Hola a todos. Sé que ha pasado un año desde la última vez que publiqué, si bien es cierto que tengo poquísimos lectores, por lo que vale les pido disculpas, los bloqueos de escritor no perdonan. Este capítulo es muy pequeño en comparación a los otros, pero este y el siguiente serán capítulos de paso que cierran el primer trimestre de nuestra joven protagonista en el legendario castillo de Hogwarts, así como el paso y anuncio de los siguientes puntos en la trama, por eso hablamos aquí algo más sobre otros personajes. (Alerta: próximo párrafo es un spoiler).
Agradezco profundamente los buenos comentarios que he recibido tanto aquí como entre el grupo de telegram de Rebelión. Quisiera aquí aprovechar para un breve deslinde de responsabilidades: el castillo de Camelot brevemente mencionado en el capítulo anterior en la forma concebida no me pertenece a mi, sino a Gabriela Le Blanc, autora de Rebelión: la idea de que Camelot también es un pueblo-aldea (en este caso deshabitado) es inmemorial y tampoco es mía. El periódico El Oráculo también le pertenece a Gabriela Le Blanc, así como Adrien y Gweneth Rosier, que aparecerán en los siguientes capítulos, tío abuelo y tía lejana de Chelsea. Los conceptos mágicos sobre maduración de varitas y arte diwand, así como el uso de artefactos mágicos alternativos y otros no me pertenecen tampoco a mi, sino a Cody y Andy autores de una serie de Albus, asimismo a ellos dos les pertenecen un personaje y una familia mencionados: la tía materna de Emily Byrne, es decir Abigail Quinn, aparece en el sexto o séptimo volumen de la susodicha serie, la familia de sangre pura Pierce a la que pertenece Sheila también. Otros conceptos de teoría mágica pertenecen a distintos fics, yo los he asimilado y he tratado de sistematizarlos de alguna forma. La disciplina mágica de la Tecnomancia en la forma expuesta le pertenece a Norman Lippert, autor de una excelente serie de James, aquí la explico como una disciplina tanto opuesta como complementaria a la Teoría Mágica, la idea de zona quantum o espacio mágico natural también es de él. La madre de Madison, Odette, de soltera Mansfield, le pertenece a SGTWhiskeyJack, autor de una excelente serie de James. Finalmente Valerie Christine Rosier, la madre de nuestra protagonista, y por extensión Louis Rosier; la mansión Rosier francesa, Michael Rosier, Christine Rondeau y las familias Rondeau y Saussure le pertenecen a Martín López, autor del Hacedor de Reyes. Gracias a todos y disculpen que me haya colgado tanto. Los próximos capítulos estarán plenos de explicaciones sobre estas referencias.
Capítulo V. Esperanzas de un mejor futuro y el preludio.
Valerie se encontraba sentada en un pequeño puf en la sala-comedor de su departamento, si bien no era pequeño para los estándares muggle europeos de esos días a ella todavía se le antojaba diminuto, oprimente y degradante en comparación a la mansión donde creció, para empeorarlo no podían lanzar encantamientos de extensión local debido a las numerosas implicaciones negativas en la ubicación del departamento. Incluso los dormitorios de Hogwarts y Beauxbatons eran al menos tres veces más grandes que su hogar. A su alrededor brillaban ocho piedras de enfoque dispuestas en círculo que se iluminaban y apagaban sutilmente como luces de Navidad. Ella hubiera deseado añadir un círculo rúnico pero no tuvo la paciencia para hacerlo en ese momento. Sus ojos estaban cerrados y sus manos puestas sobre una bola de cristal ligeramente más grande de la norma habitual. La niebla interior se arremolinaba una y otra vez en cautivadores patrones. Ocasionalmente la niebla tomaba forma de corriente de aire y brillaba en llamativos y nítidos colores dignos de una de esas pantallas microled muggles que empleaban en casi toda su tecnología.
Albus le llamaba la palantir. Una oscura referencia a una serie de novelas muggle repletas de referencias, a veces erróneas y a veces acertadas al mundo mágico, y con más frecuencia a la mitología y leyendas mágicas. De nuevo, Al decía que era innegable que el autor estuvo demasiado expuesto al mundo mágico y quien sea que haya lidiado con el definitivamente hizo un mal trabajo al desmemorizarlo. Los libros se le hicieron soporíferos así como los enormes y anticuados volúmenes alquímicos que fascinaban a su marido, pero las películas aunque algo viejas le encantaron. Recordó que Al le dijo hace algunos meses que los muggles estaban a punto de proyectar en sus cines un remake, es decir, las habían filmado de nuevo y con más escenas que la primera versión.
Volviendo a la bola -que había pertenecido a su tía bisabuela Vinda, quien la obtuvo en algún lugar de Italia en una de sus giras como mano derecha y amante ocasional de Grindelwald- fue por pura formalidad y deferencia que pidió a Louis le permitiera tomarla como un préstamo a largo plazo. Sabía que a su hermano le tenía sin ningún cuidado. El no apreciaba objetos mágicos como estos. Parece que la pureza de la sangre y la educación exquisita no podían quitar la insensibilidad y la falta de respeto por la magia de muchos, o pensándolo mejor, de casi todos los magos. Lo mismo pasó con un pensadero datado del año 1384 que un noble antepasado suyo había comprado al mismísimo Nicholas Flamel en algún momento en la época renacentista o tal vez barroca si mal no recordaba. Y de todos modos cosas como esas no es lo que uno exhibiría en los corredores de su casa. No era como si la mansión Rosier francesa tuviera visitantes para empezar.
Sus pensamientos y sentimientos se entremezclaban en el flujo sutil pero constante de magia que sentía salir de sí como emanar de la bola y las piedras. Imágenes y visiones, sonidos e impresiones. Algunas cosas la estremecieron profundamente, otras la conmovieron. Hablando de su hermano, su solo recuerdo la hizo irritarse y enojarse levemente: no tenía pareja formal de ningún tipo, no tenía hijos y si no lo hacía algún día la mansión francesa y propiedades adjuntas pasarían de nuevo a manos de la familia principal, es decir, al Lord Rosier, que por magia y estatuto era el mismo tanto para Francia como para Gran Bretaña. En ese momento el Jefe de la Casa era su tío Félix, hijo de su abuelo Evan y medio hermano de su padre Michael.
Justo tras pasar ese pensamiento vinieron a ella varias adivinaciones que además de su mente también se mostraron brevemente en la bola, como si de una televisión se tratara, aunque Valerie jamás notó ese curioso fenómeno porque ella seguía intentado concentrarse con los ojos cerrados. Entonces varios sentimientos fluyeron en ella de nuevo. Una vez más sintió su corporeidad estremecerse y profundos deseos que venía rechazando en nombre de la fría lógica surgieron desde el fondo de su subconsciente. No se negaría más. Después de todo...¿quién era ella para cuestionar un Indicio del Destino cuando se mostraba tan claramente? Ella era una bruja sangre pura decente. Una bruja a la altura de su nombre. Había recurrido una vez más al noble arte de la Adivinación buscando una orientación de tipo...vocacional. La Magia Superior respondió. Los Poderes se habían manifestado.
De inmediato cortó la sesión adivinatoria. Abrió los ojos de a poco y, apenas pensando en lo que hacía extendió su mano derecha y su varita principal voló a encontrarse con su ama desde la mesa. Se levantó y agitando la varita convocó los estuches que estaban en el sillón, los abrió y levitando todo acomodó la palantir (no sabía cuando comenzó a llamar también así a la bola) y las piedras de enfoque en sus estuches: los cerró y de nuevo los levitó hasta su dormitorio donde los acomodó en su baúl encantado con extensión indetectable que utilizaba como bodega multiusos. Fue a la salita donde activó de nuevo el interruptor del suministro eléctrico, comprobó rápidamente que Ashley, quien tenía más de dos horas dormida, se encontrara bien. Sonrió con la sonrisa que solo reservaba para su mago favorito y su prole y fue hacia el floo desapareciendo en un torbellino de llamas verdes.
A muchos kilómetros de ahí salía en otra chimenea, en un ámbito radicalmente distinto. Frente a ella estaba su víctima que apenas le prestó atención.
-¡Deja tu maldita química ahora Albus y ponme atención!- le dijo Valerie en voz alta. A ella no le salía gritar como energúmeno. Ella estaba por encima de tal actuación.
-¿Puedes permitirme un momento? Estoy acabando una poción calmante- le dijo Albus con una leve sonrisa. Después de once años todavía encontraba encantadora a su bruja cuando estaba enojada. La mujer sacó su varita agitándola a toda marcha sobre su caldero.
-Evanesco. Casa. Ahora- le dijo, acercándosele y, abrazándolo con una fuerza que ella no sabía que tenía, se lo llevó mediante una aparición conjunta.
La pareja apareció directamente en su dormitorio de escasos 10 metros cuadrados.
-Muévete- le dijo Valerie molesta empujándolo ligeramente con su varita usando un encantamiento de pulso debilitado
-¿Qué me querías decir?- le dijo Albus mientras se quitaba sus guantes y túnica de piel de dragón.
-Te amo Albus- le dijo Valerie con un ligero suspiro.
-Yo también te amo Val, ¿cómo puedo complacerte hoy, mi señora?- le dijo Albus, quien estaba sorprendido pero agradado ya que no habían tenido una conversación de pareja tan espontánea como esta desde sus pasadas vacaciones.
-Todo está bien Al. Es solo que estuve pensando mucho en todo y no quería irme a dormir sin ti- le dijo Valerie.
-¿Y qué es ese todo?- le dijo Albus.
-Quiero que cumplas mis demandas. Todas- dijo Valerie.
-¿Me estás chantajeando?- dijo Albus más intrigado por las posibles demandas que molesto, metiéndose en la cama
-No. Podría usar mi dinero o sencillamente molestarte hasta que me complazcas. Pero he cambiado de opinión. Quiero otro bebé- dijo Valerie apagando las luces eléctricas manualmente para acto seguido acostarse.
-Tus deseos son órdenes milady- dijo Albus. "Merlín bendiga el día que la magia me unió con ella" pensó.
-Si vamos a tener otro bebé será una niña, Al, así que necesitamos preparar los rituales. Y no lo intentaremos hasta que Ashley esté en Hogwarts-
-Entendido- dijo Albus. El estaba más que feliz de atender esa demanda. Podía esperar nueve meses más para que su pequeña Ashley estuviera en la legendaria escuela, era solo un pequeño precio a pagar.
-Quiero que me dediques más tiempo. Una poderosa y noble bruja de sangre pura es demandante pero yo requiero atenciones especiales. Necesitas pasar más tiempo conmigo y menos investigando, no me importa si el mundo mágico está ardiendo. Y aplica también para nuestra bebé. Quiero que le dediques a ella tanto tiempo como a Chelsea y Ashley. Quiero investigar contigo y conspirar como antes. Y cuando Ashley esté en el colegio me vas a llevar a viajar con más frecuencia- dijo Valerie soltando un poco de acento francés cada tantas palabras.
-Tendremos que ser muy cuidadosos, pero podemos hacerlo- dijo Albus. En realidad la logística de eso sería muy enredosa pero podía darle esos caprichos a su esposa.
-No vas a llevar a nuestra niña a ninguna asquerosa escuela muggle. Hay tres primarias mágicas en esta isla olvidada de Dios. Y no voy a dar a luz en ningún hospital muggle-
-¿Y si nace squib?- dijo Albus apenas pensando en lo que decía.
-Soy demasiado mágica para tener otra cosa que no sea una bruja- dijo Valerie realmente contrariada por el comentario. Albus a veces era tan poco sutil.
-Sí, milady- dijo Albus cerrando sus ojos y abrazando a su dama.
-Eso no es todo Al. Quiero enseñarle a nuestra futura niña y a las que ya tienes todas las costumbres mágicas que no conocen y los modos de los sangre pura. Las viejas costumbres. Y antes de que me digas nada quiero que tú les des instrucción apropiada. Las cosas que Hogwarts y las universidades jamás podrán enseñarles. Y les pagaremos tutores para complementar- dijo Valerie
-Chelsea y Ashley están mejor preparadas para el mundo moderno que tú o yo, Val- dijo Albus. Valerie ignoró ese comentario triunfalmente.
-Quiero que uses ese cerebro tuyo y tus juguetes mágicos para mis propósitos. Quiero que conviertas algunas de mis fantasías en realidad y quiero que me lleves a vivir a otro lugar. Merezco un lugar más grande, donde pueda hacer magia libremente y disfrutar de tu presencia sin que los encantamientos silenciadores interfieran con los objetos eclécticos, ¿entendido?- le dijo
-Eléctricos, Val, eléctricos- le dijo Al, quien por su atrevimiento se hizo acreedor a un maleficio punzante en el estómago.
-Milord- le dijo Val a Al en voz baja para acto seguido hacerlo objeto de un largo beso de buenas noches.
Al día siguiente, viernes de la segunda semana de noviembre, a muchos kilómetros al norte de Oxford, en un lugar en lo profundo de Escocia, en el que la generalidad de los simples mortales no han puesto un pie en casi mil años y los pocos que lo hacen son personas con habilidades en las que el 95% de la humanidad no cree, se encontraba un grupo de niños frente a la enorme chimenea del Gran Comedor.
-Ya repetí suficientes veces cómo usar el floo, algo que se supone todos los de familia mágica deberían saber. Si alguien por alguna razón se pierde no cometa una tontería y no se mueva de donde esté a menos que sea peligroso para su integridad, lo encontraremos. La profesora Vector se encuentra del otro lado esperándolos. Habrá un pase de lista al llegar y si alguien hace alguna estupidez desearán que su próxima excursión contemple una parada en la paradisíaca isla de Azkaban- dijo el profesor Dearborn.
Los primeros en salir fueron los Gryffindor, ya que se temía que hicieran alguna tontería. Rowan y Allison aseguraron haber visto a los profesores Longbottom y Hitchens lanzarle discretamente un hechizo de rastreo extra cada uno a Madison además de la pulsera rúnica de seguridad que todos portaban. Después siguió Hufflepuff, Ravenclaw, y finalmente Slytherin. El turno de Chelsea llegó rápidamente. Oh, cómo odiaba el floo.
-"Atrio del Ministerio de Magia"- dijo claramente. Mucho fuego verde, cenizas, y mareo después fue, de nuevo, escupida por una maldita chimenea de todas las cosas. Algunos se rieron de ella, especialmente Madison y la tonta de su amiguita Katy pero la profesora Vector silenció a todos con un movimiento de varita y finalmente le dió a Chelsea en un vaso conjurado un trago de una poción contra el mareo que llevaba en una ámpula grande.
-¿Se encuentra mejor, señorita Potter?- dijo la mujer
-Si profesora- dijo Chelsea en voz bajita
Pronto salieron de la chimenea Rowan, Wren, Allison y Albert. Chelsea volteó a su alrededor y observó el lugar. Esa era la sede principal del Ministerio de Magia británico. Imponente y lujosa para impresionar. Aunque a ella se le antojaba un poco oscura. Le gustaba más la sede del ministerio francés, tenía colores claros, había más luz y era mucho más grande. A su alrededor ocasionalmente algún mago o bruja entraba o salía en las chimeneas dispuestas a uno y otro lado. Al fondo estaba un pequeño restaurante-comedor junto con varios otros pequeños comercios. En el lado opuesto el espacio se abría y alcanzaba a distinguir la Fuente de los Hermanos Mágicos y varias oficinas con al atrio.
Fueron acomodados en filas y llevados hacia el interior del lugar, donde un par de magos de seguridad pasaron una sonda detectora de tenebrismo con forma de varilla, o de una vieja antena de televisión, según como se viera, alrededor de cada uno. Ahí se presentó una mujer del Departamento de Educación Mágica llamada Patricia Stimpson, quien les dijo sería su guía y empezó la visita hablándoles sobre la fuente, y los diversos sucesos de importancia ocurridos en el Atrio del Ministerio, de los cuales había varias placas conmemorativas en las paredes, después fueron a los ascensores donde subieron a las oficinas del ministro y personal adjunto, quien dejó un pergamino con Madame Stimpson enviando sus saludos y excusándose por no estar presente debido a una gira de visitas oficiales por toda Europa.
La visita transcurrió sin incidentes, piso a piso, la mayoría de los niños y bastantes niñas estaban distraídos, máxime considerando que muchos recibieron un saludo rápido de parte de parientes o conocidos que trabajaban ahí y se tomaron la molestia de ir a encontrarlos, aunque mostraron mucha atención cuando estuvieron en el piso correspondiente al Departamento de Deportes y Juegos Mágicos debido al encuentro con los tipos encargados de hacer funcionar la liga nacional de quidditch. Otra sección donde no solo unos pocos sino casi todos quedaron deslumbrados fue en el Cuartel General de Aurores, donde los obsequiaron con dos duelos de exhibición y muestras de arresto para que los niños vieran "cómo los Magos de Choque y los Aurores luchan contra los malos". A ella tal vez le hubiera impresionado si no hubiera escuchado a sus padres, especialmente Albus, decir con frecuencia que, salvo excepciones como el abuelo Harry los aurores ingleses eran patéticos, que ellos conocían magia muy por encima de los trucos burdos que suelen emplear y que si apareciera un mago oscuro decente como Grindelwald o Voldemort los sucios matones a sueldo serían liquidados de inmediato como pinos de boliche. No hace falta decir que Madison estaba radiante debido a que su padre era uno de los duelistas. Después de eso estuvo todo el día más ufana y arrogante de lo habitual como si ella fuera la dueña del ministerio. Chelsea notó que el auror al mando del escuadrón auror le dió una mirada de reojo. Esperaba no volver a ver al hombre. Era suficiente con vivir bajo el mismo techo que Madison.
En el Departamento del Control y la Regulación de las Criaturas Mágicas fueron objeto de una conferencia que ocupó tres horas de su visita donde les hablaron acerca de seres mágicos, es decir, aquellos con inteligencia de grado humano o cuasi-humano tratando de concientizar sobre el trato civilizado y no meterse en problemas con ellos: duendes, centauros (Madison dijo con altanería que ella conocía a los centauros y tenía un buen trato con ellos. Chelsea pensó que lo único que la tonta conseguiría sería hacer estallar una rebelión), elfos domésticos, sirenas, hombres lobo y fantasmas. Un espacio aparte ocupó una breve disertación acerca de los veela, vampiros y las arpías, cuya presencia estaba prohibida por ley en Gran Bretaña y solo bajo una exención especial se podía tolerar alguna visita rápida y vigilada de tales especies. Algunos preguntaron acerca de los unicornios y dragones pero les dijeron que tendrían que visitar una reserva si querían verlos algún día.
Dado que ya era algo tarde se les informó que el Ministerio de Magia les ofrecería una comida en el comedor-restaurante del Atrio donde serían atendidos por los elfos de la oficina de regulación de elfos domésticos quienes en palabras de un funcionario vestido con túnicas fosforescentes "estarán más que felices de atenderlos. Se aburren mucho aquí, la mayoría de familias mágicas no son aptas para un elfo doméstico y les gustaría mucho ver a alguien diferente".
Después volvieron al colegio por el floo, donde fueron enviados directo a su sala común. Chelsea habló con Valerie por el espejo para avisarle que había llegado bien del Ministerio y ponerse al día. Habló también con Albus quien estaba mortificado de que fuera sin la compañía adecuada "a ese pozo de inmundicia" y pudo conversar con el normalmente solo después de que se tranquilizó al saber que no bajaron a los niveles inferiores donde se encuentra el Departamento de Misterios y que ningún inefable o personaje remotamente parecido a uno se les acercó. Chelsea le preguntó que qué tenía de especial el Departamento de Misterios o si había algo malo con esos tipos inefables: Albus le dijo que había muchas cosas mal con ellos y que prometía responderle sus preguntas con sinceridad cuando cumpliera quince años. Al preguntarle por qué hasta entonces le dijo que era para evitarle la pena de asustarla o traumarla en demasía.
El sábado por la noche le sucedió algo: estaba a punto de ir a dormir, y apenas le había dado las buenas noches a Emily, quien se había mudado a la cama junto a la suya, cuando fue objeto de una visita muy especial, ciertamente inesperada, en forma de una pequeña criatura de su tamaño. Un elfo doméstico.
-Joven señorita. Soy en exceso privilegiada de volverla a ver- dijo la criatura haciendo una profunda reverencia, casi robótica. La nariz del elfo había rozado el suelo. Chelsea no sabía qué hacer en esta situación puesto que jamás había hablado con un elfo doméstico además de pedir comida y se sentía rara ante la servil reverencia de la criatura, aunque había visto a los elfos domésticos comportarse así antes, pero no con ella. De hecho no recordaba haber visto a ese elfo o mejor dicho elfina en particular.
-Hola. ¿Puedo ayudarte en algo?- dijo Chelsea algo tímida. No esperaba la reacción del pequeño ser que empezó a sollozar.
-¡La joven señorita es demasiado amable y demasiado noble conmigo!- dijo la elfina que empezó a llorar más. Chelsea se conmovió.
-Por favor no llores. ¿Cómo te llamas?- dijo Chelsea nerviosa. La criatura tardó algo en tranquilizarse
-No tengo nombre aún, joven señorita. Esperaba que usted pudiera tomarme bajo su servicio. Estaría muy feliz de poder servirla- dijo al elfina con los ojos llorosos
-Uh. No te ofendas, pero soy de primer año y dudo que mis padres me permitan tener un elfo doméstico- dijo Chelsea
-Yo...yo comprendo. Si usted lo desea puedo presentarme a ellos. Estaría también feliz de servir a los padres de la joven señorita- dijo la elfina
-Er...está bien. Si quieres puedes hablar con ellos, pero no puedo garantizar nada- dijo Chelsea
-¿Dónde los puedo encontrar?- dijo la elfina ansiosa. Chelsea no se sentía segura de darle la dirección de su casa a un elfo doméstico que acababa de conocer. La enviaría a la botica.
-Botica Potter & Rosier, en Dillied Alley, en Londres. Tendrás que esperar hasta el lunes- dijo Chelsea
-¿Usted es una Potter?- dijo la elfina ahora más ansiosa.
-Sí- dijo la niña. La elfina después de tantas palabras no había preguntado por su nombre.
-Hablaré dentro de dos lunas más con los padres de la noble señorita Potter. Ha sido un honor y espero pronto volverme a encontrar con usted- dijo la elfina, desapareciendo de su dormitorio de forma sorprendentemente silenciosa.
-Merlín, Chelsea. Nunca había visto a un elfo doméstico comportarse así. Mi tía Abigail tiene uno y el elfo nos tiene miedo a todos- dijo Emily
-Creo que tendré que decirle a mis padres de esto o se molestarán de algún modo, especialmente papá- dijo Chelsea, quien tuvo que postergar su sueño para escribirle usando su diario encantado para escribirle a sus padres. Ellos sabrían qué hacer.
De nuevo, a más de quinientos kilómetros de distancia Albus y Valerie acababan de darse un beso de buenas noches para dormir temprano dado que Ashley decidió no dormir tarde ese sábado disfrutando del entretenimiento audiovisual muggle cuando sonó una de las numerosas alertas mágicas de Albus.
-¿Cuál alerta es esa?- dijo Valerie distraída, quien estaba tratando de empezar a dormir.
-El diario encantado de Chelsea- dijo Albus. De inmediato, levantando su mano derecha hizo el encantamiento de convocación. Sin varita y no verbal. Era en sí mismo algo extraordinario, más considerando que el no era tan poderoso como su hermosa esposa, sus padres, hermanos y demás familia. Pero desde hacía años se dedicaba a empujar cada día un poco más los límites de lo que podía hacer con la magia.
-Acabamos de hablar con ella. Respóndele mañana- dijo Valerie, queriendo dormir al mismo tiempo que Albus
-No perdemos nada con echar un vistazo- dijo Albus dándole un profundo beso. Valerie hizo un puchero.
-Oh Merlín- dijo Albus después de leer lo que puso en el diario. Él quería dormir en paz esa noche, pero no. Solo esperaba que las cosas no se salieran de control y que su niña estuviera bien.
-¿Qué pasa mi amor?- dijo Valerie, somnolienta.
-Velo por ti misma- dijo Albus dándole el diario, levantándose y tomando su varita del pequeño mueble junto a su cama entró en una de sus maletas encantadas con extensión indetectable donde abrió una de sus cajas de seguridad.
Una vez abierta la caja de seguridad guardó su varita habitual y tomó en sus manos una de sus tres posesiones materiales más preciadas, las que habían potenciado sus capacidades mágicas e intelectuales naturales, las responsables de haberlo llevado al éxito.
-¿Albus?- dijo Valerie esperándolo en el espacio natural al pie de la maleta.
-En cuanto aparezca el elfo tómala y escóndela fuera de su vista- dijo Albus
-Espera, ¿sacaste esa cosa y harás un alboroto solo por un elfo doméstico?- dijo Valerie. Después de años incluso una bruja ambiciosa como ella se daba cuenta de que objetos como ese estaban mejor ocultos, lejos de manos sensibles.
-Tu bienestar y el de mis hijas está por encima de la seguridad del mundo mágico. Y yo que pensé que Ashley sería a la que le pasarían primero cosas así. Por favor, haz lo que te digo, los elfos domésticos tienen memoria eidética y pueden sentir la magia mejor que los humanos- dijo Albus poniéndole una mirada de súplica a su amada esposa.
-Esta bien- dijo Valerie, resignada, cuando dos días atrás ella era la que quería tener algo de aventuras y conspiración. Sacó su propia varita y se puso en posición.
Albus empuñó con toda la determinación, gravedad y fuerza que el asunto requería la Varita de Saúco como antes que él habían hecho su homónimo Albus Dumbledore y antes que el Gellert Grindelwald. Listo para la acción simplemente pensó en el elfo indeterminado que había visitado a su hija, al mismo tiempo que daba una ligera sacudida con la varita en una especie de medio círculo y pensaba las palabras latinas voco te. En cualquier otro mago eso normalmente no funcionaría ni por asomo por varias razones teóricas, tecnománticas y aritmánticas en las que no nos involucraremos en este momento. Pero aunque él no era su padre, y ni siquiera era tan poderoso como la perfecta bruja a su lado, el, Albus Severus Potter-Black no era un mago cualquiera y, después de todo la varita que empuñaba tenía la reputación que tenía por una buena razón. Era después de todo una de las Reliquias de la Muerte, el Látigo. ¿Su principal poder? Lo imposible se volvía real, lo extraordinario se tornaba común, lo ordinario en moneda corriente. Una escena inspiradora de no ser porque la intimidad de su habitación no enmarcaba la situación favorablemente.
De inmediato apareció una elfina doméstica, asustada, porque solo su legítimo amo podría convocarla así, y ella no tenía ninguno en ese momento, lo que la hacía muy triste. No tenía idea de dónde estaba, pero no podía ser muy lejos ya que la aparición no la tensó mágicamente.
Albus apenas vió la aparición le pasó la varita por detrás a Valerie y sacó su varita de siempre.
-Buenas noches. No quiero hacerte daño, ¿podríamos hablar contigo un momento?- dijo Albus.
-Sss...sí, noble señor- dijo la elfina quien sintió una barrera contra la aparición élfica. Eso no debería haber sido posible. Los humanos no podían hacer eso y sus sentidos le decían que no había ningún otro elfo doméstico cerca
-¿Eres una elfina libre?- dijo Albus con cuidado
-Sss...sí, noble señor- dijo la elfina aún más asustada. Le empezaron a salir lágrimas por los ojos.
-¿Estuviste esta noche en Hogwarts?- dijo Albus
-Ssss...sí, noble señor. Por favor, no me haga daño. No hice nada malo- gritó la elfina llorando a lágrima viva.
-¿Visitaste a una alumna en específico?- dijo Albus. La elfina estaba al borde de un colapso. Los magos y brujas normales no tenían poderes para hacer lo que hicieron los que estaban frente a ella. Ellos sabían que ella había ido a la pequeña niña.
-Sss...sí, noble señor- dijo la elfina
-¿Por qué a esa alumna?- dijo Albus
-¡Solo quiero una familia a quien servir!- dijo la elfina con su vocecita aguda
-¿Y por qué a una niña de once años y no a una familia mágica bien establecida?- dijo Albus
-La niña es tan gentil, tan generosa. Sentí su magia en el Ministerio y decidí ofrecerme a su noble servicio- dijo la elfina, temiendo que le hicieran daño con sus varitas.
-¿Le dijiste a alguien más que ibas tras esa niña en específico?- dijo Albus, quien tuvo la respuesta que quería. La elfina sintió la magia de Chelsea y fue tras ella.
-Nnn...no, no, señor mago- dijo la elfina temblando de terror.
-¿Sabías que somos los padres de esa niña?- dijo Albus
-Nnn...no...no sabía que eran ustedes. Solo sabía que ustedes son de la familia Potter y que los podía encontrar en Londres- dijo la elfina empezándose a encoger
-¿Quieres unirte a servir a nuestra familia?- dijo Albus
Diez minutos después tras arreglar varios términos Albus y Valerie acordaron que aceptarían a la elfina para unirse a ellos y le darían condiciones dignas de vida. Irían al Ministerio de Magia el lunes a primera hora. Había sido un día largo. Albus solo esperaban que el poder de sus hijas, a quien seguía viendo como sus bebés no atrajera a la gente equivocada. Tendría que ceder a las ideas de Valerie y enseñarles magia por sí mismo. Él esperaba no tener que hacer nada de eso, esperaba que fueran a la escuela como todas las brujas de su edad y solo enseñarles si ellas querían después de que acabaran estudios superiores mágicos en alguna universidad, pero no. Al parecer su racha de buena suerte no estaba vigente en ese momento. Solo el abrazo de su esposa le permitió conciliar el sueño y no soñar cosas perturbadoras.
Valerie en cambio estaba feliz. Ya era un hecho que tenían un elfo doméstico, ya no tendría que hacer tareas domésticas aunque solo le tomara unas cuantas agitaciones de varita hacer el quehacer en su pequeño hogar, su marido había tenido razón y sus bebés ya habían demostrado ser al menos más poderosas que ella, y los hechos lo obligarían a que él les enseñara magia.
Su marido la preocupaba pero sabía que él estaría bien, sus adivinaciones lo habían predicho y confiaba en la magia. Si alguien le hubiera dicho hace 20 años o más que acabaría viviendo en el Oxford muggle, casada con un mestizo afecto a las formas muggle que se dedica a hacer pociones y es ocho centímetros más bajo que ella, que tendría dos hijas, que se ofrecería de buena gana a tener más con el y que sería feliz como esposa y madre se hubiera reído y los hubiera maldecido. Más sin embargo las predicciones que recibió de verdaderos videntes tenían razón. Ese era su lugar. Bueno, estaba con la gente correcta, pero el lugar simplemente no era adecuado. Ella necesitaba una habitación más grande aunque no le molestaba el colchón de tamaño matrimonial sencillo, la cercanía con su marido le hacía bien.
