¡Personitas bellas, les saludo feliz!

Sé que tiene rato que no publico nada pero les tengo justificación :c tuve un bloqueo creativo a causa de la Universidad, pero ya pronto volveré para traer un maratón de actualizaciones.

Anyway, este pequeño Fic es un desafío del grupo "Club de lectura de Fanfiction". El reto consiste en escribir un drabble o one-shot con prolepsis (comenzar una historia por la mitad o el final). Ustedes juzgarán si lo logré.

Disclaimer: Eren y Levi pertenecen a Hajime Isayama, el hacerlos maniacos amantes es mi total idea xD

Summary: AU escolar, romance, lime, acoso romantizado, suspenso

Advertencias: Todo comenzó con un juego; uno que se desarrolló a la par con la que Eren jugaba voleibol. En ese cancha, luego de que sus ojos se encontrarán por primera vez, Eren supo que no había marcha atrás en esa retorcida y fascinante relación silenciosa compuesta por miradas y obsesión.

A leer~


Seduciendo al conserje.


Huir, correr muy lejos y rápido, tanto como pudiera en aquel momento. Estaba siendo brutalmente perseguido por la persona menos imaginada, que solo veía en sueños, pero no es tan agradable cuando los sueños como esos se vuelven realidad, o peor aún: pesadillas. Menos cuando su perseguidor poseía la mirada de un felino depredador, sigiloso e inteligente, burlón, con ojos color plata que brillaban al chocar con la luz, en esa oscuridad tan terrible.

—Pequeño ratoncito, no podrás esconderte por siempre...

Eren jadeó con pavor, estaba atrapado.

Las palabras que acompañaban la voz con profundidad del abismo se acercaron lentamente, la sombra de sus zapatos se asomaban por debajo de la puerta.

Eren escuchaba su propia respiración y los latidos de su corazón alcanzaron los 100 decibeles de volumen en su oído.

Todo parecía indicar que ese era el fin de la vida tal como la conocía.

—P-por favor... no... n-no entre...

El crujir de la puerta fue tan estruendoso y macabro, digno de cualquier escena de terror. Eren nunca pensó que el silencio le jugaría así en su contra.

En efecto, estaba acorralado y vencido.

—Te encontré.

Las palabras anunciaron su sentencia, la penitencia que no estaba dispuesto a recibir todavía.

En su cabeza, miles de pensamientos iban y venían. Eren trataba de encontrar las palabras correctas, algo que le salvara de aquella situación peligrosa.

¿Cómo había acabado así? ¿En qué momento de los últimos tres años pudo detenerlo todo y no lo hizo?, pero sobre todo, ¿cómo escaparía de él?

—E-escuche, ¡esto es un mal entendido!

—¿Mal entendido dices? Oh no..., me temo que ya es tarde para arrepentimientos.

—Usted sabe, los jóvenes hacemos cosas sin pensar… —lo cierto es que trataba de articular cualquier tonta excusa para salvarse.

—Tu te metiste en este lío mocoso, y haré que te hagas responsable.

¿Cómo había llegado a esa situación sin salida?

Un recuerdo fugaz e inocente se le vino a la cabeza.

—N-no sé de qué habla… —pero en sus adentros lo sabía. Estaba consciente de su inocente error, había jugado con fuego y ya no podía apagar las llamas del gran incendio de su realidad, el sentirse consumido por ellas le estaba aterrando.

—Entonces te ayudaré a recordar cómo fue que llegamos aquí…


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Era el primer día de clases en la preparatoria Trost.

Primero, la típica y bien organizada bienvenida a la nueva generación de alumnos, después, el recorrido por las aulas y pasillos, el ruido de los gritos de los jóvenes en plena juventud; el sencillo almuerzo, las charlas, las risas, los abrazos y los nuevos comienzos de vida.

Un primer día normal, maravilloso si fuese Eren quien lo describiera. Había hecho amigos enseguida, y las clases no estuvieron mal, pero la verdadera emoción vino al llegar la hora de la clase de gimnasia. Ese momento tan esperado era la única razón por la que el joven, de apenas 16 años, se había interesado por estudiar ahí.

Las instalaciones del gimnasio eran enormes, más que las de cualquier otra institución; al lado había una cancha para jugar vóley, básquet, y afuera una cancha para jugar fútbol soccer.

Fue en ese momento que Eren mostró su verdadero potencial, el deporte era lo que más le apasionaba. Él era un talentoso jugador de vóley.

La clase comenzó escueta: unas cuantas vueltas alrededor del gimnasio, varios estiramientos, y eso fue todo.

En el momento que se sentaba en cuclillas a causa de una sentadilla, sintió un escalofrío recorrer toda su espina dorsal. Fue como si de pronto alguien le hubiera disparado con un arma por detrás, y aquella bala se hubiera incrustado en su espalda; pesada, densa como ninguna otra sensación.

Tuvo que verse obligado a voltear en la búsqueda de ese algo que le estuviera provocando aquel vértigo de ser vigilado. Grande fue su sorpresa al toparse de inmediato con un hombre parado no muy lejos de él, apenas unos 10 metros lo separaban.

Detuvo en seco todos sus movimientos, primero escéptico, luego incómodo.

Eren no supo porqué pero no apartó la vista cuando notó que aquella otra mirada no huyó, sino que se concentró más en su persona, analizándolo con ojos indescifrables. Aquel hombre le pareció demasiado particular, y la razón era su apariencia; el aspecto elegante y misterioso, y -¿porque no había de aceptarlo?-, el atractivo irreal en las facciones de la cara madura, marcada e impecable.

Pero lo que más llamó su atención era la intensidad con la que le veía. Sin ningún descaro; justo la posición de su cuerpo y su trasero daban la vista perfecta para admirar sus músculos y la longitud de sus piernas, el pequeño short apenas y tapaba sus gordos muslos propios de un deportista disciplinado.

El muchacho tragó duro, nervioso a todas luces y luego se giró avergonzado cuando la mirada del hombre le retó la propia. No pudo descifrar qué pensaba o porque le miraba así, pero tenía todos los signos de ser un pervertido o al menos eso pensó.

Tratando de mantenerse sereno, volvió a sus ejercicios de calentamiento, pero no pudo contra su curiosidad, sin más volteó hacia atrás nuevamente, encontrando esta vez al hombre de mirada temible, alejándose con un trapeador en la mano.

En ese momento reparó en su conjunto azul, los guantes de látex amarillos en sus manos, y por supuesto -y sin querer-, observó también la amplia espalda, la nuca, y los cabellos puramente negros brillar por detrás.

Al final del día Eren lo había olvidado todo. Demasiado ocupado había estado en la práctica y en sus nuevos amigos, que el misterioso e inquietante sujeto pasó a la historia.

Eso hasta el día siguiente, cuando caminaba despreocupado por la glorieta principal de la escuela. Su camisa a medio arreglar, sus pasos desganados y lentos que parecían arrastrar su flojera. Lanzó un bostezo sonoro y se dirigió al bebedero más cercano, ladeó su rostro, su boca se abrió grande para beber cuanto pudiera del líquido refrescante.

Al terminar, varias gotas se deslizaron por su barbilla y piel; Eren las limpió con el dorso de su mano con total descuido, importándole poco el quedar mojado del pecho y las mangas. Ya comenzaba a caminar cuando a lo lejos divisó una figura masculina observándole; no fue hasta que lo miro con detenimiento, que recordó la cara de aquel hombre, que ahora sabía, era el conserje. Llevaba el mismo overol azul y una escoba en su mano, con la cual recargaba el resto de su cuerpo.

Ahí estaba de nuevo esa incomodidad que lo hicieron salir de ahí pronto.

Nuevamente no era una mirada pervertida o acosadora, sino que más bien, parecía querer decirle algo. El misterio y la violencia conjunta en ese vistazo que le dió, fue una total confusión para su cerebro, que se hacía cada vez más grande conforme pasaban los días.

Después de algunos meses, Eren ya no se explicó porqué, poco a poco, comenzó a gustarle el ser observado por él, aunque nunca cruzaron palabra alguna. Algunas veces habían estado tan cerca como para rozar sus hombros y hablarse, pero el hombre de hierro no parecía tentado en absoluto.

Pronto el niño prodigio se hizo codicioso, y al cumplir sus 17 decidió ser más osado.

Encontró un pequeño placer en el hecho que le miraran mientras se estiraba para la práctica de gimnasia, y cuando sabía que aquellos ojos estaban ahí, se exponía más de la cuenta. Estiraba sus piernas largas y bronceadas, la tela del short deportivo se apretaba con urgencia al tratar de contener los movimientos atrevidos y demandantes del joven adolescente.

Algunas sentadillas más de las necesarias. Quizá movía de más su cintura y exponía sin ninguna vergüenza, lo bien trabajado que estaba su trasero, pero después del espectáculo, su anhelado conserje se daba la vuelta y salía del lugar.

Comportamiento que causaba estragos en el humor de Eren.

"Si no le gusto ¿Por qué me mira tanto? ¿Por qué no se acerca?, ¿Debería yo dar el primer paso?". Tales pensamientos persistieron al cabo de medio año más.

Y como toda acción produce una reacción, el deseo de Eren fue más lejos.

Su cuerpo era la mejor arma para atraer al hombre que, para su desgracia, era el dueño de sus fantasías, y aunque no lo admitiera, de su corazón.

Eren no se rindió, al contrario, intentó darle más señales; su sonrisa y sus ojos siempre trataban de hablar de más, aún contra las quejas y advertencias de sus amigos, él nunca escuchó. Incluso intentó salir con alguien solo para mirar la reacción de aquel hombre impasible, pero nada pareció funcionar.

Cuando cumplió 18 años, tenía las esperanzas perdidas y el corazón roto; por accidente había visto a su adorado conserje hablar con el director de la escuela. Desconocía su relación pero la cercanía entre ellos, la mirada gentil que el hombre de sus sueños despedía, la camaradería ambigua, le provocaron celos en su locura de amor.

Solo él, el chico más loco podía enamorarse del conserje de su escuela.

Por enojo, por despecho o por lo que sea que haya sido, tomó la decisión de dejar atrás su amorío no correspondido. Su venganza sería dulce y dolorosa. Lo admitía, era un joven impulsivo y quería desafiarse a sí mismo.

Ese día fatal se quedó al final de la clase de gimnasia con una torpe excusa. Sabía que él estaría ahí, así que se hizo de la vista gorda y sin pudor alguno comenzó a tomar su cuerpo. Más que un entrenamiento parecía que estaba apunto de quitarse la ropa.

Hizo una posición comprometedora y jadeó con pasión ante su único espectador que lo miraba fijamente, se acostó en el piso frío y abrió sus piernas, acariciando su vientre.

Se excitó rápidamente, su mente cegada por arrebatadores deseos que colapsaron su juicio. Pero el silencio fue la única respuesta, no llegó a ningún lado al darse cuenta de sus acciones.

Después de hacer el ridículo, su calentura bajó a un nivel bajo cero; suspiró humillado, decidido a salir corriendo apenas se pusiera de pie.

Pero lo que no esperó fue escuchar el eco de unos zapatos dirigirse hacia él.

No era su imaginación ni una ilusión suya, en verdad estaba observando al hombre acercarse con una mirada juguetona y una sonrisa lasciva.

—¿Ibas a alguna parte? —La voz era más ronca de lo que esperaba. Era la primera vez que la escuchaba tan cerca.

Eren no dijo nada, y más bien se apresuró a huir. ¿Por qué? Él tampoco lo supo.

Pero cualquier intento de cobardía fue bloqueado por el hombre de tez blanca, el cual lo derribó contundentemente contra el piso y se posicionó encima de él.

Su respiración era pesada.

—Esta vez no dejaré que te vayas.

Olió sus cabellos, restregando su nariz por sus orejas y nuca; el conserje estaba tan agitado y su aliento era audible y pesado.

La fuerza con la que era retenido fue aumentando, hasta que el placer se convirtió en dolor, la ilusión en pesadilla, y el amor en miedo.

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El grito de ayuda fue ahogado por la soledad y el silencio de una escuela vacía.

—¡Por favor aléjese de mí!

—No me hables de usted, llámame Levi. Ahora que te haga gritar de placer, será lo único que dirás.

Inmediatamente, el seco sonido de la ropa siendo desgarrada, y luego el primer jadeo de Eren siendo ultrajado y manoseado en cada rincón del cuerpo. La boca y las manos de Levi recorrían fogosamente la piel apetitosa y bronceada; como un obsesivo tratando de tatuarle su propia marca, justo en su alma para que Eren no pudiera olvidar ese día: El día que sedujo al conserje.

El último sonido fue el de la puerta cerrándose tras la espalda de aquel misterioso hombre, y afuera, el letrero en letras blancas que anunciaba el recóndito escondite del cuarto del malévolo conserje.

FIN


N/A: ¿Qué les pareció? Por si se preguntan.

Me uní al grupo hace poco y logré sacar otro desafío con una dificultad interesante. No logro pulirlo aún pero estoy segura que lo tendrán para su lectura.

En fin, nos leemos pronto. Besos.