Un íncubo
(AU)
"—Mira, ahí está el chico nuevo—"Decían las voces de toda Kadic al ver llegar a William en su primer día.
El chico había llegado a la academia casi a mitad de curso y su actitud a veces brabucona no ayudaba, pero podía soportarlo. Llegó a clase rápidamente y tomó asiento en el primero libre que vio, un rato después se sentó una chica alta y pelinegra a su lado, sus instintos despertaron al verla. No era precisamente un chico normal.
—¿Eres el nuevo? —Preguntó la chica con curiosidad. William asintió—Me llamo Yumi—
—Soy William—Se estrecharon la mano. Se miraron a los ojos, William sonrió—
—¿Por qué en este punto del curso? —
—Me echaron de mi antiguo instituto por hacer movidas—Respondió con serenidad, podía ver en la puerta un chico que al pasar le miró con rivalidad, aunque lo terminó por ignorar—
—Bonita pulsera—Le dijo. Sí, tenía una pulsera metálica en la mano derecha, un recordatorio que venía precisamente del infierno—
La clase comenzó rápidamente y el profesor, que también el tutor, lo presentó a toda la clase que parecía indiferente a él, algo que le parecía el mejor escenario posible. Las clases de la mañana terminaron y salió al patio.
—¿Vienes a la cafetería? —Preguntó la nipona, William se quedó en silencio mientras pensaba—
—Quizás luego—Tomó la mano de Yumi, lo que le provocó un escalofrío—
—Estás frio—William sonrió soltándole la mano. Separaron sus caminos. El muchacho se perdió entre algunos solitarios pasillos de la academia para pensar la situación, pues su naturaleza lo ameritaba—
—Necesito alimentarme… de esa chica—Se dijo a si mismo. Él era un íncubo, un demonio legendario que se alimenta de la energía que succiona de mujeres durmientes al tener sexo con ellas. Necesitaba cambiar de lugar cada poco tiempo por los estragos que podía causar al hacerlo, pero Kadic parecía un buen lugar para comenzar algo grande—
Volvió a donde estaba, entrando a la cafetería a buscar algo de comer y pasó por el lado de la mesa donde estaba Yumi encontrándose con una chica de pelo rosa que le resultaba muy llamativa, era bonita y… joven.
—William, te presento a mis amigos—Soltó Yumi nada más verlo, presentándose a cada uno, centrándose en Aelita, aunque sin llamar demasiado la atención.
Las clases terminaron a eso de mitad de la tarde y por fin pudo marchar a su habitación nueva, ya se había instalado el día anterior. Cerró la puerta de la habitación y soltó un suspiro mientras sonreía con picardía. Dejó sus libros sobre la mesa del ordenador y comenzó a hacer sus deberes. Terminó y no le quedó más remedio que salir de su habitación, apenas estaba oscureciendo y quedaba bastante rato a que las chicas se fueran a dormir. Nada más salir por la puerta del edificio de las habitaciones se encontró con una pareja volviendo, eran Jeremy y Aelita, quienes se pararon a saludarlo.
—¿Qué tal hasta ahora? —Preguntó Aelita animada—
—Nada mal, apenas es el primer día—Respondió—¿Y vosotros? —
—Bien, no nos quejamos todavía—Respondió Aelita—¿Dónde vas ahora? —
—Iba a recorrer la academia un rato—Respondió. Tras eso se despidió de la pareja y siguió su rumbo. A mitad de trayecto se encontró con otra persona que lo saludó de forma insistente—
—¿Eres William? —Preguntó una voz femenina, al girarse pudo ver quien era—Soy Sissi, la hija del director—
—Si, el mismo—Respondió—Otra más—Pensó—
—Eres bastante guapo—Le dijo—Háblame un poco sobre ti—Se sentaron en un banco en medio del patio. William le contó una historia inventada de donde venía, que se resume básicamente en él viniendo del extranjero al ser expulsado del instituto, pues la verdad era ligeramente diferente, lo habían expulsado porque tenían sospechas que él había abusado y asesinado a una de sus compañeras, pero no tenían muchas pruebas y cuando quisieron culparlo desapareció—Nos vemos después—Se despidió Sissi luego de un rato, dejando a William vagando por la academia hasta que, cuando se decidió ir a la cafetería porque era hora de cenar, dos chicas unos años menores que él se le acercaron, una llevaba una cámara de video en sus manos—
—¿Eres el nuevo? —le preguntaron por enésima vez en un día—Soy Milly, ella es Tamiya—
—Si, ¿Queréis grabarme o algo? —Preguntó de primeras—
—Un reportaje para el periódico del colegio respondió Tamiya—Lo asediaron con bastantes preguntas sobre de donde venía y por qué sobre esa época del curso, preguntas que ya había contestado tantas veces en un solo día que las respuestas ya eran bastante genéricas. Al terminar la entrevista las vio marchar mientras sonreía y se grababa sus caras para disfrute personal, si no se cuidaba cualquier podrían tacharlo de pervertido y eso terminaría por exponerlo demasiado.
Entró a la cafetería justo a tiempo para cenar algo rápido en solitario. Cuando volvía a su habitación decidió subir hasta el piso de las chicas para saber si tenía alguna de sus víctimas cerca. Por desgracia cuando subió solo vio a una chica entrar a su habitación, la pelirrosa, pero en ese momento apareció Jim.
—Dumbar, no sé que haces aquí, pero no es hora—Le amonestó en voz baja—
—Lo siento, no lo sabía—Se dio media vuelta y volvió a su habitación, relamiéndose los labios, tenía en mente a su primera víctima, aunque no iba a atacarla todavía, Jim lo había visto y posiblemente estuviera vigilando por el resto de la noche si aparecía por ese pasillo. Decidió descansar esa misma noche.
En la mañana despertó y se fue a duchar, agua caliente para su cuerpo, frio de naturaleza, era una buena manera de comenzar el día. Cuando llegó a la cafetería para desayunar se encontró con Yumi sentada con sus amigos, la saludó y se sentó en una solitaria mesa. Llegó la hora de ir a clase.
—¿Qué tal te llevas con los chicos? —Preguntó Yumi al sentarse a su lado—
—Aún no me he hecho amigo de alguno—Respondió rápidamente. No le molestaba hablar con ellos, pero por su naturaleza demoníaca debía mantenerse al margen—
—No creo que te puedas llevar mal con ellos —Las clases fueron sencillas—
Para suerte de William un profesor les había dejado un trabajo grupal para hacer como deber en casa y su compañera era Yumi, lo que mejoraba enormemente las cosas para saber donde vivía ella sin necesidad de preguntar como un interesado.
—¿Hacemos el trabajo hoy? —Preguntó Yumi—Aunque tengamos una semana es mejor dejarlo listo cuanto antes—
—Me parece buena idea—
Marcharon a casa de Yumi, pudiendo notar por el camino como Ulrich los veía a la distancia salir de la academia. Entraron y saludó a los presentes, poco después marcharon a la habitación de la nipona y se encerraron ahí.
—Bonita habitación—
—Estilo japonés—
Comenzaron a hacer sus deberes sin mayor preocupación mientras hablaban entre ambos.
Casi a la hora límite, William marchó a Kadic y llegó justo a tiempo para cenar.
Esa misma noche, quizás algo tarde ya para la ocasión, el muchacho salió muy sigilosamente de su habitación y fue directo al pasillo de las chicas, viendo como estaba Jim dormido como un ser totalmente imperturbable, así que con el mayor silencio posible lo rodeó y entró a la habitación de la pelirrosa, pues recordaba bastante bien cual era; Para su buena fortuna se la encontró dormida bocabajo ligeramente destapada de la cobija, así que cerró la puerta y la aseguró con cuidado.
—Es todo un sueño—Susurró al odio de Aelita al mismo tiempo que se sentaba sobre sus piernas después de quitarle la cobija completamente. La pelirrosa iba a vivir la experiencia como un sueño del que no iba a poder despertarse hasta que William no se marchase de ahí—Dame tu energía—Dijo al tiempo que le alzaba el camisón que usaba como pijama y le quitaba la ropa interior. Tanteó con los dedos para intentar sacar algo de información; su victima era virgen, lo que la hacía un objetivo muy suculento y valioso, sobre todo.
Se desabrochó el pantalón mientras abría ligeramente las piernas a la pelirrosa, quien parecía estar intranquila durmiendo, pero no podía hacer nada por despertar de ese sueño. William, sin quitarse ninguna prenda, liberó su frio miembro de su ropa y lo acercó a Aelita, rozándolo con suavidad para humedecerlo mientras introducía el glande poco a poco, notando como entraba con menos presión con cada ligera estocada. Fue poco a poco mientras con le sostenía las manos desde las muñecas a la pelirrosa. Llegó un momento donde hizo un poco más de presión y soltó un suspiro, logró introducir todo su miembro con una suavidad tal que no le hizo mayor daño a ella, ni siquiera vio que algo de sangre saliera.
Notaba como con cada leve movimiento de su cadera, con su miembro siendo estimulado por el interior del sexo de Aelita, absorbía energía vital de ella. Le liberó las manos y apoyó las suyas en el colchón mientras movía su cadera cada vez más rápido y cada vez más fuerte. Quizás uno de sus objetivos fuera inseminarla, pero no quería correr el riesgo… de momento. Subió su ritmo mientras sentía los golpes de su cuerpo contra el de ella hasta que sintió como el cuerpo de la pelirrosa se contrajo y soltó un suspiro, un momento después, y ya siendo suficiente a sabiendas de que le podría pasar a Aelita si seguía, retiró su miembro y tras estimularlo un poco se corrió sobre un pañuelo que traía encima. Volvió a vestir a la pelirrosa y rápidamente y con la misma facilidad que entró, volvió a su habitación ya satisfecho, pues había sido una gran víctima. Tenía en mente tener su propio harén secreto, pero quizás era demasiado arriesgado, podía empezar por algunas de ellas; inseminarlas y tener sus hijos de propio. Lo pensaría, pero solo si luego de varias victimas más, lograba contenerse hasta el punto de no matarlas por dejarlas tan débiles luego de absorber toda su energía, pues ese era su alimento principal y la única forma de conseguirlo era mediante el sexo.
A la mañana, cuando entró a la cafetería, escuchó decir a la pelirrosa algo sobre un extraño sueño, añadiendo el hecho que se sentía débil a pesar de haber dormido bastante bien, por lo que no fue sorpresa para el pelinegro.
Luego de clases fue a la habitación de Aelita, y se la encontró recostada en la cama leyendo un libro.
—¿Qué tal estás? —Preguntó William nada más entrar—Te vi algo mal esta mañana—
—Oh, William—Respondió ligeramente sonrojada—Bien, estaba algo débil, pero ya me siento mucho mejor—
—Me alegro entonces—Realmente fue un alivio. Hubo un momento de silencio—
—¿Viniste a mi habitación anoche? —Preguntó sin mirarle a los ojos—
—No puedo hacer eso—Respondió con serenidad—¿Por qué lo preguntas? —
—Oh… nada, es por… algo que soñé—Sabía que no iba a decir más que eso—
—Son solo sueños—Se burló el pelinegro. Se retiró a su habitación donde se encontró con una persona que lo esperaba, Sissi—¿Ocurre algo? —
—Oh nada, solo quería hablar contigo un poco—Respondió. Entraron a la habitación del muchacho—¿Ya tienes amigos? —
—Ninguno de momento—Dijo—¿Y tú? —
—Soy la más popular de Kadic, ¿Qué esperas? —Sabía que solo intentaba hacerse la chula y ligar un poco para tenerlo en cartera. Quizás a la larga le vendría bien si al final la idea del harén le gustaba. A falta de víctimas, ya tenía la próxima en la mira—
Decidió no hacer mucho por ese día.
En la noche no podía dormir, una presencia infernal le hacía sentirse mal, como si el infierno se hubiera puesto en su habitación para recordarle que él era un íncubo que debía cumplir con su objetivo. Sin embargo, y tras una noche de no dormir por la presencia infernal, cuando el astro rey se dejó ver el ser desapareció. Era algo que ya había experimentado antes, pero que, al estar cumpliendo con su objetivo, no le hacían nada. Sin embargo, había una extraña regla que no estaba del todo clara, pues nadie en el infierno había sufrido por ella pese a haber pruebas de que ocurrió; Si un íncubo de enamoraba de una mortal hasta el punto de revelarle su identidad real, perdería su poder y su derecho a estar atado al mundo mortal, volviendo de forma de forma inmediata al infierno, ya sea por su cuenta o llevado a la fuerza por otros demonios. Ya se había enamorado de algunas chicas, pero no les había revelado, ni por asomo, lo que era él. Quizás su personalidad ayudaba muchísimo en ese aspecto. Aunque también había algo que lo eximía de la ley; Si elegía muchas veces a una víctima, o a varias también, ellas se verían atraídas hacia el íncubo de forma activa hasta ceder su cuerpo a cambio de estar con él. Si eso pasaba, la regla anterior quedaba suprimida completamente, y eso era lo que él intentaba, pero no había logrado.
Salió de la habitación e hizo la típica rutina mañanera. Fue a desayunar, por el camino se encontró a una solitaria Aelita quien sonrió al verlo.
—Te veo animada—
—Es que ya me siento bastante mejor—Respondió. Hablo un rato con ella hasta entrar en la cafetería, donde separaron sus caminos—
Esa misma tarde se encontraba en casa de Yumi terminando el trabajo del otro día.
—Creo que eso sería todo—Culminó la nipona revisando lo que ambos habían hecho—
Al caer la noche salió de casa de Yumi… o eso parecía. Se las había arreglado para esconderse y que nadie notara su presencia. Cuando ya estaban todos dormidos salió de su escondite y muy sigilosamente subió las escaleras, pero nada más hacerlo vio a alguien saliendo del baño, el hermano de Yumi, Hiroki, pero iba tan dormido que no notó su presencia. Al ver como entraba en la habitación subió del todo y se logró colar en la habitación de la nipona.
—Es todo un sueño—Dijo tras sentarse sobre las piernas de Yumi, obligándola a estar bocarriba—No sentirás nada—Rápidamente le quitó la ropa hasta dejarla desnuda—Eres linda—Susurró al viento. Se puso a un lado, alzó las piernas de ella y volvió a su posición inicial, liberando su erecto y frio miembro mientras lo posicionaba. Le fue relativamente fácil.
Comenzó a penetrarla con su glande poco a poco aplicando presión sobre el mismo hasta que, al final logró penetrarla del todo y soltó un suspiro. Comenzó a moverse rápidamente hasta sentir como salían suspiros de su víctima al tiempo que le absorbía energía. Logró correrse dentro de la nipona sin arriesgarse demasiado.
Al otro día la nipona no estaba en clase, suponía por qué. Pero había notado algo extraño; había llegado una chica nueva a la clase de los amigos de Yumi. Tenía una apariencia muy angelical… ¿Su nombre?, Laura.
—Continuará—
Muchas gracias por leer.
Short-fic que pude hacerlo todo en un solo capítulo, pero se que no lo lograré. Solo tendrá 2, como muchos 3 capítulos.
Solo eso. Adiós.
Never Surrender
