El Niño de la Profecía
Capítulo 24
Kumiko encontró la manera de entretener a Kazuki e Ichiru pidiéndoles ayuda con algunos trabajos manuales después del desayuno, para que así Naruto pudiera bajar al sótano con Kariya y hablar con Deidara.
Kariko ya estaba ahí, pues le había llevado comida al ninja incapacitado, y tanto Naruto como el padre de ella se sorprendieron de lo bien que se estaban llevando esos dos.
–Ah mira, son el Hokage y su cómplice, h´n.– comentó Deidara al notar a los hombres.
–¿Sigues enojado? Si Kariko ya nos había dicho que ibas a aceptar.– se quejó Kariya.
–Que acepte no significa que me agrade la idea, h´n.–
–Debo irme hoy mismo, pero antes quiero dejar todo arreglado.– dijo Naruto sin tomarle mucha importancia y dándole una caja a Deidara.
–¿Qué es esto, h´n?– preguntó el artista, sacando un teléfono nuevo de ésta.
–Es para que nos comuniquemos. Por ahí te enviaré los detalles de las misiones a las que deba mandarte.– explicó el Hokage, omitiendo que también era por ese medio que lo podría rastrear.
–¡Wow! ¡Es el modelo más nuevo! La cámara es incluso mejor que el del mío.– se admiró Kariko viendo las especificaciones en la caja, pero Deidara no comprendía mucho así que le restaba importancia.
–¿En serio? Yo solo agarré el mismo que tiene mi hijo. Para que no se viera muy fuera de lugar con otros jóvenes.– confesó Naruto rascándose la nuca con pena.
–Tienes muy consentido a ese muchacho. Estas cosas son muy caras.– suspiró Kariya.
–De haber sabido que querías uno, te hubiera traído uno, Kariko-chan.– se disculpó el Hokage al ver que ella le ayudaba a Deidara a encender el aparato.
–Oh no, no es necesario nii-chan. El mío funciona bastante bien, además tengo una cámara profesional arriba.– descartó Kariko apenada.
–¿Y qué es lo que tengo permitido hacer entre misiones, h´n?– preguntó Deidara para así devolver la conversación a cosas que él entendía.
–Primero debes descansar y recuperarte, obviamente. Kariya me informará de tu progreso. Si no encuentro nada que enviarte a hacer de inmediato, puedes dedicarte a entrenar o practicar tu arte. Solo hazlo lejos de civiles o de donde te pueda ver algún ninja.– indicó Naruto –Obviamente nada de asesinar, robar o cometer crímenes. Estas en periodo de prueba.–
–Obviamente, h´n.– repitió Deidara sin mucho humor.
–Fuera de eso, eres bastante libre de moverte, buscar trabajo o lo que te plazca. Estoy haciendo lo posible por darte una segunda oportunidad en esta vida.–
La sinceridad con que Naruto dijo esto último convenció a Deidara de que el asunto no era un engaño. El ninja de Konoha era tan transparente como cuando lo conoció de niño, y sin duda tenía el carisma para ganarse fácilmente la confianza de la gente.
–¿Por qué te interesa tanto, h´n?–
–Ya te lo dije, siento que te lo debo.– sonrió el Uzumaki –Y a aquellos que te aprecian también.– añadió mirando a Kariko y luego a Kariya.
–Está bien, pondré de mi parte también. Más vale que esto funcione, h´n.– aceptó finalmente Deidara y Naruto sonrió.
–Ya verás que si, no te arrepentirás.–
Naruto extendió una mano amigable a Deidara y, luego de un segundo de duda, él la estrechó. Sellando así el trato entre ambos.
–Muy bien. Tengo que irme ahora, pero haré lo posible por volver a visitar pronto. Recupérate bien.– se despidió Naruto.
–Ok, gracias. H´n.– fue la desabrida despedida de Deidara.
Kariya escoltó a Naruto arriba y Kariko se quedó abajo para recoger la bandeja con platos sucios y las botellas de agua vacías.
–¿Ves? Te dije que no sería tan malo. Naruto nii-chan es muy buena persona.–
Deidara frunció el ceño.
–Se ve que le tienes mucho aprecio, h´n.–
–Es como un hermano mayor. A veces se me hace increíble que sea el Hokage, pero sigue siendo él.–
Deidara se quedó viendo a Kariko, pensando en lo peculiar de la situación. Si él hubiera permanecido en su época, quizás al que ella llamara nii-chan sería él. La habría visto crecer, y él también hubiera crecido y madurado incluso más que el niño Kyuubi. Aún estaba indeciso de si el viaje temporal lo había hecho ganar o perder algo.
Kariko notó los ojos azules sobre ella y se sonrojó, para después tratar de dispersar su atención buscando otra cosa que poner en la bandeja.
–¿E-esto es todo lo que había?– balbuceó, no encontrando que más llevarse. –Entonces ya debería subir.–
–¿Tienes qué, h´n?– preguntó Deidara soltando un suspiro que desconcertó a la castaña –Es increíblemente aburrido aquí abajo. Al menos tu compañía me sirve, h´n.–
–Debo salir a despedir al Hokage o sus guardaespaldas van a hacer preguntas. Pero volveré enseguida. Mientras tanto puedes entretenerte con tu teléfono nuevo.–
–¿Cómo dices que se usaba la cámara, h´n?–
Kariko se sentó junto a él y le mostró los botones indicados.
–Cualquier otra cosa, puedes verla en el manual. Te enseñaré lo demás en un rato.– se excusó ella levantándose. Deidara aprovechó para tomar una foto de ella sonriendo.
–No es mi estilo de arte, pero no está mal h´n.–
–¡Oye! ¿Qué significa eso?–
–Que si no te apresuras los ninjas van a sospechar, h´n.–
Kariko hizo un puchero y se retiró con la bandeja.
Cuando subió, notó a su padre y Naruto hablando unos últimos detalles en la sala, así que pasó de largo y fue a la cocina a dejar lo que cargaba.
–Kariko, linda. ¿Podrías ir a llevarle agua a los ninjas en el granero?– pidió su madre, así que la jovencita fue resignada hacia allá.
Kumiko vio a su hija salir y fue donde los hombres hablaban.
–Kariya, ve y busca la botella de vino que dijiste le mandarías a Hinata.– le recordó la mujer a su esposo.
–¡Cierto! ¡Casi lo olvido!– notó el hombre y fue hacia el sótano.
–Naruto.– llamó la señora serenamente, consiguiendo la atención del rubio –El muchacho allá abajo, es el mismo que estaba contigo y Kariko cuando me conocieron de niña ¿verdad?–
–Sí, así es.– respondió Naruto, no muy seguro de por que preguntaba algo que él creía ya haber aclarado.
–En aquel entonces, recuerdo que él estaba muy preocupado por ella. No se despegaba de su lado. Y la manera en que la miraba… me quedé con la idea de que esa descendiente mía y ese muchacho misterioso estaban bastante enamorados.–
–¡¿E-enamorados?!– repitió Naruto poniéndose nervioso –¿Está segura de eso? Han pasado ya 30 años.–
–Me causó una gran impresión en ese entonces, por eso nunca pude olvidarlo.–
–Oh.– se resignó Naruto –Yo no lo noté aquel día, pero él lo admitió en voz alta después. Quería quedarse allá con ella. Y también quería que me asegurara que ustedes 3 estuvieran felices y a salvo.–
–Debí causarle un gran dolor al pedirle que guardara en secreto las consecuencias de la técnica.– lamentó la señora. –Trataré que no la pase tan mal esta vez.–
–Se lo agradeceré mucho.–
–Algo más… tú que has visto el destino cambiar. ¿Crees que lo de ellos dos vaya a ser diferente también?–
Naruto sonrió brillantemente.
–Si lo llega a ser, estoy seguro que será incluso mejor que antes.–
En el granero, Kazuki e Ichiru movían paja para alimentar a la vaca de la familia.
–Oye, está bueno que ayudemos pero como que ya nos agarraron mucha confianza ¿no?– se quejó el chico de Suna.
–Quieren distraernos, para que Hokage-sama pueda hablar con Kariya-san.– respondió Kazuki.
–Pues si no nos quería aquí ¿para qué nos trajo? En especial a mi que soy de Suna.–
–Es la parte que no alcanzo a comprender.–
–Para llamar menos la atención.– dijo Kariko desde la puerta, iba entrando con unas bebidas para los chicos cuando los escuchó hablar. –Si un adulto se mueve con un grupo de ninjas solo de Konoha, parece que va a algo importante. Si van dos jóvenes de diferentes aldeas con un señor, parece una reunión casual.–
–Eso no me parece nada lógico.– refutó Kazuki.
–La gente del pueblo viene de distintos lugares. Tenemos fronteras con varios países.–
–¿Y no encuentran raros los grupos de ninjas mixtos? Sé que desde la guerra ninja las aldeas se han llevado mejor que nunca, pero aún así no es algo usual enviar equipos mezclados.– cuestionó Ichiru.
–Ninjas retirados vienen aquí por segundas oportunidades. Ya sea para escapar de sus problemas, para reencontrarse con amores de otras aldeas o simplemente relajarse con sus amigos.–
–Ok, entonces nuestro grupo no se ve raro, fantástico. Eso aún no responde por qué Hokage-sama se tomaría tantas molestias en venir a visitarlos cuando en casa apenas y ve a su familia.– comentó Kazuki, quien al ser un Hyuuga cercano en edad a Boruto no podía evitar darse cuenta de los asuntos de familia.
–¿Cómo que casi no los ve?– preguntó Kariko extrañada. –Si hasta me trajo un dibujo de Himawari.–
–Kazuki no saques los trapitos al sol de tu familia.– rió Ichiru. –Hay que mantener la imagen.–
Al escuchar esto Kazuki se dio cuenta de su error y se giró de nuevo hacia la paja, sintiéndose apenado.
–E-es el Hokage. Es obvio que está muy ocupado y no va a ver a su familia tanto como quisiera.–
–Supongo.– coincidió Kariko con el afán de hacer sentir mejor al pobre Hyuuga –Para ser honesta yo tampoco lo he visto en años. Pero verás, mi padre solía ser ninja y mi madre era amiga de la mamá de Hokage-sama. Cuando se reúnen los tres a hablar, son cosas importantes de jutsus y eso.–
–¿No sería entonces mejor que tu familia lo visitara a él en Konoha?– quiso saber Ichiru.
–Por más que me gustaría conocer la aldea, no sería muy discreto. Además ¿ves que haya otra gente trabajando aquí?–
Esto último puso fin a cualquier otra cuestión que los muchachos pudieran tener, lo cual los hizo relajarse con respecto al tema.
–Ojalá puedas conseguir algo de ayuda aquí pronto, para que puedas conocer Konoha. El lugar es increíble.– sonrió Ichiru –Aunque claro, Suna no se queda atrás.–
–Eso me encantaría. Sueño con poder viajar.– respondió Kariko cálidamente.
–Si llegas a visitar podemos darte el recorrido.– ofreció Kazuki mostrándose más blando ante la chica, lo cual la puso bastante contenta.
–Habrá que cambiar información de contacto entonces.–
–Claro. Aunque no te ilusiones mucho conmigo, linda. Yo ya tengo novia.– bromeó Ichiru.
–Ella no tiene de que preocuparse.– rió Kariko.
Los tres jóvenes compartieron sus números telefónicos y correos electrónicos para luego seguir charlando mientras trabajaban.
Finalmente llegó la hora en que los ninjas debían partir de vuelta a sus aldeas, y la familia salió a despedirlos.
Naruto había hecho todo cuanto podía por controlar la situación de Deidara en ese día, pero no podía justificar una ausencia prolongada de Konoha cuando tenía tantos problemas allá.
Sin embargo le quedaba la satisfacción de finalmente haber cumplido con su promesa que iba más allá de los límites del tiempo.
–Cuídate mucho, Kariko-chan. No dejes que nadie te intimide ¿entendido?– se despidió Naruto chocando el puño contra el de la jovencita, tal como lo haría con cualquier amigo de su edad. Llevaban haciendo eso desde que ella era una niña, y siempre la hacía reír a carcajadas con ello.
–Por supuesto, Naruto-nii-chan. La hermanita consentida del Hokage se hará respetar.–
–Esto sigue siendo raro.– suspiró Kazuki.
–Yo creo que es lindo.– contradijo Ichiru.
Kariko tomó esto con humor y extendió su puño en dirección a ellos, esbozando una gran sonrisa.
–¡Nosotros también!– invitó ella.
Ichiru de inmediato unió su puño pero Kazuki seguía cruzado de brazos, por lo que ambos castaños le pusieron ojos de cachorrito. Naruto le dio una palmada en la espalda al reacio Hyuuga.
–Vamos. Todos juntos.–
Kazuki soltó un soplido y puso su puño junto a los de Naruto, Ichiru y Kariko.
Ninguno de los adolescentes lo sabría jamás, pero ese momento fue enormemente significativo para Naruto. Después de quince años por fin pudo volver a tener a los tres juntos con él.
Kumiko, quien comprendía mejor que nadie la situación del Hokage, tuvo que hacer un esfuerzo enorme por no derramar una lágrima.
–Naruto.– llamó y se acercó a él para darle un abrazo –Lo lograste, muchacho. Has saldado tu deuda.– susurró a su oído.
–Gracias, Kumiko-san.–
Después de la despedida, Naruto emprendió el camino de regreso con sus jóvenes guardaespaldas. Sintiendo un alivio que jamás imaginó.
Recordó la vez que los sapos le contaron de la profecía que Jiraiya recibió. Pasó muchos años intentando vivir a la expectativa de los sueños que su maestro le dejó, y aún más haciendo todo por asegurarse que sus seres queridos tuvieran una buena vida.
No huir y nunca retroceder en su palabra era su credo ninja.
Y ese día por fin había cumplido tras darle su palabra a Kariko, Kazuki, Ichiru y Deidara.
El niño de la profecía podía seguir adelante mirando hacia un futuro brillante.
