Personajes de Naoko Takeuchi.


Habían pasado ya varios días desde aquella llamada telefónica y no había visto a Itadori en mucho rato. La verdad era que me sentía nervioso al respecto y había estado muy ocupado a propósito para no pensar en ello. Ni siquiera sabía lo que haría cuando lo viera, así que mejor decidí pensar en todo menos en él. Tampoco estaba seguro de que sus palabras hubieran sido ciertas, así que prácticamente las borré de mi mente.

Ese día era la carrera semestral de la facultad en la que todos teníamos que participar. Básicamente se trataba de una carrera de relevos que se dividía por equipos y los ganadores se podían ir de viaje a un lugar cercano que ellos eligieran, todo pagado por la universidad. Mi turno ya había tocado, pero a mi equipo no le había ido nada bien, así que ahora me tocaba seguir anotando las puntuaciones de los otros equipos. Me encontraba cerca de la pista escribiendo mis notas cuando escuché que alguien gritaba mi nombre y me advertían que tuviera cuidado. Cuando levanté la vista, me fijé que una chica corría rápidamente hacia mí y sin poder evitarlo chocamos fuertemente. Ambos caímos al suelo y nos golpeamos la cabeza. Traté de recobrar la orientación y luego la miré, pero ella se veía bastante peor que yo.

Yo me había lastimado las rodillas bastante y tenía algo de sangre en las piernas, mientras que ella tenía lastimada la cabeza. Cuando intenté moverme me di cuenta de que no podía y le pregunté a la chica si se sentía bien o si necesitaba ayuda, pero antes de que ella pudiera responder, vi a Itadori correr hacia mí con preocupación.

-¿Estás bien?-dijo él asustado mientras se agachaba a mi lado.- ¿Te hiciste daño? ¿Qué te duele?

Él me miraba directo a los ojos e inmediatamente me puse nervioso cuando me di cuenta de que nuestros rostros estaban demasiado cerca. Su mano estaba puesta cuidadosamente sobre una de mis rodillas y me sentí asustado.

-Estoy bien... -respondí nerviosamente y desvié la mirada.- ¿Puedes ayudarla a ella?

Itadori me ayudó a ponerme de pie y luego asintió con la cabeza. Ayudó a la chica a ponerse de pie y prácticamente la llevó cargando hasta la enfermería. Yo me sentía algo adolorido pero preferí quedarme donde estaba.

-Deberías venir tú también.-dijo mirándome nuevamente.

-En un momento.

Fue hasta que Itadori desapareció de mi vista que me di cuenta de lo nervioso que me sentía. No quería estar cerca de él y mucho menos a solas. Me esperé un buen rato hasta que supuse que ni él ni la chica estarían en la enfermería y me dirigí hacia allá. Para mi buena suerte, no había nadie y busqué algo para ponerme en las rodillas. Mientras buscaba entre las cosas de la enfermera, escuché que alguien abría la puerta. Cuando me giré, vi el rostro de Itadori asomándose por la puerta.

-Aquí estás.-dijo pasando a la habitación.

Se acercó con prisa hacia mí y prácticamente me obligó a sentarme. Tomó mi pierna sin permiso y comenzó a palpar mi rodilla. Me arrebató la pomada de las manos y se echó un poco en las manos para untarlo en mis rodillas.

-¿Te duele mucho? ¿Necesitas ayuda? ¿Tienes alguna otra competencia? Deberías descansar ahora…-dijo él sin mirarme.

Yo no podía dejar de observarlo y me molestaba de alguna forma su actitud, aunque no entendía por qué.

-No exageres, estoy bien.-respondí.

-¿Por qué me estás evitando?-dijo por fin mirándome.

Me sonrojé y desvié la mirada.

-¡No te estoy evitando!

Hubo un pequeño silencio.

-El otro día… cuando me llamaste, ¿te estabas declarando o algo así?-dije cruzándome de brazos.

-Sí…-respondió poniéndose rojo como un tomate.

-Entonces… ¿eres gay? Eso es algo que no me has dicho y yo no sé qué sucede…

-Yo… no… no lo sé…

-¿Y entonces? Yo no creo que…

-¡Andrew!-dijo alguien entrando por la puerta.

Midori acababa de entrar a la enfermería y se quedó sorprendida de encontrarnos ahí.

-Lo siento.-dijo ella nerviosa.- Me dijeron que te habías lastimado y vine a buscarte, pero creo que sobro aquí.

-Yo… ya me voy.-dijo Itadori poniéndose de pie.

Él salió de la enfermería y nos quedamos solos. Seguía sintiéndome molesto. Midori se me quedó viendo y comenzó a reír.

-Parece que se preocupa mucho por ti.-dijo riendo feliz.- ¿Acaso ustedes están…?

-¡No!-respondí.- No inventes cosas.

-¿Y por qué estás rojo como un tomate?

-¡No es así!-dije nervioso.

-Bueno, bueno… me lo contarás cuando estés listo.-sonrió.

-Yo… creo que… creo que le gusto…

-¿Y desde cuándo te pones tan nervioso por gustarle a alguien?-dijo Midori.

-¡Que no estoy nervioso!-respondí.- Es solo que… él… él es solo un amigo y no puedo verlo de otra forma.

-Andrew... -dijo Midori mirándome.- Bueno, tú sabes que Darien y yo… bueno… ya hablamos sobre esto. ¿No crees que deberías aprovechar esta oportunidad?

-Pero… ¡él ni siquiera es gay!

-¿Cómo estás tan seguro?

-No quiero meterlo en todo este problema de ser gay… que tenga que pasar por lo que yo pasé…


A pesar de que le había confesado a Andrew mis sentimientos, no entendía por qué seguía sintiéndome inquieto. Me sentía mal, como si algo doliera dentro de mí. Por alguna razón, él no creía en mis palabras y se sentía como si me estuviera alejando. ¿Acaso había hecho algo malo? ¿Estaba mal que hubiera confesado lo que sentía? Todo era muy confuso para mí.

-¡Itadori!-dijo alguien detrás de mí.

Cuando me giré, se trataba de la chica que había tenido el accidente con Andrew. Parecía que ella había estado corriendo detrás de mí por un rato.

-¿Hola?-dije confundido.

-Te estaba buscando.-dijo tratando de recuperar el aire.- Quiero ayudarte.

-¿Ayudarme?-dije confundido.

-Yo soy Sakura. Vamos a algunas clases juntos, y también conozco un poco a Andrew. Y yo quiero ayudarte a conquistarlo.

No supe qué responder y le di la espalda.

-¡No te vayas!-dijo ella.- Te prometo que te ayudaré a hacer muchas cosas para conquistar su corazón.

Me detuve por un momento en silencio y luego me giré para mirarla.

-¿Que… qué tengo que hacer?-dije nervioso.


Llegué tarde a mi departamento esa noche. La verdad era que tenía varios días llegando tarde porque lo último que quería era encontrarme con Serena. El solo hecho de saber que vivíamos en el mismo edificio me ponía los nervios de punta, y no era precisamente porque no quisiera verla pero tampoco sabía de qué debía hablar con ella. Tenía que admitir que no me sentía muy cómodo con la idea. A pesar de que no le tenía miedo, no estaba seguro de querer hablar con ella. Sin embargo, cuando salí del elevador lo primero que vi fue a Serena sentada en la puerta de mi departamento. Ella levantó la vista y sonrió. Yo me quedé un momento sin moverme y luego avancé lentamente hasta mi puerta.

-Por fin llegas.-dijo ella poniéndose de pie.

-¿Qué… qué haces aquí?-dije nervioso.

-Quiero hablar contigo.

-No creo que tengamos mucho de qué hablar.-respondí.

Serena se hizo a un lado y dejó que abriera mi puerta.

-Darien… por favor… quiero hablar contigo.

Entré a mi departamento y luego me giré para mirarla. Ella tenía sus ojos clavados en mí y prácticamente me estaba rogando con la mirada que la dejara hablar.

-Puedes pasar solo un momento, necesito dormir temprano hoy.-dije dejándola entrar.

Ella pasó al departamento y se puso a observar todo en silencio. Dejé mis cosas sobre el comedor y luego la miré mientras me cruzaba de brazos.

-Te escucho.-dije en voz baja.

Serena volvió a mirarme y sonrió.

-Creo que eres un chico muy diferente ahora.-dijo colocando su cabello detrás de la oreja.

-¿A qué te refieres?

-A que antes hubieras accedido a hablar conmigo sin problemas.

-Bueno, es cierto. Soy una persona diferente ahora. Ha pasado un tiempo y las personas no pueden seguir siendo las mismas, no puedes esperar eso.

-¿Me guardas rencor?-preguntó seriamente.

Lo pensé por un momento y luego respondí.

-No, Serena, yo no te guardo ningún rencor.

-Entonces… ¿por qué actúas como si estuvieras enojado conmigo?

-Me parece que esa es la impresión que tú tienes.-respondí.- No te guardo rencor, pero tampoco puedes esperar que te trate igual que antes. A fin de cuentas… tú y yo ya no somos nada. Cada quien tomó su propio camino y siguió con su vida, ¿no es así?

-Sí, pero… tú de verdad seguiste con tu vida. Es decir… ahora andas con esa chica… te olvidaste de mí aunque dijiste que me esperarías.

No pude evitar soltar una risita y la miré.

-Serena.-dije mirándola.- A pesar de todo el tiempo que ha pasado, aún no te has dado cuenta de lo que hiciste. Y no te estoy reprochando nada. Tú eres una mujer libre que tiene derecho a hacer lo que quiera, eso siempre te lo dije y lo sostengo ahora. Sin embargo, yo también me di cuenta después de todo lo que sufrí por ti que simplemente no podía seguir esperando algo que probablemente no iba a suceder. Es cierto que yo te amaba… fuiste mi primer amor y eso nadie lo va a cambiar, pero me heriste. Elegiste irte con Seiya y elegiste una vida a su lado. ¿Yo no podía hacer lo mismo? ¿No podía enamorarme otra vez?

-Sí, pero yo…

-Tenías todo el poder en tus manos para elegir una vida conmigo. Pudiste haberte quedado aquí conmigo. Pudiste haber venido a la universidad conmigo. Pudiste darme la oportunidad de hacerte feliz. Yo te había entregado todo, pero preferiste irte. Entiendo muy bien que sentías mucho dolor por lo de tu padre, pero… para ti fue más importante huir y elegir el camino que ya conocías que darme la oportunidad a mí. No soy ningún estúpido y no podías esperar que al regresar yo siguiera en la misma posición que hace dos años. Y quiero que sepas que durante mucho tiempo sufrí por ti, y cada noche me atormentaba pensar que estabas con él. Pero ya no. No desde que Midori llegó a mi vida.-dije sin siquiera dudar de una sola de mis palabras.

-Entonces, ¿Midori solo fue un conducto para olvidarte de mí? ¿Solo la usaste para sacarme de tu corazón?-dijo ella molesta.

-¡No!-respondí molesto.- No te equivoques. Cuando conocí a Midori ni siquiera esperaba que ella entrara a mi vida de la forma en que lo hizo. Y ahora puedo darme cuenta de que el conocerla y el enamorarme de ella fue solo porque mis sentimientos por ti ya habían muerto. Es obvio que si hubiera seguido enamorado de ti, ni siquiera me habría dado la oportunidad de conocerla. Pero todo fue muy diferente, estar con ella solo me hizo darme cuenta de que ya no sentía nada por ti, no al revés. Te pido que ni siquiera se te ocurra pensar que la usé para olvidarte, porque ya lo había hecho cuando ella apareció en mi vida.

Serena agachó la mirada y me acerqué a ella lentamente.

-Dime algo, Serena.-dije tranquilamente.- ¿Por qué regresaste? ¿Qué estás haciendo aquí?

Serena me dio la espalda y se cruzó de brazos.

-¿Para qué quieres que te lo diga? ¿Para burlarte de mí?

-Tú eres la que insistió en hablar conmigo.

-¡Porque quería verte! ¡Porque no he dejado de pensar en ti ni un solo momento!-gritó.

Ella se giró para mirarme y me di cuenta de que había lágrimas en sus ojos.

-Me di cuenta que fui una estúpida. Me di cuenta demasiado tarde y ahora… ahora solo quiero recuperarte.

-Tú misma lo has dicho. Ya es muy tarde.

-Yo no lo creo.-dijo acercándose a mí.- Esa chica… esa chica solo quiere aprovecharse de ti, Darien. Mira todo lo que has hecho por ella, ¿no te das cuenta? Incluso accediste a acercarte a tu padre por ella. Ahora vives en este departamento lujoso, utilizas su dinero, le pagas el hospital a ese niño… ¡tú dijiste que nunca harías algo así!

La alejé con cuidado de no lastimarla y apreté los puños.

-Creo que eso no es de tu incumbencia. Si he hecho todo esto ha sido por mí. Midori solo me ayudó a hacerlo más fácil, ella no es ninguna interesada como lo estás pensando. Ella ni siquiera tenía idea de que yo haría todo esto.

-Eso es lo que tú crees. ¿Sabías que es una camgirl? ¡Se desnuda en internet por dinero! ¿Qué tal si hace lo mismo fuera del internet?

Me le quedé mirando seriamente durante un largo rato.

-No puedo creer que tú de todas las personas esté diciendo eso en este momento. Tú, la chica a la que todos solían llamar "puta" en la preparatoria. La chica que se acostaba con todos sin razón alguna.

Serena se acercó a mí y me dio una bofetada.

-Quizá me merezco esta bofetada.-respondí mirándola.- Pero sabes que estoy diciendo la verdad. A mí nunca me importó lo que decían de ti en la escuela, aunque sabía que era verdad. Siempre creí que tus acciones no definían quién eras y no puedo creer que ahora tú seas quien juzgue a otra persona de esa forma. ¿Y sabes algo? Ya lo sabía. Siempre he sabido que Midori hacía eso por dinero, pero al menos ella tenía una razón fuerte. Midori solo quería ayudar a su familia porque no tienen dinero, ¿y tú? ¿Por qué lo hacías? Además… Midori nunca se ha acostado con nadie. Salir frente a una cámara con poca o mucha ropa no te hace mejor o peor persona.

Serena me miró mientras se limpiaba las lágrimas.

-¿Sabes, Darien? Nunca antes me había importado lo que la gente dijera de mí, no me importaba porque tú pensabas diferente. Tú veías a la verdadera Serena dentro de mí y ahora… ahora pareces pensar igual que los demás. Nunca me habían dolido esos comentarios hasta ahora, y es solo porque tú lo estás diciendo…

Se acercó a mí y rodeó mi cuello con sus brazos.

-Por favor, perdóname. Perdóname, Darien. Yo no puedo vivir sin ti.

Serena tomó mi rostro e intentó besarme, pero alcancé a separarla de mí y la alejé con todas mis fuerzas.

-No hagas esto, Serena.-dije molesto.- Yo… yo no te odio, no me hagas hacerlo. Yo quiero a Midori con todo mi corazón. Ella le ha dado otro sentido a mi vida y no pienso dejarla ir como lo hice contigo. Ella se merece todo mi respeto y toda mi admiración. Tú no sabes nada de ella ni de sus motivos para seguir adelante. Tú ya lo tienes todo a tus pies, no me necesitas a mí también.

Ella se limpió las lágrimas y me miró.

-Vete de aquí, por favor.

Serena caminó hacia la puerta y clavó sus ojos sobre mí antes de salir.

-Haré que cambies de opinión. Haré que te enamores de mí otra vez.

Ella salió del departamento y subió al elevador sin dejar de llorar. Por un lado me sentía sumamente liberado de haber hablado con ella, pero por otro lado me sentía muy mal de todo lo que había pasado. Serena no se encontraba bien y me daban miedo sus amenazas. No porque de verdad ella fuera capaz de hacer que la amara de nuevo, sino porque no quería que lastimara a Midori. Para mí lo más importante era que Midori estuviera bien. Tomé un vaso grande de agua y tomé agua. Me sentía nervioso y lo único que pensé fue en llamar a Midori. A pesar de que ya eran más de las once de la noche, ella me respondió con voz adormilada.

-¿Darien?-dijo del otro lado del teléfono.

-Te amo.-dije en voz baja.- ¿Lo sabías?

-Y yo te amo a ti.-respondió.- Pero… ¿estás bien?

-Estoy bien si estás conmigo.

-Oye… no te voy a dejar.-dijo ella tranquilamente.

Midori terminó la llamada y cuando intenté llamarle de nuevo, no respondía. Me eché sobre el sillón y me quedé viendo el techo durante un largo rato. Ni siquiera me di cuenta cuando Midori entró al departamento y se echó sobre mí en el sillón. Ella acarició mi rostro con suavidad y me dio un beso en los labios.

-Darien… estoy aquí.-dijo en mi oreja.

-¿De verdad?-pregunté confundido.- ¿No estoy soñando?

-¿Esto te parece un sueño?-dijo antes de besarme nuevamente.- Vamos a la cama, ¿quieres? Necesitas descansar.

Midori me obligó a levantarme y a subir al dormitorio. No soltó mi mano nunca. Me ayudó a ponerle algo cómodo para dormir y ella también tomó algo prestado para luego recostarse junto a mí. Acarició mi cabello y me sostuvo en sus brazos.

-Midori.-dije antes de quedarnos dormidos.- Me gusta mucho estar contigo. Perdón por hacerte venir tan tarde.

-Ni siquiera lo menciones.-dijo ella.- Yo vendría a verte así fueran las 3 de la mañana, ¿lo sabes? Porque te amo.

-¿Podrías no irte nunca de mi lado?

-No lo haré.-dijo ella dándome un beso en la frente.- Voy a estar aquí siempre que me necesites.

Me incorporé un momento para mirarla y encendí la lámpara de la mesita de noche para poder observar sus ojos verdes.

-Me refiero a que… ¿podrías no irte nunca?

-No te entiendo.-dijo confundida.- No te voy a dejar… a menos que tú quieras.-sonrió.

-Midori.-dije tomando su rostro entre mis manos.- Por favor, vive conmigo.

Ella abrió los ojos como platos y se quedó en silencio durante un largo rato.

-Pero… Darien… yo… tú… ¿estás seguro?

-Te estoy rogando que vivas conmigo. No me gusta separarme de ti por las noches. Quiero dormir a tu lado todos los días y ver tu rostro al despertar.

Ella sonrió.

-¿Y no te vas a cansar de mí?

-¿Tú te cansarías de mí?-respondí.

-¡Por supuesto que no!-dijo ella riendo.

La abracé con todas mis fuerzas y luego la besé como si fuera la primera vez que la besaba.

-Ven a vivir conmigo. Quiero poder hacer esto cada noche.

De pronto noté que Midori comenzaba a derramar algunas lágrimas y la ayudé a limpiarlas.

-Entonces yo… acepto... -respondió sonriendo mientras se limpiaba el rostro.

-¡Te amo!-grité.

-Yo a ti, Darien Chiba.

Midori y yo nos besamos y ella comenzó a desnudarse lentamente mientras mis labios saboreaban los de ella.


Al día siguiente era el segundo y el último día de la carrera, así que me preparé para mi turno de correr. No había podido descansar bien porque no dejaba de pensar en el día anterior, pero solo deseaba distraerme de todo aquello, por lo cual estaba dispuesto a darlo todo en la carrera. Todos estábamos acomodados para comenzar la carrera, así que decidí estirarme un poco antes de empezar. Sin embargo, hubo algo que llamó mi atención. Entre el público alcancé a ver a Itadori con un letrero que decía: ¡TÚ PUEDES, ANDREW! Él me miraba directamente y no pude evitar sonrojarme. Mis otros compañeros se dieron cuenta y comenzaron a reírse, por lo que me giré hacia el otro lado y esperé a que la carrera comenzara. Cuando por fin todo terminó, me quedé tomando aire durante un momento cuando noté por el rabillo del ojo que Itadori se me acercaba e inmediatamente me puse nervioso.

-Yo… te traje agua y bebidas hidratantes…-dijo entregándome una bolsa llena de cosas.

Todos a nuestro alrededor se nos quedaron viendo y me puse rojo.

-¿Quieres algo de comer?-dijo de pronto.

Él tomó mi mano y me jaló para que lo siguiera. Una vez que estuvimos en un espacio donde no había nadie más, me detuve abruptamente y lo encaré.

-¿Qué crees que estás haciendo?-dije molesto.- ¿Qué pretendes?

-Conquistarte.-dijo él.

Me le quedé mirando sorprendido.

-¿Qué?-dije molesto.- ¡Conquistarme! Escúchame, Itadori. Seguramente ahora mismo estás confundido porque no tienes demasiados amigos y piensas que te gusto, además pasamos mucho tiempo juntos y todo eso, pero… solo somos amigos. A ti no te gustan los chicos. Vas a conocer más gente y luego te darás cuenta de que no te gustan los hombres, ¿entiendes?

-¿Así que a ti sí te pueden gustar los chicos y a mí no?-respondió.

-¡Yo soy gay y tú no!

-Entonces yo también soy gay.-dijo él.

-¡No estoy jugando!

-Yo tampoco.

-Pero…

-Acaso… ¿te caigo mal? ¿te disgusto?-me preguntó.

Respiré por un momento y traté de tranquilizarme.

-No es eso… no es que me disgustes, es solo que… es probable que solo estés confundido conmigo… y es probable que te des cuenta pronto…

Él acercó su rostro al mío y me puse nervioso.

-¿Te disgusto?-volvió a preguntar.

Desvié la mirada y respiré nuevamente.

-No… ¡no me disgustas!

-Muy bien.-dijo sonriendo.- Toma esto.

Me entregó la bolsa con cosas que me había comprado.

-Debo irme.

-¡Oye!-dije en voz alta.

Itadori desapareció de mi vista y me sentí aturdido.

-¿Acaso no entendió nada?-dije para mí mismo.

Descanse un rato a solas y tomé las bebidas que Itadori me compró. Después de ir al baño y sentirme mejor, regresé a la pista de carreras. Era por fin el último evento y para finalizar, teníamos que correr todos juntos y de todos los grados para despedirnos del evento. Me escabullí entre la multitud y cuando menos me di cuenta, me fijé que Itadori estaba a unos cuantos pasos de mí. Nuestras miradas se cruzaron y me sonrojé sin darme cuenta. Cuando dieron la señal de salida, todos comenzaron a correr rápidamente. Yo me fui quedando atrás y de pronto noté la mirada de Itadori sobre mí. Él se regresó unos metros para alcanzarme y me tomó de la mano.

-Yo te ayudo.-dijo jalándome para que corriera al mismo ritmo que él.

Comenzamos a correr rápidamente y pronto alcanzamos a todos los demás. Itadori y yo íbamos tomados de la mano y no podía dejar de pensar en la sensación que eso provocaba en mí. Todo mi cuerpo se sentía como si hubiera tomado un montón de energía de su cuerpo al mío y ahora ninguno de los dos podíamos dejar de correr.

-¿Crees que podamos llegar en primer lugar?-dije emocionado de dejar a todos atrás.

-Podemos intentarlo.-respondió él sin detenerse.

Llegamos a la meta y me di cuenta de que en efecto habíamos llegado en primer lugar. Todos a nuestro alrededor nos felicitaron y cuando miré a Itadori no pude evitar lanzarme sobre él para abrazarlo de la emoción que sentía. De pronto me di cuenta de lo que había hecho y me separé de él inmediatamente, pero él me detuvo antes de que pudiera alejarme y me abrazó de nuevo con mucha más fuerza. Nadie nos miraba, todos estaban gritando y felicitándose los unos a los otros. Itadori me sostenía fuertemente y acercó su boca a mi oreja para hablarme al oído.

-Quiero que me mires solo a mí…-dijo en voz baja.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo y no fui capaz de responder nada.