"¡Buenas noches, bella durmiente!", exclamó David cuando salía del baño y vio a Regina sentada en la cama un poco confundida, era lógico.

"¿es de noche?", miró por la ventana y preguntó.

"sí", afirmó, durante las horas que estuvo cuidándola se le ocurrió la idea de hacerle una cena sorpresa, rezaba para que no la arruinara como en la mañana que había querido llevarle el desayuno a la cama, pero le salieron mal sus cálculos cuando lo sorprendió en la puerta de la cocina, por eso pasó el resto de la tarde cocinando y preparándolo todo para cuando despertara.

"¿cómo llegué hasta aquí?", el sueño no abandonaba su rostro y su voz era un poquito ronca.

"tuve que traerte después de que me diste un gran susto al desmayarte en mis brazos", le explicó acercándose a la cama para sentarse en una esquinita a su lado.

"no fue nada, solo hice mucho esfuerzo con ese hechizo de protección, pero estoy bien", le aseguró.

"claro con ayuda del hechizo de Gold", no quería mentirle.

"Gold te ha ayudado dos veces para salvarme, ¿no te parece sospechoso?", razonó, sus sospechas crecían.

"lo sé, pero me dijo que, si no lo dejaba examinarte con magia, podrías morir", la preocupación en sus ojos azules, evitó que se molestara por haber recibido la ayuda del hechicero.

"¿qué te pidió a cambio?", preguntó, le parecía muy improbable que no hubiese, al menos insinuado su precio.

"solo que te mantuviera alejada de la magia", la vio asentir, pero se le quedó mirando, lo conocía muy bien.

"¿solamente eso?, porque fueron dos favores si mi memoria no falla", lo miró como para que se diera cuenta de que no le estaba dando la información completa.

"quería que le confesara mis sentimientos hacia ti", habló sin dudarlo más.

"eso lo explica todo", asintió con la cabeza, sabía muy bien que las repuestas a sus interrogantes habían quedado despejadas.

"no pensemos más en eso, por favor", acarició suavemente su rostro.

"no te preocupes, iré luego para resolver este asunto", muy decidida le prometió.

"¿no estás enojada?", preguntó, en la mañana se enfureció tanto y ahora se estaba tomando todo tan a la ligera que le ocasionó curiosidad.

"no puedo enojarme contigo", la pesadilla de su secuestro había terminado y estaba allí para cuidarla después de que por irresponsable utilizó deliberadamente su magia cuando sabía muy bien que no debía, no tenía motivos para enojarse con él, al contrario, por lo tanto, se encargaría de que esa noche fuese especial, porque no estaba dispuesta a dejarlo ir.

David solo suspiró aliviado, "te tengo preparada una sorpresa", se levantó de la cama para que lo siguiera, pero ella no se movió.

"espérame, voy en un momento", también quería prepararle una sorpresa, se lo merecía.

"no tardes, que no quiero extrañarte", besó su frente y salió de la habitación.

Regina se levantó de la cama, entró al baño, se arregló, se miró delante del espejo, su atuendo le recordaba a sus días en el castillo oscuro, pero ahora era diferente, pasaría la noche con el hombre que amaba, la oscuridad y la tristeza no eran parte de su vida como en aquel momento, fue al clóset, eligió unos tacones medianos en combinación, dio un último vistazo al espejo, tocó su vientre y habló con sus tesoros.

"cumpliré la promesa que les hice esta mañana, deséenme suerte", el amor por sus bebés crecía por momento, salió de la habitación y cerró la puerta.

La luz de la sala era tenue, solo los apliques que adornaban la chimenea estaban encendidos, la mesa del comedor vestida con un hermoso mantel blanco, encima, cubiertos para dos, una botella de vino tinto, dos copas y un candelabro con tres velas encendidas dando la iluminación perfecta, la música de fondo armonizaba la escena y un aroma exquisito proveniente de la cocina inundaba cada rincón de la mansión, sus ojos se maravillaron con lo que veían, bajó las escaleras y caminó lentamente para admirar cada detalle.

Su sorpresa tenía que quedar perfecta, corría de un lugar a otro muy agitado, de pronto, escuchó el sonido inconfundible de los tacones de Regina que bajaba las escaleras con su estilo incomparable y se detuvo de inmediato, tenía que admirarla, lucía una bata negra de seda muy fina y un camisón, mangas largas holgado de encajes, por encima, adornado con un perfecto lazo de seda ajustado a su cintura, un par de tacones medianos, todo en combinación, su maquillaje era tenue y su cabello suelto daba el toque final a su hermosura, quedó boquiabierto y por un momento olvidó que podía hablar hasta que la vio acercarse, como si estuviera en un desfile de modas y lo miraba con una pícara sonrisa en su rostro, indiscutiblemente ante su imponente presencia no podía disimular.

"¡esto es precioso!", exclamó y casi sus ojos salen volando.

"con todo respeto su majestad, lo único precioso que veo en estos momentos, se encuentra justo frente a mis ojos", el halago llegó acompañado con una contradicción a sus palabras, no pudo negar sonreír, pero las palabras se rehusaban a salir de sus labios, el sonido del horno la salvó, "¿me permite mi reina?", David le extendió la mano para que lo siguiera, aceptó gustosa ser guiada por él hasta la mesa del comedor, donde tomó una silla y le hizo un gesto para que se sentara y la dejó sola.

Ni un minuto le tomó regresar con una pequeña bandeja con la cena que había preparado, enseguida colocó un plato delante de ella y el otro en el lugar que él ocuparía, se sentó y comenzaron a comer en un ambiente muy romántico e íntimo.

Al terminar la cena, recogió toda la loza sucia y la limpió, tuvo que ponerse fuerte porque Regina quería ayudarlo, pero de ninguna manera se lo permitiría, la convenció para que mientras él lo dejaba todo limpio y organizado, abriera la botella de vino, que sospechosamente, no quiso ni tocar durante la cena.

Cuando estuvo satisfecho por su trabajo, salió de la cocina y la vio en el sofá, disfrutando de la música y una copa con vino en sus manos, se sentó a su lado y le extendió su mano para que tomara la copa.

"¿una sola copa?, ¿y tú?", dio el primer sorbo, estaba delicioso, definitivamente, su gusto refinado estaba presente en cada aspecto.

"no beberé hoy, pero disfrutaré mucho viéndote degustar de uno de mis vinos más finos y deliciosos", ante esa explicación, lo dejó totalmente sin argumentos, imposible rebatir ante tal intervención.

Sus miradas se conectaron, el silencio dijo mucho, hasta que una canción en particular, interrumpió la conexión, era el blues Like Im Gonna Loose You, interpretado por John Legend y Megan Trainor, una de las canciones predilectas de David.

"¿bailamos?", propuso, dejando la copa con vino en la mesita de té, Regina aceptó.

La tomó de la cintura y ella se abrazó a su cuello sin dudarlo, quedaron muy pegados y comenzaron a danzar al ritmo de la música, David se sentía como en el cielo, estaba tan emocionado, que hasta ganas de cantar le dieron, pero no, se contuvo, la letra de la canción se apropiaba muy bien con todas las promesas que quería hacerle, solo que Regina no era una mujer de palabras, si no, de hechos contundentes y era eso precisamente lo que haría, a partir de esa noche, la amaría como si la fuera a perder, la abrazaría como si le fuera a decir adiós y la cuidaría con extremo cuidado y dedicación pues no la quería lejos de su vida nunca más.

"estoy embarazada", un pequeño e inaudible susurro salió de sus labios, el que vibró en su pecho, donde tenía recostada su cabeza y David detuvo el baile, todavía la sostenía entre sus brazos, pero la apartó solo un poquito para mirarla a los ojos, sus oídos, no podían traicionarlo de esa forma.

"¿podrías repetir tus palabras?", su voz quebradiza suplicó.

"vamos a tener dos bebés, estoy embarazada", la confianza que necesitaba, la halló en sus ojos.

Se hincó ante ella y puso su cabeza en el vientre de Regina, "hola bebés, soy su papi, bienvenidos, los amo con mi vida entera", la tan conocida corriente mágica, recorrió todo su cuerpo, se sentía tan bien, que no quiso levantarse.

Regina, no podía con las lágrimas, la reacción que se imaginó, se quedó chiquitita ante lo que presenciaban sus ojos, tomó su rostro y lo inclinó hacia arriba con suavidad, "gracias", murmuró la palabra entre lágrimas que caían desenfrenadamente, mojando sus mejillas.

"soy el hombre más feliz y eso te lo debo a ti", dijo, levantándose de su posición y la besó suavemente, sin prisa, sinceramente, sin reservo, sin medida, esa noche sería la primera del resto de sus vidas juntos, de tan embelesado en esos labios que amaba saborear, no previó el repentino movimiento de Regina al detener el beso sin previo aviso, la miró sorprendido cuando separó sus manos de su cuerpo y comenzó a caminar marcha atrás hacia las escaleras de la mansión con un movimiento sensual y levantó su dedo índice para invitarlo a que la siguiera, interpretó muy bien su gesto, y ambos subieron las escaleras tomados de las manos hasta llegar a la habitación.

Quien dio el primer paso fue Regina, quería continuar lo que había interrumpido segundos atrás, David respondió gustoso a su demandante beso, al que dieron rienda suelta.

Sus manos subieron hasta un hombro del elegante camisón, el cual había admirado tanto, pero ahora lo quería fuera de su camino, con sus dedos, lo deslizó solo hasta el antebrazo de Regina para abandonar sus labios y besar la piel que acababa de quedar al descubierto, las suaves manos femeninas acariciaban sus espaldas de arriba hasta abajo dejando encendido el camino a su paso, pero de pronto sintió que sus caricias se detuvieron, acto seguido, también se detuvo para saber el porqué.

"por favor", quiso deshacer el lazo de seda, no se lo permitió, "deja que yo me encargue", no se dijo más y el lazo quedó olvidado, entonces levantó un poco su camisa para escurrir sus manos por debajo en un contacto piel con piel.

Con ambas manos, bajó un poco más el camisón, para continuar besando su suave piel, pensaba que no le alcanzaría la noche entera para recorrer con sus labios cada rincón de su cuerpo, pero haría lo mejor posible, la tenía a su disposición, no podía desaprovechar esa oportunidad.

Sus labios, los que ya reclamaban atención, se volvieron a encontrar en un beso hambriento y desesperado y ahora sí, como si en cámara lenta, tomó una parte del lazo y lo desabrochó para que de una buena vez, el camisón se apartara de su camino y solo quedara la fina bata, la cual, no molestaría mucho tampoco, tenía planeado desaparecerla del mapa lo antes posible, pero pasito a pasito, ella sacó las manos de abajo de la camisa y las inclinó hacia atrás para que el camisón se escurriera hasta quedar en el suelo, no pararon el glorioso beso, que los tenía en las nubes, cuando su objetivo quedó exitosamente cumplido, acarició sus costados, sintiendo que Regina vibraba ante cada uno de sus toques, multiplicando su deseo por el infinito, entonces no pudo más y sostuvo la bata por las orillas para sacarla, dejándola solo en ropa interior ante sus ojos, los que se abrieron como platos al ver la belleza de esas finas prendas, todas de encaje negro y de una calidad única.

"eres preciosa", se apartó para mirarla y guardar cada detalle en su memoria, "bebés de papi, serán tan hermosos como su madre, ya quiero conocerlos", se acercó y colocó una mano en su vientre y la miró fijamente a los ojos, "te amo", fueron las últimas palabras de la noche, la cargó entre sus brazos hasta llevarla a la cama, donde le hizo el amor toda la noche con extremo cuidado, con adoración, con pasión, con devoción, con fervor, haciéndole saber con cada beso que le pertenecía, que sus palabras eran ciertas, que no le mentía, que era la dueña de su corazón, de su alma y de su vida.

Sus ojos se abrieron al sentir un peso que le impedía moverse, miró hacia abajo y era la mano de David, quien dormía bocabajo con su rostro inclinado a su lado y abrazaba una almohada debajo de su cabeza, estaba separado de ella, solo su mano hacía contacto, era como si quisiera asegurarse de que no se le escapara, sonrió, no acostumbraba amanecer así con él, generalmente dormía encima de su pecho o abrazados sin despegarse, sin querer despertarlo, apartó su brazo y se volteó de lado para admirarlo, pasó su mano por el fino cabello rubio, luego descendió hasta su rostro, el cual lo sentía tan sedoso que le parecía que tocaba una bola de algodón, luego sus espaldas, lisas como un papel en blanco, tan perfectas como la perfección misma, sus brazos tonificados en los que amaba refugiarse, lo adoraba, todo su cuerpo era divino.

Se quedó mirándolo enternecida, entonces los recuerdos de la noche anterior, no se hicieron esperar, la forma que la hizo sentir, sus caricias, cada gesto, algunas lágrimas la traicionaron como si ella fuera una jovencita inexperta, a la que nunca antes la hubieran acariciado con tanto sentimiento, a la que no la hubiesen besado con tanta pasión, a la que nunca le hubiesen hecho el amor de esa forma tan intensa y con tanta veneración, por un momento se aterró, no lo pudo evitar, porque con cada caricia, sus heridas se sanaron, y sus dudas se desvanecieron como polvo en el viento, quedó totalmente indefensa ante sus ojos, a su merced, con el corazón desprotegido, con el alma completamente desnuda.

"buenos días mi amor", esa voz la estremeció, al punto de salir de repente de sus recuerdos, "buenos días bebés de papi", tocó su vientre y la electrizante corriente mágica fue como la respuesta a su saludo.

"¿cómo dormiste?", sabía muy bien esa respuesta.

"como un dios", ambos sonrieron, no se cansaría de sus ocurrencias.

"¿qué tal un baño relajante?", propuso e intentó levantarse de la cama, fue retenida por la fuerza de David.

"¿te puedo preguntar algo?", unió sus cuerpos imposiblemente.

Respiró profundamente, sabía muy bien que tenían una conversación pendiente y ella, después de haber revivido los hechos de la noche anterior, de haber recibido ese saludo tan hermoso y de haberse perdido en el infinito océano de sus ojos, tomó la decisión más difícil de su vida, "pregunta lo que quieras", se propuso no ocultarle nunca más, absolutamente nada, sabía que tenía sus riesgos, pero también sabía que, con él, valía la pena correr, ese y todos los riesgos.

"¿por qué renunciaste a la alcaldía?", ahí estaba, la pregunta que no quería escuchar.

"Leopoldo me amenazó con matar a Henry", era imposible no mirarlo, en un momento de descuido, se posesionó encima de ella.

"lo sabía, ese desalmado, solo se quería a sí mismo", comentó con bastante desprecio.

"también me obligó a romperte el corazón", cerró los ojos porque la presión de su mirada, no la dejaría confesar lo que no pensó que saldría de sus labios.

"por eso…", pudo darse cuenta que las interrogantes quedaban despejadas, pero ella lo interrumpió con el beso de buenos días que no le había dado.

"me quiero despertar así siempre", dijo mordiendo su labio inferior al terminar el beso.

"pues no lo pensemos más", si no hubiera sido porque los rayos del sol hicieron que sus ojos se abrieran, alegaría que aún dormía, esas palabras eran claramente la invitación para que vivieran juntos.

"después de lo que acabo de escuchar no hay marcha atrás, ¿estás segura?", le preguntó por si existían dudas en su prposición, que se retractara a tiempo.

"nunca he estado más segura en mi vida, quiero que vivamos juntos", lo último lo acentuó para que escuchara bien.

"nos estamos divorciando", no se esperaba esa respuesta, lo supo porque sus ojos se llenaron de asombro, la besó sin darle oportunidad a responder.

"te mudas hoy", dio su orden precisa sin separar sus labios, él sonrió y continuaron besándose.

"¿alguna otra interrogante?", preguntó cuando el beso terminó.

"vamos a bañarnos", ambos se levantaron de la cama.

David se apresuró para abrir la puerta y comenzó a preparar el baño para los dos, mientras la bañera se llenaba de agua caliente, se abrazaban y se besaban ininterrumpidamente.

"está listo", David miró de reojo y terminó el beso.

Se sentaron en la bañera, Regina entre sus pies, con la cabeza recostada a su pecho, con el agua mojando sus cuerpos como único testigo de su momento mágico.

"nuestro corazón", rompió el silencio.

"no tienes que decirme nada", le dio confianza para que se sintiera segura.

"cuando la Bruja Glinda nos dijo que la única forma para regresar al pueblo era lanzando la Maldición Oscura, y Blanca aceptó, mi mundo se derrumbó", pausó su intervención, estaba a punto de revelar su secreto mejor guardado, "verte morir delante de mis ojos y tener que fingir que nada ocurría, quedarme inerte sin poder mostrar mis emociones, fue el momento más difícil de mi vida y luego casi muero junto a ti, cuando el corazón de Blanca no hizo el efecto que ella con tanta seguridad esperaba y ahí sí, sentí que me arrancaban la vida", David no dejó de acariciarla suavemente, tomó sus manos y entrelazó sus dedos apretando ligeramente su agarre, era la señal de que estaba con ella, solo que no habló, se dedicó a escuchar, "mis esperanzas se vieron perdidas, cuando regresé el corazón de Blanca a su lugar, con un hechizo, se quedó profundamente dormida sin enterarse de lo que haría luego", era como si reviviera el momento de desesperación y las palabras no salían.

"¿qué ocurrió luego, Regina?", preguntó y llevó la mano que aún sostenía a sus labios para besarla con dulzura.

"en un intento desesperado porque no murieras, te sostuve entre mis brazos con mucha fuerza, sentí mi corazón latir con mucho fervor, esos latidos no eran porque estaba en un ataque de pánico por perderte, no, esos latidos tenían otro significado, entonces, apelé a la fe y a la convicción de Blanca, saqué mi corazón del pecho, lo dividí en dos, una mitad la coloqué en tu pecho y la otra en el mío a la misma vez, la maldición casi se activaba, no tenía tiempo para saber si había funcionado o no, solo puse un hechizo en los dos para prevenir que recordaran al momento de que la maldición se rompiera y despertamos aquí, sin tener conocimiento de los últimos seis meses de nuestras vidas, Blanca a punto de traer a Neal al mundo y el resto lo sabes mejor que nadie", se había quitado un peso de encima, sintió un alivio reconfortante, mismo que no duró mucho, David no hablaba, ese silencio le daba miedo.

"¿por qué Regina?", soltó sus manos, pudo percibir su molestia, no le respondió, "nada me hubiera gustado más que saber que en mi pecho latía el corazón de la mujer de la que me enamoré, donde encontré mi hogar, donde reencontré el amor verdadero, ¿por qué me boraste la memoria sin darme la oportunidad de elegir?", se esperaba un reclamo como ese, solo que no estaba preparada para ello, lo sabía muy bien.

El silencio que siguió, fue tortuoso, la estaba matando, prefería desaparecer que estar ahí en ese momento, se preparó para levantarse, pero, por primera vez en todo el tiempo que llevaban juntos, se sintió como una prisionera entre sus brazos, el sentimiento era horrible, no podía estar ahí, no así de enojados y entonces decidió hablar.

"deja que me vaya, David", pidió aún en contra de sí misma, se castigó por suplicar, pero necesitaba tiempo y quería dárselo.

"escúchame bien, Regina, porque no pienso repetirlo, nunca más quiero que nos separemos, no puedo vivir sin ti, te amo demasiado, tanto que me da pánico perderte", al escuchar esa confesión, un sollozo salió desde lo más profundo de su ser, no podía quedarse inmóvil ante tal derroche de amor, por tanto actuó al respecto.

"te amo", le dio libertad y autonomía plenas a su corazón para que brillaran como los protagonistas del momento.

David no desaprovechó un segundo para inclinar su cabeza y envolver sus labios en un beso lleno de alegría, lleno de felicidad, pero sobre todo, lleno de su amor verdadero, lo que no sabían era que no muy lejos de la mansión, había un tercero, disfrutando también del momento.