Hola hola personitas bellas~
Espero disfruten esta pequeña historia romántica, quería empezar a practicar, porque le prometí a mi hermana un Riren mexicano (Levi cholo x Eren niño de casa). En fin...
Disclaimer: Ya saben, los personajes son propiedad de Hajime Isayama y la historia es mía.
Summary: ¿Quién no ha tenido un amor fugaz en el transporte público? Las miradas, las sonrisas y una vez que llegas a tu destino, el inevitable y triste adiós. Levi era la excepción en este tipo de experiencias ya que nunca usaba el transporte colectivo para ir al trabajo, sobre todo porque él es un "Godín"; hasta ese día, cuando estuvo obligado a subirse a un camión y conocer al guapo conductor. /Levi Godín x Eren camionero xD
Advertencias: romance, fluff, Au, situado en México
A leer~
Hot Wheels
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—Maldición… ¿Por qué a mí?¿Por qué?, yo que soy tan buen ciudadano… ¿Por qué la vida hoy se empeñó en hacerme saber que me odia? —un suspiro largo acompañó los lamentos.
—¿Quieres cerrar la boca, Erwin?, para empezar esta mierda es tú culpa, ¿a qué imbécil se le olvida darle mantenimiento a su automóvil? —soltó irritado—. El que debería estarse quejando soy yo; me hiciste levantar temprano haciéndote el espléndido, empeñado en pasar por mí y por Hanji, todo para quedar varados a mitad de la calle. Idiota.
—Basta chicos, tranquilos, respiren —calmó Hanji—, actúan como si nunca se hubieran subido a un camión. Es solo por hoy, por favor. No es tan malo, yo todos los días vengo a la empresa en transporte público y a veces se ven cosas interesantes.
—Si claro, habla por ti Hanji, eres rara, es natural que te gusten estas cosas. —comentó Levi rodando los ojos.
—Oh vamos, lo digo en serio, ¡la gente es tan inesperada e interesante! —reconoció asomándose hacia la carretera— ¡Oh! ¿traen cambio? Allí viene el camión.
Los dos hombres, uno más malhumorado que el otro, se rebuscaron en los bolsillos. Levi sacó su billetera, tentó los compartimentos pero no encontró ninguna moneda. Erwin tuvo el mismo resultado.
—Ahhg —Hanji suspiró—, está bien, hoy invito yo pero me deben un almuerzo. —Hanji rebuscó en su bolso y sacó un monedero con estampado de flores lilas. Sacó veintiún pesos en total y se lo dio a Levi en la mano—. Tu pagas, yo reservo mi asiento.
Al hombre bajo le tomó desprevenido y cuando intentó replicar, su compañera ya se subía al camión con gran alegría y enseguida, su torpe y grandulón amigo.
—Desgraciados… —masculló.
Bufó derrotado y les siguió en pasos y movimientos hasta que extendió su mano al conductor para dejarle el dinero:— Tres por favor.
Se distrajo en el interior del transporte público, vio a Hanji correr a los asientos de en medio, habían tres desocupados, dos juntos y uno al lado de una anciana; los asientos juntos fueron ocupados por sus amigos y él supo que su destino sería rozar el hombro de la señora los próximos 25 minutos.
Estar en un lugar poco higiénico que al mismo tiempo no respetara eso del espacio personal, lo enfurecía cada minuto que pasaba. Cansado, regresó su vista al conductor, prestando atención a la cara de este, que le veía fijamente recibiendo el dinero, contándolo y acomodándolo en una máquina de monedas, separándolas conforme a su valor. No había notado que el hombre al volante era un joven. Y qué joven, era apenas un mocoso de quizá 23 años.
Muy apuesto -había que admitir-, moreno, de ojos verdes y cabello largo y marrón; tenía en los labios un palillo de madera, de esos que se usan para sacar comida de los dientes, el cual mordía con los dientes de enfrente. Su camisa blanca a medio abrochar, con un parche en el costado que decía "ruta 104", pantalones y zapatos negros.
Sus miradas se conectaron al instante. Levi sintió que se le secaba la garganta, así que carraspeó, se giró y comenzó a caminar. Cuando lo perdió de vista, el joven conductor procedió a arrancar nuevamente; tomó con su mano derecha la palanca, con su pies apretó los pedales y con su mano izquierda rodó el volante, despreocupado y experto, así emprendía el paso por las calles de la avenida Roma.
Levi se sintió desubicado, se soltó del tubo y sentó sus posaderas en lo cómodo y acolchado de los asientos bajo la mirada atenta de su amiga, Erwin por su lado iba mirando hacia la ventana, con expresión afligida.
Se miró las manos apenas se sentó, pensando en llegar pronto a la empresa para tomar mucho jabón líquido de los baños y lavarse las manos con abundante agua. Intentó distraerse a su alrededor, el cielo estaba despejado, las personas caminaban por la acera del otro lado del vidrio. Dentro, varios usuarios ocupaban los múltiples asientos. Hacía calor, quiso aflojar su corbata pero desistió. Este tipo de lugares lo hacían ponerse ansioso; el movimiento era parecido al de un barco que flotaba en altamar.
"Siquiera el mocoso no maneja como un cafre", pensó.
Fue entonces que volvió a reparar en él, se acordó de los ojos que segundos antes había visto. Dirigió su mirada hacia el asiento del conductor, empezando a mirarlo completo, desde abajo hasta arriba; observó su gran espalda, los cabellos que le caían en un moño despeinado detrás de las orejas y luego volvió a atrapar sus ojos. Que curiosamente también le miraban, enseguida observó una media sonrisa curvarse en los labios rosados y carnosos del joven, Levi abrió los ojos de la sorpresa, o más bien de la incredulidad, entonces el muchacho se volvió al frente concentrado de pronto en el camino, mirando los espejos y aumentando la velocidad.
Levi giró su cabeza hacia atrás, tratando de encontrar una buena explicación para lo que acababa de pasar, pero solo encontró a gente durmiendo, la mayoría eran hombres de mediana edad, y por último, su amiga que también estaba concentrada en la ventana, no había ninguna otra mujer más atrás, salvo ella pero Levi en serio dudó que el coqueteo de hace un momento fuera para ella.
Volvió su vista al frente, sintiendo el enorme vehículo detenerse en la avenida a causa del semáforo rojo. Y de nueva cuenta, ahí estaba otra vez… El joven de ojos verdes se volteaba a mirarle, esta vez le sonrió y los segundos que se miraron fueron más largos. Estaba en lo correcto, ese niño le estaba coqueteando con descaro y a la vista de todos, pero nadie parecía darse cuenta.
¿Cómo podía afrontar lo que estaba pasando ahora?, qué tanto le veía ese mocoso; solo tenía un simple traje de oficina, tan aburrido como su personalidad. ¿Era su cara de asco o de pocos amigos, o qué era?
El camión volvió a moverse, y el chico nuevamente se giraba y Levi aprovechó para buscar ayuda de Hanji.
—Oye loca…
—¿Qué pasa enano?
—Eso quiero saber. Escucha, creo que el mocoso de allá me está tirando los perros.
—¿Qué?
—Ya sé que suena absurdo pero es cierto. Me ha estado mirando y hasta me sonrió… Dime que es una maldita broma.
—Oh cielos... —Hanji hizo una expresión fascinada y sonrió abiertamente—, espera que ahora lo compruebo.
Pasaron unos minutos más, Levi estaba concentrado en todo menos en mirar al frente. Se había negado en reconocerlo, no podía creer que un microbusero estuviera interesado en él. No, quería ignorarlo; hasta que volvió a suceder, queriendo y no queriendo, volvió a buscar en contra de su voluntad los hermosos ojos verdes que nuevamente le miraban. Solo eran unos segundos pero para él pasaba más tiempo.
Entonces Hanji estalló en sisas detrás suyo.
—En efecto Levi, te está coqueteando —afirmó encantada— se ve que le gustaste mucho.
—Cállate, a mí no me halaga en absoluto.
—¿Cuál es el problema?, es joven y está guapísimo. Vaya suerte que tienes, es un caramelito. Ya quisiera yo que alguien así se fijara en mí.
—¿Qué es lo que pasa? —preguntó Erwin, volviendo a la realidad.
—A Levi le está coqueteando el conductor.
—Cállense la pinche boca —Levi se cubrió la cara con su palma.
Los amigos de Levi sonreían animados, verificando que en cada oportunidad el joven moreno sí volteaba a ver a Levi; algunas veces sonreía, otras no. La gente subía y bajaba sin cesar; a momentos Hanji le empujaba el hombro, pero Levi no mostraba indicios de ceder. Simplemente era imposible todo lo que estaba pasando.
Rehuyó cuanto pudo de las grandes y notorias pistas y tentaciones que el joven dejaba para que sus miradas se encontraran, pero Levi seguía en el mismo plan. Entonces miró de reojo como el conductor aprovechaba el alto de treinta segundos para ponerse de pie y rebuscar algo en su maletera. Sacó algo, no supo qué, pero cabía en la palma de la mano ajena y lejana, luego hizo algunos movimientos escondidos en el tablero y al final, volvió a ponerse en marcha.
Levi se sintió curioso, hasta que escuchó una música salir de las bocinas.
"¿Thinking out loud?" "No puede ser…", pensó, sintiendo sus mejillas arder.
Esa era la canción más cursi que sonó como éxito hace unos años, pero ahora sonaba a volumen considerable dentro del camión. Las risas de sus amigos volvieron a estallar y él también medio sonrió.
—Levi, cariño, ¡date cuenta!, te está dedicando esta canción, ¡Es una serenata! —chilló emocionada.
—Es tan cursi que voy a vomitar.
—Oh pero que tierno niño, si supiera como eres… pobre.
—¿Qué estás tratando de decir…? —preguntó Levi enfurecido.
—Hanji tiene razón. Mirándolo bien, no creo que sea tu tipo —hizo una pausa, prestando atención al frente, mirando al moreno de fuego con atención— pero sí que es el mío. Es lindo, muy lindo.
Levi sintió sus entrañas arder; sin saber porqué, no quiso que Erwin siguiera mirándolo.
—Él se fijó en mí, no en tus cejotas, así que deja de verlo.
Hanji comenzó a reír.
—Con que a ti también te gusta.
—Claro que no y ya dejen de molestarme.
"People fall in love in mysterious ways
Maybe just the touch of a hand (...)
And I just want to tell you I am"
/La gente se enamora de formas misteriosas,
quizás solo el roce de una mano,
y solo quería decirte que lo estoy (enamorado)/
—No seas tímido enano, él es todo tuyo.
Pasaron alrededor de 4 canciones, todas de amor, había preferido que pusiera otro tipo de música, algún clásico mexicano o una canción de rock en español. Pero en sus adentros estaba satisfecho y hasta conmovido. De veras que se estaba tomando en serio las cosas, pues el mocoso hacía más obvias sus intenciones de conquista; perdido en sus pensamientos, el camión se detuvo en una parada y rápidamente abordaron algunas mujeres, jóvenes y lindas, que al ver al moreno se sonrieron entre ellas y no caminaron hacia la parte de atrás sino que se quedaron adheridas al tubo más cercano, sonriendo y riendo entre ellas.
Levi sintió una incomodidad enorme porque ellas bloqueaban la vista que tenía del conductor. Pensó en atraparlo viéndolas o sonriéndoles también, pero su sorpresa fue grande cuando este trató de hacer un espacio solo para verlo a él, importándole muy poco estar frente a los dotes femeninos.
Levi, que ya estaba en sus treintas, no pensó en volver a sentirse así de nuevo, como en la preparatoria. Esos sentimientos de alivio o de amor y esperanza.
Llevaba poco menos de 20 minutos arriba del camión y ya se sentía muy extraño. A puesto que se sentiría bien que aquel mocoso hermoso y cautivador se le acercara, que le preguntara su nombre; él podría entonces tocarle su mano, acariciar sus dedos, quizá invitarle un café, oír su voz o su risa, luego podría llevarlo a un lugar privado. Robarle un beso.
Era una fantasía tentadora enredarse en una aventura. Pero desechó sus ideas, luego de darse cuenta de lo estúpido que estaba siendo. Él y un camionero… ¿pero qué estaba pasando con él?
Lo miró de nuevo, tenía que admitir que sí era atractivo. Sus ojos eran en verdad impresionantes y de lo más encantador, tenía un aire varonil pero a la vez tan lindo e infantil. Su sonrisa seguro sería una debilidad si se daba la oportunidad de algo.
—Levi cariño, vete levantando, ya casi llegamos. — le dijo Hanji tocando su hombro ya estando de pie junto a Erwin.
El tiempo en verdad pasa deprisa.
No quería levantarse, pues supo que todo podía terminar ahí. Pero lo hizo, se agarró de los tubos y caminó hasta la puerta trasera; Hanji apretaba el botón rojo para que la alarma hiciera sonar el implícito "aquí bajo".
Levi regresó la vista, el muchacho lo veía intensamente, sus cejas se juntaban en una mirada suplicante que decía "no te vayas todavía porque no volveré a verte. Al menos dime tu nombre".
Seguramente así eran los amores fugaces, esta iba a ser la primera vez que experimentaba uno, no había ninguna excusa que poner, solo aceptar que la realidad era así.
Sus pies bajaron los tres escalones y luego pisó tierra firme, el concreto duro y gris. El motor del camión gruñó, y comenzó a avanzar, alejándose y soltando humo negro por el tubo de escape.
Levi lo miró alejarse, con sentimientos contradictorios en su pecho. Algo tan fuerte y pesado se coló en sus latidos. Hanji lo notó y le pegó una palmada en la espalda.
—Eso fue increíblemente romántico… Es una lastima.
—Lo que sea, entremos de una vez.
Sus trabajos eran administrativos en una empresa de economía; eran burocráticos asalariados, sin nada más que contar. O como les decían coloquialmente, eran Godínez.
Pero Levi no dejó de pensar en ese joven moreno todo el día, no aceptaba que las cosas pudieran terminar así. Quien sabe porqué pero quiso buscarlo, debía hacerlo a como dé lugar. Ya tenía un dato importante, el muchacho misterioso y coqueto trabajaba en la ruta 104.
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—Levi, ¿quieres que pase por ti?, el carro ya está en perfectas condiciones —preguntó Erwin con orgullo.
—Olvídalo. Ya encontré un chofer más competente que tú. —Acto seguido, le cortó la llamada.
El perfecto y elegante hombre vestido con su traje azul marino, esperaba pacientemente en la parada del bus, miraba su teléfono con burla y luego, lo guardaba en su saco.
Después de unos minutos de espera, llegó pitando un camión verde, bien conservado. Levi dejó que algunas personas abordaran antes que él y luego subió los escalones hasta que quedó frente al conductor.
—Eren.
—Levi, buenos días.
Se miraron como aquella primera vez, solo que ahora era diferente.
El pelinegro hizo el ademán de pagarle, pero Eren rechazó cortésmente.
—Sabes que no.
—Bien.
Esta vez se sentó en el primer asiento, casi a su lado. Así podían verse y sonreír cuanto quisieran.
Al llegar a su destino, Levi se levantó y ahora bajó por la puerta delantera.
—Te veo en la noche — le dijo, antes de bajar.
—Si. — respondió Eren sonriendo. Arrancando el motor apenas notó que Levi ya estaba pisando la acera. .
—¿Levi? —lo llamó Hanji apenas lo reconoció— ¡¿viniste en camión?! —le preguntó, viéndolo caminar tranquilamente, mientras ella salía de comprar un café en el Oxxo más cercano.
—Tenías razón. No es tan malo viajar en el transporte público después de todo. — le respondió, aceptando la derrota.
FIN /
N/A: Historia basada en hechos reales :v no me pregunten.
Bueno, aquí algunas aclaraciones: en la cultura mexicana se les llaman "Godínez" a los oficinistas asalariados que reciben un salario "bajo" pero que pretenden un nivel socioeconómico superior, osea que a estos nuca los vas a ver arriba de un camión entre otras cosas. Los oxxo's son las tiendas de conveniencia y la "Roma" es una colonia de mi cuidad que se caracteriza porque la gente que vive ahí es de "dinero" xDD
La canción es de Ed Sheeran.
Nos leemos pronto.
