DEATH SPIRAL


CUATRO: DESEO


Taichi sintió que la piernas de Mimi treparon hasta su cintura haciendo un nudo a su alrededor. Él la empujó contra los casilleros mientras arremetía con cansancio pero al mismo tiempo con una impaciencia propia de quien prueba el sexo por primera vez.

Desde aquella vez en el departamento de la trigueña que no podía pensar en nada que no fuera tenerla así, gimiendo, susurrando su nombre despacio para que no los escucharan desde afuera de los camerinos.

El Yagami apresuró el ritmo y enterró sus uñas en los muslos de chica para sentirla más suya. Poco a poco el compas perdió el control y aunque, si bien, no suspiraban sus nombres el ruido de la espalda contra el casillero era tan escandaloso que varios competidores pasaban de largo y se iban a otro camerino a cambiarse.

Mimi lo besó ahogando su voz frente al clímax que llegaba y para cuando sintió a Taichi llegar éste le mordió su labio inferior levemente para poder controlar los espasmos.

La respiración de los dos demoró varios minutos en menguar.

-¿Crees que nos hayan escuchado? – Mimi rio divertida, pero su rostro se tornó preocupado cuando vio al moreno acercarse una vez más a ella para colocarla contra el casillero numero 20 y subirle otra vez la falda que ocupaban en los ensayos.

Taichi había descubierto su adicción hace poco más de un mes y no podía, ni quería parar.

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Las competencias estaban a la vuelta de la esquina, quedaba una semana y todo en la pareja Yagami-Tachikawa iba de mil maravillas.

Hiroaki, su entrenador, estaba totalmente sorprendido con la afinidad, coordinación y la belleza en cada uno de los movimientos de los dos patinadores. Incluso le habían mostrado un programa que había sido hecho por ambos y, aunque le costó admitirlo, era mucho mejor que el que él había diseñado.

-Esta bien – les dijo un par de días después de la presentación – tengo que admitirlo, es un programa muy ambicioso y muy bueno. Pueden ocuparlo para su programa libre.

Ambos rara vez se equivocaban en la pista y el hombre supo que su compatibilidad en el patinaje había pasado del hielo a otros niveles. Era el mismo que mostraba la trigueña con su hijo después que empezaron a salir.

Él por supuesto no tenía intenciones de contarle a Yamato. Él aún tenía esperanzas que él y la Tachikawa volvieran a patinar juntos, más ahora que luego de una tercera opinión médica le habían dicho que los anteriores diagnósticos habían estado errados, su pierna no estaba tan mal, solo necesitaba fisioterapia especial y unos medicamentes – bastante caros – para que no sintiera ninguna molestia en el hielo.

A pesar de todo, quien acompañaba por esos días al rubio Ishida era ni más ni menos que la hermana de Taichi. Ambos se habían vuelto muy buenos amigos o quizás más, él pasaba muy poco tiempo en casa y las veces que estaba Yamato dejaba alguna nota que estaría con su hermano menor o que regresaría muy tarde.

Yamato no quería saber nada de los entrenamientos y su padre tampoco le contaba. De hecho sus prácticas supervisadas las realizaba en un gimnasio anexo, más pequeño y en los mismo horarios de Mimi y Taichi. Para estar seguro que no se toparía nunca con ellos.

Hiroaki Ishida creía que era bastante inmaduro por parte de Yamato hacer eso y que debería mostrarle los avances a Mimi, pero su hijo hasta había botado una foto en el podio donde se mostraba a la trigueña y al rubio celebrando el oro en juveniles.

¿Qué era lo mejor?

¿Hablar con ambos? O ¿simplemente dejarlos alejarse más y más?

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Mimi se estaba vistiendo por segunda vez en su dormitorio. Taichi yacía desnudo sobre su cama bastante cómodo y casi esperando que apareciera una nueva oportunidad de ellos dos.

-Estoy muy cansada… ¿Acaso tu no? – rio peinándose el cabello para que quedara ordenado.

-Quizás…

-¡Lo hemos hecho ya tres veces! – le reclamó tirándole un cojín - ¡sin contar las otras en los camerinos!

-No me canso de ti – dijo sin pensarlo y se sonrojó de inmediato.

-Yo tampoco – le dijo Mimi con una sonrisa tierno. Se acercó a él y le dio un beso en los labios muy corto. Pero Taichi la atrapó con sus brazos y ésta cayo sobre él.

-Te quiero, Mimi.

Ahora fue el turno de ella en sonrojarse.

La Tachikawa se sentía muy bien con él, le gustaba, claro que si… pero ella quería a otra persona.

De tanto pensar en aquello, fue en un abrir y cerrar de ojos, pero ya tenía al moreno sobre ella haciendo camino entre sus piernas.

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El flash de la cámara hizo que Yamato entrecerrara los ojos perdiendo el ritmo de la canción que trataba de sacar en la guitarra.

Hikari le sacó la lengua sintiéndose culpable del acto.

-Te ves bien – le dijo mostrándole la foto en la pequeña pantalla – serio, pero bien.

-Concentrado – le corrigió volviendo los dedos a las cuerdas para luego rasgarla, pero otro flash lo hizo detenerse.

-Lo siento, lo siento – la Yagami se sentó en el suelo frente a él.

-¿Puedo ahora?

-sí, sí… no más fotografías por ahora – y fue la mentira blanca del día porque el rubio no alcanzo ni a acomodarse la guitarra cuando ella sacaba una tercera fotografía.

-Tu te lo buscaste…

Yamato se levantó dejando el instrumento apoyado en la silla en la que estaba, Hikari al ver sus intenciones salió corriendo rauda por el departamento del chico. Ella se pudo contra el sillón y al otro lado el rubio le hacía ver que no iba a escapar de él fácilmente.

-Se lo diré a Takeru – bromeó la castaña tratando de salir por la derecha.

-Hazlo… - dijo y tras unos minutos pudo atraparla en sus brazos desde la cintura.

Hikari era mucho más menuda que Mimi, era divertida, comprensiva y se había transformado en un apoyo increíble para Yamato. Quizás porque ambos habían pasado por una situación muy parecida y porque era ella quien lo acompañaba a las sesiones en el hospital y era ella quien patinaba a su lado - a pesar del dolor – cuando el tenia prácticas para volver a las pistas.

Extrañaba a Mimi, seria un mentiroso si negara esa realidad, pero Hikari le entregaba el consuelo de una agradable compañía.

En un par de ocasiones de había metido al gimnasio donde practicaba con el hermano de su amiga y odio cada vez que lo hizo. Ellos se estaban acostando. Lo podía notar, lo podía intuir, porque el sabía como se comportaba Mimi cuando eso ocurría.

Y la sangre le hervía porque él mismo la había dejado ir cuando la echó de su vida y cortó todo tipo de relación.

La quería de vuelta… pero y ¿si ella ya no?

-¿Yamato?

La voz de Hikari lo trajo a la realidad, aun la abrazaba por la espalda y las manos de la chica se cerraron tímidamente sobre las de él.

El Ishida no le respondió, la volteó lentamente mirándola, examinando sus mejillas rosadas, su cabello liso y corto. Su figura delgada la fue haciendo caminar hasta chocar suavemente contra la pared que daba a su dormitorio.

Sintió su respiración entre asustada y ansiosa.

-Hikari…

Ella tembló sin saber muy bien porqué cuando Yamato pronunció su nombre y más aun cuando notó que su rostro iba bajando directo al suyo.

-¿Yamato? – dijo en un hilo de voz antes de unir su boca a la de él.

Suspiró en su boca y ambos abrieron paso a sus lenguas que se enredaron una y otra vez. Hikari llevó sus manos a su brazos, acariciándolos, subiendo por sus hombros y bajando por su pecho hasta quedar a la altura del estómago, muy cerca del límite entre su camisa y su piel caliente.

Yamato, fue un poco más lejos y metió sus manos bajo la camiseta de la chica para tocar su piel desnuda, subió hasta toparse con la parte trasera de su sostén y por respuesta, se llevó otro suspiro.

El rubio estiró su mano abriendo la puerta que separaba la sala de estar con la de su dormitorio.

Cayeron contra el colchón. Hikari con sus ojos cerrados al notar que los besos que empezaron en su boca, caían por su cuello, por el escote de la camiseta, seguían por su estomago y se detenían en sus piernas. En el límite de su falda.

Él la miró desde allá abajo.

-Hikari… - la llamó y ella se tapó el rostro - ¿Puedo?

Sus piernas tiritaban, pero sin saber a qué se refería en un ciento por ciento, asintió.

Yamato se deshizo de su ropa interior e introdujo su rostro dentro de aquella falda. En cuanto ella sintió su lengua haciendo círculos dentro de su entrepierna, ahogó un gemido de placer al sentir aquello extraño pero increíblemente exquisito.

Cuando después de unos minutos y cuando su respiración ya llevaba un rápido galope, su mano, sin querer, fue a dar a la mesa de noche; golpeando el teléfono de Yamato y sin querer marcó un numero…

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La trigueña despertó por el ruido de la vibración de su celular en la mesita junto a su cama. Taichi dormía abrazado a ella por la espalda y parecía al fin haberse cansado – al menos por un par de horas – tomó el aparato y su corazón comenzó a bombear con fuerza al ver que Yamato estaba al otro lado.

Mimi se levantó con cuidado y fue hasta el baño para atender.

De lo cual más tarde se arrepentiría.

-Ya.. mato – gimió una voz conocida haciéndola sentir una angustia horrible.

Volvieron a mencionar el nombre de su ex novio con fuerza.

-Esto recién comienza, Hikari… - La voz de Yamato, el tono de voz de Yamato.

La trigueña se hizo un ovillo dentro de la bañera mientras sus lágrimas se mezclaban con las dos personas al otro lado de la línea.

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Abrazos para todos