Personajes de Naoko Takeuchi.
Me encontraba en el baño de uno de los pasillos de la facultad haciendo mis necesidades cuando escuché a un par de chicos entrar mientras charlaban. Al principio no me fijé en su conversación, pero hubo algo de lo que estaban diciendo que llamó mi atención. Escuché claramente cómo decían el nombre de Itadori y no pude evitar prestar atención a lo que decían.
-De verdad que no lo soporto.-dijo uno de ellos.- Siempre le sale todo bien, saca las mejores notas y ni siquiera se digna a hablarle a los demás. Siempre tiene esa cara de pocos amigos, como si nos odiara a todos…
-¡Lo sé! Es tan arrogante y se cree mucho. Deberíamos de darle una lección, no sé… ¿se te ocurre algo?
-Creo que… ¡podríamos esparcir rumores sobre él! Inventemos algo para que los demás terminen presionándolo y él se largue de esta escuela, ¿qué te parece?
-Creo que es un plan genial. Yo creo que…
De pronto no supe qué me pasó. Escuchar todo lo que decían de Itadori me pareció repugnante porque sabía que esas cosas no eran ciertas. Itadori era todo lo contrario a lo que ellos decían… Me molestó saber que esos tipos querían hacerle algo malo para obligarlo a irse de la escuela. Recordé los primeros días de clase cuando Itadori no quería quedarse a estudiar, y finalmente aceptó regresar. Asumí que sus sentimientos eran por este tipo de cosas y que quizá todo el tiempo se sentía presionado por sus compañeros solo por no ser un chico más abierto y extrovertido.
Apreté los puños y me giré para enfrentarlos. De inmediato me di cuenta que eran los mismos chicos que me habían querido hacer daño antes y sentí muchísimo coraje. Ellos me vieron y sus rostros se quedaron sin color por la impresión. Me acerqué a uno de ellos y lo tomé fuertemente de la camisa.
-¿Cuál es tu problema?-dije en voz alta.- Ya estoy harto de ti y de tus jueguitos. Si yo te caigo mal, entonces métete conmigo, pero con Itadori no te metas.
-Así que es verdad, ¿no?-dijo él en tono burlón.- Parece que se gustan mucho. Son unos maricones.
-Parece que no has aprendido nada, ¿cierto?
Acerqué mi rostro aún más al de él y no aparté la mirada ni un momento.
-Más te vale mantener la boca cerrada y dejarnos en paz. Sí, soy gay, ¿y qué? ¿Eso te da miedo? ¿Te da miedo que pueda tocarte o besarte?
El chico me miró completamente asustado y luego me empujó para salir corriendo. Ambos salieron corriendo del baño y cuando me giré para mirarlos me di cuenta de que Itadori se encontraba ahí también y había visto todo. De pronto él caminó hasta mí y me tomó entre sus brazos para abrazarme. Me quedé paralizado por un momento.
-¿E...escuchaste todo?-pregunté tímidamente.- No me importa… no voy a dejar que nadie diga blasfemias sobre ti…
-Andrew…-dijo Itadori abrazándome aún más fuerte.
Me sentí completamente abrumado. No entendía por qué demonios él me estaba abrazando pero era como si me estuviera sofocando. Él me sostenía con fuerza y por un momento me sentí cómodo, pero de inmediato comencé a ponerme nervioso al no entender qué era lo que sucedía. Instintivamente me alejé de él y lo empujé con cuidado para safarme de sus brazos.
-Bien, bien…-dije nervioso.- No fue nada, no te preocupes… Yo tengo que correr a clase. Si necesitas algo me puedes enviar un mensaje.
Salí corriendo del baño y lo dejé solo. Corrí lo más lejos que pude y me oculté donde pude. Necesitaba respirar y tranquilizarme. ¿Acaso Itadori no tenía idea de lo que hacía? ¿Acaso él no tenía idea de mis preferencias sexuales? No pude evitar recordar sus brazos rodeándome y cómo mi cabeza había quedado justo recargada en su pecho. Recordé también que su corazón estaba latiendo rápidamente y de pronto me sentí sumamente confundido.
-¿Qué estás viendo?-dijo Tadashi detrás de mí.
Yo me encontraba en el escritorio y él en la cama.
-¿Estoy viendo bien o son videos de una camgirl?
-Estás viendo bien.-respondí.
-¿Por qué? ¿Acaso quieres convertirte en una?
-Por supuesto que no.-dije mirándolo.- Es solo que esta chica… la conozco. Ella… se cree perfecta, pero tiene este secreto. No es más que una mentirosa.
-¿Y eso tiene algo de malo? Por lo que veo es un simple trabajo…
Cerré la computadora y lo miré.
-¿Te parece solo un trabajo? Es decir, una persona decente no saldría con tan poca ropa en un lugar donde todo el mundo puede verte. ¿Solo por dinero? Creo que hay otras formas mejores de conseguir dinero.
-Bueno, señorita Serena.-dijo en tono burlón.- Yo creo que tú siempre has tenido el privilegio de tener dinero. Nunca has batallado por tener algo de comida o un lugar dónde dormir, ¿o sí? Si esa chica se dedica a eso seguramente es porque tiene una fuerte necesidad. No creo que eso la haga una mala persona.
-No sabía que eras el abogado de los indefensos. ¿Acaso tú sí has tenido que pasar por eso?-dije sarcásticamente.
-De hecho sí.-respondió colocando sus brazos detrás de su cabeza y recargándose en el respaldo de la cama.
Tadashi tenía el torso desnudo y la otra mitad de su cuerpo estaba debajo de las sábanas.
-Cuando tenía tu edad tuve que trabajar en muchos lugares al mismo tiempo y aún así no me alcanzaba para vivir. Logré conseguir una beca en una universidad poco importante y terminé mis estudios. Necesitaba un papel que me respaldara para finalmente conseguir el trabajo que tanto deseaba. Siempre fui gran admirador de los negocios de tu padre y no descansé hasta entrar a trabajar en su corporativo. Me costó mucho trabajo, pero lo logré y ahora estoy mejor de lo que nunca he estado en mi vida. Puedo vivir cómodamente y gastar el dinero en lo que yo quiera. Incluso logré comprar mi propio departamento.
-Ya veo.-respondí.- Es solo que esta chica… presiento que solo está con él por su dinero…
-¿De quiénes hablas?
-No me hagas caso.-dije subiéndome a la cama nuevamente.- Ya me encargaré de eso después.
Me coloqué encima de Tadashi y comenzamos a besarnos.
Midori y yo nos encontrábamos en el tren camino a Niigata. Sus padres y Taku se encontraban allá por unos meses ya que Taku necesitaba un descanso del tratamiento. Estarían pasando un par de meses en Tokio y un par de meses en Niigata hasta que Taku lograra recuperarse por completo. Como teníamos días libres en la universidad, Midori me había insistido en visitar a sus padres. Acepté porque tenía muchas ganas de conocer el lugar donde ella había nacido y además no podía negarme a nada que ella me pidiera. Solo quería verla feliz. Ella se encontraba dormida con su cabeza recargada en mi hombro y despertó justo cuando llegamos a la estación. Nos bajamos del tren y al salir de la estación, tomamos un autobús para llegar hasta Kariwa. Nunca me había imaginado que Niigata estuviera tan lejos y mucho menos que Kariwa fuera un lugar tan hermoso.
En cuanto nos bajamos del autobús me quedé asombrado. Era un lugar precioso, lleno de montañas, árboles y muchas otras imágenes espectaculares. El clima estaba algo fresco a pesar de ser verano, pero no podía apartar mi vista del paisaje. Midori tomó mi mano y me indicó que debíamos seguir caminando.
-¿Impresionado?-dijo ella sonriendo.
-La verdad es que sí.- acepté.- Nunca imaginé que Kariwa fuera un lugar tan lindo.
-Sí lo es.-respondió.- Es un lugar precioso, aunque… muy lejano y con pocas posibilidades. Yo adoro este lugar, pero también creo que si quiero ayudar a mi familia y si quiero ser alguien en la vida tengo que estar en Tokio.
-Yo sé que vas a lograr muchas cosas.-le dije.- Porque simplemente eres increíble y siempre lo haces. Además… ahora yo estoy contigo, así que podemos lograr muchas cosas juntos, ¿no?
Ella se detuvo por un momento y me miró sin decir nada para luego abalanzarse sobre mí y besarme en la boca apasionadamente.
-¿Me lo prometes?-dijo cuando separó sus labios de los mío.- ¿Prometes que vamos a lograr muchas cosas juntos?
Mis ojos se clavaron en los de ella durante un largo rato y asentí.
-Te lo prometo.
Nos volvimos a besar y luego seguimos caminando. Después de un buen rato, llegamos a la casa de los padres de Midori y Taku salió corriendo a recibirnos. Él abrazó a Midori y luego me abrazó a mí. Los padres de Midori nos recibieron con comida deliciosa y pronto todos estábamos comiendo. Observé todo a mi alrededor y no dejaba de sorprenderme ese estilo de vida. Yo nunca había tenido la oportunidad de crecer en un hogar y con una familia, por lo cual me parecía impresionante experimentar esto. La casa no era muy grande, y sin duda no había nada de lujos, pero al salir por la puerta lo primero que veías era una montaña enorme y preciosa delante de ti. Taku se veía muy bien y comía abundantemente. En el hospital solía comer muy poco y supuse que el tratamiento le inhibía el hambre. Aunque no era mi familia, me sentía como si fuera mi casa también.
Al terminar de comer, el padre de Midori dijo que iría a pizcar algo de verdura y se retiró de la mesa. Decidí que quizá lo mejor era ayudarle y salí tras él. Aceptó con gusto y me dio un par de guantes que se veían bastante usados para que no me lastimara las manos. Ambos caminamos por el campo durante bastante tiempo hasta que llegamos al sembradío. Me sorprendió ver todos los tipos de verdura que había ahí y él soltó una carcajada.
-Te ves muy asombrado.-dijo divertidamente.
-La verdad sí.-dije sonrojándome.- Nunca había estado en un lugar así.
-Te voy a enseñar cómo hacerlo.
El señor Yamamoto me enseñó exactamente cómo cortar las verduras para no arruinarlas y durante un largo rato estuvimos pizcando. Comencé a sudar y me di cuenta de que el señor se encontraba bastante bien, aunque igual lucía cansado.
-¿Usted hace esto todos los días?
-Cuando hay cosecha sí.-sonrió.- Una vez que las verduras están listas, debemos cortarlas para poder utilizarlas o venderlas. Algunas personas del pueblo nos compran a nosotros, incluso a veces viajamos a Niigata a vender un poco. Eso nos deja algo de dinero. También tenemos gallinas y unos cuantos cerdos que nos proveen de comida. Midori también nos ayuda mucho con el dinero. Sin falta nos envía una buena cantidad cada mes. No sé lo que haría sin ella, pero…
-¿Pero…?-dije curioso.
-Si te soy sincero, daría todo porque no tuviera que hacerlo. Quisiera que solo se concentrara en sus estudios y se divirtiera con sus amigos. Sin embargo, sé que trabaja mucho para ayudarnos y no conforme con eso saca las mejores notas. Quisiera que ella pudiera vivir su vida sin preocuparse por nosotros…
-Yo creo que eso no sería posible para ella.-respondí.- Para Midori ustedes son lo más importante, sobre todo Taku. Ella no los va a dejar solos nunca, y… y yo apoyaré a Midori en todo momento. Yo… yo haré todo lo que esté en mis manos para que ella disfrute más y no tenga que sobrecargarse de trabajo.
-¿Tú harías eso por ella?-dijo el señor Yamamoto.- Yo… la verdad es que… vivo preocupado de saber que mi niña está lejos. No sé si come bien, no sé si duerme bien o si la pasa bien trabajando tanto. Si tú realmente la ayudaras… me sentiría más tranquilo.
-Ni siquiera tiene que pedírmelo.-respondí.- Yo quiero profundamente a Midori y desde el momento en que la conocí supe que era una chica que valía mucho la pena. Sé lo trabajadora e inteligente que es, y sé que se merece todo lo mejor de este mundo… Desde que la conozco solo pienso en ayudarla para que todas sus preocupaciones desaparezcan. Creo que es lo mejor que puedo hacer por ella…
-No es porque sea mi hija, pero… Midori es realmente la chica más dulce que he conocido. Siempre piensa en los demás antes que en ella y saber que hay alguien que piensa primero en ella me hace sentir mucho mejor. Y también estoy seguro de que ella no se hubiera fijado en ti si no fueras un hombre valioso.
Sonreí y me sonrojé.
-¿Sabes? Cuando Midori vivía aquí siempre me ayudaba a pizcar. Era muy rápida cortando las verduras y hacía el doble de trabajo que yo. Ahora me doy cuenta de que lo hacía para que yo no me cansara tanto. También conseguía mucha comida por fuera gracias a los favores que le hacía a los vecinos del pueblo. Cuando se acercó el momento de terminar la preparatoria, realmente fue difícil convencerla de que fuera a la universidad. Ella lloró durante mucho tiempo porque no nos quería dejar solos, y cuando finalmente la convencimos juró que trabajaría lo suficiente para enviarnos dinero, a pesar de que yo no se lo pedí.
El padre de Midori de pronto guardó silencio y comenzó a derramar algunas lágrimas. Me sentí sumamente conmovido y me acerqué a él para tomar su mano.
-Señor Yamamoto.-dije.- Puedo darme cuenta de que usted ama a Midori y solo quiere lo mejor para ella. Quiero que sepa que no voy a dejarla sola nunca y como dije hace rato, haré todo lo que esté en mis manos para que ella esté bien en Tokio. ¿Me cree?
-Te creo.-dijo él mirándome.- Te creo porque puedo ver la sinceridad en tus ojos.
Después de la charla continuamos cortando verdura y una vez que terminamos, regresamos a la casa. El sol ya se estaba ocultando y cuando logramos ver la casa a lo lejos, alcancé a ver a Midori jugando con Taku a la pelota. Mi corazón comenzó a latir rápidamente y cuando nuestras miradas se encontraron, ella sonrió. Fue en ese momento que me di cuenta de que la sonrisa de Midori me había salvado de muchas maneras posibles y el solo imaginarme no poder ver esa sonrisa de nuevo me dolía.
Acomodamos las verduras en el almacén y luego me dispuse a jugar con Midori y Taku. Al anochecer, comimos algo ligero todos juntos y luego nos fuimos a dormir después de lavarnos. Midori y yo nos acostamos en la antigua habitación de Midori y me enseñó todo lo que tenía ahí. Luego nos acomodamos en la pequeña cama y ella me abrazó para dormir mejor. Rápidamente se quedó dormida y yo me quedé un rato más pensando. No podía dejar de pensar en la plática que había tenido con el señor Yamamoto y no dejaba de pensar en todo lo que Midori había vivido hasta ahora. Me sentía inquieto y no entendía muy bien por qué. Quizá era porque me causaba un poco de estrés el hecho de que ella tuviera que pasar por toda esta situación, y yo solo quería ayudarla pero tenía que averiguar cómo. ¿Cómo podía desaparecer todas sus preocupaciones? ¿Cómo podía verla sonreír todo el tiempo? Cerré mis ojos para intentar conciliar el sueño y solo podía pensar en una sola respuesta: el dinero. ¿Era esa la respuesta? ¿Podía utilizarlo para ayudar a los demás? Acaricié el cabello de Midori con cuidado de no despertarla y pronto me quedé dormido.
¡Hola! Quería darle un agradecimiento especial a Gabi, quien me dejó un comentario muy lindo en el episodio anterior. Lo hago porque se siente muy bien darme cuenta de que sí hay personas que están comprendiendo la historia de una manera objetiva, y se siente bonito también conocer personas que estén disfrutando la historia. También otro agradecimiento especial a Rubí que es la primera en comentar cada episodio. ¡Gracias a todos!
