Episodio 8: After the heated battle

Adela despertó para encontrarse a sí misma tumbada en un mullido colchón, con las sábanas desordenadas bajo su espalda y con un pequeño haz de luz proyectándose directamente sobre su cara. Al parecer, eso la había sacado de su sueño.

Tardó unos segundos en empezar a procesar su situación ¿Dónde estaba? Lo último que recordaba era encontrarse en la vieja masía que actuaba como punto de reunión para la misión que le fue encomendada junto a Juan José Belnades, siendo curada por la hermana de este, Luisa, pero era evidente que ya no estaba allí.

Abrió completamente los ojos y enfocó la vista, sobre ella había una ventana con las hojas abiertas y la persiana cerrada, por cuyas rendijas se había filtrado la luz que la había despertado, en la pared a su derecha pudo vislumbrar un par de posters, y a su izquierda, pegado a la pared contraria, un escritorio hasta arriba de libros y papeles. Volvió a mirar los posters y reconoció en el más cercano: Un poster de Bon Jovi que se trajo de su lugar de entrenamiento.

Estaba en casa.

No era necesario preguntarse cómo había llegado allí, seguramente la hermana del hechicero la hubiera transportado alegremente en su imponente Jeep, aunque eso daba pie a otra pregunta ¿De dónde habría sacado su dirección?

¡En fin…! Si se daba la situación, ya la confrontaría al respecto, por ahora lo suyo era estarle agradecida.

Con este pensamiento se levantó, dándose cuenta de que sólo llevaba unas bragas y una camiseta, por lo que se apresuró a coger unos pantaloncitos de atletismo y una nueva muda del armario al lado del umbral y se cambió rápidamente, abriendo la puerta para salir al pequeño salón.

- ¡Hija, por fin! ¡Menos mal que te has levantado!

La potente voz que llegó a sus oídos provenía de una figura que asomaba por una puerta al otro extremo del salón, era una mujer bajita y algo rellena, de cabello corto rizado en una permanente, de color cobrizo, sus ojos almendrados rebosaban de bulliciosa energía, y llevaba un sencillo conjunto de pantalón y camiseta de andar por casa bajo el delantal verde.

- ¡Mamá! – dejó escapar la muchacha con alegría, aún somnolienta - ¿Cómo estás?

- Eso debería decirlo yo ¡Llevas dos días durmiendo! ¿Tan dura fue la misión?

- Pues… - dejó escapar un bostezo mientras se rascaba el abdomen perezosamente – fue chunga, la verdad – tardó unos segundos, hasta que por fin procesó lo que acababa de oír – Espera… ¿Dos días? ¿¡En serio!?

- Anteayer por la noche te trajo una chica rubia que decía ser de los Belnades – respondió la madre mientras regresaba a la cocina – Son las diez de la mañana ¿Te pongo el desayuno?

- Mamá, puedo hacerlo yo… - pensó en insistir, pero lo dejó, su progenitora podía ser bastante cabezona, y no le parecía mala la idea de que la mimaran un poquito – Bueno, va ¿Hay cereales con chocolate?

- ¡Claro! Te compramos un paquete el otro día.

Con una sonrisa, la luchadora alcanzó la mesa del comedor y se sentó. Redonda, de estilo antiguo, madera con barniz oscuro, aquella era tanto la mesa del salón como el lugar donde la familia se sentaba tanto para comer como para reunirse. Frente a ella se alzaba un mueble biblioteca con una moderna televisión sobre la que reposaba un reproductor VHS.

El mueble en sí mismo estaba cargado de libros de todos los tipos, colores y grosores, incluyendo varias enciclopedias. Parecería la clásica librería ostentosa que podía encontrarse en algunos hogares de clase media, de no ser porque los tomos que ocupaban sus estanterías no eran para nada comunes, y esto se debía a que los padres de Adela compartían ocupación con su hija: Cazadores de vampiros.

O, mejor dicho, la compartieron en el pasado. Miembros de una pequeña familia, no estaban lo bastante alto en la escala social de la hermandad como para recibir misiones con asiduidad, y el sueldo base era insuficiente para mantener una tercera boca que alimentar, por lo que ambos terminaron retirándose.

- Papá está trabajando ¿No?

- Son más de las diez, hija. Se agarra a trabajar en la obra a las siete.

Roberta, que así se llamaba la madre, volvió al salón con un bol bien cargado de arroz inflado chocolateado bañados en leche tibia que la muchacha acogió con entusiasmo. En el momento en que tuvo el cuenco bajo sus narices su cuerpo le recordó, por fin, la falta que le hacía un poco de alimento.

- Y bueno… ¿Qué tal la misión? – preguntó la mujer, sentándose en la mesa con su hija, en una silla apartada – tuvo que ser tremenda para dejarte así.

- ¡Oh, lo fue! – respondió Adela con entusiasmo – Hubo perros zombis, zombis, y… ¿Cómo se llamaba aquello? – Quedó pensativa, preguntándose qué podía ser exactamente la que una vez fue La mujer – Tengo que echar un vistazo en los bestiarios a ver si encuentro lo que es.

- ¿El qué?

- Pues parecía un zombi, pero sólo… formulaba un conjuro larguísimo, y atacaba con magia. Juan se tuvo que encargar de ella, yo me enfrenté al vampiro principal.

- ¿Un zombi que puede usar magia? – La luchadora se sorprendió por el tono de su madre, parecía genuinamente sorprendida – Hija, eso no es nada común.

- No… Yo tampoco creo que lo sea. Con Van Helsing nunca oí hablar de una criatura semejante.

Guardaron silencio, abandonándose las dos a la deliberación. Ahora que la habían mencionado, Adela no podía sacarse de la cabeza que La mujer parecía estar allí con el único propósito de potenciar a Lorenzo. Nunca había oído nada semejante, tenía que consultarlo con alguien.

- ¿Y tu compañero, por cierto? – preguntó Roberta, rompiendo el silencio - ¿Qué tal? ¡Cuando te dejamos en el aeropuerto no parecías muy contenta que digamos!

- ¡Oh! Pues…

El estridente timbre del teléfono la interrumpió antes de decir nada. Corriendo, se levantó y descolgó el auricular, hallándose el terminal sobre una pequeña mesita al lado de la puerta de su habitación.

- ¿Dígame?

- Buenos días ¿Es el domicilio de la familia Fernández?

La adolescente frunció el ceño con extrañeza. La voz al otro lado de la línea era joven, y estaba segura de que le sonaba de algo, pero no terminaba de…

- Pues… Sí, es aquí.

- ¿Está Adela disponible? ¿Puede ponerse?

- …Soy yo ¿Quién pregunta?

- ¡Que alegría oírte! Adela… ¡Soy Juan José Belnades!

- ¿¡JUAN!?

La madre, que observó el rango de expresiones de su hija desde el momento en que inició la conversación, no pudo reprimir la sonrisa al ver el rostro de su hija iluminándose.

- ¡Juan! ¿¡Cómo estás!? Lo último que recuerdo es que estabas hecho una piltrafa ¿¡Estás bien!?

- ¡Sí, no te preocupes! ¡Luisa me curó! He despertado esta madrugada ¿Cómo estás tú? ¿Bien?

- ¿Yo? ¡Perfectamente! Me he levantado hace unos minutos, estaba desayunando.

Paulatinamente, la muchacha se movía alrededor de la máquina, con el cable del auricular en la mano y su voz destilando a partes iguales nerviosismo, alivio y alegría.

- ¿Cómo notas tu respiración? ¿Está bien? ¡Tenías un agujero atravesándote el pulmón!

- ¡Ya te he dicho que estoy bien! Tu hermana me curó a mí también ¿Se llamaba Luisa? ¡Estoy como nueva!

- Menos mal…

- ¿Y tú? ¿Estás seguro de que estás bien?

- Perfectamente, ya te digo.

- Bien… - Su expresión cambió, tornándose seria – Oye, tengo una duda, estaba pensando en consultarla en los bestiarios que tengo en casa, pero… ¿Qué era exactamente La mujer? ¿Tú sabes algo?

En esta ocasión el hechicero no respondió inmediatamente, al contrario, Adela pudo escucharlo respirar largamente y con fuerza al otro lado del teléfono, pensativo.

- Te he dicho que me desperté de madrugada ¿No? – respondió al final – Lo he estado mirando. Lo más cercano que he encontrado es la zombificación mediante el rito haitiano, lo que habría permitido darle la orden de que recitara esa aria, pero…

- ¿Qué?

- Hizo mucho más que eso – explicó – ¿Recuerdas? Dentro del cortijo tuve que enfrentarme a su magia. Un simple zombi no puede realizar acciones tan complejas.

- ¿Entonces…?

- Hay formas – prosiguió – al menos en teoría. El cadáver podía estar siendo controlado mágicamente a distancia, o podría haber sido "programado"

- ¿Programado?

- En teoría – reiteró el muchacho – Tengo que mirarlo, le echaré un vistazo en estos días. Sea importante o no, la verdad es que tengo curiosidad.

Después de esto los dos quedaron pensativos, Adela incluso agachó la cabeza, ceñuda. En sus ocho años de aprendizaje nunca había oído hablar de zombis capaces de usar magia, a excepción de aquellos que eran movidos directamente por un chamán o nigromante cercano, siendo usados como simples marionetas.

En el fragor de la batalla no había pensado en ello, pero era demasiado extraño, y ahora que Juan José lo había sacado a colación… Podría ser importante.

Pero la misión había terminado, no merecía la pena devanarse los sesos ahora mismo. Ya tendrían tiempo de informarse.

- Por cierto… - articuló la muchacha al cabo de unos segundos - ¿Para qué has llamado?

- Eeehh… Pues, aparte de saber cómo estabas, quería decirte que ha llegado esta mañana una carta de la hermandad. Es un cuestionario, y parece que hay una pregunta que tenemos que responder juntos, así que quería preguntarte…

- ¿Sí?

- ¿Querrías formar equipo conmigo a partir de ahora?

- ¿Formar… equipo?

- Sí… Parece que no es sólo para nuestra primera misión. Podemos establecer equipo y trabajar juntos a partir de ahora ¿Qué me dices? ¿Quedaste satisfecha conmigo?

Sin darse cuenta, sonrió.

- ¡Claro! ¿Y tú?

- Por supuesto – respondió él – por eso te lo pregunto. Me gustaría luchar a tu lado de ahora en adelante.

Su sonrisa creció aún más.

- Lo mismo digo.

- Entonces… voy a dejarlo apuntado. Creo que tú deberías recibir la correspondencia en unos días, avísame cuando la tengas ¿Vale?

- ¡Vale! – se quedó congelada unos instantes, de repente pareció caer en la cuenta – Oye, Juan… ¿De dónde has sacado mi teléfono?

- ¿Eh? ¿No se lo dieron tus padres a mi hermana?

Silencio absoluto. Extrañada, Adela tapó el micrófono y le preguntó directamente a Roberta, recibiendo una confusa negativa.

- Mi madre dice que no ¿Eh?

Más silencio.

- Juan… No será esta una de esas ventajas de pertenecer a un clan ¿Verdad?

- ¡Nononono! ¡En serio, esto no es…! Me dio el número apuntado y… Dios ¡Yo la mato!

Ante el apuro del hechicero, la chica no pudo hacer otra cosa que ahogar una carcajada.

- Venga, va ¡No pasa nada!

- ¿Cómo que no? ¡Claro que pasa!

El resto de la conversación transcurrió entre las risas de una y las disculpas del otro. Al final coincidieron en ponerse en contacto de nuevo cuando Adela recibiera la correspondencia de la hermandad, sólo para caer en la cuenta después de que ella NO tenía forma de contactar con él.

Cuando por fin colgaron, pasaron unos buenos cinco minutos antes de que la sonrisa de la luchadora se disipara, momento que su madre aprovechó para preguntarle, suponiendo que su hija había regresado a su seriedad habitual.

- ¡Bueno! Seguramente pasará un tiempo hasta tu próxima misión ¿Qué vas a hacer mientras tanto?

- Pues… - Adela alzó la cabeza levemente, pensativa – Quiero ir a la Villaespesa a hacerme socia, si me acompañas, y me dijiste que han abierto un gimnasio nuevo ¿No? Me gustaría matricularme. Si tienen algún maestro de artes marciales federado querría hablar también con él.

- Hija, estudio y entrenamiento ¿Tan pronto después de volver? ¡Date un respiro! Lo del gimnasio y la Villaespesa lo podemos hacer luego la tarde. Venga, ve a darte un paseo o algo ¡Disfruta un poco!

Mientras tanto, al otro lado de la península, en Barcelona, un pensativo Juan José se dejaba caer en el mullido sofá al lado de la mesita donde descansaba el teléfono, había sido todo un alivio y una alegría escuchar la voz de su compañera después de cómo habían acabado ambos en el cortijo del fraile.

Dos días después de la misión – o eso decía el calendario – había despertado en su cama, en un piso que compartía con sus tres hermanos, Luisa, Alejandro y Rafael, en las orillas de la rambla de la ciudad condal.

Era una de las viviendas más amplias a las que se podía tener acceso en aquella zona, con una habitación para cada hermano, amplios salón y cocina con balcón-terraza al que se accedía a través de una puerta corredera de cristal con marco de aluminio y un hermoso recibidor.

Las paredes estaban empapeladas a partir del metro y medio de altura en casi toda la casa, combinando el blanco sencillo de la parte inferior con un empapelado estampado en un color celeste apagado con detalles en un tono más oscuro. Personalmente, el joven hechicero encontraba aquella coloración de pésimo gusto.

Aunque, a decir verdad, tampoco es que se viera demasiado, partiendo del inmenso mueble biblioteca que ocupaba la pared frente al sofá, llegando hasta el mismísimo techo, la vivienda estaba plagada de libros de todo tipo distribuidos en estanterías, estantes y vitrinas. Salón, pasillos, habitaciones… Se libraba la cocina, y a dios gracias.

Llevando apenas unas horas levantado después de una misión en la que se había llevado a sí mismo al límite, la visión de semejante cantidad de material de estudio le daba nauseas.

Suspiró, levantándose para dirigirse a su habitación y ponerse algo encima. Antes de partir a Almería había recibido orden de, a su regreso, dirigirse a la sede del clan Belnades y elaborar el parte de la misión, pero no tenía la más mínima gana.

Así que, con un simple pantalón vaquero y una camiseta negra con el logo de Queen, simplemente echó a andar.

Una vez en la calle hizo propósito de no pensar en nada hasta regresar al piso, probablemente a la hora de comer, si es que no decidía hacerlo fuera; tendría que hacer frente a su padre y su maestra a lo largo del día pero, por un rato, no quería ser un Belnades, sólo un chaval que iba a disfrutar de un paseo en una mañana de verano.

Se lo tomó con tranquilidad, caminando lentamente hasta llegar a la estatua de Colón, desde donde dio la vuelta para dirigirse al casco antiguo, sin ningún rumbo establecido.

Cuando se quiso dar cuenta, se había detenido frente a una tienda especializada en informática y contemplaba con avidez los últimos modelos expuestos en el escaparate, sus ojos se habían centrado particularmente en el Commodore 64, cuya distribución apenas había comenzado en el país.

Sólo tenía que echar mano de la pequeña caja de caudales empotrada de su habitación y podría comprarlo in situ, pero… ¿No lo encontraría Adela insultante?

Se llevó la mano a la barbilla mientras, ceñudo, se debatía acerca de qué hacer. Estaba allí de pie gracias a que su compañera le salvó la vida in extremis, quería hacer algo por ella, pero parecía ser bastante orgullosa y, además, no quería que pareciera que estaba alardeando.

- Creía que te interesaba más la Atari.

La voz femenina que sonó a su espalda le hizo pegar un respingo, alarmado, se dio la vuelta para encontrar allí a su hermana, de pie, vestida de diario y con una amplia sonrisa.

- ¿¡L-l-l-luisa!? ¿Qué haces…?

- Oh, ahora mismo hay algo de jaleo en la sede, así que he salido a despejarme ¿Mirando tu recompensa por la misión?

- ¿Recompensa? – el adolescente suspiró – Bueno, sí… Quiero darme un capricho, pero esto no sería para mí.

Adquiriendo su sonrisa un tinte de ternura, la Belnades se adelantó unos pasos, colocándose frente al escaparate junto a él.

- ¿Quieres que entremos y lo compremos? – preguntó – Llevo la chequera encima, tengo más que de sobra en mi cuenta corriente.

- No – respondió él, sin pensárselo demasiado – seguramente me lo tiraría a la cabeza, además… ¿No sería raro presentarse con algo tan caro conociéndola de hacer sólo una misión?

- Ooooooh… ¿Es para tu compañera? ¿Una misión y ya te ha hecho tilín?

- Qu… ¡No! E-es sólo que… Me salvó la vida. Quiero corresponderle con… algo…

- Bueno, según ella misma me dijo antes de perder la consciencia, tú se la salvaste a ella.

El hechicero guardó silencio ante esto. De cara a su hermana, quizá podría parecer que estaba azorado, pero su expresión se había vuelto sombría, no podía evitar pensar… Durante la batalla, tenía la sensación de no haber servido de mucho, especialmente cuando lograron sacar a Lorenzo de vuelta al patio de corrales y, para su frustración, tuvo que quedarse atrás, esperando un hueco para actuar de soporte mientras Adela se jugaba el pellejo en el cuerpo a cuerpo.

Su magia era demasiado lenta.

- Luisa… ¿Me entrenarías?

Aquello cogió de sorpresa a la joven, que miró a su hermano con incredulidad.

- Juanjo ¿Sabes lo que estás diciendo? – respondió – Te pasas el día estudiando y aprendiendo magia en la sede ¡No tienes tiempo para un entrenamiento suplementario! Además ¿Qué podrías aprender conmigo? ¡Ya eres un hechicero excelente para tu edad!

- No me importa quitarme un par de horas de sueño – replicó Juan con decisión – La magia que estoy aprendiendo es demasiado lenta ¡No puedo usarla de improviso ante un imprevisto! No puedo luchar junto a ella, así no.

Pese a que trataba de ocultarlo, su frustración era tan visible para Luisa como el sol en pleno día. Orgullosa de su hermano, le dio una palmada en el hombro.

- ¡Muy bien! – aceptó – Nos inventaremos cualquier excusa y te conseguiré algunos días para poder iniciarte. Mi magia es muy diferente de la tuya, hermanito, lo que sabes ahora mismo no te servirá de nada – Juan asintió con decisión, lo que hizo crecer su sonrisa más todavía - ¿Te vienes a comer? Han abierto un chino nuevo con muy buena pinta ¡Luego redactas el parte de misión en casa y ya se lo llevo yo al viejo!

- ¿En serio?

- ¡Venga hombre, que te lo has ganado! – lo tomó de la mano y lo arrastró acera abajo, alejándolo del escaparate - ¡Invito yo!

Aquella misma noche, en la sede de los Belnades, la puerta del despacho central se abría para dar paso a una Luisa Belnades cuya sonrisa se esfumó apenas sus ojos se cruzaron con los de su progenitor, que la esperaba paciente tras la mesa de caoba de su despacho.

- Te has tomado tu tiempo – espetó éste con frialdad a modo de saludo - ¿Dónde está Juan José?

- Descansando, donde debe estar – respondió ella con un tono igualmente hostil – Ha redactado el parte, y hasta eso me ha parecido excesivo.

Con desdén, lanzó una carpeta sobre la mesa y, antes de que el hombre llegara a tomarla para abrirla, se adelantó y dejó algo más sobre ella, un fardo que llevaba en la otra mano y cuyo contenido reveló inmediatamente: Un cráneo rojo.

- ¿Qué puedes decirme de esto, padre?

Los ojos de Malaquias, que así se llamaba aquel hombre de robótica indiferencia, se abrieron de par en par. Cuidadosamente, tomó el cráneo entre sus manos y lo observó con minuciosidad, no dejándolo de nuevo en la superficie hasta después de realizar algunas comprobaciones, tanto visuales como mágicas.

- Luisa ¿De dónde has sacado esto?

- "Esto", padre, es el cráneo del vampiro al que Juanjo y su compañera derrotaron en Almería.

- Imposible – negó él de inmediato – Tú sabes lo que representa un esqueleto rojo ¿Verdad?

- Por supuesto. Un esqueleto rojo es la prueba de que se ha intentado crear a un vampiro supremo de forma artificial, un Lord. Dime, padre ¿No era el Cortijo del Fraile un simple nido vampírico?

- Lo era. Lo hemos estado vigilando durante casi cinco años. Era sólo eso: Un nido.

- ¿Por qué he encontrado allí los restos de un Lord artificial, entonces?

La voz de Luisa, inquisitoria estaba cargada de inquina, sus ojos se clavaban en su padre como dos puñales.

- Sinceramente, Luisa – repuso el padre con un suspiro – No lo sé.

- ¡Y UNA MIERDA! – casi fuera de sí, la muchacha dio un puñetazo a la mesa - ¡Volví allí después de traer a Juanjo! ¿¡Sabes lo que encontré!? ¡Restos antiguos de un ritual de resurrección parcial! ¡Antiguos! ¡Ingredientes para diversos tipos de zombificación! ¡Un cadáver con runas y un aria oscura grabadas a cuchillo por todo su cuerpo! ¡Y esto! – señaló la calavera - El cortijo del fraile estaba bajo nuestra vigilancia ¿¡Y no tenías ni idea de esto!? ¿¡Tú, el jodido patriarca de los Belnades!?

- Luisa, te aseguro que no…

- ¡TU HIJO PODRÍA HABER ESTIRADO LA PATA ALLÍ, MALDITA SEA! ¡ME LOS ENCONTRÉ A ÉL Y A SU COMPAÑERA PRÁCTICAMENTE MUERTOS EN EL PATIO DE CORRALES!

Después del chorreo la Belnades quedó allí, con el puño aún sobre la mesa, jadeando, furiosa, lanzando a su padre una mirada acusadora.

- ¿Crees que habría mandado a Juan José a una empresa suicida sin ninguna experiencia?

- Creo muchas cosas de ti, padre ¡No me tires de la lengua!

Contra lo que pudiera esperarse, estas palabras no alteraron en absoluto al patriarca, que continuó la conversación con normalidad.

- Nuestras informaciones sobre el cortijo del fraile decían que era un nido en formación, los informes raramente aportaban novedades, asigné esta misión a Juan José a través de la hermandad de la luz porque me pareció una buena prueba para sus capacidades.

- ¡Pues felicidades, porque ha superado tus expectativas! Entre él y su compañera se han quitado de encima a dos zombis rabiosos, una marioneta y un Lord vampírico artificial malogrado.

- Hablando de su compañera… - con parsimonia, Malaquías tomó la carpeta que Luisa había dejado en el escritorio y se reclinó en su asiento - ¿Hizo Juan José lo que debía? ¿La desafió?

- Lo dejé allí y me fui, no lo sé.

- ¿Desobedeciste mis órdenes, Luisa?

- Tiene quince años, no cinco, puede cuidarse él solito.

- Debiste haberte quedado. Era importante.

- No, no lo era, y si me hubiera quedado y él te hubiera hecho caso, le habría parado los pies de inmediato. Juanjo es un buen chaval, deja de intentar corromperlo con tus mierdas despóticas.

Tras este último intercambio se hizo el silencio, Luisa no quería seguir hablando y, para su padre, la conversación parecía haber terminado. Después de esperar un par de minutos sin que ninguno dijera palabra, finalmente la Belnades se volteó para encaminarse a la puerta.

Casi había cruzado el umbral del despacho cuando la voz de Malaquías la detuvo.

- Luisa…

- Lo que sea que tengas que decir, que sea rápido – lo apremió ella sin darse la vuelta – tengo sueño y hambre, y esos tres estarán esperando para cenar.

Escuchó a su padre exhalar aire largamente, parecía meditabundo, o… ¿Apesumbrado? Nah, no podía ser.

- Si hubiera sabido lo que había allí de verdad no habría enviado a Juan José. Es un activo muy valioso para el clan, nunca lo mandaría a morir a sabiendas.

- Esa es una respuesta tan propia de ti que estoy dispuesta a creerte y todo ¡Un activo! – suspiró con irritación, girando después el torso para dirigirse a él directamente – Si estás diciendo la verdad, abre una investigación cuanto antes. Tenemos un topo en el clan.