Las lágrimas no cesaban, ni se inmutaba por hacer que terminaran, ver a Regina besando a Robin fue algo que no se esperaba, fue una puñalada directo al corazón, manejó sin rumbo por todo Storybrooke, necesitaba asimilar lo que estaba ocurriendo, aunque dudaba que pudiera, su amor era demasiado grande, Regina era su aire, su todo, la amaba inmensamente, era imposible revertir todos esos sentimientos de la noche a la mañana, de algo sí estaba seguro, no permitiría que esa guerra se ganara tan fácilmente, pelearía con uñas y dientes por ella, quizás todo lo que estaba ocurriendo era un aviso, sentir que la perdía lo hizo reflexionar, a partir de ahora comenzaría a jugar con mucha estrategia, Regina no era una mujer que se descuidara, todo cambiaría de eso estaba muy seguro, sería digno de su amor, se secó las lágrimas y regresó al departamento.
Quería que la tierra se abriera y se la tragara, sabía perfectamente que David los había visto, lo presentía, su corazón se lo susurraba, dolía demasiado, pero no había marcha atrás, debía seguir adelante, era por un bien mayor, no lo podía arriesgar, no soportaría verlo morir, sabía muy bien cómo era ese sentimiento y no estaba dispuesta a experimentarlo una segunda vez, sus pensamientos las hicieron separarse de los labios de Robin sin que se diera cuenta, ahora estaban frente a frente, en silencio, sus lágrimas no paraban de caer, era un manojo de nervios, todo su ser temblaba, era un completo desastre, su vulnerabilidad, esta vez se apoderó de ella, le ganó la batalla.
"Robin yo…", tuvo que romper el silencio.
"Regina, por favor, no digas nada, es mejor así", fueron sus palabras, sus intensos ojos lo miraban con una expresión que jamás imaginó encontraría, tal vez ese beso era la confirmación definitiva de que ella no lo amaba, de que su corazón estaba en otro sitio.
"lo siento mucho", se disculpó, uno no elige a quién amar.
"no tienes por qué disculparte", si hubiera sabido que un simple beso de sus hermosos labios le darían la confirmación que estaba buscando, hubiese ocurrido antes, pero ahora lo más importante era salvar la vida de su hijo.
"vámonos, Roland nos necesita", Regina cambió la conversación.
"gracias", Robin le agradeció de antemano.
"¿hacia dónde?", preguntó Regina.
"mi campamento", respondió Robin y salieron de la alcaldía en el auto de Regina y no se detuvieron hasta estar frente a su hijo.
Al verlo, Regina no perdió el tiempo, se inclinó hasta la camita del pequeño y rápidamente de sus manos salió una luz muy brillante, era muy intensa y hasta que Roland no abrió los ojos, no se detuvo.
"¿papá?", preguntó muy confundido, todavía estaba un poco débil.
"¡hijo estás bien!", exclamó, no lo podía creer, Regina entendió todo y se levantó, pero un mareo inesperado la hizo tambalearse, la magia que utilizó la debilitó, no pudo disimularlo, pero Robin pudo contenerla antes de que llegara al suelo.
"¡Gina!", exclamó Roland al verla en esas condiciones, su voz parecía asustada.
"estoy bien", aclaró todavía en brazos de Robin.
"no te veo nada bien, recuéstate, te hará bien", le aconsejó.
"no es nada, solo son los efectos del hechizo que acabo de utilizar, siempre me ocurre", explicó Regina, ese era un aviso, no podía seguir utilizando magia, por lo menos por un tiempo, no le estaba haciendo bien y debía cuidarse, ahora más que nunca.
"bueno por lo menos siéntate un momento", la sentía muy débil, debía recuperarse, estaba seguro de que se desvanecería en cualquier momento.
"no es momento de eso ahora, debo ir por Henry al colegio y ustedes vienen conmigo a la mansión, este pequeño no está del todo bien, así me quedo más tranquila", no recibió respuesta a su invitación, por un momento el silencio se hizo sentir, Regina comenzó a despegarse de los brazos de Robin y les hizo una seña con las manos para que la siguieran.
"no quiero ocasionarte ningún problema", le advirtió Robin.
"insisto, pasan la noche en la mansión y así me siento más tranquila porque este chiquilín se recupere debidamente", fueron sus palabras de convencimiento porque ambos comenzaron a seguirla hasta llegar a su auto, condujo hasta el colegio para recoger a Henry y los cuatro fueron para la mansión.
"aquí tienen su habitación, está perfectamente acondicionada con todo lo que necesitarán durante su estancia, siéntanse como en casa, iré a preparar la comida", les dijo para que se sintieran cómodos.
"Regina, te agradezco todo lo que haces por nosotros", no podía dejar de mencionar sus más profundos agradecimientos, le había salvado la vida a su hijo y además le estaba prestando su casa para asegurarse de que todo marchara bien.
"para eso estamos los amigos", era cierto, el hecho de que no lo amara, no quería decir que no podían ser amigos, no recibió respuesta alguna, solo un asentimiento por parte de Robin quien abrazaba con fuerza a su hijo, no esperó más y se retiró a la cocina, preparó una deliciosa comida, todos quedaron muy satisfechos, ella limpió y organizó todo hasta que fue la hora de dormir, Henry quiso acostarse con ella esa noche, había percibido la tristeza en los ojos de su madre, solo que no hizo preguntas de ningún tipo.
La compañía de su hijo la calmó un poco y pudo dormir tranquilamente toda la noche hasta el otro día, que se levantó muy temprano para preparar el desayuno, pronto Emma vendría a recoger a Henry, no le gustaba que su hijo llegara tarde al colegio.
La noche fue una pesadilla, tuvo que levantarse de la cama porque no podía conciliar el sueño, por lo que se levantó y se recostó en el sofá, la calma de la noche lo hizo sacar sus sentimientos a flor de piel y sus lágrimas volvieron a caer libremente, no supo en qué momento, pero increíblemente se quedó dormido, lo supo cuando la voz de su hija lo despertó.
"papá, despierta", al levantarse y ver a su padre dormido en el sofá, se alarmó, pensaba que algo había ocurrido.
"Emma", estaba un poco adormecido todavía.
"¿está todo bien?", le preguntó, si bien las cosas con sus padres no eran color de rosa, le parecía muy sospechoso verlo dormir fuera de la cama.
"todo bien, ¿por qué la pregunta?", quizás era un poco lógico, pero igual quiso preguntar.
"mamá aún no se levanta para ir a trabajar y tú estás en el sofá, creo que son motivos más que suficientes para preguntar, ¿no crees?", argumentó.
"me rindo", David levantó los brazos en señal de rendición.
"comenzaré a preparar el desayuno para cuando todos se levanten, por cierto, ¿podías ir por Henry a la mansión?, durante toda esta semana lo llevaré al colegio y como puedes observar, no llegaré a tiempo", no podía arriesgarse a llegar tarde, sabía muy bien lo estricta que era Regina con los horarios de Henry y lo menos que quería en esos momentos era tener otro problema con ella, ahora que las cosas comenzaban a mejorar.
"voy enseguida, pierde cuidado", se levantó como un resorte del sofá y fue directo a cambiarse para buscar a su nieto a la mansión.
Al sentir el delicioso aroma que provenía de la cocina todos bajaron, sin dudas, Regina era una muy buena cocinera.
"buenos días", la voz de Robin quien se acercaba a la cocina la sobresaltó un poco.
"buenos días, ¿cómo amaneció el pequeño caballero?", bromeó Regina dirigiendo su mirada a Roland quien se retorcía los ojos, al parecer todavía dormido.
"dormimos como angelitos, ¿no es cierto Roland?", revolvió la cabeza de su hijo, solo que la voz de Henry impidió que recibiera una respuesta.
"muero de hambre", la ausencia de su madre en la cama se hizo sentir, se levantó, preparó sus cosas y se alistó para ir a desayunar.
"el desayuno está listo", con estas palabras los cuatro se sentaron a la mesa.
"Henry, ¿cuándo iremos al parque a jugar?", preguntó el niño más pequeño, fue tan divertido cuando jugaron juntos que quería repetir la experiencia.
"un día de estos Roland que ya quiero revancha porque me ganaste a las escondidas", bromeó el adolescente y todos rieron.
"quizás al final de esta semana podremos mi niño, así te compro ese helado que te prometí hace tiempo", aseguró Regina.
"¡helado!, delicioso", el brillo en sus ojos fue evidente.
"Regina, no quiero molestar, tienes que trabajar y no quiero interrumpir tu rutina", agregó Robin.
"ninguna molestia, van a buscarme a la alcaldía, compramos un helado, recogemos a Henry y los cuatro pasamos la tarde en el parque", nadie objetó, todo estaba más que planeado.
"me encanta la idea", dijo Henry, tomando una galletica y levantándose de la mesa, no faltaba nada para que lo vinieran a buscar, debía estar listo, por lo que fue directo a su habitación.
"apuesto a que alguien aquí presente preguntará todos los días de la semana, si es viernes", bromeó Robin mirando a su hijo con ojos traviesos.
"me recuerda tanto a Henry, cuando hacíamos un plan para el fin de semana, no paraba de preguntar si ya era sábado", las risas inundaron el lugar.
"así son los niños", comentó Robin.
Mientras los adultos reían, Roland seguía comiendo, era insaciable.
"no me negarás la ayuda para limpiar todo este desorden", se adelantó Robin y comenzó a levantarse para colaborar con su amiga.
"ambos lo haremos mucho más rápido", no quería ser grosera, pero le encantaba dejar todo impecablemente como solo ella le gustaba.
"Roland, amor, ve a la sala en lo que Gina y yo limpiamos la cocina", dijo Robin y el niño obedeció sin chistar.
Ambos comenzaron a levantar todos los platos y a limpiar la loza, cuando el timbre de la mansión interrumpió su labor.
"yo voy", se ofreció Robin, secando sus manos para dirigirse a la puerta, la sorpresa que se llevó lo desestabilizó.
"David, buenos días", saludó muy educado, pero la expresión en el rostro del hombre frente a sus ojos, era intimidante.
"buenos días, vengo a buscar a Henry", su voz fue un poco subida de tono, cuando su hija le propuso ir a la mansión, tuvo idea de poder ver a Regina a los ojos y preguntarle sobre la escena que había presenciado en la oficina, pero al ver que Robin le abrió la puerta y que todavía tenía puesta la ropa de dormir, sus esperanzas se desvanecieron.
"adelante", lo invitó a entrar, y cerró la puerta.
Regina no podía creer lo que estaba escuchando, la voz de David, Robin en la casa, ambos vestidos con pijamas, la situación no podía ser peor, de tanta impotencia por no poder salir a besarlo con todo su ser para que supiera que era a él a quien amaba, para que sus dudas se esfumaran de una vez por todas, la hizo cortarse con un cuchillo que sostenía en sus manos, al ver la sangre, utilizó su magia para sanarse, se secó las manos y salió de la cocina.
"buenos días David, esperaba a Emma", dijo ganándose la completa atención de los ojos azules de David.
"no pudo venir y me pidió que le hiciera el favor", tuvo que contenerse para no hacer una escena de celos en ese mismo instante porque al verla también con la ropa de dormir, su rabia estaba a punto de tomar el control, habían pasado la noche juntos, no quería creerlo, apretó con tanta fuerza sus dientes que toda su mandíbula sufrió las consecuencias, definitivamente tenía muy pocas posibilidades de ganar esa guerra.
"¡abuelo!", exclamó Henry que bajaba las escaleras.
"vamos que llegamos tarde", lo animó y ambos chocaron las manos en señal de saludo.
Henry se despidió de su mamá y se fue con su abuelo.
David no quería mencionar palabra durante el trayecto, su furia era muy grande, era mejor no hablar, pero Henry tenía otros planes.
"abuelo, ¿estás enojado?", lo notaba un poco distinto, debía comenzar con algo.
"no chico, ¿qué te hace pensar eso?", respondió casi sin tener deseos.
"es que siempre saludas muy bien a mi mamá y hoy casi ni le dirigiste la palabra", acotó el niño, el cambio era evidente.
"estábamos apurados Henry", esa no era la razón, quería decirle que se estaba muriendo de los celos por su madre porque la amaba, pero sabía muy bien que ese no era el momento para esos detalles.
"pensé que estaban enojados y no quiero eso, somos familia", esas palabras fueron muy fuertes para David, tuvo que disimular para no quebrarse.
"hemos llegado, justo a tiempo como le gusta tanto a tu madre", detuvo la camioneta, Henry se despidió y se bajó casi corriendo, por el camino se encontró con varios amigos y todos entraron al colegio.
David se dirigió a la comisaría, ni hambre tenía, por lo que comenzó a trabajar de inmediato llegó.
Ese día fue muy tranquilo, se le hizo infinito, pero la presencia de Emma que no dejaba de hablar le permitió pasar el tiempo, hasta que fue la hora de retirarse a la casa, ella pasaría la noche con Hook, por lo que estaría solo en el departamento con su suegro, su hijo y su esposa.
Se entretuvo como pudo con algunos mimos al pequeño, le daba paz y en ese momento la necesitaba más que nunca, pero desafortunadamente la hora de dormir llegó muy rápido y nuevamente tuvo que irse al sofá, pero esta vez sí no concilió el sueño, lo que ocurrió le dieron hasta deseos de salirse de la casa para siempre.
Hacía dos días que David no dormía a su lado y eso nunca había ocurrido, por lo que aprovecharía que todos dormían y tendrían una conversación muy seria, se levantó de la cama para buscar a su esposo y con tan buena suerte estaba en el sofá y todavía no dormía.
"David, ¿qué haces aquí?", preguntó y David se levantó de repente de su posición.
"Blanca, no me digas que te levanté", no quería molestarla con su insomnio, era por eso que estaba tratando de pasar la noche en el sofá.
"David, esta situación no puede seguir así", comenzó.
"¿a qué te refieres?", era cierto que ambos estaban muy infelices y eso sin contar que ya su felicidad no estaba en ese departamento.
"nuestra vida juntos David, estamos mal desde hace tiempo, estoy segura que te sientes igual que yo", no podían dilatar más ese tema.
"tienes razón Blanca, no quiero seguir condenándonos a esta vida sin amor", se llenó de coraje.
"eso mismo he estado pensando desde hace días, es mejor separarnos", quería liberarse de esa vida que estaban llevando.
"¿quieres el divorcio?", le sorprendió que fuera ella quien lo propusiera primero, pero aprovechó la cobertura.
"es lo que acabo de decir", afirmó con mucha seguridad.
"Blanca, es tarde, hablemos mañana sobre este tema", la llamó a la reflexión.
"no David, esta conversación no puede esperar más", insistió.
"muy bien Blanca yo también quiero el divorcio", le dio gusto.
"gracias David, puedes quedarte aquí mientras encuentras dónde vivir", le ofreció de buena voluntad, era el padre sus hijos, no lo podía lanzar a la calle, así sin más.
"mañana contactaré a los abogados para que comiencen el trámite y te agradezco, no molestaré mucho lo prometo", a partir de ahora debía pensar bien las cosas, no debía esperar para darle la noticia a Regina, pero también estaba Leopoldo, un tema sumamente complicado para ella, pero quería hacerle saber que estaba luchando por ella.
"somos familia", no se podía negar que venía en los genes, las mismas palabras que su nieto le había dicho en la mañana, ninguno de los dos dijo más y cada quien pasó el resto de la noche por su lado de la casa.
No pudo seguir durmiendo, por lo que se levantó antes de que la alarma sonara, preparó el desayuno sin querer hacer ruido, pero al parecer David le había dado la delantera porque no estaba en el departamento cuando se dirigió a la cocina.
Siguió con su tarea lo dejó todo listo para que su padre al levantarse pudiera alimentarse, desayunó, puso a Neal en el cochecito y salió de la casa para comenzar su día.
Después de unos agotadores turnos de clase, era la hora del almuerzo, el tema del divorcio con David la tenía un poco distraída a tal punto que ni cuenta se dio de que alguien entraba al salón de clase.
"Buenas tardes Blanca", la voz de Robin la hizo subir de inmediato la vista.
"Robin, ¡qué sorpresa!", exclamó.
"¿aceptas almorzar conmigo?", no quería andarse con rodeos por lo que fue directo al punto.
"supongo que no aceptarás un no por respuesta, ¿cierto?", interrogó, aunque conocía la respuesta.
"supones muy bien", aseguró y Blanca aceptó sin segundos pensamientos, almorzaron muy a gusto y uno que otro ojo fisgón los miró diferente, entre ellos los ojos de Killian quien fue a recoger su almuerzo y los vio muy sorprendido, no era común verlos juntos y mucho menos almorzando, pero desde la vez que se encontraron en el parque a Robin le pareció muy cómoda su compañía y quería explorar ese terreno, por eso fue que se lanzó y la invitó a almorzar y por lo bien que la estaba pasando, ese sería el primero de muchos almuerzos juntos.
Era casi el fin de semana, Regina estaba muy cansada, sus malestares la tenían muy agotada, sus ojeras no mejoraban ni con maquillaje y le resultaba casi imposible disimular un mareo y qué hablar de las constantes náuseas que la sorprendían cuando menos lo esperaba, pero se contenía como podía, el trabajo la distraía mucho, porque la verdad era que no quería pensar, extrañaba mucho a David, no había recibido ni siquiera una llamada ni un mensaje de su parte, quería llamarlo, quería verlo, pero sabía que lo arriesgaba si buscaba tener algún contacto con él, por lo que de vez en cuando se perdía en su memoria para no sentirse abrumada por extrañarlo tanto.
Ese viernes, después de la jornada de trabajo pasaría el resto de la tarde en el parque con Henry, Roland y Robin como lo habían planeado, por lo que estaba adelantando el trabajo para no tener pendientes, cuando la voz de su amiga que llegaba a la oficina la hizo suspender lo que estaba haciendo.
"dichosos los ojos que te ven", bromeó sentándose justo en frente de ella en el buró.
"buenas tardes para ti también, ¿a qué se debe el honor de tu visita?", preguntó Regina.
"hace días que no conversamos y quería que pasáramos un rato juntas", le dijo, solo que obvió el hecho de que la veía muy demacrada.
"me parece muy bien", le siguió la corriente, necesitaba una distracción, ambas conversaron como siempre, Emma no dejaba de hablar de su pirata y Henry era el plato fuerte de sus conversaciones, así pasaron las horas hasta que llegaron Robin y su hijo.
"buenas tardes", se anunció Robin tocando la puerta de la oficina.
"Gina, hoy es el día de mi helado", estaba muy ilusionado esa tarde.
"pero no queremos interrumpir", dijo mirando directamente a Emma quien desde su llegada lo miraba un poco extraño, suponía que Killian le había dicho de sus almuerzos con su madre, pero no le preocupaba, Blanca le había comentado que le pidió el divorcio a David, le extrañaba que no lo veía con Regina como antes, solo que tampoco le importaba en lo más mínimo, además como Blanca le pidió discreción con el tema no quería traicionar su confianza.
"no interrumpen yo ya me iba", saltó Emma inesperadamente, lo supo porque Regina la miró muy sorprendida.
"no tardes mucho en venir Emma", le advirtió, no quería decir que extrañaba su compañía porque decir lo que sentía no era su costumbre.
"así será su majestad, por cierto, mañana habrá fiesta en el Rabbit Hole, deberías ir, te puedes distraer, convencí a mamá, y ya estamos buscando quién nos cuide a los niños", comentó Emma antes de salir.
"puedo hacerlo, sería un placer para mí", los tres días que pasó cuidando a Neal le habían permitido encariñarse con el bebé por lo que no le molestaría en lo más mínimo hacerlo, además, no estaba para fiestas ni celebraciones.
"Regina la idea es que pasemos un rato agradable", le dijo Robin.
"si no quieres escucharme, sigue el consejo de Robin", comentó, le parecía bastante confuso que estuviera allí, después de haber paseado por todo el pueblo con su madre, ya ajustaría cuentas con el ladrón, ¿qué se creía?, el hombre de las muchas mujeres, ella no aceptaría que jugara con ninguna de las dos personas más importantes en su vida.
"no te preocupes Emma, estaremos allí mañana", se animó al escuchar que Blanca también iría.
"perdón que interrumpa su conversación, pero estoy aquí, no me he ido", su sarcasmo reinó la escena.
"me retiro, Robin ahí te dejo esa encomienda", se fue con una sonrisa en sus labios, sabiendo que le dejaba la parte más complicada a Robin, solo que sabía que Regina no se resistiría.
Al quedarse solos Regina le dedicó una de sus miradas asesinas que al final terminó con un ataque de risa entre los dos, no se podían contener.
"¿nos podemos ir?", interrumpió Roland.
"claro mi niño, solo denme un momento para organizarlo todo aquí", respondió entre risas, cuando se aseguró que todo estaba listo, Robin la ayudó a dejar la oficina bien cerrada y salieron caminando, les haría bien, además un paseo implicaba caminar.
No poder concentrarse en lo que hacía, se había vuelto costumbre para David, solo podía pensar en Regina, extrañarla no estaba contemplado en sus planes, por lo que sentía que se ahogaba sin verla, sin besarla, sin admirar cada detalle de su cuerpo, su olor, su hermoso cabello, todo, es que la amaba a ella y a nadie más, por lo que esa tarde decidió no pensar más e iría a la alcaldía, quería decirle lo del divorcio y tenían que aclarar el tema de Robin aunque no estaba en posición de exigirle nada, pero los celos no lo dejaban en paz, además no le dejaría el camino libre tan fácilmente, la guerra solo comenzaba y no se dejaría vencer porque conocía muy bien los sentimientos de Regina, hasta podía afirmar que lo había extrañado tanto como él a ella y no por jactancia ni orgullo, pero aunque no se lo hubiera dicho, sabía que lo amaba, lo sentía, era imposible fingir.
Terminó todos sus pendientes en la comisaría, estaba cerrando la última puerta cuando la voz de un niño lo hizo voltearse.
"Gina, este helado es delicioso", comentó Roland, mientras saboreaba el rico helado de almendras.
"te dije mi niño, es la especialidad, siempre que vengo con Henry ese es el que compramos", explicó Regina mientras el pequeño le tomaba la mano como no queriendo dejarla ir, Robin solo los miraba con mucha ternura.
Caminaban los tres muy alegres por frente de la comisaría, si no hubiera sido porque rápido entró para no ser visto se hubiesen dado cuenta de que alcanzó a escuchar lo que hablaban mientras pasaban por ahí.
Ocurrió nuevamente, no podía llegar a Regina, Robin estaba en medio, sus esperanzas estaban abandonándolo, quería sostenerlas con mucha fuerza, aferrarse a ellas, pero las circunstancias no lo ayudaban, solo que no se resignaba a perderla, eso estaba bien claro y bien definido, cerró la comisaría y se fue a la cafetería un traguito fuerte no le vendría mal en ese momento.
La tarde fue muy divertida, ambos niños corrieron incansablemente, sus sonrisas eran más grandes que el universo y Regina se sentía muy bien al ver a su príncipe feliz, le daba una satisfacción incalculable, esa noche no le costó mucho trabajo mandarlo a dormir, estaba tan cansado que ni los videojuegos ni los libros le impidieron ir a la cama sin chistar, y de paso ella se acostó también muy temprano, pero al parecer no fue buena opción porque tuvo nuevamente aquella pesadilla tan extraña, esta vez pudo ver claramente que no estaba en el palacio, como sus pesadillas habituales, ahora estaba en un lugar de Storybrooke, solo que no lo distinguía bien, pero no estaba solo con Leopoldo, también vio a alguien más, aunque no le distinguía el rostro pudo percibir claramente que se jactaban por haberla vencido y sometido ante sus pies, se tuvo que despertar de golpe, todo su cuerpo sudaba, parecía tan real que hasta lágrimas brotaban por sus mejillas, entró al baño para refrescarse y permaneció allí hasta que se calmó totalmente y volvió a la cama.
El sábado fue muy tranquilo, Henry no se despertó hasta el mediodía y pudo limpiar y organizar la casa como le gustaba hacer cada sábado, después del almuerzo Emma pasó a recoger a Henry, no se había ido y ya lo estaba extrañando, con tan buena suerte, Leopoldo no había cumplido su promesa de hacerle daño porque sin su principito, no podía vivir.
Cuando se quedó sola en la mansión, dedicó su tiempo a leer algunos libros que yacían olvidados en su biblioteca, quería prestarle la debida atención, la lectura era una de las pocas cosas que le agradecía a su madre, estaba tan perdida en el mundo de las letras que no se enteró que ya era de noche y que además el timbre de la mansión estaba sonando con mucha insistencia.
"Robin", estaba bien guapo, sus ropas no eran nada parecidas a las que acostumbraba a usar, su atuendo le pareció muy apropiado para la ocasión, jeans blancos con una camisa azul mangas largas perfectamente recogidas hasta sus codos, era muy ajustada y adornaba perfectamente su musculatura, era una delicia personificada.
"pensé que estarías lista", ante la escasez de palabras por parte de Regina, tuvo que romper el silencio, pero Regina se le adelantó.
"lista, ¿para qué?", interrogó.
"para la fiesta, ¿no me digas que lo has olvidado?", había venido a buscarla y no permitiría irse solo.
"no recuerdo haber dicho que iría", muy seria contestó.
"Regina, no me puedes negar que en los últimos días algo te tiene muy inquieta, esta es la oportunidad para que te distraigas", la persuadió, pero no le contestó, "hazlo por tu amiga Emma, te invitó de buena fe", culminó su discurso.
"dame unos minutos", dijo invitándolo a entrar para que se pusiera cómodo.
No mintió, pasados unos minutos, bajó las escaleras perfectamente arreglada, con su pose de reina y su orgullo característico, sabía muy bien el efecto que ocasionaba cuando caminaba de esa forma.
"Nos vamos", le dijo a Robin quien la esperaba en el sofá de la sala.
"muy bien su majestad", respondió, no pudo negar que estaba deslumbrante, solo que no quería saltarse barreras con ella, no quería hacerla sentir incómoda, por lo que desvió su atención para cambiar de tema.
Se fueron en su auto, ella le entregó las llaves para que manejara, fue una completa sorpresa, pero no dudó en darle gusto, el camino fue muy tranquilo, sabía que estaba haciendo su mejor esfuerzo para fingir que estaba a gusto cuando en realidad no era cierto, decidió no preguntar nada, por lo que ninguno habló hasta llegar al bar, donde habían tantos autos que casi no encuentra lugar para estacionarse, ambos entraron al bar donde la música y el ambiente a fiesta comenzó a contagiarlo, solo que a Regina, nada parecía llamarle la atención, hasta que sintieron una voz muy conocida gritando desde el fondo del bar.
"REGINA", la música no le permitía hablar en niveles civilizados por lo que tuvo que gritarle para llamar su atención, los estaban esperando, en la mesa, estaban sentados Killian a su lado y Blanca frente a ellos.
"pensamos que ya no venían", comentó Blanca, cuando ambos se acercaron a la mesa.
"no me perdería de su compañía por nada del mundo", los miró a todos, pero la verdad era que su presencia allí se debía a que Blanca estaba también.
"buenas noches", la voz de David hizo que Regina se volteara de su posición para mirarlo, le sacó el aire, su respiración se quedó como congelada, vestía un pantalón negro de hilo y una camiseta blanca cuello de V, la que dejaba muy al descubierto sus tonificados brazos, los zapatos a juego con el pantalón, era la fruta prohibida personificada, no supo cómo, pero logró disimular que sus ojos no paraban de mirarlo de arriba hasta abajo, quería teletransportarlos en ese mismo momento para deleitarse con semejante prospecto de hombre, realmente no estaba dispuesta a compartirlo con nadie y no dejó de advertir que uno que otro ojo atrevido se desviaba para mirarlo.
"buenas noches", respondió lo mejor que pudo.
"Regina, ven siéntate a mi lado", la invitó Blanca y ella agradeció que la hiciera desviar su atención de David quien aún permanecía parado frente a ella.
"Papá, ¿los tragos?", preguntó Emma, su padre se perdió entre la multitud y no sabía que había hecho con los tragos que fue a buscar.
"ya los ordené", no dijo más y de inmediato Killian hizo un lugar para que Robin se sentara justo a su lado y el de Blanca.
"¿qué quieren para tomar?", preguntó Emma alternando la vista entre Robin y Regina.
"por mí está bien cualquier trago, hoy es un día especial", respondió Robin quien claramente estaba muy anonadado por estar sentado junto a Blanca.
"por mí también", repitió Regina, no podía tomar, por lo que para disimular tendría que pasar el resto de la noche haciendo trucos de magia para no levantar sospechas.
"enseguida vuelvo con tragos para todos", David se alejó hasta la barra y fue cuando al fin, Regina pudo respirar con tranquilidad, no tardó mucho en llegar con los tragos y se sentó junto a Emma.
A medida que pasaba la noche y las rondas de tragos iban y venían el ánimo entre todos cambiaba radicalmente, Killian y Robin no paraban de hacer cuentos de sus vivencias antes de llegar al pueblo, Emma no dejaba a su padre ni a sol ni a sombra, eran muy unidos y compartían mucho tiempo juntos, por eso era menos sospechoso que no estuviera sentado junto a su esposa, Blanca estaba hablando un poco enredado, señal bien clara de que los tragos comenzaban a hacer su efecto y Regina quien solo observaba el panorama, se deleitaba con el entusiasmo que las parejas bailaban al ritmo de la música tan movida, que no entendía cómo no desarmaban sus cuerpos, por suerte, el lugar estaba en completa oscuridad, porque sentía la presión de los ojos de David que no dejaban de verla y para colmo de males estaban frente a frente, era imposible no percibir su mirada, se moría por corresponderle, pero era terreno peligroso, por lo que el baile, la música y la alegría que se percibía, eran suficiente distracción.
Ya bien entrada la noche, cuando la multitud había comenzado a abandonar el lugar, a Emma se le ocurrió ir a la barra con su padre por otra ronda de tragos, la estaban pasando fabulosamente bien.
"seis Martinis, por favor", pidió Emma al barman, mientras su padre se inclinaba de espaldas a la barra y ella se sentaba a su lado.
"entonces, ¿cómo va tu relación con Killian?", preguntó David sin dejar de observar que Blanca parecía divertirse con cada bobería que soltaban Killian y Robin, su risa era tan escandalosa que podía sentirse aún con la música a altos volúmenes, de pronto se comenzó a animar la pista de baile que atenuaba las luces y música romántica amenizaba la escena, al parecer los bailadores necesitaban este ritmo para bajar la adrenalina del momento y reposar sus cuerpos de tanta actividad.
"¿alguna vez has sentido que cuando miras a una persona te quieres quedar atrapado para siempre en su mirada, y te desnuda el alma con solo corresponderla?", respondió con una pregunta, era curioso, era lo mismo que sentía cuando miraba a Regina a quien no podía dejar de observar esa noche, cuando llegó, quiso desaparecer porque estaba tan hermosa con ese vestido lila sin tirantes, ajustado perfectamente a su hermoso cuerpo, resaltando cada una de sus curvas, y la combinación perfecta entre sus tacones y su blazer color negro, era la perfección hecha mujer, sus ojos lo traicionaban sin ningún reservo.
Un suspiro de amor fue la respuesta que Emma recibió porque en ese momento sus tragos estaban listos y ya no podía contestar pues los llevarían a la mesa, cuando cada uno tuvo su trago y David se disponía a ocupar su lugar, la canción Minefields interpretada por John Legend comenzó a escucharse en todo el bar, aprovechó y extendió su mano.
"gracias David, no tengo deseos de bailar", respondió Blanca.
"no te decía a ti Blanca, la invitación es para Regina", respondió David quien tuvo los ojos de Regina encima por primera vez en la noche, porque cuando se saludaron se había quedado mirándolo, pero esa no contaba como esta, era la mirada más hermosa que alguien pudo haber recibido en su vida, sentía que sus alas comenzaban a emprender vuelo, por lo que insistió y sorprendentemente Regina se puso de pie y tomó su mano, con su solo roce, el cielo se había quedado pequeño con lo que ella le hizo sentir en ese momento, la llevó para el lugar más oscuro de la pista de baile.
Cuando estuvieron frente a frente con sus ojos David le pidió autorización para sostenerla y Regina le asintió acercándose a él sin dudas, sostuvo sus caderas y la atrajo delicadamente a su cuerpo, la ya tan conocida corriente, no se hizo esperar para llenarlo de esa sensación tan hermosa de la que no quería prescindir nunca, ella reposó sus manos en su pecho, entonces ambos comenzaron a moverse al ritmo de la música que casualmente tenía mucho que ver con su situación actual.
"eres la sensación del bar", le susurró al oído y la sintió comenzar a vibrar entre sus manos, no hablaba, solo se deleitaba escuchando la bella canción.
Ese momento en los brazos de David era lo que había estado necesitando desde hacía días, por eso no dudó en aceptar la invitación a bailar, todos sus malestares desaparecían como arte de magia con solo tenerlo tan cerquita y ahora que le había hablado tan pegadito a su oído, toda su piel se erizó al sentir su aliento y todo su cuerpo comenzó a vibrar descontroladamente, sin pensarlo, cruzó sus brazos por el cuello de David, fundiendo sus cuerpos en uno y es que así era como se sentía, dos partes de un todo, sin darse cuenta puso su cabeza encima de su corazón, el que latía con mucha fuerza, era una melodía mucho más hermosa que la bella canción al ritmo de la cual bailaban y eso no fue todo, tenía sus ojos cerrados, y de pronto sintió la necesidad de abrirlos para encontrarse con sus labios, los cuales le imploraban a gritos un beso, solo pudo suspirar profundo para tomar fuerza y separarse lentamente de sus brazos al mismo tiempo que la canción terminaba, solo que David no la dejó irse por completo, sostuvo una de sus manos para acariciarla lentamente a medida que se alejaba, no pudo voltearlo a ver, la ternura con que la trataba era demasiada, sabía que si lo miraba ya no querría separarse nunca más de su lado, de sus besos, de sus caricias, de la forma tan especial que la hacía sentir, trató de alargar lo más que pudo ese momento, pero estaban en público, era la primera vez que hacían algo así y no podía permitir que la situación se fuera de control, lo dejó solo en la pista y regresó a la mesa.
"Robin me voy", no podía quedarse ni un instante allí, sabía que su autocontrol se esfumó completamente con ese baile.
"te acompaño", respondió Robin y lo vio despedirse muy cariñosamente de todos en especial de Blanca, como estaba perfectamente sobria, pudo darse cuenta de detalles que ni ellos mismos echaron a ver.
Salieron del bar y esta vez fue ella quien condujo, llegaron a la mansión y Regina abrió la puerta.
"te invito a un café", lanzó una invitación a su amigo.
"acepto", respondió y ambos entraron a la mansión y se dirigieron a la cocina, donde Regina comenzó a preparar el café.
"tu relación con Blanca ha cambiado un poco, ¿verdad?", no era de andarse con rodeos, por lo que su curiosidad se hizo evidente.
"Regina, nosotros…", hizo una pausa, no sabía cómo diría lo que su corazón estaba sintiendo, pero si preguntaba tendría que responder.
"si quieres no me cuentes, entiendo", dijo Regina al sentir su indecisión.
"no es eso, somos amigos, ¿no es verdad?", aclaró Robin.
"tienes razón", era lo único que podía ofrecerle.
"estoy explorando el terreno, pero de algo estoy completamente seguro, Blanca es una mujer maravillosa, buena madre, buena amiga y además le gustan los espaguetis", los dos rieron muy divertidos, y Regina no pudo evitar percibir el brillo en sus ojos mientras describía las cualidades de la mujer en cuestión.
"shh, ¿escuchaste eso?", le preguntó a Robin cuando la presencia de magia oscura la sorprendió de repente.
"no, ¿qué…", solo alcanzó a decir, de pronto se desvaneció y ella estaba segura que su magia no lo había provocado porque junto con el desmayo de Robin el brazalete que bloqueaba su magia apareció en su muñeca.
"ya me estaban dando flojera con su conversadera", fueron las palabras que la hicieron internarse en la cocina de la mansión, llevaba esperando casi toda la noche, estaba ansiosa por las horas que estuvo ociosa, sin atemorizar a alguien.
"¡Zelina!", exclamó Regina al escucharla.
"no me digas que me extrañaste, porque yo no he dejado de observar cada uno de tus movimientos, como lo que hiciste en el Bosque Encantado, justo antes de que la maldición oscura nos trajera a todos hasta este pueblucho.
"¿qué quieres Zelina?", preguntó con evidente cansancio porque volvían a encontrarse y al parecer, esta vez, había aprendido la lección.
"bueno ¿nos es evidente?, vengo a terminar de una buena vez con esa sonrisa patética que tienes dibujada en el rostro", le dijo haciendo un gesto de desprecio con sus labios.
"¿qué tienes planeado para lograr tu objetivo?", le preguntó muy altanera, como siempre.
"algo terrible y la única que sufrirá, serás tú mi querida hermanita, descubrí que, borrándote del mapa, no es solución muy efectiva, debo lograr arrancar todas y cada una de las cosas o mejor dicho cada una de las personas que amas", explicó, no había cambiado nada, sus deseos de venganza estaban intactos, sin importar el consejo de redención y de arrepentimiento que una vez le había dado.
"no puedes vencerme Zelina, no sé, ¿cómo no has aprendido que jamás serás más poderosa que yo, aunque te empeñes", le desafió, no se daría por vencidas.
"es una lástima que al pastor no le pueda arrancar el corazón y hacerlo trizas justo delante de tus ojos, como hizo mamá con Daniel, eso complicaría mis planes, así que considera una deferencia de mi parte que lo dejaré con vida", claramente la amenazó.
"no sabía que eras tan condescendiente", sus alarmas se estaban disparando, conocía su historia con David, lo que significaba que estaba en peligro.
"pero puedo hacer algo mejor, toma", hizo aparecer en las manos de Regina un pequeño espejo, en el que aparecía Leopoldo con una daga en el mano dispuesto a matar a Henry, sus ojos se abrieron de par en par y su corazón, se aceleraba cada vez más.
"¡Henry!", exclamó Regina, el pánico se apoderó de ella por completo.
"firma estos papeles y tu bastardito vive", colocó unos documentos y un lapicero frente a ella para que los firmara, sabía muy bien de lo que se trataban, al fin las amenazas de Leopoldo no eran tan inofensivas como pensó.
"estás coludida con Leopoldo, son tan para cuál", le dijo Regina.
"si a veces pienso que fue a mí a quien debieron haber casado con él, no a ti, no tienes idea del poder que mamá depositó en tus manos y ni siquiera lo aprovechaste", Regina levantó una ceja y torció los labios ante su comentario, estaba muerta de miedo por Henry y por David.
"deja en paz a Henry, firmaré lo que quieras", cedió ante sus chantajes, la vida de su hijo era más importante.
"muy bien hermanita, así me gusta, bien obediente", mientras Regina firmaba los documentos, Zelina hizo una llamada telefónica, la cual hizo que Leopoldo se apartara de Henry y también la escuchó dar una orden, luego todo se volvió oscuridad.
"Emma, algo está ocurriendo", dijo David poniendo una mano en su corazón.
"papá, si quieres irte, no tienes que hacerme esto, me estás asustando", bromeó un poco Emma, todavía no se retiraban de la celebración.
"no es broma Emma, Henry… algo le ocurre a…", quiso decir quién realmente estaba en peligro, porque así lo sentía, su angustia lo estaba quebrando.
"papá, ahora sí que me está matando la angustia, ¿quién está en peligro?", insistió Emma y sabía que no se iría sin su respuesta.
"Regina, Emma, Regina está en peligro", se desahogó.
"vamos, aquí no resolvemos nada, llevo a mamá a la casa y nos vemos en la mansión", propuso y David estuvo muy de acuerdo y salió a velocidades extra normales, se montó en su camioneta, condujo lo más rápido que pudo, rezaba que fuese un aviso erróneo, pero desafortunadamente, la conexión con Regina era tan real que nunca se equivocaba.
Cuando llegó a la mansión, las puertas estaban abiertas, las luces encendidas, caminó lentamente por cada rincón de la casa y la llamó en varias ocasiones, sin recibir respuesta, por último, fue a la cocina y se encontró con el cuerpo de Robin tirado en el suelo, de inmediato se inclinó para tomarle el pulso y todo estaba normal, al parecer estaba dormido, lo movió para ver si despertaba, pero nada, de pronto su teléfono anunciaba una llamada.
Llamada telefónica:
"dime Emma", respondió David.
"papá, me acaban de informar que Regina acaba de salir de Storybrooke en su auto", era cierto, sus miedos de que algo le estuviera ocurriendo a Regina, no lo hicieron darse cuenta de que cuando entró a la mansión, el Mercedes no estaba donde Regina acostumbraba a estacionarlo, si se hubiera dado cuenta de ese detalle, quizás no hubiera perdido el tiempo buscándola por toda la casa, la hubiera llamado y la hubiera convencido de que no se fuera, pero ahora era tarde, de solo escuchar estas palabras, su juicio se nubló totalmente y terminó por volverse más loco de la desesperación de lo que ya estaba, se quedó sin palabras, solo sintió la voz de su hija, "papá, ¿estás ahí?", no respondió, colgó el teléfono y salió de la mansión, tenía ganas de llorar, de romper algo, de gritar, pero eso no era lo que lo tenía en ese estado, su corazón le decía que ella no había salido del pueblo y estaba seguro de que algo le había ocurrido, pero con esas evidencias, ¿quién le creería?, corrió hasta la calle.
"¡TE ENCONTRARÉ MI AMOR, TE LO JURO!", gritaba con todas sus fuerzas hasta que se quedó sin voz, sus lágrimas ya no se contenían, se arrodilló en la carretera y miró al cielo como pidiendo, suplicando, rogando que su presentimiento no fuera cierto.
