Hola mis tesorillos, aquí les traigo un exprés fic de mi invención, serán pocos capítulos cortitos, pero espero que les ayuden a sonreír en esta pandemia, lo había planeado desde que inició este perfil en fanfiction, pero lo había dejado olvidadito hasta ahora, espero les guste.
Una visita inesperada
Era un día soleado y luminoso, las aves piaban llenas de alegría, las abejitas zumbaban y libaban su dulce miel, las flores olían delicioso, dodo era perfecto. O al menos eso es lo que Jaken pensaba, su amo le había ordenado recoger una hierba especial que crecía en el extremo del magnífico jardín del aún más que magnifico palacio de su amo bonito; y no era ninguna exageración, el palacio del Oeste era uno de los más hermosos de las cuatro regiones, de tres pizos, cinco alas separadas cada una con dos jardines perfectamente cuidados, y lleno por dentro y por fuera con adornos y tesoros de valor impronunciable.
- ¡ah! Mi vida es perfecta - Sonrió Jaken se sentía más que orgulloso de haber dedicado su vida y su lealtad a un señor tan importante y poderoso como lo era el gran Taiyokai Sesshomaru Taisho, señor único e indiscutible de las tierras del oeste…
¡BOING!
Un golpe inesperado lo tumbo al suelo, ¿acaso ya estaba de vuelta el amo Sesshomaru? Usualmente cuando se caía así era porque el yokai peli plateado le había arrojado una roca a la cabeza, pero últimamente también tenía que ver con otra cosa.
- ¡bolita por favor! – grito una voz infantil desde el otro extremo del jardín.
- ¡RIN! ¡Mocosa del demonio! ¡¿Cuántas veces te he dicho que no juegues con esa cosa?! – chillo intentado patear aquella bola extraña pero cayéndose de espaldas en el proceso.
- señor Jaken, usted me prohibió jugar con la pelota en el castillo, los pasillos, en la cocina, los establos, los cuarteles, el área de entrenamiento y la oficina del amo Sesshomaru, pero del jardín no me dijo nada – contesto Rin inocente mientras recuperaba su pelota y se iba dando de saltitos. Jaken la miro marchar enfadado, sino fuera porque aquella cosa molesta que le había regalado la esposa de Inuyasha a Rin era irremplazable la haría trocitos.
Rin se fue feliz de la vida a seguir jugando, no podía estar más que feliz, no solo por la lujosa y tranquila vida que llevaba en el palacio, no había dejado de sonreír desde que su amo había ido a recogerla a la aldea hace unas semanas. Originalmente había acordado con la abuelita Kaede que esperarían a que tuviera 18 años antes de hacerla decidid con quien quedarse. Pero aquella tarde de invierno se había presentado a decir que de ahora en adelante vivirá con él en su palacio. Se rio entre dientes al recordad la discusión que se había desatado ente la anciana Kaede y los gritos que el señor Inuyasha había propinado alegando que aún era solo una niñita. Pero ella había puesto fin a eso diciendo que quería estar junto a su amo.
- Rin es tan feliz, feliz, feliz… - canturreo rebotando su pelota. Era su juguete favorito, y eso que la esposa del señor Inuyasha, la señora Kagome le había regalado muchos y extraños juguetes de su casa materna.
- mmm… Rin ha jugado con su bolita todo el día ¿debería usar otro juguete? – se preguntó a sí misma. Había muchos regalos que aún no había estrenado…
- ¡Ah! La señora Kagome dijo que había unas cositas que hacían ruido cuando las arrojabas al suelo. – se acordó, tomo la pelota entre sus manos y corrió de vuelta a su habitación en el ala norte.
A su paso salones repleto de tesoros caros y hermosos se abrían para ella, todo el lugar olía a aceites e inciensos caros, y también había muchas pinturas bonitas. Lo único que le entristecía es que no había flores, pero también lo entendía, las flores no eran algo que confinara on la elegancia y majestuosidad de su amo. Pero tarde o temprano el señor Sesshomaru tendrá que encontrar una esposa y ella pondrá adornos y flores por todo el lugar ¿verdad? Se detuvo de golpe al contemplar esa posibilidad, de hecho ahora que lo pensaba ¿Por qué su señor no se había casado? Feo no era, además era muy fuerte y rico, cualquier dama noble estaría feliz de casarse con él.
- y si el amo Sesshomaru se casa tendrá cachorritos como el señor Inuyasha y la señora Kagome ¿no? – Brinco emocionada por la idea. Recordó al hermoso cachorro que la señora Kagome había dado a luz solo semanas antes de que su amo la recogiera en la aldea, tenía las orejitas negras y peludas, las mejillas rosaditas y unos ojitos dorados absoluta me adorables, y la sola imagen de cómo serían los cachorros de su amo le hizo casi estallar la cabeza.
- ¡Los cachorros del amo Sesshomaru serán tan lindos! ¡Rin cuidara y jugara con los cachorritos del amo Sesshomaru! – se puso reír encantada ahora más que nunca quería estrenar un juguete nuevo, para así poder jugar con los cachorritos.
-Ahí va esa mocosa humana otra vez - se quejó una de las criadas a su compañera.
- ya sé, no solo es ruidosa y apestosa, también se la pasa causando problemas – asintió la otra cubriéndose la nariz.
- ¿Qué estaría pensando lord Sesshomaru al traer aquí semejante cosa? – se alejaron del lugar, pero no detuvieron su labia venenosa.
- escuche que algunos yokai raptan niñas humanas para convertirlas en sus concubinas… - comento la más joven.
- serás tonta ¿Por qué un yokai de sangre pura y estatus como nuestro señor querría aparearse con esa cosa? Debe haberla secuestrada para comerla ¿o te olvidas lo mucho que nos hace cocinar para ella? Obviamente la está cebando – se rio la mayor.
- Tienes razón, pero aun con todo lo que come es demasiado delgada aun, y no podría ser más que una botana – comento rascándose la barbilla.
- creo que escuche de unas hierbas que se pueden agregar a la comida para hacerle engordar más rápido; quedara bien carnosa y con mucho sabor – ambas se echaron a reír hasta que una figura imponente.
- ¡B-b-b-b-bienvenido Amo Sesshomaru! – ambas tocaron el suelo con la frente al instante.
- ¿Qué estaban mascullando ustedes hace un momento? – pregunto Sesshomaru en tono frio. Ambas criadas palidecieron de inmediato, meterse con la mocosa humana a sus espaldas era una cosa, pero todos sabían que su amo la protegía como a un precioso tesoro.
- ¡Estas sirvientes han cometido un pecado mortal! ¡Merecemos ser castigadas! – se pusieron a sollozar dramáticamente.
- Fuera, decidiré sobre sus destinos más tarde – las criadas se habían esfumado antes de que terminara de hablar.
Sesshomaru las miro marchar, sabiendo que solo habían conseguido una prorroga muy corta para su sentencia, la cual ahora estaba demacrado ocupado como para decidir ahora, pero se encargaría de hacerlo acorde al crimen. Se sentó a ver los libros, últimamente había encontrado un desequilibrio fuerte entre el presupuesto del castillo. Comenzó a revisar y pronto encontró la causa, había habido "despidos masivos" en las últimas semanas, más concretamente desde que trajo a Rin a vivir con él. Se rasco la barbilla, la mayoría de los empleados se habían ido porque no querían convivir con una humana, otros habían sido en intentos de intimidarla, y un tercer grupo que había sido atrapado conspirando para una acción más drástica.
Suspiro, sabía desde el inicio que mucha de su servidumbre iba a oponerse a tener que servir a una cría humana, y Rin… no era el cachorro más tranquilo, aunque era muy obediente cuando le ordenaba cosas… se dejó caer sobre su asiento y suspiro, no podía seguir deshaciéndose de los sirvientes como si fueran moscas, pero tampoco podía permitir semejantes conductas contra alguien que estaba bajo su protección…
- tendré que adelantar mis planes – gruño, no le gustaba que las cosas se alejaran de sus planes originales, pero ahora no tenía otra opción.
Continuara…
