Prologó

La capacidad de raciocinio del hombre daba mucho en que pensar. Los años pasaban y parecía que incluso los Dioses lloraban de la tristeza al ver como su más preciada creación se corrompía a ella misma.

Las interminables guerras bañaban los que una vez fueron campos de vida, la sangre corría por los ríos que una vez había sido de cristal y lo más preciado, la vida se volvía lo más frágil y fácil de usar a conveniencia de solo someter al más débil

Incluso el cielo parecía llorar.

Los humanos no conocía el valor de la vida, solo despreciaban lo más valioso y adoraban a lo que nunca llevarían consigo incluso después de perecer.

Aun así en medio de interminables guerras, interminables sacrificios y lágrimas cayendo del mismo cielo, algo aun quedaba de pureza en los humanos, un sentimiento tan puro y a la vez tan frágil.

Tal cual un duelo que se tenía que describir la vida de cada persona, aquel sentimiento residía en cada uno.

Tanto el mas sabio y el mas poderoso libraban las mas poderosas batallas.

Y tal cual el Dios de la Guerra, Ares, las batallas jamás terminan, hay una pausa y esa es cuando solo haya uno en pie, en La Arena.