Los días siguientes pasaron entre insufribles trámites que se demoraron más de lo esperado, Mikasa se vio envuelta en un sin fin de firmas, sellos, autorizaciones y más firmas. Lo peor fue soportar las preguntas y comentarios incómodos que los funcionarios de la corona le dirigían a Levi como si ella no existiera. Los más comunes fueron ¿Está seguro que quiere darle un poder general a su esposa? ¿Está seguro que quiere que su mujer estudie? ¡El lugar de una mujer es su casa! ¡No debería dejar que su esposa asista a la escuela, luego le van entrar ideas raras en la cabeza! pero bastaba una mirada de Levi para callarlos y continuar con el agobiante papeleo. Finalmente, luego de tanta burocracia, su marido cumplió cada una de sus promesas.
Definitivamente lo había juzgado erróneamente, no era un mal hombre, era gruñón, amargado, sufría de complejo dictatorial y su adicción a la limpieza caía casi en la paranoia, pero no era malo ni cruel; y desde el incidente de su noche de bodas no había vuelto a mostrarse violento con ella.
La tarde que Levi le entregó el título de propiedad del Fundo, se sintió aliviada. Sin embargo, al tener ese ansiado documento en sus manos, la melancolía la abordó y recordó los momentos que vivió con su madre y con su padre en su casa, en su verdadero hogar. Recordó que sus padres tuvieron un matrimonio feliz, cimentados en el amor y la confianza. Si bien es cierto su padre fue un hombre cariñoso y gentil, también tenía un carácter fuerte cuando era necesario, sobre todo cuando se trataba de dirigir y proteger el Fundo, pero por más que intentó no pudo recordar que su madre le negara un beso, le hiciera algún desplante o rechazara uno de los abrazos de su padre, cuándo este regresaba colérico de las plantaciones o frustrado de alguna reunión con uno de los tantos clientes caprichosos.
La relación con su marido no era igual. Ella y Levi no estaban enamorados, ni se amaban, ni nunca se amarían, ni nada de lo que él hiciera cambiaria esa realidad ¿verdad? Incluso fue él quien propuso que llevaran un matrimonio de apariencias y era exactamente eso lo que Mikasa tenía planeado hacer. Ante todos ella sería la esposa más fiel, dedicada y devota a su marido, siempre y cuando, Levi no rompiera sus promesas. ¡Fingir! Esa sería la clave de su éxito.
Hacerse responsable de esa gran casa no representó un reto. Su nana siempre fue una fuente de sabiduría infinita y se había encargado de instruirla en muchas artes, entre ellas, como realizar correctamente las diferentes labores domésticas. A Mikasa esas obligaciones no le molestaban en absoluto, de hecho, las disfrutaba. Lo que más le encantaba era cocinar, había visto a su madre pasar horas en la cocina preparando diferentes tipos de platillos sólo para complacer los antojos de ella o de su padre.
Pasaron exactamente cuatro días desde que su marido se había reincorporado a sus deberes como capitán cuándo ella descubrió sus hábitos autodestructivos. Dormía casi nada, comía poco, trabajaba mucho y fumaba increíblemente más, así que para evitar que Levi se sintiera defraudado de su actuación como buena esposa, dictaminó su alimentación y su cuidado como pilares fundamentales en su relación. Sobre todo, al enterarse que él solía saltarse los almuerzos por concentrarse en su trabajo.
Desde hace dos meses, sus días eran casi una rígida rutina autoimpuesta. Mikasa siempre se levantaba muy temprano, antes del amanecer, cuando todavía estaba oscuro y la luz de los faroles de la calle aún traspasaba su ventana. El otoño estaba enfriando sin piedad y ese día podía sentirse el fresco colarse por todos los rincones de su habitación. No quería abandonar la calidez de su cama, arrugaba sus suaves sábanas dando vueltas y volviendo a acurrucarse por debajo de sus cobijas. Después de lo que consideró un tiempo de flojera suficiente, se sentó en el borde de su lecho frotándose los ojos y se dirigió al baño. Se aseó concienzudamente y se colocó un vestido rosado con bonitos bordados en todo el ancho de las mangas, lo suficientemente grueso para protegerla de las bajas temperaturas.
Cepilló con cuidado su largo cabello negro y aunque su madre le dijo que ahora debería de recogerlo en un moño alto y adornarlo con elegantes horquillas como lo dictaba las normas de su clan al ser una mujer casada, Mikasa prefería usar una coqueta coleta anudada con una fina pañoleta roja que Levi le había regalado como ofrenda de paz después de aquella negociación.
Bajó a la gran sala y avivó el casi inexistente fuego de la chimenea con la leña que mantenía cuidadosamente apilada en una esquina. De inmediato, un reconfortante calor invadió toda la casa. Se dirigió a la cocina, alistó la sartén, echó agua en una tetera y la colgó dentro del fogón hasta que hirviera. Preparó café negro sin azúcar acompañado con tostadas y huevos revueltos para su esposo; y té con leche para ella, cortó una pieza de pan y le untó mermelada de duraznos. Su favorita.
Su marido desayunaba rápido ya que a él le gustaba presentarse muy temprano al cuartel y su entrada a la escuela todavía era a las ocho, esa diferencia de horarios le daba el tiempo suficiente para desempolvar, barrer los pisos, lavar los trastes del desayuno y preparar sus libros para la clase del día.
Se cubrió con su chal, calzó sus botas, ajustó sus guantes y marchó como todos los días por las mismas calles hasta llegar al gran edificio donde se ubicaba su escuela. Siempre era la primera en llegar y la primera en retirarse. Apenas tocaba la campana que indicaba la hora de la salida, ella prácticamente corría y tomaba rumbo al mercado a comprar lo que necesita para la preparación del almuerzo. Adoraba los alimentos frescos y la gran variedad que podía conseguir en la ciudad.
Llegaba a su casa y se esmeraba en la elaboración de la comida, el menú de ese día era guiso de carne con papas rostizadas y zanahorias aromatizadas en hierba buena, como estaba de buen humor también le prepararía compota de manzanas endulzadas con miel y canela. Al terminar de cocinar, seguramente empaquetaba los alimentos y se dirigía a la sede principal de la Legión de Exploración, para su suerte el cuartel no estaba muy lejos así que la comida llegaba caliente.
Levi siempre la esperaba en la puerta del cuartel para recibir su almuerzo, aunque él solía asegurar que casualmente había salido a verificar que todo se encontrara en orden y antes de retirarse ella le daba un pequeño beso en la mejilla. Al principio lo besaba para molestarlo e incomodarlo, ya que él odiaba las demostraciones de afecto en público, pero luego se volvió una costumbre entre ellos. Un pequeño beso en la mejilla no significaba nada ¿cierto? Así su acto de esposa cariñosa era más convincente.
Mikasa luego regresaba a su casa y almorzaba mientras repasaba la lección dictada en la mañana. Eran clases avanzadas y el ritmo era muy pesado así que no podía darse el lujo de atrasarse con las tareas y lecturas que los maestros le encargaban.
Las dos y media de la tarde era la hora designada para comenzar sus labores con el señor Silverman, quien era un hombre mayor, de unos cincuenta años, alto y subido de peso, pero de muy buen corazón y hábil para los negocios, una mezcla un tanto incompatible. Él le estaba enseñando todas las bases para que ella se hiciera cargo de la contabilidad de la bodega, conceptos necesarios que tenía que aprender como: capital, margen bruto, deudores y acreedores, patrimonio, flujo de caja, control de inventario, diferencia entre gastos y costos; y cómo manejar la información económica y financiera de una organización, para partir de ello tomar la decisión más informada y acertada. Mikasa había comprendido que no solo con empeño y deseos de superación sacaría adelante el Fundo de su familia, necesitaba aprender a gestionar sus recursos económicos de manera eficiente y eficaz
Después del trabajo regresaba con apremio para preparar la cena y tenerla lista para cuando Levi llegara. La cena era un momento más íntimo entre ellos, así que Mikasa prefería guisar alimentos con los que se sentía más familiarizada. Levi no era un hombre quisquilloso al comer y siempre aceptaba gustoso todo lo que ella le preparaba, con esa confianza se dio al trabajo de llenar su cocina con los diferentes tipos de condimentos con los que había crecido. El olor de las diferentes especias llenaba la alacena al igual que los brotes de soja, el cebollín, el jengibre, almendras y brotes de bambú. Encontrar salsa agridulce, fideos de arroz y aceite de ajonjolí fue mucho más difícil, aunque no imposible.
Luego de una larga jornada, Levi llegó a su casa. Se estaba descalzando las botas en el recibidor cuando escuchó los pasos apresurados de Mikasa llegar desde la cocina.
- Bienvenido Levi.- Lo recibió en voz alta, con un tono risueño.
Levi lanzó un leve gruñido devolviéndole el saludo - ¿Qué estas preparando? Huele bien. - Preguntó con un interés mal disimulado.
- ¡Te va a encantar! - Mikasa sonrió amplio - Es pollo Kung Pao con arroz blanco. No me salió como el de mi madre, pero está bastante aceptable. - Se sacudió las manos en el aire y luego se arregló unos mechones negros que caían por su frente. - ¡Apúrate! Ven a sentarte a la mesa. - Le dijo y regresó a la cocina a terminar de rellenar los baozi para el desayuno de mañana.
Levi simplemente no luchaba contra la confianza con la que Mikasa lo trataba. No había forma de pararla en su empeño de alimentarlo. Se preguntaba si la persistencia de hacerlo comer era algo de familia.
Si no fuera por la constante actividad física que empleaba en su trabajo ya se hubiera convertido en uno de esos soldados gordos que abundaban en la policía militar.
Luego de lavarse las manos y el rostro, Levi apareció en la cocina usando un pantalón suelto y una camiseta blanca de mangas largas. Se quedó parado en la puerta escuchando como la mocosa tarareaba una canción y miraba fascinado como espolvoreaba y lanzaba coloridos aliños a la olla, dándole los toques finales a su cena.
Por algún motivo, últimamente tenía la necesidad de vigilarla, de observarla sin que ella se diera cuenta. Es por eso que, Levi nunca le diría que había cambiado deliberadamente la ruta de su patrullaje para pasar por la escuela media durante el horario de sus clases, para verla por la ventana. Estaba convencido que debía supervisar a la mocosa cuando ella estuviera fuera de casa, para evitar que se metiera en problemas. Pero, eso no impedía poder contemplar como la muchacha absorbía todos los conocimientos brindados como una esponja, enormemente interesada por cada palabra que decían sus maestros. No podía negar que la chica verdaderamente se esforzaba por aprender.
- ¿Cómo te fue? - Le preguntó la mujer sacando una olla del fogón. - ¿Alguna novedad en el cuartel?
- Bien. Ninguna en particular - Respondió llanamente. Levi no quería contarle sobre los últimos atentados de Marley, no quería preocuparla así que lo obvio. En cambio, le extendió una pequeña cajita que traía consigo.
Mikasa se limpió las manos con un paño y lo recibió curiosa. Lo abrió, era un colgante con una piedra roja en forma de gota incrustada en plata y sujeta por una fina cadenita también de plata.
- ¡Levi! ¡Es precioso! - Chilló emocionada. - ¿Por qué razón me lo regalas? - La joven lo admiró contentísima.
Levi realmente no sabía, en una vuelta habitual encontró un comerciante que vendía chucherías para mujeres y vio un delicado collar con una piedra roja que llamó su atención, sin razón alguna lo asocio con Mikasa y pensó si a ella le gustaría.
- Considéralo un premio por tus buenas calificaciones. El día de hoy, tu profesor de cálculo se acercó al cuartel. Me dijo que eres una de las mejores estudiantes - Su tono era causal, sereno y relajado.
Desabrochó la cadena y lo colocó alrededor del cuello de su esposa. Percibió una pasiva felicidad en su pecho cuando ella lo recibió encantada.
- ¿Cómo se ve?
- Te queda bien
Desvió la vista de la joya que descansaba en el pecho de Mikasa y quiso tomar asiento en la mesa, pero justo en ese instante ella lo abrazó, atrapándolo totalmente por sorpresa.
- Gracias Levi - agregó con una sonrisa cálida- Prometo usarlo siempre. - dijo dirigiéndose a la mesada a servir la cena con el rostro sonrojado.
Cenaban mientras hablaban acerca de una ocurrencia en la bodega. A decir verdad, la única que hablaba era Mikasa. Levi no era más que un mero oyente que la observaba todo el tiempo mientras ella parloteaba con efusivo ánimo. - ¿Puedes creer que uno de los proveedores del señor Silverman no quería reconocer que nos vendió todo un lote de botellas en mal estado? ¡Estaban vencidas! Tuve que enseñarle el registro de ingreso de mercadería dos veces para que aceptara que fue él quien nos la vendió. ¡Por los ocho inmortales! ¿Puedes creerlo?
Levi asentaba ligeramente con la cabeza escuchando como Mikasa preguntaba y se respondía constantemente.
Había pensado convivir con ella lo mínimo posible, pero lo cierto era que, su compañía no le disgustaba. Todo lo contrario, encontraba gratificante su presencia. Era agradable regresar del pesado trabajo y tener a alguien esperándolo en casa. Ella se desvivía por complacerlo y su afán era como mínimo halagador, por mucho que fuera su obligación. Además, aunque no le gustaba reconocerlo, ser el centro de tantos mimos y atenciones no le resultaba irritante.
A pesar de tanta maravilla, él no era idiota ¡Claro que no! Levi sabía perfectamente que ella estaba fingiendo con sorprendente maestría, que todo era un acto para que él siguiera cumpliendo con su palabra. Al principio se molestó y quiso reclamarle por querer tomarle el pelo, pero tras meditarlo un poco llegó a la conclusión que él habría hecho lo mismo de estar en la posición de Mikasa. ¿Qué más le quedaba a una joven pueblerina obligada a casarse en contra de su voluntad con un soldado mal geniudo?
Cuando le propuso llevar un matrimonio de apariencias no creyó que ella interpretaría tan bien su papel. Sí Mikasa quería jugar a la casita feliz, él no tenía mayor inconveniente con eso, mientras continuara obedeciéndole y supiera que limites no debería cruzar.
- Y el inventario… Ufff…. ¿Ya te conté del inventario? El inventario está hecho un desastre. Mañana voy a tener que revisar todo el almacén y cotejar las cantidades con las notas de pedido. - La mujer alzó las manos mientras sacudía la cabeza en señal de resignación.
Levi arrugó la frente. - ¿Ya no te gusta trabajar donde Silverman?
- ¿Bromeas? ¡Me encanta! - respondió levantándose de la mesa y dirigiéndose al fogón para retirar la tetera que pitaba. - Si pudiera trabajaría el turno completo. El señor Silverman dice que me va a enseñar sobre la depreciación y amortización ¿Eso será muy difícil? ... y yo que todavía no termine de entender cuando me explicó sobre el precio y su relación con la unidad de medida de valor.
La verborrea de Mikasa seguía mientras sacaba dos tazas del cajón de servicio.
- ¿Ya sabes cuándo regresa Hanji? - le preguntó cogiendo un frasco con té de la alacena.
- No, aún no puede retornar de Stohess- Levi chasqueó la lengua - No quiero té de jazmín, prepárame té negro.
- ¡Té negro! ... Bueno- masculló regresando sus pasos- Seguro está desesperada por regresar - Mikasa comentó devolviendo el primer frasco y en su lugar agarrando el frasco del té solicitado- Debe estar muy preocupada por Historia.
Sacó con cuidado las hojas de té y las dejó infusionar. Al terminar la preparación colocó las tazas en la mesa y le alcanzó uno a Levi.
- Me parece muy cruel que la mantengan encerrada en ese sótano horrible - Manifestó su molestia - No es sano permanecer tanto tiempo aislada.
- El cuartel es el lugar más seguro para ella por el momento. Erwin está intentando obtener una audiencia con el Rey, pero el desgraciado no quiere dar la cara - Levi sopló el vapor que desprendía su taza y dio un trago- Y es ella la que no quiere la compañía de nadie. Grita como loca cuando Sasha o Marco intentan acercársele.
- El Rey es un imbécil. Aunque sea una hija bastarda, eso no le da el derecho de dejarla abandonada en la Legión por tantos años.
- El mundo es un lugar despiadado, mocosa. -agregó sin mirarla, concentrado en el amargo sabor de su bebida- Le pudo ir peor. Cuando uno ha peleado en una guerra como yo, descubre que la crueldad y la benevolencia no son más que tonos distintos del mismo color.
La joven se quedó pensando en esa frase por un largo rato.
- Sigue siendo su hija- murmuró Mikasa en dirección a Levi con un dejo de tristeza en su voz.
Y hablando de hijos, había una conversación que estaba pendiente entre ellos y no sabía cómo comenzar.
- ¡Mocosa! - Mikasa dio un brinco y casi dejó caer los platos que tenía entre las manos.
- ¿Qué ocurre? ¿Quieres otro té? ¿Te preparo algo más?
Un raro palpitar lo inquietó cuando ella clavó sus bonitos ojos negros en él.
Mikasa dejó los platos en el lavadero y se acercó con confianza.
Ella estaba muy cerca, demasiado. Muy poca distancia los separaba, ella intentó acortarla estirando su mano con la intención de posarla en el brazo del hombre, pero Levi, con los reflejos más desarrollados y siendo el soldado de élite que era, atrapó su muñeca en el trayecto.
- ¡Levi! ¿Qué sucede? - Se sobresaltó ante el repentino agarre.
En el momento preciso en que los dedos de Levi sintieron el calor de la piel de su esposa, fue recorrido por una corriente eléctrica que lo descolocó.
- ¡Levi! - Volvió a llamarlo
Él regresó a la normalidad, reponiéndose de inmediato.
- Hanji todavía no tiene fecha de regreso. Una parte de la facción religiosa del Culto del Muro está causando disturbios en Stohess y eso la está reteniendo. - El ambiente ligero de la cena desapareció y cuando la vio nerviosa, la soltó– Yo quería que ella te revisara y conversara contigo antes de…. - Se detuvo en el segundo exacto en el que Mikasa se sonrojó y apartó los ojos de él.
Se alejó de Levi con lentitud y se sentó en la silla que usualmente ocupaba. Sus manos se movían con suavidad, aunque claramente nerviosa.
- Si, si, si lo sé- miró hacia un costado con las mejillas rojas- Yo también quería hablar con ella. Tengo un par de preguntas que quiero hacerle. Preguntas sobre… tú sabes…
Levi se había propuesto tener relaciones sexuales con Mikasa únicamente en sus días fértiles, cuando las probabilidades de un embarazo fueran más altas y para eso necesitaba la ayuda de Hanji. ¿Por qué la maldita cuatro ojos tenía que irse hasta Stohess cuando él la requería con tanta urgencia? ... Y la mocosa no era de ayuda ¿Por qué Mikela no le explicó esas cosas tan..tan de chicas? ¡Carajo! Era una estupidez que las mujeres no tuvieran acceso a la información sobre sexualidad y que hablar libremente de ese tema estuviera prohibido por ser considerado una "ofensa a la moral". - ¡Con un demonio! - maldijo y suspiró hondo.
Él no era un maldito pervertido, sin embargo, quería estar íntimamente con la condenada mocosa. Es decir, ya estaban casados desde hace dos meses y medio, ella le gustaba y quería terminar lo que quedó pendiente en su noche de bodas. No quería seguir durmiendo en su estudio ¡Quería dormir con ella! ... Bueno, aunque él no solía dormir mucho… ¡Mierda! En verdad quería tener sexo con Mikasa, pero no se había atrevido a dar el primer paso por el temor de asustarla y arruinarlo todo como esa noche. Tampoco quería que ella se viera forzada a hacerlo, no la obligaría ¡No! ¡Esa no era una opción!
Y las dudas…. Las malditas dudas en su cabeza lo golpeaban con la fuerza de miles de relámpagos. Sí llegaba ese momento ¿Mikasa también fingiría que quería tener sexo con él? ¿Tendría sexo sólo para complacerlo? ¿Sería capaz de llevar tan lejos su actuación? De ser así ¿Ella volvería a negarse y llorar si exige su derecho como esposo? O ¿Podría tomarla cuando quisiera? A fin de cuentas, él ya había cumplido su parte del trato y ella no. Él cumplió todo lo prometido y ella aún no salía embarazada. Pero ¿Cómo iba a salir embarazada si no tenían sexo?
- Termina de ordenar la cocinar y luego vete a acostar. Ya es tarde. - ordenó sobando sus sienes y respirando pesado.
Levi se levantó de la silla y cruzó la cocina sin decirle nada más. Sin mirarla. Dejando a Mikasa confundida.
Esa noche se encerró con llave en su estudio, en el silencio que tanto le gustaba, pero en ese momento no era confortable.
Despertó sintiéndose como si la muerte la visitara, sus extremidades se sentían pesadas y su cabeza ligera. Todas las mañanas su estómago se retorcía en nudos de náuseas y no podía evitar correr al baño y dar arcadas sin efecto alguno. Su cuerpo estaba sucumbiendo ante todo el estrés acumulado de las últimas diez semanas.
El remordimiento la carcomía por dentro, de tal manera que ahora parecía un cascaron vacío, rota y hueca, despojada de la luz que siempre la caracterizó. Su piel, antaño suave y brillante, se había tornado de un blanco inhumano, casi fantasmal.
No soportaba la culpa ni el dolor en su pecho producido por el esfuerzo de los espasmos vespertinos. Sentía que su propio peso eran toneladas, que el piso del asqueroso baño en donde estaba se convertía en un gran agujero negro que lentamente la devoraba. Poco a poco fue hundiéndose en el frío y húmedo suelo mientras miles de recuerdos la jalaban hacia abajo. Se quedo allí, con la mirada vacía e inmóvil.
Tantos sueños, tantos planes convertidos en polvos y arrebatados por un viento violento que no dejó nada, solo caos e incertidumbre. La depresión se había apoderado de su alma en el instante que vislumbró la decepción dibujada en los rostros de sus compañeros cuando los confrontó, cuando les contó la verdad. Y aunque ninguno emitió juicio en su contra, ella lo sabía. Sus camaradas la despreciaban por su sangre impura. Ella misma se sentía indigna de tenerlos como amigos.
El dolor la desgastaba y no tenía consuelo. Un fantasma viviente. A tal estado se podía resumir a Historia Reiss.
Historia era la nueva inquilina de la celda en el sótano del cuartel de la Legión desde hace más o menos dos meses. Parecía que su vida consistía en estar siempre atrapada, en nunca poder ser libre y en nunca poder decidir por ella misma.
Ella era la hija bastarda del rey, el desastroso resultado de un momento de debilidad carnal con una esclava Marlense.
Su madre murió durante el parto o eso le habían dicho, y los primeros años de su niñez transcurrieron en una granja, aislada de todo y de todos. Nadie podía enterarse que por sus venas corría la sangre maldita de los enemigos del reino.
Su padre Rod Reiss, un hombre cobarde y miserable, asustado por la superstición de matar a alguien de su misma sangre y presionado por el consejo real, la entregó con sólo ocho años en custodia al entonces comandante Keith Shadis, con la intención de esconder su verdadero origen en el cuerpo de la milicia con más alta tasa de mortalidad. ¡¿Quién creería que la enclenque niña de grandes ojos que dormía entre la mierda de los caballos de la Legión de Reconocimiento era la hija del gran Rey de Eldia?!
Cuando Shadis decidió renunciar a su puesto, ella fue heredada al nuevo comandante Erwin Smith. Erwin en una jugada arriesgada y apostando por su potencial, rápidamente la colocó bajo la tutela de una de los mejores soldados de la Legión y de esta manera fue entrenada por la excéntrica, pero muy talentosa Hanji Zoe. Desarrollando ambas mujeres un estrecho vínculo afectuoso.
Cuando cumplió la edad reglamentaria fue inscrita oficialmente como cadete de la Legión, adquiriendo de esa forma su nueva identidad como Krista Lenz. Para una fachada más sólida, Erwin dejó correr el rumor que un anciano terrateniente había enlistado a su única hija en el ejército con la intención de evitar que se casara con un hombre muchísimo mayor, que vivía encaprichado de su belleza.
La satisfacción de haber sido seleccionada por el mismo Levi heichou para formar parte de su escuadrón, ya no significaba nada ¡Nada!
Un silencio enloquecedor la ahogaba mientras las horas desfilaban ante sus ojos sin control ¿Cuántos días habían pasado desde que fue a abandonada por Reiner en mitad de la noche? No lo sabía ¿Por qué Reiner se había enlistado en una misión de último minuto con Hanji? ¡Ja! Esa respuesta era fácil, para huir de ella por supuesto.
Tal vez se debía a la angustia en su corazón, tal vez a la pérdida del sentido del tiempo, tal vez a la tristeza burlona que la incitaba a crear espectros de posibles futuros catastróficos. Sea lo que sea, pero Historia perdonaría a Reiner si él regresaba con alguna mentira lo suficientemente convincente, ella perdonaría a Reiner sí él regresaba para quedarse a su lado, apoyándola. Ella lo perdonaría sí el simplemente regresaba, le había prometido que siempre lo perdonaría.
¡Hola a todos!
Les agradezco infinitamente por leer esta historia. Gracias por seguirla y mil gracias por sus comentarios.
Cuando comencé a escribirla nunca pensé que a alguien le interesaría leerla, pero ahora ya superamos los 20 review. ¡Jejejejejejejeje! Me emociona como no tienen idea.
Voy a tratar de seguir esforzándome.
¡Mil gracias!
Con respecto al capítulo
Por un lado, Mikasa parece fingir con bastante naturalidad el papel de una eficiente ama de casa y esposa dedicada.
Por otro, a Levi parece no molestarle ser el centro de atenciones y mimitos de Mikasa.
Me gustaría que me digan que les pareció la nueva realidad de estos dos ¿Hasta que punto puedes fingir que alguien te interesa?
Y sí, el regalo del collar es un cliché, pero no pude evitar colocarlo. En verdad, pero en verdad sí me imagine a Levi comprándole algo así a Mikasa. Él mismo a aceptado que le gusta la mocosa
Soy contadora de profesión, así que no pude evitar meter términos contables en este capítulo. Trate de contenerme ya que en esa época no se utilizaban palabras como stock o kardex y en verdad me controle porque en un primer borrador Mikasa hablaba y hablaba con terminología contable más compleja.
Ahora, Historia es otro tema.
Ella se encuentra sumida en una profunda depresión, inmersa en un mundo de dolor y sufrimiento. Para sincera no sé cuánto tiempo más seguirá así la pobre.
Historia ha caído en su propio hueco sideral.
Agradecimientos
megumisakura : Gracias por comentarme siempre. Eres lo máximo.
SakurA-VioletA : ¡Holi! Pensé que ya había metido demasiado picante entre noche de bodas y traidores ¿En verdad quieres más acción entre esos dos? Ohhhh me sonrojo… Nahh mentira… .Ya veremos. Pero por el momento, cuéntame que te pareció este capítulo ¿Te gustó?
MairaIvette : ¡Hola! Gracias por lo de bueno. Dentro de los estándares del carácter de Levi, me parece que la está tratando muy bien. La que necesita amor y cariño con urgencia es Historia ¿Qué te parece la situación de Historia?
AZULMITLA : Te juro que me reí a mil con tu comentario… .No, aún no han tenido su noche matrimonial, ni han consumado el matrimonio, ni le han puesto Jorge al niño, ni Levi ha hecho morder la almohada a Mikasa… .aunque Levi tiene muchas… muchas… muchas ganas. Espero tu comentario del capítulo. Besosss
