Se sintió un poco confundida cuando abrió los ojos, estaba en su habitación, no tenía ni la menor idea de cómo llegó ahí, lo último que recordaba era estar en el hospital tratando de sanar a David, ¡David!, sus ojos se abrieron de par en par, debía saber de él lo antes posible, quiso levantarse, pero se sintió muy mareada, la vista se le nubló por el repentino cambio de posición y sus piernas no la ayudaban a levantarse, intentó conjurar su magia, tampoco tuvo éxito, entonces muy despacio pudo sentarse en la cama y allí permaneció por unos segundos para recobrar fuerzas, se miró y… ¡hay por todos los dioses, necesitaba bañarse cuanto antes!, sin perder el tiempo, se fue a tomar una ducha bien caliente para relajarse, realmente la necesitaba, además, tantos días sin estar en su mansión con sus comodidades no le habían hecho bien, al transcurrir unos segundos, un aroma proveniente de la cocina, hizo que se diera cuenta de que no estaba sola, ¿quién podía ser?, su curiosidad la apresuró y en un abrir y cerrar de ojos estaba vestida, arreglada y salió de su habitación solo para que el aroma se hiciera más pronunciado, bajó las escaleras sin mucha prisa pues aunque la refrescante ducha la había ayudado, todavía no se sentía muy bien, caminó con dirección a la cocina y su sorpresa fue mayor cuando lo encontró allí, un suspiro de alivio se escapó de sus labios al verlo, estaba perfectamente sano, caminaba de un lado al otro de la cocina procurando que todo quedara perfecto, tal era su concentración que ni siquiera advirtió su presencia, decidió quedarse en silencio para admirarlo, ¿cuánto daría para que sus amaneceres fueran así de hermosos?, pensó y una lagrimilla traviesa recorrió por su mejilla, sin pensarlo la limpió, no era el momento de tristeza, ni de llanto, era el momento de disfrutar su regreso y que David estaba allí con ella, que nada malo le había ocurrido como tanto temió la noche anterior cuando Leopoldo le disparó y luego lo vio tendido en aquella cama del hospital, pero todo había terminado, delicadamente se recostó al marco de la puerta de la cocina y decidió romper su silencio.
"¿necesitas una mano, pastor?", el tono de su sarcasmo hizo que David detuviera su labor para mirarla, esos ojos azules serían su perdición, el infinito océano de sus pupilas queriendo asegurarse de que su presencia no era un sueño, si no todo lo contrario y la intensidad de su mirada que la hacía desnudar su alma y sentirse la mujer más preciosa del mundo era precisamente el motivo de que su corazón palpitara con mucha rapidez por él y solo por él.
No sabía qué hacer, las palabras no salían de sus labios, tantos días añorando verla y ahora que la tenía justo frente a sus ojos, su cuerpo lo traicionó y no lo dejaba actuar con cordura, la miraba intensamente, no lo podía creer, estaba de vuelta, había regresado, después de toda la pesadilla que ambos vivieron, él por encontrarla y ella en manos del desalmado de Leopoldo, que por suerte estaba muerto, pero ese no era el tema que primero quería hablar con ella esa mañana, no, quería disfrutar al máximo su regreso, que al fin estaba a salvo y que a partir de ese momento, nunca más permitiría que algo malo volviera a ocurrirle.
"¿te quedarás allí parado por mucho tiempo?, lo digo para terminar el desayuno, dado que mi cocinero personal se ha congelado", bromeó, quería besarlo hasta compensarlo por todos los días que estuvieron separados, pero no sabía en qué lugar estaba su relación después de haber besado a Robin con toda la intención de que la viera, mejor se iría despacio, por lo que permaneció en el mismo lugar.
"eh… buenos días", quería decir tantas cosas, pero mejor un saludo, era un buen comienzo, ¿cierto?
"buenos días", respondió con una pequeña sonrisa en su rostro, una sonrisa que decía mucho, porque otra palabra no se atrevió a salir.
"me tomé el atrevimiento de adueñarme de tu cocina para preparar el desayuno, Gold me dijo que después del esfuerzo que hiciste anoche para sanarme, tus energías se habían drenado, ¿estás bien?", preguntó, realmente le preocupaba su bienestar, esa fue la razón por la que aceptó la poción que el hechicero le ofreció.
"¿la verdad?", preguntó con sus cejas encogidas.
"como siempre", ella sabía que las mentiras no eran su compañera, le gustaba que le hablara con la verdad, por más dolorosa que fuera.
"no", esa palabra fue suficiente para que la falta de cordura del príncipe se apoderara de todo su ser y no pensara ni se inhibiera, lo vio acercarse a pasos agigantados hasta que la estrechó entre sus fuertes manos.
"tuve tanto miedo de perderte", no lo pudo evitar, tenía que decirlo porque su corazón se lo imploraba, sentía el cuerpo de Regina relajarse lentamente ante su abrazo, sin emitir sonido, "la angustia por no poderte encontrar me estaba volviendo loco", las delicadas manos femeninas lo acariciaban con mucha suavidad, vagaban por toda la extensión de sus espaldas, esas pequeñas caricias lo hacían sentir como en casa.
"sabes, me muero de hambre", le susurró en el oído, quería llorar, por eso cambió el tema, porque la misma angustia la había sentido ella durante los días que estuvo secuestrada.
"tome asiento mi reina, que su desayuno estará servido en un momento", le tomó la mano y la guió hasta el comedor para que lo esperara allí.
No demoró mucho en regresar con el delicioso desayuno, Regina le sonrió al verlo con una bandeja que contenía los alimentos, parecía un mesero, solo le faltaba el atuendo para que entonces sí, la escena fuera de lo más graciosa.
"no me consientas tanto que luego me acostumbraré y no te librarás de mí con tanta facilidad", bromeó y el rostro de David se transformó por completo, de solo verlo la intimidó y Regina Mills no era fácil de intimidar.
"¿qué harías si te digo que quiero consentirte siempre y que jamás me cansaría de hacerlo?", con esa pregunta Regina se quedó muda, percibió que sus manos comenzaron a temblar, era claro que la tomó desprevenida, que no se esperaba esa pregunta.
"David", mencionó su nombre y toda su piel se erizó con solo escucharlo, nadie lo pronunciaba como ella.
"respóndeme, Regina, no es tan complicado", la animó.
"¿puedo pensar en esa propuesta?", para que su nerviosismo no la dejara descubierta, bromeó.
"después de lo que acaba de ocurrir, no quiero que pensemos más, hablemos de nosotros", le explicó, no podía perder el tiempo, no concebía la vida sin ella a su lado, pero no podía presionarla tanto, la conocía muy bien.
"no hay nosotros, David", aclaró.
"si me respondes la pregunta que te acabo de hacer es un comienzo, ¿no crees?", no podía darle falsas esperanzas, pero se moría por decirle que se estaba divorciando de Blanca, que la había escogido a ella.
"que tal si comienzas diciéndome el por qué fuiste a la tienda de Gold porque es obvio que has estado en contacto con él, Gold es pelig…", desde la primera vez que David mencionó el nombre de su mentor, la curiosidad por saber, la estaba atormentando y ahora era el preciso momento en el que necesitaba cambiar el enfoque de la conversación, pero David no la dejó que terminara.
"fui a verlo porque estaba desesperado por encontrarte y para que lo sepas me ayudó sin pedir nada a cambio", no dejaba de mirarla a los ojos, era capaz de vender su alma al diablo si se lo pedía.
"él no sabía dónde me tenían secuestrada, además, Gold no hace nada sin recibir un beneficio", su enojo por la incredibilidad de David, la estaba exasperando.
"él no, pero al parecer la otra mitad de tu corazón, que late en mi pecho, lo sabía perfectamente", no era la forma que quería hablar sobre ese tema, pero su terquedad no le dejó otra opción.
Se paró de la mesa con la fuerza que no sabía que tenía y le dio la espalda, tarde o temprano tendría que hablar, pero no estaba segura de poderlo hacer en ese momento.
Estuvieron en silencio por un rato, hasta que sin que lo esperara, sintió unos pasos detrás de ella y unos brazos que la rodeaban por la cintura.
"no quiero pelear", le dijo en un susurro que ni se escuchó y reposó la barbilla en su hombro.
De pronto y sin pensarlo, Regina se volteó para mirarlo a los ojos, pero ni pudo hablar, David no se lo permitió, la sorprendió con un beso que terminó por desestabilizarla completamente, si antes los mareos y la debilidad no le permitían caminar, no estaba segura de que su cuerpo le respondiera después de ese beso que anhelaba tanto como él, no lo dudó para responder, pasó las manos por su cuello para acariciar su corta cabellera como tanto le gustaba, la intensidad de sus labios estrellándose uno con el otro arrebatadoramente sin pausa de ningún tipo, le robaba el aliento a cada segundo que pasaba, luchaban por respirar, la solución era separarse, solo que ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder, las manos en su cintura apretaron el agarre para que ni siquiera pensara en apartarse, sentía su piel arder en fuego con ese simple toque y por la imposible cercanía, también podía percibir el calor del cuerpo de David, el beso comenzó a escalar aceleradamente, ambos lo sabían, solo que necesitaban conversar y desafortunadamente, también lo sabían.
"mi amor", comenzó David sin separarse de sus labios.
"¿uhmm?", preguntó renuente a asimilar la realidad.
"debemos hablar", tenía razón y lo sabía muy bien, dejó un pequeño besito en sus labios y casi sin resignarse, apartó de ella, las manos en su cintura.
"odio cuando tienes razón", lo miró y comenzó a caminar para sentarse a la mesa nuevamente.
"si quieres empiezo, tengo muchas cosas que decirte", la vio caminar hacia el comedor apesadumbrada.
"ah sí, ¿cómo qué?", lo retó, amaba hacerlo.
"como que te amo con todo mi ser", caminó detrás y solo pronunció esas palabras cuando estuvieron frente a frente, ella, con su mirada desafiante, pensaba que tenía ganada la pelea, pero al escucharlo, de inmediato bajó la vista y comenzó a servirse del jugo de manzana que él había preparado como desayuno.
"pensándolo bien, debí contestar a tu pregunta de hace un momento, este jugo está delicioso", dijo llevando el vaso con jugo a sus labios y tomando un sorbo, David solo la observaba e inevitablemente, en sus labios se dibujó una hermosa sonrisa.
"¿entonces eso es un sí?", la presionó.
"no he dicho nada", David seguía riendo y lo vio comenzar a desayunar también, estaba muy feliz por tenerlo ahí.
"debo decir que tienes razón, me esmeré", alardeó de sus dotes culinarias, Regina solo retorció sus labios en señal de duda, pero decidió no arruinar su momento de gloria.
El silencio inundó la mansión, entre sonrisas, miradas furtivas, sus manos que no podían evitar tocarse, de vez en cuando él le lanzaba un beso con sus labios y ella sonreía divertida con sus ocurrencias, las amaba, hasta que el celular de David interrumpió el bello momento.
"hija buenos días…enseguida estoy allí", respondió David y colgó la llamada.
"Regina, hay algo que no quería decirte, pero que no puede esperar", había percibido su curiosidad, por eso decidió hablar antes de que le preguntara.
"me estás asustando, ¿qué ocurre?", preguntó terminando el último sorbo de jugo en su vaso.
"Leopoldo está muerto", no sabía lo que ocurrió después de que le disparara y presumía que ella lo sabía todo.
"lo maté, David, yo", fue su respuesta, estaba empezando a desesperarse.
"calma", se levantó de la silla para hincarse ante ella.
"tenemos que decirles, ellos sabrán lo que harán conmigo", las manos de David fueron directo a sus mejillas.
"Regina, mírame, ¿qué ocurrió?", su juicio tenía que permanecer intacto, ella era un manojo de nervios, quería calmarla.
Cerró los ojos y respiró profundo, "no lo sé", la sinceridad sería su mejor arma, David no dijo nada, aprovechó para continuar, "cuando te vi tendido en el suelo sangrando, me volví loca, tuve miedo", paró, no estaba preparada para decirle todo.
"¿miedo de qué, de ese malnacido?", negó con la cabeza, continuó con su interrogatorio, "¿entonces?", preguntó y la vio abrir los ojos.
"de perderte", dijo entre dientes.
"no me vas a perder nunca, ¿me oyes?", le aseguró, su mente estaba reviviendo la pesadilla de la noche anterior, lo pudo leer claramente en sus ojos.
"no lo…", intentó cambiar el tema nuevamente, esta vez no le salió bien.
"¿me escuchaste?", insistió.
"fue horrible, David, estabas en mi regazo, perdías mucha sangre, te llamaba y no contestabas, Leopoldo diciendo que te dejara morir, que me fuera con él a quién sabe dónde, mi magia que no respondía, de pronto sin que lo previera, lo tenía cerca, sus manos intentaron tocarme nuevamente, no lo pensé y evité que lo hiciera, pero al parecer mi magia reaccionó también y lo lancé lejos, no supe más, solo tenía muy claro que no podía dejarte morir", explicó, sin darse cuenta en medio de su intervención, involuntariamente cerró los ojos y al abrirlos, pudo percibir las lágrimas en los ojos de David, al tenerlo tan cerca, no pudo resistirse a la tentación de besar sus labios otra vez, fue él quien se paralizó ante el gesto, pero respondió de igual manera, Regina tuvo que inclinarse para estar a su altura, ahora estaban ambos en el suelo, besándose lentamente, dando de sí, lo mejor.
"ya pasó, ya pasó, estoy aquí", dijo David cuando el beso terminó, no la soltaba, sentía el latir de sus corazones tan cerquita que pudo jurar que en ese momento se unieron como dos partes de un todo.
"tengo que decirles", repitió.
"haremos un trato, vamos para Granny, nos esperan, quieren que conversemos sobre algunos temas importantes, antes de ir al cementerio, y luego con la cabeza más fresca, tomaremos decisiones, ¿estás de acuerdo?", no quería que todo el pueblo se fuera contra ella por lo sucedido.
"no los hagamos esperar", era el consentimiento ante su propuesta.
"antes, bebe la poción que me dio Gold", dijo levantándose del suelo y ofreciendo una mano para que lo siguiera.
"puede ser una trampa", se rehusaba, era su mentor y más viejo amigo, pero era el Ser Oscuro.
"¿confías en mí?", preguntó al ver la duda dibujada en su rostro.
"con los ojos cerrados", su corazón habló por ella.
David no respondió, solo sacó de su bolsillo un pequeño frasquito y se lo ofreció, no le quedó más remedio que aceptarlo y tomarlo en su presencia, lo conocía muy bien, cuando una idea estaba en su mente, no paraba hasta conseguir su objetivo.
Al beber el líquido mágico, la magia que no había sentido durante toda la mañana, fluyó nuevamente por su cuerpo, sus malestares se desvanecieron instantáneamente, aprovechando que su magia estaba de vuelta, conjuró un blazer negro para ella y con un simple movimiento de su muñeca, cambió la ropa de David, estaba segura de que no era de su propiedad, jamás le había visto usar tan horrible atuendo.
David, al verse, le sonrió en señal de agradecimiento y comenzó a caminar hasta la puerta, ella lo siguió sin chistar, salieron de la mansión hasta su camioneta, se montaron y condujeron hasta la cafetería.
"¡MAMÁ!", gritó Henry cuando la vio, David se había quedado rezagado, por lo que decidió entrar sola.
"mi príncipe", le dijo recibiéndolo entre sus brazos, inmediatamente la vio, se levantó de su asiento para correr y abrazarla.
"te extrañé mucho", la abrazaba con tanto vigor, que casi logra dejarla sin aliento.
"yo también mi niño", hizo un escáner visual por toda la cafetería, Emma, Robin y Blanca con el bebé en brazos, estaban sentados en una mesa, al parecer a su llegada y la efusividad con que su hijo fue a saludarla, las conversaciones habían terminado, admiraban el intercambio entre ellos como si hubieran visto a un fantasma hacer su entrada triunfal, Granny y su nieta también se deleitaban con la escena, la miraban con tanta alegría que no cabían en sus cuerpos, se sintió querida y respetada por un momento, hasta que la puerta se abrió detrás de ella, anunciando la presencia de David.
"¡ABUELO!", exclamó el adolescente con mucho entusiasmo y también lo abrazó, ella comenzó a caminar hasta la barra para saludar.
"mi pequeño príncipe", le dijo respondiendo al abrazo del niño.
"gracias", la felicidad se le salía por los poros.
"¿por qué, Henry?", preguntó incrédulo.
"por cuidar a mi mamá", se acercó a su oído y le susurró, para que nadie más que él, escuchara, no era que hubiesen clientes en la cafetería, ese día las lobas decidieron abrir fuera de horario, por lo de la muerte de Leopoldo, no lo hacían por el rey, si no, por Blanca, a ella sí la querían mucho.
Estas palabras llenaron de satisfacción a David, sabía que en su nieto tendría un aliado cuando su relación con Regina se formalizara, moría porque llegara ese momento, era capaz hasta de pararse en la calle principal y gritar que la amaba para que todo el pueblo lo supera.
"bien le dije al príncipe que solo en sus manos estaba que regresaras", fue el saludo de Granny y sin darse cuenta, se volteó para mirar a David.
"¡abuela!", la regañó Ruby.
"¿por qué me regañas, es que acaso no ves sus ojos y cómo lo mira?, no pensé que tu instinto de loba se esfumara tan joven", dijo muy seria.
"déjala Ruby, tu abuela siempre ha sido así", rebatió Regina al presenciar la pelea entre abuela y nieta, además no quería dar explicaciones.
"mira que acá la alcaldesa me conoce muy bien", miró a su nieta con ojos de amenaza.
"si tu objetivo era que me pusiera celosa, lo conseguiste", dijo Ruby saliendo de la barra para dejarlas solas.
"es un gusto tenerte de vuelta mi reina", estaba segura de que, si su nieta hubiese escuchado el tono de sus palabras dirigidas a la Reina Malvada, hubiera explotado.
"buenos días Granny, te veo radiante hoy", Regina quiso responder, pero David irrumpió en la conversación.
"te equivocas, hijo, no soy yo quien está radiante hoy, es otro", le sostuvo la mirada como para que se diera cuenta de que se refería a él.
"entonces será nuestro secreto", bromeó haciendo una seña con los ojos y le regaló una sonrisa traviesa.
"dile eso a tu rostro porque no se ha dado cuenta", estaba detrás de la barra, pero apostaba, sin temor a perder, que trataba de tocar la mano de Regina.
"¿qué se le va a hacer, Granny?, hay cosas que no se pueden esconder", efectivamente, intentaba tomarle la mano a Regina cuidando no ser vistos.
"¡papá!, ¡Regina!, ¡Granny!, vengan, debemos hablar", los llamó Emma en el mismo momento que habían conseguido sostener sus manos y acariciarse mutuamente sin que nadie pudiera percibirlo.
"vamos muchachos, el día recién comienza", los animó, ambos se miraron, a regañadientes se soltaron las manos y siguieron a la anciana quien había salido de la barra, estaban seguros de que sabía lo que ocurría entre ellos, les había dado suficientes pistas como para no darse cuenta.
Al legar a la mesa donde los esperaban, Henry se hizo a un lado para que Regina se sentara, Blanca y Robin le regalaron una sonrisa, los sentimientos que había percibido entre ellos crecían aceleradamente, le daba mucho gusto por los dos, sin que pasara un segundo y sin ser invitado, David tomó asiento a su lado, de inmediato olvidó todo por su cercanía, debía disimular, si no, sus sentimientos la traicionarían, no sabía si podría, por suerte la voz de Emma la sacó de su tormento.
"acabo de recibir un mensaje del doctor Whale ya tiene los resultados de la autopsia de mi abuelo", comenzó, todas las miradas se centraron en ella.
"hablando de ese tema, quería decirles que anoche encontré un arma cerca del cuerpo de Leopoldo", comentó Ruby, quien estaba parada del lado de Emma y Granny.
Regina se tensó de solo escuchar ese nombre, David lo percibió, quería darle apoyo, acariciarla suavemente para asegurarle que todo estaba bien, pero tenían muchos ojos sobre ellos, por lo que decidió pasar la mano por detrás de ella como si fuera un gesto muy normal y le dio un pequeño toque a Henry quien no esperó para abrazar a su madre, era precisamente lo que esperaba, no sabía si su nieto leyó su mente, lo único que podía asegurar era que en brazos de su hijo, Regina se sentía fuerte y protegida.
"¡papá!", lo llamó Emma.
"¿sí?", respondió sorprendido, el tono de su hija no era muy calmado que digamos.
"es la segunda vez que te hablo", le preguntaba sobre el arma, solo que ni por enterado se dio de que la conversación era con él.
"perdón, ¿qué decías?", preguntó ingenuamente y con el rabo del ojo vio la pequeña risita de burla en los labios de Granny, ¿es que hoy todos se habían puesto de acuerdo para darse cuenta del nivel de idiotez en el que se encontraba porque Regina estaba de regreso?, no le parecía, hacía un esfuerzo sobrehumano para disimular, o al menos, eso creía.
"Ruby quiere saber, ¿qué haremos con el arma?", estaba tan perdido en sus pensamientos que hasta Ruby había hablado y ni cuenta se dio.
"es evidencia, por supuesto que bebemos conservarla", trató de que su voz fuera muy firme.
"aunque no la necesitaremos, el doctor Whale me acaba de informar que la muerte del abuelo fue por causas naturales, su corazón estaba muy débil, un infarto lo sorprendió en medio de la noche y al caerse golpeó su cabeza con una piedra, por eso Ruby lo encontró en medio de un charco de sangre", argumentó con sus palabras, el trabalenguas que el doctor le transmitió cuando hablaron por teléfono, era difícil hasta de repetir.
"entonces pasemos al otro tema", intervino David, estaba seguro de que su suspiro de pleno alivio al escuchar las palabras de Emma, todos lo habían percibido, porque ni se molestó en disimular, era la señal que tanto esperaba, para que no hicieran preguntas, su satisfacción era mucha al saber que Regina estaba a salvo, que no existían sospechas sobre ella.
"inmediatamente termine nuestra reunión, podemos ir para el cementerio", replicó Emma como dándole a entender que su intervención no culminaba.
"gracias Emma, por haberme liberado de esa responsabilidad, no estaba segura de poder asumirla", intervino Blanca y las manos de Robin no perdieron el tiempo para acariciarla en señal de apoyo.
"nuestros ilustres prisioneros", Granny no perdió el tiempo para sugerir la idea, el tema del rey no era de su agrado, por lo que decidió hacer que todos se enfocaran en otro asunto.
"ahí tenemos el manicomio para encerrarlos por el resto de sus vidas", prosiguió Ruby apresuradamente.
"estoy de acuerdo", la voz de Robin se escuchó por primera vez.
"deben darnos explicaciones sobre el fraude millonario que hicieron en la alcaldía", Regina, quien ni se había molestado en prestar un mínimo de atención durante toda la conversación, se decidió a intervenir.
"¿fraude millonario?", preguntó, el asombro por lo que escuchaba despertó su curiosidad.
"mi padre, secundado por Jorge, se aprovecharon de tu ausencia para saquear la alcaldía", al darse cuenta de que nadie quería abordar el tema, Blanca rompió el hielo, además, Regina debía saber, muchos días de ausencia trajeron cambios inesperados, debía conocerlos cuanto antes.
"supongo que, si los tienen prisioneros, confiscaron el dinero del fraude, ¿cierto?", su tono demandante los hizo abrir los ojos, esa pregunta los intimidó.
"efectivamente, el dinero está en nuestro poder como esto", sacó de su bolsillo el collar que le había quitado a Zelina la noche anterior para entregárselo, con un gesto de su mano lo hizo desaparecer frente a los ojos de todos los presentes.
"entonces estamos listos para encerrarlos en el manicomio, si todos estamos de acuerdo, por supuesto", sabía que ya no tenía el poder, por lo que debían coincidir.
"lo haremos después de que regresemos del cementerio", propuso sin desviar la mirada de su amiga.
"me parece muy bien", respondió en señal de consentimiento, tenía tiempo para pensar cómo harían las cosas.
"ahora, el último tema y no menos importante, la dirección del pueblo, luego de que mi padre se autoproclamara alcalde, Storybrooke se convirtió en un desastre", Blanca no dejaba de mirar a Regina.
"convoquen a elecciones, el nuevo alcalde ya sabrá cómo arreglará todo ese embrollo", Regina encogió los hombros, como si su comentario fuera lo más lógico.
"con todo respeto mi reina, pero no creo que sea la mejor solución en estos momentos", intervino Granny muy seria.
"la candidatura puede esperar, Granny tiene razón, Regina, luego tendremos una reunión para ponerte al tanto de todo lo ocurrido en tu ausencia", la vio asentir y respiró, era el pretexto perfecto para que su madrastra la recibiera, sentía que le debía una disculpa.
"¿por qué mi mamá no sigue siendo la alcaldesa y todos los conflictos se terminarían?, el pueblo la conoce", intervino Henry y Regina bajó la vista para responderle.
"ya no seré más la alcaldesa de Storybrooke, mi príncipe, ese derecho le pertenece a tu mamá, a tu abuela o a tu abuelo", la dulzura de sus palabras dejó muy satisfecho a Henry.
"conmigo ni cuenten, ser sheriff es lo mío", aclaró Emma.
"eso convierte a los príncipes en los únicos candidatos", comentó Granny, no le gustaba para nada la decisión de Regina, pero no era quien para obligarla.
"a mí ni me miren", saltó David, llevar las riendas del pueblo, no era su pasión.
"trabajar en la escuela es lo que más amo, no sería capaz de dirigir Storybrooke", Blanca lo siguió, ninguno de los dos se interesó jamás por la alcaldía, por eso Regina era quien ocupaba ese puesto.
"vamos Blanca si la alcaldesa ha renunciado, este pueblo no se puede quedar a la deriva", la animó su amiga Ruby.
"y tú príncipe, ¿no te animarás?", Granny sabía que, si David resultaba el alcalde, Regina lo asesoraría, aunque tenía la leve impresión de que también haría lo mismo si Blanca era la afortunada, conocer la verdad sobre su padre, había traído nuevos bríos al rostro de la princesa.
"¿podemos hablar de ese tema luego?", preguntó David.
"mi mamá puede ayudarte", agregó Henry y todos lo miraron.
"escuchaste a tu abuelo mi pequeño príncipe, luego hablaremos de ese tema, hay mucho que resolver primero", pasó la mano por la cabeza de su hijo para que confiara en sus palabras.
De pronto, el celular de Emma anunció una llamada y todos se quedaron en silencio, ella pidió disculpas y se apartó para responder la llamada.
"buenos días", se escuchó el timbre de la puerta anunciando la llegada de Bella, Tinkerbell y el Hada Azul quienes saludaron al unísono.
"Regina, al fin llegaste, por un momento creí que nunca volverías", el hada verde fue quien primero intervino.
"mi mamá no se fue", aclaró Henry y las recién llegadas se sorprendieron por el fervor con que el muchacho defendió a su madre, definitivamente las cosas estaban cambiando a favor de la reina.
"también me da gusto verte Tink", ante la respuesta de su hijo, no le quedó más remedio que utilizar su sarcasmo para ponerla en su lugar.
"a mí también, tengo unos amigos que se quedaron sin casa y quería saber si harás algo para que recuperen su hogar", intervino Bella y Regina la miraba horrorizada por lo que escuchaba.
"Bella nos encargaremos de resolver todos esos asuntos a la brevedad", respondió Blanca ante el desconocimiento del tema por parte de su madrastra.
"hemos venido para brindarte nuestro apoyo en el entierro de tu padre", el Hada Azul las calló instantáneamente con su comentario, aseguraba que Regina se lo agradecía, pero como ellas no estaban en buenos términos, no se atrevió a dirigirle la palabra a la reina.
"podemos irnos, todo está listo", dijo Emma y solo recibió un asentimiento como respuesta, sin esperar comenzaron a caminar hasta la salida, Henry no se despegaba de su madre y aunque a su padre le estaba costando mucho trabajo disimular, tampoco quería alejarse.
"Blanca, me quedaré con Neal, el cementerio no es lugar para un bebito", dijo Ruby y su abuela la apoyó.
"muchas gracias Ruby y a ti también Granny, por lo que hacen por mí", entregó a su bebé en brazos de su amiga y Robin acariciaba sus espaldas, le encantaban sus atenciones.
"lo hacemos por ti y lo sabes", aclaró la anciana.
"sé que tienes tus motivos para no querer ni mencionar el tema de mi padre y aún así me acompañarás", darse cuenta que su padre no era el rey intachable que todos pensaban, fue un duro golpe, pero ver la vida sin mentiras era mucho mejor.
"eso es pasado, ahora lo importante es que tanto tú, mi princesa como la reina, están a salvo de él", su sinceridad se apoderó de la conversación y sorprendentemente su nieta no se molestó como tanto temía.
"gracias mi viejita", la abrazó y la anciana respondió, ambas salieron de la cafetería sin desprenderse del abrazo, era la primera vez que se alejaba de Robin y ya lo extrañaba, pero Granny le estaba dando el apoyo que tanto necesitaba, el apoyo de una madre y Robin lo sabía muy bien.
Su estancia en el cementerio no duró mucho, el entierro fue corto, pero un poco triste, Blanca le daba el último adiós a su padre con lágrimas en los ojos, sabiendo muy bien que no merecía ni una sola de ellas, pero su corazón no le permitía dejar de quererlo de la noche a la mañana, David le decía adiós para siempre a todo su temor de que Regina pudiera estar en peligro nuevamente, Emma enterraba su arrepentimiento por haberlo traído del pasado, por suerte Killian dejó su vigilancia en la comisaría para acompañarla en ese momento, Henry quien a sus ojos solo le decía adiós a su bisabuelo del pasado, con su corta edad no quería perdonarle que haya secuestrado a su mamá, porque aunque nadie se lo hubiese dicho directamente, lo dedujo por su complicidad con el rey Jorge y con su tía, la bruja de Oz, por su parte, Regina se libraba por segunda vez del peso de haber sido la esposa de un Rey desalmado y sin corazón que fue uno de los causantes de convertir su vida en un infierno, los demás que asistieron a ese entierro le decían adiós a su ingenuidad por haber confiado toda sus vidas en la bondad de su rey, quien realmente no era quien ellos se imaginaban.
"¿qué harás ahora?", le preguntó Robin a Blanca cuando el entierro terminó y todos comenzaron a marcharse.
"quiero recoger mis pertenencias en la cafetería e ir a mi departamento, necesito descansar", respondió reposando su rostro en el hombro de Robin.
"puedo cuidar a Neal, Roland estará muy encantado de ser su compañero durante el resto del día", propuso Robin, quería ayudarla y darle gusto en todo.
"te lo agradeceré", no tenía deseos de hablar.
"pues no se hable más, vamos entonces", siguieron caminando, pero Emma y Killian los detuvieron.
"¡mamá!", esperaron por ellos, venían un poco lejos, sin pensarlo, Emma se le abrazó en cuanto estuvo cerca, ella respondió gustosa, el apoyo de su hija quien no era tan cariñosa fue muy bien recibido.
"Emma, iré a la comisaría, no debemos dejar solos a los prisioneros", dijo Killian, poniendo una mano en el hombro de la rubia.
"no, mejor vayan al manicomio, espérenme allí", intervino Regina que pasaba por ahí y por casualidad escuchó las palabras del pirata.
"¿no quieres que te acompañe?", David no perdió el tiempo para ofrecerle su compañía.
"ve con Emma al manicomio y abran las celdas, los teletransportaré con magia, no quiero que haya un error y se aprovechen", explicó, David asentó con la cabeza, no quería dejarla sola, pero si ella consideraba que ir con su hija era lo más prudente, así lo haría.
"si mi memoria no me falla, las celdas solo se abren y se cierran con magia, ¿cómo pretendes que las abra?", razonó Emma.
"algo se te ocurrirá, tu magia es muy poderosa, te lo he dicho, úsala", la animó.
"mientras tanto este príncipe y yo nos iremos a mi barco para continuar con las lecciones de náutica", comentó Killian y ambas madres del adolescente le regalaron una mirada de agradecimiento.
"¿puedo ir mamá?", preguntó Henry, como pidiendo permiso para dejarla por un rato.
"a ver si un día me llevas a dar una vuelta en el barco", bromeó Regina para eliminar un poco la tensión que percibió en los ojos de su hijo.
"eso si les presto mi barco", Killian le siguió la corriente.
"nos lo robaremos y ni cuenta te darás, Emma nos ayuda, ¿no es así, sheriff?", la rubia no podía contener la risa al ver el rostro de Kilian por sentirse derrotado, pero tuvo que hacer un esfuerzo, aún no salían del cementerio.
"no hace falta que me respondas, vamos Henry que cuando tus mamás se unen son invencibles", comenzó a caminar y Henry se despidió de todos para seguirlo.
"Robin y yo, también nos iremos, no me siento bien", todos comprendieron muy bien el significado de sus palabras.
"no perdamos más el tiempo papá, salgamos de este trámite cuanto antes", dijo Emma cuando todos se fueron, sabía que le costaría trabajo desprender a su padre de Regina, por eso siguió hablando, "te espero en el manicomio", sus palabras trajeron alivio al rostro de David, lo percibió de inmediato.
"¿estás segura de usar tu magia?", le preguntó mientras veía que su hija se alejaba y los dejaba completamente a solas.
"debo hacerlo, David", no dio más explicaciones.
"no tardes, estuvimos muchos días separados", le hizo una seña con los ojos y Regina se sonrió.
"estoy segura que unos minutos más no te matarán, pastor", le siguió el juego.
"estar sin ti un segundo es morir lentamente mi reina", se tocó el corazón en señal de dolor y ella retorció los ojos.
"eres imposible", sin previo aviso intentó besarla, con mucha rapidez, colocó sus dedos en los labios de David para detenerlo.
"la lista se agranda", con pesadumbre, tomó su mano para depositar un corto beso y ponerla en su corazón, esos intercambios con él, la hacían arrepentirse de su decisión de no besarlo, moría por hacerlo, aunque la vieran, pero ya no se podía retractar, además, era lo más sensato.
"¿qué lista?", preguntó mirando su mano encima del corazón de David.
"solo te digo que estás en deuda conmigo", negó con la cabeza por su respuesta, la había dejado sin argumentos.
"tenemos que irnos", razonó muy en contra de su voluntad, pero en ese momento encargarse de su hermana y de Jorge era lo primordial.
David suspiró apesadumbrado, "odio cuando tienes razón", le respondió con las mismas palabras que ella había utilizado en la mañana.
"supongo que estamos a mano", usó su sarcasmo, David tomó la mano que aún permanecía en su corazón para entrelazar sus dedos y acariciar sus nudillos con mucha suavidad, era como su despedida porque lentamente se fue alejando hasta que por la distancia su mano se separó por la lejanía, se fue caminando de espaldas para no perderla de vista y cuando ya estaba muy lejos de ella y tenía que seguir su camino le lanzó un beso con sus dos manos que la hizo responderle con una sonrisa que no pudo contener, entonces sí se volteó para apresurar su paso hasta la camioneta e ir rumbo al manicomio, Regina se quedó observándolo hasta que ya no pudo verlo más e instintivamente colocó sus manos en su vientre para hablarle a sus tesoros.
"no se preocupen mis amores, hoy mismo le diré a su papá, saltará por la emoción, de eso no tengan dudas, pero primero debemos ir a la comisaría, pórtense bien, necesito que colaboren conmigo", parecía loca hablando sola, pero no era así, sabía que sus pequeños tesoros, escuchaban todo y que estaban a salvo, pero no quiso que corrieran riesgo de ningún tipo, por eso antes de irse a la comisaría las protegió con su magia para estar más segura de que el esfuerzo que haría no les afectaría, no podría vivir si algo les ocurría.
Cuando la luz blanca se disipó de entre sus manos, señal de que su hechizo estaba perfectamente terminado, comenzó a caminar, la comisaría no estaba lejos y mientras más evitara usar magia mejor, sabía que después de hoy tendría que despedirse de ella por unos meses.
La comisaría estaba bien cerrada como lo previó, abrió las puertas sin mucho esfuerzo y comenzó a caminar por el pasillo que la llevaría hasta las celdas.
"pero si miren, ¿quién nos ha venido a visitar Jorge?", comenzó Zelina al verla entrar.
"qué mal hizo Leopoldo en no llevarte lejos, un tiempo con él no te hubiese venido nada mal, así aprendes modales", su tono fue muy serio, pero Regina estaba parada frente a ellos sin mencionar palabra.
"creo que nuestro reycito sí le hizo algo, Jorge, ¡cuánto hubiera deseado que te cortara la lengua!", exclamó Zelina para provocarla, tampoco recibía respuesta.
"tienes razón, le cortó la lengua, imagino su rostro cuando la tenía amarrada en la cama para que no se moviera", si no hubiera sido porque le prometió a Henry que no mataría, les hubiese retorcido el cuello a la misma vez, si de todas formas, nadie los extrañaría.
"a quienes deberían cortarle la lengua es a ustedes, ni derrotados, dejan de ser prepotentes", con su comentario, les borró la sonrisita de sus rostros.
"tu hijo me dijo anoche que me hubieras perdonado si te lo hubiese pedido, ¿es verdad eso Regina?", comentó Zelina.
"mi hijo es muy inteligente y tiene razón, pero preferiste jugar en mi contra, mira dónde paraste", concluyó.
"no le hagas caso Zelina, no puede matarnos", intervino Jorge.
"¿quién habló de matarlos?, la muerte es muy buena para ustedes", cruzó los brazos para demostrarles carácter.
"de la noche a la mañana, la Reina Malvada ha decidido ser buena, no me hagas reír", se burló Jorge.
"ese fue el idiota de tu hijo quien le ha hecho creer que es una heroína", respondió Zelina ganándose la atención del rey.
"¿el pastor?, ese no es mi hijo, le ofrecí la luna y no hizo lo que le pedí, fracaso de príncipe, eso es David", siguió burlándose como si le diera mucho placer.
"por suerte no, mi querido Jorge, eres tan retorcido que ni a tu hijo pudiste enseñarle buenos sentimientos, entonces quisiste tapar el sol con un dedo cuando prendiste que David ocupara su lugar", lo miró fijamente a los ojos, no estaba dispuesta a tolerar una ofensa en contra de David.
"qué ingenua eres Regina, ¿crees que David te elegirá por encima de Blancanieves?, sigues siendo la misma inocente de siempre, el nombre de Reina Malvada no te pega", el odio de su hermana no se le borraba de sus ojos, por un momento pensó en darle una oportunidad, pero no valía la pena.
"como mismo Cora eligió abandonarte para que yo fuera la reina y no tú, por algo fue, ¿no crees?", su comentario hizo que la rabia de Zelina aumentara, estaba segura de que si no estuviera encerrada y sin magia ahí mismo se le hubiese prendido del cuello para matarla.
"no me digas que te intimidaste, porque las brujas no se intimidan", habló Jorge cuando percibió el intercambio de miradas entre las hechiceras.
"basta de hablar", fueron sus últimas palabras antes de teletransportarlos hasta sus celdas en el manicomio y luego ella los siguió.
"bienvenidos a su nueva casa, aunque aquí su alteza, la conoce bien, solo que ahora, nadie los sacará, disfruten su estancia durante toda la eternidad", cerró las puertas y levantó un hechizo de protección para que nadie más que ella pudiera sacarlos de ahí y no creía que eso ocurriría pronto, aunque le costó un poco ese hechizo, pudo terminarlo con éxitos para no levantar ni la más mínima sospecha.
Emma y David observaron la escena en pleno silencio, nunca antes habían observado su magia blanca en acción, era la primera vez, cuando se volteó para mirarlos el asombro en sus rostros le dio un poco de risa.
"¿cuándo me enseñarás ese truco?", preguntó Emma.
"te falta mucho para llegar ahí, aunque confieso que tienes mucho potencial", no quería decir que las lecciones de magia quedaban temporalmente suspendidas por su embarazo, David estaba y comenzaría a preguntar.
"mi mentora, estoy lista para mi próxima lección", muy orgullosa, Emma contestó.
Con su mano, conjuró un libro de magia para silenciarla, "empezarás estudiando las lecciones básicas de este libro", le ofreció el ejemplar y Emma lo tomó muy gustosa.
"el libro que dijiste que no debía tocar nunca", recordó sus palabras.
"eso fue antes de que me demostraras de lo que eres capaz, ah y me imagino que seas capaz de cuidar a nuestro hijo por esta noche, ¿o me equivoco?", se sentía muy mareada y estaba sacando fuerzas de donde no tenía para no quedar expuesta.
"sus deseos son órdenes mi reina, pero te advierto que al cabeza dura de tu hijo no le gustará ni un poquito", aclaró Emma.
"le dices que su mamá necesita descansar y se quedará tranquilo", intervino David, sabía que con eso tranquilizaría al adolescente.
"si querían quedarse solos, me lo hubieran dicho, ¿no creen?", dijo Emma retirándose de la escena, David reía como un adolescente, pero Regina fue sorprendida por un mareo que la dejó sin equilibrio.
"David, no pued", no terminó de hablar cuando todo se quedó negro y cayó desplomada en los brazos de David.
"¡Regina!, ¡Regina!", trataba de animarla, pero no respondía, la cargó en sus brazos y la llevó hasta la camioneta, con mucho cuidado la acostó en el asiento trasero y condujo hasta la mansión, por suerte, aún tenía la llave que Henry le había dado, abrió la puerta, subió las escaleras y lentamente la acostó en la cama, se quedó embobecido admirando su rostro hermoso, acariciaba su suave cabello y su corazón no pudo evitar acelerarse por todo el amor que estaba sintiendo en ese momento.
"tu reina es muy testaruda, príncipe", una voz muy conocida interrumpió su momento.
"¿qué haces aquí Gold?", sabía que acudía al llamado del que lo necesitaba, pero que recordara, ni tiempo tuvo de pensar en él.
"presentí que tarde o temprano me llamarías y decidí adelantarme", la magia de Regina era muy fuerte, fue imposible no percibir que le estaba costando mucho trabajo estabilizarla, por eso la rastreó.
"como que te permitiré que le pongas una mano encima a Regina", se paró delante del hechicero protectoramente.
"su magia está actuando en su contra, David, si no me lo permites, puede ocurrirle algo peor que un simple desmayo", explicó y observó la duda dibujada en su rostro, "no tienes que pensarlo mucho, solo restableceré sus energías, es un hechizo indefenso", la necesitaba viva, muerta no le servía, por eso se tomaba tantas molestias, si no, hubiese ignorado el llamado de la magia de Regina.
"te lo advierto, Gold, si algo le ocurre, te juro que te mato", lo amenazó.
"tranquilo, quiero a tu reina tan viva como tú, no te preocupes, además, como comparten el mismo corazón, si se muere, no sobrevives", con esas palabras, el príncipe se apartó para que pudiera pasar, no le importaba su vida en lo más mínimo, solo le importaba que Regina estuviera bien.
Cuando estuvo parado justo frente de ella, pasó su mano por todo su cuerpo para hacer justo lo que había dicho, pero cuando llegó a su vientre, un hechizo de protección llamó su atención, sonrió muy disimuladamente para que David no percibiera su reacción, la reina era más hábil de lo que siempre pensó, no pudo evitar sentir un poco de pesadumbre por haber sido tan intransigente en el pasado , pero bueno presumía que con todo lo que había hecho por ella en menos de veinticuatro horas, resarcía todo el daño que le hizo, el Ser Oscuro no ofrece su magia sin recibir nada a cambio y por ellos hizo una excepción, pero era algo que jamás diría en voz alta.
"en unas horas estará como nueva, necesita descansar", dijo cuando terminó de hacer su hechizo.
"¿ya está bien?, ¿por qué no abre los ojos?", preguntó David con desesperación.
"¿es que acaso no escuchas?, te dije que necesita descansar", repitió para que entendiera.
"gracias, supongo que estoy en deuda contigo", dedujo muy bien, muchos favores en tan poco tiempo, algún precio tenía que haber.
"no me debes nada, te lo dije, mantén a tu reina viva y lejos de la magia, es lo único que necesito", no esperó una respuesta, se esfumó en una nube de magia para dejar a la pareja a solas.
David miró a Regina, sabía que tendría que esperar a que despertara y que en sus manos estaba cuidarla, una responsabilidad que asumía con mucho amor, era la mujer que amaba y con la que planeaba pasar el resto de su vida, se acostó a su lado de la cama para acariciarla dulcemente.
"no te preocupes mi amor, te cuidaré, te protegeré y lucharé contra todo para lograrlo", de repente sintió un poco de frío en la habitación y cuando tocó el cuerpo de Regina, estaba helada, entonces se levantó, buscó una sábana, la abrigó cuidando que no despertara por la actividad y regresó a su lado de la cama, allí permanecería hasta no ver que esos hermosos ojos café, que tanto admiraba se abrieran nuevamente, así tuviera que esperar una eternidad.
