N/A: Hola, he regresado después de mucho tiempo. En primera, lamento la tardanza, sé que ha pasado mucho desde que actualicé, pero esto se debe a la carga de trabajo que he tenido y realmente no me había dado el tiempo ni las ideas para más.
Aún me quedan ideas, pero tal vez tarde un poco en subirlas, mi amor por el juego sigue ardiendo y voy conociendo más cosas sobre el octatrio y eso me hace feliz, me llena el corazón que saquen más material, sobre todo desde la carta del cumpleaños de Azul donde vemos que tiene un padrastro y abuela, aún tengo ideas sobre cómo manejar eso jajajajaja.
Advertencia: Menciones de canibalismo, secuestro, trata de personas.
Capítulo XI
La diferencia está en el instinto
FloydxAzulxJade
En el mundo submarino, las relaciones del mismo sexo era algo natural, incluso, en ocasiones, era más aceptado que entre especies. También había ciertas razas de sirena que, por su constitución biológico, podía reproducirse con sus parejas ya que contaban con un órgano reproductor extra o, otros casos donde el macho cargaba con los hijos (como la raza de caballitos de mar de las aguas más cálidas), no obstante, en la sociedad actual existían pociones para estos propósitos, bueno, si era posible darle piernas a una sirena, el construir órganos sexuales era una tarea fácil ¿No? Aunque tal transformación implicaba una preparación mental y física muy fuerte, sin embargo, la gente del mar estaba acostumbrada a ello, ya sea por amor, negocios o el sueño de una vida mejor alejados de sus tierras, siempre estaban en constante transformación, algo que (además de otras costumbres) solía sorprender o asustar a sus vecinos de la tierra, quienes, desde su perspectiva, parecían rechazar el cambios, mismo pensamiento que la gente de los océanos opinaba que les impedía avanzar. Aún existían temas tabús como la sexualidad, las relaciones de especies y el canibalismo que los perturbaban mientras que los seres con cola ya habían llegado a sentar las bases de su moral después de mucho análisis, construcción en la que los terrestres seguían trabajando. Ya no era un simple choque de un chica pelirroja peinando su cabello con un tenedor, era reglas que se habían tenido que establecer a través de un consejo entre ambas especies, en el cual, incluso se firmaron leyes que los protegieran entre si, como el hecho de que los bípedos no podían robar las lágrimas de las sirenas para sus pociones u mantenerlas en cautiverio, o también que a las criaturas marinas ya no se les permitía atraer a los pescadores y comérselos, bueno, había algunos que todavía saltaban esas reglas pero las consecuencias eran graves sanciones a quienes las rompían, y actualmente, todavía se podía decir que los hijos del mar no confiaban en los terrestres, no era extraño, algunas veces, escuchar sobre gente desaparecida dentro del mar, pero eso solo ocurría si el ataque era directo a una familia marina, así que, si, los tritones todavía conocían esas mañas acaparadoras de sus casi iguales.
Pero, ¿A qué venía todo este análisis? Bueno, Jade siempre creyó, que al llegar a tierra sus destinos serian algo inciertos, a pesar de sus capacidades adquiridas en el curso para llegar a tierra y que, si no fuera por sus dientes, podrían pasar por unos humanos comunes. De todo, en su tiempo fuera del agua, no pensó encontrar una coincidencia tan peculiar entre el pensamiento marino y terrestre.
Mientras su mente corría, escuchó a su lado a Floyd moverse de lado a lado, ansioso y estaba seguro que sus mandíbulas se apretaban en una fuerte mordida, listo para atacar, ese instinto era otro que los distinguía como seres de mar y en especial a su especie, la necesidad de cazar, de proteger su territorio y sus pertenencias, demostrar su superioridad ante los demás, su poder.
Él tampoco se encontraba muy lejos del estado de su hermano, apretando el puño mientras la escena frente a él solo provocaba que la bilis en su estómago estuviera por explotar en su boca, el deseo de sangre comenzaba a inundar sus venas como la necesidad de envolver algo y estrujar y estrujar hasta que las últimas burbujas de aire se desvanecieran en la superficie.
Instinto…
Uno que les indicaba proteger lo suyo, tomarlo y reclamar, asustar a aquel que invadió su terreno pero, desgraciadamente ahora no hablaban de un objeto, no, si fuera una cosa podrían acercarse silenciosamente y dar una advertencia discreta pero ahora, no era esa ocasión, no era lo mismo ver como alguien tomaba una comida o algún juguete nuevo en el que se interesaba Floyd, porque incluso, en eso podían ceder, aún con sus preciados hogos, o en los zapatos de su hermano, pero no, había algo con lo que nunca bajarían la guardia y eso era…
Azul…
A pesar de negar su interés, no podían desmentir que su sentir no solo se limitaba a entretenerse con aquel pulpo, no, su permanencia en aquel lugar era por algo más…
Lo notó cuando vio que los ojos de Floyd comenzaban a brillar más o, cuando, aun teniendo algo interesante con que jugar, su mirada siempre perseguía a Azul y sus oídos estaban alertas a su presencia…
Lo supo cuando leer los hechizos perdió importancia cuando se inclinaba y ahora lo hacía para sentir el calor de este, olfatear su aroma sutil, incluso cuando creció, aún lo hacía al momento de servirle el té.
Pero la revelación más grande fue cuando sus encías comenzaron a picar, esa necesidad de marcar, morder. Al principio pensaron que era por alimento, pero, cuando Azul comenzó a cambiar cual oruga en su crisálida la gente comenzó a prestar más atención en él, no solo por su aspecto, y, a pesar de que algunos se acercaban por los contratos, había aquellos que tenían otras intenciones, los dos eran buenos observadores y notaron de inmediato el brillo de lujuria en los ojos y fue ahí…donde no se contuvieron…
Deshacerse de ellos fue fácil, amenazas, secretos que nadie quería revelar y uno que otro golpe, cada que veían una señal, los gemelos atacaban y, desgraciadamente, a diferencia de en la tierra, en el mar el interés podía venir de todos lados, machos, hembras, nunca se debía confiar en nadie, poco a poco su necesidad de enjaular al octópodo se hizo más grande y con ella, la picazón…morder, marcar, proteger, poseer, querían que fuera suyo.
No obstante sabían que a Azul todavía le faltaba por crecer y el reciente overblotlo demostró, aún debían acompañarlo a crecer y, tampoco deseaban asustarlo, pero, mientras tanto, aún les quedaba un largo camino de ahuyentar pretendientes, aunque, si pudieron de alevines, aquello era más que sencillo con el crecimiento rápido que tuvieron y el desarrollo de sus habilidades, no por nada fueron los más destacados entre sus hermanos.
Pese a ello…eso no evitaba que cada vez que ocurría pues…llegaran a esto…
Simplemente pesaron que en la tierra, con sus prejuicios, sería más fácil, aunque, recordando que estudiaban en una escuela de varones, debieron haberlo previsto, más con la manía de Azul de presumir sus habilidades.
Así que, mientras observaban como ese miembro ingenuo de Pomefiore se colgaba de Azul como una rémora, revoloteando y alagándolo, llenándole el orgullo mientras este cada vez inflaba su pecho como un pez globo, se encargó de tomar nota de todos los detalles de su cara, en su mente, ya había trazado un plan para averiguar su nombre, clase y la hora perfecta para extraer sus más íntimos secretos y orillarlo a sentir el verdadero temor, pero debía ser paciente, no era adecuado morder sin trazar el ritmo de la caza, sin embargo, al parecer, Floyd pensar diferente pues en medio de su análisis, este ya se encontraba colgándose del pequeño pececito, jugando su cabello, aunque podía ver que estaba tentado a clavar sus uñas, si estuvieran en el mar y fueran garras, probablemente lo haría sangran con intención de que algún tiburón se lo comiera en el camino.
Pero, ahora estaban en tierra y debían ser más discretos, además, podía notar como la cara de Azul comenzaba a cambiar a una de disgusto y estaba por regañar a su hermano, así que se apresuró a entrar en acción, tal vez, en esa ocasión, un estudiante no se ausentaría por un tiempo de la escuela, además, desaparecer a alguien implicaba muchas investigaciones y no quería retrasar el año escolar, además de que probablemente, Azul lo sabría…
También, podría ser que era buen momento de actuar…además de castigarlo por lo hecho...
Extra
Blah blah blah…
Es todo lo que Azul escuchaba de ese estudiante de Pomefiore, puras habladurías.
Ni siquiera prestaba atención pero su mente era tan aguda que respondía como si lo hiciera.
No, su pensamiento no estaba ahí, la mayoría de su atención estaba en aquellas figuras cercanas a ambos, altas y listas para atacar.
Lo podía sentir, sus miradas agudas y mandíbulas apretadas, tal aura poderosa…así que, se inclinó más en el muchacho,y ¡Ohh!, como se deleitó al ver a Floyd cambiar su expresión y los puños de Jade apretarse, simplemente la vista era…deliciosa.
Y es que, Azul no deseaba molestarlos tanto, esa no era su idea pues al final, sus planes podía salir contraproducentes, pero, en su mente había una espina, algo que desde hace exactamente 3 días, 4 horas y 20 minutos, no se pudo sacar, había sido un simple encuentro, una visita a la práctica que Floyd donde Jamil solicitó ayuda de Jade y los hermanos se pusieron muy competitivos no obstante, lo que a Azul no se le iba a olvidar, era aquello estudiantes que estuvieron cerca y sus palabras…
"¿Ya viste a los gemelos Leech?"
"Son muy atléticos y altos"
"Si…dan un poco de miedo pero…son algo atractivos ¿no?"
"¡¿Qué?!"
"Piénsalo, si de acorralan entre sus brazos, o te llevan…te pueden cargar como una pluma…y son dos...¿Te imaginas? ¿Nunca has pensado estar con gemelos?"
"…tal vez tengas razón…además si…"
No, Azul no quizo escuchar más, sus ojos volvieron a ambos mientras jugaban y…debía admitirlo, se veían atractivos, sus cuerpos sudorosos, incluso Jade, que era más pulcro, parecía haber sacado su lado salvaje, ese que solo demostraba al cazar y ahora, junto a Floyd, eran solo ellos, brillando, agiles, llamativos, incluso en el mundo de las sirenas, siendo de una naturaleza especialmente bella, un espécimen fuerte era el más seductor y los gemelos lo eran…
Apenas notó cuando sus manos comenzaron a sangrar, el líquido viscoso que manchó su guante y cuando estos se acercaron, lo tuvo que esconder, pero la ira, la bilis, las ganas de atar a esas personas o a cualquiera que hablara de ellos en un contrato de silencio perpetuo y esclavitud no se iban, le recordaban al mar, cuando, muy a pesar de estar junto a estos, las demás sirenas murmuraban y susurraban ideas sobre aparearse con ellos, lo fuerte que sería su descendencia...
Todo eso solo aumentó sus ganas de atraparlos en su olla, envolverlos en sus tentáculos y que tuvieran sus marcas, que supieran a quien pertenecían.
Pero…
Azul no pudo hacer nada, dentro de sí, aún seguía siendo ese pequeño inseguro, llorando por compañía y con miedo a ser abandonado, rechazado, sabía que tal vez, en algún punto, ambos podían dejarlo si ya no era interesante a sus ojos y es por eso, que debía esforzarse más, ser el mejor y sobresalir, demostrarles que valía la pena.
Aunque, eso no evitaba que pudiera jugar con ellos como lo hacía ahora, era demasiado… entretenido.
Solo se detuvo cuando su mano se acercó al rostro del joven desconocido y en un momento, Floyd ya estaba a su lado, deteniendo la acción. Fue discreto sin duda, pero, podía sentir esa aura y esa mirada salvaje, estaba listo para atacar.
"Floyd, ¿No les dije que me esperaran?"
Notó la mueca de este y supo que el comentario no fue de su agrado pero, terminó solo por quejarse de manera infantil acerca de su tardanza, aquello le hizo molestar pues no le gustaba que le mintieran, que escondieran sus intenciones sin embargo no podía presionar, asi que, preparó un regaño y una amenaza tangible hasta que Jade llegó a calmar todo. A partir de eso la pelea y el regaño no se pudo evitar pero, logró su cometido.
Mientras regresaban al dormitorio sintió al Floyd cerca, su calor corporal que atravesaba la tela de su uniforme y Jade tomó su cintura con una fuerza que probablemente dejaría marcas.
No se quejó…pero presentía que algo sucedería esa noche, tal vez, su plan había funcionado, su instinto de atraer a los demás como bruja del mar le había llevado a eso, a su mayor recompensa.
