Historia sonreía con una inquietante angustia, deslizaba lentamente el filo de la navaja por su delgada muñeca. Sentir el metal hundiéndose por su piel le parecía tan deleitable, tan placentero, tan exquisito… tan liberador.

Historia no tiene ningún motivo lo suficientemente convincente para negarse al caótico impulso que le dictaba arrancarse la vida con sus propias manos. No encontraba la fuerza necesaria para no cometer una locura. Definitivamente la batalla más complicada en la vida, era la batalla contra uno mismo.

Para ser sinceros, su alma y su esencia se habían marchitado hace mucho. Auto compadecía el saco de huesos que formaba su cuerpo y apetecía fervientemente terminar con su sufrimiento, pero no hallaba la manera al estar encerrada todo el tiempo.

La oportunidad perfecta apareció, esa tarde, cuando Marco fue a visitarla y en un descuido, ella logró robarle una de sus navajas sin que él se diera cuenta.

Un corte recto y su sangre comenzó a brotar por su brazo manchando su ropa, su cama y el piso de esa prisión comenzó a teñirse de carmesí.

¿Toda esa sangre era suficiente?

¡No! ¡Claro que no! Aún no era suficiente. Historia deseaba derramar hasta la última gota de sangre en sus venas.

Volvió a cortar. A pesar del ardor y del dolor que experimentó, volvió a hundir el frio metal en su antebrazo.

Otro corte y otro más y otro más y otro.

Y mientras se deleitaba con delirante calma las múltiples laceraciones en su piel, una extraña sensación de sueño empezaba a matarla. El sueño y el cansancio tomaban control de su cuerpo, así que no lucharía, no pelearía. Ya no más.

Historia se dejaba llevar por esa sensación de exquisito adormecimiento. Desparramada en ese catre viejo que era su cama, contemplaba con ojos inexpresivos el techo de su prisión, las vigas de madera ya estaban corroídas por la humedad y lo último que vería antes de morir serían esas paredes descoloridas y agrietadas. Esas paredes que la vieron llorar por incontables horas todo su dolor y su pena.

Las únicas velas que alumbraban su celda estaban a punto de consumirse y pronto todo quedaría en la oscuridad, en paz ¡Al fin!

Historia deseaba morir, ese era el único placer que rogaba en ese momento. Por fin tendría la libertad que tanto anhelaba. Su muerte compensaría la deshonra de haber sido un inmerecido miembro de la Legión, de haber sido la más débil de su escuadrón, de haber encubierto por tantos años su verdadero origen y también compensaría las vidas que tomó Reiner por protegerla.

¡Reiner! ¡Reiner! Sus últimos pensamientos estuvieron dirigidos a él. Si hubiera tenido derecho a un último deseo, tal vez hubiera deseado besar a Reiner otra vez o tal vez hubiera deseado clavarle mil navajas en el pecho para hacer pagar su abandono. Pero eso ya no importaba. Reiner estaba lejos y ella pronto moriría. Ya no tenía caso pensar en ofensas pasadas.

El tiempo parece aletargarse en esa oscura prisión. La vida de Historia escapaba poco a poco, los latidos de su adolorido corazón decrecían rápidamente y la fina línea entre la vida y muerte era casi como un suspiro. Su vista se oscurece y todo se vuelve borroso, la conciencia la abandona gradualmente.

El sonido de unas llaves llega a sus oídos, luego gritos, muchos gritos. La voz de una mujer retumba por toda la habitación… ..Sasha, esa era la inconfundible voz de Sasha, la voz de su querida amiga.

De pronto, sombras escurridizas danzan a su alrededor y un enredo de voces frenéticas la llaman incansablemente. De Historia Reiss no quedaba más que un cascarón vacío, y su escasa lucidez fue engullida por un oscuro torbellino sin fondo. Tras la muerte, solo impera el olvido y el silencio.


Era una noche lluviosa y Mikasa llevaba espiando a Levi unos quince minutos. El hombre estaba sentado en el gran sillón de su estudio con los ojos cerrados, como si estuviera durmiendo, pero Levi raramente vez dormía, lo máximo que le había visto dormitar era dos horas seguidas. Algo parecía incordiarlo, le costaba respirar, su respiración era pesada e irregular. Su rostro masculino reflejaba destellos de dolor, sus facciones estaban rígidas, al igual que sus hombros. Nunca lo había visto de esa manera.

Tenía que admitir que, al pasar los días, al pasar las semanas, al tratarlo con más cercanía, la convivencia con Levi se sentía como algo natural. Ella nunca habría esperado haberse adaptado tan rápido a sus manías y a lo hosco de su carácter. La actuación de esposa atenta se diluía paulatinamente y ahora en verdad deseaba que su marido estuviera complacido con ella y con su desempeño. Quería cumplir a cabalidad con los altos estándares que él le exigía y no pretendía decepcionarlo.

Mikasa quería hacer feliz a Levi de la misma manera en que su madre había hecho feliz a su padre. La idea de tener un matrimonio como el de sus padres la regocijaba, la animaba a continuar. No le resultaba mala idea querer intentarlo, querer un matrimonio de verdad. Si bien es cierto, ese no era su plan original… ahora algo había cambiado… ahora un raro sentimiento se anclaba al fondo de su alma y si era sincera consigo misma, Levi le gustaba… un poco… bueno… tal vez le gustaba más que un poco… pero sólo eso, no lo amaba ni nada por el estilo… sólo le gustaba.

Levi era un militar y por ese simple hecho, ella debería odiarlo. Toda la vida había escuchado historias donde los militares destruían todo a su paso y sólo traían dolor y destrucción. Su anciana nana había vivido en carne propia la maldad de los hombres de la milicia cuando apenas era una tierna joven. Pero, no podía, no podía odiarlo cuando Levi le permitía estudiar y trabajar, cuando respetaba sus decisiones sobre la administración de la casa y el manejo del dinero, cuando él la escuchaba hablar y hablar sin parar y parecer interesado. Era una locura, pero es que, detrás de todas esas malas palabras y actitud déspota, se encontraba un hombre solitario y roto, pero también un hombre valiente y leal a sus principios. Un hombre que valía el esfuerzo de formar un verdadero hogar.

Carraspeó, tratando de hacerse notar, pero Levi seguía con los ojos cerrados. Ignorando por completo su presencia.

Decidiendo que ya era suficiente el tiempo que llevaba observándolo y si él la descubría no sabría cómo contestar, se adelantó y le pasó un grueso cobertor por los hombros, abrigándolo del frio.


Eran las tres de la mañana y el sonido de las gotas de lluvia golpeando su ventana lo despertó de golpe y con un escalofrió. Sintió un peso extraño a la altura de los hombros y la espalda, y eso lo puso de mal humor. Se quitó el pesado cobertor de encima.

Había tenido de nuevo aquella pesadilla, aquella pesadilla que no lo dejaba en paz, donde veía morir a Petra, a Auruo ya Erd. Donde veía morir al primer escuadrón del que se hizo cargo. Estaba condenado a ser perseguido por los fantasmas de sus compañeros muertos.

Hacía frio, la lamparilla de aceite que reposaba en una esquina ya se había apagado y todo su estudio estaba en penumbras. La oscuridad lo invadía, sentía como si las paredes se envolvían a su alrededor, sofocándole y escondiendo horrores sin forma ni nombre entre los rincones.

Ese horrible sueño lo había dejado demasiado perturbado y cansado. Siempre era igual. Se levantó con desanimo y salió de la habitación. Caminó por el interior de la casa, atravesó la sala silenciosa y desértica y subió la escalera que crujía con cada uno de sus pasos, hasta que estuvo frente a él la habitación de Mikasa. No había visitado su habitación matrimonial desde su noche de bodas y se había prometido no acercarse hasta que la mocosa estuviera lista, pero ya no podía esperar más, no podía ni quería permanecer en la soledad de su estudio, en medio de las sombras. Entró a través de la puerta en silencio para no despertarla.

Mikasa dormía tranquilamente, algo vacilante se encaminó hasta la orilla de su cama y estiró la mano para acariciarla. En un principio creyó que con solo tocarla calmaría su ansiedad, pero estando junto a ella y sentir su calor, Levi necesitaba más. Más de Mikasa.

Las caricias de Levi la despertaron. Sobresaltándola ante la invasión de su privacidad.

Al darse cuenta, Levi la atrajo con fuerza hacia él con algo de violencia.

Mikasa jadeó, asustada.

- ¿Qué haces acá? - preguntó angustiada

No hubo respuesta. En cambio, él la besó apoderándose de su boca con posesión y fiereza, casi con desesperación. No admitiría un no por respuesta esta vez, y la verdad es que Mikasa no se lo daría. La muchacha le devolvió el beso con la misma pasión y con un extra de lujuria.


Notas de la autora:

Hola chicos ¡Los extrañe!

Este capitulo es un poco más corto de lo normal, pero es que he estado un poco ocupada. Espero retomar el ritmo en los siguientes capítulos.

Empecemos:

Historia, la pequeña Historia ha cometido una locura. Prefiere huir de la realidad y piensa que acabando con su vida todo se solucionara. ¿Ustedes que piensan? Me imaginó que a muchos no le gustó la decisión de Historia, pero ella es una mujer desesperada que ya no tiene nada que perder. En mi opinión una mala combinación.

Por otro lado, las pesadillas atormentan a Levi y para evitar seguir siendo torturado por los fantasmas del pasado, este necesita aferrarse a alguien real y tangible. Así es, va en busca del calor de Mikasa ¡Por fin!

Gracias a todos los que me leen. En verdad, en verdad me emociono cuando me dejan un comentario y sé que se han tomado la molestia de leer esta historia. Gracias a todos.

Kirana Retsu: Así es, Levi sólo se deja llevar por las atenciones de Mikasa. Al principio pareció chocante la nueva actitud de ella, pero ahora Mikasa ha admitido que Levi le gusta y no se resistió a su beso. Tengo que confesar que entre esos dos sucederán muchas cosas que romperá la burbuja que han creado. El drama esta por comenzar ¿Qué te pareció le capitulo?

SakurA-VioletA: El picante entre Levi y Mikasa está por venir ¡Ya está cerca! No quise incluirlo en este capitulo ya que, Historia y su dolor eran los protagonistas. El animo de la pequeña Historia me invadió y no pude escribir nada más romántico - o lujurioso - entre esos dos. Espero que te haya gustado este capitulo. Espero tu comentario.

megumisakura: Holi...gracias por tu comentario. Me alegra que te haya gustado.

MairaIvette: Gracias por tu comentario. Mikasa está tratando de sacar la mayor ganancia de su desgracia y aprovechar las oportunidades que se le presentan. Históricamente a las mujeres se nos ha considerado como seres débiles, pero no hay mentira más grande en el mundo que esa. Sobre Historia, tienes razón, ella nunca ha estado sola, pero quien le hace entender eso. Lo lamento, pero en este fic va a haber mucho sufrimiento. ¿Qué te pareció este capitulo? Te leo.

bethYii: Ohhh, me alegro que te encante ¡Gracias! En un principio Mikasa si fingía, ahora es otro cuento. Espero tu comentario del capitulo con ansias. Te leo.

PinkyWinkySquisy: Tu comentario me encantó. No te preocupes, puedes comentarme en cada capítulo jejejejeje. Que me escriban y me dejen sus opiniones me alienta a seguir escribiendo. Agradezco que te hayas tomado el tiempo de leer las incoherencias de mi perturbada mente y sobre todo que te guste. ¡Quiero llorar de la emoción! Aún hay muchas preguntas que necesitan ser respondidas, pero todo a su debido tiempo. Ya se aclararan. Tal vez hayas acertado en una de tus predicciones, ya lo leerás en el siguiente capitulo. Ahora, dime ¿Te gustó este cap? Te leo.