Capítulo 21.- Un monstruo de ojos azules

Aunque Levi había insistido en que se quedara en casa y descansara un poco, Hanji asistió a la reunión en Scotland Yard a primera hora de la mañana.

Sólo habían pasado tres horas desde que hubieran encontrado a una muchacha de clase baja que por alguna razón había muerto en mitad de Whitehall Street.

Aunque los oficiales de Scotland Yard habían trabajado de prisa para ocuparse del cuerpo y procesar cuanto antes la escena, no se pudo evitar las miradas curiosas e incluso algún fotógrafo amateur.

No faltaba mucho para que la noticia del asesinato de una joven en el centro del gobierno inglés se esparciera como pólvora por todo el país. Si el idiota que había logrado tomar una foto era tomado en cuenta en el Times, el ejemplar del día siguiente sería muchísimo más impactante.

A Hanji le dolía tanto la cabeza que parecía que fuera a explotar, pero se negó a seguir siendo relegada.

Había insistido en estar presente en la reunión entre Erwin, Levi, Mike y Edward Falkner, un escritor del Times.

Los policías y el columnista discutían airadamente sobre lo que el periódico podía o no podía publicar, y es que a pesar de las leyes sobre la libertad de expresión, una mala nota podría poner al propio parlamento en un grave aprieto. Por eso no fue de sorprender que Lord Radcliffe, el mismo hombre con quien Hanji había bailado la noche anterior, se presentara para discutir con los otros caballeros.

Luego de lo que parecía una eternidad, Erwin se las arregló para echar a Falkner y Radcliffe de su oficina, asegurándoles que Scotland Yard tenía absoluta autoridad sobre el caso y más allá de una razonable entrevista sobre el tema, no se involucrarían con la prensa hasta que tuvieran más información. El deseo de mantener el caso de Jack dentro de aquellas cuatro paredes seguía vigente, pero después del incidente en Whitehall, sería casi imposible.

El sol finalmente aparecía por el horizonte cuando Moblit Berner entró por la puerta del despacho, llevando una charola con una tetera y varias tazas de porcelana.

Sirvió a Hanji una humeante taza de té, la cual ella aceptó con una sonrisa cansada.

— Gracias, Moblit.

Él le ofreció un gesto serio pero solidario, lo que la hizo pensar no por primera vez que aquel policía le gustaba bastante. No le molestó quemarse la lengua cuando dio unos sorbos a su té, pues cualquier calidez era bienvenida en esa aterradora capa de hielo que parecía cubrirla desde la madrugada.

Por desgracia, tuvo que dejar la taza a un lado cuando los temblores regresaron. No importaba cuánto se dijera que debía asimilarlo, el recuerdo de aquellas siluetas en la niebla la ponían de los nervios.

Cuando finalmente quedaron solos el Comandante, el detective y la forense, Erwin suspiró y se pasó una mano por la frente, pellizcándose el puente de la nariz.

— Este asesinato ha sido completamente diferente a los demás. —Les dijo.— No sólo no la mutiló, sino que debió haberla sacado de algún distrito pobre. Lo más probable es que viniera de Whitechapel, dada su primera zona de cacería. Es un trayecto bastante largo.

— Seguramente la llevó ahí con engaños. —Comentó Levi, quien intentaba abotonarse los puños de su camisa.— No sería la primera vez que un asesino convenciera a su víctima para ir por su propia voluntad a un sitio conveniente para él.

— ¿Y Whitehall era conveniente para Jack? —Preguntó Hanji en voz baja.

Los dos hombres compartieron una mirada y no le dieron respuesta. En realidad, era evidente.

Si el asesino sabía dónde estaba viviendo la forense, cometer su más reciente crimen exactamente en la acera de enfrente no era una coincidencia. Incluso cabía la posibilidad de que supiera en qué habitación dormía Hanji, lo que era aún más aterrador.

— Debemos identificarla, así que necesito que vayas a Whitechapel para investigar, si acaso alguien la conoce. —Le dijo el Comandante a Levi, después de un momento.— Con las otras víctimas no hubo suerte, pero alguien tuvo que verlo con ella si decidieron salir a dar un paseo. —Como si recordara algo, Erwin ladeó la cabeza.— ¿Qué sucedió con la pista de los Jeager? Dijiste que el niño había identificado a un hombre que pudo haber tenido problemas con su padre.

— Era la pista que seguí en el Craven's, la semana pasada. —Levi asintió con calma, aunque Hanji sabía cuánto deseaba evitar el tema.— Sigue siendo una posibilidad, pero no hay pruebas de que se trate del mismo hombre.

— No lo sabremos hasta interrogarlo. —Replicó Erwin con dureza.— Encuéntralo y tráelo aquí.

— Sí, señor.

Hanji no sabía hasta dónde habían llegado los desacuerdos entre ambos policías antes de que ella volviera a Inglaterra, pero supuso que esta ocasión era distinta. Lo que sea que uniera a Levi con su sospechoso principal era lo bastante importante para mantenerlo lejos del foco de la investigación.

Él le había prometido hablarle de ello, pero no habían vuelto a tocar el tema. Sospechaba que era lo bastante turbio para hacer dudar a un hombre como Levi Ackerman, incluso cuando le había contado sobre su pasado como mercenario.

— La causa de muerte fue sin duda la pérdida de sangre. —Erwin continuó la conversación, ahora dirigiéndose a la doctora.— Aún así, quisiera que le echaras un vistazo al cuerpo, por si arroja algo de información.

Nadie requería ser médico forense para saber que la última víctima había muerto por la pérdida de sangre, que después de haber sido degollada de lado a lado de la garganta, había muerto sólo unos minutos después.

Levi había corrido hacia la calle, tan rápido como una gacela, pero cuando presionó sus manos contra el cuello de la muchacha, ella ya no respiraba.

Hanji había hecho un esfuerzo sobrehumano para no hacer ruido mientras lloraba, buscando una bata para acompañar al detective hacia la víctima, ya que no quería despertar a Eren y Mikasa y que fueran conscientes del traumático evento.

Ahora el detective usaba una camisa limpia, sacada de su casillero en la comisaría, pero Hanji no podía olvidar la sangre.

Pese al deseo incontrolable de acompañarlo a Whitechapel, pues quería saber de una vez por todas cuál era el origen de la obsesión de Jack, aceptó la orden con un simple asentimiento, prefiriendo no dar más razones para que la apartaran de la sala forense.

Cuando se despidieron del Comandante, Levi la detuvo en el pasillo, levantando sus ojos hacia ella con una ferocidad salvaje y primitiva, pero más que asustada, ella recibió su gesto con una oleada de cariño. Ese indomable perro guardián quería protegerla, pero no podría hacerlo desde Whitechapel.

Por esa razón, Levi le entregó su silbato de servicio.

— ¿Y esto? —Ella preguntó, observando el pequeño artefacto de plata, el cual iba atado a un largo cordón.

— Si te encuentras en problemas y no estoy cerca, hazlo sonar con fuerza. —Le explicó el detective.— Si lo haces, al menos media docena de policías llegará a donde estés.

— Ah, es su sistema de comunicación. —Dedujo Hanji, con una mezcla de fascinación y ternura.

Levi no dijo mucho más después de eso, pero resultaba evidente que deseaba despedirse de ella más allá de las simples palabras.

Hanji rozó sus dedos en respuesta, pero tuvieron que separarse cuando unos oficiales salían al pasillo de otra sala.

Con una última mirada, el detective se marchó.

Abajo, la asistencia de Moblit fue fundamental para mantener la calma y los nervios bajo control.

Como de costumbre, la víctima yacía recostada sobre la mesa central de la sala, sólo que aún nadie le había quitado la ropa.

— Por favor, cierra las dos puertas, Moblit. —Le pidió la doctora mientras se ponía sus guantes de cuero curtido.

Mientras lo hacía, el joven echó un vistazo al pasillo, asegurándose que nadie estuviera de indiscreto por ahí.

— Todos han estado hablando, doctora. —Le informó el policía, llegando a su lado para asistirla con las herramientas.— Aunque el Comandante no ha querido reconocerlo como un acto del destripador, todos asumen que se trata de él. Piensan que ha querido burlarse de la policía al matar a sólo una cuadra de Scotland Yard. ¿Usted qué cree?

— Opino que sea quien sea el que decida matar a una mujer de este modo, es un cobarde. —Respondió Hanji con la bilis en la garganta, deseando que las cosas fuesen más simples. Con un par de tijeras sumamente afiladas, comenzó a cortar el vestido de la víctima.— Nuestro trabajo es colaborar para descubrir su identidad, Moblit, así que concéntrate en eso.

El policía asintió, ligeramente avergonzado, pues no quería que su admirada doctora creyera que él era un cotilla insensible.

Con mucho cuidado, fueron quitando las piezas de la vestimenta de la joven.

Quedaba claro que vivía en un ambiente pobre, por la ropa sucia y apolillada, además de las medias agujereadas y las botas con suelas rotas. Sin embargo, no usaba los acostumbrados vestidos recogidos y exagerados de las prostitutas, ni los encajes de mala calidad que adornaban sus escotes y mangas.

Incluso encontró una cruz de madera atada a su cuello, toda ella manchada de sangre.

Cuando Moblit retiró los retazos de tela, Hanji se ocupó de la ropa interior. El corsé de la muchacha era de algodón barato, y parecía bastante viejo de acuerdo con las manchas de óxido debajo de los ganchos delanteros.

Cuando iba a desabrocharlos, sintió un busk* de madera en el interior del corsé. No era extraño que las mujeres lo llevaran puesto, pero no era tan común entre las jóvenes de clase baja.

Se trataba de una tablilla plana y alargada que aportaba rigidez al corsé en la parte delantera, y aunque muchas eran simples accesorios del corsé femenino, éste igual que la mayoría poseía filigranas en la parte posterior.

Hanji examinó los sencillos dibujos tallados en el busk, flores y unas hojas de menta. En el extremo inferior, encontró inscrito un nombre.

Alessa Porter.

— Doctora. —Hanji escuchó que Moblit la llamaba, y cuando levantó la mirada hacia él, lo encontró sosteniendo algo entre sus manos, delante de la ropa cortada de la difunta.— Ya lo había pensado cuando vi a nuestra víctima, pero… pensé que tal vez estaba exagerando.

— ¿De qué hablas? —Ella le preguntó.

Moblit se movió hacia la mesa y le entregó los que había encontrado. Un par de antojos viejos y con los lentes afectados por el paso del tiempo. No estaban hechos a medida como los suyos, sino que eran los más baratos del mercado, que a duras penas servirían para no caer en una alcantarilla.

— Ella es idéntica a usted, doctora. —Le dijo Moblit, muy serio.

Sólo entonces Hanji se percató en las similitudes entre la víctima y ella.

Alessa Porter era mucho más blanca y pálida, pero su nariz era tan aguileña como la suya, y su largo cabello castaño caía lacio junto a su cuerpo.

Con el corazón acelerado, Hanji se acercó a su rostro y abrió uno de sus ojos, los cuales aún no habían comenzado a ponerse lechosos.

Sí, también tenía ojos marrones.

— Doctora… —Moblit quiso acercarse a ella, pero Hanji lo detuvo con un gesto de la mano.

— Iré a informar a Erwin del nombre de la víctima. Lo necesitarán para encontrar su domicilio. —Le dijo al joven, tomando una bocanada de aire para recuperarse de la impresión. Aunque se notaba un poco enferma y verdosa, su mirada mostraba fuerza y determinación.— Luego, volveremos aquí a terminar la autopsia.

Era pasada la hora del desayuno cuando Hanji se reunió con Erwin en privado para comunicarle lo que encontró en la ropa de la víctima, pero estaba claro que ni el Comandante ni absolutamente nadie en Scotland Yard había tenido tiempo para comer algo.

Los pasillos de la primera planta estaban atiborrados de policías que iban de un lado a otro, discutiendo con civiles e incluso conteniendo furtivas invasiones de miembros de la prensa que intentaban colarse al segundo piso.

Arriba las cosas no estaban más tranquilas, con miembros de la policía metropolitana de Londres hacinados en una sala a puertas abiertas.

Cuando Hanji llegó con Erwin, él apenas despedía a un joven oficial del uniforme de la PML.

— ¿Descubriste algo? —Le preguntó Erwin cuando le hizo señas para que cerrara la puerta.— Aún es pronto para que hayas terminado la autopsia.

— A decir verdad aún no abro el cuerpo. —Repuso Hanji, quien se acercó al escritorio del rubio pero no tomó asiento. Había entrelazado sus manos sobre la falda para no verse tan nerviosa, pero las separó para sacar el busk del bolsillo secreto de su vestido.— Terminaré en unas horas y traeré personalmente el informe. Pero antes necesitaba hablar contigo sobre lo que encontré en su ropa.

Erwin tomó el crucifijo y la tablilla de madera y los examinó.

— ¿Alessa Porter?

Hanji asintió.

— Debe ser su nombre. —Le dijo.— La mayoría de las mujeres marcan sus busk con sus nombres, por si acaso se pierden.

— No estoy tan familiarizado con la vestimenta femenina. —Reconoció Erwin, incómodo.

A pesar de la desagradable situación, Hanji sonrió de medio lado.

— Supongo que los hombres marcan sus calzoncillos. —Le dijo, sacudiendo la mano cuando el rubio quiso replicar, abrumado por su broma.— Lo lamento, sabes que no puedo evitarlo. Estoy algo ansiosa por el caso. Mataron a Sasha Brauss porque me escapé y ahora asesinaron a una joven delante del departamento donde me estoy escondiendo.

— No te estás escondiendo. —Replicó Erwin, poniéndose de pie igual que ella, rodeando su escritorio para alcanzarla. Sin embargo, se detuvo cuando ella dio señales de no querer que la tocara.— Ellas no murieron por tu culpa, Hanji.

— Alessa Porter es idéntica a mi físicamente. Incluso utilizaba gafas. —Ella repuso, levantando la mirada que reflejaba tanto dolor.— La asesinó delante de mis ojos. Quería que yo lo viera, sabiendo que no llegaría a tiempo para salvarla.

— Nuestro asesino es un hombre inteligente y cruel, Hanji, y no tengo idea de cómo, pero parece conocerte. —Erwin anhelaba más que otra cosa abrazar a la doctora. Cubrirla con todo su cuerpo para protegerla.— Sabe que eres una pieza clave en la investigación. Desequilibrarte le daría una enorme ventaja.

— ¿Crees que quiera que me aleje? —Preguntó ella, llevándose una mano a la cabeza. Ahí iba de nuevo la jaqueca.

— Todo lo contrario. —La mirada del rubio se volvió más aguda. Una señal de suspicacia que lo había hecho famoso en sus tiempos como detective.— Todo lo que ha hecho Jack ha sido para llamar tu atención.

— Si cree conocerme, debe saber que pienso que es un monstruo. —Repuso Hanji, asqueada.

— La atención es eso, Hanji. Buena o mala, él quiere tus ojos puestos en él. —Erwin caminó hasta el librero al fondo de la oficina, el cual casi parecía de simple adorno por su limpieza inmaculada.— Quizá debamos estrechar lo que sabemos respecto a las personas que podrían desear hacerte daño.

— No conozco a nadie capaz de hacer algo así… o que me odie hasta este punto. —Hanji negó, inquietándose tan sólo de pensar que alguno de sus conocidos más cercanos podía ser el culpable.

— Este tipo de obsesión… no creo que se trate de odio. —Repuso Erwin, extendiendo la mano y alcanzando de lo más alto del librero un cofre de madera. Cuando lo llevó al escritorio, extrajo una llave del bolsillo de su chaleco y lo abrió.— Pienso que él hará lo que esté a su alcance para llegar a ti, así sea matar a un centenar de mujeres castañas que usen anteojos. Por eso, quiero que lleves esto contigo en todo momento.

Hanji se sorprendió cuando Erwin le extendió un revolver de servicio. El arma brillaba como la plata pulida, y cuando ella la sostuvo en su mano, resultó pesada y fría.

— Dijiste que nunca me darías un arma. —Rememoró la doctora, examinando el artefacto con cuidado, viendo que en ese momento no estaba cargada.

— Eso fue hace diez años, Hanji. —Erwin murmuró, casi melancólico.— Jamás pensé que tuvieras que usarla. Aún espero que no sea necesario.

— Sin embargo, me hace sentir mucho mejor. —Reconoció ella con una pequeña sonrisa, la cual flaqueó al instante.— Salvo que no creo que fuera capaz de usarla contra alguien que conozco.

La mirada de Erwin se endureció, y más allá de las señales contradictorias de la doctora, decidió tomar sus manos con una mezcla de afecto y protección.

— Tendrás que hacerlo si te ves en una situación de peligro, Hanji. Sé que Mike te enseñó a disparar en Hampshire.

Hanji se estremeció, en parte por el contacto y en parte por ese escalofriante escenario.

— No es lo mismo disparar a botellas vacías que a una persona, Erwin. —Ella repuso.— No sé si pueda…

— Hanji. —Erwin tomó su rostro, inesperadamente, y la observó con aprensión.— Tienes que prometerme que harás lo que sea necesario para sobrevivir.

La doctora intentó zafarse, lo cuál él permitió con un evidente semblante de rechazo.

— Lo haré. —Prometió ella, a pesar de todo, guardando el arma en el bolsillo de su vestido y aceptando la cajita con municiones que le ofrecía el rubio.— Pero esto entre nosotros dos… tiene que parar.

La situación con el caso del destripador era lo bastante importante y delicado para dejar de lado cualquier conflicto personal que pudiera entorpecer el trabajo en equipo. Erwin había sido partidario del estoicismo absoluto durante las horas laborales, pero ni siquiera él fue capaz de ignorarlo y restarle importancia.

— ¿Por qué? —Se vio preguntando con casi tanto desconcierto como frustración.— Hanji, sé que no tomé las mejores decisiones en el pasado. Te dejé ir y no supe…

— No. Alto. —Hanji se acercó a él y suavizó su gesto, descansando una mano sobre la boca de Erwin. A pesar de la sorpresa, el rubio guardó silencio.— No tienes que insistir con eso. Sí tomaste las decisiones correctas, y eso te ha llevado a ser un excelente policía, hombre y amigo. Admiro tu trabajo tanto como te admiro a ti. Y te creo… aunque sea un poco difícil, te creo cuando dices que deseas algo serio conmigo.

— Entonces… —Cada vez más confundido, Erwin retiró la mano de la doctora de su boca, aprovechando para sostener su muñeca con gentileza.

Hanji vaciló. Nunca había tenido tanto miedo de hablar sobre sus sentimientos, y aunque sabía que no tenía lógica, se sentía como una traidora.

Ella había amado profundamente a Erwin y lo había dejado de lado para continuar su carrera, y aunque no se arrepentía de esta decisión, sabía que sus sentimientos habían cambiado irremediablemente.

— No podría estar contigo si creyera que siento algo por alguien más. —Finalmente ella reconoció, bajando la mirada.

Aquellas palabras fueron peor para el Comandante que un disparo al pecho, aunque no lo tomó tan por sorpresa siendo él un hombre observador.

— Pensé que estaba siendo un maldito irracional por sentirme celoso de Levi. —Dijo, percibiendo que su ritmo cardíaco se aceleraba por la ira. Con todo, no perdió el control en ningún momento.— Por dios, Hanji… lo conoces desde hace dos semanas. No puedes creer que lo amas.

¿Lo hacía?

— Yo… no. —Sí.— Claro que no. —Sí, lo hacía. Hanji quiso sacar la cabeza por alguna de las ventanas para tomar algo de aire, pero se conformó con dejarse caer en uno de los sillones de cuero.— Pero no es tan simple.

— ¿Pasaron la noche juntos?

La pregunta de Erwin la hizo levantar la mirada con la velocidad de un flash de cámara. Él estaba cada vez más calmado, lo que no era una buena señal.

Podría haberlo mandado al diablo, pero no quería seguir retrasando ese enfrentamiento.

— Sí. —Admitió, sin añadir detalles innecesarios.

Erwin permaneció callado mirándola por lo que parecieron horas. Finalmente, le dio la espalda y asintió.

— ¿Cuánto tiempo pretendes que dure esta aventura? —Quiso saber, hablando con voz plana y neutra.

Hanji no pudo fingir indiferencia al cuestionamiento, con su rostro rojo de la vergüenza.

¿Lo que tenía con Levi era una aventura?

Podía decirse que sí, algo que no era usual entre personas solteras pero que tampoco parecía ser nada tan impresionante teniendo ella más de treinta años. Pero de algún modo, parecía incorrecto.

Se sentía incorrecto.

Cada vez que Levi la besaba, cada vez que la tomaba entre sus brazos y la sostenía con fuerza, no se sentía como si todo girara en torno al placer físico. La hacía pensar en los momentos que compartían dentro y fuera de la cama, cuando charlaban y discutían, cuando comían juntos, cuando él le permitía ver su verdadero carácter.

"No es un juego", él le había dicho.

No, no lo era. Ni una aventura.

— Lo que pasa entre Levi y yo, nos corresponde sólo a nosotros dos. —Le dijo al Comandante, percibiendo como su espalda ancha se tensaba. Obviamente no estaba contento por su respuesta.— Jamás jugaría a dos frentes contigo.

— Sé que no. —Él inclinó la cabeza y ella fue incapaz de ver su expresión.— Pero por lo que me dices, tampoco estás segura.

— Erwin…

— Siempre fuiste mi mejor amiga, Hanji. —Él la miró finalmente, sin odio ni desprecio, pero ella sabía cuándo él cerraba todos sus sentimientos en una caja bajo llave.— Nada hará que deje de amarte.

Hanji arrugó la falda de su vestido en un agarre nervioso. ¿Qué se suponía que debía hacer o decir?

Nunca había rechazado a nadie, ni quería hacerle daño a uno de los hombres más importantes en su vida. Tampoco creía que estuviera en una posición privilegiada donde podía elegir a cualquiera de los dos, como una de esas coquetas debutantes que se ganaban tantos pretendientes que siempre rompían el corazón de algún buen hombre.

Ella no era así.

Antes de que pudiera encontrar algo que decir, Erwin tomó de nuevo la palabra.

— Lo que sea que ocurra entre nosotros, no puede interferir con nuestro trabajo. —Dijo, tomándola por sorpresa.— Sé que Levi pensaría igual y confío que tú también.

— Yo… claro. —Hanji titubeó, vacilante. No quería cometer ningún error.— ¿Qué harás ahora?

Ella se puso de pie cuando notó sus intenciones de marcharse, desconcertada por su repentina objetividad.

¿Sería así de fácil?

— Iré a Whitechapel. —Contestó Erwin mientras cogía su abrigo del perchero junto a la puerta. Hanji lo alcanzó en pocos pasos.— Con esta nueva información, será más sencillo encontrar a la familia de la víctima. Y con suerte, tal vez una pista.

— ¿Tienes que ir hasta allá? —Le preguntó ella, inquieta.— Podrías enviar un mensaje a Levi con algún oficial.

— Prefiero no delegarlo. —Él negó, cerrando dos botones del abrigo. De ese modo parecía un hombre realmente grande y robusto.— Este caso es cada vez más delicado y no confío en demasiadas personas para ello.

— ¿Y en quienes sí confías? —Hanji lo interceptó en la puerta, ganándose una mirada helada.

A pesar de las obvias tensiones entre ellos y el detective Ackerman, Hanji había estado segura de que los tres conformaban un equipo confiable. Que podían apoyar sus espaldas sin miedo a ser traicionados.

Pero la respuesta de Erwin le hizo saber que había sido bastante ingenua.

— Ningún hombre razonable revela en dónde se halla realmente su confianza, Hanji. —Le dijo en voz baja.— Ahora vuelve al sótano. No te quiero fuera de la sala forense hasta que termines la autopsia.

Lejos de sentirse enojada con Erwin, Hanji apenas cabía de la preocupación. Sabía que el Comandante ocultaba algo, pero no tenía idea del qué.

Intuía que también estaba siendo afectado por las manipulaciones del asesino, pero a diferencia de Levi, no era sencillo leer a Erwin.

Independientemente de la ansiedad producida por el homicidio de Alessa Porter y los inestables cambios de humor de Erwin, ella se esforzó en darle a la víctima una autopsia eficiente y respetuosa, agradecida además con Moblit por asistirla y mantener a todos los curiosos lejos de la sala forense.

Aunque todo indicaba que Alessa había muerto por la pérdida de sangre, Hanji se tomó su tiempo para examinar cada parte de su cuerpo.

Había sido una mujer poco agraciada, según algunos, pero era notablemente joven y con buena condición física.

A la doctora le resultó extraño no encontrar dientes podridos en su dentadura ni rastros de desnutrición en su sistema, tomando en cuenta el aspecto que presentaba su ropa.

Pasado el mediodía, después de aceptar que Moblit la obligara a comer unos huevos escalfados, unas tostadas y un poco de té, Hanji se dedicó a releer los informes que ella misma había escrito de las autopsias de las víctimas anteriores.

Catherine Eddowes y Carla Jeager habían sido apuñaladas pero además les habían extraído los órganos. Jack se jactaba de contemplar el corazón de Carla mientras pensaba en Hanji. Con Elizabeth Stride apenas había tenido tiempo para apuñalarla, algo parecido a lo que había sucedido con Sasha Brauss, a quien simplemente asfixió hasta matarla.

De no ser porque todo estaba conectado por cartas, señales e incluso la visión directa del asesino, Hanji habría jurado que se trataba de varias personas.

Cuando el dolor de cabeza volvió a ser un inconveniente, la forense se echó un momento en el diván.

Sólo iba a descansar los ojos unos minutos y luego seguiría trabajando.

No esperaba quedarse dormida.

Volvía a estar en el baile del duque de Brighton, deslizándose por el salón en su hermoso vestido perlado, con todos los ojos puestos sobre ella.

Pero Hanji buscaba a una persona entre la multitud, un hombre de pelo negro y traje oscuro que era más bajo que el promedio, con un vocabulario de marinero y una fuerza fuera de lo común.

Mientras avanzaba en lo que parecía ser un camino interminable, alguien tropezó detrás de ella y la empujó hacia adelante, cayendo en unos brazos fuertes que la sostuvieron con delicadeza.

— Levi, te estaba buscando. —Dijo con una sonrisa, pero se sorprendió al encontrarse a un hombre alto, robusto y de unos hermosos ojos azules.

— Yo te estaba buscando a ti. —Le respondió Erwin, rodeando su cintura y llevándola al centro de la pista de baile. La música había comenzado con Danse Macabre, con los mismos tonos intermedios del principio.— Has trabajado muy duro.

Cuando los violines marcaron una pauta rápida y caótica, Erwin la guió a través del salón, como si pudieran atravesar a las otras parejas como en un banco de niebla. Por alguna razón, las cuerdas de los violines y del chelo dejaron de resultarle agradables. Ahora sonaban aterradoras, como una canción de bienvenida al infierno.

— Erwin, me siento mareada. —Ella quiso detenerse, pero el rubio no se lo permitió.

Los giros se hicieron más rápidos y cerrados. Todo le daba vueltas.

— No sabes lo mucho que agradezco tu ayuda en el caso. —Seguía diciendo Erwin, cerca de su oído, mientras la apretaba contra su cuerpo y la levantaba cuando la coreografía lo marcaba.— Eres la única que pudo resolverlo.

— ¿Lo… Lo hice? —Quiso preguntar, pero comenzaba a faltarle el aire.

Erwin había subido las manos a su cuello, sin dejar de bailar.

— Eres admirable. Fuiste la pieza clave para detener los homicidios. Habría hecho cualquier cosa por tenerte de nuevo en Inglaterra. —Él le susurró.— Cualquier cosa por tenerte de nuevo a mi lado.

— Erwin… no respiro.

A Hanji se le llenaron los ojos de lágrimas. En algún momento había perdido sus anteojos.

¿Dónde estaba Levi?

— Y aquí estás, conmigo. —Erwin apretó su agarre con tanta fuerza que Hanji ni siquiera pudo gritar.— Sólo conmigo.

No había forma de llevar aire a sus pulmones. Las enormes manos masculinas comenzaron a destrozar su tráquea, hasta que sus huesos fueron triturados y ella no fue nada más que un cadáver.

En ese momento, Hanji se despertó sobresaltada en la sala forense. Sola. Acompañada únicamente por el sabor de la hiel en su boca y una fina capa de sudor en todo el cuerpo.

Necesitaba a Levi desesperadamente.