Richelle Mead es la autora de VA.
Yo solo escribo, colgándome de sus geniales ideas.
Palacio moroi de Pensilvania.
El Consejo Real de la Reina Tatiana.
En el Atardecer de un -triste- día de verano.
"Su Majestad" dijo el Príncipe Dashkov.
¿Alguien lo siente frotándose las manos, mentalmente?.
"Sí. Lo sé. Mi hermano Robert es el único Usuario de Espíritu sobre los 18 años... ¡ disponible!".
Y acalló los reclamos de los otros miembros con un gesto de su mano, ¡tan magnánimo, él!.
"¡Por eso le pido reconsiderarlo!" murmullos (casi desatados de algunos), "Mi hermano Robert... es -y debo reconocerlo- mayor que yo mismo", un coro de ¡oh! y gestos faciales de desagrado se dejaron ver, "y casar a esa niña con él... es totalmente una aberración. Y, como cabeza de la Familia Dashkov, es mi deber oponerme y es por el bien de ambos que... ofrezco una solución".
Una pausa es lo más útil para que todos cierren el pico y centren la mirada en él.
"Mi propia mano en matrimonio para esa niña, la Enlazada con Lady Vasilissa Vasilissa Dragomir", ¡Qué!.
Se oyeron a coro.
"Sí, yo la tomaré por esposa, ante la falta de un mejor candidato", y miró con un reproche al Príncipe Lazar, "y la haré mi Princesa Consorte. Es por el bien superior de los morois que lo haré".
Una oleada.
¡Qué va, un tsunami! de voces se dejaron oír al mismo tiempo.
Era, simplemente, inconcebible.
¿Un Príncipe y una niña dhampir?.
¡Ni siquiera una moroi, sino una dhampir!.
Un horror máximo.
¿Y la diferencia de edad?.
Una Blasfemia.
Pero lo peor era que esa niña... -dhampir, ¿recuerdan?-, tenía -apenas-, unos jóvenes 15 años.
Y con mucha suerte -y sólo al completarse el proceso al hacerse ShadowKissed- podría darle -y las estadísticas decían sólo uno- un hijo moroi.
Claro.
Uno saludable (mascullaban los conocedores de su -real- situación).
Pero sólo un hijo moroi.
Y era todo lo que un hombre -cargado con la maldición del Sandozky como Dashkov- podía desear.
De ella, claro.
Y eso implicaba que ella debería morir.
Pronto.
Lástima que fuera tan joven y linda y fuerte y saludable.
¿O no?
Lo correcto para esa niña -dhampir, recuerden-, habría sido un varón de la misma línea de sangre de su enlazada -los Dragomirs- pero el único varón que quedaba era el hermano mayor de la joven Lady Vasilissa, -su único hermano- quién era -además- el heredero del Principado.
Y no habían primos, tíos más jóvenes (que Dashkov, obvio), o nada.
Los otros candidatos eran el disipado Reed, un Lord Lazar que era el SK de su propia hermana, Avery.
También el guardián de éste, y también SK de Avery, ¡qué increíble coincidencia!.
Y en eso se basaba el Príncipe Lazar para negárselos -tanto a Reed como a Simon, el guardián- a esa niña dhampir.
Porque la Lady Lazar los necesitaba para no volverse loca.
Y por otras razones que no iba al caso compartir... aún.
El otro candidato -no ideal, pero útil- habría sido el más que disipado Lord Adrián Ivashkov, heredero del Principado Ivashkov.
Y... sobrino favorito de la misma Reina.
Quién, ¡obviamente!, jamás lo permitiría.
Ni ella, ni el padre -el actual Príncipe Ivashkov- o su aprensiva madre.
Así que sólo quedaba Robert, un Máster Dashkov (hijo del difunto Príncipe Dashkov, en sus tiempos mozos y de soltería).
Un hombre mayor que su hermano -que era el Príncipe por haber nacido en el matrimonio del anterior Príncipe- y casi completamente insano.
Sus SK anteriores -guardianes ambos- ya habían muerto.
¿Coincidencia?, ¡pues no me lo creo!.
Y, a todo esto, -y al parecer- nadie parecía recordar a la joven damisela en cuestión.
O, al menos, tener en consideración en las negociaciones a su propia madre, que debería autorizarlo.
Sip, a nadie parecía importarle.
"Lo comprendo, Milord Viktor" habló la Reina, "lo he... estado calibrando, y muy detenidamente. ¡Es que esto es tan inusual!" reconoció, ¿algo confusa, ella?, "y también he buscando a alguien que... pueda ayudar a... ambas. Sí. Claro. A ambas".
Y sonrió al incómodo Príncipe Dragomir, que mantenía los labios sellados y la ira en los ojos.
"¡Y sabemos que no hay, ni siquiera en segunda generación o algo así!". suspiró, mirando al Príncipe Dragomir, que debió reconocer su derrota, "¡Tu oferta es tan generosa que es... imposible no aceptarla. A través de esa unión -sólo de conveniencia, claro está- tu hermano, Lady Vasilissa y esta niña podrán equilibrarse... algo".
Tatiana, no suenas convencida, mujer.
" ¡Es que es algo tan inusual! ¡Sin precedentes! El manifestar esa magia siendo apenas una niñita y amarrando a esa otra niña -la dhampir- a ella. ¡Ni siquiera es una mayor, de una clase senior o una guardiana, como lo es su madre!... en fin. Ocurrió y ahora debemos evitar... mayores consecuencias".
"¡Es que ambas... son tan jóvenes!" gimió la siempre sensible Princesa Szelsky, que había visto crecer de cerca a la niña dhampir, pues su hermano tenía a la madre de la niña como guardiana.
¡Y era una muy buena!.
"Sí. Niñitas, Milady Ariana", la consoló la Princesa Bádica, "¿Están todas las opciones agotadas, Milord Eric?" ,preguntó al Principe Dragomir.
"Me temo que sí. Llevamos algún tiempo rastreando; pero, lamentablemente, los pocos que aún llevan -algo- de nuestra sangre están tan alejados que... de nada sirven. Si André no fuera mi único hijo varón -y es el heredero, por ser el mayor, recuerden- ya lo habríamos comprometido con Rose".
"¿Rose Mary, quieres decir?" inquirió La Princesa Szelsky, frunciendo las cejas.
"Tal vez Janine le diga así, pero a Rose le gusta Rose. Y Rose se quedó", se encogió de hombros. "La queremos mucho -mi esposa y yo-, y ha crecido junto a nuestra Lissa pero... André es nuestro único hijo varón. Y debemos asegurarnos de que ambos - él y su hermana- puedan... extender a la familia. Él... ya está comprometido", más murmullos, esta vez, excitados.
La copucha desde la misma fuente era siempre la más sabrosa.
Varios pares de ojos -y orejas- se abrieron, en espera del pelambre.
¡Grupo de viejas peladoras y copuchentas, todos y todas y todes ellos!.
"Ella termina el próximo año en St. Vladimir. Es una Mz, y es hija de una Lady Voda, con el hijo de una Lady Bádica", e hizo un gesto a ambas Princesas, que respondieron, complacidas (y, seguramente, haciendo sus cálculos).
Era evidente que hacía mención, muy solapadamente, a que la ganadora de ese pull sanguíneo no tenía Sandozky en sus parientes cercanos... o lejanos.
"¿Y qué hay de tu hija, Lady Vasilissa?", inquirió el Príncipe Ozera, "¿puedo interesarte en el muchacho del pobre Lukas...?. Es un buen muchacho, no tiene la culpa de su estirpe de ratas traicioneras".
"El padre de Lukas y la madre de mi esposa, que como sabes, es una Lady Ozera", le recordó rezongando, "eran primos segundos. Es... demasiado cercano. Casi endogámico. Y Mi suegra" rezongó, "Lady Ozera-Daniels, es una firme opositora a la endogamia (¡ah!, herencias y fideicomisos, obvio). Por eso se casó con mi suegro. Porque, aunque siendo un Máster Ivashkov (¿hijo de una Lady Ivashkov?, o del viejo Príncipe Ivashkov, antes de su matrimonio, obviamente)", acá su voz pareció hilar más fino, y el mensaje le llegó clarito a la Reina. ¡NO TE METAS AHÍ! "su parte... no royal (una elegante manera en los círculos royal de decir... commoners), era totalmente limpia. Además de adinerada, claro".
¡Vaya sutileza, de acusar a la vieja de interesada!.
Y me refiero a su suegra, ¡no a Tatiana Ivashkov!.
"Pero ya escogiste para ella, ¿cierto?", inquirió la Princesa Voda, calculando mentalmente que muchacho -cercano a ella, obviamente- podría ofrecer.
Debía averiguar de qué familia era esa Mz. Voda-Bádica.
"El joven Máster Aaron Drozdov (nacido del matrimonio de un Lord Drozdov -pero menor de edad-, por eso su nombre iba tras el título de cortesía de Máster) es una posibilidad. Con una madre Mz. Lazar y con abuelos Zeklos y Tarus. Ninguna de esas familias está enlazada a nosotros... en al menos 10 generaciones. Además, van a la misma clase, estaban empezando a salir y... se gustan. Algo, al menos".
"Pero hay otra niña, una Mz. Dragomir", insistió el Príncipe Ozera, "¿cierto?, y sabemos que está bajo tu tutela".
"Y ella es de madre commoner. Y no diré más. Es menor que nuestra Lissa", y cerró la boca.
El mensaje era claro.
No diría de quién era hija.
Si suya, de su hijo o... incluso de su difunto padre.
Esa niña tenía el derecho a crecer sin ser perseguida.
Ya lo sería a los 18 años.
"Niña y menor que las otras niñitas. Lástima" murmuró la Reina.
También le interesaba saber, para Adrián u otros jóvenes de su familia.
Pero también era - realmente-, su última carta a jugar.
Debía aceptar la derrota.
Que una niñita dhampir sería una Princesa Consorte.
Y, probablemente, una Princesa Viuda.
Por muchos, muchísimos años más.
Porque ése era el tema real.
Lissa y Rose eran dos niñitas... y solas contra el mundo de los adultos.
Que las transaccionaban.
Y a toda costa.
Afuera, una joven de pelo oscuro -dirían negro como las alas de un cuervo- paseaba sola.
¿A salvo?.
Bueno. esa... era otra historia.
