Ese mismo día, en horas de la tarde, Reiner Braun fue llamado de emergencia al cuartel general de la Legión de Reconocimiento. Había recibido un telegrama con la orden directa del comandante Erwin Smith de regresar con urgencia a la ciudad de Ehrmich. Por esa razón, esa orden no podía ser tomado a la ligera.

Reiner sabía que algo grande — mejor dicho—, algo muy grande había sucedido en el cuartel. Algo que era lo suficientemente importante como para que Hanji abandonara una misión y luego él fuese convocado sin algún motivo aparente.

Al igual que a Hanji, a Reiner le tomó tres días de cabalgata agotadora para llegar al cuartel.


Por la ventana de su oficina se observaba la caída de la primera nevada de la temporada. Los pequeños copos de nieve descendían lenta y rítmicamente sobre la calle. La entrada del cuartel general de la Legión de Reconocimiento poco a poco empezaba a cubrirse con un manto blanco. El viento zumbaba y un aire gélido se filtraba por debajo de la puerta, entre las viejas vigas del techo y dentro de las rajaduras de las paredes.

El soldado más fuerte de Eldia se encontraba recostado en la silla de su escritorio. En sus ojos se podía apreciar una mezcla contradictoria entre rabia y compasión. Parecía como si fuera a estallar en maldiciones y groserías en cualquier instante.

En busca de un consuelo que calmara su cólera y calentara su cuerpo, sacó una caja de cigarrillos de uno de sus bolsillos, colocó uno en su boca y lo prendió con cuidado. Pero fue en vano, ya que ni siquiera ese dulce alivio podía evitar que la ira y la frustración corrieran por su torrente sanguíneo como un veneno que lo intoxicaba. La decepción hacía que sus entrañas se revolvieran de una manera violenta. Decepción, eso era lo que sentía. Se sentía profundamente decepcionado de su subordinada más joven, pero, a la vez, lo envolvía una dura, profunda e irremediable melancolía.

Una espesa nube de humo negro salió de su boca, cubriendo su rostro y ensombreciendo aún más su amarga expresión.

—¡Krista! ¡Krista! ¡Niña tonta! ¡Niña ingenua! —Murmuraba una y otra vez.

Krista era la más pequeña de los miembros de su escuadrón y, aunque valoraba a cada uno de sus compañeros por igual, Krista Lenz — o mejor dicho Historia Reiss — ocupaba un lugarcito privilegiado en su vida. Nunca olvidaría el día en que la loca cuatro ojos apareció en la puerta de su habitación con una escuálida niñita de rubios cabellos envuelta en asquerosos harapos.

Él la había visto crecer, desarrollarse, entrenar arduamente para convertirse en una cadete digna de la Legión. Pero también vio cómo caía lentamente en un pozo oscuro de depresión hasta el punto de robar un cuchillo y abrirse las venas sin titubear.

Siempre pensó que existían dos motivos por los cuales merecía la pena morir: La primera era por la paz del reino y la segunda, por aquellas personas importantes en su vida. Él consideraba que el suicidio no era más que un acto de cobardía, ejecutado por débiles de mente y corazón.

Por esa arraigada creencia, Levi no había vuelto visitar a Krista en el hospital después que ella despertara y le confesara a Hanji lo que realmente había sucedido. Si la tuviera frente a frente, seguramente le gritaría de forma hiriente y le reclamaría por su cobarde proceder.

Lo único cierto era que Krista no sólo había intentado acabar con su vida, sino que también estaba embarazada.

¡Embarazada! La pequeña niña de grandes ojos que su mejor amiga había criado como su propia hija, estaba preñada de un maldito infeliz que no tenía nada más que ofrecerle que la promesa de convertirla en la vergüenza y la burla de la ciudad si se enteraban de su gravidez .

Pero Reiner Braun no era un don nadie. Él era su segundo al mando, el más habilidoso de su escuadrón y el primer candidato en obtener un ascenso ese año. Era un buen soldado, capaz, fuerte y su legajo militar era impecable. Incluso los altos mandos insinuaban que Reiner estaba desperdiciando su potencial en la Legión.

Levi generalmente no sentía la necesidad de asesinar a alguien fuera de los objetivos de las misiones que le encargaban, pero, en ese momento, físicamente tenía la urgencia de destripar dolorosamente a Reiner y obligarlo a que confesara por qué demonios se había acostado con su compañera y luego escapado con la patética excusa de cumplir con una misión.

¿Cómo mierda pudo hacer esa canallada? ¿Cómo pudo hacerle esa bajeza a Krista?

Si Reiner había seducido a Krista hasta el punto de convencerla de que abriera las piernas para él, lo mínimo que debía hacer era responsabilizarse por lo sucedido.

Si estuviera en sus manos, obligaría a ese grandísimo hijo de puta a casarse con esa tonta muchachita para resarcir su dañado honor, así ellos estuvieran de acuerdo o no, así ella decidiera deshacerse de la criatura. Sin embargo, le había prometido a Hanji que no volvería a armar ningún otro escándalo. Los ojos de toda la milicia estaban sobre la Legión y claro, ¿cómo no lo estarían después de que él había retenido a varios hombres de la Policía Militar y de las Tropas de Guarnición sin pruebas contundentes?

Levi respiraba profundo, mientras sostenía el cigarrillo con sus labios y cerraba los ojos. Necesitaba calmarse, no podía darse el lujo de perder la cabeza.

Un golpe en la puerta captó su interés.

—¡Adelante! - Gritó Levi con molestia en su voz y apagando la colilla del tercer cigarro que fumaba antes del mediodía.

Annie se coló al interior de su oficina y después del saludo reglamentario, dijo: - Heichou, Reiner acaba de llegar al cuartel. Está afuera, esperando su autorización para entrar.

- Dile que pase.

La puerta se abrió de nuevo y la rubia salió del mismo modo en que entró, es decir, en completo silencio.

Otro golpe a la puerta resonó. Esta vez, era Reiner.

El joven entró en su oficina con pasos firmes y con movimientos suaves, pero cometiendo el gravísimo error de mostrarle la sonrisa más sincera y cordial posible. Fue en ese segundo y sin previo aviso, cuando Levi, perdiendo los estribos, se abalanzó sobre el menor con una furia descomunal, tomándolo por la solapa del abrigo, estampándolo contra el suelo y comenzando a golpearlo sin parar.

Las paredes de su oficina eran gruesas, pero no lo suficiente para evitar escuchar la voz del capitán gritando a todo pulmón cosas como: - Maldito desgraciado, ¡era tu compañera! ¿Cómo te atreviste? Te aprovechaste de su confianza. Existen límites…

¡Más te vale que te hagas responsable de ella y del niño o sino juro que te mataré! No te atrevas a huir de nuevo, maldito cobarde y miserable…

Gritos y golpes se escuchaban desde la oficina, junto con insultos de toda clase que manifestaban la ira de Levi.

- ¡Párate! ¡¿Qué?! ¡Me importa una mierda que estés sangrando! ¡Que te levantes, he dicho! ¡¿Qué?! ¿Cómo que por qué? ¡La embarazaste maldito infeliz! ¡Está embarazada de ti! ¡¿Qué?! ¿Qué es lo que no entiendes? ¡Krista está embarazada de ti!

El griterío continuó por un largo rato y aunque para todos los miembros de la Legión era claramente audible, ninguno se atrevió a entrar para rescatar a su compañero. No porque no quisieran ayudarlo, sino porque nadie en su sano juicio se atrevería a abrir esas puertas y detener al enfurecido capitán Ackerman.

Meses después, Levi se arrepentiría de no haber matado a Reiner Braun en esa oportunidad. Ese día pudo haber evitado los sucesos posteriores que marcarían su vida y el futuro de todos en la Legión de Reconocimiento.

Después de aquella llamada de atención, Reiner permaneció hospitalizado durante una semana entera en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Militar de Ehrmich. Según el reporte oficial, sus lesiones fueron producto de una misión de espionaje que salió mal, por lo cual nadie se atrevió a preguntar o cuestionar el lamentable estado del joven soldado.

Dos días después que Reiner fue dado de alta, este volvió a desaparecer en mitad de la noche.

Y otros dos días después, Marley dio el primer gran golpe. Se trató de una serie de bombardeos sincronizados a los cuarteles generales de las tres fuerzas militares del Reino y a los principales edificios de la ciudad.


Un polvo fino se desprendía de las paredes y trocitos del techo comenzaban a caer sobre su cama y ella. Al mismo tiempo, un sonoro estruendo se escuchaba muy cerca de su habitación. Las paredes empezaron a vibrar y a sacudirse repetidamente debido a fuertes explosiones.

Historia no tenía la menor idea de lo que estaba sucediendo.

¡Un ataque! pensó en medio de la confusión, pero era improbable. Marley no se atrevería a ejecutar un ataque directo y menos en la ciudad donde se concentraba el poder militar del reino.

Un simulacro volvió a pensar. Seguramente eso era lo que sucedía. Tal vez, la Policía Militar estaba realizando un simulacro de bombardeo - demasiado realista - cerca de allí.

Con esfuerzo, se sentó y comenzó a sacarse las mantas que la cubrían. Intentó levantarse de la cama, pero no podía ya que aún se mantenía conectada a la intravenosa.

Otra explosión sacudió la ventana de su habitación.

Su instinto le gritaba que se levantara y fuera a ver qué estaba sucediendo.

Sus años de formación castrense le advertían que no se trataba de ninguna clase de ejercicio militar.

Pero fue después de una nueva oleada de movimiento en su habitación que consideró que la ciudad estaba bajo asalto. Y sus sospechas fueron confirmadas cuando pudo escuchar a un grupo de soldados de la Tropa de Guarnición chillando como cerdos a punto de entrar al matadero al otro extremo de su puerta.

- Están bombardeando nuestro cuartel general y el de la Policía Militar.

- ¿Estás seguro?

- ¡¿Cómo pasaron nuestros puestos de vigilancia sin ser detectados?!

- El cuartel de la Legión está siendo evacuado.

- ¡Te dije, hay espías entre nosotros!

- ¡Apúrense, están reuniendo a todos los pelotones!

- ¡Mi unidad también ha sido convocada! ¡Vamos, no demoren!

Estaba hospitalizada, pero ella no podía permitirse quedarse inmóvil cuando su hogar estaba bajo ataque enemigo.

Se arrancó la aguja que tenía injertada en el dorso de su mano y gruesas gotas rojas resbalaron por su brazo, manchando su camisón y el piso blanco.

Tuvo bastante dificultad para salir de su cama debido a que el lado izquierdo de su abdomen bajo comenzó a punzarle. Apretó los dientes y gimió con dolor. Sus piernas permanecían débiles por falta de movimiento y a duras penas podían soportar su peso. Ella dio unos temblorosos pasos buscando en qué sostenerse, pero no podría permanecer en pie por mucho tiempo más.

Estaba por alcanzar el respaldo de la silla que Sasha acomodaba religiosamente cerca de su cama después de cada visita, cuando alguien entró a su habitación.


En el corazón de la ciudad, el Hospital Militar sobresalía imponentemente en comparación con otros edificios. Era una construcción antigua, su fachada era de una rústica piedra tan oscura como el ónix, pero por dentro era majestuoso y de acabados elegantes.

Un joven con el uniforme de la Policía Militar avanzaba hacia allí. Ingresó por la puerta principal con relativa facilidad y evitó mostrar su rostro a toda costa.

El hospital estaba más lleno de lo anticipado. Los doctores y las enfermeras corrían de un lado a otro, desesperados por atender a la mayor cantidad de heridos.

El lugar se encontraba en crisis. Un grupo de ciudadanos gritaban furiosos frente al módulo de las recepcionistas preguntando por sus familiares ingresados a consecuencia de los recientes bombardeos y absolutamente nadie se fijaba en él, ya que todos estaban demasiados ocupados como para prestarle atención.

Sabía con exactitud hacia dónde dirigirse. Necesitaba ir al ala este, piso 4, habitación 15. Había utilizado la semana que permaneció internado en ese lugar para aprenderse de memoria la ruta más rápida hacia ese punto. Subió las escaleras dando grandes zancadas, luego atravesó largos y lustrosos pasadizos esquivando a los heridos que temblaban nerviosos con cada explosión en el exterior. En el camino, una enfermera lo miró con sospecha, pero el uniforme de la Policía Militar tenía la extraordinaria cualidad de infundir respeto y admiración, así que lo ignoró y la mujer regresó su interés a un recluta que había sufrido varias quemaduras.

Dio la vuelta en una esquina y fue cuando llegó al sitio que estaba buscando con tanto empeño.

Ningún guardia vigilaba ese cuarto cuando echó un vistazo desde el pasillo. El joven se preguntó: ¿Por qué el comandante Erwin tenía tan desprotegida a Historia? ¡Ella había sufrido un intento de asesinato hacía un par de meses! ¿No se suponía que su condición mental era delicada? ¡Una mujer en su estado necesitaba cuidado permanente!

Ofreciendo un rápido golpeteo de cortesía, él giró el pomo y empujó la puerta, entrando con rapidez.

Y al fin encontró a la persona que tanto buscaba. Reiner se movió silenciosamente mientras se acercaba a ella y se detuvo a corta distancia para observarla con detenimiento.

Ella estaba vestida con el clásico camisón blanco lechoso que era de uso obligatorio para todos los pacientes internados. Él tuerce el gesto cuando se percata que su ropa estaba salpicada de sangre. Inspecciona el panorama y se tranquiliza al ver que sólo se había arrancado la jeringuilla del suero.

No la había visto en casi tres meses y estaba sorprendido por el cambio que había sufrido. Historia estaba delgada, muy delgada, casi en los huesos y el color de su piel tenía una tonalidad insana. Sus ojos estaban opacos, sin brillo, adornados por unas marcadas ojeras y sus mejillas estaban preocupadamente hundidas.

¿Historia en verdad estaba embarazada? No lucía como las mujeres embarazadas que él había visto anteriormente. Tampoco estaba resplandeciendo, ni irradiaba ternura como proclamaban los ridículos libros que Sasha leía.

Ella debía estar enferma, muy enferma. A lo mejor se había contagiado de alguna rara enfermedad mientras ayudaba en los locos experimentos de Hanji. Pero no, eso era poco creíble. Levi heichou le había dejado muy en claro que Historia estaba embarazada ¡Demasiado en claro! Todavía no estaba del todo recuperado de los golpes de su capitán y recordar esa charla hizo que le dolieran las costillas.

Además, el comandante Smith había confirmado lo revelado por el capitán Ackerman. Sus duros reproches y su penetrante mirada inundada en decepción dolieron igual que una paliza.

Pero, ¿eso era cierto? ¿Realmente Historia estaba embarazada de él o era una patraña? ¿Qué ganarían con una mentira de ese calibre?

Para alguien que había pasado la última década de su vida mintiéndole a todos a su alrededor, no era sencillo confiar en simples palabras.

Tenía que verla. Sí, tenía que verla y comprobarlo por él mismo.

Eso era todo lo que podía pensar mientras examinaba detallamente la frágil figura de la muchacha que se tambaleaba al frente suyo, poniendo particular curiosidad en su vientre.

No mentiría al decir que estaba asustado. Le aterraba la idea de que Historia estuviese esperando un hijo suyo. Ella era virgen hasta esa desastrosa noche en que se atrevió a tocarla más allá de lo permitido y fue tan egoísta, que ni siquiera se tomó la molestia de preguntarle si se estaba cuidando.

De improviso, Historia voltea e irremediablemente su vista se cruza con la de él. La abrupta invasión produce que la joven se sobresalte y pierda el poco equilibrio que mantenía.

Reiner se alarma y corre hacia ella, arrodillándose para evitar que se estrelle contra una silla, envuelve una mano por su cintura y la otra por debajo de sus rodillas, cargándola al estilo nupcial. Ella esta tan delgada que no pesa nada. Es tan ligera como una pluma.

—¡¿Reiner?! - gritó Historia

La mente de Reiner se quedó en blanco ante el calor que la joven emanaba. Ningún sonido alcanzó salir de su boca. No pudo articular palabra y una fuerza incomprensible evitó que la soltara. Reiner se sentía como una insignificante partícula que había caído a merced de un abismo sideral.

Cualquier respuesta que él estuviera a punto de balbucear fue interrumpida por otra fuerte explosión. La habitación se sacudió tan estrepitosamente que Reiner intuyó ya debían estar atacando el hospital.

—¡Reiner! —Volvió a gritar Historia — ¿Qué está pasando? ¿Están atacándonos?

- Es Marley. Están atacando la ciudad.

Ella resolló y se llevó una mano a la boca— ¡No, no puede ser! ¿Dónde están los demás? Tenemos que ir con el resto del escuadrón.

Historia estaba inquieta y, sin importar cuánto quisiera explicarle y justificarle sus acciones, tenía que afrontar preocupaciones más grandes.

No importaba si el niño que llevaba en el vientre no era suyo. La situación se había complicado demasiado y podía serlo aún más. No era seguro dejar a Historia en la Legión, pero tampoco en Eldia. Necesitaba mantenerla a salvo. Si tenía que sacarla con engaños del reino, lo haría, incluso si con eso se ganaba su odio eterno.

—Te contaré todo, te lo prometo. Primero salgamos de aquí. Vamos a reunirnos con los demás.


Nota de la autora:

Hola chicos y chicas! Acá estamos con un nuevo capítulo.

¿Qué les pareció? ¿Les gustó? Díganme ...

Veamos:

Reiner ha regresado y vaya forma de recibirlo. Era obvio que no iban a recibirlo con los brazos abiertos si Historia les contaba que él era el padre de su bebé y que piensa hacer ahora.

Marley se ha atrevido a dar el primer golpe. Marley está atacando la ciudad ¡No! ¿Porque ahora? Reiner ¿Tú tienes algo que ver con esto?

Quiero agradecer sinceramente a la talentosísima Nat Nara por ayudarme a corregir los delitos que cometo contra la gramática en general. Gracias por tu apoyo y por tu paciencia. Ella me ha ayudado muchísimo con este capitulo.

Pasen a leer sus obras, son muy buenas. Ella esta en esta plataforma como Temari05Nara. Vayan y denle mucho amor en forma de comentarios.

También quiero agradecerles a todos ustedes por su interés en este proyecto. Gracias por leerme y es gracias a sus comentarios que me motivo a seguir escribiendo.

No saben como me emociono cuando recibo un comentario nuevo, cuando leo alguna teoría, cuando leo su punto de vista o cuando leo que algo les ha gustado. Es por ello, que egoístamente les vuelvo a pedir que dejen su comentario de este capitulo. No pido mucho, soy feliz con poco, pero no dejen de darme amor.

Hasta el siguiente capítulo...