por los patrones del tablero, dando paso a la vida irrealista que deseaba el asqueroso oportunista; esa era la clase de calaña que fue y es su padre.
Aunque estuviera varado en un desierto inhóspito sin agua, no podría prometer algo que nunca cumpliría. Y es entonces cuando, sacando deducciones, pensó en algo...
—Oye, Ranma, ¿Qué te parece si hacemos un juramento?—Invirtió la pregunta.
Ranma, sonando molesto le dijo:—¡Oye, pero si yo fui el que te estaba preguntado!—Se quejaba.
—Si sigues así, me veré en la drástica decisión de jamás hacer algo por ti. ¿Estas de acuerdo?—Dijo Yoichi, casi al punto de amenazarlo.
—Ok. Entonces, que es lo que quieres jurarme.
El joven de ojos marrones, esta vez, hablo en un tono queda, sonriente y triste al mismo tiempo—Solo quiero que me jures que... jamás en tu vida hagas lo que quieren los demás. Nadie tiene porque obligarte hacer algo que tu no quieras. Se libre, Ranma. Vive tu vida tal cual. Antepone tus propios ideales y voluntades. Impide que nada ni nadie guie y forme tu destino a su conveniencia, porque tu eres quien tome las decisiones de tu propio camino— Yoichi mira por encima de hombro para verlo directamente a su cara— ¿Me lo juras?
En su lado, Ranma lucia tan confundido como al principio—¿Quieres que te jure eso?
—Si. No te pido nada mas, Ranma. Quiero que me lo jures... por favor—sonó tan misericordioso.
—Entonces, por supuesto que si, Yoichi.
Yoichi curvo una sonrisa mansa y se dirigieron con las bolsas de vuelta a casa—Gracias
—Ah! ¿No se te olvida otra cosa?—Hablo Ranma, jocoso.
—¿Qué cosa?—Contesto, molesto de que sacaría el tema de su padre.
—¿No me ibas a comprar algo de comer?
Se le ha olvidado por completo—Solo masticas, tragas y comes, hermanito. Ok, vere lo que puedo hacer.
Enfocando su vista, noto a millas de distancia un canastillo de manzanas acicaladas, reflejando el acalorado sol de verano. Era de exhibición, intuyo Yoichi mientras se acercaba a tientas al mostrador. Rara vez tenia suerte, pero hiso todo lo posible, además de no gastar ningún yen, de escamotear una deslumbrante manzana fibrosa. Aprovechando la distracción del feriante, el cual estaba ordenando su mercancía o algo así, Yoichi escamoteo la manzana, elevando su mano a su cabeza y dándosela a Ranma (estaba sentado en sus hombros), quien, feliz e iluminado, se la comía a bocados.
Desapercibidos ante las ocasionales miradas de los transeúntes, tomaron la dirección recta para toparse con Nodoka. Dejaron el bullicio de voces al regresar con la razón de su existencia.
-2 horas despues-
Pasaron 2 horas luego de su jornada laboral en la feria.
Una vez llegado al parque acordado por los tres, los dos hermanos jugaron una gran variedad de juegos para matar el aburrimiento. Tal como presenciaba, Yoichi jugaba para escupir el sabor hastió y agrio de lo que su padre lo llamaba "entrenamientos".
Nodoka y Yoichi estaban balanceando y cargando las bolsas pesadas entre sus dedos. Y, Ranma fijando su vista hacia adelante mientras este seguía comiendo algo que Nodoka le obsequio, estos estaban de caminata por la acera, de vuelta a casa, a descargar las compras. Yoichi, llevando su escalinata a su lateral, observaba la cantidad de pasos que daba y los enumeraba, y también, desafiado en el, eludía pisar las líneas rectas que dividían el suelo embaldosado,. Nodoka lo miro, preocupada.
—Yoichi, hijo, ¿no me estas ocultando nada de tu padre? En la mañana lucias muy triste.
Yoichi movió solo los ojos a ella, inexpresivo por la pregunta—No es nada mama. Es solo que... que estoy muy agotado. Eso es todo.
—No. Es mas que eso. Quiero que me lo digas inmediatamente— Exigió Nodoka.
Yoichi cerro los ojos, formulando un pretexto fidedigno.
—Sin excusas, hijo.
Nodoka siempre fue muy afectuosa con su primogénito.
—Esta bien, mama. Como tu digas—Indico Yoichi—Lo que pasa es que... no estoy muy a gusto con los entrenamientos de mi padre.—Expuso Yoichi. Se froto el Brazo con su mano, nervioso de una negativa reacción.—A diferencia de Ranma, mi pasión por entrenar y fortalecerme para convertirme en artista marciales es nulo, mama. No tengo la suficiente motivación para practicarlo, mas bien lo detesto.—Su voz cambio a una de pena, casi quebrando un una copa de vidrio.
Nodoka retoco su semblante a uno de afecto y preocupación—¿Ósea que tu no quieres seguir con el legado que te heredara tu papa? Es solo eso o hay mas, hijo.
—Si, pero no, mama. Veras, es que yo no pateo para ese arco. Me gustaría seguir por mi propio camino, ajeno a lo que ustedes quieren ver en mi. Quiero ser yo mismo, mama. Quiero ejercer algo que me guste, y no guiarme por lo que querrán ver en mi.—El, finalmente, se atrevió a decirlo.—Quiero desempeñarme en algo que sea diferente a las artes marciales, mama.
Pensó lo peor: imagino la cara endiablada de Nodoka ante la declaración que iba en contra de lo que le enseño Genma. Pero, sin embargo, esta mas bien lo entendió.
—Tranquilo, mi Yoichi. Te entiendo.
El joven se sorprendió de sobremanera por escuchar que se madre lo había comprendido.
La mira con cierto grado de asombro—¡¿Que?! ¡¿Hablas enserio, mama?
—Si, hijo. Aunque lo escondas, puedo ver algo en tus ojos que nunca había visto: pena. Se muy bien que no te gusta entrenar con tu padre, y acarrear con este legado no te gusta, lo se muy bien. Pero el mundo real, cuando te vuelvas un adolescente, es muy diferente, Yoichi. Uno cuando niño lo ignora, pero uno cuando alcanza cierta edad mayor, tiende a fijarse y reflexionar las cosas con mas a detalle. Uno tiene responsabilidades, trabajo, estudios para entrar a un trabajo estable y vivir para ello, pero uno debe conseguir por medio del esfuerzo y sacrificio para llegar con aquello que a uno le apasiona. La vida no es de color de rosas, hijo, pero no por eso uno tiene que tirar la toalla al primer obstáculo que se le presente encima. Debes esforzarte mucho para romperlo— Anuncio Nodoka mientras miraba el temple del cielo
—Mama, yo... no sabia que tu...
—Mírame, Yoichi.
Nodoka se arrodillo a la altura exacta de su primogénito, mirándolo esperanzadora mientras Yoichi, cabizbajo, no tenia el atrevimiento de mirarla a la cara.
—Estas cansado, y eso lo se. Pero luego de que completes el entrenamiento con tu padre, podrás estudiar todo lo que quieras hijo. Te lo prometo.—Prometió Nodoka, con esa dulzura que hipnotizaba a Yoichi.
No sabia si su estado físico actual podía ser tolerante a las penitencias dolorosas que era sometido día con día. Sin embargo, después de escuchar las palabras de aliento que tanto le hacían falta en su vida, empezaría a esforzarse, venciendo las adversidades. Tenia que prometérselo, y lo haría por ella.
—Esta bien. ¡Lo voy a hacer!—exclamo con aires de grandeza y superación.
—Y no te olvides ser un hombre entre hombres cuando seas un adulto— dijo, iluminada y soñadora.
Yoichi la la miro torpemente, rodando los ojos, en una expresión casi cómica—Siiii... mama.
Nodoka sonrió felizmente. Ambos reanudaron su camino a casa, donde muchas sorpresas lo esperarían.
-Anocheciendo-
Dibujo unos una operación matemática en su cuaderno de algebra. Observo detenidamente, evaluándola, el ejercicio. Calculo los números y escribió el resultado en cada recuadro del papel, cerciorándose de no equivocarse en la mitad del desarrollo matemático. De inmediato, al llegar con el resultado obtenido de la ecuación, ojeo, apagado y ojeroso, sus apuntes y, entre ellos, rebusco en su solucionario para asegurarse de que todo estaba en perfecto orden.
Viendo con su par de ojos secos, parpadeo una vez, notando el resultado que coincidía con el suyo. Sonrió agotado, cerro su cuaderno, se repanchigo en su cama y vacilo si quería beber un vaso de agua, ya que no tenia como muchas energías después de su arduo horario de estudio.
Después de un rato asimilando la platica casual que tuvo con Nodoka, Yoichi se sentía un poco mas seguro de si mismo desde hace algunas horas. Ya no era porque acataba ordenes hereditarias, sino el porque como su madre se comunico tan afable y comprensiva con el. Yoichi no quería que estos sentimientos de amor por ella se desvanecieran, sino todo ápice de cariño se irían por la borda de un precipicio con estalactitas dadas la vuelta. Nodoka era una mujer dócil, excepcional, afectuosa, empática, compasiva, simpática y muy querida entre sus dos hijos; Yoichi la amaba mucho, daría inclusiva su vida para apaciguar cualquier sufrimiento que apareciese. No obstante, uno de sus problemas (por no decir un único problema) era, de forma rotunda, Genma. Esa mujer hogareña no era como el monstruo de su padre, sino que era una especie de faro que traía paz y sazón a su familia; estabilidad y balance al mismo, se suponía.
Yoichi era considerado alguien maduro para su edad, eso lo sabia perfectamente bien Nodoka cuando notaba notaba a simple ojo humano la forma de actuar de Yoichi. Pero, probablemente por situaciones secundarias, este se autolimitada en su forma completa de ser. Una parte de su esencia persistente... esencia hipócrita... esencia arrogante... esencia decidida... esencia deterministica, obsesas e impertinentes. Me acosan, penetrando mi establo. Sedienta entraña hambrienta, armada de inicua justicia ciega. Esencia agobiante... esencia violenta... esencia vengativa... esencia se había marchado a los anaqueles desconocidos. Ya no disertaba esa clásica manera de ser tan, digamos... peculiar. Una rebana da el le hacia falta cuando el paseaba o simplemente pasaba el tiempo con amigos de la escuela. Pero también sabia que meditar y viajar en sus recónditos mas lejanos de si mismo, no encontraría tal índole. Ni siquiera en planicies finitas.
Tal vez, si las cosas fueran diferentes, obviaría en sus oportunidades en dar caza a la búsqueda de la fuerza y ser el mas apto para este legado. De repente se le metía algo en la cabeza, como un pequeño trozo de gravilla pinchando sus pies: ¿cómo es que Nodoka se fijo en un hombre así de aborrecible? Sabia que el destino no existía. Cada persona podía llegar a forjar su propio destino. Pero esta ambivalencia quedara en una incógnita sin una base lógica. Tales incongruencias persistían aun en la luna, iluminando su imagen durmiente.
Pensaba, pensaba y pensaba mas y mas en esa cuestión. Y cuando pensaba, movió su cabeza levemente hacia su reloj en la pared.
Esto no era nada bueno.
Sus ojos se ensancharon mas allá del limite humano; ya era hora de dar por iniciado el entrenamiento. Rápidamente, como si fuera el correcaminos huidizo de un coyote, Yoichi abrió torpemente el armario que portaba su alcoba. Descolgó del colgador del mas al fondo, y de el saco un Gi blanco, estropeado. Se lo puso lo mas rápido posible. Abrió su puerta, exasperado, y echo una corrida olímpica a la ubicación que su padre le había dicho anteriormente. Destacando temor en su expresión velocista, abrió la puerta de un soplido y corrió mas allá de lo que un ojo humano pueda llegar.
Hasta que Nodoka se percato de ello mientras estaba . ¿Por que su hijo iba tan deprisa? El lucia tan... tanto miedo. Tenia que descubrirlo de inmediato.
-Dos horas después-
El esmalte de sus dientes, castañeteados de furia y miedo, ya no era blanco, sino mas bien un tono mas o menos rojo sangre, como una lamina liquida y, al caer, serpenteante. Otro sonido espeluznante atravesó el aire. Consecutivamente, el tercer intento, con un incremento de fuerza significativo, silbó el aire. Este chasquido lo azoto en su espalda flagelada, arañada por esos látigos. Yoichi estaba sosteniéndose por lo poco que le quedaba. Inhalaba y exhalaba bocanadas de aire cargado de mal olor. Desde su cabeza hasta abajo, navegaban las gotas sudoríficas mezcladas con sangre, unidas, encallando en su barbilla. Para no caer , sus manos, malheridas, se apegaron en la pared, como un esclavo recibiendo un castigo por su actitud descarada e irreverente. En un otro movimiento hecho por Genma, el látigo raído manejo otra vez por el aire, rozando la piel magullada de Yoichi, quien lloraba desconsoladamente. Pero este aun tenia alguna pizca de valerosidad.
Genma se detuvo, notándose decepcionado—¡Otra vez le fallaste le faltaste al respeto a esta escuela. Yoichi!—Clamo el grito al oído de Yoichi—¡Eres nefasto con esa forma de ser tan negativa! ¡Me da vergüenza ser tu padre, muchacho ingrato!
Yoichi, con su cabeza dando tumbos reiterados, se aupó el solo del suelo, mirando por sobre su hombro al hombre mas despreciable del mundo. Por supuesto, el lo visualizaría, rencoroso.
Genma suspiro. Se dio la vuelta y cavilo, abyecto en sus azares.—Me decepcionaste, Yoichi. Pensé que entrenarte aseguraría nuestro futuro, pero parece que mis esfuerzos y constancia en darte un entrenamiento justo no dieron los frutos que quería—Afirmo gélidamente al primerizo sin compasión alguna.—Que diría tu madre ahora de tus defectos, exteriorizados. No quiero ni sabe...
Yoichi lo tajo, colérico. El... se quebró emocionalmente.
—¡NO MIENTAS!—¡TE EQUIVOCAS! ¡ELLA JAMAS HARIA CUSTIONAMIENTOS NEGATIVOS HACIA MI! ¡PORQUE ELLA ME QUIEREEE!—Gritaba Yoichi en tono comparable a un avión descendiendo a una pista de aterrizaje.—¡Porque no quieres entender, papa! Yo no quiero esta vida para mi. Yo tengo que decidir por mi mismo lo que quiera hacer por mi vida. Además, no quiero convertirme en un esclavo que solo sigue las voluntades de otros! ¡QUIERO SER YO MISMO, LO QUE ME APASIONA HACER Y NO DEJARME LLEVAR EN LAS DECISIONES QUE TOMES TU PARA MI VIDA!
Impresionado y sorprendido, Genma Saotome se le noto que le crispaba la iris de sus ojos de una furia incalculable. Esto ya no era personal. Genma, en un arranque de cólera brutal, apretó el cordel del látigo y azoto a Yoichi, solo que esta vez fue en sus sienes.
—¡¿Enserio eres tan insolente conmigo, Niño mal agradecido?! Debieras agradecerme de todo el sacrificio que hice por ti. No te has dado cuenta de que todo lo que esta pasando es solamente tu culpa. Tu desgana a los entrenamientos es notable, y eso que yo intento ser lo mas imparcial posible cuando se trata de ti y Ranma.
Como el estasis de cólera anterior, Yoichi se envalentono, relampagueante sudor. Por lo tanto, le confeso todo lo que tenia guardado.
—¡NO METAS A RANMA EN ESO!— Pego el clamado al cielo. Intento controlar sus escalofríos, que alternaban entre el calor y el frio, y su voz ya no sonaba llena de enojo, sino era llorosa y rota. Genma, conteniendo su enojo, se mostro escéptico— Ya lo se todo, papa. Se que tienes planeado dar fuga con Ranma, para ir a China y entrenarlo. Y no solo eso descubrí... ¡Se de antemano que arreglaste un acuerdo matrimonial, con ayuda de alguien llamado Soun Tendo!— Proclamo Yoichi, tartamudo y cohibido.—¡PERO YO EVITRE QUE TU MANGONEES SU DESTINO!— Apretó su puño sangrante y exclamo decidido, como también altruista.
Escuchando atentamente la revelación que descubrió su primogénito, Genma, indiferente, solo endureció un ceño fruncido. Y no era porque Yoichi haya descubierto tal secreto que seria revelado una vez que ellos, los tres, se irían a China de viaje, sino porque el espió el momento en donde telefoneo a Soun. Lo que le sorprendió fue saber que Yoichi haya obtenido información del acuerdo matrimonial que, discutido antes del nacimiento de sus hijos, fue sedimentado para dar implemento el estilo de combate libre Saotome, y dar una unión concisa a las dos escuelas.
Genma finalmente exploto, y este acciono lo impensado:—¡ESTO LO HAGO POR LA FAMILIA, YOICHI! ¡Y ES UN RIESGO QUE TENGO QUE TOMAR!
—¡MITOMANO, TU SOLO PIENSAS EN TI MISMO, EGOISTA!
Colapso, este flagelo fue mucho mas poderoso que los de antes.
—¡¿Sabes que?! Bueno, entonces si no te gusta esto, vete y escapa de lo que es correcto realmente. Siempre fuiste una basura, quien desobedecía mis ordenes a diestra y siniestra. ¿Y sabes que? Nodoka también esta de acuerdo con esto, malagradecido. Si no quieres seguir con este peso, olvídate ser el hijo de mu mujer y mío. Y sabes porque? ¡PORQUE TU ERES LA MAYOR BASURA QUE ENGENDRE, Y NODOKA ESTA DE ACUERDO CON ESTO!
Esto le llego muy al fondo a Yoichi. Paralizado y la boca abierta, Yoichi, desconsolado y extenuado, se le escaparon sus primeras lagrimas que martillaban sus mejillas sucias. Pese a que Nodoka estaba comprendiendo a su hijo, este, ahora mismo, estaba vulnerado, indefenso, devastado y muchos otros sentimientos se hospedaron en su cabeza luida de un tormento inacabable. De un momento a otro, el rencor que tanto anhelaba censurar, embotellado en fortificaciones impenetrables, lo asedio abruptamente en el momento en el que Genma lo estaba dominando en el piso. Sintiéndose como un pequeño animal inofensivo, Yoichi se dio a la fuga de la cabaña, escapando de esa jaula estrecha de gente ponzoñosa. Genma cerro los ojos y, demostrando una frialdad palpable, dejo que escapara, indiferente de la huida.
Huyo corriendo del destino que Genma le obligaba corresponder.
—¡YOICHI!—Una voz femenina tasajeo su huida. Era Nodoka, vestida con su típico kimono.—¡Hijo mio, que te paso!
Por otra parte, Yoichi la observo de reojo, desamparado. El no quiso verla, contemplarla, visitarla, el solo quería... estar solo. Necesitaba reflexionar el cursor de su vida, junto al lado de la soledad. Este escapo de los ojos llorosos de Nodoka, corriendo, tropezando, adentrándose y ahondando mas en un frondoso bosque. La lluvia llego a esconder su silueta.
—¡YOICHI!—Este grito, a comparación de el otro, fue amortiguado gracias al repiqueteo masivo de la llovizna.
Este se sumergió en un mar de oscuridad.
cia venenosa... esencia asesina... esencia justiciera.
-?-
Mientras tanto, el estentóreo tambor de las gotas fulgurosas resonaba profundamente en su mente, debido a la injusticia paternal en la cual le desfiguraba esa personalidad que, pensó en irrompible, yacía casi derribada.. En movimientos desbalanceados, codeo la mayoría de las ramas y tallos que le aglutinaban el paso. Lentamente las ramas dieron manotazos, deteniendo su escapada. Ya no podía mas; su cuerpo ensangrentado rezumaba sangre por doquier, donde los flagelos de los arboles tétricos eran como dedos castrantes, ondeantes de la brisa congelante. Golpearon su cara y este se cernió en el lodo, embarrando su rostro de barro suave. Se intento levantar, debilitado, pero el cántaro de balas seguía acosándolo. Derrapo abruptamente el en fango medio suave, restándole fuerza a la caída gracias a la suave capa de barro.
El se fue de ella, de su lado. Ahora mismo, encaminándose a los brazos negros de la soledad, dio una persecución a un destino indeterminado. Abandono lo que mas le acurrucaba, amaba, sintiendo plácidamente los arrullos melosos que atenuaban la encarnación imperial del odio. Pero... Ahora, dado los acontecimientos previamente vividos, esa rigorosa y cálida sensación se desvaneció en forma de ceniza quemada, cremada. Con que cara volvería a casa después de lo acontecido. Seguramente, con las horas avanzando celerosamente, estas vivencias, experiencias quedaran inmortalizadas, o mas bien, retratadas para toda su existencia.
Pese a que se aferraba a las apacibles palabras afectuosas de Nodoka, absolutamente todo ese odio, rencor, resentimiento, sufrimiento, dolor, torturas, tormentos, latigazos, golpes, palizas y tundas, implantaron en la fuerte brasa de amor. Rencorosa alma se apodero, y dio origen a la autenticidad de la brasa leñada. Quedo solamente las ascuas de aquel invidente consuelo. Yoichi, con los parpados y los ojos inyectados de sangre, observo pétreo su mano sanguinolenta y, a la vez, cochambrosa. ¿Este era su destino? Jamás acepto las ideologías tontas que clamaba Genma, pero tenia, al menos, escucharlas con cierta sordera. Pero ¿acaso le enseñaron algo, mas lejos de recibir malos tratos? Ese hombre de mierda, a fin de cuentas, fue su perdición, su caída. Aquel sujeto odioso y tacaño, gruñón hasta la medula.
Yoichi resolló, quieto, aun examinando la lluvia incandescente en su espalda arañada, hendida, debido a los chasquidos de los látigos. El amor, que tanto coleccionaba de ella, se fue... a no se donde parar. El odio sustituyo ese quebrantable amor, y la linde que deshuesaba el rencor, se partió... para siempre. Las pupilas de Yoichi crispaban de dolor, visualizando borrosamente las manos enfangadas de sangre y lodo. Apretó sus puños... y golpeo el charco fangoso, adolorido y despechado.
—¡MIERDAAAAAAAAA!—gritaba mientras la sangre de sus heridas le corrian afuera—¡PORQUEEEEEE! ¡PORQUEEEEEEEE! ¡TE ODIO! ¡TE ODIO, EGOISTA DE MIERDAAAAAA! ¡INMUNDO ANIMAL! ¡ESCORIAAAAAA!
Maldecía a la vez que apuntaba sus nudillos al piso. Y algo mas sintió. Yoichi nunca volvió a hacer el mismo.
Todo ese suplicio y odio se trasformaron en energía. Aun lloraba fuertemente a la intemperie, mezclado sus goteos sanguíneos con los de la lluvia. Levanto erráticamente su rostro al cielo destemplado, lluvioso a mas no poder... y grito de nuevo.
—AAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHH! ¡TE ODIOOOOOOOO! ¡TE ODIOOOOOO! ¡TE ODIOOOOOOOOOOOOOOO!
Parándose, apoyando sus manos maltrechas en sus rodillas goteantes, gritaba sucesivamente al cielo. Sin parar de hacer eso.
Pero algo mas nació en el. La resonancia de haberlo perdido todo le enseño como expulsar todo ese odio, aun mas lejos de vociferarlo de la rabia. Cerro sus parpados al límite, negando llorar mas, pero simplemente no podía ignorarlo. Invadido por el dolor, se llevo a los costados de su cabeza sus manos, apretando su cabeza, infligiendose daño.
—AAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHH!—gritaba y recordaba.
—No hay tiempo de estudiar, Yoichi. Tu única obligacion es entrenar y ocupar mi puesto—
Recordaba...
—¡Que haces ahí, en el piso! ¡Vamos, levántate de una buena vez, holgazan!
Y... recordaba mas...
Abrió los ojos par en par...
Hubo, en alguna esquina, un caparazón agrietado que forcejeaba la tapadura del pozo, odioso y corruptible pozo... pero esta fuerza maleante se desato al fin... liberando su odio contra el mundo... Y ese hombre, que fue acurrucado en los brazos tumorales de la muerte, nacio de los gusanos, emergiendo de las tinieblas.
y una resplandor blancuzco inundo toda la zona frondosa, el ambiente en general.
—¡Kōhai tsubameeeee! (Sufrimiento desolante)
Una gran masa de energía blanquecina fue expulsada desde el cuerpo desgarrado de Yoichi, al mismo tiempo que un bramido origino un eco resonante en un área muy amplia del bosque. Intensificando esa misteriosa energía rencorosa, Yoichi no se detuvo; al contrario de lo que se pueda creer, este joven dio paso a un aumento inconmensurable de su energía Chi, utilizando mas abastecimiento de sus emociones para encender mas y mas esa inquina aura: odio, dolor, sufrimiento. Toda la flora y fauna se desintegro en un radio de alcanze mucho mayor cuando esa energía vivada por el odio, destrozo todo a lo que estaba a su alcance; la maleza se erosiono, las cortezas duraderas de los arboles se suspendieron al hacer contacto con la explosión de chi, quedando mas que nada rescoldos carbonizados de leña muerta; en cuanto a la lluvia, esta se evaporo.
Al dar acciono a su emoción mas fuerte (rencor), la descarga de chi desprendida, debido simplemente a la sobrecarga descontrolada de chi, plegó y desapareció.
Yoichi, cansado, parpadeando ásperamente mientras liquidaba en sus terminaciones, este cayo estático a un charco de agua, quedando mas que nada tirado al crater que produjo esa detonación de chi. Mostrando muecas dolidas, Yochi se dio la vuelta, hasta quedar boca arriba, obervando, dormitado, el arrecio inacabable de agua, pensando así que estas imitaras estacas puntiagudas de madera. Sin darse cuenta, un relámpago mortecino cegó su visión deteriorada. Ya no quería mas, pensó; el ya no quiso saber nada mas. Seguramente, reposando en un terreno eriazo de cadáveres, esta sea su tumba. Después de todo, el pensaba que la vida que soñó para el, Nodoka y Ranma... no tenia sentido alguno; era un mero sueño inalcanzable de lograr.
—Lo siento mucho, Ra-ranma. Y ta-tambien t-tu, ma-mama. N-n-n- no fui capaz de sa-sacarlos de ahi— Pensó, lamentándose.
Y encasillándose en esos pensamientos, Yoichi cerraba lentamente sus ojos, esperando morir de una vez por todas; añoraba alejarse de ese dolor que lo hostigaba, pero, según muchas personas dicen, la muerte es mas dolorosa cuando es lenta.
No obstante, a el no le importaba ya mas el dolor; estaba acostumbrado, adaptándose a los silbidos ventosos de esa nocturna noche. Mientras tanto yacia zaherido en el cráter, en donde la tormentosa lluvia acumulaba agua en un charquito alrededor del retoño, este esperaba pacientemente ahogarse, o que su órganos, cuando este ya este como un muerto, comiencen a agusanarse y podrirse por dentro.
El solo quería morir, de cualquier manera. No le importada. De cualquier manera... el ya estaba muerto en vida.
Matame
Matame
...
Parpadeo los ojos, pero, por alguna razón supersticiosa, sus parpados se pusieron rigidos por alguna razon externa, taimados. A no mas tardar, recupero la sensibilidad al oído y escucho de nueva cuenta el repiqueteo de la lluvia en el pavimento. Los arboles ondeaban sus hojas, debido a la vorágine tempestad de la brisa de esa noche torrencial. Sin embargo, una voz masculina, familiarizada, lo saco de las catacumbas, cuya fastuosa mancha seca se arrendaría en su municipio. Escucho, no mas no monio ni un musculo. Neblinosa vista poseía, no pudiendo ver mas que borrones desencajados. ¿Estaba alucinando? ¿Estaba muerto, sepultado bajo tierra, donde los gusanos lo acabarían devorando?
—Aquí tienes: lo que te prometí esta aquí—una voz casi sabia hablo—Ahora, dámelo...
—¡Por supuesto! Soy un hombre de palabra.
Extendió sus brazos en forma de regalía, entregando a Yoichi a la binaria oscuridad. Pero... el se detuvo, expresando un ademan para acallarlo.
Genma, extrañado, le increpo—¡Oye, hicimos un pacto, no me vengas que te retractaras...
—No es eso— hablo la voz encanecida de un hombre mayor, quedamente—¿Estas completamente seguro de vender a tu propio hijo? Cuando estrechemos nuestras manos, el pacto que contratamos no será anulado de ninguna manera.
En un lado, Genma miro a Yoichi, soñoliento, aletargado, como si estuviera inconsciente de una buena tunda.—Si... es lo mejor. Es la única manera de sedimentar el destino que le tengo preparado a Ranma y a su deber como artista marcial. No hay otro forma; es un riesgo y camino que tengo que tomar. Bien...—estiro su brazo, abrió su mano empapada de agua, para así zanjar el destino.—creo que llego la hora de terminar con esto de una buena vez por todas.
Frente a el, el hombre de larga cabellera grisácea ni se inmuto a la decisión nefasta que tomaba el padre de ese pequeño retoño. Inasequible a la resolución que resumió Genma, el sujeto también tomo la iniciativa y, tras verlo mas receloso que nunca, estrecharon sus manos por única vez mientras que un especie de insiencio pardusco oscilante se levantaba en espiral; el pacto había concluido exitosamente.
—Otra cosa mas antes de marcharnos...—reproducía Genma, indeciso—Dentro de este maletín se encuentra ese misterioso te para hacer un borrado de memoria permanente al cerebro humano de la victima, cierto?
El otro, impasible, asintió, incomodo de charlar luego de la ceremonia breve que rutilo—Así es. Si lo que te preocupa es que ellos se enteren de la desaparición de tu primogénito, y si no quieres dejar cabos sueltos o pistas que te perjudiquen, este es la mejor manera de que ellos se olviden de toda esta pesadilla—Conto el supuesto ser de cabellera lisa.—Ahora vamos a lo que nos convoca: dámelo.
Genma paso a su hijo definitivamente. Se volvió hacia donde había pululado antes, pero el fue cortado...
—¿No te despedirás de el? El adiós es el lazo invisible mas fuerte que cualquier otra cosa...
—No quiero nada de ese mocoso infeliz. Ese niño fue y será un dolor de garganta. Desearía nunca haberlo entrenado antes de que todo esto pasara. Supongo que este es mi castigo por no ser consciente al heredero correcto, el cual debí haber escogido en primer lugar. Me voy, para siempre.
Genma comenzó a caminar, adentrándose al negro del bosque mientras que la lluvia suave ocultaba sus pisadas barrosas.
Yoichi se revolvió en los brazos del tipo. Pero este sujeto tenia un plan en caso de extrema emergencia. Pozo su mano en la cara bostezante de Yoichi, aplicándole la magia mas aterradora que casi coloniza la antigua china hace ya décadas atrás, donde los magos, hambrientos de poder y codicia, esclavizaban a los mas aptos guerreros, caballeros y artistas marciales, alterándolos en mas que tristes títeres a su merced.
—Esto será mas que suficiente. Espero que valga la total pena este trueque.
Yoichi, respirando un olor rancio a carroña de buitres, fue sometido a un tormento indescriptible, igual de engorroso que esos dedos uñados que se llevaba Genma con pretextos de dudosa objetividad. Nunca mas soñó con mayordomos con bandejas de exquisitos manjares, ni tampoco con cocineros de mas alto prestigio y popularidad. Todo eso... ya no existía, por lo que esa esa oscuridad, cuya presencia era parecía a una perla, yacía acamada en sus delirantes pesadillas, similar a un parasito adherente en sus cartílagos teñidos de sangre.
No sabia con certeza donde estaba levitando Yoichi. El había perdido todo rastro de noción del tiempo; llevar años encapsulado en un contenedor de aguas mágicas, portadoras de propiedades místicas y malditas, lo hacían sentir de alguna manera... especial, pero esto lo encontraba contraproducente a la hora de tener privacidad.
Abrió letárgicamente sus parpados, desprovistos de tez cálida, percibiendo el miedo y, además, los maullidos y alaridos de agonía que izaban en esas aguas de pozos profundos, donde una vez algo había caído y ahogado hasta la muerte en ellos, tomando la forma física de quienes alguna vez se han caído precipitadamente a las fosas encantadas de... ¿Como se hacían llamar esos pozos acuíferos de agua bendita, o mas bien, maldita? Se preguntaba frecuentemente Yoichi, ya que esas memorias que le han implantado eran difíciles de pulir. Inyectado en su propia pregunta, recordó que se hacían llamar fosas encantadas de Jusenkio. Bueno, realmente la encajo las piezas indescifrables de un rompecabezas, que era algo que le inquietaba... ¿Ahora que?
Yoichi aun no se acostumbraba a ese entorno subterráneo de aguas toxicas, sin hacer mención de que su mascara de respiración que le atornillo casi la comisura de los labios, sus surcos, mejillas, hasta los huesos de su interior. La mascara oxigena le daba poder aspirar decadentes cantidades de oxigeno. Era tediosa, tosca. Al equiparse la mascarilla que le cubría toda la boca, papada y gran parte de sus mejillas, las perforaciones que le causaron esos "embrujados ilusos" o "ancianos decrépitos", como los apodaba Yoichi, eran un método rigoroso de revertir. Cada una de las veces que intentaba quitarse la mascara de oxigeno, un dolor punzante, electrizante, le dañaba la anatomía interna, como picaduras de una bandada de avispas asesinas le clavaban sus agujas.
Por otro lado, se encontraba desnudo; literal, le usurparon todas sus prendas de vestir, que en ese momento era su gi manchado de sudor y sangre seca; no había posibilidad de devolución. Estaba encerrado, donde no habría escotillas ni puertillas accesibles. Estaba sumergido dentro del agua, siendo una con ella. Para matar el rato, se divertía de ver las burbujas tórridas que se le escapaban de fuera del cubrebocas, conectada aun tubo. Sus ojos perdieron su brillo característicos, ahora cambiaron de un tono mas palido. Los parpados, ojerosos, se tornaron morados, moreteados después de una pelea de boxeo... o una paliza, mejor dicho. La coloración de su piel ya era mas que muda de un insecto, blanca, sin vida, comparable al fenómeno de los corales bajo la superficie oceánica, quedando mas que nada como hebras yertas sin vida util. Con la ausencia de vitamina D en su cuerpo... bueno, su piel ya perdió toda calidez. Su estado anímico bajo a niveles insospechados. No obstante, el tenia conectado varios tubos delgados en cada sitio de sus extremidades, en donde suplían ese falto de vitaminas. Ellos decían que era para "fortalecer" su cuerpo. Mas que nada, eran ocupados para cauterizarlo a largo plazo
Inmóvil, observando a complicada vista atreves del cristal que preservaba el cuerpo sobreviviente de Yoichi, vio a miles de científicos (esbirros) trabajando en una sala amplia de monitoreo, investigando, supervisando el mas mínimo desperfecto en el estado en el que esta. Ellos, aunque de forma indirecta en todos las ocasiones, le daban permiso para mirar... mirar... mirar... ¡y mirar lo que estuviesen haciendo!
Escucho la sintonía de toda esa parda de imbéciles sin vida social. Los veía a todos ellos, todos los días, todos meses, pero con un rostro vacuo e inexpresivo, como robots artificiales trabajando sin descanso ni con un sueldo definido. Comúnmente, avistaba sus ojos al ascensor del fondo, recibiendo visitas de esos mismos magos. El sujeto que le compro lo visitaba diariamente. Pero Yoichi le desagradaba su presencia.
—Joven, ¿me escucha?— Pregunto, como si fuera una persona hablando casualmente.—¿Estas ahí, jo...
De inmediato, dejándose llevar casi por completo por sus instintos asesinos o caníbales, Yoichi, totalmente perdido en esa furia que no reprimía, golpeo vidrio acristalado del tanque preservante, pero el cristal no sufrió ningún rasguño. Mientras tanto, el hechicero, inasequible ante la reacción poco agraciada de su proyecto, lo observaba detenidamente, minucioso y lleno de dudas. Durante mucho tiempo, manejaba jeroglíficos internos para llevar a cabo a implantación de esencias de los artistas marciales que conocía su archienemiga: una anciana de mas de... ¿300? ¿1000? Bueno, como sea; una anciana de pequeña estatura, de largos cabellos blancos, maestra de muchas aprendices amazonas, y lo peor de todo, era considerada por su pueblo la peor calamidad que a existido para su civilización. Una persona que cometió el delito craso que los llevo a refugiarse bajo tierra: Colong, la ancestro de muchas amazonas.
Dando manotazos y puñetazos al vidrio, el no se detenía ni por nada del mundo. El deseaba solamente una mísera cosa: escapar y encontrarse con Nodoka. Los golpes proseguían mientras el anciano, extrañamente rejuvenecido de la nada, elevo un gesto señaletico a los científicos, dando a entender que una gran parte de este estudio trascendental debería darse por iniciado. Ya todo estaba en su apogeo, los preparativos estaban listos y, en caso de peligro, armas sin seguro estaban desacopladas.
—Llego la hora...—dijo, calmado, sin perder la paciencia.—Activen los mecanismos de gas de inmediato. Resultaría inadmisible si algo ocurriese. Todos las esencias que recolectamos tienen un único propósito: nuestra venganza. ¡HAGANLO!
Luego de ese discurso, uno de los cuantos científicos que vigilaba los signos vitales de Yoichi, pulso un botón, dando comienzo el principio del fin... o mejor dicho... el persistir de un dolor ajeno que no le correspondía. Yoichi noto varios rociadores que se desplegaron en la parte inferior de la tapa del estanque. Desde ellos, un gas mundano se disparo de esos objetos, llenando todo el interior del recipiente. El gas era azul, mas o menos añil, incluso daba una sensación de turbulencia en su mente. Poco a poco, el gas amainado ingresaba por la células epidérmicas, fosas nasales, glándulas lagrimales... pero lo que no supo es que esta forma gaseosa aciaga... se introdujo en las pupilas de Yoichi.
—Esta... ¡esta sucediendo! ¡VAMOS! ¡SIGUE ASI, PEQUEÑO! ¡TU ERES LA OSCURIDAD QUE SE TRAGARA LA MAS MINUSCULO ATOMO DE LUZ QUE EXISTA ESTE MUNDO! ¡NOS LLEVARAS A LA GLORIA Y A LA VICTORIA! ¡DEMUSTRANOS TU FE Y TU ETICA! ¡ESCULPA TUS LETRAS DIVINAS EN LAS CREENCIAS DE AQUELLOS SERES QUE DESERTARON, ATRAIDOS POR LOS ESCCRITOS DE DIOSES CAPRICHOSOS Y LLENO DE DESPERFECTOS! ¡VENGA A LOS QUE ESTAN Y LOS QUE NO ESTAN CON NOSOTROS Y SUS FAMILIAS! ¡PORQUE TU SERAS ESE ANGEL CAIDO DEL CIELO! ¡TRAE DE VUELTA A MI HIJA, AQUELLA QUE FUE CONCEBIDA PARA DESATAR SU PODERIA CONTRA ESTE BASTO MUNDO!
Tacho de verborrea ese incrédulo bautizo. Mientras tanto, el castaño se removía erráticamente, pataleando, dando bofetones a la curvatura del cristal. Al mismo tiempo, cuando esa masa gaseosa espesa se hizo con todo el volumen del gran recipiente, Yoichi se fue obligado a absorber ese gas por sus poros. Tal fenómeno antinatural lo fue consumiendo el cerebro... y es cuando el verdadero terror se hizo presente, en forma de ariete en su cabeza. Yoichi, mientras aquella presión malvada lo debilitaba, fue adquiriendo recuerdos y memorias de gente que desconocía, personas que nunca había escuchado o hablado. Simultáneamente, una súbita ráfaga de recuerdos, dolores ajenos que no le pertenecían a el. Por lo tanto, al obtener a la fuerza esos recuerdos, una ola desmadrada lo embargo. Todas esas memorias... lo fueron carcomiendo, como si ya hubiera pasado por eso o vivido siquiera. Yoichi asimilo todas esas viles personalidades.
El... ya no podía mas; sollozaba, golpeaba la cubertura acristalada que hacia de limítrofe en las afueras, intentando insufriblemente desquitarse de todas esas vivencias que se presentaron en su cabeza desamoblada. Yoichi se hizo uno con el dolor, la obsesión, la violencia, el desamparo, el infortunio. Quiso llorar mas que nadie, o de alguna manera despojarse ese tormento invadido por jóvenes combatientes. Y es cuando vio a Nodoka y a Ranma.
Todo lo que el ha vivido en el dojo Tendo, es como si el también lo a vivido. ¿Una conexión sensorial? No. Solo eran recuerdos.
Genma o había cumplido su objetivo: comprometía a Ranma a un matrimonio impuesto por dos zánganos asquerosos, logro engañar y estafar a varias personas durante su viaje por toda China, ni tampoco fue capaz de criar a su hermano de una manera decente... Pero hay un pecado que no fue capaz de pasar por alto: el abandono de Nodoka. Ellos se fueron de esa casa, dejando a su madre entristecida y devastada, acompañada por una soledad endiosada. Aunque Yoichi le costaba admitirlo, confeso que ella, una parte al menos, tenia la culpa. Nodoka, la tierna y cariñosa Nodoka, dejo en manos a su hijo a ese degenerado, a un misógino que tanto odiaba en la transición de los años.
Yoichi sabia todo lo que estaba pasando en Nerima.
Ya no podía mas. Ante este dolor que le resultaba fatídico, Yoichi, con una cara de horror y de cólera, se apoyo sus palmas descoloradas en la ventana, y empezó a dar cabezazos a esta. Dentro de poco tiempo, su cuero cabelludo se mancho de sangre, contaminando el agua maldita de Jusenkio y el cristal. Se le acabaron las opciones, asique no el quedo mas de otra que desahogar el suplico que le sofocaba el pellejo.
Mientras el castaño daba testarazos mas intensos a la cámara química, el hechicero de túnicas pulcras ordeno a uno de los científicos, asustados, a aplicar una descarga de altísimo voltaje para que dejara de golpearse.
Apunto de seleccionar la configuración de electroshock, el mago lo interrumpió con una exclamación.
—¡Espera! Instálale el prisma ahora mismo. Creo que llego la hora de comenzar una nueva guerra por nuestra tierra china.
Sin enjuiciar sus ordenes, el científico pulso un botón, produciendo una descarga constante de electricidad al tanque, provocando que Yoichi se retorciera y se paralizara por la electricidad que le recorría todo el cuerpo. La electricidad centellaba espectacularmente desde la capa fina del vidrio, como una bola de disco que reflejaba todo tipo de fosforescentes colores intermitentes. Mientras tanto pasaba esto, un objeto triangular dio su descenso a la frente convulsionada del joven, depositándose con una expresión de miedo.
Y aquí es donde nació el ser mas despiadado de toda la tierra.
Yoichi se entumeció, y es cuando el odio que sentía a esos seres que colonizaron sus recuerdos, sintió una tenebrosa sed de sangre. Hace mucho tiempo, cuando una vez escaparía de esta mazmorra biológica, haría justicia de aquellas endebles almas vacías de amor, atestadas de obsesiones y caprichos... Pero ahora... el ya no le bastaba con solo conformarse con hacerles pagar con la misma cara de la moneda herrumbrada, sino ahora le bastaba con extirparles el corazón y, disfrutando la sangre surcaría por eso, devorarles sus órganos con gran placer.
Imaginaba cosas catastróficas, típicas de un psicópata encerrado en un lugar reducido, acolchado: esos sujetos merecían morir, porque ellos fueron que otorgaron estas cadenas hirvientes, su dolor, sus caprichos. Aguantar tal alud de recuerdos que inmigraron a su cabeza ya agraviada, eran un suplicio que, obligatoriamente, tenia que diseccionarlo para frenar esta chimenea que seguía incendiándose. La sangre, el placer, y el gozo de aparecer cuando ellos estén distraídos, allanando su hacienda, llena de lunáticos y cucarachas rastreras, igualaba incluso el mismo deseo jovial de estar en el paraíso junto con ella... Nodoka.
Akane, Shampoo, Ukio, Moose, Genma, Soun, Nabiki, Kasumi, Kodachi, Rioga... y Ranma que, arrogante y presumido en la época contemporánea, deseaba despojarle ese compromiso matrimonial, necesitaban merecer un escarmiento. Pero no cualquier paliza de bandalos. sino una donde la sangre, fresca, purificadora, corra en hilos delgados sobre las vallas metálicas que dividían el canal de Nerima. Cada uno de ellos, sin excepciones ni favoritismo, morirán empalados en la espátulas oscilantes de Yoichi. Pero todo esto requiere de estrategia. Yoichi tiene que ser metódico, audaz... pero ¿quien supiera que su agresividad, heredada por la menor de los Tendo, lo convertiría en alguien directo y despiadado, precipitado o negligente?
Poco a poco, el tiempo en el que el gas virulento, de modo que Yoichi reiteradamente soportar esta hoguera que constantemente lo pulverizaba por dentro de los bonitos momentos que paso con su hermano y madre, en sus tiempos libres, fuera de preocupaciones y malentendidos, el odio que le conservaba a ese excremento humano fue incrementando mas y mas, mientras que el amor que poco le quedaba a los que apreciaba se fue moldeando en una obsesión. Lentamente el amor se sustituyo por la obsesión; el honor y la dignidad ya le eran intranscendentales, cosas ambiguas que ya no tenían validez; pero el aprecio, afecto, amor y sentimientos que pensó atadas en nudos en sus manos... se trasformaron en odio... y ese mismo odio... le carcomió la paciencia.
El... el debería asesinarlos, clavar sus corazones en empalizadas lubricadas de sangre de sus genes. Nerima, la ciudad natal la que vivian esos vulgares sujetos... debería extinguirse del mundo, desaparecer del mapa, pues todos los días era la misma rutina monótona cada día. Pues podía sentir el cansancio de Ranma, la impotencia, el sufrimiento, las lagrimas, el amor que sentía a esa mujer de pelo corta, llamada Akane Tendo; pero resultaba que ella también formaba parte de su mente; pudo rozar el suplicio que recibía al dar palmeo a esos desapacibles cerezos marchitos. Pudo sintetizar el odio de Shampoo, Akane, Ukio, Moose, de Rioga, Ranma, Kodachi, la codicia y ambición de Nabiki. Supongo que gracias a ella, Yoichi Saotome compartía la misma apetencia que ella: poder, control, riquezas, lujos, millones de yenes en efectivo. Pero esta clase de poder no era monetario, no de fines materiales, sino uno que provenga de la fuerza; queria poder. ¡LA FUERZA ES TODO LO QUE IMPORTA ¡PERO EL CAOS QUE VENDRA DE ESTE AMOR POR NODOKA ES MAS QUE NECESARIO! Exclamo Yoichi absorto en su cabeza, enloquecido ante el afán de obtener mas poder de chi, la energía primigenia que fluye indivisible por toda cosa material.
Tenia que fugarse de esta cloaca, del mismo modo que huyo hace muchos años atrás.
Por otro lado, los espectadores del fenómeno ya no pudieron ver a Yoichi, denotando su confusión imprimidos en sus rostros. Algunos de ellos hicieron sus averiguaciones para ver que estaba ocurriendo en la capsula de gas añil. El científico se acerco, entornando sus ojos, mirando aprensivo entremedio del humo viciado de maldad...
No vio nada... solo gas denso que se fusiono con las aguas malditas de Jusenki- ¡PLAMMMMM!
Ahí reapareció, completamente ingerido por las garras de malicia y el odio, estampando su estridente sonrisa maligna al cristal, quedando solo a unos centímetros de la nariz del mago que lo compro, separados.
El hechicero lo veía impasible, con actitud inalterable. Sin embargo, le sorprendió un varios detalles que cambio en su proyecto confidencial: los ojos de Yoichi ya no eran marrones, sino tomaron una coloración carmesí, aunque inyectados en sangre. Su tez, coránica y desteñida, empalideció que la vez en que recién lo metieron dentro de esa capsula, dándole un aspecto mas fantasmal, trasparente, lechoso. Su cabello también fue victima de cambios innaturales: de castaño a negro alargado, muy largo. Su complexión física gano mas volumen muscular, luciendo mucho mas atlética, fuerte, magra, o musculoso promedio. En la frente portaba el prisma que retenia el poder maligno mas poderoso de china, personificado en un solo objeto pequeño. Esbozaba una sonrisa jovial, agradecida, lunática.
Conmocionado a la sorpresa al radical cambio de ojos del demonio que fueron capaz de original, no se dio cuenta que Yoichi hecho atrás su brazo con la mano en lanza, rompiendo el vidrio, derramando el liquido del estanque entero.
El mago estuvo a poco y nada de ser ensartado por la mano de su rata de laboratorio. Consecutivamente, el hechicero contemplo el brazo renovado, tonificado, ensangrentado de Yoichi, como una invocación zombie que escalaba entre lapidas, tumbas y obelizcos, saliendo debajo de la tierra hueca, de los ataúdes. Cabe decir que que esta era un vidrio blindado, imposible de romper aun con un estallido de chi.
Luego de eso, viendo atónito lo que fue de atreverse Yoichi, su mano se estiraba delicadamente hacia adelante, esperando plácidamente que un ave, con su gorgojeante melodia, curase de una vez su tormento intragable, el dolor centrifugado que necesitaba verazmente restringir a toda costa. Con su brazo y antebrazo ensangrentado, expuesto, la ventana tomo una forma de punta al momento del quiebre, causándole heridas extensas.
Entonces, con una fuerza impresionante, digna de un poderoso y renovado guerrero que fue condicionado para trasformase en un demonio sin amor, Yoichi se desacoplo la mascarilla turifica, esbozando así la primera y mas psicópata sonrisa que podía mostrar.
El mago retrocedió unos cuantos metros atrás antes de que su experimento lo matara. La capsula estallo súbitamente, haciendo volar esquirlas puntiagudas de vidrio a todas las direcciones. Algunas de ellas alcanzaron a unos inocentes científicos de batas blancas, cortándole los con un instantánea velocidad increíble. El agua se rego por las baldosas, tapizando el suelo con sangre lóbrega, llena de oscuridad y maldad.
El gas espeso de oscuridad se impregno en todo el cuarto. A consecuencia de esto, los lacayos huyeron por la salida de emergencia. El mago gimió de furor; aun no era momento de liberar tal bestia sanguinaria. El gas se espedo en el entorno, esparciéndose por todo el laboratorio para dar escondida a los resuellos amedrentadores de Yoichi, quien lloraba en silencio entre el gas intoxicante.
Ya no hay orgullo, ni honor, ni dignidad: no poseía esas tres virtudes para ser un verdadero hombre.
Al percatarse de que se formo una concentración, negra y añil, de niebla, el mago agito su mano para quitarse de encima esa mierda. Al visualizar el muchacho no estaba en su sitio, el hombre activo rápidamente sus cinco sentidos para detectar al primogénito. No obstante, no encontró nada. Solo fue encubierto entre las sombras segmentadas que osaron en traicionarlo. De un momento casi invisible, en los resquicios abiertos del gas, se percato de un chispazo casi inapreciable, furtivo a su próxima presa indefensa. Otro sonido retumbante, cuya fluidez paso desapercibida por el aire enviciado, se monto en los oídos del mago.
Otro chispazo, solo que este fue mas cercano, tenebroso inclusive a entidades divinas. El hombre no supo como reaccionar en previa. Decir estar nervioso es poco, mas bien estaba catatónico, quieto al extremo. No muy lejos de ahí, oyó un cuarto, quinto y hasta un sexto sonido burbujeante, como chorros de agua que se vertían en el mármol.
Giro su cabeza a ese desconocido enemigo... y ahí estaba el. Ya no estaba desnudo. Por algún motivo, esa mascarilla que le portaba miserias de oxigeno se la desatornillo a la fuerza. Estaba de espaldas, dando a exhibir cicatrices irregulares, largas, como látigos ulcerados que permanecieron junto a el, consolándolo del arrebato tradicional que deseaba recuperar a sus filas. En frente de una mesa, tomo una camisa negra China de manga corta y un medallón de los clanes que gobernaban este dichoso imperio, símbolo de paz y liberación. También se arropo con unos pantalones negros; no quería estar descalzo.
—¿Sabias una cosa? Mientras estuve aquí, fui testigo de las vidas de aquellas personas egoístas que solo piensan en ellos mismos, pero lo único que observe en todos esos recuerdos era su dolor, que, de alguna manera que tu solamente sabes, se hizo uno conmigo, lastimándome mis lindos recuerdos que tuve con Nodoka, esa mansa y linda mujer.—dijo quedamente al vacío del espacio—Mi tono de voz a cambiado mucho, ¿no lo crees? Mi apariencia... es mas como, hmm, no se, mas... como decirlo...—tomo un fragmento de un espejo roto, y se vio su rostro manipulado, hermoso.—... bella. Ahora me veo exactamente igual a ese esclavo de mi hermano. Ah! una cosa mas: ¿tienes algo de comer? No he comido en mucho tiempo... en mucho tiempo, mas o menos unos 16 años que no como nada. ¿Quieres ser mi merienda en mi lonchera?
El falso Ranma caminaba allí, donde estaba el parado, atónito, observándolo.
El mago veía a Yoichi asustado, básicamente porque el actuaba como un caníbal o un zombie, mientras el prisma seguía adherido en la frente pálida del muchacho, como una garrapata que, con sus mandíbulas en forma de cierra, chupaba fraccionadamente la sangre de su huésped. Yoichi estaba a total merced de su odio, lo que este no tenga sentimientos compasivos a cualquier individuo, animal o humano. El tortura hombres, matara a las mujeres, eliminara a niños y niñas. Ya no había humanidad... solo odio... RENCOR... RABIA... DESAMPARO... ¿Amor? No... ya no hay ese colosal amor del cual prescindió en sus brazos, sino resentimiento. Nada piedad, ni tampoco remordimientos.
—¿!C-como sa-saliste?!
Mientras tallaba su sonrisa en su hermoso rostro, y dando pasos lentos Yoichi hablo en un susurro, pero también como un vocifere que reverberaba en un silencio sin determinadas normas.
—Supongo que... has conseguido completar tu propósito, ¿no? Matare a las mujeres, torturare a los hombres, me regodeare de los sueños rotos de los niños... como lo hicieron conmigo para amainar este flujo de maldad y bondad.
Yoichi se paro como un borracho, renqueando con los pies—Tengo hambre... de ese amor que me fue arrebatado. La única forma de acabar con la misma situación discusiva de siempre es eliminando a Ranma y Akane, dos idiotas orgullosos que encierran lo único bueno que es Nerima. Vi a través de ellos, veo atreves de ese dolor, pero siempre termino los relatos con una sabor agridulce en la boca. ¿Hasta cuando dejaran su orgullo y evolucionaran? No. Nuestra única opción es matarlos de una vez por todas... para liberarlos de ese "destino" que fue impuesto por aquellos tábanos negligentes. Porque, en realidad... ¡EL DESTINO NO EXISTE! ¡PORQUE YO NO ELEGI TERMINAR EN ESTA CRISALIDA! — Bramo, disparándose hacia su siguiente objetivo localizado. —¡YO SOY ESE ANGEL SIN ALAS LOZANAS QUE LOS LIBERARA A UN VERDARERO FINAL FELIZ!
El mago se puso serio, y levanto sus pulcros brazos para reutilizar su magia oscura.—¡TELETRASPORTATE!
A los ojos de Ranma, una luz escandilada cego su visión parcialmente, teletransportando a Ranma al área de enfrentamiento y prueba que ha hecho para acreditar que tan fuerte es este magnifico ser de malignidad.
...
...
...
Unas memorias que se alzaban en vuelo ocuparon su cabeza. El silencio nocturno de la noche, y la luna en la cima del cielo, le calmaron, de momento, estas heridas perseverantes mentales que procuraba vendar una vez que arrebata las almas que le fueron solicitadas. Se levanto del suelo, y una marea sangrienta hizo un eco agudo en sus oídos, su mente.
Levanto el rostro perplejo de lo que estaba viendo en momento. No lo podía creer, esto era... el encaramiento de un gigantesco templo que ascendio hasta tocar el gratificante paz que proporcionaba los elocuentes vientos.
—Je, je, je. Esto, al menos, es una maravilla en la cual comer. —el demonio recién nacido dio un par de estiramientos antes de la pelea.—Con estas memorias y las experiencias que fueron añadidas a mi base de datos, podre replicar con mucha facilidad cada una de las técnicas que aprendieron esos infelices. Pero por ningún motivo usare ese asqueroso estilo de pelea de escuela de combate libre. Awww. Esa cosa es verdaderamente desagradable.
Arribando su vista a las enormes montañas donde estaba ese enorme templo, Yoichi pensó en la única persona que el amaba incondicionalmente: Nodoka. Quizás, luego de merendar y saciar su hambre, el iria en busca de Nodoka para secuestrarla y exigir explicaciones el porque, el motivo, lo abandono como un perro callejero. Pero cada vez que se ensimismaba en esos pensamientos, un dolor en el pecho le hacían derramar lagrimas de impotencia por no ser lo suficientemente maduro en esos momentos. El era capaz de matarla sino le enseñaba esa cálida sonrisa, ya que, el amor que una vez sintió por Nodoka, conforme la épocas primaverales pasaban, el amor desapareció, mutando no así en una obsesión que debía llenarse irremediablemente.
Yoichi se toco el área del pecho, justo en su corazón, pensativo o añorado, llorando al recordar brevemente el suave pensar.—Mama, después de terminar aqui... te buscare, y nos reencontraremos debajo de las amenas hojas de cerezo que caerán encima nuestro.
—En que estas pensando, tonto...
¡Una voz hablo! Sobresaltado, Yoichi volteo bruscamente su cuerpo en una postura defensiva. No había nadie ahí. ¿Quién será? ¿De donde provenía esa voz?
—¡Aquí estoy! Dentro de tu cabeza, supongo.—Hablo una voz dentro de su mente.
Yoichi ni siquiera se sorprendió ante los reclamos insustanciales del sujeto que habitaba en su cabeza.
—¡Ah! Eres tu. ¿Qué quieres ahora, imbécil?—Se mofo Ranma, disgustado.
—Nada. Solo quiero que termines lo que empezó.
De la nada, un chirrido agudo inundo en una marejada mortal los pensamientos de Yoichi. La temperatura corporal aumento de sobremanera, mientras los ojos del falso Ranma se inyectaban de sangre por el inesperado impacto mágico que rebosaba el prisma incrustado en su frente. Recordó el desamparo, el dolor. Yoichi sollozo, en el suelo, apoyando su frente en el rocoso suelo, arrodillándose en posición de armadillo, llorando mientras los recuerdos dolorosos de esas personas confiadas le rompía en trozos de cerámica. Es entonces cuando el se intento parar, solo para desplomarse en el pedruscos suelo.
—¡MIERDA! ¡NO SIGAS HECHANDOLE MAS LEÑA AL FUEGO!—los ojos de Yoichi se ensancharon mientras estos derramaban causales de melancolía. —¡SALGAN DE MI! ¡ALEJENSE DE MI, BASURAS! ¡NO QUIERO SE PARTE DE LAS ESTUPIDECES DE USTEDES!
Akane, Shampoo, Moose, Ranma, Ryoga, Ukio, Kodachi, Nabiki, Kasumi
...Todos ellos lo atosigaban...
...Lo doblegaban...
Lo castigaban...
...Lo arrinconaban... atormentaban...
Yoichi se levanto rápidamente, pegando su grito eufórico al cielo sin misericordia.
—¡NODOKA, ESTA MECETA DE CADAVERES VA EN TU NOMBREEEEE!
Y de un chispazo se tratara, el suplantador de túnicas negras dio un tremendo salto, posicionándose a una de las pilas malformadas de piedra, brincando velozmente en una en una sin echarle un breve vistazo abajo de donde estaba saltando. Risco en risco, guijarros cayeron al hondo del precipicio con cada veloz brinco que realizaba.
—Para mi disgusto, será difícil lidiar con los esmeriles cuerdas de Monlong. Pero, gracias a los recuerdos de Shampoo, tengo mas o menos una idea clara de como deshacerme de esos hilos sin muchos líos.
—No hay hilos, son cuerdas. Además, siento mucho decirte esto, pero... te estas enfrentado a cinco individuos simultáneamente en un radio corto de ataque, mas aun si tenemos en cuenta que tu prioridad son los ataques cuerpo a cuerpo. Es decir, allí, en ese lugar, estas cavando tu propia tumba en un callejón sin respaldos. Con gusto te arrendare un sepulcro en tu lapida marmoleada una que tu vida se de por acabada. —comento burlón.
—Cállate un poquito, ¿quieres? Si no quieres ser parte de este festival sangriento, entonces agazápate en la esquina de un retrete.
Eso no lo desalentó, al contrario, una inyección enfermiza de entusiasmo lo abordo en su cubierta mentalmente abstracta.
Voces espectrales lo llamaban desde el arder del mismo infierno. Almas titubeantes tendrán que, muy pronto, ser requisadas por un ángel de bellos ojos carmesí. Pero no cualquier ángel. ¿Ángeles o demonios? Se pregunto si ambos espectros pudieran convivir en una armonía invaluable. En esta historia no existen los ángeles alados; voluminosas alas blancas, faltos de vanidad; una tez trasparente y una belleza inigualable, envidiada por pobladores de la corteza terrenal. Esos seres no existían. Tal vez en los cuentos surrealistas de hadas, pero aquí el significado de ángel es uno de los mas retorcidos que te podrías imaginar en tus sueños hilarantes de algodones azucarados.
—Pese a que es mi primera vez moviendo libremente después de mucho tiempo, gracias a esta puedo ejercer mis extremidades. Además, tengo planeado ver si puedo combinar la velocidad supersónica de Herb con el truco de las castañas calientes. Con ese desproporcionado incremento épico de velocidad, podre desencadenar una lluvia inmensamente rápida de golpes.
—Pues ya te lo advertí.
—Oye, vocecita parlanchina, no se supone que eres una especie de mentor en esta prueba de combate. Que desilusión. Bueno, da igualito. Sino quieres verme comer un elefante, entonces escóndete en el baño.
—Púdrete.—dijo, terminando de hablar insistentemente
—Se que apesto, pero no tienes que reprochármelo.—Convino Ranma(Yoichi), sarcástico
Nunca se había sentido saciado su estomago entrecogido, exclamo Yoichi feliz de masticar algo después de muchooooooooooo tiempo. Después de matar a los tres protectores de los tres portones que guarecían el castillo con uñas y dientes, y después de destruir cada una de ellas, Yoichi se deleito con el propicio desparrame de sangre limpia que se tinto en el suelo. Caminaba comiendo un corazón, ¿de quien ese órgano donado, cortesía para Yoichi? Ni el se acordaba. Sus labios, refrescados gracias a la textura licuada que le proporcionaba la sangre en su lengua, ya le había llenado el apetito... provisoriamente.
Llego a la cuarta puerta que protegía el castillo de Nekoron, China. Encontrándose ni mas ni menos con una voluptuosa chica de pelo blanco con un turbante rojo. Ella a primera impresión lucia enfadada, ceñuda, mirando hostilmente a Ranma después de que se enterara de la muerte de los otros tres dioses de la suerte.
—¡Buenas noches, Monlong! Lamento mi descortesía al haber ido hasta aqui y haber matado a tus colegas o lo que sean. Pero ahora me gustaría que me dejaras pasar para darle un saludo a mi viejo amigo Kirin y su mujer, Liche. Ahora, si no es de tu incumbencia, ¿me puede dejar entrar por aquí?—dijo Saotome, fingiendo respeto y buenos modales.
Esto solo enfado a Monlong...
—¡Como te atreves venir aquí, a esta puerta, desgraciado genocida! ¡Deja de ser tan cínico! Dime, ¿que qui eres y porque has venido hasta aquí? No se supone que hace mucho tiempo que terminamos en buenos términos?—Inquirió Monlong, indagando el porque Ranma vino a asesinar a su camaradas.
—Em, bueno, sobre eso... Déjame decirte que no soy ese Ranma que tu conocías. Digamos que soy la perfección que representado en el caos y el orden. Un lindo ser que ha sido bienvenido en esta tierra para abrir la cerradura, con el propósito de liberar a todas esas creídas almas antitéticas del dolor. ¡Yo soy ese ángel que ha venido a despojarles de esa letanía y repetitiva historia!—grito Ranma muy violento.
Monlong arrugo la nariz, ofendida de que el se haya autoimpuesto como un ángel—Mas encima eres un engreído narcisista. Un mejor adjetivo para ti seria un demonio demente. Conoce tu lugar en esta tierra de dioses y paga lo que hiciste.
Yoichi fingió unos gimoteos penosos, claramente disimulados—Orare la muerte de cada uno cuando acabe mi cometido. Pero, mientras tanto...
Ranma, con una velocidad inusitada, se aproximo despiadadamente hacia Monlong que, para su fortuna (nunca mejor dicho), erro el golpe con el antebrazo.
—Es muy rápido. No... es mucho mas que es, solo que redujo su velocidad a propósito para que yo lo bloqueara. ¿En que esta pensando?— se pregunto la diosa de la suerte, anonadada.
Un soplido bullicioso recordó, y aleteo sus ataques versátiles en Monlong, tomando una distancia mas o menos moderada entre los dos peleadores de peliculares artes de pelea. Santiguando un cruce de brazos ante su pecho, amaso las espátulas empíricas de chi seguido de un aullido inverosímil en su boca. Una avalancha de espátulas fue arrojada alli, donde estaba Monlong, quien, entonces, uso sus hilos afilados, repeliendo una gran mayoría de los ataques. Aparentando calma, envolvió el agarre en unas cuantas espátulas en sus hilos. Asimismo, Monlong las hecho para atrás y, empujando hacia adelante, tomo represalias, usando la técnica de Yoichi en su contra.
Quien lo diría, pensó Ranma sorprendido de las habilidades de Monlong que no demostró en su combate definitivo con la amazona. Ya supo de antemano que Monlong había formulado una estrategia rápida. Yoichi, estirando su brazo, evaporo los objetos de cocina como si fueran gases químicos y estos, Yoichi los sostuvo en la palma de su mano.
—Los otros idiotas no fueron un reto para mi, pero creo que Monlong es un buen partido, después de todo.—Pensó Yoichi cuando se percato recientemente que Monlong no había sacado todo su potencial la vez en que peleo uno contra uno con la amazona.—Quien sabe... Tal vez esta sea la oportunidad de probar que tanto dominio del chi, sumado a la esencia de Herb, Ryoga y Ranma, para manipular impecablemente el chi.
—Eres un luchador hábil, Ranma Saotome, pero todo ser vivo tiene un inicio y un final en esta historia. Pero antes de seguir con esto, dime una cosa de suma importancia: ¿que quieres exactamente?
Yoichi arqueo sus cejas por la pregunta, luego sonrió.—¿Que busco? ¿Prometidas? No, para nada de esa mierda. ¿Cumplir promesas deshonrosas impuestas por personas egoístas? Tampoco. Yo solo quiero una cosa...—Yoichi salto a gran altura, hasta eclipsando la luna con su silueta, mientras su aura de chi maligno lo abrazaba la conciencia sucia y amorfa.—¡CURAR MI SUPLICIO POR MEDIO DE LA LIBERACION!
A la vez que el demonio de cabello azabache gritaba a todo pulmón, el abdujo una cantidad insana de su armónica aura de combate a su mano derecha, materializando así una espátula flameante de poder. Sorprendida del acto sobrehumano que acaba de ejecutar Saotome, la chica de las cuerdas retrocedió atónita en el lugar donde Ranma, en primer lugar, colisiono su espátula. Al martillar el suelo escabroso, salientes pedazos de piedras y rocas desapegaron del suelo, volviéndolo un terreno mas tedioso de pelear.
—Esto es perfecto. Al combinar la esencia de U-Uchan con la de mi inigualable control completo de mi chi, pude moldearlo hasta el punto en que puedo crear armas como esta. Sin embargo...—Ranma, enarcando el mango de su espátula, se estaba quemando. —desconozco el porque, al expulsar mi aura, siento un cosquilleo casi desagradable. Sin mencionar que mi energia vital se esta vaporizando exageradamente cuando intento darle una utilidad mas especifica como esta espatula. Bueno, ya lo descubriré después de matarla.
Cuando estaba absorto en su problema acerca de su desaforado gasto de su energía, de improvisto, Ranma esquivo el hilo que iba directo a su cara. Sin embargo, otros que provenían de la misma persona lo fustigaron en areas vulnerables de su cuerpo. Yoichi esquivo varios: una de ellos lo quería tomar por sorpresa para degollarlo, pero este retrocedió justo a tiempo. Un segundo, tercer, cuarto hilo se aproximaron a sus rodillas. La santa lotería no lo acompaño esta vez. Enrollando esos hilos en sus piernas y tobillos, sonriendo de que al fin aprisiono a Ranma en su trampa, esta tuvo en mente el siguiente paso. Secuencialmente, otra embestida de hilos se arremolinaba en sus muñecas y antebrazos.
—A mi no me importa, pero... no se si eres el mismo Ranma que vino ya hace un tiempo atras, pero te diré una ultimo cosa antes de mandarte al deshuesador: tu cabeza será puesta en una chimenea junto a mi sofá, en mis aposentos—Sonrió, altiva—Antes de darte una muerta digna por un dios desafortunado, dime, ¿que te hizo volver aquí?
Este hombre le causo varios problemas, asique tenia que pagárselas de alguna u otra manera. Nada de caritativa. Monlon comprimió la piel de Yoichi, provocando así que el mismo soltara un grito agónico, semejante aun hombre dentro de un caldero apunto de que lo convirtieran en carne asada. Ajustando mas los hilos en los antebrazos lechosos de Yoichi, esta estaba descarnando su piel, rezumando sangre de la ruptura. Pero algo andaba mal, algo que le impresiono y preocupo: sus hilos no podían decepcionar el tejido encarnado. Un limite fantasmagórico le impedía cortarlo.
—Ya deberías haber muerto. ¿En que momento tuviste tanta resistencia?
—Esto no me... ¡MATARAAAAAAAAAA!— Pego un alarido eufórico al cielo estrellado.
Ranma agarro los cordeles tensados con mucho dolor que le atravesaba ese dispendioso mal. Los atrajo, Monlong se vio obligada a cortarlos pero Ranma aplico el umisen-ken , propinándole un puñetazo en todo el vientre desprotegido de Monlong. Ella se le ensancharon los ojos mientras Saotome, histérico de sadismo y desprovisto de compasión, sostuvo la cabeza de su archirrival con los dedos sangrientos a la vez que levanto su pierna, apuntillándola en su cabeza. Después de eso, ataco, le acaricio la nuca y la estampo al suelo. Ranma tomo rocas afiladas del suelo, poniéndolas en la boca ensangrentada de Monlong, ahogándola mientras el se vanagloriaba del manifiesto doloro que sentía la diosa.
—Toma, come un poco mas, estas muy delgada, estúpida, ja, ja, ja, ja—carcajeaba el sanguinario por este festín. Monlong escupio la gravilla, salpicándolas de sangre. —¿No te gusto que te golpeara? Thc, malagradecida, perra desafortunada, ja ja ja.—Yoichi inclino su cuerpo hacia la cara de esta, lujuriosa y lasciva.—¿Sabes lo que te voy a hacer ahora, perra? —Procedió a lamerle la mejilla, mientras ella ponía cara de terror y asco.
Ella escapo abruptamente de su tenacidad . Ella dio unas volteretas antes de caer de pie. Volteo su cabeza, con respiración forzosa, para darle frente a su rival... pero no estaba allí. Monlong lo busco, pero algo puntiagudo casi le rompe la columna vertebral. Yoichi la flanqueo desde atrás para insertarle la punta de su pie a su espalda. Monlong grito de agonía mientras esta se estrello contra la columna, malherida. Vio que el venia inocentemente hacia ella , como un niño mimado que jugaba con su marioneta.
—No c-creas que has vencido, d-desgraciado—Se paro con sus dos manos, haciendo malabares para solo levantarse—Mi determinación, mi honor y mi orgullo no serán manchados por alguien tan siniestro como tu. Los dioses afortunados te ahorcaran en la morge mientras tu pides clemencia por tus actos insensibles y criminales
—No hables tanto. ¿No ves que estoy limpiando esta mugre?—dijo, distraído en otra cosa y siendo irreverente ante una eminencia como es Monlong.
Ignorada en el duelo, esta se enfurece y ataca ferozmente a Ranma—¡Estupid-!
Casi, pero casi es degollada por la espatula enorme de Yoichi, sino fuera al doblar las rodillas y mantener su cuerpo hacia abajo; si no lo hubiera esquiva, quien sabe que haría con su cabeza. Ranma encaramo su espátula envainada en el mango de energía, simulando un hacha apunto de talar un árbol. Monlong escapo por suerte del hachazo y, luego de estabilizarse, estiro una oleada de cuerdas que tensaron en las muñecas y rodillas de Ranma, y, con con toda su fuerza disponible, dio un proclamo de guerra, aventando a Ranma la pared de la montaña, que emanaron una nube polvorienta y de guijarros.
Tras haber arrojado a su oponente a la pared de piedras, esta sucumbió al dolor, apoyanose en una rodilla mientras esta se recomponía del faño gravisimo que Ranma le hiso. Pero, mientras Monlong apretaba los dientes para no gritar del dolor, observo con evidente pleno desconcierto la esfera siniestra de chi que que se hinchaba en la mano de ese asqueroso, en el cual no dejaba de sonreír maniáticamente y... ¿llorar? ¿Estaba llorando y sonriendo?
—¡Dale una saludita de mi parte al infierno! ¡Kōhai tsubame!
Y de un disparo, la explosión de chi se desato desde las palmas sanguinolentas de Ranma. Monlong estaba catatónica. Ya no sabia que hacer. Cualquiera de sus trucos no habían funcionado contra su rival, y las posibilidades de que la socorrerán eran casi inexistentes. Su cuerpo estaba debilitado, exhausto y muy lastimado. No tenia lesiones aparentes, pero entro en un estado de pánico que no le permitía ver nada mas que una luz blanca, lánguida. En cambio, Ranma estaba indemne de daño alguno después de aventarlo a una pared dura con todas sus fuerzas.
La energía se dirigió hacia a ella, hasta que una silueta pequeña la habia salvado. La explosión de chi no pudo llegar a su trayectoria inicial, por lo que paso de largo.
—Buf. Al menos mas tipos llegan a hacerme frente. Pero supongo que no importa cuantas basuras lleguen a enfrentarme.
—Y yo te he dicho hace mucho tiempo que acabaría contigo.—desafío el grandioso Ebiten, envainando su caña de pescar.
—Enano de mierda. Crees que puedes venir aquí a entrometerte en mi pelea. Ni hablar: eres solo un penoso enano sin nada de especial en lo absoluto—Insulto la dignidad del guerrero mientras ilustraba alguna de sus sonrisas maquiavélicas.
—Descansa, Monlong. De ahora en adelante me encargare personalmente de esto. ¡Esta es mi revancha!
—No estas hablando enserio, ¿verdad?—Monlong se paro del suelo, temblando, poniéndose en pose defensiva.
Ebiten solo veía como ella se paraba, sorprendido
—Quieres mas? Parece que no te has dado cuenta de la magistral diferencia de nuestras fuerzas y habilidades. Sin lugar a dudas, no eres mas que una terca mujer chiflada.—expreso Saotome en forma burlesca.
Ebiten se enojo con su compañera para luego amonestarla.—Me niego a que participes en esta pelea. Tu estado físico esta casi a su limite. Has perdido mucha sangre. ¿Enserio quieres continuar?—la voz de su camarada sonaba muy preocupada, ya que ella ha dado todo de si para aguantar el tiempo suficiente hasta que acudió en su ayuda.
—Je! ¡Por supuesto que si!—se limpio el reguero de sangre de su boca mientras sonreía, confiada.— No me quedare parada solo para presenciar mi fracaso. Soy una diosa de la suerte, y mi deber es ser la cuidadora de esta entrada al castillo de Kirin. Y si en dado caso tengo que sacrificar mi valiosa vida para intentar repetidamente que este sujeto no atraviese mi puerta, entonces correré ese riesgo y ya sabe si los sagrados dioses omnipotentes me castiguen por mi debilidad. Después de todo... soy capaz de eso y mucho mas.
Mientras tanto, Ebiten no pudo no evitar de sonreír de orgullo.—Esta bien. Asi me gusta. Ahora tenemos mas chances de detener a este miserable.
—Tiene muchas agallas. Me gusta su temeridad—pensó el Ranma de ojos escarlata, fascinado de poder enfrentarse con mas enemigos. Yoichi aplaudio, como un niño jugueton, malcriado—Ja, ja, ja. Muy bien, chicos. Asi me gusta. No se rindan, o no seria nada diverido. ¡Ahora vengan y enfrentenme!
Increíblemente, los tres artistas marciales cargaron uno contra el otro mientras estos esgrimían fuertemente sus armas de combate. El primero en atacar, pensando que era su turno, era Ranma, el cual posiciono su espátula lateralmente para partirlos a la mitad a los dos. No obstante, los dioses afortunados, ante esta respuesta poco estratégico movimiento, saltaron al mismo tiempo. En el aire quisieron darle una patada aerea, pero ambas fueron neutralizadas por el mango del armatoste de su enemigo. Ranma solo empleo fuerza para impulsarlos al cielo y tomar distancia, para después desintegrar su herramienta de chi, transformándola en un listón de energía añil fluctuante.
Era increíble. Yoichi puede, sin prejuicios aparentes, cambiar todo tipo de armas para obtener inmediata ventaja sobre su contrincante, siempre y cuando los use para equipararse y sacarle jugo a su arsenal infinito de armas; pero el precio que requiere moldear objetos, armas, lanzas, espadas, múltiples espátulas pequeñas como proyectiles de largo alcance, es nefasto. ¿El problema? Es sencillo: su cuerpo aun no esta acostumbrado a este excesivo trafico de poder armónico que fluye a través de todo su cuerpo. Cualquier gasto radical en el usuario, puede significar la victoria como la derrota.
Pero no creo que a Yoichi le importe mucho.
Ranma empujo la cinta en dirección a Monlong, quien se percato de ello y uso sus cuerdas por un motivo de defensa. La destreza de la diosa afortunada era de admirar, pero Ranma logro envolverla y, jalando de su listón, estampándola hacia la pared de su templo.
Gruñendo de enojo, Ebiten, decidido, y sabiendas que su vida finiquita si Ranma lo mata, embistió a Ranma con su caña. Justo a tiempo el reedifico su espátula de chi flameante, intercambiando choques de armas con ebiten. Asimismo, el enano atacaba indiscriminadamente pero nada hacia efecto. Yoichi sonrió al tomar la delantera, pese a que ya gasto mucho de su vitalidad. Bloqueo un ataque en diagonal de la caña de Ebiten, y justo ahi es donde Ranma vio un hueco en su defensa; ya no tenia escapatoria. Ranma no dejo huir esta gratuita oportunidad, y lo golpeo un portazo de lleno de la lamina plana, tarándola una pared. Ebiten abrió los parpados muy adolorido para ver solamente que Ranma salto, riéndose brillantemente como un demente de películas, apretando el agarre hasta bajarlo y partir en dos al pequeño hombre, como cortar leña se tratara.
Ebiten no le quedo opción en usar su caña para interrumpir el ataque afilado que efectuó su atacante, y por poco Yoichi fulmina abruptamente con la vida de el.
—Fútil je, je, je.—Se jactaba Ranma de lo débil que es el enano—Entonces si no quieres morir ¡ENTONCES SIENTE ESTO, ZOQUETE!
Ranma empezó a moler a puñetazos y patadas consecutivas a Ebiten que, al recibir mas castañazos seguidos, se hundió dentro de la pared rocosa, como un topo. Cráteres dentro de cráteres eran causados por la fuerza inhumana o heredada de Yoichi. Ya estando enterrado en la pared, Ranma, echando su brazo sanguinolento hacia atrás, canalizo una gran cantidad de su magia oscura que se proliferaba por todo su brazo derecho, como una solida masa magmática que engullía su brazo.
—¿Te dolio mucho, no?—Pregunto, fingiondo ironia—¿Quieres un caramelito, pequeño niño?—dijo, travieso.
Saotome, completamente deshidratado de sangre celestial de dioses patéticos, estuvo apunto o nada de interceptarlo. No obstante, Monlong, después de salir de los escombros muy exhausta y dañada, extiende una segunda oleada de filosas cuerdas, arriándolas en el brazo ondeante de esa copia. Ella tenso la cuerda, la ascendió y empujo, seguido de un bramido militar para elevarlo hasta el cielo raso de esa turbulenta noche. Después uso su único brazo utilizable para arrastrarlo contra el suelo, luego en el piso, y después varios de sus cordeles a las muñecas lanutas de ese pobre diablo, procediendo a tensarlas para, a la vez, estrellarlo al pilar de su puerta.
De ese espectáculo bombardeo digno de esos dioses, Ranma uso su ingenio e intelecto (que puede ser cegado por los instintos violentes de Akane) para salvarse de un predecible ataque. Reanudando progresivamente su Chi, este creo pequeños cuchillos, navajas y dagas arrojadizos a una impresionada y fatigada Monlong, lo que la obligo evitarlas con un movimiento torpe. Ranma por fin se libero de su aprisionamiento y continuo presionándola solamente con sus puños desnudos. Ella bloqueo sosamente el primer puñetazo que, siendo sorprendida, fue una triquiñuela calculada por Ranma, lográndole propinar un golpe buen dado en la barriga. Escupio regueros de sangre, pero eso no fue lo peor de todo; Ranma empezó a ahorcarla y subirla unos centímetros a la altura del piso. En respuesta, ella arañaba con sus uñas la piel de Yoichi, solo hasta que el se aburrió, demostrando otra vez su nula importancia y frivolidad a la vida que habitaba este mundo.
El gozo como la basura que tenia a su merced bajaba los brazos al quedarse sin aire. Yoichi lo inundo una excitación que nunca en su vida corta jamás haya sentido de antemano: quería darse todo el placer torturándola, estrangulándola hasta asesinarla. Pero pensó que eso seria muy sencillo, hasta fácil y simple. Quería ser creativo cuando sea la esperada hora de matar a gente ridícula que cometía el penoso pecado de hacerse llamar un dios consagrado.
Ranma se las arreglo para convertir sus uñas en garras gatunas de energía chi oscura. Perfecto, ahora faltaba el postre y la cerasita encima de este. Ranma poso unos de sus uñas felinas, y con un ronroneo retorico, la incrusto en la sien de Monlong, empezando a dibujar una profunda, delgada, secante linea recta de esta. La sangre no tardo nada en escurrirse y unirse con el sudor profuso de Monlong. Las lagrimas de la autoproclamada diosa de la suerte iniciaron su descenso. Ya estaba todo perdido. Lo ultimo que contemplaría era, horrorizada, los ojos de rubí reflectantes de Yoichi, el cual disfrutaba intensamente la agonía siniestra que anunciaba sus protuberantes intensiones.
Pronunciando aun su sonrisa, adelanto su brazo apelmazado de magma azul, expulsando sus emociones en forma de humo añil, negro. Acerco elegantemente su dedos embaldosados de magia... y fue conducida a la boca de Monlong. Mientras mas de esa densa masa combusta de humo se introducía al organismo de ella, esta empezó a inflarse como un globo en contra del cronometro. Posteriormente... Ranma se despidió de ella con solo menearle su mano sangrante y, sin olvidarse, su sonrisa ensanchada de locura.
—Hasta nunca, patética y trágica Monlong. Que te vaya muy bien en... en... Bueno, lo que sea.—se despidió Ranma con un aire sarcástico
Cerro sus ojos para no presenciar su propia muerte, y, después de eso, el cuerpo hinchado de Monlong exploto como una bomba ininterrumpiese por todo el campo de batalla. Los sesos y las entrañas se desparramaron vilmente por el guijarro. Esos trozos de carne se desinaron al momento que la explosión produjo una onda de expansión. Eso si, Ranma alcanzo de rescatar algo que le pertenecía a ella: su corazón. Y Yoichi, dado al estado referente a su psique deforme, este mastico el inerte órgano, saboreando su recompensa vesánicamente mientras la sangre se embarco, perturbante, por la piel descolorada de Yoichi Saotome.
Mientras masco por segunda vez el corazón con inocencia de niñito bueno, volteo su cara a donde estaba Ebiten, que salía como podía del cráter. Cuando salio, exhalando, quedo boquiabierto del terror; su compañera... yacía mutilada por el suelo. El no lo podía creer lo que estaba viendo. Pero, de todas maneras, lamentarse ahora mismo por el fallecimiento de su camarada no servía de nada, ya que ese monstruo sanguinario seguía con vida. No permitirá que nada ni nadie traspase la puerta al castillo de Kirin.
Como ultimo recurso, este se abalanzo con su caña para evitar el avance de Ranma, además del reciente asesinato de su amiga. Ranma se da cuenta con facilidad que el anciano era mucho mas lento y torpe que antes, asique, al esperar un poco a que se acercara, Ranma elevo pierna, asentándole de lleno en la cara maltrecha de Ebiten. Después Yoichi salto cuando ebiten estaba volando aturdido por el aire. Subió su pierna y la bajo con un clamado energético, bajando el talón de su pie a su espalda, golpeándolo en el proceso. Fue empujado hacia abajo quedando boca abajo en el piso. Se intento levantar a regañadientes pero Ranma fue mas rápido al clavarle su puño en su nuca. Ranma le agarro la cabeza con fuerza, apoyando la punta de su rodilla a la espalda del Enano para enrejarlo. Ocupo toda su fuerza, tirandolo de la cabeza y... decapito vivo al dios desafortunado.
Yoichi subió la cabeza chorreante de Ebiten por encima de su propia cabeza, como un trofeo, exponiéndolo, y se baño con la sangre de su victima, sonriendo y carcajeando como un enajenado en el vacío de una noche espeluznante sin luciérnagas.
—Ufff. Un baño por fin esta bien. Aunque prefería un yacusi.
Ante la irresistible idea de hacerle exactamente lo mismo al ridículo de Kirin, Yoichi, con su camisa negra china de manga corta empapada de sangre, se encamino hacia su castillo.
Pudo oír el retumbar de las gotas cantaras en su piel lacerada, golpeándolo con tan poco afecto. Kirin se despertó shockeado por una pesadilla. Giro a su izquierda, y estaba su esposa: Liche durmiendo plácidamente acurrucada a su lado. No obstante, la ansiedad de que algo malo pasaba o estaba en breve por pasar, hiso que se dirigiese a la cuna rustica de su bebe. Era un varón, que dormía con la calidez de sus almohadas.
A pesar de que todo estuviese en perfecto orden, algo raro e inusual sucedia; la atmosfera de su castillo cambio drásticamente, sintiendo una presion vibrátil en la habitación, llena de reliquias y objetos coleccionables, antiguos, de alto valor. No, obviamente algo andaba muy mal por aquí.
Posteriormente, sacudio suavemente a Liche, despertándole aletargada. Esta estiro sus brazos y vio, soñolienta, a Kirin.
—¿Que pasa, Kirin? ¿Sucede algo importante?
—No hay tiempo, mi amor, debes irte de aquí lo mas antes posible.—dijo Kirin pareciendo calmado, pero alerta.
Se fregó los ojos, y pidió explicaciones—P-pero Kirin, es muy tarde para-
La interrumpió—No hay tiempo para explicar. Toma al bebe y váyanse de aquí. Usa a tu elefante para huir lo mas rápido posible.
—Kirin...
—Aquí tienes tu maleta. En el equipaje tienes ropa de sobra y dinero, por si lo necesitas.
—¡Kirin!—exclamo en voz alta, deteniéndolo, captando su atención.—Dímelo, amor, que rayos esta pasando. ¿Que tienes? Que es lo que esta ocurriendo para que te actúes de for-—fue detenida por el.
Su esposo la tomo por los hombros, y su preocupación ya se tildaba—Algo muy malo esta por ocurrir, y creo que no voy hacer capaz de detenerlo.
Eso ya le salto el miedo a Liche—¿Q-que estas tratando de insinuar?
—Entiende y compréndeme, Liche; huye, sal cuanto antes de aquí. Mira—le puso la maleta encima de las sabanas.—aquí tienes todo para refugiarte. Pero, por favor, Liche, hazme caso y escapa con nuestro hijo lo mas lejos de aquí.
Liche noto la repentina preocupación, la temeridad y el agobio que atento Kirin. No habia que ser muy intuitiva lo que le estaba pasando. Algo devastador estaba por nacer entre las cenizas, de un amor maternal que habia sido destronado. De un momento a otro, comprendió notablemente al mensaje que le quiso transmitir; necesitaba irse ahora mismo, osino los destellos fructuosos de un veneno la devoraran.
Hizo caso. Liche se vistio con prendas nuevas, arropo a su hijo con mantas gruesas y se llevo el equipaje en su otra mano. Se despidió de Kirin con un dulce beso en los labios y huyo por el pasadizo secreto que yacía oculto detrás de la librería. Luego de que el escondite se haya cerrado, Kirin cambio su indumentaria, y fue a inspeccionar que presion yacía en el interior de su enorme castillo.
Atrás resonó abiertamente la corazonada de alivio de los pasos furtivos de Kirin, al acecho del intruso que se atrevio a irrumpir en su fortaleza. Pululo delante del pasillo recto que daba hasta el sitio ceremonial donde estaba a nada de casarse con Akane Tendo, actual prometida y, posiblemente mas adelante, futura esposa de Ranma Saotome. Y luego evocar esos recuerdos luego de su encontrón y la pelea que tuvieron, que, por cierto, termino derruyendo su castillo, un eco cartilaginoso, viscoso, altero brevemente el silencio serero que alguna vez se migro a su lecho. En respuesta a esto, el hombre, teniendo en sus manos un tazon de arroz, amplifico sus cinco sentidos casi hasta el tope de su capacidad. El agravante de ese sonido seboso le desagrado tanto que pudo ser una especie biologíca que destilara baba de su boca, o cualquier monstruo sobrenatural que se interpusiese el silencio eterno de los interminables pasadizos que adornaban su vivienda.
Agudizo su audición, y mantuvo su pose defensivo en todo momento, si es que lo requiriese la situación. Dio en el blanco; una pisada, pesada o acerada, como un caballero equipado con armaduras, pechera, de toneladas de hierro dentro de ellas. Otro paso, pero este era mas pantanoso. Ya perdió los estribos, por lo que se inclino y troto, casi corriendo, por el pasillo estrecho hasta toparse con las traqueteantes toques que le sacaron de su despertar.
Confirmo su primera teoría de que el sitio especifico donde se oían metálicamente esos tumbos imparables, era el mismo lugar donde se llevo a cabo el primer y ultimo enfrentamiento decisivo con el guerrero de la trenza... solo que esta vez, no vio venir que aquel retumbante sonido estridente proviniera de aquellas iris de color carmesí que remaban en una bahía veraniega de sangre y huesos desgastados, mordidos. Al llegar a la habitación atosigante, una calina nebulosa flotaba desde arriba del techo, esparciéndose desde arriba, como una ventilación que escupia cortinas nefastas de humo carroña. Hacia calor, mucha calor, hasta cometería la imprudencia de decir que aquella habitación contaba con una temperatura superior a los 40 grados, e iba en creciendo a medida que la mantarraya traslucida de humo, aromatizada con un olor que quizás sea extravagantemente podrido, se apoderaba mas y mas del espacio al tiempo de que el replegar del vapor despedía un olor a carne pútrida, en estado de descomposición.
Kirin se hizo paso a través de la bruma maloliente mientras una figura, a espaldas, con camisa negra de manga corta ensangrentada, le saco un ramalazo mental y figurativo. ¿Acaso no era Ranma Saotome? No. Era una rarerza verlo por estos lares, al parecer. Lo que siguió a continuación dio a señalar que, dentro de unos cuantos días o meses mas adelante, el mundo tal cual como lo conocías, se rompería a mil pedazos mientras gritos de rogo de la muchedumbre exigieran aunque sea un atisbo de perdón.
Y de la nada... Ranma pronuncio algunas de sus palabras que tenia guardado.
—¿Sabias, Kirin? De pequeño soñé con poseer una gran mansión para mi y para mi familia. Sacar una carrera profesional, títulos, graduarme, que me pagaran un sueldo para llevarle algo de comer a ellos, y que no dependieran de un hombre crapuloso y ordinario. Pero... Bueno, algunos lo llamaran destino, ¿no? Pero el destino no existe. Cada uno decide hacer lo que le plazca con su vida. Pero cuando terceros planean manipular tu camino, y mas aun cuando tu sabes que no puedes hacer nada para evitarlo por mas que quieras, te frustra y empiezas a volverte mas cruel, impaciente.
Cuando se adentro hacia el centro del vórtice que emitía ese nocivo humo incinerante, no pensó que el causante principal de aquel humo seria Ranma. Desde su piel arracimada de sangre secosa, el trenzudo emitia humo, como combustible, por entre su piel, como un generador eléctrico estropeado o a sufrido un corto circuito. El gas era añil, oscuro y azul. Esgrimiendo firmemente el mango de su espátula undosa, agraciada por la cortina tentaculada enredante que desprendía aquel manta que reemplazaba el techo, solo aumento su temor, alertando aun ya super preparado dios ante cualquier accionar o acto de ataque recio.
—Cuando me transforme en esta hermosura, pensé, en primer lugar, vengarme. Hacer venganza y matar a la basura que me vendió, haciéndole pagar con torturas mientras yo me alimentaba de sus gritos. Pero luego los vi a ellos: todos. Ellos también son mandados a cumplir lo que se le llama "destino". Podemos decir que ellos son meros esclavos, que se guían de las voluntades ajenas que les confirieron, haciéndoles zaherir su conciencia limpia y vasta.
Con su mirada ceñuda, apretujo los dedos en la base del tazón de arroz. El le estaba tomando el pelo. ¿Qué quería?
—Fue cautivado y desmembrado al intentar sopesar y recrear esa maravillosa sonrisa. Succionado dentro de la maldad sin ápice de bondad. Ella era todo mío, ella era todo para mi, y, para ella, era todo. Quise sentir por un milisegundo el palpable y jugosa piel trazada de esa mujer. También repetida esa alegóricas palabras. Aunque intente verla, no podía escucharla, no podía presenciarla. Pero, ahora que estoy aquí, fuera del infierno del que me encontraba...—
Ranma (Yoichi) miro por encima de sus hombros, llorando pero, a la vez, sonriendo maquiavelicamente mientras observaba a Kirin con aquello ojos fraguados de un rubi relumbrantes, abrasando a la luz y la oscuridad.
—¡YO LOS LIBERARE!
De repente, Ranma, embrujado de puro sadismo, corrió a los laterales de Kirin en circulos. La velocidad incomparable del chico de la coleta era como ver rayas difuminadas, discernidas. Kirin no pudo distinguirlo de ningún modo alguno. Yochi seguía corriendo circundantemente, edificando un tornado a su alrededor de proporciones gigantescas que ilusionaron a Kirin, el cual estaba en el epicentro de donde el ciclon se gestaba con cada movimiento desmesurado que empleaba circularmente Yoichi. La evanescente silueta de Yoichi Saotome, conforme este carcajeaba entre dientes y se regodeaba del miedo profundo que expulsaba kirin, generaba mas y mas humo añil mientras una candente brisa que era ventilada por el tornado, amesurada y centraba aun ya atónito dios. Cuando ya alanzo un cierto grado desproporcionado de calor en el entorno, Yoichi se disparo como una flecha que lo acechaba entre la densidad terrorista que dimanaba la sola mera presencia demente del joven de ojos carmesí.
Aquí vino lo peor: Ranma hecho para atras el brazo, para después deslizarlo abruptamente hacia la barriga de un extraviado Kirin, el que no sabia que estaba pasando... hasta que sintió unos nudillos albanados penetrando su estomago.
—¡Fukushū ni moeru haidora ken! (puño vengativo de la hidra traicionada)
Kirin, inevitablemente, comenzo a escupir un vertedero de sangre y saliva, al tiempo de que este salió volando por la orbita central del ciclón angosto de pensamientos mustios. En el momento exacto donde Ranma colisiono su puño, unas tres cabezas espantosas de tres hydras de energía chi se extendieron desde el nevado puño de Yoichi. Kirin lo azoro el temor, el terror de que no vería mas a Liche y a su hijo. Las hidras eran horrendas: hocico largo, mandíbulas acuchillantes tanto la inferior como la superior, una espinas que sobresalían desde la piel escamada de chi o crestas en forma de flamas crepitosas. Era difiil de creer, pero los ojos, amenazantes y homicidas, estaban enzarzados de una subida de cólera, furia trastocada que recordaba con tanto desprecio.
La visual estremecida de Kirin se desvanecio en cuanto su imponente hogar colapso, cayendo en las termales agradables.
Se apago al encontrarse encima de el trozos afilados de madera que se ensartaron súbitamente en la cara lesionada, esforzándose para mirar el cielo.
Todo los rastros materiales del castillo de Kirin se ensuciaron. Habia montes de madera, concreto, escombros y alguno u otra reliquia o artefacto antiguos totalmente rotos cuando recién el hogar de Kirin se escoraba a un lado, como una embarcación se ladeara para realizar una maniobra. El silencio invadía la energética noche de una noche movediza cualquiera. Velas pequeñas de fuego se extendieron por la madera rustica, creando asi un incendio descontrolado que se tragaba toda huella de civilización que haya yacido aquí, en este lugar amnistiado por dioses patéticos que exculpan todo lo que irrumpe su bello castillo. De entre el retumbante sonido del fuego, en el que se mezclaban con la corazonada que simulaba casi sus palpitaciones, una mano ensangrentada emergio de los escombros exoticos, haciendo acto de precensia un Ranma Saotome muy malherido.
Fue muy idiota de su parte haber ocupado su técnica mas poderosa en un espacio tan reducido como ese, ademas de que el calor que genero desde los poros nevados de su cuerpo fue absorbido como mantequilla en pan de molde apenas salido de un microondas; es probable que eso casi le haya costado su vida, quizás por hacer ese show dramático.
Se aupó lo que podía entre la humareda que se elevaba hacia la noche, lamiéndola mientras Yoichi observaba feliz, positivamente alegre, el combustible fósil que provenía del desastre que dejo.
Ahora podría sin problemas viajar a Japón para reencontrase con esa dulce mujer que lo dejo atrás, perdido. Con las aptitudes necesarias para darse una buena maratón hacia el pais asiático, Yoichi fácilmente podría nadar hasta allá. El era excepcionalmente resistente y tolerante a cualquier clima extremo que yacía en este planeta; cumplía los requisitos para concretar tal acción para nada precipitada, solo requería tiempo y paciencia. En todos los ámbitos, era perfecto, asique se encamino, desde China, hasta Neri-
Y por razones que desconocía, el prisma que portaba en su frente lo electrocuto de manera abrupta mientras Yoichi gritaba de agonía. Esta descarga de un mas elevado voltaje difería de los anteriores, por lo tanto sus extremidades no respondian a sus ordenes. Cuando acabo el circo rallante, el cuerpo oponible de Yoichi desprendia volutas humeantes, como si un mar de lava lo habia bañado encima de su remilgada espalda, cicatrizada. El joven se desplomo, mas que nada esforzándose por abrir y mantener firmes los ojos. Quería estar despierto, despierto para imaginarse a ella, en su mente creativa, en un parque, de arboles alrededor de ellos, sirviendo de sombrilla mientras el y Ranma retozaban y jugaban en uno de los cuantos juegos que albergo una vez.
Pero, dada a las circunstancias que llevo cada uno en el tiempo en el que fueron separados, no quedaba nada del Ranma feliz y bohemio que una vez conoció en su infancia; mas bien, ahora es un esclavo que sigue indirectamente las promesas deshonradas de adultos, que solo desean cumplir sus caprichos por medio de sus hijos, que son, mas que nada, pura basura.
—¿Este es mi final feliz?—dio una sonrisa—Je. Creo que no fui ese caso.
El cerro los ojos, esperando que ellos muriesen para desalojarlos de esa esclavitud que los habia cambiado en primer lugar. Porque el... era el verdadero ángel de la liberación. Una ultima vez, cerro lentamente sus parpados cansados, encuevando las pupilas carmesí escalofriantes que, muy pronto, cultivara las primeras semillas, que en donde nacerán los primeros bonitos pétalos blancos de las rosas, y su ritmo etéreo zumbara en los oídos de esa gente execrable.
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Continuara...
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Nota final: Al final... lo he terminado, ¡dios! Lamento mucho. Espero que no hayan tomado mal esta demora. Bueno, aquí les deje otra capitulo mas de esta historia, que terminare si o si. ¿Entienden? ¡SI O SI!. Ademas, quiero agradecerles a las personas que le dieron un click a esta historia. También le agradezco a la pagina Fanfics y Fanarts de Ranma Latino por darme un apoyo y hacer que mas gente conosca mas de esta historia que estoy desarrollando. Y, por supuesto, a las perosnas que comentaron el capitulo anterior a este; ellos son DULCECITO311, arianne luna, Erlyn ortiz, Fabricio. Les quiero comentar que, al terminar todos los capitulos, dare mi veredicto final. Decidi tambien separar este capitulo en un pequeño... bueno, en un largo one-shot, porque pense que un capitulo alargado como este merecia ser independiente.
Y como he dicho antes... ¡SI O SI LO TERMINARE!
Comenten si les gusto este capitulo, opinen.
Bueno, me despido.
