Niño de la Profecía

Capítulo 23

La cena que Kumiko preparó para los ninjas visitantes les pareció celestial luego de haber pasado tantas horas de viaje con comida de campamento. Ichiru se acopló bien con Kariya y ambos iluminaron la mesa con su sentido del humor. Kazuki aunque era reservado se vio arrastrado a la conversación en base a las bromas que Ichiru hacía a su costa. Kariko solo podía reír ante la dinámica de los muchachos, viéndose sin mucho que aportar a la conversación salvo algunas preguntas para darse contexto de lo que Ichiru platicaba.

–Los ninjas que han pasado por el pueblo hablan mucho de lo peligroso que es su trabajo y lo valientes y geniales que son por hacerlo, pero ustedes lo hacen sonar más divertido y cotidiano.– comentó Kariko.

–Déjame adivinar ¿esos ninjas te lo han dicho cuando estas con tus amigas?– sonrió Kazuki girando los ojos, Kariko rió ante esto.

–¡Sí! Y no se dan cuenta de lo patéticos que se ven.–

–Es que no todos conocen bien el arte de impresionar a las damas.– dijo Ichiru hinchando el pecho y tratando de sonar varonil.

–¿Ah si? ¿Y cómo me impresionarías?– retó Kariko entre risas.

–No, no. Aquí nadie viene a impresionar a nadie.– intervino Kariya.

–Tranquilo, señor. Mi camarada y yo somos caballeros con compromisos ya establecidos.– presumió Ichiru levantando las manos en un gesto apaciguador.

–¿Estás diciendo que mi hija no es digna de ser impresionada?– cuestionó Kumiko en un tono serio que hizo balbucear a los jovencitos.

–Señora Kumiko, me los va a romper con sus bromas.– rió Naruto y la mujer dejó ver una sonrisa.

–Y es por esto que yo no tengo novio.– suspiró Kariko señalando a sus dos padres.

Al terminar la comida, Kazuki e Ichiru se rehusaron a permitir que Kumiko levantara los platos y se ofrecieron para limpiarlos en agradecimiento, aunque Kariko terminó uniéndose a la tarea al darle pena que los invitados limpiaran.

Así pues Kazuki lavaba, Ichiru secaba y Kariko guardaba, en una sincronía y naturalidad que Naruto, viendo desde la sala, encontró demasiado conmovedora.

Kariya interrumpió el momento de introspección del Hokage al poner una mano en su hombro y señalar con su cabeza hacia el sótano. Aprovechando que los chicos estaban distraídos fueron de nuevo hacia el laboratorio.

El granjero fue el primero en entrar, viendo a Deidara sentado sobre la cama viendo su reflejo en el vaso de agua que sostenía.

–¿Cómo te sientes?–

–No lo sé, h´n. Entiendo lo que me dijiste, pero no puedo comprenderlo. Enojado de como morí y reviví, pero aliviado de estar vivo. Sé que tienes razón sobre lo del Uchiha, pero igual quiero mi revancha. Y si no la busco ¿qué es lo que haré? ¿Volver a Iwa? ¿Volver a Akatsuki? ¿Volver a vagar buscando trabajos de mercenario?–

–El mundo ha cambiado mucho en estos años. No tienes que apresurarte en decidir que hacer. Descansa primero, ve como están las cosas allá afuera y luego podrás decidir.–

Deidara hizo una mueca y asintió con la cabeza, aún inseguro de todo. Kariya inspeccionó los sueros y la temperatura del muchacho.

–¿Qué hora es? Es tan oscuro aquí que no sé ni que pasa.–

–Son las 8 de la noche. ¿Tienes hambre? Kariko está terminando de limpiar pero puede traerte la cena en un rato.–

–Ella era una bebé, h´n.–

–Todos fuimos bebés.–

–Sabes a lo que me refiero, h´n.–

–Sí, debe ser impresionante para ti. Vaya incluso yo mismo a veces me sorprendo de lo rápido que ha pasado el tiempo y eso que he estado aquí.–

–Son quince años que no he vivido, h´n.–

–Son quince años que vivirás después de lo esperado. Al menos cuando Kumiko y yo ya no estemos, podremos contar contigo para cuidar de Kariko.–

–¡No voy a casarme con ella, h´n!– exclamó Deidara rojo.

–¿Qué? ¡Yo no sugerí eso! ¡Me refería a que la cuidaras como un tío o algo así!–

–¿Cómo voy a ser el tío de una chica de su edad, h´n?–

–Bueno pues, un primo o hermano. Lo que sea.–

–Que ridiculeces dices, h´n.–

–Me lo debes.–

–Yo no te debo nada, h´n.–

Kariya terminó de cambiar los sueros y se cruzó de brazos.

–¿Vas a querer cena o no?–

–Sí, h´n.–

–Ok, la tendrás. Pero antes hay una cosa más de la que tenemos que hablar.–

–¿Y ahora qué, h´n?– gruñó irritado Deidara.

–Hay alguien más a quien quiero que veas.–

Naruto entró a la habitación, lo cual no causó gran reacción en el joven de Iwa que no lo reconocía.

–Hola Deidara, ha pasado tiempo.–

Deidara alzó una ceja.

–Esa voz me suena, h´n.–

–Este es el séptimo Hokage. Naruto Uzumaki.– presentó Kariya.

Fue entonces que los ojos de Deidara se abrieron como platos, finalmente identificando las características del hombre y captando las palabras de Kariya.

–¿El Kyuubi, h´n?–

–Tranquilo, no estoy aquí para buscar pelea o para arrestarte.– afirmó el Hokage en el tono más diplomático que tenía y tomó asiento frente al muchacho para estar al nivel de sus ojos.

–La última vez que nos vimos no fue muy tranquila que digamos, h´n.– respondió Deidara con cautela. Sabía que con su cuerpo debilitado y sin su arcilla no podía ganarle a un Jinchuuriki, pero tampoco pensaba mostrarle miedo.

Naruto sonrió, sabiendo lo caóticos que fueron sus últimos momentos con cualquier versión imaginable de Deidara, incluso aquel que lo empujó para que pasara por el portal.

–Han pasado muchas cosas desde entonces. Principalmente que Akatsuki ha sido eliminado por completo. Eres el único miembro sobreviviente.–

–¿Y dices que no vienes a arrestarme? Eso no suena a algo que un Hokage haría, h´n.–

–Te sorprendería como somos los Kages ahora. ¿Recuerdas a Kurotsuchi? Ella es la Tsuchikage ahora.–

–Así que el viejo finalmente murió, h´n.– comentó Deidara desviando la vista, tratando de verse desinteresado aunque en realidad una parte de si estaba triste.

–No, tan solo está retirado.– aclaró Naruto y Deidara regresó la vista hacia él –Pero no creo que a ninguno de los dos les alegre mucho verte.–

–¿Y a ti sí, h´n? ¿Qué piensas hacer? ¿Amenazarme con denunciarme con ellos o que? ¿Por qué estás en casa de Kariya para empezar, h´n?–

–Sé que va a parecerte increíble o muy complicado, pero no eres el único que ha viajado en el tiempo con las técnicas del clan de Kumiko. Yo también lo hice y pude conocerte mejor. Nos hicimos amigos, y es gracias a ti que pude volver a casa y cambiar la historia.–

–Sí, claro, h´n.– bufó Deidara, pensando que Naruto inventaba todo eso para engañarlo.

–Me dijiste que el único motivo por el que te uniste a Akatsuki fue por que Itachi Uchiha te venció en batalla.– reveló Naruto consiguiendo que Deidara se sorprendiera. –Me contaste que él era tu rival, que querías vencerlo en batalla y demostrarle que tu arte es magnífico. También me dijiste que Kariya te ayudó a crear tu técnica y en donde encontrarlo. Me pediste buscarlo y asegurarme que viviera. Es por eso que llegué aquí hace quince años. Es por eso que estoy aquí ahora.–

–Solo Kisame y Sasori sabían lo de Itachi, h´n…– respondió Deidara estupefacto –Y solo Tobi sabía de Kariya.–

–Pasamos meses en la línea de tiempo alterna, nos hicimos buenos amigos.–

–¿Cómo podría yo hacerme amigo tuyo, h´n?– renegó el artista frunciendo el ceño pero Naruto se mostró paciente, esta reacción era algo de esperarse.

–¿Acaso tuviste algún problema personal contra mi?– cuestionó el Hokage tomando desprevenido a Deidara.

–No, pero…–

–Yo te odiaba por lo que le hiciste a Gaara, pero logré superarlo para trabajar juntos. Y al final me ayudaste a volver a casa. Así que no te guardo ningún rencor, al contrario, quiero regresarte el favor. –

–¿Qué harás? ¿Reducirme la sentencia? Si sabes que estoy con vida y no se lo informas al Tsuchikage, Iwa se irá contra Konoha en cuanto se entere, h´n.–

–Se lo diré, pero tendrá que ser después que haya pruebas para demostrar que eres confiable.– confesó el Hokage.

Kariya puso una mano sobre el hombro del confundido Deidara.

–Lo hemos venido planeando por años. Kurotsuchi es una mujer calculadora y la única manera que no te mate o encierre al verte es si sabe que le puedes ser útil. Necesitaremos que hagas algunas misiones secretas para Naruto y muestres que estas dispuesto a ayudar.–

–¿Quieres que vuelva a ser un simple ninja lacayo? ¿Y para el niño Kyuubi? ¿Tú, Kariya, quien te retiraste del mundo ninja para ser granjero, h´n?– gritó Deidara apartando la mano del mayor.

–Pensaba dejar que te ocultaras aquí con Kariya.– declaró Naruto –Pero sé cuanto amas tu arte y que buscarías hacer explosiones a cualquier oportunidad, por lo que te descubrirían rápido. En vez de esconderte y prohibirte estallar cosas, o meterte a prisión, pensamos que sería bueno encausar tus habilidades.–

–Así que me volverás uno más de los ninjas a tu servicio, h´n.–

–Solo por un tiempo. Ya después podremos negociar algo mejor.–

Deidara chasqueó la lengua.

–O sea que al final, siempre termino trabajando para una organización u otra, lo quiera o no, h´n.–

–Lamento que tenga que ser así, pero es lo mejor que podemos hacer por ti.–

–Deidara, por favor. Considéralo.– pidió Kariya. –La granja será un buen hogar, te cuidaremos bien.–

Deidara desvió la mirada, negándose a seguir hablando con cualquiera de los dos hombres.

–Hablaremos por la mañana. Descansa.– pidió Naruto y se retiró en compañía de Kariya.

Para cuando llegaron a la casa, los chicos habían terminado de limpiar la cocina y jugaban cartas en la sala.

–Hokage-sama, lo estábamos esperando.– reportó Kazuki poniéndose de pie al verlo.

–Lo siento, Kariya me enseñaba su colección de licores en el sótano.– mintió Naruto, sintiéndose algo culpable al respecto. Cada momento que pasaba se percataba más de la distancia que existía entre él y los que habían sido sus amigos una vez.

–Nos tardamos en escoger que botella enviarle a Hinata-sama.– elaboró el granjero.

–Se lo agradezco, señor.– se inclinó el Hyuuga, complacido de la cortesía hacia la heredera de su clan.

–Bueno, chicos. Es hora de dormir. Esta familia se levanta muy temprano para trabajar.– indicó el Hokage así que los jóvenes se despidieron de sus anfitriones y fueron al cottage para dormir ahi.

Aunque Ichiru y Kazuki notaron que Naruto estaba algo desanimado, lo atribuyeron al cansancio del viaje y no quisieron indagar.

Dentro de la casa, Kariko fue a la cocina y calentó en el horno el plato de comida que había guardado para Deidara. Se sentía rara llevando comida a un paciente/prisionero bajo su casa justo después de haber estado jugando animadamente con dos ninjas, pero estaba acostumbrada a mantener cosas de su vida como un secreto. Cualquier descuido podía hacer que sus padres se convirtieran en blancos de ninjas malos.

–Papá, voy a llevarle la cena a tu amigo.– anunció ya que terminó de preparar la bandeja. Desde la sala, Kariya se veía desanimado siendo consolado por su esposa.

–Gracias hija, ten cuidado.–

Kariko bajó las escaleras con cuidado y accedió al improvisado laboratorio de su padre. Ahí encontró a Deidara con las manos sosteniendo su cabeza en frustración.

–Hola… te traje algo de comer, tal como lo prometí.–

Deidara no respondió, así que ella asumió que quería que lo dejara solo y puso la bandeja en una mesa cerca de la cama.

–Puedes comer cuando quieras. Volveré por esto en la mañana.–

–Como si estuviera en prisión ¿no?– comentó él sin voltear a verla.

–Pensaba más que como un paciente de hospital… aunque sí, supongo que tienes algo de razón, no hay un timbre o algo para que me llames.–

Kariko escuchó a Deidara soltar un gruñido.

–Lo siento.– se disculpó ella –Pensé que hacía lo correcto llamando a mi papá. No tenía idea quien eras o que te encerrarían aquí, o que el Hokage vendría. Naruto-nii chan es un buen sujeto pero a veces me olvido cual es su trabajo.–

–¿Nii chan? ¿Le dices nii chan al Hokage, h´n?– se desconcertó volteando a verla y Kariko se puso roja.

–Bueno ¿por qué a todo mundo le parece tan raro? Lo conozco desde que era niña. Y supongo que todos los kages tienen hermanitos o gente que les dice así ¿no?–

Deidara rió y Kariko se apenó más. Aunque se veía apuesto riendo, le fastidiaba que fuera a costa suya.

–Sí, pero no los llaman así en frente de prisioneros, h´n.–

Kariko se dejó caer en la silla junto a la cama, suspirando.

–Esto de que te llames prisionero es raro. Eres un chico herido en mi sótano, eso debería ser cosa de humor o curiosas aventuras como en los libros.–

–¿Oh? ¿No era algo más de novelas de terror, h´n?– se permitió bromear el rubio.

–O de romance, pero eso no va a pasar.– bromeó ella de vuelta.

–No, por supuesto que no, h´n.–

–Y antes de que preguntes, tampoco te voy a ayudar a escapar. Solo somos 3 en esta casa, sabrían que fui yo.–

–El Hokage sabe que estoy vivo, no podría escaparme por mucho tiempo aunque quisiera, h´n.– renegó recordando su situación. –Me ofreció un trato para ayudarme, pero no me gusta.–

–¿Puedo saber cuál es?–

–Que me oculte aquí por un tiempo y haga misiones secretas para él. Según esto para mostrarle a Iwa que puedo ser de confianza, h´n.–

–Suena a un buen trato.–

–Por supuesto que no lo es. Yo quiero ser libre, no estar atado a ninguna aldea, organización o jefe. Quiero explorar mi arte y entrenar. Llegar a ser lo mejor que pueda ser, h´n.–

–Puedo entender eso. Yo también quisiera ser igual.–

–¿Eres artista, h´n?–

–Me gusta la fotografía. Me encantaría viajar por el mundo, explorar lugares que nadie ha visto y tomar fotos de ellos. Pero hay mucho trabajo en la granja y no puedo salir mucho. Ni siquiera he visto el mar.–

–¡Entonces vamos al mar, h´n!– decidió Deidara sintiendo su espíritu rebelde volver a él, inspirado por la ilusión de la chica. Kariko rió un poco.

–Ya te dije que no puedo dejarte escapar.–

–Diremos que te secuestré, h´n.– sonrió él pícaramente, haciendo que ella se sonrojara.

–¿Quién va a creer que un secuestrador llevaría a su víctima a la playa?– negó ella volteándose apenada.

–Bah, no tienes imaginación.– se mofó Deidara. –No eres una artista, h´n.–

–Soy buena en lo que hago. Mira.– Kariko sacó el teléfono del bolsillo de su sudadera y le mostró las fotos de la galería a Deidara aunque él parecía más impresionado por la tecnología de la pantalla que por la composición. –Y esta me tomó mucho trabajo, es del cráter donde te encontré.–

–Esa es buena. ¿Cómo conseguiste un ángulo tan alto, h´n?–

–Me subí al árbol más alto que pude encontrar, y aún así necesité palo para elevar más la cámara.–

Pasaron un rato más viendo las fotografías y hablando de ángulos, composición y teoría del color. Deidara incluso comió algo de su cena mientras charlaban. Hasta que Kariko vio que se hacía tarde.

–Oh cielos. Papá se va a preocupar. Será mejor que suba.–

–Sí, comprendo. No vaya a pensar que ya te secuestré, h´n.– lamentó Deidara, intentando ocultar su descontento con una broma.

–Oye, ya habíamos descartado ese plan.– rió Kariko siguiendo el juego, aunque consciente que Deidara debía haber estado disfrutando la compañía y se sentiría cuando se fuera.

–Voy a tener que aceptar el trato del Hokage ¿no?–

–Quizás no sea tan malo. Al menos podremos pasar más tiempo juntos.– dejó salir la chica, haciendo sonrojar un poco a Deidara, ella al darse cuenta se apenó también –D-digo, c-como amigos ¿no? Y-y podrás ayudar en la granja, eso sería lindo.– balbuceó –Papá se lastima mucho la espalda últimamente, nos vendría bien un joven fuerte. No es que yo sea débil, pero quizás tú puedas levantar más peso que yo. Al menos ya que te recuperes y…–

–Está bien. Me quedaré, h´n.– interrumpió Deidara con una sonrisa, antes de que la chica se enredara mas. Si había un lado bueno para todo eso, era que al menos ella era linda. De haber podido quizás se habría atrevido a callarla de otro modo, pero no imaginaba tener el mejor aliento después de una semana inconsciente.

La manera en que el rostro de Kariko se iluminó al escuchar su respuesta lo hizo sentir algo más de confianza.

–¿En serio?–

–Sí, en serio. Creo que ya no me parece tan mala opción, h´n.–

Kariko se sonrojó con esto, pero no dejó de sonreír.

–Le diré a papá. Se va a alegrar mucho. No te vas a arrepentir.–

La joven tomó la bandeja y se dispuso a irse emocionada, pero Deidara la interrumpió.

–Oye.– llamó haciendo que se volteara cuando casi llegaba a la puerta –¿Podrías traerme mañana un cepillo de dientes y pasta, h´n?–

–¡Oh, claro! ¿Cómo no se me ocurrió eso antes? Nos vemos mañana.– se despidió y fue arriba.

Deidara se recostó, una sonrisa en sus labios.

La mañana siguiente, Kariko se levantó temprano como era lo usual. Pero en vez de su típico fastidio por madrugar, estaba de bastante buen humor.

Los tres miembros de la familia normalmente se repartían las labores matutinas. Kariko alimentaba a los animales pequeños y recogía huevos de gallinas, Kariya cargaba con el heno para alimentar a animales más grandes e inspeccionaba la cosecha, Kumiko ordeñaba a la única vaca y preparaba el desayuno para todos.

Ese día Kazuki despertó con los ruidos de los animales y vio desde la ventana como la familia trabajaba. A pesar de que Naruto les había hablado al respecto, le pareció gracioso que él fuera el que más profundamente dormía.

–Ichiru, oye Ichiru.– llamó el Hyuuga subiendo a la parte alta de la litera.

–Hmm ¿qué pasa?–

–La familia está trabajando en la granja, creo que deberíamos ayudar.–

–Ese no es nuestro trabajo.– renegó el de Suna dándose la vuelta.

–Nos alimentaron anoche y seguro que andan preparando todo para darnos desayuno. Me siento mal durmiendo mientras trabajan.–

–¿Qué tiene eso de malo?–

–Vamos, solo son un hombre y dos mujeres. Seguro apreciarán la ayuda.–

–Ok, ok. Ya voy.–

Luego de lavarse la cara y los dientes rápidamente y vestirse, los muchachos echaron un vistazo al Hokage babeando la almohada y coincidieron en que lo mejor era dejar dormir cómodamente al líder.

Kariya al principio no quiso aceptar la ayuda de los chicos, pero Kariko le recordó su más reciente lesión en la espalda, así que le dieron a los jóvenes ninja cosas que hacer.

El trabajo se sintió menos pesado y más divertido para todos así que terminaron relativamente rápido, por lo que Kariya tuvo que ir a despertar a Naruto para que los acompañara a desayunar, ya que a los tres adolescentes les daba pena hacerlo y optaron por ayudar a Kumiko en la cocina.

–Por cierto. Deidara aceptó el trato.– le comentó una vez consiguió que el ninja rubio se pusiera en pie.

–¿En serio?–

-Kariko lo convenció ¿puedes creerlo?– rió Kariya antes de salir del cottage alegremente. Naruto sonrió para sí mismo.

–Sí, puedo creerlo.–