Personajes de Naoko Takeuchi.
Seiya y yo llevamos a Serena hasta su departamento ya que se había desmayado. Ni él ni yo dijimos ninguna palabra mientras la ayudábamos pero podía sentir una gran tensión en el ambiente. Seiya parecía haber cambiado mucho, o al menos eso fue lo que me pareció a mí. Una vez que la dejamos en su cama, nos quedamos en silencio un largo rato hasta que él habló.
-Te ves diferente.-dijo mirándome.- Has cambiado.
-Pensaba lo mismo de ti.
-Bueno… supongo que así funciona el tiempo, ¿no? Aunque… hay cosas que parecen no haber cambiado.-dijo refiriéndose a Serena.
-¿Tú no sabías que Serena estaba aquí?
-Me lo imaginaba, pero no me atrevía a buscarla. Ella se fue sin despedirse, supuse que no quería saber nada de mí.
-¿Tuvieron problemas?
-No.-dijo agachando la mirada.- La verdad es que yo creí que todo estaba bien… Las cosas iban bastante bien. Ella estaba yendo a la universidad y tomando terapia, yo me sentía bien y ella siempre sonreía. Nunca imaginé que de pronto se le metería esta idea a la cabeza. Yo de verdad creí que estábamos bien, creí que ella me quería… Pero parece que no pudo olvidarte.
-Yo no creo que Serena me quiera tampoco… Ella… solo está encaprichada. Si me hubiera querido para empezar nunca se hubiera ido, ¿no crees?
-¿Y tú?-preguntó Seiya.- ¿La sigues queriendo?
Me quedé en silencio y lo miré.
-No.-admití.- Es decir… le tengo aprecio ya que fue mi primer amor, pero aprendí a vivir sin ella y eventualmente esos sentimientos desaparecieron. Además, yo estoy enamorado de alguien más.
-¿De verdad?-dijo sorprendido.
-Sí.-sonreí.- De una chica maravillosa. De hecho yo… hace poco le pedí que se casara conmigo.
-¿Cómo? ¿Es en serio?
-Sí…
-¿Y por qué no luces muy contento?
-No es eso.-dije riendo.- Es solo que ella salió corriendo cuando se lo propuse. La verdad es que ni siquiera lo tenía planeado, solo se me salió mientras charlábamos y desde ese día me ha estado evitando. Pero creo que solo está nerviosa, porque yo sé que me ama. Le estoy dando su espacio.
-Ya veo.-dijo Seiya.- ¿Y de verdad deseas casarte?
-Sí.-dije seriamente.- Nunca había estado tan seguro de nada en mi vida.
-Vaya.-dijo él.- Suenas muy convencido.
Hubo un silencio prologando.
-¿Sabes? yo de verdad creí que podría ser feliz con Serena. Sé que cuando estábamos en el instituto fui una persona muy difícil, incluso fui un imbécil, pero… si algo era verdad era mi cariño por Serena. Me tardé mucho tiempo en aceptarlo pero cuando lo hice me juré a mí mismo que no la dejaría sola y que estaría a su lado siempre. Deseaba hacerla feliz y tener una vida con ella. Todo este tiempo en Estados Unidos realmente me sentí muy bien a su lado, pero desde que desapareció me he sentido perdido y triste. Como si tuviera un hoyo en el estómago, un vacío que nunca desaparece.
-Lo siento mucho.-dije agachando la mirada.
-No es tu culpa.-sonrió.- No creo que sea culpa de nadie…
-En eso quizá tengas razón.-respondí.
-Yo no soy experto en el amor, mucho menos en relaciones, pero es imposible no darme cuenta de lo feliz que estás ahora y lo mucho que quieres a esa chica… estoy seguro de que aceptará casarse contigo.
-¿Tú crees?
-¡Por Dios!-dijo Seiya.- Serena cruzó el mundo entero para venir a buscarte. Todas las chicas mueren por ti, así que no debes preocuparte.
Sonreí y me dirigí hacia la puerta.
-¿Puedes cuidar de Serena? Yo… la verdad es que me preocupa su estado, pero no soy la persona que debe ni puede ayudarla.
-Así lo haré.-respondió.
Me despedí de él y salí por la puerta. Respiré profundamente y de pronto me sentí más tranquilo de saber que Seiya estaba aquí. Ahora tenía que buscar a Midori.
Aún me sentía muy confundido por lo que había soñado. Me desperté abruptamente y traté de tranquilizarme. La única forma en que lo logré fue dándome un baño. Todavía faltaba un tiempo para mis clases de ese día, así que lo tomé con calma y me di cuenta de que tenía mucha hambre, así que lo mejor sería salir a buscar algo de comer. Mientras me terminaba de arreglar, escuché que alguien tocaba la puerta de mi dormitorio.
Cuando abrí la puerta me quedé helado. Itadori se encontraba frente a mí y me miraba fijamente. De pronto mi corazón comenzó a latir con rapidez y me sonrojé de solo recordar el sueño que había tenido. Ni siquiera me atrevía a mirarlo a los ojos de la vergüenza.
-Mi padre está mejor ahora, así que me dijo que regresara.-dijo rompiendo el silencio.
-Ya veo.-dije aun avergonzado.
-Toma. Te compré algo de desayunar.-dijo entregándome una caja.
-Gra...gracias.- respondí.
-Bueno, yo me voy ahora…-dijo dándome la espalda.
Fue una fracción de segundo en la que muchísimas pensamientos pasaron por mi cabeza y de pronto no me di cuenta cuando lo detuve.
-¡Oye! ¿A dónde vas?-dije interrumpiendo su camino.
-Yo… voy a los jardines a dibujar un poco.
-Voy contigo.-dije nervioso.- De todos modos pensaba hacer justo lo mismo.
Él me miró extrañado y comenzamos a caminar. Ni siquiera tenía idea de por qué me apetecía estar más tiempo con él.
Acababa de regresar de la tienda de conveniencia con algo de comida y entré al departamento un poco cansado. Ya habían pasado tres días desde que Midori se había ido y no me había atrevido a molestarla en la escuela. La extrañaba demasiado que apenas podía soportarlo. Sin embargo, cuando entré al departamento la vi de pie frente a la puerta esperándome. Las cosas que llevaba en la mano se cayeron por todo el suelo y me sonrojé. Midori corrió hacia mí y me abrazó por el cuello sin dejar de mirarme.
-Perdóname.-dijo con lágrimas en los ojos.- No quise hacer esa tontería, pero no supe cómo reaccionar. Estaba demasiado sorprendida de que me pidieras eso y creí que estabas bromeando y luego vi que estabas siendo demasiado serio al respecto y no supe qué hacer… y entonces miles de preguntas se atravesaron por mi cabeza y salí corriendo, pero la verdad es que por dentro estaba muy feliz de que me hubieras pedido eso, y entonces yo…
Tomé el rostro de Midori entre mis manos y la besé sin siquiera pensarlo. Ella no dejaba de hablar y yo me sentía tan feliz de verla que solo deseaba besarla. Cuando nos separamos, ella comenzó a llorar de nuevo.
-Lo siento.-dijo sonriendo.- Me he estado volviendo loca todos estos días y tú… ¿solo me besas? ¿Ni siquiera estás enojado conmigo?
-¿Por qué estaría enojado contigo?-sonreí mientras la abrazaba por la cintura.
-Porque prácticamente salí corriendo después de que…
-¿Después de que te propusiera matrimonio?
Ella se sonrojó y agachó la mirada.
-No podría enojarme contigo ni en mil años.-dije obligándola a mirarme.- Además… fue solo una reacción de sorpresa. Yo sé que me amas, Midori Yamamoto.
-De verdad lo siento.-dijo de nuevo.- No sé por qué reaccioné así, pero estaba realmente sorprendida y… me sentí muy feliz.
-¿De verdad?
-Sí…-dijo sonrojada.
-Entonces… ¿te vas a casar conmigo?-pregunté de nuevo.
-¿No crees que somos muy jóvenes para casarnos?-dijo sonriendo.
-Sí, creo que somos muy jóvenes pero no me importa.
-¿No crees que es muy pronto? No tenemos tanto tiempo de ser novios.
-Sí, es muy pronto, pero no me importa.
-¿No crees que estoy loca?
-No, no lo creo. Más bien pienso que eres la chica más increíble del mundo. Y de hecho…-dije metiendo la mano a mi bolsillo.
Saqué una cajita pequeña y me puse de rodillas.
-Si de algo me sirvió que desaparecieras estos días fue para buscar el anillo perfecto y preguntártelo como debe de ser.
Midori comenzó a llorar y tomé su mano.
-¿Te gustaría casarte conmigo, Midori? Eres el amor de mi vida y no quiero separarme de ti nunca.
-Por supuesto que quiero casarme contigo, tonto.-dijo agachándose también.
Midori me abrazó fuerte y luego me besó.
-No podría pasar un día sin ti. Preferiría morirme.
-No lo hagas.
-No mientras estés conmigo.
Nuestros labios se unieron una vez más y podía sentir todo el amor y toda la pasión que ella sentía por mí. La apreté fuertemente contra mi cuerpo y no quise soltarla nunca. Ella comenzó a desabrocharme la camisa y supe que esa noche sería larga.
La mayoría de los chicos de la facultad habíamos ido a la excursión anual que organizaba la escuela. Nos íbamos de viaje express a un lugar cerca de Tokio y nos relajábamos con diferentes actividades. Sabía que Itadori también estaba en el viaje junto con sus compañeros de clase y de solo saber que estaba cerca, ya me sentía nervioso. La primera noche salí de mi habitación y comencé a caminar por los jardines de las cabañas en donde estábamos hospedados. Entre la oscuridad, me di cuenta de que había alguien sentado sobre el pasto mirando las estrellas. Conforme me fui acercando me di cuenta de que era él y era demasiado tarde para huir.
-¿Qué haces tan tarde aquí?-dije sentándome junto a él.
-No puedo dormir.-confesó.
-¿Tomaste fotos hoy?-pregunté al ver que tenía su cámara en las manos.
-Sí… algunas.
-¿Las puedo ver?
Él me prestó su cámara y comencé a ver todas las fotos que estaban guardados.
-¡Me gusta mucho esta!-dije emocionado.- ¿Dónde viste todos estos paisajes? ¿Puedes llevarme?
-Están cerca.-dijo acercándose a mí instintivamente.
Me sentí un poco acalorado y traté de moverme, pero no podía.
-Y… ¿por qué solo tomas fotos de paisajes?
-No lo sé… quizá no he intentado tomar fotos de otras cosas.
-¿A qué te gustaría tomarle fotos?-pregunté mirándolo.
Nuestros rostros estaban demasiado cerca.
-A ti.-respondió.
-¿Qué…?-dije nervioso.- ¿Por qué querrías tomarme una foto a mí?
Itadori acercó su rostro al mío mucho más y pude sentir su respiración.
-¿No… te gusto al menos un poco ahora?
Apenas podía respirar correctamente y me alejé de él como pude.
-¡No! ¿Cómo podrías gustarme?
Me puse de pie.
-Yo… debo irme, tenemos que levantarnos temprano.
Salí corriendo de ahí y lo dejé solo. ¿Por qué ese chico me ponía tan nervioso?
Al día siguiente, después de terminar todas las actividades decidí ir a pintar un poco. Estaba tratando de no encontrarme con él, pero fue imposible. Itadori me buscó y me tomó de la mano para llevarme al lugar que me había prometido en la noche. Estaba sorprendido de que tuviera las agallas de tomarme de la mano sin siquiera ponerse a pensar en la gente de nuestro alrededor. Él me dejó pintar en silencio mientras tomaba fotografías, y después de un rato se quedó dormido justo a mi lado. Su presencia me distraía demasiado, así que no tuve más remedio que observarlo un poco. Estudié cada centímetro de su rostro y sorpresivamente me sentí muy calmado mientras lo hacía. Acaricié su frente con suavidad y cuando menos pensé, había acercado mi rostro al de él sin darme cuenta. Me detuve antes de siquiera pensar en besarlo y me sonrojé.
Pensé en Darien y en lo mucho que solía gustarme. Me di cuenta que desde que era tan feliz con Midori ni siquiera pensaba en él. Para mí, Darien había sido el único chico en la Tierra y yo lo admiraba demasiado. Fingí durante mucho tiempo que estaba bien con la idea de solo ser amigos, y ahora por fin era cierto. Darien era mi mejor amigo y quería verlo feliz. Ya no quedaban rastros de esos sentimientos. Sin embargo, me di cuenta de que Itadori siempre se preocupaba por mí. Siempre me perseguía y me insistía. Sin tener que decirle nada, él siempre lograba descifrar mis sentimientos. Me defendía y no le daba vergüenza ir a mi lado. Me di cuenta en ese momento que yo también deseaba pasar tiempo con él y de que quizá sí había alguien en este mundo hecho solo para mí.
