Disclaimer: Miraculous: Tales of Ladybug and Chat Noir no me pertenece. Es de Thomas Astruc (Hawkdaddy) y Zagtoon Animation. La trama de esta historia si es mía.


REGRETS

Hay momentos en nuestra vida en los que nos damos cuenta que somos idiotas y que nos hemos equivocado. Chloe escogió una ocasión de blanco para expresar su arrepentimiento. Adrien escogió un evento escolar que no era suyo. Marinette escogió una ocasión de profunda tristeza. Nathaniel, una de profunda alegría. Alya, un accidente. Nino, una fiesta.

El arrepentimiento te lleva por caminos inhóspitos, difíciles, agotadores. Y ahora, es momento de pensar si podemos volver en el tiempo y decirle al mundo la verdad.


Defying Gravity

"Me he dado cuenta de que la mayoría de la gente está demasiado preocupada con su propia vida para dedicar a los demás el menor pensamiento." – Douglas Coupland (1961-?) Escritor de ficción canadiense.

.

Sin duda, había sido un día cansado para Emma y Lola. Aunque habían intentado tener su momento de acercamiento intimo para platicar, el destino se los había impedido. Aunque, la naturaleza escéptica de Emma le llevo a pensar que era una mala y continua coincidencia que sus profesores y compañeros encontraran maneras de mantenerlas ocupadas y alejadas. Al menos, le reconfortaba saber que Lola se encontraba bien y ninguna de las escenas descabelladas que se imaginó se había vuelto realidad. Para la hora de la salida escolar, ambas estaban planeando escapar de todo el mundo.

Justo a la entrada de la escuela le esperaba la limusina de la familia Agreste con la figura imponente de Marinette Agreste al frente de ella. La mujer se veía mucho más arreglada de lo que se veía esa mañana cuando le habían dado la noticia sobre el accidente de su asesora de imagen. Justo en ese momento, Lola no pudo evitar pensar que alguien en el cielo traía algo en su contra. La joven encogió los hombros intentando escapar por alguna parte de la larga calle, pero Emma la detuvo tomándola del brazo y caminando con ella hasta el vehículo.

Sebastián se encontraba dentro de la limusina al teléfono hablando con cierto entusiasmo. Le acababan de marcar del hospital del Sagrado Corazón de París, diciéndole que su "madre" acababa de despertar tras la larga cirugía a la que había sido expuesta. Parecía que su vida estaba fuera de peligro por lo que podían ir a visitarla en el momento que quisieran. Apenas había tenido la oportunidad de comentarle parte de ello a la señora Agreste, quien no lo había dejado ni a sol ni a sombra después de que Emma llegará a la escuela y el buscará continuar con la planificación que Chloe había hecho para su trabajo. Por desgracia, no había logrado avanzar nada con la señora Agrete pisándole los talones. Sebastián no tenía idea de las razones por las que Marinette había decidido hacer eso.

A decir verdad, Marinette había tenido sus razones para decidir tomarse ese día de descanso de su pesado trabajo. Al principio había querido dejarlo pasar, esperar pacientemente mientras platicaba con los miembros de su equipo de trabajo. Tras solo unos minutos se había dado cuenta que le resultaba prácticamente imposible no pensar en su la que fuese su mayor enemiga. No le alegraba que estuviera en el hospital, ni que hubiese tenido un encuentro cercano con la muerte, pero tampoco podía dejar de pensar que se trataba del karma haciendo de las suyas. La idea le había resultado tan irritante y escandalosa que en poco tiempo sintió culpa. Necesitaba hacer algo, lo que fuera, para dejar de pensar en sí misma como la peor persona del mundo.

—¿Qué hacen aquí? —preguntó Emma, más dirigido hacía su madre que a Sebastián.

—Creí que sería un buen día para pasarlo contigo, querida —contestó Marinette sonriendo con autenticidad.

Emma no soltó a Lola, a pesar de la obvia incomodidad de ella. Para la suerte de ambas, Sebastián se acercó con la magnífica noticia de que Chloe había despertado y en ese momento se encontraba hablando con la policía acerca del incidente. No hubo que preguntar pues incluso Lola, que no tenía idea de lo que había sucedido, suplico por ir a verla. A las siete de la noche había una sesión de fotos que Chloe había concertado con una editorial, era parte del plan para que Emma dejará de ser totalmente exclusiva, y aunque Sebastián sabía que era importante estaba bastante más preocupado por la salud de Chloe que por otra cosa.

En poco tiempo, Emma corría hacia la recepción del hospital del Sagrado Corazón de París preguntando por la habitación de su asesora de imagen. Lola llegó detrás de ella, aunque no lograron que les dieran información. Marinette llegó un par de segundos después preocupada por su hija y enojada por el extremo interés que mostraba por Chloe, no pudo evitar preguntarse si su hija se comportaría de una manera parecida si fuera ella la que estuviera en el hospital.

—¿Cuál es la habitación de Chloe Bourgeois? —preguntó Marinette.

—¿Son ustedes familiares? —contestó la mujer en la recepción.

—No, pero... —empezó Emma solo para ser interrumpida por la recepcionista.

—Ya les he dicho que solo puedo dar esa información a los familiares del paciente —repitió con cierto tono de fastidio —a menos que vengan acompañados de algún familiar, no hay mucho que pueda hacer.

Emma golpeo su cabeza contra la mesa de la recepcionista enojada por la situación, la mujer estuvo a solo unos segundos de pedirle que se marchara cuando Sebastián apareció frente a ella. Lo recordaba perfectamente bien de la madrugada por lo que sonrió con amabilidad hacia el joven.

—Hola, me informaron que mi madre ya despertó de la anestesia de la cirugía de esta mañana —comentó con una naturalidad que llamó la atención de la señora Agreste.

—¿Cuál es su nombre completo? —pidió la recepcionista volteando su vista a la computadora.

—El nombre de la paciente es Chloe Bourgeois —contestó Sebastián ante la mirada incrédula de Marinette y la expectativa de las dos adolescentes que les acompañaban —mi nombre es Sebastián Bourgeois, su hijo.

La mujer ingreso los datos en la computadora y en poco tiempo dio pases de entrada a todos los presentes. Sebastián le entregó dos documentos dentro de una carpeta sellada que hicieron a la joven sonreír antes de hacer una llamada. Después de registrarse y de qué le solicitaran a Sebastián un número y una identificación oficial que no tuvo objeciones en proporcionar, el grupo se dirigió por un ascensor hacia el área de pos-operaciones.

Marinette era la única que consideraba aquello como una extraña realidad alternativa. Quizá a Emma y Lola no les parecía extraño que Sebastián dijera ser hijo de Chloe, tal vez porque no recordaban como lo habían presentado la primera vez que lo conocieron. Pero Marinette, quien la había conocido durante más tiempo, encontraba sospechoso todo aquello. No sabía exactamente qué edad tenía Sebastián, pero sin duda era mayor que su hija. Y la señora Agreste podía recordar a la perfección a la Chloe que conoció en los años previos a su desaparición, no parecía embarazada o que hubiese tenido un hijo en algún momento. La idea de que Chloe pudo haber adoptado cruzó su mente, pero decidió que no era posible en cuanto entraron a la habitación privada de la hija del exalcalde de la ciudad.

Chloe sonrió ampliamente cuando vio a todos entrar en la habitación, solo unos segundos antes intento con todas sus fuerzas entender la visita de la policía que había tenido solo media hora antes, además aún se sentía mareada por la plática que tuvo con Adrien. Emma entró corriendo al verla decidida a abrazarla con la sensación de que una amiga más había estado en peligro, Lola no tuvo la misma impresión pues realmente solo había sido arrastrada a ese lugar.

—La verdad, no me creía que si estabas en el hospital —dijo Emma con algunas lágrimas en la comisura de los ojos.

En cierta forma, los sentimientos se estaban amontonando dentro de ella. La frustración y preocupación por lo que le había pasado a Lola, la noticia que no le había caído bien sobre el altercado de Chloe, la manera en como su madre estaba de repente a su lado cuando nunca había sido así, la advertencia de los kwami de sus padres, todo se había amontonado y entonces lo único que quería hacer era dejar salir sus sensaciones. Nunca se había mostrado como una niña pequeña y llorona, aunque fuese toda una diva molesta. Así que su comportamiento espanto a Marinette.

—Es una de esas cosas que pueden pasarle a cualquiera —contestó Lola por Chloe quien no sabía cómo reaccionar.

—No estés triste, Emma —se le ocurrió comentar a Chloe —mejor dime cómo te fue hoy, ¿seguiste todos los consejos que te dimos?

A las dos Agreste de la situación les pareció algo surrealista la manera en cómo Chloe se comportaba. Uno de sus hombros y el mismo brazo estaba por completo inmovilizado, había un suero conectado por intravenosa en su otro brazo y estaba vestida con un camisón y el cabello despeinado. Parecía un poco loca pero aun así bastante centrada e imponente, al menos en parte.

—No se me reporto ningún cambio en la escuela, no desagradable, ni favorable —informó Sebastián por Emma.

—¿Alguien les informa dentro de la escuela? — preguntó Marinette quien apenas había dado un escueto saludo al entrar.

—Claro que sí — contestó Chloe para sorpresa de Emma — nuestro permiso para permanecer en la escuela solo duraba dos días, tuve que crear lazos dentro y pagar a algunos para tenerte controlada dentro. Cualquier error puede afectar tu imagen pública.

—Eso es... — empezó a decir Lola.

— ¿Una locura? — completo Emma, algo que Marinette también estaba pensando.

—No, iba a decir salvaje y lógico — corrigió Lola sintiéndose incómoda con sus pensamientos.

—En todo caso — interrumpió Sebastián dándose cuenta de que el ambiente del lugar comenzaba a hacerse tenso — he decidido adelantar uno de los puntos principales del plan, tomando en cuenta que aún no tenemos una respuesta de la señora Couffaine.

— ¿La visita al hospital? —preguntó Chloe. Sebastián asintió — ¿Ya conseguiste el permiso?

—Tan solo espero la llamada del director del hospital, tengo entendido que hoy también tienen la visita de un grupo, no estoy muy enterado de ello — explicó Sebastián.

—Si me permiten que interrumpa —dijo Marinette —tengo algunas dudas sobre lo que está sucediendo. Para empezar, ¿qué es todo eso del plan? ¿Por qué demonios hablan de una visita al hospital? ¿Y quién te autorizó para comprar a personas de la escuela de mi hija?

El ambiente del cuarto de hospital se había hecho tenso y pesado, ambas mujeres luchando por tener el poder en una situación que no era favorable para nadie.

—Por desgracia, la opinión que tiene el público sobre Emma no es muy favorable —empezó a hablar Sebastián al ver como empezaba a explotar una terrible olla de presión —de todas las cosas que se dicen de Emma, la mayoría de las cosas positivas están muy relacionadas con ustedes...

—Sus perfectos padres superhéroes —completó Chloe—. Si queremos que la prensa y todos los medios de comunicación del mundo vean a Emma como un buen modelo a seguir y sobretodo como una buena persona, tenemos que alejar su imagen de los maravillosos héroes que salvaron a la ciudad hace más de dieciséis años.

La culpabilidad que se extendió por todo el rostro de Marinette hizo sonreír ampliamente a la rubia.

—No es correcto —alcanzó a decir Marinette sobreponiéndose a sus sentimientos.

—No hacemos nada que no sea legal, y no obligaremos a Emma a hacer nada con lo que no se sienta cómoda —aseguró Sebastián tras observar un poco la situación.

Emma se acercó en ese momento, era obvio que no le habían comentado nada de eso con anterioridad, pero lo podía entender por las circunstancias en las que se encontraba su asesora de imagen. Al principio, la presencia de Chloe le había incomodado enormemente, se sentía invadida y no quería que otra persona controlara su vida. Pero por Chloe era que ahora tenía una mejor amiga y lo menos que podía hacer por ella era facilitarle el trabajo.

—Por mi está bien —dijo Emma con una sonrisa —nunca he estado en un hospital y supongo que mi belleza puede ayudar en algo a los enfermos.

—¡No! tu no vas a ir más que a la casa conmigo —sentenció Marinette, después giró para seguir hablando con Chloe —yo soy su madre y no puedes venir aquí...

—Yo solo cumplo con el trabajo por el que me contrataron —interrumpió Chloe abruptamente —y tú no eres mi jefa en el contrato que firme.

Marinette comenzó a enojarse enormemente, se veía en sus ojos y en su expresión. Emma tomó la mano de Lola al mismo tiempo que Sebastián las escoltaba afuera para esperar la llamada del director del hospital. Además, sabía que había cosas que esas dos tenían que arreglar.

—Además, hay algo importante de lo que quiero hablar contigo —continuó Chloe.

—¿De qué podrías querer hablar tu conmigo sino es sobre mi hija? —cuestiono la heroína encubierta a la defensiva.

—Sobre el pasado que tenemos en común —contestó Chloe sonriendo falsamente, no quería hablar de ello, pero necesitaba una excusa para evitar que siguiera interfiriendo en sus planes —sobre todo, quiero disculparme por la última vez que nos vimos antes de tu boda.

Marinette se quedó tiesa e intranquila, recordaba muy bien aquella última vez que se vieron. El recuerdo alcanzó sus pupilas y se sintió muy joven al pensar en ello con una sensación de dolor en el corazón.

Marinette arreglaba las últimas cosas que necesitaría para mudarse con su futuro esposo. Aunque la mudanza no estaba planeada hasta después de su regreso de su luna de miel, Marinette no quería dejar nada a último minuto. Alguien llamó a la puerta de su habitación y la chica bajo a abrir con rapidez. Su madre sonreía como siempre, solo que esta vez le informo de una hermosa chica que venía a darle las felicitaciones por la pronta boda. La joven de nacionalidad china-francesa se extrañó por la noticia pues todos sus amigos le habían felicitado meses atrás, cuando anunciaron su compromiso. Entró en la habitación Chloe con una sonrisa hipócrita muy grande como para ser buena. En cuenta la señora Agreste las dejo solas, Marinette cruzo los brazos y respiro para calmar sus instintos homicidas. La mujer que fue su tormento por más de tres años estaba, ahora, frente a ella. La sonrisa de la rubia se desvaneció poco a poco, como si ya no quisiera estar fingiendo. En frente de Marinette, quien seguro sospechaba de sus instrucciones, no tenía que hacerse la buena.

—Escuché que te vas a casar en una semana—dijo Chloe con un susurro, la voz casi quebrada.

—Así es —asintió Marinette desconfiada—. Y nada de lo que digas hoy, en una semana o dentro de un mes lo puede cambiar.

Marinette creyó haber cubierto las bases con aquel comentario. Tras tres años de noviazgo con Adrien, la joven heroína ya se había cansado de la rubia. Chloe no perdía oportunidad para fastidiarlos. Desde sembrar dudas y crear peleas hasta elaborados planes para dar pie a malentendidos estúpidos. Marinette creía conocer las intenciones y sentimientos de su mayor enemiga. Pero estaba muy equivocada.

—Eres tan cobarde —dijo Chloe con la voz temblorosa y llena de resentimiento—. ¿Cómo es que una persona tan cobarde como tú pudo ganarme?

— ¡Hey! ¿A quién llamas cobarde? —se ofendió Marinette—. ¿Cuántas veces has salvado tu a París?

—Yo nunca lo he salvado —gritó Chloe, parecía hacérsele difícil hablar— pero yo merezco más a Adrien que tú.

— ¿Qué! —cuestiono Marinette sintiendo como su enojo aumentaba.

—Tu solo te quedaste en las sombras a esperarlo. Espiando sin hacer en verdad algo por ganar su corazón —gritó Chloe enojada—. ¿Cómo puedes tu haberme ganado? Nunca hiciste nada para merecerlo.

— ¿Qué tendría que hacer para poder merecerlo según tú? —replicó Marinette—. ¿Tendría que haberme declarado y que él me rechazará para merecerlo?

Marinette no se dio cuenta de sus palabras hasta que las dijo. Su mayor temor acerca de Adrien había salido a la luz. Aunque su relación había iniciado de manera repentina, siempre tuvo la sensación de que Adrien la hubiese rechazado en otras circunstancias. Ese era su mayor miedo en cuanto a su relación.

— ¡Sí! Eso deberías haber hecho —exclamó Chloe—. Deberías haberte declarado y escuchado como te rechazaba. Así sabrías lo que significa esforzarte por el amor de alguien.

Marinette se sintió extrañada por las palabras de Chloe. ¿Qué sabía una persona como la rubia sobre esfuerzo cuando conseguía todo con el chasquido de sus manos? La china-francesa estuvo a punto de replicar hasta que fue la misma Chloe la que siguió hablando. Esta vez tenía los ojos llenos de lágrimas y el maquillaje corrido, ¿en qué momento había comenzado a llorar?

—Tú no sabes lo que es escuchar a la persona que amas decir que no siente nada por ti. No sabes que es hacer todo en tu poder para que se fije en ti, para que se dé cuenta que eres la mejor opción —reclamó Chloe—. Sé que no tuve los mejores acercamientos, pero yo lo perseguí más tiempo. No es justo que tú te lo quedes solo por quitarte una tonta máscara.

Pasarían muchos años antes de que Marinette entendiera los motivos que la llevaron a propinarle esa cachetada a Chloe. La mujer se había puesto histérica con su discurso haciendo que Marinette se sintiera en verdadero peligro. Chloe se tomó la mejilla donde la heroína había osado hacerle daño y se juró internamente nunca perdonarle eso.

—Incluso sí otra persona fuese Ladybug, incluso si tú fueras Ladybug, Adrien me habría escogido a mi porque estamos destinados a estar juntos. Siempre —dijo Marinette. Deseaba con todas sus fuerzas creer en sus palabras, pero la verdad es que no estaba del todo segura.

— ¿Eso crees? —preguntó Chloe con veneno en la voz.

—Si —respondió Marinette con simpleza.

—Ya veremos—amenazó la rubia antes de dar media vuelta y marcharse.

Aquella fue la última ocasión en que Marinette habló con Chloe. Después de dieciséis años de ese día, Marinette creía haber disuelto las dudas sobre su matrimonio. Pero estás habían vuelto a aparecer más fuertes. Sacudió la cabeza recordando que quizá las cosas no estaban sucediendo de la manera en como ella siempre había soñado, todo podía ser mucho peor.

Marinette regreso de su pequeño viaje al pasado sintiéndose extrañamente poderosa. Observó a Chloe dándose cuenta que nada de lo que había dicho se había vuelta realidad. Chloe había desaparecido de la faz de la tierra, al menos de París, sin cumplir con su promesa. Aunque quizá su promesa se cumpliría después de tantos años. Chloe se sentía feliz por haber evitado que la señora Agreste siguiera a su hija, al menos por el momento.

—Acepto tus disculpa —dijo Marinette con el corazón en la mano, aun algo renuente a dejar caer todas sus defensas—aquella fue una conversación en la que pensé mucho.

—He tenido mucho tiempo para reflexionar sobre esa "conversación" —Chloe rio al darse cuenta que no había sido una conversación tanto como una pelea—. Me di cuenta que no tenía razones para pelear contigo por Adrien.

—Porque él ya era mío —concluyó Marinette, se sentía ultimadamente empoderada.

—No—dijo Chloe alcanzando su celular y los audífonos —porque ningún hombre vale la pena por el que pelear, no debí hacerme de tantas enemigas por él.

Chloe se puso los audífonos y Marinette solo la observó sin saber a qué se refería. Sabía que hubo muchas chicas que quisieron a Adrien en el pasado: Lila y Kagami por mencionar algunas. Aunque en sus años de matrimonios, Adrien había mencionado ocasionalmente a alguna amiga con la que había perdido contacto con los años y que pedía su ayuda. Así que no pudo evitar sentirse agradecida por el trabajo que Chloe había hecho para mantener al amor de su vida con ella. Una sonrisa se extendió por su rostro al pensar en su esposo.

—Adrien es el tipo de persona por el que vale la pena luchar —comentó la señora Agreste con orgullo.

—Sabes Marinette, sé que tú juzgaste a Lila cuando se descubrieron sus mentiras, juzgaste a Kagami porque era fuerte y envidiosa de ti —dijo la rubia con veneno en la voz. Sin duda buscaba hacer daño, a ella misma y a su antigua enemiga. Las palabras de Chloe hicieron desaparecer la sonrisa de la mujer—sé que llamaste perra a tu "amiga" porque le gustaba el mismo chico que a ti. Pero no eres mejor que ellas, yo no soy mejor que ellas. Peleamos por una persona que creíamos era de nosotras, pero se pertenece a el mismo. Y no creo que ninguna mujer deba darse a sí misma por los demás. Desearía haber sido mejor, no como tú, mejor.

Marinette se había quedado sin palabras. En la puerta de la habitación esperaban dos personas que ninguna esperaba ver. Juleka y Rose llevaban ahí poco tiempo, aunque si el suficiente como para que se dieran una idea vaga sobre lo que estaba pasando. Tenían la sensación de que aquella era una conversación privada, aunque tampoco querían interrumpir en el momento inapropiado. Cuando Marinette se quedó callada, como pensando en las palabras de la rubia, pareció un buen momento para hacerse notar.

El semblante de Chloe cambio, de mujer desalmada que se odia a si misma paso a ser una mujer de negocios con una moral inquebrantable. Al menos eso quería creer. Estaba en la cama de un hospital con el hombro completamente inmovilizado y un suero con somníferos en el brazo contrario. No parecía alguien en una posición de poder y, aun así, se las apaño para sentarse correctamente y arreglar un poco su peinado.

—Ahora, si me disculpa, señora Agreste —dijo Chloe con el tono de voz un par de decibeles más bajo y menos rasposa —debo tratar unos asuntos de trabajo acerca de su hija con las señoritas.

Juleka entró al lugar con la frente en alto y saludando cordialmente. Marinette no le respondió, estupefacta por todo lo que estaba sucediendo. Rose prefirió esconderse y se hizo una pequeña bolita detrás de Juleka, donde la señora Agreste no pudo verla. Se veía como si la furia estuviese creciendo de manera exponencial dentro de ella.

La señora Agreste tomo su bolso saliendo de la habitación con la indignación a flor de piel. Camino por el pasillo que conectaba el área de post-operaciones con el resto del área de cuidados del hospital. Sabía que en algún lado debía encontrarse en área de oncología, cuando al fin lo encontró se dirigió sin mucha cortesía hacia una de las enfermeras. De un modo poco amable pregunto por su hija, decidida a sacarla de ese lugar con todo el derecho que una madre tenía para hacerlo. Aunque, al encontrarla, la rabia se esfumo de su cuerpo.

Chloe observó a sus visitantes sin saber realmente que hacían ahí. Estaba realmente cansada y muy hambrienta como para ponerse a pensar en ello, además, hablar con Marinette había bajado terriblemente su moral.

—Sentimos interrumpir —dijo Juleka con apenas voz — vine a responder a la petición que me hiciste sobre enseñar música a la hija de los Agreste.

Chloe asintió.

—Y ¿cuál es su respuesta?

Juleka observó a Rose buscando apoyo en la decisión que habían tomado juntas unas horas antes.

—Le enseñaré a cantar a Emma, con una condición —empezó a explicar Juleka, Chloe asintió esperando los términos —quiero que su primera presentación sea en el festival sobre musicales del College, sin cámaras o escándalos.

—Acepto las condiciones —sintió Chloe —¿cuándo va a ser el festival?

—En dos semanas—dijo Juleka —por lo que debemos comenzar un entrenamiento intensivo inmediatamente. Por lo menos para que aprenda a modular su voz lo mejor posible. Todos los días a partir de hoy, muchas horas. No será la mejor y tendrá que integrarse a otro grupo para poder participar.

La rubia sonrió dándose cuenta que aquello era un magnifico progreso. Asintió cerrando el trato y prometiendo que Emma sería la persona más comprometida del mundo con el proyecto. Poco sabía ella de la persona que les escuchaba detrás de la puerta y de la sonrisa macabra que cruzó su rostro al escuchar aquella conversación.

En otra parte del hospital, una joven extranjera esperaba en la sala de espera por la hora de descanso de un viejo amigo. Tras unos minutos un paramédico abandono la sala de emergencias para dirigirse a ella quién solo pudo sonreír en respuesta. El abrazo que se proporcionaron dejó de manifiesto la diferencia de altura y de edad.

—¡Por Dios! Lila, no creí volver a verte —dijo él con una sonrisa.

—Yo nunca creí que te volverías un doctor —contestó la joven italiana con una sonrisa —juraba que serías alguna especie de ingeniero informático, Max.

—No soy doctor, soy paramédico, especialidades distintas —corrigió él con una sonrisa.

Tenían muchos años de no verse, incluso más de los que llevaba de mudarse de regreso a Italia. Se habían vuelto buenos amigos con su tiempo de convivencia escolar, pero cuando todas sus mentiras salieron a la luz con la intervención de los héroes de París, se distanciaron. A decir verdad, en aquella ocasión nada había sido tratado, pero todo parecía olvidado. Y eso era lo que Lila necesitaba. Platicaron por largo rato poniéndose al tanto de sus vidas, al menos en parte.

—Al final, ¿Por qué decidiste estudiar para paramédico? —preguntó Lila interesada.

Max técnicamente estaba en su descanso, pero en ningún momento había dejado de observar su comunicador. Se habían movido de la sala de espera a la salida de la entrada de emergencias donde aguardaba la ambulancia del hospital.

—Cierto, tu no estuviste cuando la profesora murió —susurro Max —solo digamos que me di cuenta que se necesitan más personas en el área médica que informáticos.

—Eso es cierto, pero triste —dijo ella —a ti te encantaba la informática y la tecnología y la robótica.

—Bueno, las cosas cambian —contestó él con melancolía, luego observó a la chica y sonrió intentando alejar sus malos recuerdos —en fin, ¿para qué querías verme?

—Es que necesito que me hagas un favor —suplicó Lila suspirando — ¿sabes si Sabrina trabaja en este hospital? Yo necesito hablar con ella.

—¡No, lila, no! No puedes aparecen en su vida después de veinte años —dijo Max con cansancio —se va a casar, con Nino.

—Lo sé, lo sé —interrumpió Lila con culpa en la voz —pero necesito hablar de algunas cosas con ella.

—¿Sabes lo difícil que fue para ella aceptar que una chica podía corresponder sus sentimientos? ¿Recuerdas lo mucho que sufrió cuando descubrió la verdad? —el regaño impreso en sus palabras hizo crecer la culpabilidad en el corazón de la italiana, quién solo pudo asentir recordándolo.

—Lo sé, pero podrías intentarlo —dijo Lila utilizando todo lo que sabía sobre manipulación. Max intentó con todo su corazón resistirse, pero los ojos suplicantes de la italiana lo vencieron. Al final simplemente asintió a arrepintiéndose al instante.

Emma siempre había sido una egoísta, pocas veces veía más allá de sus propias narices. Por eso había sido una completa sorpresa encontrarla platicando tan cálidamente en el cuarto de juegos del hospital. Hacía pocos años, los inversionistas del hospital habían donado una sala de juegos para los niños del hospital, había de todo tipo de juegos para infantes con alguna dificultad así que siempre estaba lleno. Cuando el director del hospital les dio el visto bueno para hacer una visita, los llevaron y presentaron en esa sala de juegos. Emma sonreía como nunca nadie le había visto, no era como las sonrisas que hacía para los comerciales, esta era mucho más amplia.

Marinette siempre había sido una persona en extremo caritativa, desde sus días como Ladybug había comenzado a pensar en los más necesitados. Como la señora Agreste había asistido a tantas galas en beneficio de otras personas que llegó a perder la cuenta. Podía entender porque otros podían asociar a la familia Agreste con una causa social, pero a Emma no, ella nunca asistía ya que si no era trabajo prefería quedarse en casa.

Ahora lo tenía que hacer porque se lo ordenaban. Y al parecer fue lo que Marinette necesito hacer todo ese tiempo. La sensación que se instaló en su pecho fue demasiado familiar como para ser buena, había algo de culpa en ella por la forma en cómo su querida hija se había comportado todos esos años. Siempre había sido firme en su educación, pero nunca en las áreas correctas. Cuando observo a Emma comenzar a cantar con una de las niñas, en ese momento, todo fue claro. Nunca había hecho nada por el amor que le tenía a Emma, sino por el terror que sus acciones pasadas le causaban. Las lágrimas comenzaron a caer por todo su rostro al darse cuenta que lo mejor que podía hacer en ese momento era dejar a Chloe entrar con toda su fuerza en la vida de Emma y en su familia. Aun si eso significaba vivir con el terror a que todo por lo que había luchado se desmoronara.

—Yo creo que debemos darle la oportunidad a Lola de que cante algo —dijo Emma acercándose a la chica —ya sé que mi voz es asombrosa, pero creo que Lola puede demostrar lo talentosa que es.

Los niños del cuarto aplaudieron y ovacionaron a la joven como si se tratará de una gran estrella de rock. Los niños jugaban a eso, tenían una visita que los había hecho reír con sus ocurrentes comentarios y un concierto haría a los que no podían moverse y correr alrededor del baile extraño que Emma había realizado minutos antes pudieran disponerse a disfrutar de un entretenido show. Los niños comenzaron a sentarse cerca de una joven Lola que suplicaba en voz baja porque Emma no le obligará a cantar.

Pero al verse frente a una audiencia tan emocionada, Lola no pudo evitarlo. Suspiro con los nervios a flor de piel pensando en alguna canción que pudiese interpretar sin música, pero sobre todo que se sintiera cómoda y segura de saberse la letra. Solo le bastaron unos segundos, mientras las trabajadoras y madres que acompañaban a los niños en el hospital les pidieran que guardarán silencio.

—Algo ha cambiado en mí, algo ya no es lo mismo, ya estoy cansada de jugar el juego de otro —empezó a cantar intentando ser muy clara con su francés, no solo quería cantar, quería decirles a todos los presentes lo que su corazón guardaba celosamente, se sentía como la única ocasión en que pudiera hacer eso —Es tarde para pensárselo otra vez, demasiado tarde para volver a dormir, es el momento de confiar en mis instintos, cerrar los ojos y saltar.

Los presentes sonrieron y aplaudieron con tanta timidez como la de Lola. En solo unos segundos, Lola parecía haber salido de alguna especie de caparazón y sus movimientos se habían soltado. Incluso su voz había cambiado mucho en solo unas milésimas de segundo. Una sensación de poder hacer cualquier cosa se adueñó de todos los presentes mientras la canción seguía su curso.

—Es la hora de intentar desafiar a la gravedad. Creo que intentaré desafiar a la gravedad —de repente, la Lola que Emma siempre había visto en el salón había desaparecido. Lola comenzó a caminar por el lugar acercándose poco a poco a los niños. No los asustaba, más bien parecía que los animaba a que escucharan la letra de esa canción con más atención—Dame un beso de adiós, estoy desafiando la gravedad. Y tú no me vas a hacer caer.

Un niño en particular, que estaba en una silla de ruedas, se veía fascinado por la canción y la actuación de Lola.

—Se acabó aceptar los límites sólo porque alguien dice que los hay algunas cosas no puedo cambiarlas, pero hasta que no lo intente no lo sabré. — Lola se acercó a los niños elevando el tono de su voz para alcanzar las notas que aún se le complicaban. —Demasiado tiempo he temido perder el amor que supuse perdido, bueno, pues si es amor, hay que pagar un precio muy alto.

Las dos mujeres Agreste que presenciaban la escena sintieron una corriente de electricidad correr por sus cuerpos. Emma no supo que pensar o que decir, su mente se quedó en blanco impactada por el talento que tenía su amiga para hacer las cosas. De repente, se sintió minúscula como si su existencia no valiera nada para ese mundo. Siempre se había visto a sí misma como un gran talento desperdiciado, como una diosa enviada a la tierra. Y aunque todo ello era una exageración de sus verdaderos sentimientos, aquello fue una revelación que la hizo saberse insignificante para el mundo.

Marinette podía recordar bastante bien el rostro elegante y frenético de los hermanos Couffaine cuando cantaban. La emoción que la música les hacía sentir y que podían darle a los que escuchaban la sensación de presenciar algo muy especial. De nuevo, la pregunta llegó a su mente, cómo había tenido Juleka una hija como Lola.

—Pronto voy a desafiar la gravedad. Dame un beso de adiós, estoy desafiando la gravedad. Creo que intentaré desafiar a la gravedad y tú no me vas a hacer caer. Pronto voy a desafiar la gravedad. —la voz de Lola empezó a perder intensidad mientras unas grandes lagrimas se acumulaban en sus ojos— Dame un beso de adiós, estoy desafiando a la gravedad...

Mientras la última línea se acercaba, Marinette pudo observar como la joven perdía el equilibrio. Sus instintos de heroína la hicieron correr hacia la chica, presintiendo el peligro al que se estaba exponiendo aun sin entenderlo.

—Creo que voy a intentar desafiar a la gravedad y tú no me vas a hacer caer. Hacerme caer. Oh, oh, oh —y tal como decía la canción, la voz de Lola se quebró con las ultimas notas y el cansancio de una tristeza repentina la hizo caer al suelo sin las fuerzas para luchar contra su propio sufrimiento.

Marinette la atrapo en vilo, aunque su presencia lo único que logro fue hacer que los niños se emocionaran por ver a la heroína de París. Pronto fue la joven Emma quien tomo entre sus brazos a su llorosa amiga y apartándola del bullicio que la presencia de su madre había causado observó algo que nunca había pasado por su mente. Lola no era el ángel tierno que había venido a salvarla de la locura que era su vida, era un ciervo en la mira del cazador y ahora a Emma le tocaba hacer de guerrera para sacarla de ese lugar. Y de repente, sintió que su vida era más que sesiones de fotos y chismes de revistas.

Continuará...