D i s c l a i m e r: Los personajes de Axis Powers Hetalia no me pertenecen, solo los tomé sin fines de lucro. Todos los créditos al señor Himaruya Hidekaz y a los creadores de los respectivos ocs.
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En el mejor festival del mundo para los amantes de la música electrónica no existen barreras de ningún tipo ni diferencias, no importa la nacionalidad que poseas si eres capaz de conectarte con los demás. En ese lugar se vive la magia de estar unidos, una maravilla para la lamentable situación real de todo el globo terráqueo. Por ese mismo motivo a algunas almas cuya necesidad de encontrar una salvación les nace la necesidad de ir, para ver qué tan capaz es la humanidad de ser consciente con que en efecto, todos somos iguales ante otras especies.
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Las luces azules rodeando cada rincón que se permitiera tocar por ellas mismas danzaban al ritmo de la música. Las paredes así como vidrios retumbando por el fuerte sonido que cada bocina instalada de manera estratégica junto a la multitud de personas viviendo aquello que más les apasionaba como lo era escuchar su género favorito por un artista muy querido dentro de los territorios del país eslavo, era algo digno de ver.
Nada importaba. La corrupción por la que tenían que pasar. Los precios que subían y bajaban sin motivo aparente. Las instituciones quebrándose porque no podían darles mantenimiento como lo era pintarlas de un color mucho más moderno o a lo menos resistente, atrapados todavía en el pasado. No, nada de eso importaba pues ellos sólo vivían el momento. Y claro, todos amaban a su nación pero los problemas eran evidentes. Ser objeto de burla por parte de los Estados Unidos tampoco era fácil, pero como sólo ellos sabían, sus enemigos necesitarían más que eso para derrumbarlos.
El bloqueo que no sólo otros países realizaban ante el país ruso les afectaba, hasta ellos mismos se bloquearon cubriéndose dentro del abrigo de la iglesia ortodoxa mientras los demás abrían las alas y miraban el mañana con independencia clara e envidiable. Muchos de ellos no se daban cuenta que poseían talentos innatos porque la mayoría no lograban formarse, sólo era cuestión de abrir un poco más la mente para sacar a flote en su totalidad de lo que eran capaces. Ser mejor de lo que ya eran. Algunas cosas, sólo unas cuantas.
Los vidrios sudados por el tremendo frío que azotaba la ciudad de Novosirbisk a las tres de la mañana podían con casi cualquier cosa, no con ellos que saltaban y bailaban como sus corazones se los exigía. Esto a Iván Braginski le daba los ánimos suficientes para seguir con la música que él mismo mezcló en su tiempo libre, todas siempre con algún significado oculto que sólo él sabría al ser el creador de semejantes bellezas que tenía a bastantes jóvenes embriagados a pesar de ser algo ya existente, no llegando a compararse con los padres fundadores de cada canción mezclada. Sus ojos violetas se fijaron en su público mientras se movía sintiendo cada rincón de su ser conectarse con los pulsos de todos ellos, su cabello mojado por el sudor del empeño realizado en su trabajo y su cuerpo siendo recalcado por el sudor eran una visión que muchas mujeres disfrutaban ver. Porque ni el frío era capaz de sobrepasar todo el gusto que sentía, algo realmente de admirar.
Cerró sus ojos realizando los últimos movimientos que darían finalización a la fiesta, el cierre épico que le encantaba dar y que a los que le escuchaban amaban. Como todo, tenía su propio estilo de hacer electrónica que podía hasta ser capaz de reflejar la cultura rusa dentro de su propio ritmo. Se trataba de un hombre gustoso de hacer lo que hacía por su gente, tan sólo contando con escasos diecinueve años de edad. La música se acabó, lo que a continuación siguió fueron los gritos desbordantes de alegría de las personas presentes pidiendo por más, pero el horario del ruso terminó y estaba exhausto.
Se bajó del escenario tomando una toalla que guardó en su mochila para poder limpiarse, las chicas no tardaron en aparecer para ser capaces de tener un poco de atención de su parte. ¿Pues quién no se acercaría a semejante persona? Nadie que tuviera los pies bien puestos en la tierra. Por caballerosidad, sencillez y sobre todo obligación, atendió a cada una de ellas como le fue posible. No era una persona que gustara de alabanzas, le gustaba mover a la gente a su manera y astronómicamente demostraba su superioridad con hechos y no palabras, tal cual.
Después de librarse de ellas fue a donde los dueños del establecimiento, era común que llegaran más personas cuando él se presentaba y que se fueran en cuanto terminaba. Se despidió de ellos para encaminarse a Berdsk que quedaba a una hora de ahí si tomaba un taxi así que teniendo esto en cuenta prefería caminar cerca de media hora para que le cobraran menos. La rutina de todos los viernes y sábados en la madrugada.
Para ese entonces llevaba puesto un abrigo especial que le daba el suficiente calor para no morirse de frío en medio de las calles desiertas e invadidas por la nieve, por supuesto sin olvidar a su amada bufanda. El general invierno, como solía llamarlo, ya no respetaba tampoco al verano. En su trayectoria fue pensando en varias cosas, su familia, su futuro, su condición. Con su mirada perdida en el suelo, un extraño papel pegó contra su bota derecha, se agachó y lo tomó para ver de qué se trataba.
—No al matrimonio gay... ¿es maldición para nuestra nación? —recitó de forma lenta mientras se planteaba aquella afirmación que para él no tenía validez. El humo de su boca salió metiendo sus manos congeladas a sus bolsillos después de arrugarlo y arrojarlo a un cesto de basura, desviando la mirada. ¿Qué diría ella de eso?
No podía seguir mirando, si alguien de pura casualidad le miraba centrarse en lo que vio podía causarle problemas que durante toda su vida se esforzó por evitar. Estaba seguro que algunos de sus compatriotas hicieron una de sus cacerías como siempre. Las luces daban contra su rostro mientras pensaba en esa cita. Estaba seguro que la maldición era otra muy distinta que se sabía esconder. Una enfermedad debía ser tratada, no ser evadida. Ellos estaban locos.
Así fue transcurriendo su camino ya dentro de un taxi, en las paredes podían verse algunas frases en protesta, lo usual de todo país. Al final llegó a su hogar, lo primero que hizo fue quitarse el abrigo para ponerse algo más cómodo después de darse una buena ducha y sentarse en su pequeño escritorio en donde reposaba una laptop la cual fue encendida. A su lado estaba un micrófono y demás cosas, se veía con claridad que era un chico muy artístico pues en las paredes se apreciaban dibujos hechos a computadora o a mano. No le importaba que fueran las cuatro con treinta minutos de la mañana, no siempre te encuentras libre de deberes escolares esclavizándote para sacar buenas notas, después de todo. Lo mejor era que tenía ganas de hacer unos cuantos dibujos que podían ayudarlo para componer más pistas.
Tomó el lápiz empezando a trazar ya con una buena melodía reproduciéndose. Aquel papel de alguna forma le hizo recordar que tenía cierto gusto por los asiáticos, era frecuente verlo dibujar hombres de diferentes dinastías con la peculiaridad de que estos tenían el cabello largo. Le encantaba ver las ilustraciones donde el negro que utilizaban para retratar sus cabellos rivalizaba con el mismo universo, sus firmes y poderosas miradas que eran igual de bellas que todas sus facciones. No era el mejor dibujante, tampoco enseñaba esa clase de dibujos escondiéndolos en el mejor lugar para que nadie los encontrara; era un gusto que tenía muy bien cuidado y disfrutaba bastante. Hizo una línea, la cara iba tomando forma poco a poco cuidando del más mínimo detalle para no estropearlo. De esa manera sus ojos se fueron cerrando poco a poco, lo último que vieron fue su arte recién terminado.
Para cuando despertó se flotó los ojos, las ojeras eran muy notorias relevando el que no durmió lo que era adecuado. Tenía suerte de que era domingo y tenía el día libre. Bostezó estirándose en el proceso, al mirar hacia abajo recordó lo que había estado haciendo en todo ese rato. Decidió irse a recostar para no estar tan adolorido lo que respectaba de día, ya eran las once de la mañana. Al estar recostado miró el techo, pensando en su próxima tirada cuando su teléfono sonó. Se levantó dirigiéndose al escritorio donde lo dejó, recordando que su laptop debió apagarse por la falta de batería, la enchufó y con el celular en mano fue a donde estaba. Se trataba de Antonio Carriedo, su amigo español que estaba viviendo en Rusia por mero gusto y estudios. Dejó de sonar, al parecer no alcanzó a contestar pero sabía que el español era un tipo muy insistente, no se equivocó al pensar que volvería a llamarlo. Esta vez contestó.
— ¿Encontraste paella?
— ¡Hola, Iván! No suenas muy bien que digamos, ¿otra vez te la pasaste en velo? Vaya tío que no entiendes.
—Sí, ayer terminé tarde y debo hacer unas cosas.
—Ah, quería hablarte sobre eso. Aquí en la ciudad hay un festival de electrónica y pensé que te interesaría, hay tíos de diferentes partes y no es muy común ver que Braginski participe en pleno día.
— ¿Cómo es que no me enteré? Como sea, no estoy seguro.
— ¡Vamos hombre! Si eres de lo mejor, te lo digo yo como fanático del género. ¿Qué dices? Aquí también esta Toris junto a Gilbert.
— ¡Ni quien quiera a ese bastardo! ¡Vamos a ligar chicas lindas sin tu ayuda Braginski! —gritó el alemán desde atrás.
— ¿Lo ves? Además... ¿cuándo has visto que esto pase? ¡Venga, Iván!
—De acuerdo, iré. Pero tendrás que comprarme vodka.
— ¡¿Qué?! Eres un barril sin fondo, ¿estás de broma, no?
—Una botella no te hará mal, ¿o sí?
—Vale, tú ganas. Pero donde no vengas yo mismo voy y te traigo.
—Traten de no espantar a las chicas al menos en lo que llego.
— ¡Ah, qué gracioso!
El ruso colgó el teléfono tirándolo a la cama. Sí que tenía sueño pero el vicio de ver lo que sucedía le ganaba más, muchos más. De paso compraría algo de comida, ahora lo importante era ir a arreglarse. Se quedó unos instantes tirado en la cama observando el techo cuyo color era igual de monótono que toda la casa. Se sentía aliviado de que en frente había un supermercado donde podría comprar una botella de agua junto a una bebida energizante para que no se le hiciera tan pesado. Al levantarse un pequeño mareo le hizo retroceder, solía pasarle cuando se desvelaba. Su celular vibró una vez más y lo tomó, le llegó un mensaje de su hermana mayor;
Katyusha, 11: 34 a. m.
Hola Iván. ¿Cómo te encuentras? Espero que estés comiendo adecuadamente y no estés muy ocupado con la universidad, no me gustaría que cuando vaya a verte me encuentre con un zombie.
Nuestros abuelos están muy bien y desean verte, ya quiero que sean vacaciones para poder estar juntos de nuevo.
Katyusha, 11: 35 a. m.
¡No olvides tener siempre ordenada tu casa y usar aromatizante para tu ropa! Besos y adiós.
Suspiró, era muy frecuente que ella le mandara ese tipo de mensajes. Tenía diez años de que los habían separado y mas sin embargo ella seguía acordándose de ellos con el amor maternal que siempre la caracterizó. No tenía ganas de responder pero debía hacerlo si no quería preocuparla. Claro, él jamás le diría que tenía cierto grado de desequilibrio nutricional además que solía desvelarse. Para él era muy normal.
Iván, 11: 37 a. m.
No te preocupes, estoy muy bien. Mándale saludos a los abuelos de mi parte.
Se limitó a decir un par de líneas. En otras circunstancias se hubiera preocupado por detallarle lo que sucedía en su vida pero ahora moría de hambre, gastó más energía de lo usual la noche anterior. Recordó entonces que no comió nada desde el viernes temprano por atender lo de su proyecto, agradecía que sus compañeros se esmeraron y pudieron terminarlo todo ese mismo día dejándole el fin de semana a su total disposición. Fue a bañarse para despejarse el sueño que traía consigo, era bueno evadiéndolo y no por nada solía hacerlo sin tomar mucho en cuenta lo demás. Ya para cuando salió de la casa vistiendo una camisa color gris, unos jeans oscuros junto a unos tenis negros y su abrigo con peluche en el gorro desmontable color negro con café llegándole hasta mitad de los muslos, procedió a entrar al supermercado. Sin mencionar que tampoco se separaba de su bufanda.
Dejó su mochila en la paquetería. No tardó ni diez minutos en los que tomó dos botellas de agua junto al energizante, dos manzanas, un durazno, un yogurt de fresa y un sándwich. Salió metiendo lo que no ocuparía en su mochila mientras comía el sándwich y se guardaba una manzana en uno de sus amplios bolsillos.
Ya que era de día y no quería tardarse una hora para llegar al centro de Novosirbisk, tomó un taxi que lo dejaría cerca. Sólo tendría que caminar diez minutos para ahorrarse un dinero que podía utilizar para los útiles que le fueran requeridos en el instituto o tal vez algo de comida, ya era parte de sus mañas que orgulloso podía presumir. Observó las calles llenarse de gente, las nubes empezaban a dispersarse dando como resultado que los rayos del sol empezaran a rodear los edificios. Conforme se iba acercando su corazón empezaba a latir de forma frenética al escuchar el murmullo de la gente junto a la música que tanto le gustaba, al doblar la esquina se encontró con lo que anhelaba ver.
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A c l a r a c i o n e s:
•Intento de novela/long fic.
•No soy dj, pero daré lo mejor para hacerlo bien así que si ven algo que no va, les pido mil disculpas desde ya.
•Nunca he ido a Tomorrowland, lo escribiré a como yo me lo imagino.
•No es necesario que les guste la música electrónica para poder leer.
•Tocaré un poco de política y temas sociales según a como yo he visto algunas situaciones.
•Parejas secundarias crack o poco conocidas.
•Algunos capítulos tendrán datos e información que iré poniendo respectivamente.
