.:INMUTABLE:.
[Los personajes no me pertenecen, sino a la mismísima Rumiko Takahashi. Yo solo usé sus personajes y, "su universo"; para poder hacer realidad lo que pasaba por mi mentecilla loca, jaja. Espero que sea de su agrado. Hago esto sin fines de lucro.]
. . .
Capítulo 1.
Iba subiendo arrastras sobre los peldaños de madera que la llevaban a la segunda planta de la casa, exhausta. Su madre la había recibido con euforia como era costumbre en ella, conduciéndola a la cocina para poder alimentar su estómago, conviviendo con los demás integrantes de la casa, que eran su abuelo y hermano menor. Una vez sola en su habitación y con la puerta cerrada... Dejó su mochila en el piso, no aguantando más esa máscara que había tenido desde que abrió la puerta de la urna del pozo, suspirando. Recargó su espalda en la puerta, deslizándose lentamente hasta que su trasero topó el piso, encogiendo las piernas, ocultando su rostro en ellas, suspirando.
Levantó su cara con los ojos un poco rojos a causa de las lágrimas que había podido retener, hasta ese momento...
Inuyasha había ido en busca de Kikyô, abandonándolos a ella y sus amigos, volviendo a la aldea sobre Kirara. Sus amigos intentaron animarla un poco, pero había sido en vano. Era algo insensato de su parte ponerse en ese estado emocional, cuando ella misma le había incitado ir tras ella. Entonces... ¿Por qué estaba tan melancólica? La respuesta era tan clara como el agua...
Porque lo amaba.
Se sentía miserable por tener esos sentimientos hacia él, cuando Inuyasha solo tenía ojos para cierta sacerdotisa muerta. Era una tonta y lo sabía, pero como ya lo había dicho una vez: no podía evitar el amor que siente por él...
Ahogó un jadeo, tapando su rostro con sus manos. No iba a llorar, no cuando ella era ella la tonta enamorada. Tenía que al menos intentar ser fuerte ante esos sentimientos, y no dejar que la dominen durante la estancia en su hogar, no queriendo preocupar a su familia y hacerles saber que se encontraba así nuevamente por ese albino. No podía, definitivamente no.
. . .
Asistió a la escuela al siguiente día y los otros que habían pasado para poder ponerse al corriente en sus clases y de paso presentar los exámenes correspondientes. Una vez concluido todas las responsabilidades de esa época, se decidió en volver a la época antigua. Le dolió el hecho de que Inuyasha no había ido a buscarla, pero eso ya no tenía importancia, no cuando él... Cerró sus ojos alejando todos esos pensamientos que solo apagaban su semblante. Se despidió de su familia, corriendo por el templo hasta llegar la urna, bajar las pequeñas escaleras y adentrarse en ese pozo viejo, traspasando las barreras del tiempo. Sus pies aterrizaron en lo profundo del pozo, sujetando de nueva cuenta su gran mochila. Sintió una gota caer en su cabeza, alzando la vista a las nubes cargadas de agua, preocupándola.
"Oh, no..."
Otro par de gotas cayeron sobre ella, dando paso a una fuerte lluvia. Entró en pánico, apresurando su salida del pozo cuando comenzó a sentir el lodo en sus pies. Logró con éxito lanzar su equipaje fuera del pozo, felicitándose internamente. Ahora era su turno de salir del lugar. Sujetó una de las lianas, tomándola con firmeza empezando a escalar con cautela, acción que se le hacía difícil por la lluvia. Sus ojos se abrieron de golpe, al sentir como su pie se había resbalado haciéndola caer, manchándola de lodo. Se sobó con el ceño fruncido donde se había lastimado, retomando otra vez la escalada por el pozo, logrando salir casi aferrada de las orillas de éste. Su cuerpo empezó a sentir frío por la temperatura que comenzaba a disminuir, sintiendo de igual forma las gotas frías en su cuerpo empapando su ropa.
Estaba por ir corriendo en dirección a la aldea, cuando vio a lo lejos a lo que parecía ser una anciana, que caminaba de forma tambaleante. Se sorprendió cuando la vio caer al suelo, y de forma instintiva, sus piernas ya estaban corriendo hacia la anciana para auxiliarla. La vio ahí tendida a medio desfallecer, notando que respiraba de forma agitada. No esperó más tiempo, tomándola de un brazo levantándola y llevarla con Kaede, para brindarle los primeros auxilios.
—Señora, resista por favor— le habló a la mujer, para que no perdiera la conciencia del todo.
De pronto sintió una aura demoniaca aproximarse hacia donde se encontraba, no perdiendo la compostura. Tenía que ser en ese momento una persona astuta y nada imprudente, sino quería resultar malherida. Se escabulló sigilosamente tras un árbol frondoso, reposando a la anciana mujer en el, que tenía ahora los ojos levemente abiertos.
—Permanezca aquí, por favor— pidió la chica, armándose con su arco y flechas, preparando todo para atacar.
Menos mal que tenía la ventaja de la lluvia, porque de esa manera el monstruo no podría rastrearla por estar empapada, facilitando la estrategia de ocultarse del enemigo. La anciana miraba algo borroso a esa chiquilla hacer el intento de querer exterminar al monstruo, provocándole ira. ¿En serio se iba a enfrentar contra ese demonio? ¡Que insensato de su parte!
—Solo harás que se enfade más— musitó con cansancio, con el ceño fruncido —Eres una simple niña. No tienes oportunidad contra ese engendro.
Kagome miró por sobre su hombro a la mujer, un poco ofendida, no haciendo caso a su comentario, dirigiendo de nuevo su mirada al monstruo. Contuvo la respiración, al mismo tiempo que dejaba alucinada a la anciana, cuando pudo ver con sus ojos como esa mujer era envuelta por un aura espiritual. ¿A caso esa mujer era una...? No pudo pensar más, en cuanto la chica había incrustado una flecha en el monstruo, provocando un destello en el lugar, cubriendo con su brazo sus ojos ante la luz que había provocado el ataque de la chica. Miró con asombro el hecho de que había logrado exterminar al monstruo, sin todavía poder creerlo del todo. La chica se dirigió ahora a la mujer y habló:
—Andando.
. . .
Tuvo demasiada paciencia con esa anciana, cuando le había propuesto llevarla a la aldea para atenderla, pero ésta se rehusó muy encaprichada, alegando cuanta cosa, hasta que había cedido ante sus demandas de ir a otro lugar, causándole un leve dolor de cabeza ante los regaños que le deba esa mujer malagradecida. Por fortuna pudieron encontrar una especie de madriguera, para poder descansar, sin darse cuenta que la mujer la veía muy fijamente, cuando se encontraba de espaldas escurriendo su ropa y cabello con sus manos. No podía apartar su vista de aquella chiquilla extraña, que poseía poderes espirituales algo... Impresionantes. Tan solo hacía falta que los pusiera más en practica para poder dominar del todo su poder. Terminó de escurrir aunque sea un poco su ropa, girándose hacia la anciana que la veía con fiereza, dándole escalofríos, pasando saliva nerviosa.
—¿Se encuentra bien señora?— habló con un tono amable para disminuir la tención, pero se desencajó al oír la voz enfadada de la mujer, gritándole.
—¡¿Bien?! ¡Cómo se te ocurre hacer semejante cosa, niña!— la reprendió.
No comprendió su actitud exasperada, puesto que la había salvado de una posible muerte que le iba a ocasionar aquel demonio al devorarla o destruirla con sus garras, y ella en vez de agradecerle que era lo más lógico, la estaba regañando por haberle brindado su ayuda. No lo entendía.
—Pero usted...
—¡Mira que arriesgar tu vida por una completa desconocida!— la interrumpió de golpe, refunfuñando —¿Qué tus padres no te enseñaron a no meterte con extraños?
Kagome solo pudo asentir ante su pregunta, asustada retrocediendo un paso, escuchando a la mujer alardear furiosa sobre que era una tonta insensata sin sentido común, cosa que le provocó un sonrojo en sus mejillas, dejándola sin palabras ante sus acusaciones algo exageradas.
—Yo solo pretendía ayudarla, señora— se justificó la colegiala todavía con un leve sonrojo.
—¿A cambio de qué?— habló con los dientes apretados.
—De nada— la miró. La anciana no apartó la vista de ella, buscando la verdad a través de sus ojos, inspeccionándola —Si veo a alguien en problemas, no lo pienso dos veces para ayudarlo en todo lo que pueda.
—Menuda tontería, niña. ¿Y si yo resulto ser un yôkai y te mato?— preguntó, dejando sin habla a la chica, sin saber qué decir, puesto que eso podría ser una probabilidad. ¿Qué esperar de esta época llena de monstruos y hechicería?
—Yo...— balbuceó con temor, retrocediendo a penas unos centímetros de la mujer.
—Descuida, no te haré nada niña— dijo con fastidio, exprimiendo su ropa, calmando un poco a Kagome, pero luego lo pensó mejor.
—¿A caso usted es un monstruo?— su voz empezó a sonar temblorosa, al pensar que no le daría tiempo de huir de ese ser.
—Cuidado con tus palabras, niñita— arrugó la nariz y con un tronar de dedos, hizo aparecer una fogata, asombrando a la azabache ante tal acto de magia —Soy una bruja, que es muy diferente.
—Perdóneme.
—Bla, bla, bla. ¡Basta de parloteos!— la cayó abruptamente, haciendo que sudara frío —Okey... Gracias a tus servicios innecesarios y que además yo no solicité. He quedado en contra de mi voluntad, comprometida en otorgarte un hechizo a tu favor.
—¿Un hechizo?— arqueó una ceja. Eso tenía que ser una broma —Eeeh... No, se lo agradezco, de verdad. Pero yo no...
—¡No te pedí tu opinión! Lo aceptarás sí o sí— vociferó la anciana, haciendo caer asustada a la chica —¿Entendiste?
—S-sí, señora— titubeó nerviosa.
—Magnifico— sonrió con malicia —Ahora, ¿qué es lo que quieres?
—La verdad yo...
—Aaah... Tatatata— alardeó la bruja, agitando sus brazos, interrumpiéndola —No me lo digas, yo lo descubriré.
Kagome miró atenta como la mujer frotaba sus manos de manera rápida hasta crear un polvo que sabrá ella como lo hizo. Movió sus brazos al rededor de todo ese polvo color amarillo brillante, formando una clase de esfera. La bruja colocó sus manos en la parte inferior de aquella misteriosa energía, esparciendo de un soplido el polvo en Kagome, de forma sorpresiva, sin darle tiempo a reaccionar, cerrando sus ojos, tosiendo. Por unos breves momentos había sentido la misma percepción, de cuando la bruja Urasue intentó robarle sus almas, perdiendo total conocimiento. Dio una bocanada de aire, como si con eso había sido capaz de recuperar su alma, respirando agitada, poniendo su mano de forma instintiva en su corazón, volviendo en sí.
—Qué... ¿Qué fue eso?— preguntó agitada la chica.
—Que dramática eres niñita— mencionó con fastidio la anciana, ignorando la mala cara de la chica —Solo eché un vistazo a tu alma para asegurarme de lo que te voy a otorgar.
—¿Ah sí? Y qué es lo que vio— la anciana hizo un gesto pensativo y habló.
—Bien, puedo concederte el hecho de que apruebes uno de tus tantos... test, sea lo que sea eso.
—¿De verdad?— preguntó con una ilusión, que pronto fue quebrantada casi al instante por las palabras de esa mujer.
—Pero como esas cosas las puedes solucionar por tus propios méritos, no lo haré— Kagome soltó un bufido.
—Era demasiado bueno, para ser verdad...— mencionó con resignación, rodando los ojos.
—Pero... Puedo ayudarte a rehacer tu mente y corazón— habló siniestramente, confundiendo a la azabache.
—¿Rehacer mi mente y... corazón?— repitió.
—¿Eres sorda o qué?— le gruñó.
—No, no. Es solo que no entiendo.
—No es necesario que lo entiendas— susurró maliciosa, sin darle tiempo otra vez a la chica de protegerse ante el conjuro, sintiéndose débil, cayendo en un sueño. Lanzó nuevamente aquél polvo sobre ella, colocando sus manos en su frente y pecho a unos pocos centímetros, dejando que su conjuro hiciera su trabajo. Una vez que absorbió lo que quería, lo volvió a concentrar en sus manos, haciendo estallar aquella energía.
—Ningún ser o hechizo destruye el amor— habló a la nada de forma seria, mirando el cuerpo de la chica, que poco a poco volvía a la normalidad —Pero puedo rehacer tus sentimientos.
. . .
Frunció el ceño, abriendo poco a poco sus ojos, con la vista borrosa, levantándose con ayuda de sus codos de forma pausada, enfocando la figura de una persona delante de ella, recapitulando que se trataba de aquella mujer que había salvado.
—¿Qué sucedió?
—Te desmayaste por cinco minutos— replicó a secas la anciana —He pagado mi deuda, me despido— se puso de pie, caminando hacia la salida.
—Espere...— se incorporó, sintiendo un leve mareo, cayendo al suelo.
—Adiós Kagome...
—¿Qué? ¡No! ¡Aguarde!— su vista quedó cejada ante un resplandor momentáneo, producto de un relámpago, seguido de un ruido muy fuerte, consternándola.
No supo en qué momento fue en que apareció a las afueras del lugar en donde estaba, para estar ahora bajo el fuerte aguacero, con sus cosas a un lado. Su cuerpo comenzó a temblar y sus dientes a castañar por el frío que empezaba a colarse hasta sus huesos, no siendo capaz de ponerse de pie aún vulnerable.
¿Qué había sido eso? ¿A caso fue un producto de su imaginación? O tal vez...
—¡Kagome!— logró escuchar a lo lejos, alzando un poco su vista casi desfallecida, sentándose en sus piernas abrazándose así misma —¡Kagome!
Una vez que lo tuvo cerca de ella, sintió una tela reposar sobre su espalda, cubriéndola de la lluvia, sintiendo la calidez de la tela a causa del calor corporal del chico. Quiso levantarse, pero le fue imposible, siendo sostenida por el chico.
—Te-tengo... frío...— musitó en un suspiro, cerrando los ojos, al no poder aguantar más esa baja temperatura en su cuerpo y ambiente.
—¡¿Qué demonios hacías aquí?!— reprendió a la chica, tomándola en sus brazos acelerado —¡Más vale que no te resfríes, tonta!
La chica alzó su cabeza un poco, para ver por encima del hombro del muchacho el lugar donde había pasado todo. Quería pensar en todo lo que había sucedido en cuanto a la bruja que había ayudado, pero su cuerpo no estaba de acuerdo con eso, por el cansancio. Ya reflexionará más adelante, por ahora tenía que dejar descansar a su cuerpo y que entrara en calor.
. . .
(Sábado 23/01/2021)
N/A: Bueno, ese es solo el primer capítulo, y mi primer fic publicado en esta plataforma. Muchas gracias por leerlo.
Se los gradece:
Manzanita.
