Capitulo VIII: Confesiones no dichas
Lena entonces copió la forma de sentarse de Kara, e intentó en vano limpiarse la cara y no parecer que había estado sollozando.
- No, permíteme – le dijo limpiando con ambas manos sus ojitos, de manera muy delicada.
Lena se vio entonces al igual que en su pasado, de manera vulnerable ante esta vez Kara.
- Para, sólo para – le pidió entrelazando ambas de sus manos izquierdas – no tienes que ser alguien más hoy, sólo tienes que ser tú.
Entonces Lena pudo ver en sus ojos, que de alguna manera había presenciado su encuentro con Alice - ¿Qué parte? – le preguntó con voz ronca.
- Todo – un poco culpable y Lena bajó la cabeza y se mordió el labio, guardando silencio unos cuantos segundos, que, para Kara, fueron demasiados - ¿Quieres que me vaya?
- No.
- O joder gracias, tampoco quería hacerlo – dijo y Lena bufó ante lo adorable de esta niña -no bebas más – le pidió Kara
- No estoy ebria.
- Eso lo sé, sólo te pido que no tomes más.
- Me siento como la mierda Kara, por eso tomo.
- El alcohol no te hará sentir mejor.
- Eso ya lo sé.
- ¿Ahora quién está siendo inmadura? – intentó bromear Kara con respecto a sus edades, más Lena estaba muy taciturno para seguirle el juego.
Un silencio incómodo siguió en el cuál Kara vio a Lena repetirse su historia una y otra vez, las culpas, los fracasos en su mirar.
- Hagamos algo – le propuso.
- Creo que es tarde para tu hora de dormir - bromeó Lena con una pequeñita sonrisa.
- Haha muy gracioso – dijo divertida – no tengo hora de dormir.
Lena levantó su ceja interrogante - es decir - siguió Kara - me suelo dormir cerca de las 10pm, pero no es mi hora de dormir, sólo como ocurren las cosas.
Lena asintió cansada, separando su mano de la de Kara y cogiéndose la cara.
Lena miró la hora – Alex ¿vendrá por ti?
- Eh no, le dije que tenía una pijamada con Laura.
Lena asintió.
- Ya sé qué te hará sentir mejor.
- ¿Qué?
- Cuéntamelo todo – pidió y Lena le miró entrecerrando sus ojos – es decir, si le cuentas a un extraño tus problemas o miedos, estos se van y te sentirás mejor.
- ¿Así funciona?
- Síp – haciendo énfasis en la "p"
- No eres una extraña para mí, eres un adorable desastre.
- ¿Lo soy? – preguntó sonriendo y Lena volteó los ojos divertida - te dejaré tomar, pero sólo esa botella, nada más – añadió Kara para cerrar el trato.
Lena se quedó silenciosa un rato.
A ella le gustaba Kara, no la veía como una niña de 16 años, porque si la viese así, rayos, miles de problemas llegarían a su cabeza, su edad, su posición como maestra, problemas con la ley y muchos más problemas.
A ella le gustaba tanto, que tenía miedo de que sus fantasmas saliesen y terminen espantando a Kara.
Y si no la espantase, también tenía miedo, ella ¿qué podía ofrecerle a Kara? ¿Kara lo querría?
Miles de dudas invadiendo su mente.
- ¿Cómo entraste a mi casa? – preguntó de pronto sin importarle realmente como, más bien lo preguntó como modo de seguir con la conversación.
- Tu ventana está rota, así que sólo fuerzo un poco la madera y ya estoy adentro.
- Preocupante – observó Lena.
- Preocupante en serio, imagínate si en lugar mío, fuera un agresor o peor. Un asesino.
- ¿Y no mi adorable desastre?
- No, no yo – replicó dulcemente, con una mirada tan tierna.
Ughhh Lena la tenía difícil, ante ella esta hermosa criatura, terriblemente adorable.
Ohhh, Lena se agarró la cabeza ante el dolor que le inundaba.
Kara se mordió los labios, ella quería hacer algo por Lena, pero no sabía qué.
Y bueno, si Lena no le contaba nada, mucho ya había contado Alice, la perra caliente.
Kara había entendido que Lena se había enamorado perdidamente de ella, que planeaban casarse, pero cuando Lex tomó el poder de LCorp y su familia la desheredó, aunque sea temporalmente o por mucho más tiempo, Alice cortó todo.
De ahí sus problemas de confianza, de amor, de seguridad, de ahí el trauma enorme en su salud mental.
Lena estaba deprimida y eso podía notarlo Kara y de lejos.
- Quiero beber – le dijo y Kara asintió, a veces la gente cuando está triste hace estupideces, más que nada para castigarse, en lugar de querer sentirse mejor.
- No me voy a ir – replicó Kara.
- No quiero que te vayas tampoco.
- Ok, así funciona entonces – soltó Kara y Lena hizo un gesto concentrada de lo más lindo del mundo, que ella se mordió el labio para no arrullarle.
Kara le dejó tomar el resto del vino, mientras veía a su alrededor qué podía hacer para animarle.
Pero primero cubrir esa ventana, ya que, si ella pudo entrar, cualquiera también.
Kara se tomó la libertad de hacer un fuerte en su dormitorio, moviendo la cama a un lado, colocando almohadas en el piso, mantas muy mullidas sobre la alfombra, iluminado por luces de navidad que cogió de una caja.
Después de media hora, Lena había acabado con una botella de vino, estaba mareada pero no ebria del todo y no quería tomar más tampoco, ella sólo quería poder dormir y ya, desconectar, pero no podía, no con Kara allí, ya que cuando la miraba parecía que miraba una obra de arte, la mejor de su vida.
- Ven, vamos – le ayudó Kara a ir a su dormitorio y ella se dejó llevar.
- Woahhh qué bonito – soltó viendo lo que había hecho ella.
- Ven entra – pidió Kara ayudándole a recostarse sobre las mantas mullidas, Kara le acarició el rostro delicadamente.
Kara se mordía los labios ante la belleza de Lena y Lena trataba de dejar sentirse como mierda y aprovechar el momento, aprovechar de que Kara estaba junto a ella.
Ese día, Kara le propuso dormir y Lena lo intentó, se acurrucó junto a Kara, ambas respirando muy cerca, Kara le acunó por detrás, como si fuese la cuchara grande, ella disfrutando de los pequeños ruiditos que hacía Lena.
Sintiendo su corazón galopar a lo loco, ella abrumada por el cúmulo de sensaciones que tenía con Lena, nuevamente comparándolo con su novio.
…
Cerca de media noche…
Lena se despertó por un golpe en el exterior, un ave chocando contra su ventana – pero qué mierda – susurró – woahhh – añadió al girarse y ver a Kara, ella era toda una princesa - tan hermosa – se le escapó.
- Lo sé – acotó ella mirándole de lado.
- Y modesta – a agregó Lena sonriente y Kara asintió riéndose.
- ¿Te sientes mejor? – preguntó risueña Kara.
- Sí, me ha gustado despertarme y verte, así sea la media noche.
- ¿Le ha gustado verme miss? – replicó Kara y Lena sonriente asintió
- Eres un caso Kara, me haces reír, me alegras la vida – le dijo suavemente besando su mano con mucho sentimiento.
Kara con el corazón golpeando en su pecho decidió aventarse, a ver qué pasaba.
Lena sintiendo parte de esto, se quedó inmóvil, Kara entonces le dio un beso esquimal muy suavecito – awww – le arrulló a Lena cuando ella le sonrió tan bonito.
Kara después soltó una exhalación que no se había dado cuenta sostenía y le besó sobre sus labios de modo muy delicado, un pico a toda regla.
Lena le respondió, lamiéndose los labios para prolongar la sensación.
Kara con ambas manos entonces cogió su carita y siguió con el beso de modo exploratorio, ganando confianza con cada ruidito que hacía Lena, ella cada vez con más confianza ante los gemidos de ella.
- Wohala – dijo adorablemente Lena mirándole como si ella fuese lo más maravilloso del mundo, cosa que era.
Kara se mordió el labio y le sonrió tan bonito, que Lena le arrulló muy sonriente, escondiéndose en su espacio favorito desde ufff, entre el espacio de su hombro y su cuello.
Lena le abrazó entonces, nunca sus manos descendieron más que sobre su espalda media.
Ella le arrulló, le acarició ambos brazos, todo con mucho respeto, no más que eso, por más que lo deseaba.
- Me das otro beso ¿por favor? – pidió y Kara asintió, esta vez sentándose a horcadas suya, cogió con ambas manos su carita y con mucha más decisión, le besó apasionadamente, sacándole el aire de los pulmones.
Ambas sintiendo tan intenso sólo por aquel beso.
Todo el malestar salió de su pecho, como si fuese drenado del mismo, ya nada en su mente le afligía, su único pensamiento: lo delicioso que besaba Kara y lo delicado de sus labios.
Ambas se besaron por lo que pareciera una eternidad, Lena quedó con una tonta sonrisa, que el pasar de los segundos no pudo borrar.
- Awww – le arrullaba Kara, ahora ambas de lado mirándose., dándose un beso esquimal.
Lena estaba de lo más alucinada, de lo más feliz, no podía creer que aquello estuviese pasando.
Ella sentía ganas de llorar, pero esta vez de felicidad, de lo intenso que estaba sintiendo.
- Oh no, no llores Lee por favor – pidió Kara y Lena asintió escondiéndose ahora en el pecho de Kara.
Ambas trataron de dormirse después de eso, acurrucada en el abrazo de la otra.
…
Ya por la mañana del día siguiente, Kara se levantó primero, observando un rato lo hermosa que era Lena, tan pacífica, cero problemas, así debía seguir, cero problemas.
Ella se levantó, cogió su celular y avisó a su hermana, que se quedaría junto a sus amigas a pasar el rato, le llamó, conversó con ella y le contó que iba a disfrutar de ese día.
Alex a regañadientes aceptó, ya que no podía hacer nada, si Kara quería faltar, bueno, que asuma las consecuencias y ya está.
Claro que le dijo que se quedaría con sus amigas, no con Lena, aprovechando que Lena tenía ese día libre, después de eso desarmó el celular para que no le rastreara, prometiéndole que le llamaría a la hora de almorzar.
Después de aquello se fue otra vez a su mini campamento en el dormitorio de Lena y le observó un rato más dormir.
Su maestra era una obra maestra y sin embargo seguía siendo su maestra y también estaba que ella tenía a Mike.
…
Kara observó a su maestra dormir y empezó con sus dedos a acariciar su rostro, con la yema de sus dedos, arrullándola cuando Lena empezó a hacer todos esos gestos demasiados adorables propios de despertar.
Primero su nariz, torciéndose, olfateando como un lindo conejito, su cabeza hacia atrás, exponiendo ese lunar tan sexy que tenía en el cuello, después el abrir de ambos ojos lentamente, sus ojos chinitos que se adaptaban lentamente a la luz.
- Awww – le arrulló Kara.
- Kara – dijo ella con la voz ronca y Kara le volvió a arrullar por su timbre de voz.
Lena era su maravilla andante y Kara su adorable desastre.
- ¿Cómo estás?
- Bien, me siento bien.
- Ok – sonriente Kara.
Lena se levantó sobre sus codos pidiendo que ella se recueste para luego despertarle como se merecía ella, como la reina de su corazón que se había convertido.
Lena primero le dio un beso debajo de su orejita, para con sus dientes coger el lóbulo de su oreja y halarlo, lamerlo y darle un beso ruidoso, siguiendo repartiendo besos por su cuello y hacia su mandíbula, la cual adoró con Kara gimiendo.
Lena le susurró palabras de amor al otro oído repitiendo sus acciones con éste, para después empezar a besar su carita, ambos de sus ojos, su naricita, para terminar sobre sus labios, al cual le hizo el amor, empezando con besos dulces hasta apasionados mientras con ambas manos jugaba con el cabello de su nuca, recorriendo con sus uñas su cuero cabelludo como delineando un mapa, mientras le besaba.
Kara empezó a hacer ruiditos deliciosos, gemidos y gimoteos propio de lo que estaban haciendo.
La mano de Lena no descendió más allá de su espalda superior.
- Buenos días – susurró sobre sus labios.
- Buenos días – replicó Kara abriendo sus lindos ojos, con sus pupilas dilatadas, su carita roja, sus labios voluptuosos dado de ser muy abusados.
Lena sonrió tan lindo ante el espectáculo que era Kara y ella con Lena.
Un maravilloso despertar.
- Voy a quedarme hoy – dijo Kara y Lena asintió.
Sería bonito tenerla cerca.
Después de ello ambas se despertaron, empezaron a ordenar un poco, a desayunar y después a seguir ordenando.
La casa ahora yacía más habitable, aún con muebles un poco antiguos con la esencia de los años 50, todo tan idílico como en un paraíso.
Kara pudo presenciar así de primera línea un día típico de Lena.
Mismo que iniciaba con tomar sus medicamentos, luego su desayuno, una sesión intensa de besos con Kara sentada en su regazo, luego ordenar un poco o mucho la casa, sus clases de doctorado, lo magnífico que era para Kara ver a Lena sustentar su exposición con términos que ella no había escuchado aún.
Lena era impresionante.
Ella pasó ese día junto a ella experimentando así lo dulce que era, cuan bien le trataba, con mucho respeto, con mucha delicadeza.
- Creo que podría acostumbrarme a esto – señaló Kara sentada por la tarde en el sofá de Lena con sus pies en su regazo con Lena acariciándolos y masajeándolos.
Lena le guiñó un ojo, ella de lo más relajada, sólo amor en el aire.
Tanto amor, que por un segundo Lena olvidó que Kara tenía 16 años y ella 22, a la par de ser su maestra sustituta.
