Los personajes no me pertenecen: todos menos Alexandrine Victoria Hundsstern pertenecen a J. K. Rowling. Yo solo escribo para sacarme esta historia de la cabeza.

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Quidditch

Un giro completo en el sentido de las manecillas de un reloj. El viento zumbando furioso en sus oídos quemaba sus mejillas al caer: los vítores desde las gradas de todos los miembros de su casa se hicieron violentos y aplastantes, y luego, el impacto brutal de su bate contra la bludger.

Alexandrine sintió la sacudida en todo el brazo izquierdo, y la esfera de plomo se arrojó al horizonte, golpeando el palo de la escoba de Finnigan tan fuerte que lo hizo descender dando giros de trompo; las ovaciones desde las gradas de Slytherin se hicieron salvajes con su nombre convertido en rugido, mientras las de Gryffindor parecían querer asesinarla.

Alexandrine Victoria Hundsstern era la golpeadora estrella del equipo de Slytherin, reconocida por la puntería prodigio y la fuerza de espanto que la bendecían a la hora de jugar, y era reconocida por ello: nadie mejor que ella en lo que hacía, pesara a quien pesara.

—¡Alexa!— Pero había alguien que le hacía competencia— ¡Detrás de ti!—De no ser por el grito de Remus, la bludger de Sirius Black le habría arrancado la cabeza.

—¿A traición, Black?—Preguntó en voz alta, sonriendo—. Qué falta de caballerosidad por tu parte, quiero decirte.

Ahí estaba él. Sirius, con el cabello negro recogido por la goma que ella misma le había prestado, y los ojos grises relampagueando de euforia, con una mano se sostenía de la escoba, y con la otra aferraba su bate: Alex sonrió con audacia luego de gritarle.

—En el quidditch y en el amor todo se vale, Polluelo—Contestó el muchacho, encogido de hombros—. A ti nadie te dice nada por ir por ahí, colgada de cabeza en la escoba durante los partidos—Se mofó, pasándose una mano por el cabello.

Alex oyó desde el este un silbido de plomo cortando al viento, y se giró repentinamente para golpear la bludger con el bate en su zurda, de modo que ésta se abalanzó sobre Sirius. Éste, sin embargo, ni siquiera se inmutó y la devolvió con un regio giro de muñeca. Oh, Merlin, empezó una disputa tonta en la que la bludger iba y venía entre los dos golpeadores, ambos midiendo sus egos mientras todo el resto de los jugadores continuaban con el partido y un par de espectadores de las gradas los aclamaban.

Entonces pasó la Snitch.

—¡Si gana Gryffindor me debes un beso!—Exclamó Sirius, girando de cabeza en la escoba y golpeando de nuevo, de modo que la bludger fue a dirigirse al cazador de Slytherin. Alex se interpuso y redirigió la bola a James Potter, que en ese momento tenia la Quaffle, con tan buen tino que las dos pelotas golpearon y la de cuero cayó en manos de Gregory Goyle, el guardián de repuesto.

—Si gano yo, me invitarás a salir —Condicionó la chica, de trenza tan larga que colgaba de la escoba junto a sus tobillos—. ¡Todo corre por tu cuenta, y será con Madam Pudipie!

—¡Estás soñando!—. Exclamó el otro en respuesta al golpear otra bludger.

La trayectoria de la bola cambió y se dirigió hacia Lucas Parkinson, que en su escoba intentaba darle caza a James Potter, de nuevo con la Quaffle. Alexandrine hizo una vuelta de campana completa para descender hasta ellos, devolviendola con tal tino que volvió a dirigirse a Finnigan, quien apenas conseguía levantar el vuelo otra vez con una escoba diferente. Justo antes de que la bludger lo regresara al suelo, Sirius apareció por debajo, bateandola con mucha más fuerza que la que Alex podría tener en el brazo y dirigiéndola como una bala hacia Regulus, que desde arriba seguía estático buscando la snitch. La chica tenía poca probabilidad de impedir que esa cosa tumbara a su compañero, estaba muy lejos como para frenarla antes, y por mas que le gritaba, Reg no la oía.

—¡Si no se cae te llevo a Madam Pudipie!—Exclamó Sirius a sus espaldas, muerto de risa. Alex no pudo más que pasarlo por alto mientras continuaba acercándose a toda velocidad: no a la suficiente. En tanto, el hermano del agresor ni siquiera se había percatado de la bola zigzagueante que iba en pos de él, de modo que estaba frito a menos que ocurriera un milagro.

Y justo entonces apareció la otra bludger silbando en dirección a Alex; no hizo falta que se colgara un cartel, ella la devolvió de un batazo brutal con el brazo izquierdo, y ambas bolas se golpearon mutuamente, invirtiendo sus trayectorias.

—¡Black! ¡Haz favor de poner atención! —. Bramó la joven. Los dos hermanos la miraron, el mayor satisfecho, el menor confundido.

—¿Qué?—Preguntó Regulus.

—¡Casi te... ! ¡¡La snitch!!—Gritó de pronto señalando al horizonte. Regulus vio la Snitch que pasaba cerca de Potter y se lanzó por ella; al mismo tiempo, Alex oía un silbido seco desde atrás y giraba sobre su eje, para desviar otra bludger —¡Sirius! ¡Es injusto! ¡Tienes mucha más fuerza que yo, deja de atacar a traición!.

—Es la fuerza que Dios me ha dado junto con mi maravillosa personalidad —Sonrió con el bate atravesado sobre los hombros.

—Ademas de humilde, un regalo de dios; soy afortunada de que vallas a llevarme a Hogsmade y que todo corra por cuenta de tu magnánimo bolsillo, ¿no crees, Black? Te informo que me gusta la torta de mora azul, y es costosa —Recitó. La sonrisa de Sirius se desdibujó ligeramente, aunque volvió a aparecer después.

—Me hubiera gustado ver a Reg morder el polvo, es una pena; en todo caso, a menos que ganen tus serpientes, me darás mi beso.—Se burló. Desde las gradas, la voz de Arthur Weasley narrando el partido los hizo voltear.

—¡James Potter cae desmontado en posesión de la Quaffle!—Exclamó. Ambos se aterrorizaron al mirar a su amigo: ¿Dónde estaba su maldita escoba?

Sirius se dejó caer inmediatamente en pos de James, que con la varita buscaba inútilmente llamar a su escoba, en tanto Alex miró sobre el hombro para encontrarse con Gregory y Vincent sujetando con todo su peso la Flecha de Plata de Potter. Ni siquiera lo razonó entonces: se arrojó como una lanza hacia Potter.

—¡Ve por él, polluelo! —Escuchó a Sirius cuando pasó silbando a su lado. Como era más pequeña oponía menor resistencia al aire, e iba más rápido.

El mundo comenzó a ir más despacio. Todo lo que ocurrió a continuación le cupo en el latido de un corazón mientras el alma se le comprimía dentro: James caía con expresión de desesperación, la pelota roja abrazada al pecho y había perdido las gafas. Estaba a metros de estamparse contra la grava al pie de las gradas, ¡podía lastimarse, o incluso morir, si alguien no lo detenía!

Todo el ruido a su alrededor se había detenido, y sólo pudo escuchar el palpitar de su corazón cuando extendió los brazos al tener a Potter a su alcance. Entonces se detuvo. Todo, desde sus latidos hasta la presión y la gravedad; cuando sus dedos rozaron el uniforme del Gryffindor el mundo entero desapareció, y justo un instante antes de que se estampara contra el suelo pudo rodearlo con sus brazos y volver a levantar el vuelo.

Solo hasta que, presa del más absoluto júbilo del mundo, respiró el aroma conocido del muchacho, y sintió su calor al llevarlo como princesa en su escoba, fue que se permitió respirar otra vez: quería llorar, había tenido muchísimo miedo de que se hiciera daño, de verle en un panorama manchado de sangre, que la sonrisa de ese rostro familiar se borrara y ella no pudiera hacerla regresar.

Los abucheos que hasta entonces estuvieron sonando por culpa de la "travesura" de Crabbe y Goyle, fueron sustituidos por aclamaciones cuando Potter levantó la mano, tras un rato subiendo, mientras James reía a carcajadas como si aquello fuera una gran aventura. Alex sintió las mejillas coloradas y el corazón tan acelerado que le faltaba el aire nada más por sentirlo tan cerca, y sin embargo, sonrió victoriosa cuando él se apretó más aún a su cintura y la miró a los ojos. Ese bendito color avellana le destruía el alma.

—¡Eres mi heroína, Polluelo! —Exclamó, emocionado— ¡Esto te lo voy a recompensar, será un premio digno de la heroica princesa que eres!

—Oh, vamos, deja de decir pavadas, Potter —Le riñó, con el rostro caliente. Volvió a descender despacio y en una trayectoria totalmente vertical.

Y mientras, Sirius los miraba desde el suelo, esperando a verlos bajar. En el rostro regio, una mueca desolada aleteaba, y sus ojos grises no se podían apartar del de Alex, de su sonrojo, de su nerviosismo y de su sonrisa tímida por ser abrazada por James. Él, en cambio, se limitaba a jugar un poco con la trenza larga de su amiga, con las manos temblorosas por el violento impacto de adrenalina que le causó la caída: cuando aterrizaron, corrió hasta ellos y palmeó el hombro de Potter, justo antes de que una multitud de alumnos y profesores se arremolinara entre ellos y se llevara a su mejor amigo sin darle oportunidad de decir nada más. Al final, hasta el equipo de Alex se fue del lugar, obviamente furiosos con ella.

—Ey, Polluelo, esa fue una gran atrapada —Sirius se esmeró en sonreírle. Alex, sin embargo, se sentía bastante triste, y chocó los cinco de forma desinteresada.

—Soy sencillamente perfecta, obviamente —Parecía aliviada y triste al mismo tiempo, luego pareció obligarse a fingir compostura—Por cierto, no ganamos, pero tampoco perdimos. ¿Qué hacemos? ¿Quieres ir a Hogsmade con 50/50?

—No lo sé, dímelo tú: —Exclamó el muchacho, su sonrisa era parecida a la de ella—¿Qué quieres hacer entonces? Oh, ten tu bate, casi me matas con él.

—¿De dónde lo sacaste?

—Te estoy diciendo que casi me matas. Cuando bajaste a por James, se te cayó, y como yo iba detrás de ti, pues...

—Oh, perdón —Tomó el palo algo distraída, y miró a la multitud retirándose con James en medio. Suspiró.

—Oye, ¿Qué te parece que, en vez de 50/50, te invite a salir de todos modos? —Ofreció el joven, con las manos en los bolsillos y mirando sus zapatos. Ella alzó la cara, sin entenderle—. Digo, no ganaste, y ni siquiera llevábamos la mitad del partido, pero esa atrapada te ganó las palmas. Quizá ni siquiera descalifiquen a Slytherin de la copa por tu ayuda, así que mereces un premio.

Guardaron silencio mientras se miraban, y luego sonrieron.

Si le hubieran preguntado a Alex, la sonrisa de Sirius le había quitado las ganas de llorar. Si le preguntaban a Sirius, la sonrisa de Alex le provocaba deseos de romper en llanto.

La sonrisa en forma de relámpago o de rosal que ella tenía en el labio inferior por culpa de Sirius, se curveó cuando le devolvió la sonrisa, y se frotó los ojos para que no escurrieran las lágrimas. Hasta entonces respondió.

—No mientas, Black, tú tienes otras intenciones. ¿Acaso quieres información acerca de otra chica? ¿O tal vez quieres los deberes de Aritmancia? Te informo que no voy a llevar ni un centavo.

El ambiente tenso se relajó de golpe, así de bien se conocían, y Sirius estalló a reír a carcajadas mientras se quitaba la goma del cabello, bastante contento al verla sonreír.

—Me ofende muchísimo que pienses así de mi, Polluelo —Apenas pudo dejar de reír le devolvió la goma— ¿Qué te hace pensar que no quiero que realmente me des ese beso? ¡Soy muy testarudo, y tú lo sabes!

—Ay, Sirius, eres increíble —Rió Alex, sincera. A él se le estrujó el corazón— Anda, nos vemos en dos horas en el sauce boxeador; llevaré mis deberes de aritmancia mientras tú lleves el monedero, y quizás incluso me den ganas de llevar el mapa del merodeador.

—¿Ya has trazado la mitad de Hogsmade?

—Sí, ahora solo falta anexarla al pergamino principal, pero quizá el tamaño del texto acabe debilitando el hechizo de seguridad —Se encogió de hombros—. Por cierto, para eso quieres invitarme a salir, ¿no? ¿Quieres probar el mapa de Hogsmade? Debí suponerlo.

—Bueno, Bueno, no me mires así —Exclamó, nervioso—; me has atrapado. Si me muestras el avance que llevas, yo invito, pero entonces también quiero los deberes de pociones —Chocaron los cinco y ella comenzó a retirarse, mientras él no apartaba los ojos de su pequeña figura.

Solo se permitió suspirar y quitar la sonrisa falsa hasta que la vio desaparecer por el pasillo de los vestidores, de modo que cuando habló para si mismo, el alboroto de los alumnos abandonando las gradas escondió sus palabras.

—La verdad es que no voy a olvidarme de que me debes un beso, Polluelo.