Personajes de Naoko Takeuchi.
Después de que Serena se fue, nuestras vidas regresaron a la normalidad. Su departamento quedó vacío y no supimos más de ella. Me sentí un poco triste durante algún tiempo, ya que Serena había sido una parte importante de mi vida y también deseaba que fuera feliz algún día. Midori estuvo conmigo durante todo ese tiempo y Taku regresó de Niigata para continuar con el tratamiento, así que nos enfocamos en eso y en la universidad. Andrew estaba muy feliz con su nueva relación al lado de Itadori y me sentía muy contento de verlo disfrutando tanto de su vida y de su amor. Todo parecía estarse acomodando.
Lo único en lo que podía pensar era en convertir a Midori en mi esposa. Sabía que aún faltaba un año entero para que termináramos la universidad, pero yo no podía esperar más. Hablé con mi padre y le dije lo que quería hacer. Él sonrió y me estrechó la mano. Dijo que me apoyaría en todo lo que necesitara. El cumpleaños de Midori estaba próximo, así que planeé una cena sorpresa en el restaurante más lindo y elegante de todo Tokio. Me aseguré de que todos estuvieran ahí. Los padres de Midori, Andrew, Itadori, Taku, mi padre… Me sentía sumamente nervioso, pero no podía esperar más.
Ese día, Midori y yo pasamos el día entero haciendo el amor. Ella había insistido en que no quería salir de la cama y le hice caso. Sin embargo, por la noche le rogué que fuéramos a cenar. Ella obedeció a regañadientes y se metió a bañar. Nos arreglamos lo mejor que pudimos y salimos hacia el restaurante. Aunque trataba de aparentar lo mejor posible, por dentro estaba muriendo de nervios. Midori parecía contenta y eso me tranquilizó un poco.
Cuando llegamos al restaurante, el mesero nos dirigió a nuestra mesa. Midori se sorprendió al ver a todos allí y me sonrió para después saludar a los demás. Cenamos tranquilamente y una vez que todos terminaron de comer y se encontraban bebiendo una copa de vino, decidí que era el momento de hacerlo. Me puse de pie con todos los nervios dentro de mí y alcé la copa.
-Disculpen…-dije nervioso.- Yo… quería agradecerles a todos por estar aquí celebrando el cumpleaños de Midori.
Ella sonrió.
-Yo… es decir… ustedes saben lo importante y especial que es Midori para mí. Desde que ella llegó a mi vida, todo cambió por completo. Hoy me siento una persona diferente, pero sigo siendo yo mismo también. Todavía recuerdo la primera vez que la vi… No podía creer lo hermosa que era y sus ojos me hipnotizaron desde el primer momento. Ella era tan deshinibida, tan extrovertida y linda. Era imposible no quererla o sentirse atraído por ella. Todos terminaban rendidos ante su carisma, y yo no fui la excepción. La verdad es que fue ella quien me conquistó a mí. Y yo no pude resistirme a su encanto…
Le pedí a Midori que se pusiera de pie y ella estaba algo confundida.
-Midori… tú sabes que te amo con todo mi corazón, ¿cierto?
Ella asintió mientras contenía las lágrimas.
-Y yo te amo a ti.-dijo ella.
-Entonces… ¿me dejarías ser tu esposo? ¿Me dejarías casarme contigo?-dije sacando torpemente de mi bolsillo la caja donde estaba el anillo.
Abrí la caja torpemente y le mostré el anillo. Ella abrió los ojos como platos y noté que todos estaban sorprendidos y llorando.
-Por favor, acepta este anillo y cásate conmigo.-volví a decir mirándola.
-Eres un tonto.-dijo ella sonriendo.
Me dio una brazo fuerte y luego me besó en la boca.
-Por supuesto que quiero que seas mi esposo, y que seas mío para siempre.
Ni Midori ni yo podíamos dejar de llorar. Le coloqué el anillo con torpeza y luego todos se pusieron de pie a felicitarnos. Mi padre me dio un abrazo y dijo que estaba orgulloso de mí. Luego Andrew me abrazó y no podía dejar de llorar. Taku también estaba muy feliz. Me sentía eufórico y lleno de vida. Mis ojos se encontraron con los de Midori y supe en ese momento que nunca más estaría solo.
Cuando la cena terminó, Midori y yo decidimos regresar caminando y le pedimos a Andrew que llevara el auto a nuestro departamento. Comenzamos a caminar en mitad de la noche, tomados de la mano y disfrutando del clima fresco. Pude notar que Midori estaba llorando un poco y apreté su mano.
-¿Estás bien?-pregunté preocupado.
-Sí.-sonrió.- Es solo que no puedo creer que llegamos hasta aquí. Yo… no sé si alguna vez te lo dije, pero desde la primera vez que te vi rondando los pasillos de la facultad me gustaste perdidamente. Durante nuestro primer año de universidad escuchaba de ti por otros en la escuela y sentía que debía conocerte, pero no sabía cómo acercarme a ti. Estuve un año entero siguiéndote con la mirada y conociendo un poco de ti desde la distancia. Aunque no sabía nada de ti, algo me decía que estabas destinado a cruzarte en mi camino. Cuando iniciamos nuestro segundo año, supe que tenía que acercarme a ti a como fuera lugar. No podía seguir pasando más tiempo sin oír tu voz o sin saludarte. Y bueno… el resto de la historia ya la conoces.
Midori se detuvo un momento y me miró.
-Al final… Resultaste ser incluso mucho mejor de lo que yo esperaba. Es como si… es como si realmente estuvieras hecho para mí y como si me hubieras estado esperando toda la vida. Tenía mucho miedo de no llegar a gustarte y mucho miedo de que fueras alguien completamente diferente a lo que yo me imaginaba, pero no quería dejarte ir sin intentarlo…
Tomé a Midori de la cintura y la atraje hacia mí.
-Y yo estoy muy feliz de que hayas decidido interponerte en mi camino, porque definitivamente eres todo lo que yo deseaba en esta vida. Y te vuelvo a decir, desde el primer momento en que te vi me gustó cada centímetro de ti. Y es por eso que quiero casarme contigo, porque no quiero dejarte ir nunca.
-¿Y no te importa que aún nos falte un año para terminar la universidad?
-No me importa. Estoy seguro de lo que siento y de lo que quiero hacer, mientras sea contigo. Terminemos juntos la universidad y seamos felices.
-Te amo.-dijo antes de besarme.
Durante todas las vacaciones de verano nos dedicamos a planear nuestra boda. Queríamos algo sencillo pero muy lindo. Andrew e Itadori nos ayudaron muchísimo a organizar todo. Midori y yo nos casamos el 20 de agosto por la tarde. Faltaba exactamente un mes para entrar a clases y nuestra boda fue todo un éxito. Estaba nuestra familia y nuestros amigos. Fue la primera vez que vi a mi padre llorar y la primera vez que nos abrazamos. Después de la boda nos fuimos de viaje a Corea y regresamos justo a tiempo para el inicio de nuestro último año de universidad. Nunca me había sentido tan feliz como en ese momento.
En nuestro último año, nuestras clases no coincideron para nada. Teníamos horarios diferentes y apenas lográbamos vernos en la facultad, pero eso no importaba porque siempre terminábamos juntos en el departamento, cenando, viendo películas o haciendo el amor. Queríamos terminar la universidad lo mejor posible.
En cuanto a Taku, el médico lo había dado de alta después de un año de tratamiento y gracias a un trasplante de células madre que una donadora compatible le había dejado. El médico nos había advertido que quizá la enfermedad no desaparecía para siempre, pero que su vida se alargaría lo suficiente si se cuidaba muy bien. Además, tenía que venir a revisiones constantemente. Aunque el doctor no quiso decirnos quién había sido la donadora, yo supe de inmediato que se trataba de Serena, pues lo único que sabíamos es que había sido una chica joven, rubia y bella. Me había enterado gracias a una de las enfermeras. La verdad era que no sabíamos si Taku podría vivir 5, 10, 20 o 50 años más, pero nos sentíamos contentos de haberlo sacado del sufrimiento por un rato. Taku nos prometió que daría todo de sí mismo para cuidarse y convertirse en un chico fuerte.
Lo que más me hacía feliz era que todos mis seres queridos poco a poco estaban encontrando su camino y todos nos dirigíamos hacia donde deseábamos.
