Disclaimer: Card Captor Sakura pertenece a CLAMP y yo no gano un centavo por escribir esto.
Capítulo 1
Por primera vez desde que iniciara a trabajar como maestra de educación física en la Primaria Tomoeda, Sakura estaba en serio riesgo de llegar tarde al trabajo. Cuando era estudiante solía llegar tarde casi todo el tiempo, pero se había prometido a si misma que como profesora sería una historia diferente. Por ocho meses había cumplido su promesa, hasta esa mañana.
No era su culpa, en serio.
Casi no había dormido porque se había ido a la cama a altas horas de la noche empacando todas sus cosas para la mudanza, y le había costado mucho pegar el ojo porque no dejaba de pensar en la idea de que a partir del día siguiente iba a vivir sola por primera vez en su vida. Bueno, sola con Kero, su gato glotón.
Por el desvelo se había despertado un poco más tarde de lo que planeaba. Cuando estaba por salir a la escuela sin desayunar, recordó que había quedado de pasar por el trabajo de su padre, dejándole desayuno.
Por un momento consideró llamarlo y decirle que no tenía tiempo de pasar. Su padre era un hombre comprensivo, claro que la entendería si le explicaba. Pero descartó la idea. Se le hacía injusto que su padre hubiera pasado toda la noche trabajando en una investigación con sus estudiantes y que su hija no le pasara dejando desayuno como habían acordado. Así que aún con el tiempo en su contra pasó comprando unos croissants y café para su padre, y aprovechó para comprar un café para ella.
Corrió a la oficina de su padre en la universidad de Tomoeda. Después de una –extremadamente corta - charla con su padre, le dejó el desayuno y corrió con la esperanza de poder agarrar el autobús y llegar a tiempo a su trabajo.
Su esperanza murió en la puerta de la universidad cuando por correr sin ver por dónde iba terminó chocándose de frente con un muchacho que iba entrando. Sakura vio con como en cámara lenta cuando su café se derramaba en la camisa del desconocido. La blanca, y hasta hace cinco segundos pulcra, camisa de un desconocido.
La buena noticia sobre la elección de café de Sakura es que no era caliente, sino granizado, por lo que estaba segura que al menos no había quemado al pobre extraño. La terrible noticia es que su orden incluía mucho chocolate, chispas de colores y crema batida, por lo que había dejado una mancha bastante fea en la camisa.
―Lo siento mucho, no miré por donde iba ― dijo Sakura, mientras sacaba un pañuelo de su bolso―. Déjame te ayudo a limpiarte.
Sakura hizo el intentó limpiar la camisa con el pañuelo, pero el chico agarró su mano y la apartó con poca delicadeza.
―No limpies nada, ya suficiente desastre hiciste.
Sakura, tomada por sorpresa por la brusquedad del desconocido le dedicó una mirada ofendida.
―¿Disculpa? ― dijo Sakura mientras lo miraba a los ojos por primera vez.
A pesar de la situación, no pudo dejar de notar el atractivo del hombre que se encontraba frente a ella. Probablemente alrededor de la misma edad que ella. Con cabello castaño que le caía desarreglado y le enmarcaba el rostro perfectamente. Rasgos elegantes, una mandíbula definida que solo había visto en actores de cine, y ojos castaños que eran un sueño.
Probablemente era el segundo hombre más atractivo que había visto en su vida.
El primer lugar en la lista de Sakura de hombres atractivos, claro está, lo ocupaba Yukito Tsukishiro, el mejor amigo de su hermano al que Sakura amaba en secreto desde la infancia. Yukito nunca le había correspondido, pero Sakura tenía confianza que pronto cambiarían las cosas. Ahora que era una mujer adulta, los seis años que los separaban ya no parecían un abismo. Cuando tenía diez años, Yukito de dieciséis parecía tan inalcanzable como una estrella. Ahora que tenía veintitrés, Yukito con veintinueve años se veía totalmente a su alcance.
Fue sacada de sus pensamientos por el atractivo desconocido, que descortésmente le preguntó:
―¿Por qué no te fijas en donde caminas? ¿Estás ciega o cuál es tu problema?
Cualquier atractivo que pudiera tener quedaba borrado por el hecho que era un completo imbécil.
―¿Cuál es el tuyo? ¿Por qué eres tan grosero cuando fue un accidente y estoy intentando disculparme?
―Si te fijaras por donde caminas no tendrías nada de que disculparte ― replicó él ―. Ahora que el desastre está hecho ¿De qué sirve disculparte?
―Me disculpo porque a mi si me enseñaron modales, a diferencia de a ti.
―A mi si me enseñaron modales ― dijo ofendido el chico ―No soy yo el que anda corriendo por ahí con un café en la mano arriesgándome a arruinarle la camisa a cualquiera.
La palabra correr recordó a Sakura la razón de su prisa. Tenía menos de diez minutos para llegar al colegio. Miró con culpa la camisa del muchacho. Él era un completo imbécil, pero tenía razón en que Sakura había arruinado su camisa.
―Tengo que irme ya, pero voy a tomar responsabilidad por tu camisa ― dijo Sakura mientras escribía su número de teléfono en un papelito ―. Lleva la camisa a la tintorería y me llamas a este número, yo voy a pagar la cuenta.
Luego de eso le dio el número y se fue corriendo sin darle tiempo de contestar.
Luego de que la chica se ofreciera a pagar la tintorería y se fuera apresuradamente, Syaoran sintió algo de remordimiento por haberla tratado así. Se le había pasado un poco la mano.
Él tenía el tacto y delicadeza de una roca aun cuando estaba de buen humor, pero encima estaba teniendo una mala mañana. La chica tuvo que elegir el peor día para derramarle el café encima.
La noche anterior se había ido a dormir tarde terminando de escribir unos planes de clase que tenía que revisar con el profesor Kinomoto. Había despertado temprano en la madrugada con los ruidos provenientes del apartamento de al lado. Al parecer ese día se mudaría una nueva inquilina y el casero mandó a hacer reparaciones de último minuto para tener el apartamento listo. Syaoran esperaba que su nueva vecina fuera menos molesta que los preparativos para su llegada.
Había llegado a la universidad desvelado y con dolor de cabeza, solo para ver su camisa blanca favorita siendo asesinada por un chica descuidada.
―¿Qué pasó Li? ¿Te peleaste con un payaso? ― Fue lo primero que le dijo Yamazaki cuando entró a la oficina. Takashi Yamazaki era su mejor amigo desde que se mudó a Japón, habían sido compañeros de clase en la universidad y ahora ambos trabajaban como profesores asistentes en la facultad de Arqueología.
Se conocían lo suficiente para no necesitar palabras para comunicarse a veces. Al ver la mirada confundida de Syaoran, Yamazaki se acercó a su escritorio y señaló la camisa llena de crema batida, chocolate y chispas de todos colores.
―Una chica me derramó un café encima cuando estaba entrando al edificio― explicó Syaoran.
―¿Eso es un café?
Syaoran asintió mientras acomodaba sus cosas en el escritorio. La verdad más que un café parecía un postre. No podía imaginarse tragando algo tan dulce aún si no fuera diabético.
―¿Y ese número de teléfono? ¿Es de alguna chica guapa? ― preguntó Yamazaki levantando las cejas sugestivamente.
Durante un segundo Syaoran no supo de qué número estaba hablando, hasta que notó que aun sostenía en la mano el papel que le había dado la chica.
―Es de la chica del café.
―¿Te echó el café encima para ligarte? Esa estrategia es nueva.
―No seas imbécil. Ella no estaba coqueteando conmigo, me dio el número porque se ofreció a pagar la tintorería.
La cara que puso Yamazaki dejó en claro que no le creía, pero a Syaoran le importaba poco lo que creyera o no Yamazaki.
―No puedo evitar notar que no contestaste si era guapa ―presionó Yamazaki.
En el momento Syaoran se había enfocado demasiado en su camisa arruinada como para ponerle atención a la chica. En retrospectiva se arrepentía de no haberle puesto más atención, era una chica preciosa. Con un rostro angelical y unos bellos ojos verdes que la hacían ver adorable. Eso no se lo iba a admitir a Yamazaki ni bajo tortura.
―¿Qué te importa a ti si era guapa? Tú tienes novia ― contestó Syaoran. Todo el que conocía a Yamazaki podía dar testimonio de lo enamorado que estaba de su novia Chiharu Mihara.
―Pero tú no tienes, y hace siglos que te vengo diciendo que te busques una. Buena falta te hace.
Syaoran se abstuvo de contestarle una grosería por respeto a que estaba en su lugar de trabajo. En lugar de eso dejó a su amigo sin contestarle nada y se dirigió a buscar al profesor Kinomoto, que ya era un poco pasada la hora en que acordaron reunirse para hablar de los planes de clase.
El profesor no le preguntó nada sobre su camisa manchada o su tardanza, pero Syaoran igual se sintió obligado a dar una explicación.
―Alguien me derramó un café encima, por eso vengo tarde ― explicó Syaoran señalando vagamente su camisa para demostrar el desastre ―. Lamento haberlo hecho esperar.
―No te preocupes, no esperé mucho ―dijo el profesor Kinomoto ―Sakura me acaba de pasar dejando desayuno y estaba terminando de comer.
El profesor Kinomoto de vez en cuando mencionaba a sus hijos Sakura y Touya. Syaoran no los conocía en persona, pero había oído mucho de ellos.
―¿Cómo está ella? ―era un poco extraño preguntar por una persona que no conocía, pero pensó que era lo adecuado de hacer ya que el profesor la mencionaba a veces.
―Bien, anda un poco estresada porque hoy se muda a vivir sola ― le comentó el profesor ―. Debo confesar que yo también estoy un poco estresado. Siempre es difícil cuando los hijos se mudan de casa. Me pasó igual cuando Touya se mudó hace años, uno nunca se deja de preocupar por los hijos, aunque sean adultos.
Syaoran asintió por educación, aunque en realidad no entendía al profesor. Suponía que lo entendería algún día si tenía hijos. Por el momento no veía la causa del estrés. Era natural que los hijos se mudaran lejos del hogar de sus padres. Él se había mudado a Japón cuando apenas tenía dieciocho años.
―Ella estará bien― aseguró Syaoran porque sabía que es lo que el profesor esperaba oír, pero honestamente ni conocía a la muchacha ni donde iba a vivir, así que en realidad no tenía forma de saber si iba a estar bien o no.
―Sé que así será ― contestó el profesor con una sonrisa ―. ¿Trajiste los planes de clase que íbamos a revisar?
Con eso el tema de la mudanza de la hija del profesor quedó en el pasado.
Sakura pasó todo el día distraída en el trabajo, solo podía pensar en la mudanza.
La idea de mudarse sola y ser independiente era emocionante para Sakura. Lo que no le causaba ninguna emoción eran todas las cajas que tenía que llevar al apartamento. Y después convertirlo en un lugar habitable.
Por suerte contaba con la ayuda de su papá.
Tomoyo también se había ofrecido a ayudarle a mudarse, pero Sakura no aceptó su oferta. Sakura creía que sería desconsiderado de su parte aceptar y hacer a su amiga viajar hora y media desde Tokio solo para ayudarle a acomodar cajas. Igual Tomoyo pensaba venir a Tomoeda el fin de semana para que hicieran la fiesta de inauguración a la casa. Nada fuera de control, solo una reunión con sus amigas.
El edificio donde iba a vivir era en un área segura.
Mientras su padre y los chicos de la compañía de mudanzas bajaban sus cosas del camión, Sakura se adelantó para ir a abrir el apartamento y acomodando a Kero. Tuvo que llevarlo en brazos porque se rehusó a meterse en una jaula para gatos. Hasta parecía ofendido con la idea.
Sacó la llave y la metió en la cerradura, sintiéndose que estaba abriendo no solo una puerta literal, sino la puerta metafórica a su nueva vida.
La llave no funcionó.
Sakura miró su llave desconcertada, preguntándose cuál era el problema. Volvió a meter la llave en la cerradura e intentó abrir de nuevo, fracasando nuevamente. Comenzó a forcejear con la puerta, cosa que se hizo mucho más difícil porque Kero se retorcía en sus brazos, hasta que finalmente la puerta cedió.
―¡Se abrió! ―exclamó Sakura emocionada.
―Porque yo la abrí ―contestó una voz masculina.
Adentro del apartamento, para sorpresa de Sakura, se encontraba el chico atractivo al que le había derramado el café en la mañana. Tuvo que parpadear varias veces para asegurarse que no estaba alucinando.
―¿Qué haces aquí? ―preguntó Sakura desconcertada.
―¿Qué hago yo aquí? ― repitió incrédulo el chico ―. Este es mi apartamento. Mejor dime, ¿Qué haces tú intentando botar mi puerta?
―¿Tu apartamento? Este es mi apartamento.
―Llevo cinco años viviendo aquí, estoy bastante seguro que este es mi apartamento.
Sakura estaba a punto de enseñarle su llave para demostrar su punto, cuando notó que su llave decía 3F y estaba intentando abrir el apartamento 3E. Sintió el calor subir por sus mejillas.
―Disculpa, me equivoqué ― explicó Sakura deseando que se la tragara la tierra―. Mi apartamento es el de al lado.
El chico abrió la boca para contestar algo, pero Sakura nunca llegó a saber que era porque él se distrajo mirando atrás de Sakura con una cara de sorpresa. Por curiosidad Sakura volteo la mirada y para su desconcierto lo único que había detrás de ella era su papá que llegaba cargando una caja.
Su papá parecía igual de sorprendido de ver al muchacho.
―Buenas tardes profesor Kinomoto ― saludó el chico con una voz mucho más amable que la que Sakura le había oído usar hasta el momento. No parecía la misma persona.
―Que sorpresa Li ― dijo su padre con una sonrisa.― ¿Vives aquí?
El muchacho, Li, asintió.
―¡Qué maravilla! Vas a ser vecino de Sakura.
Li miró a Sakura y luego a su padre con una expresión de sorpresa.
―No tenía idea que ella era su hija.
―¿Ustedes se conocían? ― preguntó su padre confundido.
Al mismo tiempo que Sakura dijo:
―Si
Li contestó:
―No
Su padre parecía desconcertado ante las respuestas opuestas de ambos.
―Nos conocimos hoy ― explicó Sakura, preguntándose si debía explicar el incidente del café ― no tuvimos ocasión de presentarnos.
―Eso se puede arreglar ― contestó su padre sonriendo ―. Sakura, este es Syaoran Li, ex-alumno mío y ahora colega. Li, está es Sakura, mi hija.
Li y Sakura se dedicaron la reverencia que mandaba la costumbre pero se sintió algo incomoda.
―Colegas es una exageración ― fue lo primero que dijo Li después de ser presentados―. El profesor Kinomoto es profesor titular, yo apenas soy profesor asistente.
―Somos colegas, solo estamos en distintos puntos de nuestra carrera ― insistió su padre. ―Serás profesor titular en poco tiempo, eres un chico brillante.
Li sonrió ante el cumplido. Era la primera vez que Sakura lo veía sonreír. ¡Por Dios! Que sonrisa más hermosa. Ya el chico le había parecido atractivo a primera vista, pero esa sonrisa mataba. Se sacudió esos pensamientos de la cabeza, ella amaba a Yukito, no debía pensar en la sonrisa de otros hombres.
―Muchas gracias profesor, por su confianza.
Al principio Sakura había considerado a Li un grosero y un idiota, pero viéndolo ser tan amable pensó que en realidad no lo conocía. Las primeras impresiones no siempre eran acertadas. Además, era cierto que tenía razones para molestarse con ella, en la mañana le había arruinado la camisa y ahora había intentado forzar su puerta.
Tal vez debería intentar componer las cosas con su vecino. Si iban a vivir al lado, deberían llevarse bien. Tal vez después que terminaran de acomodar el apartamento debería intentar preparar un pastel de fresa y dárselo a Li como disculpa por la camisa arruinada y como obsequio de buena voluntad. Tal vez hasta se hacían amigos.
Los muchachos de la mudanza llegaron en ese momento con las cajas. Sakura y su padre se despidieron de Li para ir a mostrarles a los de la mudanza donde era el apartamento.
Sakura abrió la puerta correcta esta vez. El pequeño apartamento se veía desnudo y frio sin muebles ni objetos personales. Pero el apartamento tenía potencial, tenía buena estructura, sería cómodo y acogedor una vez que terminara de acomodarlo.
A Syaoran le había tomado por sorpresa descubrir que la chica del café, la hija del profesor Kinomoto y su nueva vecina eran la misma persona. Coincidencias más raras debían de haber pasado en el mundo.
Continúo con su rutina diaria mientras ignoraba los ruidos provenientes del departamento de al lado. Las paredes no eran lo suficientemente gruesas para ahogar el ruido de la mudanza, que duró hasta pasada la hora de la cena.
Un par de horas más tarde, cuando Syaoran se encontraba corriendo en la caminadora eléctrica, escuchó a través de sus audífonos un ruido penetrante. Apagó la música y se quitó los audífonos para darse cuenta que era una alarma de incendios, el ruido parecía provenir del apartamento de al lado.
Inquieto salió al pasillo, pero no vio señal de fuego en ningún lado. En el pasillo solo estaba Sakura Kinomoto hablando con el casero, parecía avergonzada por algo.
Syaoran esperó que terminara de hablar con el casero para acercarse a la chica. Él era el tipo de persona que jamás se metía en los asuntos de sus vecinos, pero un incendio era cosa seria.
―¡Kinomoto! ― Llamó Syaoran cuando el casero terminó de hablar con ella― ¿Pasó algo? Oí la alarma para incendios.
La chica parecía que lo que menos quería hacer era contestar esa pregunta.
―No pasó nada. Gracias por preocuparte ― contestó ella restándole importancia al asunto.
La vaga explicación de Kinomoto no dejó a Syaoran tranquilo.
―Dime la verdad ― Insistió Syaoran ―. Si tu apartamento se incendia, el fuego se puede pasar al mío.
Ella miró a Syaoran como evaluando su pregunta. Miró al suelo como si estuviera esperando que la tierra se abriera y se la tragara. Finalmente confesó:
―Yo estaba intentando hornear un pastel y accidentalmente activé la alarma para incendios.
¿Había sido capaz de activar la alarma para incendios intentando hornear un pastel?
―Que chica más torpe. Debes ser una terrible cocinera.
Kinomoto lo miró ofendida.
―Si crees que soy terrible cocinera, entonces olvídate del pastel que preparé.
Con eso Kinomoto entró a su apartamento tirando la puerta en la cara de Syaoran y dejándolo confundido afuera. ¿Por qué le había dicho que se olvidara del pastel?
Eso es algo que tendría sentido decirle si ella hubiera estado horneando para él. Pero ese claramente no era el caso, porque no hornearía para un tipo que acababa de conocer ese día.
Descartó el extraño comentario de Kinomoto y se metió a su apartamento. ¿A él que le importaba el extraño comportamiento de una vecina?
En sus veintitrés años de vida nunca le había importado la vida de un vecino, no iba a comenzar ahora con Sakura Kinomoto.
Continuará
La historia está planeada para quince capítulos y un epilogo. El plan es actualizar semanal.
Gracias por leer.
Besos
Teté
