Edward le pasó a Luke recuerdos de su tiempo con los titanes sus torturas, humillaciones y miedo por si vería el amanecer de un nuevo día.

También le mostró cosas buenas y malas de los mortales, sus logros, sus fracasos todo para recordarle a Luke quién es en realidad y que no es solo un semidiós hijo de Hermes sino Luke Castellan hijo de May una mujer maravillosa que Edward le mostró.

—Yo...¿que he echo?—

Se volvió hacía Edward comprendiendo al fin quien era, no tenía palabras pera expresar su pesar y remordimientos, ante el estaba la propia mortalidad no era un dios ni nada solo un mortal más pero con un gran peso en sus hombros y que había sufrido mucho.

—Tienes que ocuparte de Cronos todavía puedes resarcirte Luke—

El hijo de Hermes asintió en ese momento llegaron Percy, Annabeth y Grover quienes no tenían ni idea de quién era ese hombre y que había conseguido traer a Luke a sus sentidos.

—La hoja...¡socorro esta a punto de salir! ¡ya no me necesita!—

Tenía razón alrededor de su cuerpo había un brillo dorado que iba haciéndose más intenso Edward con urgencia vio a Percy ¡DEPRISA!

Percy aún sin entender todo y contra su mejor juicio le entregó el puñal a Luke para gran incredulidad de Annabeth y Grover, Luke se quitó las correas de su armadura y apuntó hacía un punto de la axila con el puñal.

Presionó un poco y gritó de dolor despidiendo un brillo cegador por sus ojos y todo el cuerpo, todos tuvieron que darse la vuelta y taparse los ojos, para cuando la luz se fue solo había cenizas en el suelo y a Luke moribundo en el suelo en los brazos de Edward.

—Eres un héroe Luke no lo olvides—Erion contenía a duras penas las lágrimas, después de todo lo que pasó ese pobre chico.

—Iras a los campos Elíseos Luke—

—No renaceré islas bienaventurados—

Siempre se había exigido demasiado luego se volvió hacía Percy.

—Ethan los no reconocidos prométemelo—

Percy asintió en ese momento Luke murió acurrucado en los brazos de Erion como si fuera un padre o un abuelo.

Edward lloró y sus lágrimas empezaron a tornarse de sangre alarmando a los presentes por el rabillo del ojo vio a Hestia mirándolo triste.

Por favor sácame de aquí.

La diosa del hogar accedió a su petición llevándolo a su hogar, el pobre Edward se tomó sus pastillas como pudo y se fue a dormir, cuando despertó ya no recordaba nada.