Personajes de Naoko Takeuchi.


Cuando abrí los ojos, me di cuenta de que olía delicioso. Tardé un rato en recordar cómo había llegado a mi cama y los recuerdos vinieron a mí poco a poco. Me levanté de la cama y pude ver a Seiya desde la parte de arriba. Él se encontraba cocinando en silencio, parecía estar muy concentrado. Tragué saliva y bajé las escaleras con cuidado. Hasta ese momento comencé a sentirme muy nerviosa por lo que estaba a punto de enfrentar, pero no tenía escapatoria.

-Buenos días.-dijo él sin siquiera mirarme.

Se encontraba picando algunas verduras y pasó un buen rato hasta que su mirada se encontró con la mía. Me sirvió una taza de café, un plato de arroz y un omelette. Él se sirvió exactamente lo mismo y comenzó a comer sin decir nada. Yo me le quedé mirando un largo rato hasta que nuestros ojos se encontraron.

-Por favor, come antes de que se enfríe.

Lo obedecí y en cuanto puse el primer bocado en mi boca tuve ganas de llorar. La comida era deliciosa y terminé todo lo que había frente a mí, pero las ganas de llorar no desaparecían. Él retiró los platos y los limpió con cuidado.

-Seiya.-dije rompiendo el silencio.- Lo siento.

Él dejó de secar los platos y me volteó a ver con seriedad. Dejó lo que tenía en las manos sobre la barra de mármol y se me quedó mirando fijamente.

-¿Exactamente por qué?-dijo seriamente.- ¿Por haberte ido sin decir nada? ¿Por venir a buscar a Darien? O ya sé… ¿por acostarte con el hombre que se encarga de los negocios de tu padre?

-¿Qué?-dije sorprendida.- ¿Cómo sabes lo de Tadashi?

-¿No lo niegas?-dijo sonriendo.- Él vino a buscarte anoche y no fue difícil darme cuenta, ¿sabes? No soy un estúpido.

Sentí que las lágrimas comenzaban a salir por mis ojos y no pude seguirlo conteniendo.

-Perdóname.-volví a decir.- Yo… realmente no sé qué me sucede… no pensé en nada de lo que hice y…

-Es obvio que no lo pensaste. No pensaste en nadie más que en ti misma, Serena. ¿Qué te faltaba? Traté de darte todo lo que estaba en mis manos. Lo único que quería era que fueras feliz, sin importar qué. Conseguí el departamento más bonito que pude, traté de llevarte a los mejores lugares, quería que fueras feliz en la universidad, quería que conocieras lugares increíbles, quería hacerte feliz, era todo… Pero creo que fue mi culpa, a fin de cuentas. Aceptaste ir conmigo aunque no me amabas, y yo lo acepté. En ese momento no me importaba que no sintieras lo mismo por mí, solía creer que en algún momento te ibas a enamorar de mí como yo de ti. Pero ni siquiera me diste la oportunidad… no me diste la oportunidad de conocerme mejor, de pasar el tiempo suficiente conmigo, no me diste la oportunidad de hacerte feliz. Quería hacerte la vida más fácil porque solía creer que merecías una segunda oportunidad. Sin embargo, tú regresaste aquí. Viniste a perseguir a una persona que ya no siente nada por ti. Viniste a perturbar la paz de un hombre que ya ama a otra persona. Darien ama a su novia y planea pasar el resto de su vida con ella, lo que sea que haya sentido por ti, ya quedó en el pasado. ¿Por qué no te das por vencida? Hace años tú tomaste la decisión de irte conmigo, y pensé que al tomar esa decisión te harías responsable. Lo único que tenías que hacer era dejarte llevar y aceptar la felicidad que yo te ofrecía. Pero no dejas de tener miedo… y no dejas tus caprichos a un lado. ¿Alguna vez te has puesto a pensar si de verdad amas a Darien? Desde mi punto de vista, yo creo que solo estás buscando llenar un vacío. ¿Cómo explicas el hecho de que viniste a buscar a Darien con la intención de recuperarlo pero terminaste acostándote con otro hombre? Y aclaro que realmente no te estoy reclamando que te hayas acostado con otro, es tu decisión… pero no entiendo por qué si deseas recuperar a alguien terminarías haciendo algo como eso. Intenté ayudarte mucho… realmente me duele el hecho de que todo el amor que tenía por ti no te importó para nada. Dejaste de ir a terapia, dejaste de ir a la escuela, dejaste de ir a casa… Apenas hoy me doy cuenta de que yo no soy la persona que podrá llenar tus vacíos, ni yo, ni nadie… eso es algo que tú tienes que trabajar. Nadie te hará feliz, Serena. Ni Darien, ni yo, ni ese hombre… Solo tú podrás hacerlo cuando logres tratar lo que sea que te está haciendo daño.

Seiya se puso de pie y me di cuenta de que tenía sus cosas ya listas en la puerta.

-¿A dónde vas?-dije poniéndome de pie.

-Tengo algunos asuntos que resolver, tengo que ir a visitar a mis hermanos y a mis padres… y luego voy a regresar a Estados Unidos a terminar la universidad.

-¿Me vas a dejar aquí?-dije con mucho miedo.

-Ya no puedo esperarte.-dijo él mientras las lágrimas se le resbalaban por las mejillas.- Estoy cansado de esperarte. Es muy doloroso saber que quizá nunca me vas a amar como yo a ti. Tengo que dejarte ir y tengo que dejar de esperarte. Regresaré a California y conoceré a alguna chica que sí quiera darse una oportunidad conmigo.

-Seiya... -dije acercándome a él.

-Adiós, Serena.-dijo antes de que pudiera acercarme.- Deseo de todo corazón que logres curar todas tus heridas.

Eso fue lo último que dijo antes de salir por la puerta. En cuanto me quedé sola sentí un vacío muy grande dentro de mí. Un vacío que no había sentido nunca antes. Las palabras de Seiya rondaban por mi cabeza una y otra vez y sentía que mi corazón se hacía añicos en cada recuerdo. ¿A cuánta gente más debía lastimar? ¿Por qué no podía detenerme? Regresé a mi cama y no pude parar de llorar en días. Esta vez Seiya se había ido para siempre.


-¡Darien!-dije cuando lo vi en los jardines de la facultad.- ¿Por qué querías verme tan insistentemente?

-Andrew.-dijo Darien sonriendo de oreja a oreja.- Voy a casarme.

-¿Cómo?-dije sorprendido.- ¿Con...Midori?

-¡Por supuesto! La verdad es que me siento muy feliz y…

-¿No es muy pronto?

-¿Lo crees?-dijo él sin dudar.- Yo solo creo que Midori es la mujer con la que quiero estar toda mi vida.

-La amas, ¿no?-dije mirándolo.

-Más que a mi vida.

Nuestros ojos se encontraron y por un instante pude darme cuenta de lo feliz que estaba Darien. Podía ver todo el amor que me transmitía su mirada y era la primera vez desde que lo conocía que tenía esa mirada. Darien por fin era feliz y era todo lo que importaba. Lo conocía desde que éramos unos niños pequeños y nunca lo había visto tener esa mirada tan auténtica. Él ya no estaba solo y nunca más lo estaría. Más allá de sentirme triste, yo también me sentí muy feliz por él. Sabía que nadie más que Midori podía ocupar ese lugar y de pronto me solté llorando.

-¿Qué sucede?-dijo Darien asustado.- ¿Estás bien?

-Sí…-dije limpiándome las lágrimas.- Solo estoy feliz por ti. Muy feliz.

Darien me dio un fuerte abrazo y cuando nos separamos supe que era el momento de confesarle la verdad.

-Darien… hay algo que debo decirte.

-¿Qué pasa? Eres mi mejor amigo y puedes decirme lo que sea…

-Darien yo… durante mucho tiempo… durante mucho tiempo estuve enamorado de ti.

Él me miró en silencio, pero no lucía sorprendido. Sonrió y tocó mi hombro con suavidad.

-Nos conocemos desde que éramos niños, y fuiste mi primer amigo. Aunque eventualmente tomamos caminos separados y no pasábamos todo el tiempo juntos, siempre supe que eras la única persona en la que podía confiar y con la que podía ser yo mismo. Si alguna vez te preguntaste por qué me alejé de ti un poco, fue porque me di cuenta de que te quería demasiado y no quería ponerte en una posición incómoda. Pero lo único que deseaba todo el tiempo era estar a tu lado. Por supuesto, siempre supe que tú no me veías igual y que nunca sería así. Siempre supe que a ti no te gustaban los chicos, pero no me importó. Más allá de lo que sentía por ti, siempre has sido mi mejor amigo y nuestra amistad era mucho más fuerte que lo que sentía por ti. Lamento no haber sido valiente para confesarte que soy gay… tenía mucho miedo de que ya no quisieras juntarte conmigo o que te sintieras incómodo a mi alrededor. Fui un cobarde y un estúpido… ha sido muy difícil para mí el mantenerme callado a tu lado. Pero ahora… si ahora te estoy contando todo esto es porque por fin me di cuenta de que ya no estoy enamorado de ti… Sigues siendo la persona más importante en mi vida y mi mejor amigo, pero ahora me siento libre de poder decir que no estoy enamorado. Desde hace un tiempo hay un chico que ronda por mi cabeza, y creo que él fue el culpable de que me diera cuenta de que mis sentimientos por ti solo era algo platónico. Creo que siempre admiré todo de ti y por eso te idealizaba demasiado, pero él de verdad está interesado en mí… y ahora yo… estoy confundido y tengo miedo… tengo miedo de que todo sea un juego para él, pero al mismo tiempo me emociona poder tener un primer amor… Y no me lo tomes a mal, yo estoy muy feliz de que te vayas a casar con Midori. Ella es mi mejor amiga y creo que es la mejor elección. Creo que ustedes dos son el uno para el otro y eso me hace sentir muy feliz. Darien… te quiero mucho, eres mi mejor amigo y…

-Estúpido Andrew.-dijo Darien abrazándome de pronto.

Sus brazos rodearon mi cuerpo y me apretaron como si nunca antes nos hubiéramos abrazado. Después de un largo rato, él me soltó y me miró a los ojos.

-No tienes por qué pedirme disculpas, Andrew, soy yo quien debería pedirte disculpas a ti. Debí haberte ayudado desde el principio a sobrellevar esto, no me imagino lo difícil que ha sido para ti pasar por eso solo… soy un idiota, un mal amigo. Desde ahora no me ocultes nada, por favor… y quiero saber todo de ese chico…

-Darien…-dije sorprendido.- ¿No estás molesto?

-¡No seas tonto!-dijo abrazándome de nuevo.- Soy muy feliz de que ahora podamos ser amigos sin ninguna barrera. Quiero verte tan feliz como lo soy yo, y quiero que confíes en mí…

Me solté llorando y él me ayudó a calmarme. Le conté todo lo que había sucedido con Itadori hasta ahora y él me escuchó atentamente.

-Yo creo que ese chico está sufriendo por ti.-dijo Darien seriamente.- Deberías darle una oportunidad, y deberías darte una oportunidad a ti mismo… Yo creo que él realmente está interesado en ti, no lo dejes ir por una confusión. Tú también mereces a alguien que esté detrás de ti todo el tiempo. Mereces ser feliz, ¿por qué te niegas? Incluso si las cosas no salen como lo esperabas, incluso si al final duele… creo que vale la pena intentarlo.

-Tienes razón…-dije abrazándolo y poniéndome de pie.- Quiero verlo ahora.

-Ve a buscarlo.-sonrió.

-Darien… eres increíble.

Me alejé de Darien y comencé a correr tan rápido como pude para buscar a Itadori. Lo cierto era que cuando yo le decía que él estaba confundido, solo estaba poniendo excusas, porque él ya me gustaba desde el principio…

Cuando por fin lo encontré, él estaba solo y estaba decidido a decirle toda la verdad. Sin embargo, una chica de su misma clase se acercó a él y lo abrazó por la espalda. Itadori sonrió y ambos se quedaron charlando. Por un momento me les quedé mirando y sentí un dolor de estómago fuerte al verlos juntos. Él sonreía al mirarla y ambos estaban sonrojados. ¿Lo que sentía eran celos? No quise averiguarlo y me fui de ahí. Quizá todo eran ideas que me había hecho y realmente Itadori no estaba interesado en mí. Quizá había descubierto que sí le seguían gustando las chicas…

Esa noche dormí fatal. Tuve múltiples sueños en los que Itadori me terminaba confesando que prefería a las chicas y no pude soportarlo. Cuando abrí los ojos me veía y me sentía fatal. Sabía que no podría encontrarme con él porque no podría soportarlo. Me alisté para ir a clases, pero todo el día estuve en otro planeta. Cada vez que me encontraba a Itadori por los pasillos salía huyendo. No soportaba mirarlo a la cara y no me sentía capaz de estar cerca de él. Así habían pasado varios días hasta que un día no pude huir de él y no tuve más remedio que mirarlo a la cara.

-Vayamos a cenar esta noche.-dijo sin siquiera saludarme.- Por favor… hay algo que quiero decirte.

-¿Por qué no me lo dices ahora?-dije pretendiendo estar molesto.

-Te lo diré en la tarde…

-Bien…-acepté.- Te veo a la hora de cenar.

Por la noche nos encontramos afuera de la estación de autobuses. Él se encontraba de pie esperándome y cuando me miró también sonrió. Yo me sentía nervioso y no esperaba que tomara mi mano para ir caminando. Caminamos en silencio, tomados de la mano durante un buen rato hasta que él habló.

-Yo… quería preguntarte algo importante…

-Basta.-dije soltando su mano y deteniéndome abruptamente.- Es suficiente.

-¿A qué te refieres?-dijo él confundido.

-No me gustas. Esa es mi respuesta.

-No te creo.-dijo él mirándome fijamente.

Agaché la mirada, tomé aire y volví a mirarlo.

-De hecho, yo… te odio.-dije conteniendo las lágrimas.-Ya no soporto esta situación y quiero que me dejes en paz. De ahora en adelante quiero que dejes de seguirme a todas partes.

Itadori me lanzó una mirada devastadora. Pude notar perfectamente que estaba destrozado y que se había quedado sin palabras. Sin decir nada, me dio la espalda y se fue caminando. Nunca me había sentido tan mierda en mi vida. Yo lo había lastimado y sabía que ya no había vuelta atrás. Sin poder moverme me solté llorando y estuve un buen rato esperando que él regresara y esperando que no hubiera creído mis palabras. No pude dejar de llorar y me sentí como un completo imbécil. No era más que un cobarde incapaz de confesar sus sentimientos. Después de eso, los días simplemente se volvieron insoportables, no era yo mismo.


Me encontraba con Darien en la cafetería de la facultad cuando vi entrar al chico de primer año que estaba enamorado de Andrew. Él parecía estar buscando a alguien y cuando nuestras miradas se encontraron supe que era a mí a quien buscaba. Él se acercó con timidez y nos saludó con la mano.

-Tú eres el amigo de Andrew... -dijo mirando a Darien.

-Itadori, ¿cierto?-dije yo.- Toma asiento.

Él se sentó frente a nosotros y parecía no atreverse a mirarnos.

-¿Sucedió algo con Andrew?-pregunté.

Itadori nos contó brevemente lo que había sucedido y Darien y yo nos miramos. Parecía realmente consternado y triste por todo lo que había estado pasando. Andrew tampoco respondía a mis llamadas, por lo que supuse que era esto lo que lo estaba afectando.

-Andrew me dijo un par de veces que él no deseaba arrastrarte a su mundo, porque sabía lo difícil que era y no quería verte pasar por lo mismo. Creo que Andrew solo está en negación.-dije mirándolo.

-Dime algo.-intervino Darien.- ¿A ti realmente te gusta Andrew?

Itadori asintió.

-A veces… confesarle tus sentimientos a alguien no es suficiente… a veces tienes que hacer algo más para que la otra persona crea de verdad lo que sientes.-dijo Darien.- El amor a veces puede ser agotador, ¿vas a rendirte?

-Solo si es verdad que no le gusto…

-¿Por qué te gusta tanto?-preguntó Darien.

-Bueno… él… hizo que me gustara la escuela, hizo que no me sintiera tan solo e hizo que me atreviera a salir de mi cascarón. Cuando llegué aquí no le hablaba a nadie y no me interesaba hacer nada, ahora tengo amigos y tengo ganas de hacer muchas cosas solo porque él me ayudó a ver lo lindo que es todo… Y él… realmente es inteligente, guapo y…

-Entiendo.-dijo Darien sonriendo.- Entonces… no te rindas.

-Yo solo quiero verlo feliz…

-Bueno, ya escuchaste a mi novio.-dije.- Andrew puede ser un poco obstinado, pero solo está confundido. No te rindas.

-Tienen razón.-dijo poniéndose de pie.- ¡No pienso dejarlo solo nunca más!

Se fue sin despedirse y Darien y yo nos volteamos a ver. Ambos sonreímos y luego nos besamos.

-Realmente espero que Andrew deje de tenerle miedo al amor, Itadori parece un buen chico.-dijo él.

-Lo sé… creo que ha vivido demasiado tiempo intentando parecer cool, pero ya es hora de que muestre su lado débil.


Los días pasaron lentamente y las vacaciones se acercaban. Cada vez que me encontraba a Itadori por los pasillos, él me ignoraba y se seguía de largo. Aunque era algo que yo mismo había provocado, me dolía mucho darme cuenta de lo fácil que me había olvidado. Si nuestras miradas se encontraban, él miraba hacia otro lado. Si nos encontrábamos en el pasillo, ni siquiera me miraba. Los días eran cada vez más insoportables y me urgía que llegaran las vacaciones para irme a casa. A pesar de que yo odiaba ir a casa, en estos momentos solo deseaba estar ahí para no tener que enfrentarme al fantasma de Itadori. Cuando las vacaciones llegaron por fin, tomé el primer tren a casa. No me despedí de nadie y tampoco le dije a nadie que me iría. Cada quien tenía sus propios planes y yo solo deseaba estar solo en mi habitación.

Cuando llegué a casa, tanto mi padre como mi madre se sorprendieron de verme ahí. Les dije que estaría descansando en mi habitación y no me dijeron nada, pero pude ver que estaba emocionados de que yo estuviera ahí. En cuanto entré a mi habitación, me eché sobre la cama. Al poco rato, mi madre entró y me cubrió con una manta para después darme un beso en la frente.

-Mamá…-dije deteniéndola.- Cometí un error.

Ella acarició mi cabello y me dio un beso en la frente.

-Todos cometemos errores, hijo, pero… yo siempre te he enseñado que debes disculparte y enmendarlos, ¿no es así? Todo tiene solución…

Ella se puso de pie y camino hacia la puerta.

-Mi Andrew no huye de los problemas, ¿no es así?

Después de eso me quedé profundamente dormido. Al día siguiente me desperté tan tarde que no había nadie en casa. Mi madre me había dejado algo para comer en la cocina y después de desayunar decidí salir a disfrutar de la nieve que estaba cayendo. Sin darme cuenta, Yokohama se había llenado de nieve y hacía bastante frío. Me dediqué a caminar y caminar sin rumbo fijo hasta encontrar un parque que estaba vacío. Me senté en la primera banca que encontré y me puse a pensar en él.

No había duda en que me había portado como un egoísta creyendo que estaba en lo correcto, cuando la realidad era que solo le estaba haciendo daño. ¿Cómo se suponía que me acercaría a él otra vez? ¿Debía pedirle disculpas como había dicho mi madre? Me di cuenta de que a lo lejos había un chico jugando con una niña pequeña. Estaba bastante lejos, por lo que no lograba distinguirlo bien. Sin embargo, había algo en él que me recordaba a Itadori. Quizá era su altura o la forma en que su cabello estaba acomodado. La pelota con la que estaban jugando salió volando hasta donde yo me encontraba y la niña salió corriendo detrás de ella. Sostuve la pelota antes de que volara más lejos y cuando ella se acercó, me di cuenta de que era muy linda.

-¡Gracias!-gritó cuando estuvo frente a mí.

-¡Yurika!-dijo el chico detrás de ella.

Me quedé helado al descubrir que se trataba de Itadori.

-¿A...Andrew?-dijo él igual de sorprendido.

-Itadori…

-Tío, ¿conoces a este chico?-dijo la niña tomando de la mano a Itadori.

-Hola, pequeña…-dije agachándome para mirarla.- ¿Cómo te llamas?

-Yurika.-sonrió.- ¿Quieres jugar conmigo?

Ella me jaló del brazo y prácticamente me obligó a jugar con ella. Itadori se la pasó detrás de nosotros y jugaba también de vez en cuando. Me sentía sumamente nervioso por tenerlo tan cerca, teníamos demasiados días sin vernos ni hablarnos y ahora simplemente no sabía qué decir. La verdad era que por un momento me olvidé de todo. Al jugar con la pequeña Yurika todos mis problemas se había esfumado y solo existíamos nosotros tres en aquel parque.

-¿Podemos hacer un mono de nieve?-dijo la niña.

Ya había suficiente nieve como para hacer uno, así que entre los tres comenzamos a darle forma al mono. Durante un buen rato solo se escuchaba la risa de Yurika y de vez en cuando nuestras miradas se encontraban, lo que hacía que me sintiera nervioso.

-Y… ¿qué haces en Yokohama?-dije rompiendo el silencio.

-Mi padre y yo vinimos a visitar a unos familiares…-respondió.- Toma.

Él sacó un par de guantes de su bolsillo y los puso en mis manos cuidadosamente.

-No hace falta… no tengo frío…

-Tienes las manos heladas…

Después de un rato, Itadori y Yurika decidieron acompañarme a casa, pero cuando nos encontrábamos cerca decidí dejarlos.

-Ya estoy muy cerca… ustedes pueden seguir su camino…

-¿Puedes jugar conmigo otro día?-dijo Yurika mirándome.

-¡Claro!-sonreí.- Otro día podemos jugar.

Me despedí de ellos y seguí mi camino, pero me sentía vacío y triste por separarme. Cuando llegué a casa me di cuenta de que todavía llevaba puestos sus guantes y mi corazón dio un vuelco. Durante todo el día no dejé de pensar en él y seguía dándole vueltas al mismo asunto. No dejé de dar vueltas en mi habitación y de vez en cuando tomaba sus guantes para olerlos, ya que olían exactamente como él. No pude resistirlo más. Cuando el sol se ocultó tomé mi teléfono celular y llamé a Itadori. En cuanto escuché su voz del otro lado de la línea comencé a hablar.

-Yo… me quedé con tus guantes y me pareció que es muy importante dártelos… además, creo que Yokohama de noche es muy bonito y quería saber si…

-Sí quiero verte.-dijo él interrumpiéndome.- Ahora mismo.

-¿Ahora mismo?

-Estoy justo afuera de tu casa.

-¿Qué?

Itadori colgó el teléfono y me puse nervioso. Tomé una chaqueta y salí rápidamente a encontrarlo. En cuanto puse un pie fuera de casa lo vi frente a mí a unos cuantos metros y me quedé helado.

-Yo… no podía esperar para verte de nuevo.-dijo él mirándome.

Corrí hasta donde se encontraba él y lo tomé por el cuello de su chaqueta sin dejar de mirarlo.

-¿Saliste solo a darme los guantes?-preguntó Itadori.

-Yo… Lo siento… lo siento por haber dicho todas esas estupideces y por haberte lastimado…

-No pasa nada…

-¡Escúchame!-dije mirando hacia el suelo.- Soy un egoísta, solo pensé en mí mismo. Incluso dije que te consiguieras una novia, pensé que si lo hacías me olvidaría de ti, y la verdad es que te lo iba a confesar un día pero luego te vi cerca de esa chica de tu misma clase y pensé que quizá estabas mejor sin mí, pensé que te veías mejor a su lado. Soy un cobarde y todo este tiempo pensé que me ibas a dejar por una chica, y no quería pasar por lo mismo una y otra vez. He pasado días terribles sin dejar de pensar tonterías, vine a casa porque pensé que aquí me olvidaría del tema y así podría superarte, pero… después de encontrarme contigo hoy me di cuenta de que simplemente no puedo hacerlo. No puedo olvidarte, y tampoco quiero que desaparezcas de mi vida...

De pronto Itadori me rodeó con sus brazos y me acercó a su cuerpo. Me abrazó fuertemente y me habló al oído.

-¿Vas a decírmelo de una vez?-dijo en voz baja.- Quiero que me digas que también te gusto.

Me separé de él un momento y lo miré avergonzado.

-No, yo…

-Por favor, dímelo…-dijo abrazándome de nuevo.

Nuestros ojos se quedaron fijos los unos en los otros y por un momento me perdí en su mirada.

-Yo… yo… te quiero, Itadori…-logré decir después de un rato.- ¿Te gustaría ser mi novio?

Pude ver el momento exacto en que él sonrió aliviado. Era como si todo este tiempo solo hubiera querido escuchar mi respuesta y no mis disculpas. Siempre estuvo esperando mi respuesta y nada más. Tomé su rostro entre mis manos y sin pensarlo dos veces posé mis labios sobre los de él y me dejé llevar.

-Creo que estoy soñando.-dijo Itadori cuando me separé de él.- Necesito comprobar que no es un sueño.

Volvió a tomarme entre sus brazos y nos besamos de nuevo por un largo rato.


Me encontraba sentada en las escaleras externas del edificio cuando lo vi llegar. Esperaba que llegara solo, pues normalmente los miércoles regresaba solo a casa. Darien lucía tan bien como siempre. Venía hablando por teléfono y parecía muy contento. Por un lado me dolió verlo tan feliz y por otro supe que así era como tenía que ser. Cuando nuestras miradas se encontraron, él cambió su expresión y terminó la llamada.

-Darien…-dije nerviosa.- Tengo que hablar contigo. No te quitaré mucho tiempo… yo solo quería decirte que me voy. Me voy y quiero disculparme contigo. Cometí muchos errores y no estoy orgullosa de ellos...actué de una manera muy estúpida. Quiero disculparme por todo el daño que te he hecho a lo largo de los años. No me porté bien cuando estábamos en el instituto, tampoco me porté bien ahora. Ni tú, ni Seiya, ni nadie tienen la culpa de todo lo que llevo dentro. No he sido capaz de hablar de mis sentimientos y de todo lo que me he guardado durante años y años. Me desquité con ustedes y no supe cómo manejar mis sentimientos. Ahora he perdido a ambos y lo único que deseo en este momento es que tanto tú como él sean felices…

Sin darme cuenta comencé a llorar desconsoladamente.

-Quiero… agradecerte por haber estado conmigo en momentos difíciles. Nunca voya olvidar que fuiste tú quien me aceptó tal y como era, y a quien nunca le importó si los rumores eran ciertos o no. Tú creíste en mí, aunque te fallé, creíste en que yo podía lograrlo. Sé que quizá ya es muy tarde, pero esta vez quiero hacerlo de verdad. Esta vez quiero curarme y sentirme bien de verdad. Es hora de dejar de huir de mis problemas… y para eso necesito que me perdones… Seiya se fue sin poder pedirle disculpas, pero quisiera que al menos tú pudieras hacerlo… es la última vez que voy a molestarte y…

Darien se acercó a mí y me dio un abrazo fuerte.

-Te perdono.-dijo en voz baja.- Te perdono si eso te hace sentir mejor, pero no hay nada que perdonar. No puedo culparte por todo lo que hay dentro de tu corazón, y yo sé que hay muchas cosas dentro de ti que necesitan sanar. Si me prometes que esta vez vas a sanar todas tus heridas y que vas a buscar la felicidad, te perdono todo lo que quieras.

-Te lo prometo.-dije llorando.- Haré lo mejor posible…

Cuando nos separamos me limpié las lágrimas.

-Estoy seguro de que Seiya te ama, pero… a veces uno se cansa de esperar. Por ahora debes enfocarte en ti y en tu crecimiento personal. Estoy seguro de que Seiya también te ha perdonado.

-Gracias, Darien… Yo… deseo que seas muy feliz.

Me despedí de él y subí a mi departamento. Me sentía sumamente liberada y como si me hubieran quitado un peso de encima. Ahora solo tenía que hablar con Tadashi para arreglar todo lo que necesitaba y poder irme en paz. No entendía por qué no podía dejar de llorar, como si hubiera estado conteniendo el llanto durante muchos años.