Emrich era una ciudad militar, pero dinámica y en constante crecimiento. Un lugar en donde la milicia y el comercio fluían en armonía como aguas de un mismo río. Estaba ubicada al sur de la muralla Sina y su función primordial era abastecer y proteger a la ciudad imperial de Mitras, la capital del Reino, residencia de la monarquía, de la corte y de las familias de los altos cargos militares.
Ya era la hora de la cabra y ese día el aire estaba gélido y húmedo. Mikasa caminaba a paso presuroso bajo una leve nevada por una de las empedradas calles del distrito comercial de Emrich. Hacía tanto frío que un halo de vapor emanaba de su boca y de su nariz a cada paso que daba. Sus mejillas estaban enrojecidas y el grueso abrigo color azul oscuro que la cubría hacía resaltar sus exóticas facciones.
Mikasa fácilmente diría que ese no era su día o, mejor dicho, su semana. Faltaba poco para las festividades de fin de año y estaba súper atareada con los resúmenes y proyectos que los profesores encargaban para esa fecha. Enfrentar el examen teórico de cálculo la tenía algo nerviosa y la mayoría de sus compañeros pensaban que ella era pretenciosa por obtener sobresaliente en asignaturas avanzadas como geometría y aritmética. Además, elaborar un ensayo final titulado "La opresión de las mujeres en la economía de la Eldia actual" para su clase de lingüística era considerado un plan ambicioso que ya había levantado murmullos y rumores.
Cansada y con prisa, trató de abrirse paso entre las personas que deambulaban hipnotizadas por los llamativos escaparates de las tiendas. Avanzaba lentamente perdiendo la paciencia y no le quedó más remedio que empujar a un par de señoras que no se movían por estar discutiendo en el umbral de una exclusiva joyería.
Hacía diez minutos que debió marcar su tarjeta de entrada y ya era la tercera vez en la semana que llegaba tarde a su trabajo, pero para cumplir con el plazo límite de entrega de sus pendientes, necesitaba quedarse una hora adicional en la biblioteca de su escuela.
Encima, esa mañana, la cocción del cerdo en salsa agridulce por el cual Levi estuvo haciendo pataleta desde hacía días, le tomó más tiempo del que había planeado y ella no podía quejarse, ya que en gran parte el engreimiento de su marido era su culpa. Mikasa había malacostumbrado a su esposo a tal grado, que Levi ya no comía ni bebía nada que ella no hubiese preparado. Así que si no le llevaba su almuerzo, este no probaría bocado hasta la cena y ella no podía permitir eso.
Dobló en una esquina, atravesó un pintoresco callejón y siguió su andar. Un par de cuadras después, llegó directamente a la calle más concurrida del distrito. A esas horas, el bullicio y la energía de compradores ansiosos por conseguir lo que necesitaban –y lo que no necesitaban—para las celebraciones de fin de año eran como mínimo, apabullante.
En una pequeña oportunidad y con un ágil movimiento, adelantó a un señor de edad avanzada que llevaba un par de bolsas colgadas del brazo. Estaba retrasada y no tenía tiempo para ser amable.
Finalmente, divisó la tienda del señor Silverman. Suspiró satisfecha y atravesó la puerta de roble rojo que siempre permanecía abierta en horario de atención. Se acercó al mostrador para saludar a Wilda, su compañera del turno matutino.
En el interior, la temperatura era agradable gracias a la gran chimenea de piedra pulida que llegaba hasta el techo y ella no podía estar más agradecida por ello.
El invierno en la ciudad no era como el invierno en el pequeño pueblito donde nació. Hica se ubicaba en un hermoso valle y el clima era mayormente cálido y seco. Muy pocas veces estaba nublado y frígido, aunque las frescas lluvias solían hacer de las suyas continuamente. Pero todos los años, durante los meses de la helada, las antiguas carreteras y maltrechos caminos que conectaban a la Finca de su familia quedaban cubiertos de toneladas y toneladas de nieve, anulando toda posibilidad de entrada o de salida, convirtiendo al pueblito de Hica en un oasis inaccesible dentro de la cadena de montañas que rodeaba a la Muralla María.
Nunca entendió porqué sus antepasados eligieron un lugar con una geografía tan accidentada y peculiar para asentarse. De todo el reino, ¿por qué tuvieron que establecerse en un sitio de tan enrevesado acceso?
Y ahora, ella pagaba las consecuencias de esa decisión.
Debido al inclemente clima, a esas alturas de la temporada ya no podría viajar para ver a su madre y pasar con ella las cinco merecidas semanas de descanso que gozaría después de la clausura del semestre escolar. Tenía tantos deseos de abrazarla y tenía tantísimas cosas que contarle. En verdad la extrañaba mucho. Pero eso tendría que esperar hasta que la nieve se derritiera y liberara las vías.
Pasándose los dedos a través del cabello para hacerlo más presentable, Mikasa se sacó su grueso abrigo y se colocó un delantal marrón oscuro para comenzar con el trabajo de la tarde.
Mientras se ataba los tirantes a su espalda, Wilda la sorprendió despidiéndose en voz alta.
—¡Mikasa, ya me voy! Es tarde y quiero ir a la tienda de la señora Bread. Le prometí a mi hermana que le compraría un bonito vestido verde.
Wilda era una jovial muchacha de su edad. Su ondeado cabello rojizo, sus ojos color avellana y su despampanante silueta la hacían bastante popular entre los clientes masculinos. Su familia vivía en uno de los peores distritos de la ciudad de Holst y por más que trataba, Mikasa siempre se confundía o no se acordaba si la ciudad natal de su amiga quedaba al este u oeste de la Muralla María. Por otra parte, una noche, en medio de esas conversaciones tontas que tenían después de hacer el amor, Levi le contó que esa era una zona muy pobre y que el ejército lo ocupaba para el entrenamiento de los soldados.
—¿El vestido verde con piedras bordadas alrededor de la cintura que vimos el martes? – preguntó indiscretamente.
Su compañera sonrió de forma burlona mientras le entregaba un pesado libro de páginas amarillentas forrado en cuero.
—¿¡Estás loca!? No, ese no. Está muy caro—Wilda la regañó entre risitas–. Buscaré uno parecido, pero más barato. Tengo que ahorrar todo lo que pueda, cada moneda cuenta.
Mikasa se arrepintió de preguntar.
Según los rumores, el padre de Wilda había fallecido muchos años atrás, dejando a su esposa con siete pequeños niños en la indigencia total. Ella era la segunda y junto con su hermano mayor tuvieron que apoyar a su madre con la complicada situación. Al no encontrar ningún trabajo decente que pudiera aliviar la gran carga familiar, ambos hermanos dejaron Holst y se asentaron en Emrich buscando un mejor futuro.
—No pongas esa cara, mujer. Este año, tendremos una cena caliente para celebrar Navidad—la pelirroja suspiró en forma más o menos convincente—. No pasaremos frío y mis hermanos pequeños tendrán regalos, no serán los mejores, pero es lo que hay.—sentenció mientras alisaba unas imaginarias arrugas de su falda.
Mikasa estrujó el libro que tenía en las manos con fuerza y sus ojos empezaron a ponerse acuosos. Ella nunca había pasado hambre y siempre había tenido un techo sobre su cabeza. Su padre siempre le había comprado bonitos vestidos y ahora, Levi la complacía con lindos obsequios. El precioso colgante rojo que lucía en su pecho, era una prueba de ello.
Wilda era una chica encantadora y agradable, aunque carecía de filtro al hablar. El día que se conocieron, se presentó como si fueran mejores amigas que no se habían visto en años. Era empeñosa, dedicada a su trabajo y no se molestaba cuando ella llegaba tarde. Así que Mikasa decidió darle algo.
Dejó a un lado el voluminoso registro de ingresos. Abrió el segundo cajón del mostrador de la izquierda, aquel que guardaba las bebidas sin alcohol y por eso pocos clientes se acercaban a revisar su contenido. Sacó dos hermosos pañuelos de color celeste pálido, los dobló con cuidado y se los entregó.
—¡Toma! Uno es para tu mamá y el otro es para tu hermana. Es mi regalo por todas las veces que llegué tarde y me cubriste—Mikasa dijo alegremente—. No serán un vestido, pero yo misma los he bordado.
El animado rostro de Wilda se desconcertó visiblemente y por largo rato se quedó de pie con rigidez, insegura.
—¿Me los regalas… ? ¿A mí? – gorgojeó titubeante.
Como si no supiera qué hacer, estiró su mano con duda y los recibió con cuidado, como si fueran un valioso tesoro.
—Por supuesto—respondió—. Eres mi mejor amiga y quiero dártelos.
La pelirroja admiró uno de los delicados pañuelos. La tela era suave y sedosa como el pétalo de una rosa. Los hilos eran de brillantes colores, las puntadas eran amplias pero firmes y bien definidas. El refinado diseño de flores de ciruelo era extraordinario y perfecto. En definitiva, la belleza del bordado no tenía comparación a ningún otro que ella haya visto.
—¡Son hermosos, Mikasa! —exclamó Wilda con entusiasmo mientras abrazaba a su amiga con un chillido que se escuchó hasta el exterior de la tienda. – ¡Son tan bellos! A mi mamá y a mi hermana le van a encantar– dijo gritando en un tono extremadamente agudo y dando saltitos por la emoción.
Mikasa no mentía al decir que esa joven pecosa era su mejor amiga. Aunque en realidad debería decir que era su única amiga.
Las chicas del escuadrón de su esposo no contaban. Annie y Sasha la trataban con demasiada formalidad a pesar que ella era menor que las dos. Tal parecía que el respeto que le tenían a Levi la alcanzaba de manera involuntaria. Nunca conoció realmente a Krista. Su condición mental y el hecho de permanecer encerrada en el sótano del cuartel como si fuera un animal en cautiverio, no ayudó a forjar una amistad.
Ni qué decir de la escuela, todos sus compañeros eran hombres y la única mujer se había retirado hacía un mes porque su madre prefería que aprendiera las labores del hogar y no que mantuviera la nariz enterrada entre inútiles libros.
Así que Wilda, en poco tiempo y con sus locas ocurrencias, se había convertido en la hermana que sus padres no pudieron darle.
Las dos chicas se abrazaron fuertemente por un largo rato. Felices por haberse conocido y prometiéndose ser mejores amigas para siempre, juraron fervientemente que sus futuros hijos también fueran amigos y que nada en ese mundo las podría separar.
Pero los caminos de la vida son retorcidos y caprichosos.
Mikasa nunca imaginaría que tres días después, casi terminando la hora de la serpiente, un grupo de rescatistas de la Policía Militar, recuperaría el cuerpo mutilado y desfigurado de su querida amiga. Las paredes y el techo de la humilde casa donde vivía con su hermano mayor, no soportarían el impacto de las explosiones y se desmoronarían como una galleta, aplastándolos en el acto.
También, quién imaginaría que al finalizar los trabajos de rescate de sobrevivientes y recuperación de cuerpos, Mikasa colocaría una tela de color blanco en la puerta de su casa. Quemaría incienso, paja y papel funerario durante tres noches. Cantaría y oraría por el alma de Wilda y por todos los que no sobrevivieron. Lloraría amargamente y les suplicaría al Emperador Dragón de Jade y a la Diosa Guan Yin que le explicaran: ¿Cuál fue el mal que Wilda hizo para morir de esa forma? ¿Acaso las personas buenas no merecían vivir largas y felices vidas? ¿Porque los dioses eran injustos con los buenos de espíritu y tan benevolentes con los malvados y traidores?
Mikasa atesoraría el recuerdo de la sonrisa y la felicidad que desprendía su casi hermana al admirar aquellos pañuelos.
Después de varios minutos, las dos jóvenes se separaron. Ambas tenían obligaciones que atender. Una tenía que encargarse de la tienda, la otra tenía que terminar las compras prometidas y luego embarcarse en la próxima carreta para pasar las fiestas en compañía de su familia.
—¡Cuando regrese de Holts, prometo tejerte una bufanda!— Gritaba desde la puerta— ¡No te olvides actualizar el registro de ventas! El señor Silverman va a venir más tarde. ¡Te veo en tres semanas! ¡Pasa una feliz nochevieja! ¡Saludos al capitán Ackerman por su próximo cumpleaños! ¡Besos! ¡Te quiero, Mikasa!
La voz iba perdiendo fuerza poco a poco, hasta que su figura se desvaneció entre las calles cubiertas de nieve.
A su vez, Mikasa sintió un dolor severo en su corazón, como si fuera hincado con una aguja. Tal vez, si la hubiera retenido un poco más, tal vez si no hubiera permitido que se marchara, la chica de ojos color avellana hubiera sobrevivido a la desgracia que se desataría cuarenta y dos minutos más tarde.
Buscando alejar esa horrible sensación que daba vueltas por su pecho y se asentaba en su estómago, buscó una distracción. Colocando su atención en el grueso libro que la esperaba para ser rellenado.
No encontrando otra salida, se lamentó decepcionada. "No puede ser ¿Por qué yo?" pensó de manera taciturna e hizo un puchero de resignación. Le tomaría toda la tarde registrar y conciliar las últimas ventas del local.
Esas semanas de vacaciones le urgían, estaba agotada por la escuela y si el señor Silverman intentaba volver a enseñarle sobre la estimación de los costos operativos y su influencia sobre la rentabilidad bruta, juraba que se le iba a fundir el cerebro.
Además, otra de las razones por las que deseaba tomar un descanso era porque Levi había estado más irritable y más neurótico que nunca. Absolutamente todo le molestaba, nada le contentaba y Mikasa podía asegurar que la vena que sobresaltaba de su frente cada vez que fruncía el ceño estaba por estallar.
Aunque con ella, Levi se mantenía suave y afable. Con el resto del mundo su característico malhumor se había amplificado a niveles inimaginables. Ni siquiera los leales miembros de su escuadrón lo soportaban y se esforzaban por estar lo más lejos de él.
Sasha emprendía la huida cada vez que lo veía pasar y no hablaba más de lo debido en su presencia, Connie había sobornado a uno de los nuevos cadetes para intercambiar su guardia cuando coincidía con el turno del capitán, Berthold agachaba la cabeza y evitaba a toda costa mirarlo a los ojos y el buen Marco se había ofrecido como voluntario en uno de los programas benéficos que organizaba la asociación de viudas del ejército. Incluso, la temeraria Annie procuraba mantener una cautelosa distancia con su superior.
Pero Mikasa sabía que Levi no estaba molesto ni estaba haciendo un berrinche injustificado. Ella sabía que Levi estaba herido. ¿Y cómo no estarlo? La subordinada que él veía como una pequeña sobrina había querido acabar con su vida y luego la sorpresiva noticia de su embarazo fue demasiado impactante, sobre todo para él. Y si eso no era suficiente, Reiner, el responsable de la preñez de Krista y quien se suponía era su hombre de confianza y su mano derecha con las tropas, había desaparecido hacía cuatro días. Nadie sabía dónde estaba ni nadie lo había vuelto a ver desde que había sido dado de alta del hospital. Si no aparecía pronto, seguramente sería dado de baja deshonrosa por desertor.
Y para evitar que alguna víctima inocente cayera ante el aura asesina que destilaba su esposo, ella había hecho todo lo posible para mejorar su persistente enfado. No encontró una mejor solución que mimarlo, consentirlo y embutirlo con deliciosa comida. Ciertamente, Levi era alguien fácil de enojar y generalmente indiferente hacia otras personas, pero cuando devoraba el pudín de tofu cubierto con jarabe de jengibre, maní y pasta de sésamo que le encantaba, no parecía ser el soldado que había derramado la sangre de miles de enemigos y tomado ciento de duras decisiones. Su madre decía que el estado de ánimo de un hombre siempre mejoraba después de comer algún platillo preparado con amor y aparentemente no se equivocaba.
Mientras anotaba en orden cronológico y correlativo los comprobantes de pago, así como el concepto y el importe de cada venta, contuvo un suspiro. Al principio estaba molesta consigo misma y su permisividad hacia Levi. Pero era inútil tratar de resistirse cuando su esposo la besaba, cuando sus manos recorrían su cuerpo, tocándola, acariciándola y apoderándose de su voluntad. El temor y la vergüenza de aquella primera vez habían desaparecido por completo. Ahora todo era fogosidad y entrega mutua, nunca era capaz de negarle nada a ese malgeniado militar.
—¡Mikasa, ya llegué! —saludó el señor Silverman desde la puerta, sacándose el sombrero al ingresar en la tienda y al mirarla con detenimiento, le preguntó con tono jocoso— ¿Otra vez pensando en el capitán Ackerman, niña?
Ella tragó saliva al verse descubierta y su rostro se ruborizó ante el rumbo indecoroso que habían tomado sus pensamientos. Parecía que inexplicablemente se estaba encogiendo producto de la vergüenza.
A varios kilómetros de allí, un indefenso recluta tuvo la mala suerte de respirar demasiado cerca del hombro del capitán Levi Ackerman y el costo de esa ofensa fue dar doscientas vueltas al perímetro exterior del cuartel. Un agravio que le costaría literalmente la vida.
Cuando le faltaba menos de media docena de vueltas para terminar su castigo, comenzó el sanguinario ataque al Cuartel de la Legión de Exploración. No fue necesario hacer sonar la alarma, pues sus gritos desgarradores por el dolor de sentir cómo su cuerpo era consumido por lenguas de fuego fue lo único que bastó para advertir a sus camaradas del asecho que estaban padeciendo.
Marley había encontrado la manera de llevar a cabo sus planes con éxito. Un asalto sorpresa con bombas incendiarias junto con proyectiles explosivos de alta potencia fue un golpe inesperado para Eldia, quien sufrió una cachetada al orgullo al percatarse de cuán avanzados estaban sus enemigos con respecto a la tecnología y al desarrollo de armas bélicas.
Los marleyenses atacaron Emrich con una brutalidad insólita, bombardeando casas y edificios de uso civil y militar de forma indiscriminada. No mostraron piedad ni preocupación por los ciudadanos. Las llamaradas de fuego se desplazaban más rápido de lo que la gente era capaz de correr y al anochecer, las dos terceras partes de la imponente ciudad de Emrich quedaron reducidas a despojos y escombros humeantes.
El señor Silverman fue un destacado miembro de las Tropas de Guarnición. Había luchado ferozmente en la primera guerra, pero debido a una lesión de consideración en la pierna derecha fue dado de baja del ejército. Utilizando la jugosa compensación económica que recibió por ser herido en el cumplimiento del deber, construyó lo que hoy era su local de venta de licores. A mitad de las remodelaciones e incitado por una crisis de paranoia y alucinación de destrucción a escala masiva, decidió reforzar el sótano de su tienda y convertirlo en una especie de refugio particular, un lugar idóneo que brinde seguridad ante cualquier amenaza.
Y justamente antes de que el infierno se desatara en el distrito comercial y después del primer estallido, el señor Silverman arrastró a una asustada Mikasa y a dos nerviosas clientas hasta el sótano para resguardarse. Ambas señoras habían ingresado preguntando por un par de botellas de wisky, las cuales quedaron olvidadas debido al alboroto.
Las dos ancianas eran buena compañía. Le hablaban sobre la primera guerra y que esto no era nada en comparación a lo que ellas vivieron en su juventud. Una de ellas, la más bajita y regordeta, se parecía tanto a su vieja nana. Tenía los mismos ojos llenos de sabiduría y las arrugas alrededor de las comisuras de sus labios también se estiraban cada vez que sonreía.
Le contaban que los hombres eran mucho más guapos y elegantes en ese entonces, o eso le decían entre bromas, tratando de aligerar el ambiente con cierto humor subido de tono.
La conversación era amena, pero su mente estaba en otro lado, en otra persona.
Sacó de entre las ropas de su pecho un pequeño saquito de seda color azul cielo, el delicado bordado de dos patos entrelazados por la cola era exquisito y su finura valían todas las horas invertidas, pero el pequeño y redondo adorno de jade blanco que colgaba de la parte inferior era la pieza más valiosa.
El cumpleaños de Levi era en nueve días y Mikasa quería regalarle algo realmente incomparable, que tuviera un significado especial y que no pudiera ser comprado en cualquier tienda. Una parte de ella que siempre acompañara y protegiera a su esposo. Su interior estaba repleto de artemisa, canela, rejalgar y polvo de sándalo con la intención de ahuyentar a los mosquitos, a los animales venenosos y a los espíritus malignos. Se había demorado demasiado en decidirlo, pero como último complemento introdujo granos de pimienta en la bolsita. Su clan solía utilizar la pimienta como símbolo de amor. Como el árbol de la pimienta daba muchas semillas, regalar esa especia significaba que querías tener muchos hijos.
Cuando Mikasa era una niña, encontraba agobiante las antiguas tradiciones de su familia materna. Siempre huía cuando Mikela insistía en enseñarle algún ritual, le era molesto adorar a innumerables deidades, odiaba rezar eternas y largas plegarias y, sobre todo, rompía en llanto cada vez que se clavaba la aguja en los dedos al intentar aprender la ancestral técnica de bordado que el Clan Azumabito custodiaba celosamente.
Pero, debido al miedo que le producían los fuertes remezones de los bombardeos, en esos momentos ella estaba susurrando una oración, aferrada intensamente a esa bolsita como si de un salvavidas se tratara. Imploraba a la Reina Madre del Oeste que desde su inmenso palacio en lo alto de la montaña Kunlun cuidara y favoreciera a su esposo. Rogaba a la madre Xi Wangmu por poder seguir besando y abrazando a Levi y que le permitiera vivir una larga vida junto a ese increíble hombre.
Glosario de algunos términos:
Hora de la cabra: Según el reloj del zodíaco chino, se refiere al tiempo que transcurre entre la 01:00 pm y las 03:00 pm.
Hora de la serpiente: Según el reloj del zodíaco chino, se refiere al tiempo que transcurre entre la 09:00 am y las 11:00 am. Se dice que a esas horas las serpientes duermen, por lo cual no atacan a los seres humanos.
Emperador Dragón de Jade: Es el gobernante del cielo según la mitología china y uno de los más importantes dioses de su panteón. Los niños le llaman Abuelo Celestial.
Diosa Guan Yin: Es la diosa de la compasión y la que oye los lamentos del mundo. En la devoción popular, Guan Yin rescata a quienes acudan a ella en momentos de dificultad, sobre todo ante los peligros producidos por el agua, el fuego o las armas. En Occidente muchos son los que asocian la figura de Guanyin con las de las diosas madres y figuras maternas protectoras de otras religiones, tales como la Virgen María en el catolicismo, Isis en el antiguo Egipto y Śakti, Párvati, Sītā o Radha en el hinduismo. Como Madre Misericordiosa, oye las peticiones de quienes desean tener hijos. Algunos autores discrepan de su posición como diosa y la consideran solo como una inmortal.
Xi Wangmu: También conocida como Reina Madre del Oeste, es un personaje de la mitología china que durante la dinastía Han pasó a ser una divinidad. Habita en un palacio de jade sobre la montaña celestial llamada Kunlun, lugar mágico donde crecen las hierbas de la inmortalidad y los peces de larga vida. Es considerada una autoridad entre los inmortales.
Nota de la autora:
Hola chic s
¡Ufff! Ya me había demorado demasiado, pero acá estoy con esta nueva actualización. Disculpen la tardanza, pero ser un adulto responsable es muy difícil.
Díganme que les pareció este capítulo ¿Les gustó?
¡Marley está destruyendo la ciudad de Emrich! Es un ataque sorpresa y no pinta nada bien para los Eldianos.
Mikasa estaba tan feliz con su vida: Trabajando, estudiando y malcriando a Levi. Pero ella recién está viviendo los horrores de la guerra y la muerte de Wilda fue un golpe duro ¿Será la única pérdida que sufrirá?
Gracias al señor Silverman, Mikasa y las dos ancianitas están a salvo en el sótano de su tienda. Por cierto ¿Qué hacen dos viejitas comprando wisky y conversando de hombres con una jovencita? Seguramente yo seré así de viejita jejeje
Como ya les había comentado con anterioridad – y ustedes ya se habían dado cuenta- las creencias del Clan Azumabito están basadas en las tradiciones y costumbres chinas. Es por ello que nombro a varias de sus deidades y algunos de sus rituales funerarios. No son cien por ciento exactos ya que la cultura China es inmensamente rica y compleja, pero al menos trato de dar una idea. Espero que el glosario de términos les ayude a comprender mejor la historia.
Tengo que agradecer a todos ustedes, quienes se toman el tiempo y la paciencia de leerme. Estoy tan feliz de que hasta la fecha vamos 60 comentarios. Yehhhh…..eso me hace inmensamente feliz y me motiva a seguir escribiendo. No se olviden de darme amor en forma de comentarios del capítulo.
Mil gracias también a la maravillosa Nat Nara, quién me apoya con las correcciones y perdona mis múltiples errores. Eres la mejor del mundo mundial. Si quieren leer sus obras, ella se encuentra en esta plataforma como Temari05Nara.
Muchos de ustedes – por no decir la mayoría- me preguntaban ¿Dónde estaban Mikasa y Levi en el momento del ataque? o querían saber sobre el paradero de esta parejita. Confío en que este capítulo haya aliviado en algo su intriga y sus dudas. Tal vez, en el próximo capítulo veremos donde está mi chaparrito malgeniado.
- MairaIvette : Holaaa! Gracias por tu comentario. Sí, es verdad, Reiner se merecía esa paliza. Que malas somos jejejeje. Posiblemente no veamos a Historia en algunos capítulos futuros, pero esperemos que su destino mejore. Es solo una chiquilla atormentada por su origen. Espero con ansias tu comentario de este capítulo. Besos.
- PinkyWinkySquisy : ¡Saludos! Ohhh…todo pasó demasiado rápido ¿verdad? Reiner se ha reunido con Historia en medio del pánico de las explosiones. Si yo fuera Historia seguramente le daba una cachetada que lo reiniciaba. Jejejeje (Recuerden que la violencia no es la solución a los problemas) Aunque Levi le dio una bienvenida algo intensa, pero se lo merecía. ¡Ay mi Levi! ¡Tan bello! pero tan agresivo el chiquitín. Regreso al estudio contigo, Joaquín y espero impaciente el comentario de este capítulo jajajaja.
- megumisakura : ¡Gracias, linda! Espero que me comentes si este capítulo te gustó.
- Temari05Nara : Nat! Sí, en la Legión se pondrán como locos cuando se enteren que Reiner tiene a Historia. Aprovecho para volver a agradecerte por tu infinita paciencia conmigo. Espero tu comentario, siempre es un placer leerte. Besos…..
-GabiiSesshYue : Esta vez me he demorado demasiado en actualizar, espero regresar al ritmo anterior…..Dime ¿Qué parte de este capítulo te gustó más?
- SakurA-VioletA : Holi! Siempre me encanta leer tus comentarios. Así es, todo se descontroló. Espero que este capítulo haya calmado tus dudas sobre como la pasó Mikasa. ¿Qué pensará al darse cuenta de la destrucción de Emrich?
- Kirana Retsu xd : Levi y sus bienvenidas llenas de amor y compresión Jejejeje. Se parece a mi mamá, primero lanza el golpe y luego pide las explicaciones del caso. Solo sé que los de Marley tienen proyectiles explosivos de alta potencia. Mikasa es una chiquilla que pasó toda su vida en un pueblito alejado de todo y para ella, la primera guerra no eran más que relatos. Ahora que la guerra se llevó a su mejor amiga, creo que eso la hará cambiar un poco. ¿Qué piensas de este capítulo? Te leo.
- AZULMITLA : ¡Hiiiii…! Gracias por tú comentario. Reiner es el segundo al mando del escuadrón de Levi, pero si no estaba haciendo nada malo ¿Por qué se colocó el uniforme de la Policía Militar para entrar al hospital y reunirse con Historia? Esos dos tienen cositas que aclarar con urgencia. ¿Qué piensas de este capítulo? ¿Te agradó?
- Arella96 : Me encanta que te encante esta historia. Gracias por leerme, espero tu comentario. Cuento con ello. Besos.
