Resumen: 30 días, 30 historias sobre una misma pareja… MI pareja favorita, mi OTP adorado.

Serie: Saint Seiya

Personajes: Shun de Andrómeda, Hyoga del Cisne, Ikki de Fénix, Seiya de Pegaso, Shiryu de Dragón, Sahori Kido.

Pareja: Shun-Hyoga.

Género: Amistad, Familia, Romance.

Rating: T

Advertencia:

Capítulos: 2/30

Palabras: 1276.

Notas:

Fecha: 07/04/2021

Beta Reader: Pleasy TheYoko Stay.

Disclaimer: Todo lo referente a Saint Seiya pertenece a Masami Kurumada y a la Toei.


Día 02: Abrazados.

El suspiro fue extremadamente sonoro, y para nada disimulado. Incluso una de las chicas de la mansión lo volteó a ver un tanto extrañada.

Shun solo negó, sonriéndole para restarle importancia, pero es que, estaba tan aliviado de ya no tener que permanecer en el hospital de la Fundación, aun si su pierna debía llevar una bota por al menos un mes más, con suerte.

El lugar completo estaba vacío, sin contar con la poca servidumbre que estaba destinada a él y a la casa en sí, no había nadie más...

Y tal vez, era más que esperable, sin Sahori allí, y sí en el Santuario, el resto de los Santos de Bronce seguirían sus pasos. Bueno, los Santos que no estaban aun en el hospital, o con una pierna enyesada, como en su caso.

Shiryu había sido el primero en obtener el alta médica, así que era lógico el pensar que el Santo del Dragon ya no se encontraba en Japón, quizás y había volado a China el mismo día de su extenuación.

También pudo haber ido al Santuario, claro que sí... pero Shun apostaba su armadura a que Shiryu decidió hacer su primera parada en los cinco antiguos picos.

Seiya y Hyoga aún estaban bajo observación, pero como el Santo de Andrómeda había insistido en saber más detalles sobre sus compañeros, el doctor le aseguro que ambos estaban totalmente fuera de peligro, y solo era cuestión de tiempo para que pudieran salir del hospital y volver a casa.

No que aquello dejara en total calma a Shun, pero al menos le daba la tranquilidad necesaria como para cuidar de su propio cuerpo.

No se quejó cuando una de las sirvientas le enseño que habían preparado una pequeña habitación para él en la planta baja, previendo las dificultades que pudiera tener para subir las largas escaleras de la mansión. Incluso, más de una se mostró servicial en conseguirle las cosas de su propia habitación cuando él necesitaba de algo.

En verdad, los días eran muy aburridos... si no estaba todo el tiempo posible en su improvisada habitación, se lo pasaba viendo televisión en la sala. A veces, hasta comía en la sala... porque, digamos... él era algo así como el consentido de las sirvientas de la mansión.

Ni siquiera podía hacer ejercicio, y la única vez que salía a los jardines, era una guerra infructuosa en evitar que su bota se ensucie, para no hacer la tarea de las chicas más difícil. Así que le era preferible no salir... al menos para no tener dolores de cabeza luego.

Prácticamente se acabó los títulos más interesantes de la biblioteca Kido, y los demás libros, ni siquiera le atraían como para darles una ojeada...

Todo eso, y no había pasado aun ni una semana entera.

Shun estaba repensando volver al hospital, aunque sea por puro aburrimiento.

Por suerte, para él, Hyoga llego casi una semana después de él, una venda cruzando la mitad de su cara, y un cabestrillo sosteniendo su brazo derecho. Shun dejó de ver la televisión para saludar al recién llegado con una radiante sonrisa, que se fue apagando mientras el rubio suspiraba con resignación.

—Seiya se fue. —Fue lo primero, y único que dijo.

Shun solo asintió a la información recibida y se volvió hacia la tele, ya no estaba prestando atención al programa, pero no había otra cosa que pudiera hacer. Sabía que era inevitable que pasara, pero muy profundamente, aún tenía la esperanza de que aquella vez fuera diferente.

Seiya se había convertido en un símil de su hermano Ikki, el Santo del Pegaso aparecía cuando lo necesitaban, permanecía solo cuanto necesitaba para recuperarse y volvía a desaparecer... y nadie había podido saber hacia dónde.

Su visión se volvió borrosa, y el programa se desdibujo en manchas que por más que quisiera, no podía enfocar bien.

—Shun. —Quizás, Hyoga reconoció de golpe que tal vez esa no había sido la mejor forma de decirlo... pero jamás había sido bueno con las palabras.

—Lo sé, Hyoga... créeme que lo sé, pero aun así duele. —Shun entendió sin más palabras, respirando entre la agitación del llanto, sin embargo, sin ocultar sus lágrimas.

El Santo del Cisne no tardo en hacerle compañía, el peso de su cuerpo en el sillón, la calidez llegándole desde su derecha, aun oliendo a desinfectante y medicamento… pero allí se quedó, inmóvil sin atreverse a un siguiente paso.

—Si él no quiere quedarse, no hay nadie que se lo pueda imponer... ni siquiera Athena.

—Sahori nunca está aquí para hacer tal cosa... parece como si no le importara que otra vez se vaya.

—No podemos meternos en ese asunto, Shun.

—No, claro que no... Y todos siguen sin decir nada, y cada vez estamos más separados, cuando juramos seguir siempre juntos. —Shun bufó, dejándose caer contra el hombro del rubio, sus lágrimas aun cayendo. —Nadie dice nada por más que todos estemos cayendo en el mismo agujero... justo lo que hay que hacer, ¡Bien por nosotros!

Hyoga suspiró, con pesadez y desgana... pelear a ese argumento no tenía ningún resultado favorable, ni siquiera conseguía imaginarse que podía decir para rebatir las palabras de Shun, cuando su joven compañero estaba diciendo totalmente la verdad.

Solo asintió, resignado sí, pero también porque creía que Shun era el único que diría todo esto a los demás en cuanto tuviera la oportunidad.

—Yo aún estoy aquí, Shun... y no me iré.

—No digas cosas que no puedes cumplir Hyoga, no a mí al menos... te lo pido por favor.

Ahora, el rostro del Santo de Andrómeda escapó de su cercanía, escondiendo de él su dolor.

—No digo más que lo que para mí es verdad... podre irme, pero no poder estar mucho tiempo alejado. No cuando sé que aquí hay aceptación incondicional y apoyo en la misma medida... ¿Porque irme de donde me quieren?

Con dificultad desenvolvió su brazo del cabestrillo, acomodando su cuerpo alrededor del de Shun.

—No me voy de aquí, Shun... no es una promesa vacía, es mi palabra de Santo.

—No puedes prometerme nada Hyoga, tus promesas no deben ser para nadie más que Athena.

—Y así seguirán siendo... pero si hay en esta tierra alguien que se merezca mi devoción además de ella, ese eres tú. Y tengo más de una razón para asegurar eso... y la más fuerte de todas está aquí.

Con una de sus manos, Hyoga tomo una de las de Shun, guiándola hacia su propio pecho, allí la dejo descansar plana justo a la altura de su corazón.

Shun tardó en entender que era lo que estaba esperando.

Encendió su cosmo cuando se dio cuenta de lo que Hyoga estaba esperando de él, y a que se refería el Santo del Cisne.

Recibió la respuesta automáticamente, el cosmo del rubio encendiéndose al suyo. No importa cuánto tiempo pasara, Hyoga no dejaba de recordarle lo ocurrido en la casa de Libra... el sacrificio que le devolvió la vida. O más bien, le dio una nueva oportunidad de vivir, con más determinación.

Sus cuerpos cambiaron de posición sobre el sillón, con tranquilidad los brazos de uno rodearon el cuerpo del otro, en el más apacible silencio. Permanecieron así por un tiempo indeterminado, hasta que Shun sonrió, aun con tristeza en su semblante.

—No te pido que te quedes indeterminadamente, solo que me digas cuando piensas irte.

—Y cuando pienso en volver... lo entiendo.

Con un suave asentimiento, Andrómeda suspiró, en la televisión su programa dio paso a un drama del que no sabía nada, pero tampoco tenía ganas de buscar algo más que ver, además... no podía negar que estaba cómodo en la posición que estaba.

Continuará.


Notas Finales: ¡AAAAAHHHH! No tienen ni idea lo que me costó este escrito... y sé que llevaba tiempo sin escribir, pero parecía que cada palabra que quería escribir no cuadraba con la idea... o de plano la idea no era exactamente lo que tenía que estar escribiendo. Pero como soy dura, fue un... YO pensé en esto, ¡YO escribo esto!

Así que básicamente esto es lo que tengo.

Ya saben, quejas y eso, pueden hacerlo sin miedo… criticas y elogios también.