No hace muchos años, en una pequeña aldea nació una niña de mejillas sonrojadas y de radiante sonrisa que para desconocimiento de sus padres, en sus páginas ya venia escrito lo especial que sería.
Aprendió a leer antes que nadie, a temprana edad los libros ocupaban en ella un gran valor por la búsqueda del conocimiento sobre el mundo que la rodeaba y que su pequeña ser le imploraba con fuerza.
Raro era el día que no la viesen con un libro entres sus manos siempre iba perdida en letras y versos hasta que una tarde encontró algo, o más bien a alguien que no encontraría en ninguno de sus libros.
Se trataba de un hombre mal herido a las puertas de la aldea, debido a que era un extranjero y por aquellos años aún no se había potenciado el comercio con el exterior la gente desconfiaba de acercarse, sin embargo la joven acudió sin dudar para ayudar a aquel extraño que guardaba un gran secreto.
Dicen que las palabras sobran cuando el corazón habla y se podría decir que con solo un cruce de miradas ambos se conectaron en lo que sería su propia historia.
Aquel hombre fue tratado y cuidado por los padres de la joven, era una familia humilde pero con las puertas abiertas de su casa a cualquiera que lo necesite, sin embargo no estaban ciegos y veían como su pequeña perdía la noción del tiempo del tiempo entre las historias de aventuras y fantasía de aquel extranjero hasta que el momento más temían se acerco, ambos se enamoraron y aquellos amorosos padres sabían que nada se podía hacer para separar lo que el destino unió.
Dadas las circunstancias fue aceptado en la familia como uno más bajo las promesas de respetar a su hija y trabajar como uno más de la que ahora seria su comunidad, y este acepto sin separos, pero no es oro todo lo que resplandece y en la tercera luna llena el gran secreto del ya no tan desconocido extranjero salió a la luz.
Aunque su apariencia ya no era la misma, ya era muy tarde aquella niña que se había convertido en mujer le había entrado su corazón y poco le importaba si sus manos eran garras y sus dientes colmillos, ahora y siempre pertenecería a sus páginas pasara lo que pasara, y fuese lo que fuese.
Un gran silencio invadió el pequeño salón al terminar la abuelita su relato antes los ojos curiosos y sorprendidos de Lobo y Caperucita, la cual se había despertado apenas unos minutos atrás y que literalmente se abalanzo sobre Sesshomaru al verle al fin despierto, habiendo estado sentada a su lado rodeándolo con sus finos brazos durante toda la historia.
Había muchas preguntas en el aire sin embargo la abuelita se limitó a contar aquella historia que esperaba darle respuesta a algunas de aquellas preguntas o , en su defecto , generar otras nuevas que fue el caso de Lobo.
— El hombre de esa historia era su abuelo, un hombre lobo ¿Verdad?— se atrevió a confirmar entendiendo tantas cosas que había pasado por alto por lo cegado que había estado por su pajarillo.
— ¿Qué ... —
— Así es señor Sesshomaru, mi querido esposo fue Muso el lobo gris — Interrumpió la abuelita a su nieta confirmando lo que tuvo que haber contado hace mucho tiempo.
— P-pero no lo entiendo, mi madre era una mujer normal ¿no? ¿Cómo es posible? ¿Por qué nunca me dijo nada? —
— Rin querida mía, tal y como dices tu madre nació como una niña normal, tan perfecta como lo es cualquier bebe. Tuvimos muchas dudas y sobre todo estábamos asustados sin embargo lo hubiese dado todo porque hubiese visto en la gran mujer que fue nuestra hija y sobre todo porque te hubiese conocido a ti —
— ¿Qué ocurrió? y respóndeme ¿ Por qué no me contó nada? — Casi suplicaba que le respondiera aquella última pregunta.
En esta serie de preguntas y respuesta, Lobo solo se limitaba a observar y escuchar. No sabía la verdad pero no era difícil imaginarsela sintiéndose cada vez más impotente por no haberlo ni sospechado , el día del disparo llego casi al momento y ni siquiera sabia donde se encontraba, cuando asesinaron a su madre le pareció ver como detecto el olor a sangre casi al mismo tiempo que él, sino no tendría explicación el porque se fijo en el mismo sitio , y aunque todo esto fuese casualidad el día que se fueron a Hakone le contó como salió por la ventana y árbol más cercano esta demasiado lejos, al principio apenas le dio importancia por el hecho de estar con ella pero no fue capaz de ver y mucho menos de escuchar, hasta ahora las últimas palabras del oráculo no tuvieron sentido para así maldecirse una vez más.
"— Esa respuesta la hallaras cuando descubras la verdad , solo recuerda que por esa puerta solo pueden pasar seres como tu y como yo — Finalizaba señalando con de sus manos la puerta donde se encontraban los libros que Caperucita y Lobo habían estado viendo el día anterior."
La abuelita antes de responder extendió ambas manos hacia delante como indicación a su nieta que se acercara y sin necesidad de palabras se acercó a ella arrodillándose a enfrente suya mientras tomaba con fuerza ambas manos.
— Mi pequeña Caperucita, tu abuelo murió defendiéndonos hace 35 años a tu madre y a mi, que apenas había cumplido un año , el antiguo cazador vino a darle caza cuando me encontraba más vulnerable. Nunca acepto nuestra relación siendo este el motivo por el que tuvimos que venirnos al bosque y crear una barrera sin embargo con el parto esta se debilito y dio con nosotros tu madre a medida que fue creciendo le quise explicar quien era y quien fue su padre sin embargo nunca me creyó hasta el punto de irse a la aldea buscando siempre convencerme de que todos mis recuerdos eran fantasías e invenciones, pero aquí estas tú , con los ojos de tu abuelo pudiste encontrar este lugar y todo lo que podrás llegar a ser — Concluía con la misma mirada tierna con la siempre miraba a Caperucita , durante años estaba segura que era especial, que una parte de Muso vivía dentro de ella y ahora finalmente podía ver con sus propios ojos que no se equivocaba.
—Entonces ¿No soy humana? ¿Qué soy exactamente? Y . ¿Mi padre? ¿Sabes quién es? madre nunca quiso hablar de ello y siempre desviaba el tema — Seguía aún con más preguntas que antes, sino hubiese conocido a Lobo apenas creería nada de lo que estaba escuchando.
— Tu eres Rin mi caperucita roja y tu eres la que decides que quieres ser, sino me equivoco tendrás una vida muy larga para decidir que es lo quieres mientras que tu corazón sienta como los humanos , serás humana sin importar la sangre que corra por tus venas, y respecto a tu padre no puedo ayudarte, después de varios años tras marcharse, tu madre vino a verme ya embarazada para darme la noticia sin embargo por más que le pregunte nunca quiso decirme de quien era, de como lo conoció o si quiera si estaban juntos en ese momento o no—
Caperucita estaba entre emocionada y decepcionada por las palabras de la abuelita, por un lado el hacerle recordar que los sentimientos son los que siempre le darían su humanidad hizo que alguna que otra lagrimilla quisiera escapar de sus ojos, sin embargo la pregunta que nunca obtuvo respuesta acerca de quien fue su padre parecía que seguiría siendo una incógnita para siempre.
Sin darse cuenta, Lobo había salido al exterior de la casa, aún con dificultad para dejarlas solas en un momento que creía que era demasiado intimo como para seguir él en medio. Ya había atardecido los rayos del sol bañaron aquel campo nevado de una cálida luz naranja que contrastaba con la fría nieve que sentía debajo de sus patas, sin saber como su historia se había tornado muy complicada, lejos quedaban ya los días tranquilos y las risas infantiles que resonaban en sus oídos como un eco que se perdía a la lejanía.
Amar es morir, recordaba una vez más quería comprender una vez más aquel mantra que le enseñaron desde su nacimiento, sin embargo ¿Podría decir que sabe lo que es el amor? aquella pregunta revoloteaba por su cabeza en busca de una respuesta.
No le extrañó que el primero que aparecía en su mente fuese su pajarillo, pero inmediatamente otra pregunta saltaba ocasionando aún más dudas y preguntas que no sabía responder ; ¿Acaso se podría llamar amor a lo que siente por ella?
Entre medio de aquel mar de incógnitas un pequeño peso en su espalda le hizo regresar al atardecer ya de tonos violáceos, aquel peso no era otro que el de Rin que al notar su ausencia había ido en su búsqueda y se había dejado caer sobre aquel suave pelaje casi tan blanco como la propia nieve por la que se había atrevido a caminar descalza.
Sesshomaru apenas se inmuto y ella se limitó a agarrar con ambas manos una pequeña porción de su pelaje sin apenas apretar, simplemente por el gusto de hundir sus dedos en el al igual que su rostro con los ojos entrecerrados para con un suspiro, tras varios segundos, agregó un par de líneas más a sus páginas junto a él.
— Lobo —
— Roja —
Notas de autora
hola!! lamento mucho la demora el trabajo apenas me dejaba vivir pero ahora tengo algo mas de tiempo intentare actualizar mas seguido
