DEATH SPIRAL


TRES: VACIO


Mimi miró su celular por última vez antes de meterlo en su bolso, ya se cumplían 4 semanas que no sabía de Yamato. El había simplemente desaparecido.

Por lo que había escuchado de su entrenador (lo pilló al teléfono cuando iba camino al baño) el rubio se había ido a casa de su hermano menor y Mimi los conocía lo suficiente para saber que si llamaba a Takeru, él no le diría en donde se encontraba su ex novio.

Yamato la había bloqueado sin ningún miramiento. Ella lo trató de llamar algunas veces y ésta caía directo al buzón de voz y sus mensajes nunca llegaban a destino.

No lo lograba entender qué había hecho ella para merecer que la ignorasen de esa forma, después de haber estado en todos los momentos importantes de los últimos años, a su lado.

Odiaba llegar a su casa y encontrarla vacía, recuerdo de que tenía dos padres que adoraban viajar. Llegaba a su hogar directamente a su dormitorio y de allí salía solo para tomar una ducha para vestirse e ir a entrenar. Que era lo que iba quedando en su vida.

Esa pista de patinaje era todo lo que quedaba. Era el único lugar en donde se sentía ella en plenitud, donde se sentía útil, feliz de poder practicar lo que más amaba en el mundo y, ahora, agradecida de tener una pareja como Taichi.

Él era, el mejor compañero que pudo haber encontrado, luego de Yamato, por supuesto; la escuchaba (y eso era decir bastante porque Mimi sí que hablaba), la consolaba cuando algo no salía bien y la instaba a seguir practicando. Nunca la dejó caer en todos los meses que llevaban practicando, por tanto, la confianza que habían construido entre los dos era bastante sólida.

Era el amigo que nunca había tenido, porque su vida había girado desde temprana edad alrededor de Yamato.

-¿Tienes planes para mañana?

Mimi dio un respingo al notar la presencia del moreno detrás de ella. Se estaba colocando ya las zapatillas y sus patines descansaban a su lado.

-Descansar… supongo – dijo aburrida. Mañana era domingo y era el único día que tenía de descanso. Aunque siendo sincera, Mimi no tenía descansos desde hace varios meses gracias a la rutina "secreta" que llevaban practicando ambos.

-Vendré a entrenar – sonrió Taichi, pero no la contagió ni un poco. Él se levantó para poder sentarse al lado de la chica que estaba totalmente ida - ¿Quieres que te pase a buscar? – preguntó dándole un empujón a su hombro con el propio.

Mimi lo miró de reojo y automáticamente se contagió con su sonrisa.

El Yagami tenía de esas sonrisas contagiosas, ella podía estar muy molesta, pero llegaba Taichi a su lado sonriendo y Mimi pareciese haberse bebido un jugo de optimismo.

-Vamos – el moreno volvió a empujar su hombro – viene con invitación a almorzar.

-¿Pizza? – la trigueña ya había aceptado. ¿Por qué Taichi tenía ese poder?

-Pizza – confirmó y los dos salieron del gimnasio camino a la estación.

Taichi se encargaba cada día de irla a dejar, tenía que admitir que desde que había roto con Yamato el tenía acceso a tiempos a su lado, que antes no tenía.

Eran cinco minutos a la estación, pero cada día él aprendía algo diferente de ella.

Sabía que Mimi amaba el color rosa y que todos sus trajes tenían ese color sin excepción, también sabía que los momentos en los que no estaba practicando estaba viendo videos en Youtube de presentaciones de otras parejas de patinaje, para seguir aprendiendo, que le gustaba cocina pero que no le gustaba cocinar solo para ella, sabía también, que no veía a sus padres hace más de un año y que no le gustaba vivir sola, en realidad, a Mimi no le gustaba la soledad. Taichi supo que siempre olvidaba sus guantes cuando iba al gimnasio (por eso el Yagami siempre andaba con unos extras), que le encantaban las hortensias azules y que, aunque nunca se lo dijo directamente, Yamato había sido el único hombre es su vida.

Quizás por eso, le costaba tanto olvidarlo.

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-Es bonita.

Takeru Takaishi el hermano menor de Yamato observó a Hikari mientras tomaba algunas fotografías de las flores que su madre tenía en el balcón.

La castaña se había hecho muy amiga de Yamato, que en esos instantes trataba de sacar unos acordes de su guitarra eléctrica, tanto que la invitó a cenar con él y su hermano debido a que la madre de los dos estaba realizando un reportaje en Hokkaido.

-Tú a todas las encuentras bonita – comentó el rubio rasgando las cuerdas.

-Quizás… - y rió de forma pícara - ¿Hikari quieres jugo de piña?- La chica volteó asintiendo – No hermano, ella es bonita – confirmó antes de irse a la cocina por el refresco.

-Yamato – habló la Yagami - ¿Estás seguro que puedo quedarme hoy?

-¡Claro! – contestó él mirándola de soslayo – puedes dormir en el cuarto de mi madre. Takeru y yo tenemos el nuestro.

-Además – el rubio menor volvía raudo a entregarle el jugo a la única chica presente – podemos ver películas.

-Tengo que avisarle a mi hermano…

El hermano, pensó Yamato, el hermano que es el perfecto patinador, el que se llevaba los aplausos de su padre todos los días. No había día en que el hombre no llegase con noticias de lo bien que estaba el moreno, que con Mimi estaban haciendo una pareja de esas que no había visto en años.

Por eso Yamato se fue, para no oírlo y de paso no saber de Mimi. Muchas veces quiso llamarla para pedirle que conversaran y aclarar su situación. Pero, en verdad, no había nada de qué hablar. Él había tomado una decisión de estar solo por un tiempo. Necesitaba aclarar su cabeza.

"Yamato, el daño es irreversible. Si bien tuviste un mejoría en los inicios. Mi consejo, como tu doctor, es que ya no puedes practicar más de forma profesional"

Una de las cuerdas de la guitarra se rompió por la presión cuando el rubio recordó las palabras que lo terminaron por quebrar.

Era otro de los motivos por los que quería estar solo, no era capaz de mirar a Mimi y decirle que él ya no podía ser más su compañero de entrenamientos y campeonatos. El sueño para él se había acabado.

Le exigió a su padre que no dijese nada. No quería la lástima de nadie.

Y tomó un par de pertenencias y se fue donde su madre y hermano.

-¿Qué es eso? ¿Te caíste?

La voz de Takeru desde la cocina lo sacó de su transe.

-Me caí en el ensayo de un programa corto.

-Debió ser doloroso.

-Takeru – el Ishida mayor había llegado donde estaban los dos y con un movimiento de cabeza, le pidió al menor no seguir preguntando. Hikari lo notó.

-No, no te preocupes – dijo ella girando al Takaishi – Mi hermano tropezó con algo en el hielo, yo iba sobre él. Caí con todo el peso sobre mi rodilla y Taichi al querer evitar que fuera peor trató de no trastabillar, pero fue inútil cayo sobre mi rodilla y… bueno sufrí de rodilla hiperextendida, me rompí los ligamentos, los cartílagos. Tengo implantes es por ello la cicatriz.

-¡Demonios! – Takeru tenía los ojos abiertos de la sorpresa – debió dolerte muchísimo.

-No más que no poder patinar nunca más profesionalmente – miró de reojo a Yamato que la entendía totalmente - ¿Qué película veremos primero? – preguntó sonriendo, Hikari sabía que ponerse triste por esa situación, era echarle la culpa a Taichi.

Y ella amaba demasiado a su hermano, como para hacerlo cargar con esa culpa.

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-"Tadaima"

Taichi se sacó los zapatos con cuidado antes de entrar en el departamento de Mimi.

Habían comenzado a hablar de platos que no les gustaban, siguieron con platillos internacionales favoritos y terminaron con una invitación de la castaña a su hogar para la cena.

"No quiero cenar sola de nuevo" Le había dicho.

-Arroz y curry – mencionó inspeccionando las cosas que tenía en la alacena y el refrigerador – lo siento, creí tener más alimentos.

-Arroz y curry es perfecto – sonrió el moreno.

Mientras Mimi hacía sonar los platillos y las ollas en la cocina, el Yagami se encargó se inspeccionar el hogar al cual había sido invitado.

Estaba impoluto, se notaba que no vivía una familia allí. Muy diferente al caos de la suya. Los patines por acá, las fotografías de Hikari más los experimentos alimenticios de su madre y la alegría de su padre hacían de su departamento una locura.

Este en cambio, estaba frío y no era porque fuese invierno, sino que estaba frío por ausencia de personas en él. Sabía que si pasaba su mano por algún mueble, ésta quedaría llena de polvo. Las cortinas estaban cerradas y estaba seguro que llevaban meses así.

Sintió un poco de pena por su compañera.

-¿Taichi me puedes alcanzar eso? – y por "eso" se refería a un condimento que estaba fuera de su alcance debido a su altura.

-Claro.

El moreno se acercó a donde estaban los condimentos y Mimi quedó "atrapada" entre la cocina y él.

Debía no serle extraño estar tan cerca de Taichi. En los entrenamientos estaban MUY cerca, se tocaban.

El "pero" era que siempre había gente alrededor. Ahora no.

-Gracias – Mimi sintió el perfume de Taichi de forma distinta cuando éste le entregó lo pedido.

-¿Necesitas algo más?

¿Algo más? Negar que el moreno le era indiferente y que lo veía solo como su compañero de patinaje, era decir que nunca quiso a Yamato.

Desde hace tiempo que sentía el pecho punzar cuando Taichi la tocaba, la acariciaba mientras ensayaban.

Desde aquella vez que sus labios se rozaron.

-No lo sé – respondió cruzando sus pupilas con las de él.

-¿No… lo sabes? – Taichi estaba nervioso y no podía evitarlo.

Se quedaron allí unos minutos más.

Ninguno parecía querer alejarse del otro

Taichi no tenía experiencia en esto del amor. De hecho Mimi fue la primera mujer que lo hizo sentir aquello de lo que las personas enamoradas hablan.

Amaba cada entrenamiento, porque la podía tener cerca. Aunque la excusa fuese era una medalla de oro.

Y fue él quien tomó la iniciativa, despacio fue encorvándose para poder llegar a su altura. Si no era ahora que estaba sola y Yamato seguía desaparecido, no sabía cuando iba a ser.

Mimi dejó el condimento sobre la cocina y sus manos las guio sobre los brazos de Taichi, generándole cosquillas en el estómago al sentir que subían lentamente hasta llegar a su cuello.

El beso llegó a pausas, suave. Se sentía como el primer beso, pero no había torpeza sino que era delicado.

Para cuando Taichi profundizó el beso Mimi colgaba de su cuello y él la aprisionó en un abrazo que no dejo espacios entre ellos.

Se separaron a los minutos, cuando necesitaron mirarse nuevamente y decirse que no estaban soñando.

La trigueña lo tomó de la mano y lo llevó hasta su dormitorio.

No importó el desorden, de todas formas ellos pretendían dejar el lugar en peor estado.

El Yagami se fue posicionando de forma lenta sobre ella que tumbada sobre la cama se fue deshaciendo de la ropa que molestaba. No había prisa, era algo extraño pensó Mimi porque cuando fue su primera vez con Yamato, todo fue descontrol. En cambio, Taichi, parecía ir tanteando cada vez el camino para llegar a la meta.

Ella no esperó más, primero le quitó el cinturón del pantalón y luego siguió con su camiseta. Taichi se apretó contra el cuerpo menuda de la Tachikawa y ella sintió todas las ganas que tenía el moreno de hacerla suya.

Se besaron con un poco más de desesperación, hasta que la desnudez llegó a ellos.

-Yo nunca he hecho esto – confesó Taichi después de largos minutos de juego.

-No es difícil – rió Mimi.

-No es eso… es que…

Ella lo cayó con otro beso.

Sabía que no era complicado.

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Voy a terminar mis historias inconclusas, lo prometo! XD

Tenia el capitulo a medio hacer y lo termine