Primavera Perdida
XIV
Los ojos de Sansa miraron a Ser Ciffer como si no lo reconociera. Lo cierto es que, además, tampoco le había entendido. En el ruido del salón, las palabras del muchacho se habían mezclado con la música y las risas. Aun así, la espalda se le heló. No tenía sentido.
—¿Qué? — repitió consiente de la urgencia y frustración de Ser Ciffer al verse completamente sobrepasado. El muchacho suspiró y la cogió con suavidad del brazo para alejarla en lo posible del ruido y Sansa se dejó hacer.
Sus pasos resonaron contra el embaldosado de Altojardín, los muros llenos de retratos de los antiguos señores del Dominio les siguieron en absoluto silencio mientras que a cada paso el ruido de las festividades era intercambiado por los susurros de los sirvientes, muchos los miraron preocupados, pero continuaron su camino.
Sansa reconoció a Merei entre ellos, la mujer le miró extrañada y se detuvo antes de entregar una bandeja con postres de frutas y limones a uno de los mayordomos, quién también los observó con atención. Sansa despidió a ambos, pero cuando la muchacha volvió sobre sus pasos en dirección a las cocinas, su ceño se mostró fruncido.
A Sansa le pareció que silenciosa le preguntaba si es que estaba bien. Y ella por toda respuesta, solo asintió.
— La reina ha apresado a mi señor Tarly junto a un norteño — y entonces el escalofrío aumentó.
— ¿Por qué?
— Dice que mi señor Tarly ha conspirado con ese norteño — Sansa negó, nada de eso tenía sentido.
— ¿Dónde lo han llevado? — Ser Ciffer parpadeó.
— La reina ha tomado para si la tienda de la Casa Rykker, mi señora — Sansa tragó con molestia.
— ¿Quién ha visto esto?
— La mayoría de los señores, mi señora — aquello era lo peor, la discreción en estos asuntos era esencial para actuar sin contratiempos, Sansa suspiró y su atención fue desviada por una de las muchachas de la cocina — Janna — la llamó, la muchacha entregó su bandeja a otro mayordomo y se inclinó cuando fue con ella — id con Fanelle y decidle que vaya por lord Baelor Hightower y su hijo, así como por Lady Sabrina Merryweather, que todos me esperen en la entrada del castillo — Janna asintió y echó a correr en cuanto le diera la espalda — Ser Ciffer seguidme — el muchacho obedeció y Sansa no reaccionó en lo absoluto cuando ambos llegaron a sus habitaciones, sin cerrar la puerta o esperar doncella alguna, Sansa comenzó a desvestirse para cambiar su atuendo.
Dejó de lado los colores vivos y primaverales de Altojardín y, en cambio, cogió el marrón de la casa Tarly, y una suave capa gris con huargos bordados en su ribete. Salió de su habitación trenzándose el cabello rojo y dejándolo caer sobre su hombro derecho.
— ¿Ha dicho la reina el por qué le ha acusado?
— No, mi señora.
— Y a este norteño ¿has podido verlo?
— No, pero todos le llamaban Ser Robb — aquello le congeló, aunque solo por unos segundos. Desde la muerte de su hermano en la Boda Roja, muchos niños norteños pasaron a llamarse Robb.
"Sabes que no son niños…"
Quizás más de un hombre o muchacho que peleara por el norte en la guerra de los cinco reyes, con el pasar de los años cambió su nombre como una forma de honrar al Rey en el Norte.
"Sabes que es Jon…"
No dijo nada, en aquel momento la prioridad era ver lo ocurrido con su esposo. La imagen de Dickon esa mañana, mirándole indescifrable y lleno de paciencia, se coló en su cabeza. Le había preguntado sobre los preparativos y ella, cansada, le había hablado de estos con todo detalle. Dickon tenía los ojos de Allen, y a veces no soportaba mirarlo.
En aquel momento esa imagen parecía lejana, desvaneciéndose en medio de los campos cercanos a Colina Cuerno, en donde su esposo y su hijo solían perderse cabalgando tardes enteras.
Ella había tratado de hacer lo mismo, había querido entrar en aquel entorno de caballeros solo para demostrar que era capaz. Pero no lo era, el pony de su hijo se había asustado y en las orillas del Mander había caído en medio de las gruesas raíces de un árbol tan viejo como el mundo.
Sansa había visto al pony caer y a su hijo desaparecer, solo un pequeño grito y el silencio los rodeo. Cuando el pony comenzó a gemir de dolor un escalofrío le recorrió la espalda.
"Allen siquiera lloró…"
El solo recuerdo le ahogó y cuando llegó a las afueras del castillo debió apoyarse en marco de la entrada para recuperar la compostura. Ser Ciffer le auxilio de inmediato.
—¡Mi señora! ¿os encontráis bien? — Sansa asintió y lo alejó en cuanto pudo.
—No ha sido nada — dijo. Y Ser Ciffer retrocedió.
A sus pies la agitación era palpable, caballeros corrían de un lado a otro y Fanelle se le acercó con el aliento entrecortado. La muchacha le asintió con calma y le extendió su brazo el cual Sansa cogió.
Las antorchas se movían de un lado a otro y las ordenes se daban en tono urgente, aunque sin gritos. El ambiente era tenso y Sansa agradeció que Fanelle le acompañara. Tras ella salió un grupo de hombres y señores de capas blancas y pañuelos rojos, el emblema de la casa Hightower se hizo visible en el patio y Lord Baelor se inclinó suavemente ante ella.
— Nos habéis requerido, mi señora — Sansa le sonrió y respondió con una reverencia.
— Mi señor, necesito de vuestra asistencia para aclarar un asunto con la reina.
— Mi señora, estoy a vuestras ordenes ¿Se trata de la detención de Lord Dickon? — Sansa asintió sin mostrarse sorprendida, a esas alturas era natural que, habiéndose realizado dicha detención a la vista de todos, muchos señores ya supieran de lo ocurrido.
— No se me ha informado nada sobre ello y quiero conocer las razones de la reina para semejante actuar — Lord Hightower asintió y llamó a su hijo.
No había sido una selección al azar, la casa Hightower había desoído el llamado de Daenerys de presentar sus respetos a los nuevos señores del Dominio; ella y Dickon, y solo cuando la reina se apersonó junto a Jon consiguieron que esta los reconociera. Y en un afán de mantener a sus señores vasallos y posibles aliados, lo más cerca posible. Sansa, en cuanto tomaron posesión de alto jardín solicitó ayuda de las casas más importantes para la administración del Dominio. A Lord Baelor, Dickon le encargó la construcción de una flota, para a cuál con su ayuda habían conseguido que, desde Puerto Blanco, y como una ofrenda de reconciliación la casa Manderly les enviara dos dromones de guerra bautizados como Lord Leyton, el viejo señor de Antigua y Lady Alerie, quién muriera después de sus hijos Margaery, y Ser Loras.
Además, Sansa había tomado a la hija de Ser Garth Hightower "Acerogrís" como su doncella particular, lo que le permitía a la muchacha elegir entre los mejores prospectos, no solo de las tierras del Dominio, sino de los Siete Reinos. Adicionalmente le había devuelto a Lady Denysse, las tierras que su hermana Lady Alerie aportara al matrimonio contraído con el difunto Lord Mace, así como devuelto todas las joyas, armaduras y espadas de la casa Tyrell a cada uno de sus antepasados sobrevivientes y actualmente se encontraba en construcción un mausoleo y jardines que honraban la memoria de los desaparecidos señores de Altojardín.
Aquellos gestos le habían granjeado a la buena voluntad de los señores de Antigua, pero desde luego eso no había sido lo único. El resto lo había conseguido el comercio, la justicia y por sobre todo gestos como el actual, el involucrar al actual Lord Baelor en una situación de importancia que podría o no desafiar a Daenerys, y más aún, hacerlo visible ante la actual reina.
Con Lady Merryweather ocurría algo similar, pero considerando que la muchacha había salido beneficiada y su lealtad era con Daenerys, llevarla consigo implicaba de manera indirecta apoyarse en los criterios de la reina, y por tanto parecer mucho menos confrontacional, a que, si acudiera, por ejemplo, solo con lord Baelor.
Lady Sabrina se acercó al grupo ya sobre su caballo, un frisón de andar elegante de un purpura intenso que brillaba al reflejo de las antorchas, en silencio asintió a modo de saludo y Sansa le respondió de la misma forma.
— Lamento molestaros, mi señora — dijo Sansa una vez estuviera sobre su corcel, a lo que esta volvió asentir.
— Estoy para serviros — dijo solemne y seria.
No hubo más intercambios en el camino, a su lado Ser Ciffer y Fanelle le seguían el paso, mientras que Lord Baelor y su hijo, Ser Preston eran acompañados por una comitiva mayor. En ese aspecto Sansa no dijo una sola palabra. Dejaría que lord Hightower diera muestras de su poder, ciertamente que no intimidaría a Daenerys, al menos no de una forma convencional, pero si le haría considerar las cosas un par de veces, en el peor de los escenarios.
"¿Por qué piensas en ella como si fuera una enemiga?"
Por supuesto que lo era; había apresado a su marido. Y era posible que también a Jon.
Llegar a la tienda de Lord Rykker fue relativamente fácil, puesto que los inmaculados y los dothrakis que siempre acompañaban a la reina eran demasiado visibles a su gusto. Ahí donde estuvieran con sus pieles marrones, y cabellos largos se contrataban de inmediato con la marcialidad de los eunucos.
Gusano Gris fue el primero en acudir hacia ella, y sus hombres se abrieron paso a medida que él avanzaba.
— Mi señora — dijo sin prestar atención a sus acompañantes — por favor, seguidme — Sansa asintió y mirando a Lord Hightower y Lady Merryweather les hizo un gesto para que le acompañaran. Gusano Gris no se opuso, y lord Baelor dejó a su hijo con sus hombres en la entrada.
Las luces se encontraban bajas, al entrar en la tienda, lo que la hacía parecer una extensión del exterior sin todo el ruido, velas encendidas y diseminadas sin orden alguno, como si recién se estuviera ordenando ese lugar. También había agitación ahí, aunque mucho más silenciosa. A Sansa le recordó la corte de desembarco del Rey, el salón del trono aquella vez en que suplicó por la vida de su padre.
Daenerys estaba sentada en la mesa principal y la acompañaban Missandei, un dotrhaki al cual no reconoció y Lord Rykker. Este al verla le hizo una reverencia y le sonrió con gracia. Sansa contestó con una leve reverencia y cuando fijo la vista en Daenerys, ésta ya se encontraba esperando su gesto.
— Os habéis apresurado, mi señora — dijo la reina esgrimiendo un gesto elegante y tranquilo.
— Mi reina — se inclinó Sansa — las noticias han sido alarmantes, y decidí comprobarlas por mí misma — Daenerys se levantó y dirigió sus pasos hacia otra mesa en la cual había bocadillos.
— Ciertamente lo son — dijo, mientras parecía buscar entre las frutas dispuestas algo de su gusto — he atrapado a vuestro esposo junto a Jon, conspirando en secreto — aquellas palabras le parecieron un golpe. No lo había querido, pero de todas maneras se sintió como una niña estúpida. Su corazón se alteró, al igual que su respiración.
—¿Qué pruebas tenéis de ellos Majestad? — preguntó y le pareció que su voz salió más chillona de lo que hubiera deseado. De todas maneras, la reina actuó con calma cuando se giró hacia ella.
— Ya os lo he dicho, los he atrapado conspirando — esa respuesta pareció confundirla.
— ¿Conspirando para que majestad? ¿Contra vos?
— ¿De qué otro tipo habría? — Sansa suspiró y trató de calmarse antes de decir nada más. Sabía que había más gente en la tienda, solo que en la oscuridad no le era posible vislumbrar quién. Imaginó que se trataba de Dickon, o Jon y le angustiaba pensar que no podían o no debían hablar.
Respiró profundamente.
— Lo lamento, majestad, pero no puedo creeros. Conozco bien a mi esposo, y él sería incapaz de tramar algo contra vos. Siempre os hemos sido leales — en aquel momento Dany le miró divertida y sonrió condescendiente.
— ¿Creéis acaso que miento? — Sansa negó.
— Solo que podéis haber malinterpretado algo, alguna situación en la cual debieran ver asuntos que no os competían, majestad.
— Todos los asuntos de los siete reinos me competen, mi señora. Más si en uno de ellos se encuentra involucrado la única persona que puede reclamar un derecho superior al mío a trono de hierro. ¿Acaso no habéis escuchado como muchos señores susurran de mi a mis espaldas? ¿Qué me llaman asesina, conquistadora? y no con la admiración con la cual hablaban de Aegon, sino como una tirana, que la razón por la cual estoy maldita es por haberme encamado con mi sangre como los Targaryen siempre lo hicieran — en aquél momento Dany se acercó a ella, su vestimenta de color vino oscuro y engarces de plata en su cintura en donde estaban tallados sus dragones, así como su cabello absorbían la luz de las velas y brillaban a cada paso que daba como pequeñas llamas danzantes en la oscuridad. A Sansa le pareció que las sombras de la reina se extendían por toda la tienda, como si se trataran de fantasmas.
Sansa recordó lo que su septa le había dicho de pequeña.
"Los hombres siempre hablarán, directamente o a escondidas. Desearán lo que no les pertenece porque lo creen suyo por derecho propio. Serán groseros y violentos, una dama noble no responderá a chismorreos o acusaciones falsas más que con dignidad y justicia…"
— Majestad — le dijo Sansa — de seguro sabéis que es por que desean lo que vos tenéis. No pudieron derrotaros por las armas, así que os hacen la guerra con las palabras, pero os doy fe que Dickon jamás actuaría de esa forma, además… — carraspeó — majestad, no se atrevería a conspirar contra nadie, menos contra vos en vuestra presencia — Dany parpadeó y Sansa vio algo parecido a la duda en sus ojos.
— Ciertamente se le pueden culpar de muchas cosas a Lord Tarly, aunque no de ser un estúpido — Sansa vio como la reina dirigía una mirada al fondo de la tienda y supo de inmediato que quién ahí se encontraba era Jon — ¿Y por qué creéis mi señora que vuestro esposo y vuestro hermano tendrían algo de que hablar?
Sansa negó.
—No lo sé majestad. Quizás si pudiera hablar con mi esposo — Dany alzo una mano y Missandei se acercó a ella.
— Zyri, kostagon ündegon toliot, Tyrion e´pagon zyri* —Sansa vio a Missandei abandonar la tienda y luego Dany le miró — Si vuestro esposo no está involucrado en nada, no deberéis temer. Sin embargo, debéis entender que en mi posición todo acto sospechoso implica una posible traición, por tanto, debo ser el doble de precavida y no dejar nada al azar. ¿Comprendéis mi señora? — el tono de Dany le resultó conciliador y tranquilo. Sansa asintió.
Esto no era Desembarco del Rey en su juventud, personajes como Varys y Meñique habían muerto años atrás y los consejeros de la reina, a excepción quizás del pentoshi, y el mismo Tyrion eran quienes más proclives podrían ser a sospechar sobre Dickon y sus posibles intenciones.
Cuando Missandei se retiró Daenerys se volteó hacia ella.
—Ya hemos hablado, mi señora — le dijo, Sansa fijó la vista en sus acompañantes que tras la reina le miraban a ambas con atención — y agradezco todas vuestras gestiones para mantener la paz del reino cuando yo me encontraba indispuesta, sin vuestra ayuda no habríamos conseguido lo que tenemos ahora.
— ¿Por qué entonces dudáis, mi reina, de mi esposo? — sin su ayuda, nada de esto podría ser posible.
— Dais demasiado crédito a Lord Tarly, mi señora. También he hablado con él y ciertamente que no se equivoca al decir que es más soldado que señor. Vuestro plan de llevarlo a Desembarco del Rey como Mano, ambas sabemos solo es una máscara para que podamos reinar juntas. No dudo de la capacidad de Lord Tarly como señor, pero claramente la vuestra es superior como gobernante.
Sansa negó. Jamás había pensado en que le daba demasiada importancia a Dickon sobre cómo llevar el Dominio. Pero tampoco estaba dispuesta a negar que sin su compresión y tolerancia todos sus deseos se hubieran podido materializar.
— Os equivocáis, Majestad. Mi señor esposo, tiene la capacidad de entender y ver más allá de lo que uno es, es comprensivo y buen trabajador. Yo solo elucubre mis deseos, pero él los llevó a cabo.
Cuando Sansa alzó la vista, Daenerys le sonreía y el fuego de las velas, titilaba en sus ojos como si fuera una niña.
— Admiro vuestra lealtad y el amor que profesáis por vuestro señor — en aquella ocasión Sansa no dijo nada, le parecía que se acercaba a una trampa — siempre me habían dicho que los Stark eran fríos, pero supongo que se trata solo de algunos Stark — en aquel momento Sansa se atrevió a acercarse a ella y Dany, en un gesto completamente natural le extendió sus manos.
— Mi señora — dijo en voz baja — las voces que me siguen hablan y hablan de conspiraciones y traiciones — los ojos liliáceos de la reina brillaron nuevamente — me dicen que mire a mis aliados y enemigos, a los que comparten mi cama y a aquellos que me han abandonado. Solo quisiera confiar en alguien ¿sois vos? — Sansa asintió nerviosa y llena de la sensación de cumplir con su deber.
— Por supuesto mi reina — fue lo único que pudo decir. Dany le sonrió y su rostro le pareció lleno de ternura. Luego de eso le soltó y retrocedió.
— Veamos que noticias tenemos mañana, mi señora. Pero estad tranquila. Llegaremos al fondo de esto.
Sansa le sonrió y asintió en partes iguales. Dany procedió a abandonar la tienda. Y antes de retirarse le habló.
— Quizás queráis hablar con vuestro hermano — aquello le apretó el estómago — si tenéis suerte quizás despierte — el rostro de Dany señaló al fondo de la tienda y Sansa buscó en medio de las sombras a Jon.
No fue posible verlo de inmediato, pero cuando su vista ignoro la luz de las velas, una visible una figura pálida sobre algo parecido a un camarote.
Cuando se acercó las sombras parecieron retroceder y, como si lo encontrara en medio de la neblina, las facciones de Jon se fueron perfilando. Entonces se le hizo clara la visión de su rostro alargado y claro, no tenía cejas, pero aún así fue capaz de verle el ceño fruncido. Sansa acercó un pequeño taburete y se sentó a su lado.
Aquello le hizo recordar la ocasión en la cual lo veló, después de la batalla del amanecer.
No había espacio en los salones de Invernalia para cobijar a todos los heridos. Sansa abrió entonces las criptas, con ayuda de todas las manos disponibles, incluso las de ella, acomodaron las caballerizas, las perreras en donde Ramsay había muerto y todo espacio que tuviera techo y muros para resistir el frío.
Ella y Arya tardaron cerca de cuatro días en recorrer el camino de vuelta desde Último Refugio hasta Invernalia, ellas habían resistido ahí. Y en el camino fueron recogiendo a todos los sobrevivientes que encontraran de la resistencia al avance, mientras que las noticias de Jon se habían perdido un día antes de que los muertos llegaran hasta ellas. Aquello le había dicho que Jon había muerto en el Nuevo Agasajo, donde él junto a Daenerys se habían desplegado junto a los inmaculados y dothrakis, con la idea de sesgar tantas fuerzas como fuera posible. No existía seguridad de que todos los muertos fueran directo hacia Invernalia, por tanto, para Jon resultó estratégico que las fuerzas de estos se fueran reduciendo en lo posible.
Al llegar a su hogar la vista había sido aplastante. El que fuera su hogar humeaba y desde sus muros parecía caer agua, lodo y sangre como si fueran las lágrimas de la fortaleza. En Invernalia habían muerto Ser Jaime Lannister a quién dejó en lo más profundo de las criptas cubierto en nieve y hielo con la firme intención de devolver su cuerpo al Oeste, su tío Edmure que había acudido en su ayuda una vez ellas fueran a Último Refugio se debatía entre la vida y la muerte, junto a su principal escudero y varios de los señores de las Tierras de los Ríos, Lord Blackwood había perdido uno de sus brazos, pero caminaba en medio de los patios como si nada le hubiera ocurrido, al segundo día las fiebres le atacaron y no duró más de dos horas antes de morir, Lord Bracken le sobrevivió y cuando casi un año después se organizo el regreso de los cuerpos a sus hogares este le escoltó.
En tanto, las nevadas hacían casi imposible el poder ver, incluso a metros de distancia, incluso dentro de los patios de Invernalia. Y mientras los días pasaban, era aún más increíble o difícil el creer que Jon regresaría con vida.
Y ella había estado desesperada, día con día alguien más fallecía, ya fuera por el frío, por alguna herida infectada y ella que nada sabía de curaciones, había tenido que correr de un lado del castillo a otro por horas y días interminables, ayudada de Missandei, Sam, Arya y Gilly, más las pocas hermanas silenciosas que acudieran, organizando a los cadáveres, llevándolos a hacerle compañía a Ser Jaime, ayudando en las cocinas a que estas siguieran funcionando para proporcionar la sopa, único alimento que les quedaba, a todos quienes pudieran beberlas.
Las fuerzas se le acababan y se sentía sucia y hambrienta. Al llegar al salón principal de Invernalia, este apestaba a orines, mierda y sangre. Siete hileras de heridos llorando, quejándose y sollozando se extendían frente a sus ojos y sentía que no podía hacer nada; todas las habitaciones disponibles para llevar heridos estaban llenas, las de sus padres, la que compartiera con Arya, la que fuera de Rob y la de Jon. Ella y Bran y Rickon se habían acomodado en las habitaciones cercanas a las cocinas, junto a al personal remanente y ahí, por turnos trataban de descansar.
Pero es mañana, al ser testigo de una muerte lenta y llena de sufrimiento entre todos aquellos que murieron defendiendo su hogar. Realmente sintió que no podría más.
Y afuera las ráfagas de viento y nieve eran cada vez más violentas.
Habían pasado diez días con sus noches, desde que ella y Arya llegaran a Invernalia. Y pensó seriamente que lo mejor habría sido morir, no tenía los medios o recursos para atender a todos los heridos, no tenía la fuerza o habilidad para ayudar con sus heridas, la comida pronto se acabaería y luego se seguiría el fuego.
Quizás habían sobrevivido al Rey de la Noche, pero él no era el invierno, y este avanzaba sobre ellos imparable y continuo. Y no había espada alguna o guerrero que pudiera contra él.
Entonces fue cuando ella escuchó a los dragones sobre el castillo, los cristales del salón principal reverberaron con el azote del viento, pero aquello había ocurrido todos esos días en medio de la tormenta, fue el calor el que le dijo que algo más ocurría. Y el exterior de inmediato comenzó con un ajetreo mayor.
De inmediato salió a los patios del castillo, en donde la gente corría y la sensación externa de alivio era tan palpable como contagioso, vio a la gente reír y celebrar y sobre su cabeza veloz como un relámpago el dragón negro voló, de pronto incluso la tormenta parecía detenida y cuando subió a los muros del castillo vio una larga columna de hombres, salvajes, inmaculados, caballeros y dorthakis caminando en dirección a Invernalia.
Los vientos de la tormenta seguían tratando de mantener su fuerza, pero algo le decía a Sansa que aquello ya había pasado, hace poco la peste de la muerte le había contaminado las fosas nasales y ahora el exterior había alejado aquel aroma intercambiándolo por esperanza.
—¡Abrid las puertas ¡— grito — ¡Ayudadles! — y ella misma corrió hacia la entrada, sintiéndose cada vez más ligera.
Gusano Gris era quién lideraba la marcha y se mostraba impertérrito y serio como siempre. Sansa no lo dudó.
— ¡¿Mi hermano?! ¡¿La reina?! — y Gusano Gris le asintió.
Estaban vivos, ambos. Y mientras ella estaba tratando se sacarle información al inmaculado, vio como Arya pasó de ella para buscar entre los recién llegados a Jon.
Lo traían en un camastro pobremente armado, arrastrado por el salvaje Tormund. Quién en cuanto la vio le llamó, no tardaron en ubicarlo con aquellos que estaban más graves, junto a la reina que herida había dirigido la marcha de vuelta a Invernalia sobre los lomos de Drogón y que solo se permitió desfallecer cuando aterrizaran en el patio principal de Invernalia.
Drogón dejó que Missandei y Gusano Gris la ayudaran a descabalgar para retomar el vuelvo. En ese momento ordenó que la trajeran junto a Jon, y los acomodó a ambos en las habitaciones que fueran de sus padres.
Los sentimientos que nacieron en ella al vivir todo aquello le hicieron comprender mucho más de lo que había creído. Pasar de la total desesperanza a la alegría eufórica de saber a Jon vivo, más los celos y el egoísmo de saber que ella jamás sería tan importante para él como lo fuera Daenerys.
Habían cruzado la muerte juntos y habían sobrevivido. Se había prometido uno al otro ante el árbol corazón y si sobrevivían a sus heridas cerrarían aquel compromiso con el renacimiento de la Casa Targaryen.
Era una oda épica, al amor a la voluntad de vivir. Era la magia vuelta a nacer frente a ella; Daenerys la última de su casa, sobreviviente en medio de la tormenta que completaba su nombre, madre de Dragones, Jinete de Dragones, rompedora de cadenas, había conseguido que Dothrakis, una raza cruel y poderosa siguiera a una muchacha pocos años mayor que ella, una muchacha que había destruido ciudades crueles y esclavistas que habían tenido miles de años antes de que ella siquiera diera su primer respiro en este mundo junto a Jon, el último de su casa, escondido por su padre para evitar la furia de un rey ya extinto, su medio hermano, su hermano bastardo, aquél que había enfrentado las penurias del Muro, aquél que había conocido el verdadero norte y amado a una salvaje, uno que había luchado junto a gigantes y salvajes que lo honraban como a uno más y que los había traído a su lado para recuperar su hogar; Jon, su hermano que había muerto y el dios rojo le había traído de vuelta a la vida.
Las canciones sobre ellos vivirían por generaciones cuando no quedara nada más que su polvo. Pero su canción, la de la señora de Invernalia, si es que alguien deseaba hacer una, sería insignificante al lado de semejante poema.
Y era lo mismo que veía frente a si en ese momento, Jon tan oscuro y aún vestido con las ropas grises de los Stark de Invernalia, llenas de suciedad y sangre que las volvían negras, mientras que Dany, con su cabello de plata incluso sucio, más su abrigo blanco hacía un contraste perfecto y tan complementario que no podía ser menos que uno para el otro. Los dioses así lo deseaban, y ella era solo un ser humano común.
Y le pareció tan triste que al verlo en aquel momento entendiera cuanto era lo que sentía por Jon, su "hermano". Reconocer aquel amor, para tener que de inmediato despedirse de él.
Como aquella vez Jon parecía murmurar palabras y cuando Sansa le llevó las manos a su frente supo que la fiebre se apoderaba de su cuerpo.
— Mi señora — escuchó tras de si para ver a Lord Hightower — pondré a mis hombres a resguardaros fuera de esta tienda, la reina lo ha autorizado, así como Lord Rykker — Sansa asintió.
— Muchas gracias, mi señor, pedidle, por favor a Lady Merryweather que informe a Ser Ciffer — Lord Baerlor asintió y se encaminó a la salida de la tienda en donde Sansa vio como daba sus instrucciones a Lady Sabrina. La muchacha le miró y le asintió dando una pequeña reverencia antes de salir y despedirse.
— Sansa… — y la vos de Jon le devolvió su atención a él, cuando giró el rostro este se topó con su mano extendida, la cual al igual que su frente ardía — Sansa… — repitió.
— Jon — contestó ella cogiéndole de la mano.
— Lo lamento — dijo con la voz seca. Sansa negó ¿Qué sacaría con reclamarle ahora? Solo perturbarlo aún más.
En vez de eso respondió.
— Tienes fiebre ¿estás herido? — Jon asintió.
— Participé en el torneo y Ser Meyer mi hirió esta mañana — Sansa lo conocía, era un caballero que había venido de Antigua junto a Fanelle y ahora servía a su esposo.
— ¿Qué estabais pensando? — preguntó ella, aunque no esperaba ninguna respuesta, miro a la oscuridad a su alrededor, como si de ahí pudiera oír las palabras que estaban en su corazón —la reina piensa que estáis conspirando junto a Dickon, ahora él está detenido — en aquel momento soltó su mano y Jon con dificultad se incorporó.
— Por favor, perdonadme, no quise… en serio Sansa, no desee tra…
— Basta Jon — dijo ella fría y firme — no digas nada, más allá de lo que desearais o no, el problema ya está, si tan solo… — se llevó las manos a la frente y apoyó sus codos en las rodillas.
Jon trató de tocarla, pero ella le esquivo. Ahora se sentía intranquila y cada vez más el enojo comenzaba a apoderarse de su interior. No necesitaba nada de eso. Solo estar tranquila junto a su señor esposo y a Allen.
"Chiquilla estúpida, Allen se ha ido"
Y el recuerdo la golpeó como cuando quiso salir del castillo de Altojardín. Solo que en ese momento no se permitió ceder y cuando volvió a mirar a Jon sus pensamientos parecieron alinearse.
—¿Qué hacéis acá Jon? — fue lo único que preguntó.
—Deseaba veros, extrañaba veros… —aquello le hizo negar.
—¿Cómo podéis ser tan infantil? ¿Os dais cuenta de lo que habéis provocado? Mi señor esposo esta detenido por vuestra imprudencia — y eso la llevó a levantarse molesta, no notó cuando Jon quiso volver a cogerla del brazo, pero en cambio solo rozo la tela de su vestido.
Cuando se volvió hacia él, Jon se levantaba. Se veía pálido y enfermo pero sus ojos eran los mismos, a diferencia de los de Dany no reflejaban las luces de la tienda.
— Estáis demasiado herido para levantaros Jon, por favor descansad — él negó y volvió a mirarla.
— ¿Cómo puedo descansar si os he traído esta tormenta Sansa?
— La reina cree que conspiráis en contra de ella — suspiró — si no es así nada debéis temer — y se sintió tonta al escuchar esas palabras saliendo de ella. Pero se recordó una y otra vez que la corte de la reina Daenerys Targaryen no era la de Cersei — de momento, descansad, Jon debéis estar fuerte para cuando os interroguen, pediré que os atienda un maestre y os traeré comida — Jon suspiró y Sansa vio como es que una sonrisa triste cruzaba su rostro.
Era tan parecida a la que luciera en su matrimonio.
— ¿Por qué sois así? — aquello le hizo fruncir el ceño.
— No quiero que nada malo os pase, después de todo nos criamos como hermanos, nos conocemos de hace tanto… no puedo permitir que nada malo os ocurra.
— Deberíais castigarme como esa vez en el bosque de los Dioses — Sansa recordó sus palabras y nuevamente se sintió miserable.
— No digáis eso, estaba molesta con vos. Y aquello me hizo alejarme al punto de que fui incapaz de preguntar por vuestro pequeño. Eso fue cruel.
—Lo preferiría ahora — incluso en medio de las sombras Sansa pudo notar que Jon sufría — vuestra preocupación solo me da esperanzas y cuando me tratas como a tu hermano solo las destruyes — quiso levantarse, pero ya fuera por debilidad o torpeza tropezó.
Sansa se adelantó, completamente traicionada por su cuerpo y corazón para sostenerlo y Jon la asió como si su vida dependiera de ella. Y la fiebre parecía salí por cada parte de su cuerpo, en sus brazos Sansa sintió el calor, en su espalda y el halo que salía de su boca era cálido. Debió ceder poco a poco hasta el suelo, puesto que no podía con su cuerpo.
"Debo ayudarlo…"
— ¡Soldado! — llamó — ¡ayuda! — gritó, cuando miró hacia la entrada un muchacho vestido con la librea de la casa Rykker la miraba con atención — por favor traed un maestre, ¡ahora! — el muchacho asintió y cuando Sansa volvió la vista a Jon este le miraba con los ojos velados.
— Solo quería veros Sansa, solo quería veros… — repitió.
En Invernalia, una vida entera atrás, Jon la había abrazado y besado la corona de la cabeza. Y de pronto sintió que solo aquello podría devolverle la vida que se había ido cuando Allen murió. Pero Jon estaba muy débil. Y ahora su preocupación debía ser Dickon.
"Ahora yo, debo rescatarle..."
Solo cuando el maestre llegó y le ayudaron a alzar el cuerpo de Jon, ella pudo alejarse. Los vio desvestirlo y colocarle compresas frías en el cuerpo, sobre la frente y en los pies. El maestre se acercó a ella y le dijo del estado de su hermano, Sansa lo escuchó sin prestarle atención. La figura de Jon cortaba toda vista de oscuridad a su alrededor y ella no podía dejar de verla.
Enojo, comprensión, molestia y la sensación que de salir de aquella tienda estaría actuando contra su propio ser. Sin embargo, lo hizo. Debía ver a su esposo. Debía ver a Dickon.
"Debo verlo... debo verlo"
*Podrá verlo, solo después de que Tyrion le interrogue
Saludos a todos.
Perdón la demora, si has llegado hasta acá, favor colabora con un rewiew. Además de ser fan de ellos, es la única retroalimentación que tengo sobre como va esto.
Por otro lado, comencé otra historia de GoT (espero no sea larga) la cual es un JONSA y JONERYS que muestra mi visión de lo que hubiera ocurrido si Jon no hubiera dado muerte a Dany. Espero les interese y lo vean, así como dejen también el correspondiente review.
Muchas gracias.
Saludos, again.
