"Cada vez me cuesta más apartarme de ti", dijo acariciando la espalda de Regina, sabía que se tenía que ir a trabajar, pero no quería dejarla, Regina no respondía solo escuchaba sus palabras, disfrutaba de sus caricias y dibujaba figuras imaginarias encima de su corazón, toda su piel se erizaba con el toque de sus delicadas manos, quería que ese momento no se acabara nunca, al no recibir respuesta por parte de la mujer que sostenía entre sus brazos, siguió hablando, "¿imaginas el momento en que esta sea nuestra vida cotidiana, que vivamos juntos, que podamos amanecer así abrazados, que podamos decirle a todo el pueblo que nos amamos, que estemos...", un sollozo de Regina lo hizo detenerse, "¿estás bien?" le preguntó mientras sentía sus lágrimas caer, ella solo asintió sin emitir sonido, no quiso insistir sabía que las palabras que había pronunciado la hicieron llorar, "te amo", Regina se levantó de inmediato del sofá, dejándolo sorprendido, sin saber qué hacer, con un movimiento de su mano, los dejó vestidos a ambos y también sintió que la puerta se abrió, entendió muy bien lo que estaba pasando, esa conversación nunca la habían tenido y era un tema complicado, pero él no quería irse así, por lo que aprovechó que le había dado la espalda y la abrazó por la cintura, de pronto sintió una corriente eléctrica correr por todo su cuerpo, le parecía raro, pero se sentía tan bien y tan familiar que ni siquiera dijo nada, fue Regina quien habló esta vez.
"David tú sabes que nada de eso es posible, hay muchas cosas que nos separan", le dijo poniendo sus manos encima de las de él.
"Nada es imposible mi amor", dijo dejando un dulce beso en su hombro.
Regina se volteó de pronto para estar frente a frente, "no hablemos más de este tema", dijo inclinándose un poco para besar sus labios y que supiera que le molestaba hablar de ese tema, era uno de sus mayores miedos y no quería enfrentarlo en ese momento.
"mmm", fue el único sonido que emitió David, fue la señal de aprobación que necesitaba Regina para continuar con el beso, el que rápidamente volvió a pasarse de los límites, pero el aire fue necesario y tuvieron que separarse, David pasó su mano por la mejilla de Regina con mucha ternura y no dejaba de abrazarla.
"Me tengo que ir", dijo David apretando más su abrazo.
"Lo sé", no dijo más, todavía sus lágrimas seguían amenazando por caer, pero las contuvo como pudo.
"No te preocupes más, mi reina todo va a salir bien", el poco autocontrol que le quedaba se esfumó y una lágrima volvió a traicionarla, David la secó de inmediato y la abrazó muy fuerte, pasados unos segundos en los que Regina se relajó, se apartó de su abrazo, dejó un tierno beso en su frente y comenzó a caminar hacia la puerta para marcharse, no sin antes pronunciar sus últimas palabras, "nos vemos más tarde, estaré contando los segundos" y le tiró un beso con sus manos, Regina sonrió ante su ocurrencia, pero respondió al gesto, ahora sí, se retiró lentamente de la oficina con una sonrisa que iluminaba su rostro para comenzar su rutinario día de trabajo.
Haber permanecido tanto tiempo encerrada en el departamento debido a la maternidad, la tenía un poco contrariada, su papá decidió salir muy temprano y no regresaba, así que no lo pensó más y aprovechó, quería sentarse en el parque para tomar un poco de aire fresco y por el camino se encontró con su amiga Ruby quien hacía su rutina de correr para mantenerse en forma.
"¡Blanca!", exclamó Ruby quien detuvo su paso para conversar con ella.
"Ruby, no imaginé encontrarte, pensé que a esta hora estarías trabajando ya es casi medio día", le dijo un poco extrañada y es que tenía razón, era prácticamente hora de almuerzo.
"hoy Granny me dio el día libre porque en los últimos días hemos tenido mucho movimiento en la cafetería y decidió recompensarme", explicó quitando del hombro de Blanca el bolso del bebé, al parecer su amiga se veía un poco contrariada con la carga que llevaba.
"voy para el parque, ¿me acompañas?, así pasamos un rato juntas como en los viejos tiempos", le propuso, extrañaba mucho compartir con su amiga, los últimos acontecimientos del pueblo no se lo habían permitido.
"por supuesto, me encantaría", ambas siguieron caminando hasta llegar al parque, se sentaron en un banco y comenzaron a conversar.
"Bueno, dime ¿cómo va la vida de mamá?", preguntó Ruby besando la cabecita del bebé el que ahora estaba en brazos de su madre alimentándose, era su hora de comer.
"muy bien, aunque los primeros días fue una verdadera pesadilla, casi no podíamos dormir en el departamento, papá siempre bromeaba que yo era igual", le daba mucho placer hablar de su papá, lo amaba mucho, era evidente.
"¿y el papá del bebé?", interrogó Ruby mirando a Blanca directamente a los ojos.
"todo bien, David ama mucho a Neal", realmente no estaban muy bien las cosas con él, pero no quería hablar de ese tema.
"¿estás segura?, digo no dudo de su amor de padre, me refiero a si está todo bien realmente", porque hasta un ciego podía darse cuenta de que su expresión cambió radicalmente con la sola mención de su esposo.
"estoy segura", la insistencia de Ruby la estaba quebrando.
"Blanca puedes confiar en mí", la animó su amiga.
"Ruby te lo agradezco, pero la situación con David ni yo misma la he descifrado, está muy cambiado, pero desde hace mucho tiempo nuestra vida se ha convertido en una cruel monotonía, no estoy convencida de que siga siendo mi amor verdadero, ya ni el hecho de compartir un corazón nos une, a veces creo que continuamos juntos solo por costumbre para que el pueblo siga viendo en nosotros a la pareja feliz que una vez los representó, de eso ya no queda nada", se desahogó y respiró profundo al sentir que esas palabras ya no eran una carga para ella, porque de verdad le estaba costando mucho trabajo asimilar que el desamor hubiese tocado a su puerta tan pronto y lo peor era que las actitudes de David la dejaban mucho más confundida, no sabía a ciencia cierta si él sentía lo mismo porque casi ni hablaban solo se dedicaba a mimar al bebé, de eso sí no tenía ninguna queja de lo buen padre que siempre era.
"¿Has conversado con él sobre cómo te sientes?, quizás puedan determinar el futuro de su relación", le aconsejó de corazón porque la notaba un poco infeliz y no le gustaba verla así.
"No hemos conversado, pero a partir de mañana las cosas cambiarán…", quiso hablar de sus planes, pero no pudo.
"¡El bebé!", exclamó el niño Roland quien se acercaba a la escena corriendo, al parecer huyendo de su padre.
"¡ROLAND!", la voz de Robin se hizo sentir en el lugar.
"Seremos amigos cuando camine", dijo inocentemente el pequeño.
"Roland, hijo al fin te detienes, me has hecho correr por todo el parque", se acercó a su hijo quien ni siquiera le prestaba atención.
"¿Cuál es su nombre?", preguntó, sin darle importancia a su padre.
"Neal y por supuesto que serán muy amigos de eso no te quepa duda" dijo Blanca haciendo un gesto para que el pequeño se acercara.
De pronto Ruby interrumpió el bello momento.
"Blanca, me debo ir, olvidé hacer algo muy importante que me encomendó Granny y ya la conoces", bromeó y ambas rieron.
"No te preocupes luego nos vemos", dijo recibiendo un beso en su mejilla por parte de su amiga.
"Piensa lo que te dije", fue su despedida y se retiró solo recibiendo un asentamiento por parte de su amiga quien parecía un poco distraída con sus palabras.
"Bueno al parecer nos quedamos solos", dijo Robin sacando a Blanca de su mundo.
"eso parece, ven y acompáñame, aún no me iré a la casa quiero tomar un poco más de aire fresco", Robin le tomó la palabra, se sentó a su lado y sentó a Roland en sus muslos, así comenzaron una amena conversación por un buen rato, se les fue el tiempo, ambos se sentían muy a gusto, solo que Roland protestó un poco porque su horario de almuerzo se estaba pasando.
"Papá, tengo hambre", dijo el niño quien se había comportado muy bien.
"ya nos vamos mi pequeño", lo consoló.
"también debo irme", comentó Blanca.
"te acompaño", tan caballeroso como siempre, tomó el bolso del bebé en sus manos, no aceptaría una negativa.
"solo hasta la comisaría iremos a darle una sorpresa al papá de este pequeño", lo último lo dijo con una voz de bebé.
Luego de poner a Neal en el cochecito, caminaron juntos hasta la comisaría, Robin insistió en entrar con ella.
"buenas tardes papá", dijo Blanca al ver que David estaba muy concentrado en su trabajo.
"¡qué sorpresa más bonita!", exclamó al ver a sus visitantes.
"Bueno Blanca luego nos veremos, para que este pequeño sea feliz, que ahora soñará con ser el mejor amigo de tu principito", bromeó Robin dejando sobre el buró de Emma el bolso de Blanca.
"Muchas gracias Robin por ayudar a mi esposa", agradeció David, no le agradaba su presencia, pero debía ser amable.
"fue un placer", dio media vuelta para marcharse, pero Blanca lo detuvo.
"el sábado iremos nuevamente al parque para un picnic familiar, ¿quieres ir?, estás invitado", fue muy inesperada esa invitación, miró a David quien no dijo nada y luego dirigió su mirada nuevamente a Blanca, quien esperaba una respuesta.
"sería un placer, ¿no es cierto mi niño?", preguntó a Roland quien con una gran sonrisa respondió.
"¡sí!", su entusiasmo era muy grande.
"nos veremos el sábado entonces", se despidió y dejó a la pareja a solas.
Antes de que alguno de los dos hablara, un silencio invadió el lugar, solo Blanca miraba a David quien estaba embobecido con el bebé, algo en sus ojos le parecía inusual, pero no lo definía.
"me sorprendiste", rompió el silencio al ver que su esposa no dejaba de mirarlo.
"es que decidí dar una vuelta, por cierto, los días que restan de la semana necesito que cuides a Neal, quiero retomar mi puesto como profesora en el colegio y debo hacer algunos trámites necesarios", quería encontrar algo para volver a sentirse útil.
"eso no tiene ningún tipo de problema, acá el príncipe y yo nos llevaremos muy bien", respondió muy sonriente.
"¿no me dirás nada más?", cambió el tema, pero solo tuvo encima la intensa mirada de su esposo, no se detuvo, "sobre la invitación que acabo de hacerle a Robin y a su hijo", aclaró su objetivo.
"no tengo nada que agregar al tema, puedes invitar a quien quieras", realmente no le agradaba mucho que planeara algo a sus espaldas, pero no tenía ánimo para una discusión.
"Gracias, por cierto, ¿Emma no vino a trabajar?", le extrañaba la ausencia de su hija en el trabajo.
"Fue a almorzar", agradecía que lo dejara un rato a solas, porque el momento que compartió con Regina lo había dejado un poco desestabilizado, por lo que necesitaba soledad y tranquilidad.
"Hablando de almuerzo, debo irme también", dijo recogiendo su bolso, dejó un pequeño beso en los labios de David y se fue sin que él pudiera reaccionar.
Todavía podía sentir los besos de David grabados en su piel y su olor no se iba, no tenía intención de que eso ocurriera, ni en ese momento, ni nunca, quería ya no tener que esconderle al mundo que David era el hombre que amaba, se perdió por un momento en sus palabras que aún podía escucharlas claramente, estuvo a nada de responder a cada uno de sus comentarios, quería que él supiera que ella también ansiaba lo mismo, su momento de felicidad duró muy poco, una voz que odiaba con todo su ser, la interrumpió.
"mi reina, tu rey ha llegado", el plan maestro estaba trazado por lo que no podía tardar en ponerlo en marcha.
"¿qué quieres ahora, Leopoldo?", suspiró para llenarse de paciencia, esta vez no se saldría con la suya, sentía su magia correr por cada poro de su ser con mucha fuerza.
"debí enseñarte mejores modales durante el tiempo que duró nuestro matrimonio, te traté con mano blanda", ante sus palabras Regina rodó los ojos y encogió las cejas.
"sin rodeos, por favor", ya le molestaba su presencia.
"tengo dos tratos para ti, los que no rechazarás", dijo con un tono de seguridad.
"no me interesa hacer ningún trato contigo", respondió Regina muy seria y segura de sí misma.
"si quieres que tu hijito siga viviendo…", no pudo terminar.
"cuidado Leopoldo, tu poder terminó en el preciso instante que te maté en el Bosque Encantado, aquí en Storybrooke quien manda soy yo", le dijo muy amenazante.
"no te tengo miedo, ni magia tienes", alardeó un poco para provocarla, pero su momento de gloria terminó cuando Regina hizo aparecer una bola de luz muy intensa en su mano derecha, era tan brillante que le molestaba en sus ojos y ella estaba como si nada, solo una sonrisa de satisfacción iluminó su rostro, supo de inmediato que era cierto lo que Zelina le había comentado, se quedó atónito y sin habla.
"¿decías", su sarcasmo lo hizo temblar, pero reaccionó muy rápido, no perdería la oportunidad, su presencia allí tenía dos objetivos y estaba dispuesto a cumplirlos.
"firma tu renuncia a la alcaldía si quieres que Henry siga con vida", la sola mención del nombre de su hijo la hizo extinguir la luz de sus manos sin pensarlo dos veces.
"pero ahora yo sí sé que te volviste totalmente loco", sabía que era capaz de todo, pero amenazar a su propia familia, era el colmo.
"eso no es todo", aclaró para que ni soñara que eso era lo único que quería.
"no estoy interesada y desde ya te digo que no firmaré mi renuncia a la alcaldía", no cedió ante sus chantajes.
"no vayas tan rápido reinita", se estaba resistiendo, al parecer la vida de su hijo no valía nada para ella.
"vete de mi oficina Leopoldo", había soportado demasiado.
"rómpele el corazón al pastor Regina o…", ella lo interrumpió.
"¿o qué?", lo desafió.
"o le diré a todo el pueblo que te andas revolcando con él a escondidas", definitivamente le costaría mucho reducirla a la obediencia, era cierto que no era la jovencita de antes, pero no le importaba, lograría atemorizarla, de eso estaba seguro.
"no me hagas reír, vete y déjame en paz", dijo Regina sus proposiciones eran absurdas.
"me iré, pero tendrás noticias mías muy pronto", dejó la alcaldía y se dirigió al departamento de su hija, ya conocía el pueblo como la palma de su mano.
Al llegar percibió un aroma delicioso, se sentía desde fuera, tocó la puerta y su nieto le abrió.
"abuelo has llegado a tiempo, mi mamá y mi abuela están preparando unas galleticas dulces para comer con mantequilla de maní", la emoción de Henry lo contagió.
"por eso huele tan delicioso", dijo siguiéndole la corriente al adolescente, ambos entraron y cerraron la puerta.
"están listas, merendemos todos", dijo Emma con una pequeña bandeja en sus manos.
"busco la mantequilla de maní", Blanca la seguía.
"el sábado haremos un picnic en el parque", anunció Blanca de la nada.
"creo que no podré ir, estaré en la mansión", la idea era maravillosa, pero le daba tristeza no poder participar.
"tu madre no se enojará, te iré a recoger bien temprano y así no te perderás de compartir con nosotros", lo calmó Emma, dando una solución ante el dilema en la cabeza de su hijo.
"no Emma, debes ayudarme, que vaya David", propuso Blanca y todos estuvieron de acuerdo.
La merienda transcurrió muy tranquila y rutinaria al igual que el resto de la tarde y la noche. Al día siguiente Blanca salió muy temprano como había acordado con David, quien debía cuidar de su bebé, el día anterior, mientras llevaba a Regina de regreso a la mansión, le dijo que no podría llevarla al trabajo por el resto de la semana, pero David le dejó bien claro que debía estar pendiente del celular porque la llamaría muchas veces en el día y ella sonrió porque no podía creer su sobreprotección, no le comentó sobre la visita de Leopoldo a su oficina, no valía la pena, además, fueron solo amenazas sin importancia.
No había salido del departamento porque era el mejor lugar para cuidar a Neal, lo había cambiado de pañal, lo había alimentado, lo había dormido y ahora jugaba con él en la cunita, pero de repente comenzó a llorar desconsoladamente y nada lo calmaba, Leopoldo que estaba también allí, para su total molestia, comenzó a colmarle la paciencia.
"no sirves para nada, ni a tu hijo puedes calmar", leía una revista en el sofá, pero no le quitaba los ojos de encima, ante sus comentarios, prefirió no responder, no valía la pena, solo que continuó, "si yo dirigiera este pueblo, ni tú ni la inepta de Regina tendrían ningún poder, serían los parias en el pueblo, me encargaría que todos los odiaran tanto que ni sus nombres se pudieran mencionar", sus provocaciones se habían pasado de la raya y Neal no se callaba, solo recogió el bolso del bebé y fue al único lugar donde encontraría la paz que tanto necesitaba.
Cuando Leopoldo sintió un portazo muy fuerte, de inmediato tomó el celular que Zelina les había dado a él y a Jorge para mantenerse comunicados durante todo el tiempo que durara su alianza, con tan buena suerte registró el número de Regina y le enseñó más o menos cómo funcionaba el aparato, porque de lo contrario no hubiera podido cumplir con sus amenazas.
Cuando marcó el número sintió un timbre muy lejano, ¿a quién se le había ocurrido inventar semejantes juguetitos?, se preguntaba mientras esperaba que por alguna casualidad le respondieran.
Llamada telefónica:
"dígame", la voz de Regina se escuchó.
"reinita, ¿pensaste en mis propuestas de ayer?", le preguntó, por su silencio supo que ella le reconoció su voz, era imposible que no sucediera, estuvieron casados, pero no respondía solo sintió que tocaban la puerta de la oficina y de pronto ya no escuchó otro sonido más que un vip que estaba destrozando sus tímpanos, ya me responderás esposa mía, solo tengo que tener un poco de paciencia, pensó con una sonrisa en sus labios.
Ese día tuvo que ir sola a la oficina, David no pudo acompañarla, en tan poco tiempo se acostumbró a que la fuera a recoger a la mansión, era un sueño hermoso, incluso para ella, pero todo lo que empieza tiene que terminar, su momento había llegado, estaba terminando una montaña de papeles que debía poner al día, cuando sus celular vibró encima de la mesa, era una llamada proveniente de un número desconocido, decidió contestar, solo que al escuchar la voz de la persona que llamaba y sus palabras, su alma se le enfrió, no supo qué contestarle, ya estaba comenzando a creer que sus amenazas no eran del todo inciertas, pero el toque de la puerta la rescató de entrar en un ataque de pánico.
"¿Regina, estás ahí?", preguntó David, el niño no se calmaba, no sabía cómo saldría de esa situación.
Al sentir el llanto del bebé, abrió la puerta con mucha rapidez.
"David, ¿qué sucede?", preguntó, su instinto fue cargar al pequeño, pero no quería ser atrevida, pero como si estuvieran conectados, David le extendió los brazos para darle total autorización.
Sostuvo al bebé en su pecho y lo acunó, como por arte de magia el llanto cesó, dejando a David muy sorprendido porque en un segundo logró lo que él no pudo en toda la mañana.
"no lo puedo creer, ¿qué magia utilizaste?", bromeó con una tierna sonrisa en sus labios ante la que Regina no pudo resistirse, cayó rendida ante sus encantos y sin decir palabra continuó meciendo a Neal de un lado a otro y solo bastaron unos mimos y quedó profundamente dormido.
Con su magia, Regina conjuró una cunita muy hermosa para poder acostarlo y que descansara, era un angelito, no podía dejar de admirarlo, se parecía tanto a Henry cuando era un bebé, que aquellos recuerdos la hicieron sollozar de alegría, cuando David percibió que lloraba, rápidamente lo tuvo encima, no había dejado de mirarla ni un instante.
"¿estás bien?", le dijo muy cerquita de su oído, no la tocaba, pero la cercanía era abrumadora.
"sí, solo recordaba cuando Henry era tan pequeño como él", explicó para que no se preocupara, la presencia del niño y su padre en la oficina la hicieron olvidarse de todas sus preocupaciones.
"sabes, podemos tener muchos hijos tú y yo", comentó y sin perder más tiempo la atrajo hacia su cuerpo, cuando estuvieron imposiblemente cerca, volvió a sentir esa corriente eléctrica que le daba tanta paz, solo que el silencio por parte de Regina lo hizo distraerse por completo, no lo miraba, ni tenía intenciones de hacerlo.
"me temo que eso no será posible", respondió apartando los brazos de David de su cuerpo.
"¿por qué?, yo contigo quiero ser el padre de muchos reycitos y muchas reinitas, aunque tenga que quedarme sin un pelo porque los protegeré tanto y no permitiré que cualquier jovencito ponga los ojos encima de mis niñas que serán tan bellas como su madre", comentó volviendo a envolver a Regina en un abrazo, quería que entendiera que no podía tenerla lejos.
Regina se sentía tan débil por sus palabras que no dudó en responder a su abrazo y acallar su llanto en el pecho de David, la maternidad era un sueño inalcanzable para ella y tenía miedo de perderlo, por eso no quería responderle.
"ya me asustaste, ¿crees que puedes esconderme que estás llorando?", le preguntó y ella solo negó con la cabeza, no la presionó más, le dio tiempo para que se recuperara, se quedaron abrazados por un rato más hasta que Neal comenzó a moverse en la cunita, no dudó en cargarlo y acunarlo nuevamente, ni siquiera hizo el intento por llorar, se notaba su comodidad en brazos de Regina.
Así pasaron el resto de la mañana, hasta que llegó la hora de comer algo, David insistió mucho en ir a buscar almuerzo a la cafetería, Regina no pudo negarse, por lo que ambos compartieron de un deliciosos almuerzo y el resto de la tarde también compartieron al bebé un poco más, hasta que llegó la hora de terminar de trabajar e irse a casa, David llevó a Regina hasta la mansión y luego volvió al departamento muy feliz de haber estado el día entero a su lado sin querer que las horas pasaran y se agotara su tiempo juntos, pero con tan buena suerte, al otro día también cuidaría a su hijo y suponía que no tenía que esperar a que le diera otro ataque de llanto para llevarlo a la oficina de la alcaldía.
Al otro día cuando se volvió a quedar a solas con su tan adorado suegro, recogió el bolso con los pañales de Neal y fue a ver a Regina, ese día también estuvieron juntos, se deleitaba por la forma tan perfecta que ella manejaba al pequeño, era toda una profesional, parecía que había nacido para ser madre, no podía evitar continuar alimentando sus fantasías de verla con una pancita bien hermosa cargando sus bellos bebés, se sentiría el hombre más feliz y afortunado por ser el padre de sus hijos, niños que sin duda serían concebidos del amor tan grande que ambos sentían, porque sin que ella le hablara de sus sentimientos hacia él, no podía engañarlo, la conocía muy bien.
Durante el día compartieron algunos besos y uno que otro abrazo, seguía sintiendo esa corriente que estremecía todo su ser, erizaba toda su piel, era muy fuerte y poderosa, pero a la vez, encantadora, relajante, mágica, ¿sería que estaba usando algún truco, no era posible, o que su magia estuviese descontrolada, tampoco?, imaginaba, pero sus suposiciones no debían ser ciertas, Regina sabía que con él no debía usar ningún truco y mucho menos tenía el conocimiento de que su magia se descontrolara con facilidad, ella era bien exquisita en su uso y dominio, por lo que también era improbable, el caso era que no quería saberlo, ya había empezado a amar esa sensación tan hermosa que su cercanía le ocasionaba.
Una vez más la hora de irse había llegado y tampoco quería aceptar lo inevitable, así que muy en contra de su voluntad la llevó hasta la mansión.
"mañana nos vemos pequeño pastor", bromeó con la sonrisa que adornaba su bello rostro, no pudo más que reír ante su comentario.
"mañana nos vemos pequeña reina", le siguió el juego, tuvo que contenerse mucho para no besarla en ese momento, sus ojos se lo pedían a gritos, pero ya era hora de que Henry llegara de la escuela, no podían arriesgarse.
"hasta mañana mi…", tuvo que ponerse un alto, su corazón la traicionaba y ella se estaba dejando envolver por sus caprichos, pero no debía.
"lo sé", leyó en sus ojos sus claras intenciones de decirle mi amor, pero su inseguridad y sus miedos la detuvieron, solo que no quería presionarla.
"descansen", salvó su momento con esta palabra y un suspiro que inundó toda la escena y vio cómo los ojos azules de David se iluminaron como un diamante aguas marinas.
No necesitaban palabras, estorbaban, solo pudo depositar un beso en su mano derecha y ponerla encima de los labios de Regina, con esto se alejó muy lentamente de ella.
Cerró la puerta, caminó hasta la sala de la mansión y se dejó caer sobre el sofá, habían sido dos días muy intensos, y aunque sus malestares se detenían como arte de magia con la sola presencia de David, no dejaba de inquietarla, de pronto el teléfono de la mansión sonó y la sobresaltó.
Llamada telefónica:
"¿Quién habla?, buenas tardes", contestó Regina muy educadamente.
"vaya, ahora sí puedo decir que la educación que te dio tu madre ha tenido fruto, buenas tardes", con mucha ironía, bromeó.
"Leopoldo", no podía ser más oportuno, era como si la estuviera vigilando.
"Regina, estoy siendo muy condescendiente contigo, pero todo tiene un límite", le advirtió.
"vete al demonio", le colgó la llamada, estuvo a punto de maldecirlo con todo su ser, pero en ese momento Henry llegaba del colegio, esos dos días estaría con ella y no estaba dispuesta a transmitirle energía negativa.
Esa noche cocinó algo muy rico, conversaron de lo ocurrido en el colegio durante toda la semana, lo ayudó a hacer unas tareas y ambos se fueron a descansar, realmente lo necesitaba, a media madrugada tuvo una pesadilla terrible, esta vez no tenía nada que ver con sus experiencias en el castillo del Bosque Encantado, esta vez era en el pueblo, pero le dio tanto pánico que ni siquiera pudo reconocer el lugar donde estaba, se despertó tan agotada y tan asustada que tuvo necesidad de ir corriendo al baño para vaciar el contenido de su estómago, cuando terminó se sintió mucho peor y decidió darse un baño que la refrescara y la relajara, al parecer cumplió su objetivo, porque lo que quedaba de noche cayó profundamente rendida hasta que escuchó la alarma matutina, se levantó, preparó el desayuno para su hijo y para ella, lo llevó al colegio y fue hasta la alcaldía donde David y el pequeño Neal ya la esperaban, su rostro se iluminó con solo verlos.
La mañana fue muy tranquila, David le contó que al día siguiente recogería a Henry muy temprano para llevarlo a un picnic que Blanca estaba preparando, y ella le comentó que pasaría el día entero en su bóveda, tenía muchos deseos de perderse en sus libros de magia y sus pociones, David solo rió porque no podía creer que se sintiera feliz así, pero ante su amor por la magia, tenía la batalla perdida, de pronto el bebé se despertó llorando, ella al sentirlo corrió para cargarlo, necesitaba un cambio de pañal e inmediatamente lo llevó a la elegante mesa de la oficina para tener el espacio suficiente y poder cambiarlo con mucha comodidad.
La escena frente a sus ojos no dejaba de llenarlo de ternura, le daban muchos deseos de abrazarla y besarla hasta dejarla sin aliento y que su corazón palpitara muy lento por su cercanía, esta vez no se contuvo y la abrazó por la cintura para no estorbar su labor, ella ni siquiera protestó por el gesto, solo que, ahora sí la corriente eléctrica fue tan intensa que lo paralizó, lo dejó sin habla, su respiración se volvió muy lenta.
"Regina", solo pudo decir, su tono de voz, dijo más que mil palabras y sus ideas de besarla y abrazarla se esfumaron.
"¿sucede algo?", le preguntó, no entendía su actitud.
"¿sentiste lo mismo que yo?", ella confundida, se soltó de su abrazo para mirarlo.
"no sé de qué me hablas", le dijo meciendo a Neal en sus brazos, cantaba una canción de cuna y no tardó mucho en que se quedara dormido nuevamente, pero aún la respuesta de David brillaba por su ausencia, puso al niño en la cunita y quiso preguntarle, solo que antes que pudiera hablar, el teléfono de la oficina sonó, corrió para atender la llamada.
Llamada telefónica:
"fíjate lo que te voy a decir Regina, estoy perdiendo la paciencia, o haces lo que te dije o pagarás las consecuencias", fueron sus únicas palabras y luego la llamada terminó, dejando a Regina pálida y sin poder generar coherencia en sus neuronas.
"Regina, ¿qué ocurre?, ¿quién llama?", preguntó David al verla en ese estado, su vista se nubló y todo se volvió oscuridad, cayó desplomada al suelo sin darle tiempo a David para que el golpe no fuera tan fuerte.
La cargó en sus brazos y la acostó en el sofá, estaba preocupado por ella, no sabía qué hacer, solo colocó su mano encima de su corazón y como arte de magia o como si estos estuvieran conectados, abrió los ojos de golpe y se sentó en el mismo movimiento.
"David, ¿qué ocurrió?", preguntó confundida.
"eso quiero saber yo", todavía su corazón palpitaba a mil por segundo, el susto fue grande.
Solo la vio cerrar los ojos, apretarlos, tomar un profundo suspiro y respondió, "estoy bien, ya me siento mejor", dijo para borrar la preocupación del rostro de David, pero nada estaba bien.
"voy a creerte solo porque pasaré el resto del día contigo y te cuidaré mucho", le advirtió para que le quedara bien claro, y sí que cumplió su palabra, no le perdió ni pie ni pisada durante el día hasta que la llevó a la mansión, otra vez tuvieron que despedirse muy cordialmente, estaban extrañando sus besos, sus caricias y su cercanía, eran muy notables sus deseos de devorarse mutuamente, pero desafortunadamente no era el momento.
Henry no tardó en llegar para hacerle compañía esa noche, quiso que durmieran juntos y la habitación de Regina fue la elegida para ser testigo del amor entre madre e hijo.
La mañana siguiente todo ocurrió según lo planeado, se levantaron bien temprano y en lo que Henry preparaba sus cosas para estar listo en cuanto lo vinieran a recoger, Regina se esmeraba en preparar un delicioso desayuno el que ambos degustaron con mucho placer, justo antes de que el timbre de la mansión se hiciera sentir en cada rincón.
"iré a buscar mis cosas, debe ser el abuelo", dijo Henry con mucho entusiasmo.
"abriré la puerta", dijo acercándose para recibir a la persona que tocaba el timbre.
"Regina, buenos días", la saludó David, tenerlo tan cerca y a la vez tan lejos no ayudaba en nada.
"buenos días, enseguida Henry viene", saludó muy cordialmente.
"¿te sientes mejor?", le preguntó, no podía dejar de preocuparse por ella.
"sí estoy mucho mejor", le dijo, no había recibido otra llamada de Leopoldo así que nada podía estar mal.
"estoy listo, dame un beso mamá", dijo Henry entrando a la escena, Regina se inclinó muy gustosa para despedirse de su hijo quien se fue con su abuelo.
Todo estaba preparado, fueron directo al parque, extendieron una enorme sábana en la hierba y organizaron el picnic, Emma y Killian ayudaron a Blanca, David jugaba con Neal y Henry correteaba por todo el lugar como loco, su risa y su alegría eran indescriptibles, de pronto llegaron Robin y Roland quien le hizo compañía a Henry y Robin no perdió el tiempo en desvivirse en atenciones con Blanca, Leopoldo no podía faltar, sentado en el banco más cercano leyendo su revista, ni siquiera se inmutó en mover un dedo para colaborar, la realeza solo da órdenes.
En un momento que el pequeño lloró porque tenía mucha hambre David se lo entregó en brazos a su madre quien lo recibió muy gustosa y comenzó a alimentarlo, Robin no lo pensó dos veces y la apoyó durante todo el proceso, juntos se veían tan hermosos y tiernos, pensaba David cuando se quedó atentamente observándolos, fue tan bonito verlos que todo el coraje que pudo sentir al ser reemplazado desapareció, la escena lo hizo hacer un viaje mental, deseaba con todo su ser, poder ayudar de esa forma a Regina, quien era la mujer que amaba, ya ni sabía lo que sentía realmente cuando veía a su esposa, por un momento su pecho se encogió por ser tan egoísta, pero era lo que sentía, no podía evitarlo, por lo que aprovechó que todos estaban muy ensimismados en el picnic familiar y se escapó, no quería estar ahí.
Regina dejó todo limpio y recogido en la mansión, se cambió de ropa y se dirigió a la bóveda como había planeado, al llegar, se sintió tan bien, hacía muchos días que no iba y el solo hecho de estar ahí, la hizo sentirse como en casa, con la confianza y la seguridad de hacer lo que realmente quería hacer sin temor de ser descubierta, juzgada o engañada.
En un frasquito mediano, unió varios ingredientes, los que tuvo que agitar por varios segundos, cuando alcanzó la coloración que esperaba, solo faltaba el último ingrediente y el más importante, solo que dudó por un segundo, estaba aterrada del resultado, pero era inevitable, tomó fuerza y valor y con su magia hizo una pequeña herida en su mano y vertió la sangre en el frasquito el que iluminó toda la bóveda, era una luz lila muy intensa, sus ojos se llenaron de lágrimas, no las pudo contener, la luz no cesaba, se intensificaba cada vez más y eso sí que era inusual, de pronto cambió bruscamente de color, ahora de lila pasó a ser blanca y más intensa que segundos antes, definitivamente esto no era normal, ¿qué estaba ocurriendo?, era la pregunta que no dejaba de retumbar una y otra vez en su mente, pero un repentino toque en la puerta la sobresaltó, esperó un segundo y sintió la insistencia, fue a abrir y su sorpresa fue más grande que lo que acababa de ocurrir, lo que sinceramente, no podía creer ni tampoco diría nada, se lo reservaría, la presencia de Leopoldo amenazaba con su seguridad, por eso no quería arriesgarse.
"David, ¿qué…", no pudo, David saltó de la puerta, la cerró en un abrir y cerrar de ojos y la besaba muy apasionadamente, con un hambre desesperada que nunca le había percibido, parecía que con sus besos consumirían sus vidas en ese día.
"No digas nada y déjate llevar", dijo sin soltarla de su abrazo, la acariciaba como nunca lo había hecho y qué decir de sus besos, eran cada vez mejores, era como si estuviera superándose a sí mismo con cada segundo que pasaba, por un momento se aterró, su actitud la confundía, parecía como si se estuviera despidiendo, qué irónico, quien se estaba despidiendo era ella, pero no pensó más y se entregó completamente al placer de estar en sus brazos aunque fuera por última vez, de pronto sintió que ya no estaba parada, ahora David la sostenía, lo podía percibir por la dureza de sus músculos y por la fuerza que estaba ejerciendo, sin pensarlo, hizo un movimiento de su mano y ambos estuvieron en la amplia cama de la mansión, al percibirlo no paraban de reír, hasta que volvieron a perderse en el placer de estar juntos, entonces ya nada los detuvo y la cama no les fue suficiente para compartir su gran amor, eran inmensamente felices, ninguno de esos detalles importaba.
Sin dudas, fue un sábado hermoso para ambos, solo que como siempre la hora de separarse llegaba mucho más pronto que la hora de encontrarse, David aprovechó que Regina se había quedado profundamente dormida entre sus brazos, la acarició, la besó, inhaló su perfume, el que tanto amaba y con mucho cuidado de no despertarla, se marchó.
El domingo fue tan rutinario y tranquilo como siempre, David estaba con ganas de escaparse nuevamente, pero se animó mimando a su hijo y luego Henry lo convidó a jugar videojuegos, parecía un adolescente, así pasó su día, hasta que llegó la hora de dormir, antes de cerrar los ojos envió un mensaje, cuando presionó enviar, la mitad de su corazón, se fue también con ese mensaje, y solo cuando dio informe de entrega pudo cerrar los ojos y dormir tranquilamente.
A la mañana siguiente comenzaría una nueva semana, ese lunes Blanca regresaba a trabajar y llevarían a Neal para que Ruby lo cuidara hasta contratar a alguien para encomendarle el cuidado del pequeño príncipe, todos fueron a trabajar como de costumbre.
Después de haber pasado todo el sábado en brazos de David, fue casi imposible sobrevivir sin él, el domingo, tuvo muchas ganas de llamarlo para que volvieran a pasar otro día juntos, pero se detuvo a sí misma para no hacerlo, fue una tortura el día entero, pero su panorama cambió radicalmente cuando recibió un pequeño mensaje de él, justo antes de acostarse, era el más bonito que haya recibido, lo atesoraría como una de sus pertenencias más preciadas, solo decía te amo, pero era la confesión de amor más hermosa de su vida, le fue suficiente para dormir como un angelito hasta el día siguiente que sonó el despertador anunciando el comienzo de una nueva semana de trabajo, tomó un baño, desayunó y David no tardó mucho en ir a recogerla para llevarla a la alcaldía como de costumbre.
Se despidieron en la entrada y se quedó sola con todo el trabajo que debía realizar, cuando se sentó en su buró se dio cuenta de que había un sobre con su nombre justo debajo del teclado de su computadora, lo abrió y lo leyó, era una nota muy corta, decía:
Ya que no entiendes por las buenas, pues iré por las malas, ahora las consecuencias no las pagarás tú, si no los que más amas, considera esta nota como una sentencia de muerte para tu hijo y para el pastor de mi yerno.
Esas cortas líneas desesperaron a Regina, al punto de que no se pudo contener, tuvo que llorar en silencio, lo más escalofriante era que esta vez nadie la consolaría, tendría que salir de ese problema sola, estuvo solo un momento llorando hasta que se calmó, el resto del día lo pasó envuelta en los papeles, aunque sintió hambre no podía abandonar su trabajo, tal fue su concentración que ni siquiera advirtió que ya era casi la hora de que David llegara, por lo que comenzó a recoger todas sus cosas, pero antes de que pudiera terminar, alguien llegaba a la oficina tocando desesperadamente la puerta, como necesitaba terminar solo movió su mano y la puerta quedó totalmente abierta.
"Regina, por favor, necesito tu ayuda", expresó Robin con mucha vehemencia, es que el destino no podía estar más en su contra, pero le agradecía infinitamente, porque tenía justo en frente de sus ojos la solución que tanto estaba buscando, no sabía si era la correcta, pero fuera como fuera, la tomaría.
"cálmate Robin, por favor, ¿qué ocurre?", dijo parándose de su silla para tenerlo frente a frente.
"algo le ocurre a Roland, Regina, se me está muriendo", dijo con lágrimas en sus ojos, Regina solo acortó un poco la distancia para acariciarlo y darle confianza.
"te ayudaré, no te preocupes", le dijo secando las lágrimas que mojaban su varonil rostro.
"gracias, no sabes cuánto te lo agradezco", no pudo evitar darse cuenta de la peligrosa distancia en la que se encontraba con la mujer que amaba, por lo que la miró a los ojos con mucha intensidad, pero su sorpresa fue mayor cuando quien dio el primer paso fue ella, quien al parecer no puso resistencia, porque era ahí exactamente donde necesitaba estar justo en ese momento que no pudo ser más oportuno, solo que jamás se lo diría, ya vería cómo se zafaba de todo ese embrollo.
Durante todo el día la pasó muy desconcentrado en el trabajo, un presentimiento muy raro lo tenía fuera de sí, ese dolor en el pecho que sentía cada vez que algo le ocurría a Regina, lo había sentido hoy más fuerte que nunca, no lo podía explicar, si era con su esposa con quien compartía un corazón, ¿cómo era posible?, lo cierto era que en un principio no sabía descifrarlo, pero a medida que compartía más tiempo con Regina, que se enamoraba más de ella y sobre todo, después de haber regresado del Bosque Encantado, su vínculo, su conexión se habían fortalecido mucho, los sentía muy fuerte.
Ese día Emma estaba de recorrido por todo el pueblo, por lo que estuvo solo todo el día, no pudo evitar contar los segundos que le quedaban para ir a recoger a Regina en la alcaldía, hasta que llegó la hora, cerró la comisaría muy bien, arrancó su camioneta y condujo sin detenerse, la opresión en su pecho se hacía más aguda a medida que se acercaba, cuando llegó, corrió las escaleras hasta llegar a su oficina, la que estaba abierta de par en par, se apresuró un poco y entró, la escena que vio, fue como si le sacaran el corazón y lo aplastaran en mil pedazos, se estaban besando, Regina estaba besando a Robin, quiso irse, pero sus pies estaban como inmóviles, su corazón y su alma le dolían tanto que le parecía que moriría en ese mismo instante, pero eso no era lo peor, sentía algo más que no pudo distinguir al momento, solo supo lo que realmente era, cuando percibió que Regina estaba llorando, eran sus sentimientos mezclados con los de ella, pero no lo concebía, no era humanamente posible saber lo que ella sentía en ese momento, estaba tan perdido en sus reflexiones que no percibió que sus lágrimas comenzaron a salir descontroladamente también y ya no pudo más, con un profundo dolor en su corazón, se retiró de la escena y le dijo adiós, para siempre, a la mujer que tanto amaba.
