Disclaimer:Todos aquellos personajes que salen en "Las chicas superpoderosas" son propiedad de McCracken. La descendencia de las protagonistas y otros nuevos personajes fuera de éstos, así como las ideas narradas, son de nuestra autoría.

Idilios Nocturnos es una cuenta compartida por las autoras: Domina Mortem y Lenore´s Tears.

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ACLARACIONES

Lenore escribiendo

Aquí les dejo mi último aporte con los nenes por el momento, dando inicio a los escritos que relacionan a Caleb, el niño genio de mamá y papá, y general de la familia.

No me explayaré, ya saben que en este mismo escrito estará subiendo Mortem, o de nuevo yo o las dos.

Claramente, esto lo escribieron mis manos

Las historias no poseen orden cronológico.

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Contexto de la lectura

1. Caleb tiene 8 años.

2. Bubbles tiene 40, próximo a cumplir 41 años.

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Definitivamente me disculpo por los errores que encontrarán, casi no he editado.


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De construcciones y viejas amigas

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Bala, la ardilla que rescaté tiempo atrás de las garras de un halcón y que además adquirió habilidades poderosas porque le compartí un poco de la sustancia x en su recuperación, había sido mi amiga desde la infancia. Solía visitarla en el bosque cuando mis deberes como madre, mi trabajo de heroína u la organización de un evento no me lo impedían. Ese inquieto roedor, que cuidaba de cualquier peligro a los animalitos que vivían entre las arboledas, se había convertido en una de mis grandes amistades; incluso el día de mi boda, aunque no le agradara mucho Boomer, estuvo para darme un abrazo e intercambiar unas cuantas frases antes que, de nuevo, tuviera que salvar a alguien. Así, desde la dulce infancia y adultez, mantenía contacto con mi libre camarada. Usualmente, nos encontrábamos al querer relajarnos unas horas en las que procrastinábamos para no regresar al mundo real, era como un escape conjunto.

No obstante, verla parada en la puerta principal de mi casa, después de los insistentes toques que escuché mientras afinaba el violín brevemente, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, hizo que fuera más evidente mi expresión de sorpresa, una extraña sorpresa… Sobretodo, si ella venía mi hogar, lugar que por lo general no frecuentaba mucho. Preguntándole en su lengua a qué se debía su visita, fue aún más sorpresivo el motivo, ya que no estaba aquí por mí, sino por mi hijo Caleb.

—Chib chib chib chib (¿Por qué lo buscas?) —pregunté alarmada no queriendo confirmar algunas de las tantas sospechas que comenzaba a formular.

—Chibchibchibchibchib (la hija menor de una familia de ratones ha desaparecido, creo que tu hijo está vinculado) —afirmó con un semblante temple mi voladora amiga.

—Chib chib chib chib (¿Por qué crees que él podría secuestrar al animalito?) —rogaba que por favor aquello no fuera verdad, que mi hijo no estaba de nuevo tratando de hacer un avance científico o poniendo en práctica alguna de sus teorías locas que superaban el pensamiento de un niño de su edad.

—Chib chib chib chib (Vi a tu hijo caminando con su padre por el parque hace unas horas, específicamente las mismas en que desapareció María) —Y era un ratón hembra, una ratoncita.

No quiso dar mucha explicación luego a mis siguientes preguntas, Bala sabía a lo que venía. Sintiendo en el tono de su voz la molestia, la deje ingresar después de disculparme por no haberle ofrecido entrada anteriormente para que encontrara aquello que la trajo a mi morada.

Llamé a Caleb, mas no respondió.

Llamé otra vez… no respondió.

¿Habría salido?

"¡Bubbles!, ¡cómo es eso que no sabes dónde está tu hijo!" Me reprendí internamente.

Si Caleb, mi pequeño revoltoso que siempre atendía mis llamados al instante no estaba ya en el pasillo principal, eso significaba que estaba ocupado. Y peor aún, si ataba cabos, la presencia inesperada de Bala y la ausencia de Caleb, eso significaba una cosa… ¡Ese niño estaba experimentando con esa especie indefensa!

—¡CALEB! —grité, dirigiéndome a su habitación, mas al llegar la puerta tenía seguro.

Sorprendida y molesta mientras me hacía la idea de que ese muchachín de nuevo estaba realizando un acto tan horrible, con la impulsividad que ganaba las riendas de mi paciencia, abrí, destruyendo la manilla y un poco la madera, la puerta de su cuarto… No había nadie. Seguí gritando su nombre por todo el recinto con las mil emociones rondando en mi cabeza, velozmente revisé cada habitación, cada cuarto, la cocina, el garaje, hasta el estudio privado de Boomer, pero tal parecía que mi varoncito no estaba. ¿En qué momento me distraje tanto para que escapara? Simplemente lo dejé unos minutos solo frente a la televisión en la comodidad de la cama que compartía con mi esposo viendo documentales de ciencia para niños. Lo único que me faltaba por revisar era el patio trasero. Sin pisar escalones y dejando mi estela por la rapidez, estaba dispuesta a salir al jardín de atrás. No obstante, Bala me detuvo, pues ella no siguió mi trayecto al piso de arriba, sino que permaneció abajo ayudándome en su búsqueda.

Eso indicaba que ella no había fallado, puesto que puso una garra en su boca en un pedido que hiciera silencio mientras que apuntaba con su otra garra a la dirección en donde, finalmente, estaba Caleb concentrado con algo. Estaba inclinado haciendo algo, no podía ver todo el paisaje porque su cuerpecito tapaba el objeto, bueno, esperaba que fuera un objeto.

Caleb levanta su mano sosteniendo un martillo en miniatura el cual había sido adecuado a su edad para golpear esa cosa que todavía era desconocida para Bala y para mí. Dudaba que el martillo fuera de juguete o seguro pues Mojo fue quien se lo regaló con ese kit de herramientas en su cuarto cumpleaños.

—¡CALEB NO! —grité creyéndome lo peor y al mismo tiempo, deteniendo su acción en el momento adecuado entretanto él volteaba a observarme mostrando sus cachetes regordetes inflados en un semblante inconforme, así como enojado por haberlo interrumpido.

No quería creer que mi pequeño llegaría a esos extremos de lastimar a un inocente en aras de la ciencia, no quería. Mas el infante, dejándome con los prejuicios y suposiciones al aire, se levantó del césped y nos brindó por fin una vista exacta de lo que realizaba, ahí, a lado de, al parecer una especie de mini jaula para ratones hecha por su propia mano, reposaba la ratoncita que Bala buscaba; supe que era ella porque la ardilla se acercó para preguntarle sobre su estado.

Caleb posaba su mirada detalladamente en los animales que hablaban, luego la regresó a mí con curiosidad y se me acercó.

—¿Qué pasa? —preguntó.

—¿Qué hacías? —regresé la pregunta con otra.

—Construía un santuario para Josefino, lo encontré en el bosque y quise darle un hogar—. Sin embargo, el bufido animalesco de Bala me ayudó a comprender que Caleb me estaba mintiendo, porque de ser así, mi peluda amiga de la infancia no habría hecho tanto escándalo por un animal abandonado sabiendo que podría vivir en un hogar en paz.

—¿Eso es cierto, Caleb? Ya sabes que no me gustan las mentiras.

—No miento—respondió aparte de seguro, ofendido por mi "falsa acusación"

—¿De veras, de veras? —me acerqué a su rostro lozano conectando mis ojos azul cielo con el ártico de los suyos.

—De veras, de veras—tuvo la osadía de romper más el espacio que no unía sin dejar su fachada.

—Si es así, ¿por qué Bala estaba buscando a la ratoncita?

—¿Es niña? Creí haber tomado al niño, me confundí entre tantos—dijo volteando a ver a los roedores, mas entendiendo que había dado información que era confidencial, volvió sus obres a mí con sorpresa y simulando una sonrisa inocente.

Me puse de rodillas para estar a su altura y hablarle con mi característica paciencia.

—Dime, mi vida, ¿te gustaría que te alejaran de los que quieres?

—Yo sólo quería comprobar si podía hacer el santuario igualito al de la televisión—con un puchero de arrepentimiento manifestó sus razones. Siempre me tenía convencida o derritiéndome cuando ponía esa carita de remordimiento, una en donde miraba al piso mientras sus piecitos se movían inquietos, sus mejillas se tornaban rojizas por la vergüenza y las puntas de sus dedos indices se chocaban entre sí.

—¿Y si te alejan de mí? —volvió a mirarme como si no quisiera imaginar algo parecido.

—Exacto, mi pequeño genio, hay cosas que pertenecen a la naturaleza y debemos respetarlas. Esa ratoncita tiene una familia que la está buscando desesperada.

—Pero se mira feliz y sólo quería un amigo, bueno amiga—. Aquello no era tan errado cuando podía divisar a Bala, así como María, alías Josefino, ahora Josefina, corriendo por los pasadizos de la mini casa incompleta que Caleb estaba construyendo. Lo último de su afirmación hizo que se me quebrara un poco el corazón al pensar en lo solitario que se debía encontrar mi genio. No es que fuera asocial, era tímido y a parte de sus primos, no tenía a nadie que entendiera sus aficiones a la ciencia con tan corta edad, eso si excluimos a sus abuelitos.

—¡Lo tengo! —El foco se me iluminó—. Qué te parece si con más frecuencia te llevo al bosque y allá les creas todas las casitas que quieras a los animalitos. Así conocerás más amigos.

—¿En serio? —su expresión resplandeció dichosa de saberse comprendido.

—Sí, mi vida—recité cantarinamente simultáneo lo tomaba en un abrazo y regaba muchos besos en sus mejillas mientras él reía encantando, ya que sólo conmigo se dejaba mimar de tal manera— No vuelvas a mentirme, ¿está bien? —declaré antes de ver su afirmación en un movimiento de cabeza.

Bala y María partieron de nuestro hogar, la ratona no se fue sin antes darle las gracias a mi pingüino por haberle hecho pasar un buen rato, asimismo, Bala le advirtió que, si quería algo del bosque, podía buscarla para cuando lo necesitara; obviamente de ambas partes fui traductora. Caleb se limitó asentir y oscilar la mano en una despedida.

—No sabía que te gustaban los roedores—declaré divertida por la semejanza que Caleb tenía con Boomer.

—Prefiero las aves… ¿Puedo tener una cacatúa? —cambió abruptamente el tema.

—Sí, no veo el problema—repliqué mientras le servía una taza de chocolate con malvaviscos a mi rubio quien lo recibía gustoso. Así pues, caía de nuevo antes los encantos de mi pequeñín y volvía a consentirlo. Agradecía el que no se haya excedido... al menos en esta ocasión.

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Y por el momento terminamos con el varoncito de los azules, un inventor nato asiduo a la ciencias con ganas de experimentar cuanto quiera. El niño es algo gruñón pero llega a ser tierno a su forma.

Espero lo hayan disfrutado.

No hablaré mucho como en otras publicaciones pues no me encuentro bien de salud. Quiero disculparme si esté escrito tiene más errores de los usuales porque lo escribí bajo el efecto del medicamento que estuve tomando el día de ayer. La fecha para publicar era justo ayer, pero no pude cumplir por esas razones. De todas formas, me sigo sintiendo mal y no sé si deba ir de nuevo al hospital, sin embargo, cumplí, jé.

Cuidense mucho, ya sabrán de nosotros prontamente.

Gracias por su infinito apoyo :'3

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Lenore.