Capítulo 2

2 meses antes, 10 de febrero

Adrien había tenido un mal día. Comenzó con una sesión de fotos al amanecer que se había prolongado más de lo necesario, su fotógrafo nunca había maldecido tantas veces en voz alta y jamás había hecho tanto cambio de posiciones en un solo minuto, no encontraba la toma perfecta de ninguna forma humanamente posible. Luego de que todo el equipo le notificara que el sol ya estaba en pleno cielo y alumbrando como nunca —puesto que no se había percatado por si mismo—, decidió que en la puesta de sol la iluminación seria mejor, por lo que deberían juntarse aproximadamente a las 6 pm ese mismo día.

El rubio solo asintió entre bostezos, esperando que la idea del amanecer desapareciera para siempre por el bien de la humanidad. Ya que no le deseaba a nadie el levantarse a las 4 am.

Solo había dormido un par de horas gracias a un akuma que atacó por la madrugada.

Al llegar al Lycee, a penas se enteró las materias que pasaron y por poco se duerme en el examen sorpresa que madame Mendeleiev aplicó en la última hora de clases por la tarde. Si no fuese porque había repasado el tema con Nino los días previos, probablemente su padre lo habría sacado de la escuela excusándose que en casa aprendía mejor.

Bostezó. Al salir de clases y pensar que por fin podría irse a casa, vio al entrenador entrando por las puertas de la escuela y reuniéndose con el equipo. Se tiró el cabello con frustración, aun le quedaba la clase de esgrima, en donde claramente Kagami le daría una paliza.

Y así fue.

Luego de unas patéticas caídas y un entrenamiento en donde su desempeño fue el peor de la temporada, completamente derrotado, se dirigió a los vestuarios y apoyó su cabeza en su casillero, suspiró profundamente.

—Vamos chico, ya casi acaba el día —Animo Plagg colocándose sobre su hombro.

Se restregó los ojos. —Podría esperar aquí descansando un poco antes de ir a la sesión.

Plagg lo miró extrañado. —¿No deberías estar con la chica panadera?

Adrien, más despierto que nunca, abrió los ojos con fuerza, un shock de adrenalina pasó por su sangre y corrió hacia la salida —¡Mierda! ¡Lo había olvidado!

El kwami de la destrucción se encogió de hombros y entró al bolso, restándole importancia. El Camembert ciertamente era más interesante que los líos mentales de su portador.

Marinette volvió a mirar su teléfono, y se frotó la frente. Aún no sabía que la había llevado a aceptar hablar con el chico luego de tanto tiempo.

En realidad, si lo sabía, pero no le daría los créditos a Chat Noir.

Ya había pasado unos veinte minutos de espera y decidió que era suficiente. Tomó su mochila de la banca y se dispuso a ir caminando hacia su hogar. Le había costado superar bastante el rechazo indirecto, y cuando se sentía que ya estaba todo bien, Adrien le había pedido que conversaran.

En un principio se negó rotundamente, diciéndole que estaba todo bien y que lo dejaran así. Aún así, el insistió bastante, cada día de la semana le volvía a preguntar.

Y en una de las visitas nocturnas de Chat Noir, decidió comentarle el asunto. El héroe la había animado a aceptar la petición de Adrien, diciéndole que quizás podrían volver a ser buenos amigos y que debía tener buenas intenciones, incluso había llegado a insinuarle que quizá le gustaba. Marinette no parecía muy convencida de su razonamiento.

Pero finalmente la convenció apostándole que no se atrevería. Ella se ofuscó y aceptó la apuesta, diciéndole que aceptaría tener esa conversación y tendría que pagarle esa pizza en su próxima visita. Bueno, Adrien no había llegado a la cita que él mismo le había pedido, pero Chat Noir no tendría porque saber que no apareció.

Luego idearía como evadir su interrogatorio, por el momento solo pensaba que pizza pedir. Comenzó a caminar a paso lento, calzando un audífono en su oído para despejar su mente.

Adrien, por su parte, corrió a toda velocidad al punto de encuentro, en donde la vio a lo lejos. —¡Marinette! —La llamó con fuerzas, tomando aire.

La peli azul se detuvo abruptamente, debatiéndose si fingir demencia y seguir avanzando o devolverse. —¡Marinette! —Volvió a escuchar, cerró los ojos y se giró hacia donde esta el chico, decidiendo que lo más sano era oír lo que él tenía para decirle.

El ojiverde entró en pánico, no se esperaba que la chica se devolviese, entendía que debería estar muy enojada, tragó saliva.

—Hola Adrien —Dijo simplemente.

Tragó saliva nuevamente. —Disculpa yo… no he tenido un buen día, casi no alcanzo a llegar —Murmuró.

La expresión de la peliazul se suavizó. —Tranquilo, a cualquiera le puede pasar.

La verdad era que Adrien había preparado un discurso de disculpas para la chica, básicamente por haberla ignorado en el percance de hace un mes, y por no haberse esforzado antes para hablar con ella —Ya que ella lo había evitado de todas las maneras posibles—. Intentó recordar las palabras, abrió la boca para decir algo y nada salió. Sus manos comenzaron a sudar y el nerviosismo se hizo evidente. ¿Estaría Marinette realmente enojada con él? ¿Y si no le quisiera volver a hablar luego de esto? ¿Y si perdía a la primera amiga que había hecho en la escuela?

La chica al parecer noto su duda y comenzó a hablar. —No estoy enojada contigo, tampoco dolida, ya pasé esa etapa, puedes estar tranquilo —Cerró los ojos e hizo una pausa—. Entiendo que te tomó por sorpresa, puesto que jamás esperé que te enterases de esa forma, por ello quiero disculparme.

Adrien alzó una ceja. —¿Por qué te disculpas? —Dijo con genuina confusión. De todas las veces que imaginó este momento, jamás se le habría ocurrido el escenario actual.

Ella suspiró. —Por ponerte en una situación incómoda.

El portador del miraculous de la destrucción sintió un gran nudo formarse en su garganta, y es que gracias a ser Chat Noir, sabía lo mal que su amiga lo había pasado, conocía cada llanto que surgió a raíz de la situación y el tiempo que llevó que lo superara.

Tiempo que hizo que la mirase de otra manera.

No solo como una amiga.

—Yo… no fue incomodo Marinette… Solo… no sabía que decirte… Perdóname por no haber sido lo suficientemente maduro para buscarte inmediatamente —Aunque lo había hecho, como su contraparte heroica, pero ella no tenía como saberlo. Se acercó un poco más hacia ella—. Eres una chica increíble, espero que puedas perdonarme. La verdad es que yo…

Marinette miraba confundida, cruzaron miradas y un leve sonrojo se hizo evidente en las mejillas del rubio. La chica lo miró extrañada. —¿Estás bien? —Preguntó ella al darse cuenta de la cercanía de él.

—La verdad es que yo… —Murmuró, dando un paso más cerca, acercó su mano sigilosamente a la de ella, para que no lo notara, su corazón bombeaba como nunca antes. Estaba dispuesto a dar el primer paso, abrió la boca para hablar y lo que le faltaba para culminar su mal día se hizo manifiesto.

Una bandada de palomas apareció en medio del parque, causándole un ataque de estornudos. La chica miró a todas partes en búsqueda del akuma, hallándolo en unos edificios más allá.

—¡Sr Pichón! —Exclamó Marinette al encontrarlo con su mirada.

Adrien quiso gritar de frustración.

Sin aviso, tomó el brazo de la chica y la ocultó en un arbusto. Diciéndole que se quedara allí hasta que llegaran los héroes, evitando cualquier pregunta, se fue corriendo a donde pudiese transformarse.

Marinette, por su parte, no entendió por que salió corriendo, pero no cuestionó los planes del destino y agradeció el haberse quedado sola en un lugar que nadie la vería transformarse.

Vencer el akuma fue fácil, no les tomó mucho tiempo. Se notaba que cada vez el equipo de Ladybug y Chat Noir mejoraba progresivamente en sus batallas, coordinándose cada vez mejor, a pesar de que los akumas eran bastante más peligrosos que al inicio. Al finalizar la batalla, Adrien se dirigió al parque en donde había estado con su amiga, maldiciendo cada segundo el no haber llegado antes para cumplir su cometido.

Estúpida clase de esgrima.

Planeó la confesión por una semana, eligiendo las palabras de manera sabia y con ayuda de google. Plagg no había sido de mucha utilidad, ya que sus discursos románticos siempre tenían un queso como sujeto, y tampoco es que confesarse a alguien diciendo "eres tan bella como un camembert bien apestoso" saliera muy bien en el mundo de los humanos. Solo quería expresar su sentimiento.

Estaba enamorado de Marinette.

Decidió sentarse en la banca del parque y mirar las nubes del cielo. Él no sabía en que momento había ocurrido, bueno, sabía que el haber comenzado a compartir recurrentemente con la chica como su contraparte heroica había tenido mucho que ver, pero en aquellos desvelos nocturnos se percató que siempre había sido especial para él. La forma en que la miraba era distinta, no era como observar a Alya o Alix, la comodidad que sentía al estar cerca de ella era especial.

Luego de un rato, asumió que la chica se había ido por sus medios, o que Ladybug la había dejado en un lugar seguro. Abrió su celular y encontró un mensaje.

"Lo siento Adrien, se me hizo tarde y viene una visita hoy a mi casa, si quieres otro día podemos terminar la conversación. J"

Suspiró. Sabía que la visita se refería a Chat Noir, la había preparado con antelación, así podría preguntarle que tal su cita con Adrien. Se sentó en la banca y vio una nube pasar, últimamente las cosas no estaban saliendo como quisiera ni como las planeaba.

Se restregó el rostro con sus manos y decidió dejar de darle vueltas, ya habría otra oportunidad.

Al menos el día iba mejorando, y podría pasar el rato con Marinette como Chat Noir luego de su sesión de fotos.

Aunque eso implicara el tener que comprar una pizza.

Actualidad, 16 de abril

Marinette tenía la boca entreabierta, Chat había soltado la noticia sin escrúpulos. A pesar de que sabía que ya no eran compañeros de equipo (gracias identidades secretas), escucharlo de su voz de manera oficial le chocó.

—¿Qué? —Atinó a responder.

—Ya no somos compañeros, Ladybug y yo —Repitió desviando la mirada y bajando la voz.

La chica necesitaba respuestas. —Pero, ¿qué fue lo que sucedió? No estoy entendiendo.

Chat noir se sobó la sien y cerró los ojos. —Es complicado, y no puedo decirte.

El rostro de la chica se endureció, la verdad es que tenía una leve esperanza de que el héroe le contase que estaba sucediendo, apelando a la gran confianza que se tenían con el otro. Le lanzó una mirada peligrosa, intentando darle a entender que probablemente se molestaría si no obtenía una respuesta un poco más explicativa.

El chico solo bajó sus orejas. —Realmente no puedo decírtelo, princesa.

Marinette se exasperó. —¿Cómo que no puedes decirme? ¡Chat, esto no es algo ligero!

La mirada de furia asustó un poco a Adrien, entendiendo que le debía un poco más que solo negarle respuestas.

Después de todo tenían un voto de confianza.

Tragó saliva y jugó con sus manos intentando hallar las palabras correctas. —Podríamos decir que… ¿Pasé al otro bando? —Dijo en voz baja. Esas palabras se oían extrañas en su boca, incluso le había costado formular la oración. Marinette quedó en shock.

La última vez que algo le había aterrado de esa manera fue cuando tuvo que batallar con Chat Blanc, lo cual le había llevado mucho tiempo superar. El sentimiento de inseguridad se instaló en su pecho, comenzó a respirar más rápido y de pronto la habitación se hizo muy pequeña.

Intentó articular una palabra, hacerlo entrar en razón, pero nada salió de su boca. En cambio, todo el estrés acumulado comenzó a aflorar, sus ojos se llenaron de lágrimas y soltó un sollozo.

La realidad nuevamente le había pegado, esta era la vida real y no había nada que hacer. Por todos los medios había intentado que los eventos de la línea temporal que tuvo que arreglar junto a bunnix no ocurrieran, se volvió el doble de precavida respecto a su identidad, incluso de inicio no estaba muy de acuerdo con sus visitas, pero el héroe era su confidente y su apoyo, tanto como Ladybug como Marinette.

Ella bajó su mirada, intentando ocultar su frustración. Esto definitivamente era peor que los eventos vividos aquel día. Aquí no había ningún akuma que culpar.

El chico acercó su mano para quitarle un mechón de cabello del rostro, haciéndole ver que seguía con ella, intentando que dijese algo, lo que fuera.

No esperaba que la noticia la hubiese conmocionado tanto.

Luego de unos minutos en silencio decidió hablar nuevamente. —Si tan solo pudiese explicarte, te aseguro que… —Y Marinette explotó.

—¡Nada de esto tiene sentido Chat Noir! —Exclamó con los ojos llenos de lágrimas, mirándolo fijamente—. Has estado luchando con ladybug por tanto tiempo y ahora… sucede esto… —Murmuró frustrada.

Quería decirle que ella era su compañera, que había estado allí aquel día en que decidió traicionarla, que no entendía que estaba sucediendo. ¡Que le diera una maldita explicación! Pero sabía que corría peligro. Era mejor que las viera como dos personas completamente distintas.

Aun que eso le doliera el doble.

—Se que es difícil de asimilar, pero por favor, te pido que… —hizo una pausa para acariciar su rostro, le tomó su mentón suavemente y la hizo mirarlo a los ojos—, te pido que me perdones… No puedo perderte, eres en quién más confío, por favor, necesito que me creas, tengo una buena razón para todo esto.

La peliazul sentía su corazón latir con fuerza y sus lagrimas caían, el chico la miraba con preocupación, esperando su respuesta.

La verdad es que se encontraba en la posición más difícil de su vida, y que jamás pensó que podría ocurrir. Su instinto de ladybug le decía que no podía ceder, ahora él era el enemigo y debía, aunque no quisiera, considerarlo como tal. Por otra parte, su corazón le decía que no podía dejarlo solo.

No podía creer que se hallaba en aquella situación tan engorrosa.

—Yo… no…. —Balbuceó desviando la mirada. Decidió que no podía darle ninguna respuesta, su sanidad mental estaba al borde del abismo, sin embargo, solo sabía que lo necesitaba cerca.

Lo miró a los ojos, aun con lágrimas. Ella tocó su mano con suavidad, él la observó y guio su otra mano hacía su cabello, acariciándola. Sus respiraciones se sincronizaron y acercaron lentamente sus rostros.

La portadora del miraculous de la creación sabía que estaba mal, que Chat Noir ya no era alguien de confianza, pero aún así no podía quitar la vista de los labios del chico, los cuales se habían vuelto su adicción.

El momento se vio truncado por unos golpes en la escotilla de su habitación. Ambos entraron en pánico y se separaron rápidamente. Chat maldijo por lo bajo, deseaba besarla. —¡Marinette! ¡Ábreme, soy Alya! ¡Se que estás ahí!

El chico rápidamente abrió la trampilla hacía el balcón preparando para irse. Ella lo miró suplicando que se quedara.

Él le besó la frente. —En otro momento terminamos esta conversación, aún debes ir a la escuela —Susurro Chat dándole una última caricia a su mejilla mientras le sonreía.

Y se fue.

—¡Marinette ábreme o patearé esto! —Advirtió Alya.

La peliazul se secó las lagrimas e intento aterrizar en el planeta tierra. —¡ya voy! —Exclamó.

Alya había recibido un mensaje de su madre, quién le había pedido que la fuera a buscar a su casa puesto que no había contestado su mensaje por la mañana, además que no podría faltar otro día a clases. Le comentó a Alya que se había estado sintiendo enferma, que pensaba faltar nuevamente, pero su mejor amiga le dijo que lo mejor era que fuera con ella, ya que se veía mejor y así podría vigilar si le "volvía" a tener fiebre.

Decidió no insistir en quedarse, ya que preocuparía más a sus padres. Se duchó y se cambió de ropa rápidamente, saliendo con su amiga hacia el Lycee.

Mientras caminaban a la escuela su mente divagaba en todo lo que había ocurrido el fin de semana, y sobretodo la conversación que había tenido hace a penas unos momentos con Chat Noir.

Pero había algo que no entendía definitivamente. —¿Cómo rayos conseguiste llaves de mi casa? —Preguntó con genuina duda.

Alya soltó una carcajada. —Tu madre me la pasó al irse a dar las clases de panadería, por si en algún momento necesitabas ayuda urgente.

Hizo una nota mental de eso, y agradeció el siempre dejar cerrada la trampilla por la noche, así no podría sorprenderla si Chat Noir la visitaba nuevamente.

—Gracias por preocuparte Alya —Mencionó.

La morena pasó un brazo por sus hombros. —Siempre chica, eres mi mejor amiga.

La observó intensamente. Alya era su confidente en lo que respectaba de su vida civil, se preguntó que tan prohibido era contarle sus problemas de identidades secretas y traiciones de compañeros de equipo, necesitaba algo de ayuda. Sabiamente decidió no considerar ese pensamiento, solo complicaría más las cosas si alguien más se enteraba. —Gracias de igual forma.

La morena levanto una ceja. —Hoy estas muy extraña Marinette, ¿estás segura de que estas bien?

La peliazul desvió la mirada y miró hacia el frente, asintiendo. La reportera no quiso seguir insistiendo.

Al llegar a su puesto, lo primero que le llamó la atención fueron las grandes y profundas ojeras de Adrien, además que no se veía particularmente feliz.

Al notarla, le dirigió una sonrisa cansada, pero genuina. Ella lo observó con detenimiento y se acercó. —Hola Adrien.

Él le sonrió. —Hola Marinette.

—¿Estás bien? —Preguntó ella directamente, realmente preocupada.

El se sorprendió, planeando con cuidado sus respuestas, ya que al compartir con ella como Chat Noir se percató que la chica podía ser muy perspicaz, y si no tenía cuidado, relacionaría sus identidades. No sabía que tan malo podría ser eso, de hecho, le facilitaría mucho las cosas respecto a su relación con Chat Noir. —Sí, tuve unos días agotadores, mi padre esta diseñando un nuevo plan en la marca y seré participe.

Ella aligeró su expresión. —Me alegro mucho Adrien, espero que todo salga bien. —Y se sentó mirando su Tablet.

A veces detestaba el que la peliazul no le prestase la misma atención que a su versión de superhéroe, golpeándose mentalmente de haber sido tan ciego antes y no percatarse que ella estaba enamorada de él. Además, cada día maldecía el herirla de la forma que lo hizo, en donde solo Chat Noir pudo ayudarla a superarlo.

Era irónico puesto que eran la misma persona. ¿Era posible sentir celos de si mismo?

Bufó frustrado. El akuma llegaría pronto, y necesitaba prepararse mentalmente, pondría a salvo a Marinette y luego se uniría al akumatizado para hacer entrar en razón a Ladybug, quien no se la había puesto fácil cuando le pidió los aretes.

Había pensado que al pedírselos quizá lo habría entendido y apoyado, pero no salió de acuerdo con sus planes. Plagg no le dirigía la palabra desde el incidente, la verdad era que lo extrañaba, su personalidad tan ajena a todo y sus malos consejos.

Se preguntó si realmente estaba haciendo lo correcto. Una parte de él sabía que nada de esto estaba bien, pero no tenía opción. Las coincidencias no existían.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por un akuma que pasó corriendo en el pasillo, esa era su señal. En el momento que todos comenzaron a correr —Y Alya a correr hacia el akuma—, tomó del brazo a la peliazul mientras corría y la ocultó debajo de la mesa.

Marinette lo miró horrorizada. —¿¡Qué te sucede Adrien!? —Exclamó exasperada, sobre reaccionando.

El rubio se impactó un poco por su arranque de furia. —Aquí es más seguro, quédate aquí y no te muevas. Volveré cuando esté todo más calmado. —Le dijo con un tono serio y bastante autoritario.

Ella lo miró con los ojos bien abiertos mientras se iba. ¿Qué había sido eso? Ella era la heroína de Paris y no necesitaba protección de nadie. Bueno, no es como que el chico supiese que debía correr para luchar contra el akuma, pero no le pareció nada bien. Comenzó a cuestionar si el chico seguía enamorado de ella, cuando le había dejado en claro que ya no estaba interesada en él hace un par de meses.

Más aún con toda la presión que tenía encima. Sacudió la cabeza alejando sus pensamientos y decidió transformarse allí, puesto que no había nadie cerca. Al menos había servido su escondite obligado.

Al ir por los edificios buscando el akuma no lo encontró, hizo el ademan de tomar su comunicador en su yoyo y llamar a Chat Noir, olvidando por completo su situación actual, pero la realidad le pegó de golpe cuando una patada del akuma se le atravesó en medio de su salto, alcanzando a esquivarla a tiempo.

Su ex compañero apareció de forma veloz, alcanzó a verlo por el costado, pero no alcanzó a reaccionar. —¡Chat Noir! —Exclamó antes de cerrar los ojos esperando el impacto que no iba a poder esquivar.

Salió volando por los aires y se golpeó contra la pared de un edificio, lo que la hizo perder el aire y toser sangre.

Abrió los ojos asustada.

¿Qué diablos?

Chat Noir se posicionó al lado del akuma, un chico alto, vestido como una túnica y un cinturón negro. Probablemente se trataba de un karateka.

—¡Ríndete ladybug! Entrégame tus miraculous y esto será fácil —Dijo el akuma con convicción.

Ella cayó al suelo desde la pared y alcanzó a mantenerse en pie, intentando recuperar el aliento. Se tambaleó un poco, limpiándose la comisura del labio, en donde tenía sangre. —Oblígame —Murmuró con una sonrisa de medio lado, intentando enfocar la vista.

Chat Noir se quedó estático luego del golpe que le dio a su ex compañera, no pensó que le haría tanto daño. Tembló ligeramente, con algo de arrepentimiento. El akuma dio un paso al frente y él le hizo una señal para que se detuviera. —Detente, intentaré hablarle.

Marinette lo observó atenta. El akuma se había detenido inmediatamente, casi como si estuviese siguiendo las órdenes de él sin ninguna oposición. Dio un paso atrás al notar que Chat se acercaba hacia ella. —Aléjate Chat Noir —Advirtió poniéndose en defensa.

El rubio lo hizo. —Solo necesito tu miraculous —Dijo con simpleza.

La peliazul se exasperó. —¡Definitivamente enloqueciste! ¡Eres mi compañero, maldita sea! —Exclamó tomando su yoyo mientras lo giraba en el aire.

Chat negó con la cabeza. —Ya no lo soy —Dijo con frialdad, haciendo que la chica jadeara, dando pasos hacia atrás.

—No es posible… —Murmuró para si misma, intentando contener sus sentimientos.

El ex héroe se encogió de hombros. —Realmente pensé que sería más fácil —y le hizo una señal al akuma—. No puedo esperar hasta que decidas ayudarme, será por las malas entonces —Y se lanzó a pelear.

Ladybug repelió un golpe de Chat con su yoyo, logrando asestar una patada en el costado de él, mandándolo un poco más lejos, al mismo tiempo tuvo que reaccionar para evitar un golpe que venía desde el cielo por el akuma, que ahora se conocía como Ryükyü.

Ni siquiera podía intentar pronunciarlo.

Poco le importó escuchar la historia de vida del akuma, quien era un chico que había perdido el torneo que lo llevaría a subir de rango en karate.

Era tan injusta una pelea 2 contra 1.

Las personas comenzaron a asomarse por las ventanas de los edificios, mirando horrorizado como los héroes estaban peleando entre si, y al parecer el akuma acompañaba al rubio. Por las noticias se estaba mostrando en vivo la batalla, cortesía del ladyblog.

Ladybug no pudo evitar un golpe del bastón de Chat Noir, el que le dio con fuerza en su brazo izquierdo, pensó rápidamente en buscar otro portador, pero no tenía muchas opciones, ya que el akuma le cerraba el paso en todos sus intentos de huida.

Era dolorosamente obvio en donde se encontraba el objeto akumatizado, casi quería gritar, pero lastimosamente no tenía tiempo para respirar evitando todos los golpes.

Con ayuda de un balde de pintura que se encontraba en aquel tejado, esparciéndolo en el akuma, logro tomar un poco de distancia para pedir el amuleto encantado.

Apareció una serpiente de juguete y quiso chillar, frustrada. —¡¿Y qué diablos debo hacer con esto?! —Pensó en voz alta.

El chico la miró con condescendencia, no se la estaba poniendo fácil, esperando que se rindiera ante no tener a su compañero de equipo a su lado. La verdad es que no esperaba que durase tanto la pelea.

En su escenario perfecto, ladybug ya le había entregado el miraculous a penas le acertaba un golpe y se daba cuenta que no tendría posibilidad contra él y el akuma. Pero había subestimado la obstinación de su compañera. ¿O ex compañera?

—Será mejor que te rindas, Bugaboo —Dijo con naturalidad—. La verdad es que no quiero lastimarte, aun te considero una amiga y espero que puedas llegar a entenderme algún día —Sonó un pitido de sus aretes—. Además, no es como que tengas mucho tiempo.

Los ojos de furia de Marinette se encendieron y se lanzó hacia él, teniendo una pequeña lucha cuerpo a cuerpo, mientras sostenía su serpiente de hule en una mano. El akuma seguía intentando quitarse la pintura de los ojos, lo que lo tenía algo ocupado. Sabía que era cuestión de tiempo antes que perdiera.

Tenía que actuar rápido.

Con un movimiento limpió, tomó la mano del Chat y con unos giros que él no logró entender, le dio vuelta y estampó en el piso, acto seguido, el akuma se acercó a ella listo para darle una patada, la que alcanzó a envolver con su yoyo y hacerlo caer. De manera inmediata, Chat se levantó, pero ella ya había alcanzado la cinta akumatizada y la rompió, liberando a la mariposa.

Gruñó fastidiado cuando purificó el akuma de la forma más veloz que había visto en su vida. —Esto fue solo una advertencia ladybug. Ya no somos compañeros —Dijo dándole la espalda.

Ella jadeaba cansada. Su brazo dolía un infierno. —Espero que realmente recapacites, gatito —él levantó las orejas al ver que lo llamaba así, ella lo miró con una pequeña sonrisa—. Mientras, no será fácil quitarme el miraculous.

Adrien sabía que podría esperar a que se des-transformara y quitarle los aretes, pero su honor no lo permitía. Ella había dado una buena batalla teniendo todo en su contra, muy buena incluso considerando que la habían tomado desprevenida.

—Buena batalla, ladybug —Admitió dándose la vuelta.

Marinette quedó en silencio, observando al chico akumatizado, que no entendía nada. Quería decirle a su Chaton que se quedara con ella, que replanteara su decisión, pero a penas y podía respirar. Necesitaba usar la cura milagrosa pronto, dejó que se fuera sin decirle nada.

Se acercó al akumatizado que la miraba confuso, pidiéndole que si podía bajar por las escaleras del edificio, puesto que se encontraba muy adolorida para cargarlo y solo le quedaba un minuto para volver a su forma civil. Él entendió, con arrepentimiento asintió y se fue.

Ladybug lanzó la serpiente al cielo, aún preguntándose si realmente su único objetivo era usarla para devolver todo a la normalidad como había ocurrido en otras ocasiones.

Esperó que la cura hiciera el efecto, todo lo destrozado volvió a la normalidad, el agujero de la pared quedó sin ningún daño.

Se fue rápidamente a su hogar, con la adrenalina corriendo por sus venas, cuidando que nadie la estuviese siguiendo de ninguna manera. Entró por la trampilla a duras penas, y al recostarse en su cama su transformación cayó.

Sintió un fuerte dolor a la altura de las costillas y de su brazo izquierdo, instintivamente llevó sus manos al lugar del abdomen. El pánico se apoderó de su rostro, Tikki cayó agotada al lado de su cama, sin poder moverse.

Se levanto un poco la camisa con miedo, y observó un profundo hematoma en su abdomen. Jadeó.

La cura milagrosa no había funcionado.

Al menos no en ella.


Nota de autora: ¿Y qué tal les ha parecido? Ha pasado mucho tiempo, siempre está en mi mente el terminar esta historia, pero la carrera que estudio es muy demandante y me da muy poca chance de escribir, lamento mucho la tardanza.

NO abandonaré la historia, quizás tarde mucho tiempo en terminarla, pero ya tengo la idea más menos formada y varios capítulos avanzados, así que espero poder ir subiendo más seguido las actualizaciones.

¡Muchas gracias por leer!