Los personajes de Ranma 1/2 no me pertenecen. Son propiedad de la cruel Rumiko Takahashi.

Hago esto solo con fines de entretenimiento.

¡Gracias por leer!

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Candy Girl

Parte 1

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En aquel pequeño pueblo no pudo evitar detenerse y repasaba con la vista la vitrina donde se exponían distintos dulces que parecían gritar: "Cómeme". Entonces, sin perder tiempo, se adentró en la tienda.

Para un viajero como él, acostumbrado a largas horas de caminata no le importaba esperar con paciencia a ser atendido pero ese día agradecía que hubiera poca gente pues ya quería llegar a destino.

—¿Qué va a llevar? —le preguntó la anciana regordeta del otro lado del mostrador con una sonrisa amable.

—Mmm... —el joven puso un dedo bajo su mentón pensando en cuál de todos esos dulces podría llevarle a esa chica tan tierna y linda que abordaba su mente. De pronto, pareció llegar con la respuesta—. Melonpan, por favor, si tiene con sabor a chocolate, mejor.

—Claro que sí, jovencito. ¿Cuantos quieres?

—Una docena.

Podrían comerlos juntos en algún parque, ella estaría encantada de compartirlos con él y podría disfrutar de la compañía dulce de aquella chica.

La mujer lo miró con detenimiento y como si pudiera leer con claridad sus intenciones le dijo:

—¿Son para tu novia?

Ryoga se atragantó con su saliva y soltó una tos con las mejillas sonrojadas.

—N-No, no, es decir, ella aún... Bueno no, ella no es... —recuperándose un poco la miró avergonzado y más tranquilo logró decir—: Ella no es mi novia.

—Oh —la mujer que envolvía los dulces soltó una risita—. Pero por lo nervioso que te pusiste es evidente que te gustaría lo fuera.

El chico frunció el ceño. A su mente llegó la sonrisa de Akari con los ojos brillando ante la palabra "novia". No podía negar que era algo que le gustaría pero...

Sacudió la cabeza de un lado al otro, molesto porque esa señora le trajera dilemas desde tan temprano.

—No te pongas así, muchacho. Vive el amor sin miedos. Te lo dice una anciana que en su tiempo tuvo varios pretendientes.

Ryoga observó la sonrisa pícara de la mujer que marcaba todas sus arrugas alrededor de la boca y ojos, los cachetes con un leve tono rojizo. Con descaro la mujer le guiñó el ojo.

—Claro...

—¿Qué más va a querer el jovencito enamorado?

Ryoga suspiró con cansancio pero sus ojos volvieron a repasar los dulces. Llevaba varios regalos en su mochila, seguro de que a Akari le encantarían pero había algo que aún no lo dejaba conforme.

Akane.

A ella esta vez no le había comprado nada y de repente la culpa volvió. Su corazón se agitó con sólo pensar en ella y su lealtad estaba dividida de nuevo.

A pesar de tener el propósito de olvidarse de aquella joven de corta melena no lo lograba.

—Oye, muchacho —lo llamó la mujer al ver la preocupación en él. Se dio cuenta que ese chico era como un libro abierto.

—No, gracias, sólo esto —respondió rápido y la mujer asintiendo le estaba por decir el precio cuando Ryoga volvió a hablar—. No, espere, quiero otros dulces.

—Oh, de acuerdo.

Akane ya no era una posibilidad amorosa pero aún era su amiga. No tenía absolutamente nada de malo regalarle algo.

—Quiero unos dorayakis y... —Ryoga observó unos caramelos envueltos en papel dorado y con una cinta roja alrededor— esos caramelos también.

La mujer al posar los ojos en aquellos caramelos que Ryoga señalaba dio un fuerte grito agudo que hizo saltar en el lugar al chico del colmillo.

—¡Oh, no!

—¡¿Qué pasa?! ¡¿Qué tiene?!

—Esos caramelos no puedes comprarlos.

Ryoga que se había acercado preocupado hasta el mostrador plantando las palmas en el vidrio parpadeó confuso sin perder detalle del rostro asustado de la mujer. Ryoga gruñó enojado.

—¡¿Y por eso gritó de esa forma?! Casi me mata del susto.

—Niño, es que no entiendes —la mujer con sus dos grandes manos blancas fue sacando en puñados todos los caramelos que tenía allí y colocandolos en una bolsa, murmurando quejas a la que de seguro era una de sus empleadas—. Tengo que hacer todo... se lo dije, esos no pero ella... ya verá...

Más calmado Ryoga esperaba a que la mujer con su brutalidad sacara los caramelos pero tal grito y ahora las quejas de la mujer lo intrigaron.

—¿Y por qué no puedo comprarlos? ¿Qué es lo que tienen?

La anciana detuvo sus movimientos y sus grandes ojos se clavaron en él.

—Estos caramelos no son cualquier cosa, tienen un poder especial.

Escuchar algo así, siendo que sufría la desgracia de convertirse en cerdo, que además, tenía amigos que sufrían distintas maldiciones, que conoció contrincantes extraños, incluso un semidiós que hace un año lo hizo vivir una experiencia terrible y emocionante, ya algo como unos caramelos mágicos no lo sorprendían.

—Un poder especial, eh... —repitió incrédulo y ante el aspecto tan común de los dulces levantó una ceja—. Yo los veo como cualquier caramelo.

—¡Ja! Estos caramelos son muy poderosos. Con esto —levantó uno de los caramelos dorados frente a ellos— puedes hacer que la persona a quien se lo regales se enamore perdidamente de ti.

Ryoga un poco más interesado se acercó para observar el caramelo casi juntando los ojos cuando la mujer se lo iba acercando a la cara.

—Mentira. No le creo.

—Que desconfiado muchacho. Cuando le das tan solo uno de estos caramelos a alguien y apenas toque su paladar el dulce jugo se penetra en todo su ser envolviendo de amor y dulzura ese corazón sólo al mirarte. No importa el sexo, no importa la edad, nada.

—Vaya...

Sin poder evitarlo el rostro soñador de la chica Tendo surgió en su mente, feliz y suspirando palabras de amor hacia él.

No. No lo necesitas, ella ya tiene a alguien en su corazón. Ella... pero es que sería tan lindo que Akane...

La mujer de nuevo pudo notar la lucha interna en el chico y sonrió con picardia. Esos caramelos no los vendía pero a ese chico tan tímido tal vez podrían serle de mucha ayuda.

—Si la jovencita a quien se lo regales lo prueba ya no tendrás miedo de no ser correspondido.

Akane enamorada... Akane enamorada de mi... Akane y yo —pensó emocionado—. ¡No, ya basta! Me iré de aquí.

Después de diez minutos la anciana regordeta corrió lo más que pudo afuera de su local tratando de alcanzar al chico viajero pero no había rastros de él.

—Rayos, esos caramelos pueden ser peligrosos si aquella muchacha a la que se los dé esta enamorada ya de él sin que lo sepa... —recordó lo tembloroso que estuvo al comprarlos—. Bueno, si los compró es porque ha de estar seguro, entonces no habrá riesgo, serán felices.

Con esa idea la mujer regresó al interior de la tienda y anotó en un costado del cuaderno que tenía siempre consigo un recordatorio.

"Reprender a mi distraída empleada"

Continuará...


Nota de autora: Hola a todos! ¿Qué tal la caida de la app ayer? ¿Sufrieron tanto como yo? XDOjalá no vuelva a suceder cuando hay tantas actualizaciones esperadas y nuevas historias jajaja

Bueno, aquí les traigo una mini historia que hace tiempo tenía en mi cabeza. No sé cómo saldrá pero espero les guste. Tengo otras historias que he pensado publicar en cualquier momento.Últimamente he estado con varios problemas y no puedo inspirarme para terminar algunos capítulos que tengo guardados, pero no me rendiré!! Dejar de escribir sobre esta hermosa obra (¡que salió en Japón como la segunda obra más famosa de Rumiko!) dudo que suceda.

Quiero agradecerles a todos por los hermosos comentarios en mis otras historias. En especial la última que fue lemon suavecito. Me encantó ese desafío y planeo seguir mejorandolo. Si quieren pueden decirme de que pareja les gustaría y con gusto intentaré complacerlos ;)

Sin más que decir los saludos con unos besotes desde Argentina. Tengan lindo día.