Partners in crime
Disclaimer: No, Frozen no me pretenece, de lo contrario la película hubiese estado repleta de Helsa.
Los invitados se encuentran; la fiesta comienza: puedes oír el feliz clamor.
-Samuel Taylor Coleridge
-¡Oh, Dios, Haaaans!- con un grito enronquecido y entrecortado, la joven rubia se arqueó contra el cuerpo de su novio y disfrutó del orgasmo glorioso que él le regalaba. El pelirrojo, cuyo cuerpo perfecto resplandecía gracias a una leve capa de sudor, no se demoró mucho más en alcanzar el clímax para luego caer rendido sobre aquella diosa que tenía por pareja. Se mantuvieron quietos unos instantes, intentando normalizar sus agitadas respiraciones y compartiendo algún que otro beso. Hans observó el reloj de la mesa de noche y bufó con desanimo mientras salía del interior de la muchacha y se disponía a buscar su ropa. Elsa le agradeció cuando él recogió sus prendas para luego colocarlas en sus manos. Una vez vestidos abrieron la puerta, encontrándose con la imagen de un adolescente de cabello desgarbado y tan pálido como la luz de luna.
-¡Vaya!- exclamó notoriamente molesto y la pareja lo contempló con fastidio- ¡Creí que nunca se callarían!
-Cierra la boca, Jack- masculló Elsa Frostarendelle, su hermana- No te metas en donde no te han llamado.
-Pues de hecho si me meteré, bruja. ¡Ese es mi cuarto!- se volvió al pelirrojo y lo fulminó con la mirada- ¿Enserio tienes que follártela en mi habitación? – Hans bostezó adrede para demostrar que poco le importaba lo que le dijera. El menor de los Frostarendelle sintió como su furia se incrementaba- ¡Me dan asco, maldita sea! ¡Son unos condenados sexópatas de mierda! ¡Todo lo que saben hacer es encerrarse entre cuatro paredes a gritar como perros en celo! – Suspiró antes de proseguir- ¡En mis cuatro paredes!
-Te recuerdo que mientras terminen de remodelar las habitaciones de la casa tu y yo estamos compartiendo cuarto- le espetó Elsa.
-¡Y así me lo pagas!- gruñó por respuesta el chico- Si no fuera por mí, estarías durmiendo en el ático hasta que terminen las reparaciones.
-¿Tú crees?- indagó ella con saña- Papá no dejaría que eso pasase nunca, oxigenado. Estoy segura de que me hubiese cedido tu cuarto a mi sola si te hubieses negado a compartirlo- Muy a su pesar, Jack debía admitir que ella no se equivocaba.- Pero ya cállate y busca a Gerda, esta mañana se ha llevado mis sábanas al lavadero y no tengo a mano las de repuesto.
-¿Y a mí eso que me importa?- inquirió el muchacho con exasperación- son tus sábanas, perra. No las mías.
-¡Vuelve a llamarla de esa forma y haré que te tragues todos tus estúpidos videojuegos!- amenazó el pelirrojo, interfiriendo por primera vez en la disputa. Una mueca petulante y socarrona se formó en sus labios, indicándole al joven de cabellos pálidos que no se traía nada bueno entre manos- Además, si deberías buscar a la mucama.
-¿Para qué?- indagó con recelo- Mis cosas están en orden y las sábanas fueron cambiadas ayer. Están limpias- La sonrisa de Hans se ensanchó y Jack no necesitó preguntar nada más. -Oh, no, no, no, no- repitió con el asco haciéndole mella en la garganta, entendiendo toda la situación sin mayores inconvenientes- ¡Son unos cerdos! ¡Se acostaron en mi cama! ¡Malditos hijos de…! – su mente evocó la imagen de sus sabanas, totalmente pegajosas y húmedas. Probablemente llenas de los flujos de su hermana y su cuñado. Las nauseas acudieron a él.
-No te enojes, Jack- habló Elsa con diversión- no tenía previsto que Gerda se llevase mis sábanas y pues… bueno, tuvimos que improvisar. – La pareja rió ante la cara de espanto del adolescente, quien parecía estar perdido en sus pensamientos.
-Oh por Dios…- susurró traumatizado- Han estado metidos ahí por horas… ¡¿Cuántas veces te la has follado, hijo de puta?!- el pelirrojo se encogió de hombros y, acto seguido, estalló en carcajadas.
-No… lo… sé…- respondió con dificultad a causa de los temblores de gracia que le recorrían el cuerpo- Tu hermana es insaciable, enano.
-¡Aghh…! – Alegó repelido el muchacho- ¡No quería saber tanto, imbécil! –nervioso, inició una caminata a un lado y otro del estrecho pasillo mientras continuaba mascullando frases de odio y palabrotas- No voy a volver a dormir ahí…- se quejó el chico.
-¡No exageres!- pronunció su hermana- No han quedado tan mal…- Haciendo acopio de valor, el chico se dispuso a comprobar la veracidad de esas palabras. Apartó de un manotazo a la joven, empujó la puerta y caminó con lentitud hasta su lecho. Lo que sus orbes claros admiraron era intolerable. Sin resistir ni un minuto más, corrió con una velocidad asombrosa hasta el baño y vomitó todo lo que había ingerido ese día. Esos miserables… se las pagarían. Aún mientras se lavaba podía oír sus risas.
El chico de cabellos pálidos caminó, en tres grandes zancadas, hasta donde se hallaban los causantes de toda la pesadilla que estaba viviendo y señaló a Elsa acusadoramente con su dedo.
-¡Espero que quedes embarazada!- le espetó con ira mientras su ceño se fruncía aún más si eso era posible. Su hermana lo fulminó con sus orbes cerúleos- ¡Espero que ambos sean padres del niño más horroroso que…!
-Oye, oye, oye ¿Acaso ese tinte que usas en el cabello ya te afectó el cerebro? – lo interrumpió Hans mientras lo miraba como si fuese un retrasado mental- ¿Qué no has visto este par de rostros?- señaló el semblante de su novia y el de él mismo.- ¿Cómo piensas que de la perfección podría salir algo horroroso? – Elsa estalló en carcajadas.
-Engreídos- masculló el joven Frostarendelle- ¡Lo lamentarán! – Apuntó su índice hacia el apuesto pelirrojo- tú en particular. ¡Juro que voy a follarme a Anna en tu cama! – Los orbes esmeraldas del novio de Elsa se abrieron con tensión.
-¡No metas a mi hermana en esto, imbécil!- profirió Hans- Ella es demasiado dulce e inocente como para que la incluyas en esa frase de mierda.
-¡Oh, sí, muy dulce e inocente!- el joven Frostarendelle remarcó las silabas de la última palabra alegada y Elsa le envió una advertencia silenciosa por medio de la forma ceñuda que tomaron sus fanales- ¡Abre los ojos, estúpido! ¡Anna utiliza la misma mentirita que Elsa hace años! – el pelirrojo tragó saliva con nerviosismo. Era plenamente consciente de que fingir ser virgen a las mujeres no se les dificultaba. Como prueba principal contaba con su novia, cuyos padres aún la creían célibe - Apuesto a que se ha tirado a medio colegio.
-¡Cierra la boca!- estalló el muchacho de orbes esmeraldas- ¡Voy a matarte desgraciado! ¡No tienes derecho a ensuciar el nombre de mi hermana de esa forma!- El cobrizo volvió su mirada hacia Elsa- Lo siento, preciosa, pero voy a desnucarlo.
-¡Hans, por favor, no!- suplicó la primogénita Frostarendelle- ¡Papá no querrá que vuelva a verte nunca si lo golpeas! – La expresión del pelirrojo se suavizó ante esa frase, al igual que su postura- ¡No le hagas caso! ¡Es un niñato!
-¡Niñata serás tú, inmadura!- masculló Jack- ¡Me tienes harto! ¡Les diré a nuestros padres que has dejado de ser virgen hace tres años, que no tienes problemas con matemáticas, y que lo único que te enseña el engreído de tu compañero es a gemir sobre mi cama, la mesa del living, el sofá y quien sabe cuántos lugares más!
-No te atreverías… - pronunció por lo bajo la rubia.
-¿Quieres probarme?- los orbes azules de su hermana se abrieron con horror. Jack podía ser un inmaduro y un maldito chismoso e incluso un mentiroso. Pero cuando se trataba de cuestiones serias, sus padres no dudaban en creer en él, y si soltaba la verdad sobre su virtud, estaría muerta. La familia Frostarendelle era muy conservadora, tanto que estaban empeñados en hacer que sus hijos llegasen vírgenes al matrimonio.
-Está bien, tú ganas- aceptó la joven a regañadientes- ¿Cuánto vale tu puto silencio? – el muchacho frunció el ceño y contempló a su hermana, ataviada en una minifalda de zorra y un top que apenas y dejaba algo a la imaginación. Si sus padres estuviesen en la casa, probablemente portaría en esos momentos unos jeans holgados y una camisa importada que le llegase hasta el cuello.
Ambos habían cambiado mucho y cabía decir que eso no había sucedido para bien. Aunque aquellos que estaban al tanto de su secreto eran conocedores de que la culpa no se les podía adjudicar a los hermanos. Siendo hijos de dos empresarios prestigiosos, los herederos Frostarendelle habían sido relegados a diferentes niñeras e institutrices de modales. Hasta por lo menos los quince años de ella, y los trece de él, ambos se habían mostrado respetuosos para con la voluntad de sus padres, llegando a convertirse en un par de niños ejemplares, educados, interesados por el aprendizaje e indiferentes a las fiestas y el trato social innecesario. Sin embargo, la falta de atención terminó por hacer eco en ambos, empujándolos a convertirse, fuera de la casa, en los alumnos más contradictorios del colegio. Ambos eran estudiantes de los cuales sus profesores se enorgullecían, hecho que debían mantener para engañar a sus padres, pero también poseían ese lado jovial e irresponsablemente jaranero que sus amigos se habían encarado de inculcarles.
Elsa, por su lado, cuando se descubrió harta de ser el centro de los chismes gracias a su poca vida social, decidió que deseaba dejar esas actitudes mojigatas y modosas para empezar a comportarse como una verdadera adolescente. No poseía demasiados amigos, por lo cual recurrió a la única persona popular que se interesaba en ella de sobremanera: Hans Westergard. El muchacho se había empeñado en conseguir una cita con la introvertida rubia, quien lo había rechazado millones de veces pese a ser inteligente y demasiado atractivo. Fue por ello que, el día en que se decidió a pedirle nuevamente una oportunidad, se sintió extrañado y eufórico al oírla pronunciar, tímidamente, un sí. Junto al pelirrojo, Elsa había descubierto una realidad paralela y emocionante en la vida. Las fiestas de gala que compartía con su familia y los socios de sus padres, no se comparaban a los antros de mala fama en los cuales podía desinhibirse y liberarse. Hans le había abierto las puertas de un mundo emocionante y pervertido que no le desagradaba en lo absoluto. Quizá fue por eso que, con tan solo cinco meses de noviazgo, se encontró abriendo las piernas en medio de una oscuridad intima y bajo el peso del cuerpo desnudo y excitado de su pareja. Al principió se había sentido asustada, bien sabía ella que Hans tenía fama de mujeriego y llegó a pensar que lo único que él buscaba era su virginidad para alardear ante todos. Pero tales incertidumbres se disiparon en cuanto notó que el tiempo pasaba y el joven se mantenía fiel a su lado, queriéndola más cada jornada que se disipaba con el viento.
Jack, por su parte, se sorprendió en el momento en que los bisbiseos de noviazgo entre su estirada hermana y el popular Westergard le habían llegado a sus oídos. Poco a poco había empezado a vigilarla, impactándole el hecho de verla entrar a los baños vestida como dama y, posteriormente, verla surgir utilizando prendas de lo más reprochables para una joven de su posición. Luego se encargó de confirmar los rumores de la extraña pareja sin muchas complicaciones: Elsa comenzó a fingir tener problemas con la matemática para que el muchacho pudiese entrar a la casa sin muchos cuestionamientos. El día en que se asomó a la puerta de su cuarto y apreció los gemidos que, sin mucho éxito, ambos procuraban acallar, pensó en delatarla pero en su lugar decidió hacer algo mejor: pedirle ayuda. Él también se había hartado de esa vida de príncipe y cuando pisó por primera vez el terreno de una fiesta repleta de sucesos indecorosos se sintió tan libre y eufórico como su hermana.
Elsa aplaudió frente a su rostro, sacándolo de sus pensamientos.
-¿Vas a decirme que es lo que quieres, enano? – preguntó de mala forma la muchacha mientras se dejaba aferrar por su novio. El menor de los Frostarendelle meditó un momento antes de añadir.
-El cuarto para mí solo- habló con malicia- le dirás a papá que es incomodo para ambos compartir habitación y que es indispensable que nos separen. Obviamente alegarás que no quieres que me manden al ático por tu propia comodidad y que tú lo usaras mientras remodelan las treinta y siete habitaciones de la casa. – Elsa le enseñó su dedo medio y lo miró con odio mientras asentía de proterva gana.
-¿Algo más, estúpido?- Pregunto mordaz.
-Sí, mi preciosa hermanita- respondió divertido por la situación mientras Hans lo contemplaba de manera oscura, sabiendo que era imposible defender a su novia en esa situación extorsiva- Quiero que limpien mi cama. Y, si les sobra tiempo, quemen las sabanas por favor.
-¡Púdrete Jack! Ese es asunto tuyo- espetó Elsa- Es tu cama. Acepto liberarte el cuarto pero de eso te encargarás tu, condenado. – Un brillo de crueldad se extendió por los orbes azules- Puede que no quieras que papá y mamá vean que tan ebrio estabas en la fiesta del sábado…- comenzó a decir la muchacha- tengo un video de lo más interesante… - el blondo se crispó con temor- Sé que obviamente una borrachera no es lo mismo que mi virginidad, pero te ahorraré el reto si tú te encargas de la limpieza- La rubia contempló como el asco se extendía por el rostro de su hermano mientras asentía. Su novio rió a carcajadas limpias.
-Entonces todo arreglado entre hermanos- alegó Westergard componiendo esa sonrisa socarrona que a su novia volvía loca- Vamos abajo, preciosa- instó mientras la empujaba suavemente hacia las escaleras- Tus padres no tardan en llegar, debemos acomodar todo de modo que parezca que estuvimos estudiando- la sonrisa volvió a su rostro mientras se acercaba al oído de la rubia para susurrarle- y no haciendo lo que tú ya sabes… - Elsa rió coqueta y se dejó guiar por el pelirrojo, ignorando la cara de desprecio y repulsión de su congénere.
A Jack le esperaba el peor trabajo de su vida.
Nota de autor:
¡Y he aquí mi asqueroso primer One- Shot!
No quisiera ser Jack… D:
Hace poco en "Cuestión de secretos" hablé de mi pequeña sucesión de one- shots Helsa. Pensaba publicarlos individualmente, pero creo que en conjuntos será mejor.
Esta primera historia fue una idea fugaz que tuve mientras leía para la universidad. Pesé a que resulta un poco grotesca no pude evitar realizarla.
¡Espero no hacerlos enfermar de nauseas!
La imagen de la portada es de Ashlynne Dae y Eberle Cosplay que, en mi opinión, son los cosplayes Helsa más increíbles del mundo, los amo. Si no han visto su trabajo se los recomiendo, porque todo lo que hacen (sea Helsa, de la sirenita, de spider- man, etc) es maravilloso.
Nos leemos en mi próxima actualización
Abrazos de Olaf y que la suerte esté siempre de su lado :3
Aliniss.
