"La sagrada locura, atentando con mentes cuerdas. Después del suplicio del encierro trae para ustedes su quinto proyecto"

Y el escritor dijo: Hágase el computador.

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¡Hola! Ha pasado muchísimo tiempo desde que publiqué el último capítulo de esta historia, quería enfocarme primero en terminar el fic de Nanatsu no Taizai que tenía pendiente antes de concentrarme en Jeanne. Sentía que no daría la milla extra de tener algo más en la mente como recordatorio, además de la universidad y lo habitual de ser una persona de mi edad. También me di un tiempo para descansar de escribir sin sentirlo como una obligación impuesta, quería recuperar esa sensación de liberación que me da escribir lo que me gusta; podría decirse que recuperar las baterías.

Estoy agradecida por los últimos comentarios tanto en este lugar como en mis redes sociales. Inmensamente feliz de ver que Shaman King está recibiendo el cariño que merece otra vez y tener el placer de escuchar al elenco de la primera versión repetir en el doblaje de Netflix. No sé si llegue a publicar el capítulo cuando debute Jeanne, pero mientras escribo estas palabras faltan tres días para su aparición y se espera que se muestre una versión más sangrienta de ella. Hao, por otra parte, me parece que se está cumpliendo con mostrarlo con su personalidad complicada y lo que destaca de él como un gran personaje.

Sin más, ¡Nos vemos hasta la próxima ocasión!


Incomprensible, confuso y complicado

Al volver a casa después de la conversación con Hao en el Bir-Hakeim, Jeanne se encontró tan llena de sentimientos abrumadores que fue incapaz de no pensar en distintos métodos para asegurar el bienestar del hijo de Anna e Yoh; su noche fue más insomnio que descanso y las vueltas sobre su cama se repitieron hasta la aparición de las primeras luces del sol sobre una Francia que empezaba el trajín rutinario. La doncella se desplazó hasta la ventana y dejó que, al abrirla, el aire frío calmara su intranquilidad; numerosos trabajadores podían observarse desde el lugar en el que se encontraba. Su vida era distinta a la de ellos, pero se sentía igual de apresurada.

Jeanne aceleró su rutina diaria para despejar el tiempo durante la mañana y llamar a la residencia Asakura; sin embargo, en cuanto se desocupó las dudas se acumularon en su cabeza y sus dedos tocaron un par de veces el teléfono sin llegar a marcar el número. No sabía cómo iniciar una conversación que condujera a hablar un tema tan delicado como el bienestar de Hana, pero tampoco le gustaba esa sensación de malestar que le generaba no comunicárselo a sus amigos japoneses.

Se decidió por asistir primero a la iglesia y buscar en ese recinto la paz que le faltaba para llamar, de camino al lugar compró panes para llevar a los niños de comunión y al resto del servicio compuesto por las religiosas y los párrocos. Como era de esperarse, en cuanto llegó fue recibida por los gritos efusivos de los pequeños que la conocían y se regocijaban de verla cada día, seguidos por las hermanas a un ritmo calmado. Jeanne inclinó la bolsa y repartió entre cada uno de los presentes, su sonrisa se mantuvo hasta culminar su labor; se despidió del grupo, no sin antes dar la parte de los curas a una de las hermanas que se ofreció a hacerle el favor, y encaminó a una de las largas bancas de la iglesia para orar.

Regresó a su casa después de meditar por minutos arrodillada, se sentía capaz de tomar el teléfono y tenía ensayado un pequeño hilo de como llevar la conversación que estuvo practicando en el camino; sin embargo, cuando sus dedos atraparon el auricular curvo el aparató en su parte inferior se iluminó y empezó a sonar.

Alguien la estaba llamando, su conversación con los Asakura tendría que esperar.

-Buenas tardes, ¿Me comunico con la señorita Jeanne? -una voz familiar se escuchó en la otra línea

-Ella habla joven Lyserg -la doncella habló con alegría- me alegra saber de usted.

El apuesto radiestesista emitió un sonido de aprobación a sus palabras- es lo mismo para mí -hizo una pausa- me comunicaba para notificarle de mi visita a Francia la próxima semana, me gustaría invitarla a tomar el té el lunes en la mañana si usted tiene tiempo disponible.

-Será un placer acompañarlo -aseguró la francesa- si gusta puedo recomendarle cafeterías con agradables vistas.

-Por supuesto, sus sugerencias siempre serán bien recibidas -comentó Lyserg en respuesta- ¿Podría permitirme saber cómo ha estado en el tiempo que no hemos tenido comunicación?

Jeanne sonrió al escuchar su pregunta, contestó con un tono amigable y el tiempo pareció dejar de importar mientras hablaba con su amigo; se recordaron vivencias cuando los X-Laws realizaron actividades de caridad, los pequeños momentos que disfrutaron de ser lo más parecido a una familia que había visto la doncella cuando era una niña y una que otra memoria de Marco. Lyserg le comentó sobre su negocio de la investigación, las aspiraciones que tenía y las visitas que hizo a otros países antes de establecerse en Inglaterra.

-Recuerdo las hermosas vistas de Londres -aseguró Jeanne con humildad- sin duda es un buen lugar para asentarse.

-Puede venir a visitarla cuando guste, será un placer ser su guía turístico - Lyserg se apresuró a extender la proposición con cordiales palabras.

La doncella no ignoró el tono esperanzado que se filtró de él, le recordó a la conversación que sostuvo con Tamao con respecto a los sentimientos del joven al otro lado de la línea y se preguntó si seguía profesando cariño romántico por ella.

Shamash, quien se mantuvo en silencio durante el intercambio de palabras, pensó en la posibilidad de que Jeanne terminara interesada en Lyserg; era mejor que verla al lado del desagradable Hao Asakura, estaba convencido que era así; sin embargo, tampoco terminaba de apreciar la idea, de hecho no le gustaba imaginar a alguien rondándole a la doncella para profesar su amor. No era capaz de aceptar que, muy en el fondo, donde su sinceridad permanecía confinada, estaba intranquilo porque pensaba que sería reemplazado si ella amara a alguien y ese alguien le correspondiera, su relación distanciaría la conexión que él poseía con Jeanne; crearía una barrera que no podría sobrepasar…

A ella no le gustaba Lyserg; Shamash pensó con determinación que, incluso si se le hacía más tolerable que Hao, debía permanecer en esa línea de amigo y nada más.

La doncella francesa conversó con el joven inglés por un poco más de tiempo y al finalizar su llamada se dispuso a realizar la que tenía pendiente, colocó el auricular sobre la base y luego volvió a tirar de él mientras marcaba con su mano libre los números de la residencia Asakura, el habitual sonido de espera se escuchó en la otra línea un par de segundos y luego la voz de Yoh atendió la llamada.

-Posada de Funbari -anunció el japonés.

-Saludos, joven Yoh, habla Jeanne - ella expresó con cordialidad antes de entrar en el tema que la motivó a establecer la conexión.

-Doncella, un gusto -la risilla relajada que el Asakura menor hacía cuando estaba feliz se dejó escuchar después de sus palabras- ¿A qué debo la llamada? ¿Has decidido la fecha para visitarnos?

-Me temo que aún no, pero haré un espacio para que sea pronto, puedo asegurarlo -respondió Jeanne con algo de alegría, sentimiento que se apagó rápidamente- joven Yoh, quisiera hablar con usted de un tema que puede ser delicado.

-¿De que se trata? -preguntó el joven con genuina curiosidad, el tono que había utilizado su amiga francesa resultaba preocupante.

-¿Tiene conocimiento de la participación de su hijo en la Flor de Maíz? -soltó Jeanne después de una larga pausa.

Yoh asintió a pesar de no ser visto por la doncella- lo sé, Hao vino a comentármelo al igual que tu participación. Debo confesar que estaba sorprendido -volvió a reír- no sabía que habían mejorado su relación.

-No se trata de eso, somos apenas tolerable el uno al otro -aseguró convencida- pero mi escogencia es favorable para el joven Hana, puedo prometerle que cuidaré de su bienestar; sin embargo, debo pedirle que me mantenga informada de lo que sea asignado a su hijo.

-Jeanne -el tono que usó Yoh para referirse a ella, además del uso de su nombre y no un apodo demostró que estaba hablando con sinceridad y seriedad- Hana es un niño capaz, estoy seguro de que sabrá desenvolverse -hizo una pausa volviendo a su tono jovial- Anita lo entrenó, después de todo. Aunque debo agradecerte por ofrecer tu protección, nunca está de más contar con buenos amigos en el camino y sé que estará bien si tú estás allí…

La larga pausa provocó que Jeanne preguntara- ¿sucede algo?

-Sé que las acciones de mi hermano resultan complicadas de entender, pero creo que tiene una buena razón para todo esto -Yoh rió de forma despreocupada- todo saldrá bien al final, doncella.

A Jeanne no le resultó una novedad que el menor de los Asakura expresara abiertamente su confianza en Hao, pero no dejó de sorprenderla el efecto que tenían esas palabras en sus pesares. Yoh tenía la capacidad de ser un bálsamo esperanzador, uno que ella no se había permitido desde que Hao entró en la iglesia a buscarla. Pensó en la posibilidad de estar predispuesta por las acciones del Shaman King y que este tenía una forma de expresarse que resultaba difícil de sobrellevar; sin embargo, en cuanto pensó en esa opción, una parte de ella se llenó de negatividad, asegurando como una vocecilla inquieta que no debía dejarse llevar, que Hao no era el demonio, pero tampoco alguien de confianza.

No le agradaba sentirse de esa forma por alguien, pero ese alguien tampoco le resultaba agradable.

Después de otro intercambio de palabras alejadas del tema de la Flor de Maíz, Jeane colgó la llamada y se dispuso a seguir con su rutina. Shamash la acompañaba de lado a lado mientras limpiaba su departamento, hacía una lista de lo que faltaba en la despensa y aquellas cosas que no le resultaban útil y podía donar a las organizaciones de caridad; sin embargo, de pie frente al armario la doncella permaneció meditabunda más segundos de los que normalmente le llevaba sacar la ropa que donaría.

-¿Qué debería vestir? -la escuchó murmurar.

-¿Para ver a Lyserg? -preguntó Shamash sin poder evitarlo, una espinita de incomodidad lo impulsó a hablar.

Jeanne se mostró sorprendida por haber manifestado lo que pensaba, una inusual muestra de vergüenza tiñó sus mejillas juveniles de un rosado visible- me gustaría… escoger un atuendo adecuado.

El dios babilónico se mantuvo en silencio unos segundos- ¿no es lo que usas a diario suficiente para considerarse apropiado?

La doncella se mostró un poco más cohibida, los dedos de sus dos manos y su rostro permaneció cabizbajo-por supuesto que lo es, pero se trata de un querido amigo y…

-Quieres darle relevancia a su visita -dedujo Shamash.

De alguna manera fue un sentimiento agridulce el que se instaló en el espíritu de la doncella, por un lado le agradaba verla comportarse como una jovencita de su edad, pensando y actuando más como una persona y menos como la doncella marginada entre espinas impuestas; sin embargo, el otro lado de él no podía obviar que todo eso resultaba de la visita de Lyserg.

Los ojos del dios permanecieron sobre Jeanne tanto tiempo que le resultó abrumador, estaba por comentar que tal vez había sonado superficial y esa no era su intención, pero fue Shamash quien le cortó la línea de la disculpa con sus palabras.

-Te ayudaré a escoger.

La sonrisa que le otorgó Jeanne quedó marcada en la memoria de su espíritu acompañante.

Los días pasaron sin cambios en la rutina de la doncella, algo que agradeció profundamente, la desaparición momentánea de Hao en su vida le devolvió parte de la paz que siempre la acompañaba. El lunes, día en que recibiría la visita de Lyserg, se levantó más temprano y adelantó parte de sus labores diarias para tener más tiempo disponible. De alguna manera sus cavilaciones la llevaron a pensar que necesitaba disponer de un mayor espacio para alistarse por si tenía algún contratiempo.

Faltando tres horas terminó de acomodar el comedor donde había compartido desayuno con Shamash, este último no había emitido comentario sobre su comportamiento o la salida en general; le permitió privacidad para alistarse mientras él meditaba la incomodidad que seguía llenando sus pensamientos. El espíritu vagó en el comedor sin noción del tiempo, de modo que le tomó por sorpresa ver salir a Jeanne de su habitación vistiendo el conjunto que la había ayudado a escoger, una camisa celeste pálido, falda de tabletas del mismo color que las medias largas y las botas de poco tacón.

Lucía más como una joven de su edad, menos que una doncella mártir.

La vio tomar una pequeña cartera que contenía su identificación, dinero y otras pequeñas pertenencias que siempre llevaba al salir; sin embargo, Shamash notó que olvidó buscar una gorra y bufanda para protegerse del frío.

-Vas a necesitarlos -le comentó después de buscar las prendas para ella y tenderlas con sus pequeñas manos.

-Gracias por la consideración -se sinceró Jeanne- lo había olvidado por completo.

Después de eso salieron del departamento. El camino a la cafetería no estuvo envuelto en una conversación extensa, pero sí de pequeños comentarios de la doncella que el espíritu respondió con cortas palabras a través de la telepatía. Ambos guardaron silencio al faltar una calle y divisar la silueta de Lyserg de pie en la entrada; el joven se veía un poco diferente a como lo recordaba su amiga, tal vez eran los centímetros de más o la desaparición de su rostro infantil. Jeanne no consideró prudente seguir pensando en su apariencia, prefirió extender una sonrisa en cuanto él la miró.

-Buenos días, ¿Ha esperado mucho tiempo por mí? -consultó apenada. Sabía que había llegado a una diferencia prudente antes de la hora acordada, pero eso no le impidió ser cordial.

-No, acabo de llegar señorita Jeanne -Lyserg le extendió una sonrisa encantadora- buenos días, es un placer volver a verla.

Ella le devolvió el gesto.

Tomaron asiento en una mesa para dos, al lado de una ventana como prometió la doncella y debajo de unos bonitos arreglos con plantas naturales; estaba parcialmente vacío, la música de ambiente hacía una atmósfera propicia para disfrutar el tiempo que se permaneciera en la cafetería. El radiestesista movió la silla para que la joven francesa tomara asiento y luego ocupó el lugar disponible al frente, sus ojos verdes se mantuvieron fijos sobre la doncella por unos segundos antes de abrir la boca e iniciar la que sería una larga, pero agradable conversación.

Sin poder evitarlo la doncella llegó a pensar, en la oportunidad que tuvo, después de ordenar bebidas y pastelitos rellenos, en las pocas ocasiones que se vio acompañada de un joven de su edad. Venía a ella el recuerdo de la pequeña reunión con Yoh, sus amistades, los pequeños intercambios y… Hao. Ante la mención mental de este último desvió la mirada momentáneamente consciente de que, a diferencia del mayor de los Asakura, Lyserg hacía de su mañana un tiempo disfrutable.

Si, su ex compañero la llenaba de dulzura y sentimientos positivos que manifestaba a través de una sincera sonrisa… él no la provocaba para verla molesta o llevarle la contraria; no había invadido su espacio personal para tocarla con atrevimiento como lo hizo el Shaman King.

Disipó sus pensamientos cuando llegó la comida y se mentalizó olvidar las comparaciones, quería seguir disfrutando del tiempo con su amistad.

-¿Seguro que no desea que la acompañe? -consultó Lyserg, habían terminado su reunión y ambos se encontraban en la entrada del local.

-No deseo retrasarlo en su itinerario -expresó Jeanne- además, Shamash está conmigo.

Algo de pesar se dejó ver en el rostro del joven inglés, pero reemplazó la mueca por una sonrisa- me ha alegrado verla y he disfrutado cada momento de su compañía.

La doncella sonrió- puedo decir lo mismo y espero que Francia le resulte acogedora.

-Estoy seguro que así será -Lyserg pareció dudar, pero después de unos segundos se mostró más decidido- también espero tener la oportunidad de repetir la ocasión.

Sus últimas palabras fueron acompañadas de un casto beso que se atrevió a darle en la mano a Jeanne, el joven radiestesista le ofreció una última sonrisa antes de dar media vuelta y caminar en dirección opuesta al departamento de la doncella. Ni Shamash, que se había aparecido al lado de la francesa estando sola, ni ella misma opinaron al respecto; uno por molestia, la otra por no saber cómo tomar la acción.

-Debemos irnos -le recordó su espíritu acompañante al verla tan absorta.

Si, tenía que concentrarse en el resto de sus planes.

El resto de sus actividades se llevaron según lo acordado y llegada la noche parecía que su día había sido uno más dentro de su rutina, con la salvedad de la visita de Lyserg; sin embargo, descubrió que estaba equivoca. Al volver a su casa descubrió a Hao en el balcón de su departamento, además, como si no hubiese sido mayor insolencia entrar sin su consentimiento, se atrevió a preguntarle, sin saludos de por medio, el motivo de su tardanza de vuelta a su hogar.

La doncella mantuvo su rostro sereno- le recuerdo que esta es una propiedad privada y no se le está permitido entrar sin consentimiento de por medio.

-Creí que teníamos suficiente confianza llegados a este punto -Hao pareció burlarse de su educación- es una pena. Así que, siendo que yo te ofendí y tú a mí, podrías ignorarlo y responder mi pregunta.

-Tenía un itinerario que cumplir -aseguró Jeanne.

-¿Lyserg estaba dentro de ese programa? -el tono de voz del Shaman King se hizo atrevido y burlesco.

-Por supuesto -respondió la doncella sin titubear.

Hao Asakura descubrió que no le gustaron sus palabras tanto como su salida con el inglés. Al principio del día la vigiló por si Yabisu o Yosuke decidían volver a enviar a un conejo de indias para medirla, pero se llevó la gran sorpresa de ver a Lyserg compartiendo lo que parecía ser una cita con la francesa en una cafetería. Con altanería había pensado que era patético verlos a ambos juntos, pero después de procesar sus palabras no le encontró la gracia que antes le había visto al chiste y terminó molesto consigo mismo por perder su tiempo en la estupidez de mirarlos.

-Ven doncella -las palabras que le dedicó fueron acompañadas de la extensión de su mano en su dirección- hay que subir al tejado.

Jeanne abrió la boca con confusión- ¿Por qué haríamos tal cosa?

-¿Por qué no lo haríamos? -respondió él con otra pregunta.

-No respondió mi pregunta -reclamó ella.

-Tú tampoco la mía- se burló él.

La doncella sabía que esa discusión no la llevaría a ningún lugar y él tampoco la dejaría descansar sin cumplir su capricho, por lo que lo siguió hasta la salida del balcón; en ese momento sintió los dedos cálidos de él envolver su mano pálida y en un parpadeo aparecieron sobre el tejado, con un hermoso cielo cubierto de numerosas estrellas y una gran luna proporcionándoles luz natural.

Jeanne observó la magnífica vista y se embelesó del paisaje- ¿Por qué me trajo aquí?

-Qué diminuta eres -comentó él con su tradicional frase- sé agradecida.

¿Acaso la había subido a su tejado para que contemplara las estrellas? Esa pregunta rebotó en los confines del pensamiento de la doncella y la sorpresa de no encontrar algo que debatiera una respuesta contraria la dejó helada, ¿Cómo es que podía ofrecerle ver algo tan hermoso y a la vez arrojar a su sobrino a las brasas de la contienda sin remordimientos de por medio?

¿Por qué Hao la confundía?

Sé que las acciones de mi hermano resultan complicadas de entender, pero creo que tiene una buena razón para todo esto. Las palabras de Yoh se mezclaron con sus ideas hasta impedirle hilar con coherencia.

Sin poder evitarlo su cuerpo cedió hasta quedar sentada sobre el tejado, tratando de recuperar el aire que no sabía que le faltaba.

-¿Por qué hace todo esto? -preguntó ella sin poder evitar las palabras que escaparon de su boca.

-Porque quiero -resumió él- no busques un significado profundo, no lo hay.

Después de unos segundos que parecieron largos, Jeanne volvió a hablar mirándolo a los ojos- todo lo tiene.

Hao bufó con altanería e ignoró sus palabras, tomó asiento al lado de la doncella y elevó su vista al cielo- no está mal, pero el desierto tiene mejores vistas.

La joven francesa secundó el gesto del Shaman King- muy poco pude observar en el pasado del desierto, pero debe ser un lugar fascinante.

-Encerrada en esa coraza de hierro me hubiese sorprendido que alcanzaras a ver algo -admitió él con una sonrisa divertida.

No se lo debatió, el mutismo la envolvió en un ambiente sombrío y lleno de remordimiento, pensó en esa estructura de tortura en la que había puesto una fe cínica y homicida, torciendo los pasos de una creencia pura por el fanatismo inquebrantable; se manchó las manos de sangre acompañada de la Doncella de Hierro. No le dolía recordar el martirio al que fue sometida dentro de la coraza de metal, lo pasaría una y otra vez si fuera por un buen propósito; sin embargo, en aquel entonces lo hizo por ideas equívoca y eso perforaba su corazón de forma dolorosa.

Hao percibió el cambio de ánimo de Jeanne, la lectura de pensamientos lo llevó a comprender qué la tenía tan abrumada. Se veía como una muñeca destrozada, abrazada a los pocos pedazos que tenía aún con ella y amenazaban con caerse.

Quiso decirle patética, pero de su boca salió una oración muy diferente- iremos al desierto en otra ocasión.

La doncella lo miró con sorpresa- ¿Por qué haríamos tal cosa?

El shaman King se rió tanto por sus palabras como por lo irónico que resultó que él le dijera algo como eso. No quería consolarla, pero pareció hacerlo; le era desagradable la proyección desamparada que tenía Jeanne en momentos sombríos, una imagen tan diferente a la niña de Francia y la mujer que conseguía ser férrea contra él.

-No tienes tu Doncella de Hierro -habló él sin mirarla, sus ojos se quedaron fijos en el cielo por unos segundos antes de incorporarse- es tiempo de que descanses, necesitas tus energías para la Flor de Maíz.

A pesar de su tono de burla, era él quien deseaba alejarse; en esa noche había hecho más cosas confusas para sí mismo de lo que quería procesar y el juego de molestarla se había torcido en una asqueroso recordatorio de que ya no lo estaba controlando. Hao experimentaba una inquietante sensación de encontrarse desprovisto en un terreno que no debía pisar y menos ponerle un patético título.

-Gracias… -dijo Jeanne antes de que él se desvaneciera- por mostrarme el hermoso paisaje de una noche serena.

Ahí estaba el agradecimiento que, seguramente, se había forzado a decirle aunque lo menos que deseaba era hacerlo, de algún modo eso le devolvió a Hao la diversión que había perdido cavilando en sus anteriores acciones y le dio oportunidad de ignorar que su juego había cambiado, que quería más de lo que se prometió obtener el día que lo tocó en la iglesia. Él deseaba su mirada nerviosa, sus ojos dubitativos e incapaces de enfocarse en su rostro; quería a la Jeanne que había despertado un interés diferente a la burla y aún era incapaz de aceptarlo a profundidad.

-El placer es mío, doncella -tarareó tomando una de sus manos en un acto de atrevimiento y propinándole un beso similar al que le dio Lyserg en la mañana- nos veremos pronto~

Hao desapareció de la misma manera que había llegado a su departamento, se desvaneció sin explicaciones de su gesto y dejando a Jeanne momentáneamente congelada.

Por más que apreciara a Yoh, la joven francesa pensó que estaba equivocado con respecto a su hermano. No había una buena razón detrás del beso del Shaman King en su mano, solo quería torturarla y confundirla con sus acciones.

Shamash no pudo estar más de acuerdo.