Personajes de Naoko Takeuchi.


¡Hola a todos!

Este es el episodio final de esta bella historia. Sé que a mucha gente no le gustó el cambio en la historia, pero a otros les gustó y me siguieron acompañando en esta aventura. Y a todas esas personas les quiero agradecer por haberse quedado. Estoy emocionada por terminar esta bella historia que trata sobre Darien y sobre el amor. Ya estoy planeando la siguiente historia y eso también me emociona. Lamento si no fue del agrado de todos o si algo les molestó, pero estoy contenta de haber escrito lo que salió de mi corazón. Mucha gente no comprende que cuando escribimos algo es primero para nosotros mismos y luego para los demás, ya que si dejamos de ser fieles a nosotros mismos, la historia no se va a sentir real ni hecha con el corazón, y yo siempre optaré por escribir algo desde mi corazón.

¡Gracias a todos por leerme!


Itadori y yo nos bajamos del tren a eso de las 6 de la tarde. Ya había pasado casi un año desde que nos habíamos convertido en novios y aún así me sentía sumamente nervioso de conocer a su padre. No sabía qué esperar y no podía creer que para Itadori todo esto fuera tan fácil. Caminamos durante un largo rato tomados de la mano, pero a pesar de que la gente nos miraba, a Itadori parecía no importarle, lo cual me hizo sentir seguro.

-¿Estás bien?-dijo él mirándome.

-Sí… solo estoy algo nervioso.-respondí.

-No debes preocuparte. Yo estoy contigo.

Le di un beso en la mejilla y seguimos caminando hasta llegar a su casa. Era muy diferente a como me la había imaginado. Sin duda era más pequeña que la mía, pero parecía acogedora. Tenía un jardín muy grande en la entrada y muchas flores. Caminé lentamente por el camino que daba hasta la puerta principal y entré detrás de Itadori.

-¡Itadori!-dijo su padre.

Ellos se dieron un abrazo y luego me miraron. Ambos eran muy parecidos físicamente y eso me sorprendió.

-Y tú debes ser Andrew.- dijo acercándose a mí.- Eres muy guapo.

-Yo… gracias…-dije nervioso mientras sonreía.

-Itadori no hace más que hablar de ti.

-¡Papá!

-Bueno, es la verdad. Él te adora.

-Lo sé…-dije mirándolo con timidez.

-Llegaron justo a tiempo, acabo de terminar de preparar la cena.

Pasamos al comedor después de dejar las maletas y luego nos sentamos en la mesa. Todo se veía delicioso y olía aún más. El señor Yuji nos sirvió nuestros platos y luego nos sirvió algo de vino.

-Itadori me dijo que eres de Yokohama, como lo era su madre.-dijo mirándome.

-Así es.-respondí.- Ahí está mi familia.

-Preparé platillos típicos de esa zona para que te sintieras como en casa. De verdad estoy muy contento de que estés aquí. Escuché que ya te graduarás pronto.

-Sí.-dije sonrojado.- En un mes exactamente. Estoy listo para la vida laboral.

-Es difícil, pero si realmente te gusta lo que haces, lo vas a disfrutar. Sobre todo la parte del dinero.-dijo guiñando un ojo.

-Eso espero.-respondí.- La verdad es que mi padre siempre ha estado en contra de mis estudios, y de mí… aunque creo que poco a poco lo va aceptando.

-Los padres a veces somos idiotas.-dijo él.- No sabemos comprender a nuestros hijos, porque los amamos demasiado y siempre queremos lo mejor para ellos. Pero debemos aprender a dejarlos ser como ellos quieran ser para que puedan ser felices.

-Tiene razón… quizá yo tampoco he sabido comprender a mi padre.

-Y ya no estás solo.-dijo Itadori tomando mi mano.- Nosotros te apoyamos.

Seguimos platicando durante un largo rato y cuando ya era muy noche, ayudamos al padre de Itadori a limpiar todo. Se despidió de nosotros y se fue a dormir, mientras que nosotros nos fuimos a la habitación de Itadori. Me parecía muy extraño estar ahí. Era algo pequeña, pero no tanto como los dormitorios de la universidad. Todo estaba muy ordenado y me di cuenta que su habitación era muy similar a su personalidad. La cama, por lo menos, era bastante grande para los dos.

Itadori se acercó hacia mí y me abrazó por detrás mientras intentaba ponerme el pijama. Comenzó a besarme el cuello y sentí que todo dentro de mí explotaría en cualquier momento.

-Oye, tranquilo…-dije en voz baja.- Estamos en casa de tu padre.

-Lo sé… solo te estoy besando.

Me giré para mirarlo y luego nos besamos en la boca durante un largo rato hasta que terminamos en la cama. Yo no llevaba más que mi ropa interior y una playera, mientras que él no llevaba camisa. Me coloqué con cuidado encima de él mientras nos seguimos besando.

-Quisiera poder hacer esto todo el día, todos los días.-dijo Itadori susurrando en mi oído.- De verdad me gustas mucho.

-¿De verdad?-dije sonriendo.- ¿Incluso aunque ya casi tengamos un año de novios?

Él tomó mi rostro entre sus manos y me miró a los ojos.

-Ahora me gustas más.-sonrió.

-Itadori…-dije nerviosamente.- Yo… quería hablar contigo de algo importante…

-¿Qué sucede?-dijo rodeando mi cintura con sus manos.

-Como sabes, yo… me graduaré muy pronto y comenzaré a trabajar en esta empresa y…

-No vas a terminar conmigo, ¿o sí?-dijo preocupado.- Yo sé que aún me falta un año para graduarme pero yo…

-Calla.-dije tapando su boca con una de mis manos.- Eso no es lo que iba a decir.

Le di un beso en la mejilla y seguí hablando.

-Lo que trato de decir es que… yo entraré a trabajar muy pronto, y tú aún tienes un año de universidad por delante. Darien me prestará su departamento para vivir ahí… ya que queda muy cerca de mi nueva empresa. Darien y Midori se mudarán a una casa nueva, así que él me lo ofreció…

-Entonces estarás cerca de la univeridad.-dijo sonriendo.

-Así es… está también muy cerca de ahí… es por eso que… yo… yo quería preguntarte si… si tú… si tú vendrías a vivir conmigo…

-¿Qué?-dijo sorprendido.

-Que si tú… vendrías a vivir conmigo…

Itadori me abrazó fuertemente y llenó mi rostro de besos.

-¿Estás seguro de eso?-dijo mirándome.

-Estoy seguro.-respondí.- Yo… voy a extrañar mucho no poder verte todos los días en la facultad, y no quiero separarme de ti, ni ahora ni en mucho tiempo. Quiero poder dormir contigo, despertar y ver tu rostro por las mañanas… ¿Me dejarías hacerlo? ¿Me dejarías estar contigo todos los días?

Itadori me abrazó fuertemente y me di cuenta de que había comenzado a llorar.

-Por supuesto que quiero vivir contigo.-dijo limpiándose las lágrimas.- Y yo también quiero estar contigo todos los días de mi vida. Nada me haría más feliz.

-Te amo.-dije mirándolo.

-Y yo te amo más.

Nos besamos en silencio con cuidado de que su padre no nos escuchara y luego nos fuimos a dormir. No podía dejar de pensar en lo feliz que me sentía y lo diferente que era mi vida ahora. Ya no tenía miedo de ser yo ni de estar con Itadori. Solo quería vivir mi vida y disfrutarla. Quería besar a Itadori antes de dormir y hacer el amor por las mañanas. Quería conocer el mundo a su lado y hacer todas las cosas que hacen los enamorados. Abracé a Itadori y pronto me quedé dormido.


Tres años después

El tiempo pasó lentamente mientras estuve internada. Cuando llegué a esa clínica en Estados Unidos nunca pensé que duraría tanto tiempo ahí adentro, pero una vez que me di cuenta de que de verdad estaba mejorando, decidí quedarme más tiempo. Las terapias cada vez eran más fáciles y cada vez era capaz de abrir más mi corazón. Lloré como nunca había llorado en mi vida, hice ejercicio, tomé clases de diferentes cosas e hice nuevos amigos.

Los tres años que duré ahí dentro fueron quizá los años más difíciles de mi vida, pero sin duda los más hermosos. Aprendí a amarme a mí misma y descubrí qué era lo que deseaba hacer en la vida. Escribí como nunca y me desahogué como siempre quise hacerlo. Sané cada una de mis heridas y aprendí a perdonar. Me perdoné a mí misma y perdoné a las personas que alguna vez me hirieron profundamente.

Cuando puse un pie fuera de esa clínica me sentía como un ser humano totalmente diferente al que había llegado años atrás. Sabía que debía regresar a Japón de inmediato y sabía exactamente qué era lo que debía hacer. Me despedí de todos y tomé el primer vuelo hacia Tokio. Me sentía sumamente nerviosa por regresar, pero había tantas cosas que arreglar y qué retomar. Esos años en la clínica me habían hecho darme cuenta que debía prepararme para tomar el control de todo lo que me pertenecía. Ya tenía 25 años y por fin había encontrado cuál sería mi camino.

En cuanto me bajé del avión busqué a Tadashi. Nos dimos un abrazo amigable y le conté cuáles eran mis planes. Le dije que deseaba estudiar en la universidad Economía y Administración en línea y en mi tiempo libre deseaba que me enseñara todo lo que necesitaba saber sobre los negocios de mi padre. Tadashi aceptó con gusto y pronto me ayudó a encontrar la mejor escuela en línea de Japón. También me ayudó a encontrar un lindo departamento y acordamos algunos días en los que yo trabajaría como su aprendiz.

Los meses pasaban con rapidez y a pesar de que siempre estaba ocupada, me la estaba pasando bien. Todos los días aprendía algo nuevo e interesante, además tenía suficiente tiempo para escribir. Sabía que todavía había una cosa que necesitaba hacer, pero me estaba tomando mi tiempo porque no sabía cómo debía hacerlo. Sin embargo, decidí que era inútil aplazarlo más.

Era sábado por la noche cuando decidí que era el momento. Me puse un vestido bonito, me arreglé el cabello y tomé el auto. Sabía que esa noche era muy importante para él y solo deseaba poder verlo una vez más. No importaba si era la última, solo necesitaba verlo. Llegué al lugar donde era el evento y caminé hasta la entrada después de estacionar el auto. Todos me miraban mientras caminaba por todo el lugar. Dentro de mí se sintió bien aquello.

Lo vi de pie en la barra de bebidas esperando un trago. Lucía tan guapo como siempre y mi corazón comenzó a palpitar con fuerza. Su cabello estaba largo y brillante y conforme me acercaba más a él, más nerviosa me sentía. Nuestros ojos se encontraron y pude notar perfectamente cómo de pronto su rostro se tornaba pálido. Me miró de pies a cabeza y luego se giró para nuevamente voltear la cabeza hacia mí. Llegué hacia él y me paré a su lado.

-Un martini, por favor.-le dije al bartender.

Mis ojos se encontraron de nuevo con los de Seiya y él parecía que estaba a punto de llorar.

-Serena Tsukino.-dijo en voz baja.- De verdad eres tú.

-Soy yo.-respondí sonriendo.- Y te estaba buscando.

-¿A mí?-dijo con curiosidad antes de darle un trago a su whisky.

-Yo… me preguntaba si… me preguntaba si tenías novia.

Él me miró con seriedad y dejó su vaso sobre la barra.

-La verdad es que… yo no tengo novia. ¿Y tú? ¿Tienes novio?

-Qué coincidencia.-sonreí.- Yo tampoco.

-Entonces… ¿puedo invitarte a salir?-dijo acercándose a mí.

-Sí, puedes hacerlo, pero… antes… antes quisiera darte un beso, ¿puedo?

Lo miré y acerqué mi rostro al de él con lentitud. Seiya me tomó por la cintura y me besó lentamente. En ese momento me sentí tan aliviada y llena de amor que desee que ese momento no terminara nunca.

-Hay muchas cosas que tienes que contarme, Serena Tsukino.-dijo en mi oído.

-Entonces llévame a tu departamento.-respondí.

Seiya y yo nos fuimos de aquel lugar. Durante toda la noche no solo hicimos el amor, sino que hablamos de todo lo que había sucedido en esos años. Seiya me había dicho que se había enfocado en sus negocios y que ahora planeaba abrir nuevos. Dijo que todos los días pensaba en mí y que siempre fantaseaba con volver a verme. Nos pedimos disculpas mutuamente y también le dije que deseaba estar con él. Seiya dijo que no estaría conforme con solo ser mi novio, que quería mucho más de mí. Después de todos estos años, supe que Seiya era el hombre para mí. Y siempre me prometí a mí misma que si lograba sanar todas mis heridas y encontrar mi camino, quería que él estuviera junto a mí.


Tiempo después…

El clima ese día era especialmente caluroso. El sol estaba en lo alto y podía sentir sus rayos ardiendo sobre mi piel. Habían pasado y años desde que habíamos salido de la universidad. Midori y yo cumplíamos ya casi diez años juntos y unos 8 de casados. Jamás pensé que el tiempo pasaría tan rápido y que hoy estaríamos aquí, jugando con nuestro pequeño hijo en uno de los parques más grandes y famosos de Tokio.

Taku tenía apenas dos años pero ya caminaba, corría y ya decía muchas palabras. Era un niño realmente inteligente. Midori se encontraba dando vueltas con él en el pasto mientras yo los observaba desde lo lejos. Me sentía más feliz que nunca desde que Taku había nacido. Midori tenía una carrera exitosa como periodista y yo tenía mi propia compañía editorial. Habíamos comprado una hermosa casa en las afueras de Tokio para que Taku pudiera tener espacio para jugar.

Midori decidió llamar a nuestro hijo Taku en honor a su pequeño hermano. Taku había muerto un par de años atrás. Había logrado terminar la secundaria y la preparatoria con la mejor salud posible. Hacía mucho ejercicio y se alimentaba perfectamente. Su salud era su prioridad. También lo llevábamos al doctor muy frecuentemente, pero la enfermedad terminó por regresar. Y aunque el doctor ya nos había advertido que esto podía suceder, dolió muchísimo. Taku murió feliz, o al menos eso fue lo que nos dijo antes de su último aliento. Había disfrutado de conocer Japón y otros lugares del mundo, también había conocido a su primer amor y la amó hasta el último minuto.

Aún recuerdo el último día que Taku y yo pasamos juntos. Habíamos ido al cine, como cada semana, a ver una película nueva. Él siempre me pedía consejos para tratar bien a su novia y siempre me contaba sus secretos. Era tan inteligente como su hermana y tan simpático también. Se había convertido en un jovencito muy guapo y todas las chicas suspiraban por él. Recuerdo que solía preguntarle qué era lo que quería estudiar y nunca respondía. Decía que no sabía o que no quería estudiar nada, aunque algo me decía que en el fondo Taku presentía que no podría ir a la universidad nunca. Eso me rompía el corazón cada vez.

Midori y yo estuvimos muy tristes durante un tiempo, pero sin duda alguna nuestra compañía fue la mejor sanación. Nos enteramos del embarazo algunas semanas después de que Taku murió y Midori supo en ese momento cómo se llamaría ese bebé. Sin duda alguna, la llegada del pequeño Taku nos hizo sonreír de nuevo. Todos en la familia estábamos muy contentos. Me juré a mí mismo que sería el mejor padre para él y que nunca lo dejaría solo.

Taku siempre está en nuestros pensamientos y oraciones. No hay día en que no lo extrañemos, pero estamos contentos en que logramos darle una vida mejor durante algunos años más. Yo en lo personal estuve muy agradecido con Serena por haberle donado células madre, ya que sin ellas no hubiéramos podido lograrlo. Las risas de Midori y el pequeño Taku llegaban a mis oídos al igual que el sonido del viento. En ese momento recordé a todas las personas importantes de mi vida y sonreí. Andrew e Itadori eran muy felices juntos, mi relación con mi padre ahora era estrecha y él cada vez más viejo, incluso pensé en Serena y desee con todo mi corazón que ella también fuera feliz.

Y como si el universo hubiera escuchado mis pensamientos, noté a lo lejos a una mujer rubia de cabello largo que caminaba del brazo de un hombre. El sol no me dejaba observar bien, así que coloqué en mi frente una de mis manos para tapar el sol por un momento. Observé bien a la mujer y sin duda pude ver que era ella. Serena Tsukino caminaba sonriente al lado de Seiya. Ambos hablaban de algo que yo no podía escuchar, pero reían y charlaban como viejos enamorados. La mirada de Serena parecía dulce y tranquila, y Seiya la miraba como si fuera la única mujer en aquel lugar. No pude evitar fijarme en que ambos llevaban anillos que combinaban y de inmediato supe que se habían casado.

Midori y el pequeño Taku regresaron a donde yo me encontraba y se sentaron conmigo. Taku se echó a mis brazos y lo apreté con fuerza. Serena y Seiya caminaron más cerca de nosotros y por un momento nuestras miradas se cruzaron. Los ojos de Serena se clavaron en los míos y no hubo necesidad de decir nada. Con su mirada ella me dijo: "soy feliz", y eso era todo lo que necesitaba saber. Ambos nos saludaron con la mano desde lejos y siguieron caminando.

Midori y yo nos volteamos a ver sorprendidos y sonreímos. Midori se acercó a mí y me dio un dulce beso en los labios. A pesar de tener cerca de 10 años juntos, no podía creer que sus besos siguieran sintiéndose como la primera vez. Midori significaba todo para mí y me había dado los mejores regalos de mi vida. Suspiré y miré el cielo por unos instantes. A pesar de todo, yo había encontrado mi camino y había salido adelante. Había dejado atrás los rencores y el aislamiento y me había convertido en un hombre confiable. Tenía una hermosa familia y todavía me quedaba mucho camino por recorrer. Por primera vez en mucho tiempo pensé en mi madre y en lo poco que recordaba de ella, pero algo dentro de mí me decía que estaría orgullosa de mí.

-Darien…-dijo Midori interrumpiendo mis pensamientos.

La miré y ella sonreía como siempre.

-Te amo.

-Y yo te amo a ti, mi amor.

Ella se acercó y me dio un beso en la mejilla. Así serían mis domingos por el resto de lo que me quedaba de vida.