"gracias por ayudarme con el desayuno", comentó Blanca sentada a la mesa del comedor del departamento mientras alimentaba a Neal y Robin la ayudaba en la cocina.
"es un placer para mí, además, Roland no tarda en suplicar porque le dé algo de comer", dijo secando sus manos y quitándose el delantal.
"me encantaría que desayunemos juntos todos los días", comentó Blanca sin advertir que Robin caminaba hasta ella y depositó un beso en su cabeza, tomándola por sorpresa.
"nada me gustaría más, pero debemos hacer las cosas bien", razonó Robin y Blanca correspondió tomando su mano y apretando un poco en señal de comprensión.
"hoy hablaré con David para ver en qué proceso se encuentran los papeles de nuestro divorcio", informó.
"¿entonces dónde debo ir a buscarte?", preguntó, pues acordaron que, en la mañana, él cuidaría al bebé mientras ella se encargaba de solucionar el caos que su padre dejó atrás, durante sus días como alcalde.
"luego de nuestro almuerzo en la cafetería, iré a la comisaría", aclaró su inquietud.
"papi, tengo hambre", anunció Roland su entrada a la escena.
"desayunemos todos", los tres desayunaron como una pequeña familia y cuando el bebé se quedó profundamente dormido, Blanca salió del departamento después de haberse despedido de Robin y de Roland con un beso, fácilmente se podría acostumbrar a esta nueva realidad.
Caminó muy despacio por las calles, todos la saludaban y conversaba con algunos conocidos, muchos de ellos como esperando que les diera una respuesta ante la situación del pueblo, se sentía responsable de lo que ocurría, aunque para nada tenía que ver con las malas decisiones de su padre, debía comenzar a pensar diferente si quería que su vida cambiara, porque, por haber sido la sombra de su padre y pagar por sus errores, siempre fracasó, por suerte estaba a punto de dar su primer paso, sus pensamientos no le permitieron darse cuenta de que se encontraba, justo en frente de su destino, tocó el timbre y esperó a que abrieran la puerta.
"¿Blanca?", preguntó Regina muy asombrada, no esperaba su visita, de eso no habían dudas.
"perdón por venir sin avisar, pero necesitamos hablar", Regina continuaba asombrada, pero se apartó del camino para que entrara y la guió hasta la sala donde ambas se sentaron una enfrente de la otra.
"escucho", inició la conversación.
"no sé por dónde comenzar", era la verdad, tenía tantas cosas que decirle, que no sabía lo que diría primero.
"puedes empezar por el principio", su sarcasmo no podía faltar.
"tienes razón, quiero que nos pongamos de cuerdo con las medidas que tomaremos para solucionar el desastre que mi padre dejó en la alcaldía, antes de convocar a las elecciones", le tomó la palabra.
"necesito saber exactamente lo que ocurrió", le prometió que le informaría.
"esta misma tarde iré a la alcaldía", Regina asintió con la cabeza, era un buen comienzo.
"te ayudaré en lo que necesites, no te preocupes", le prometió, para que no se sintiera sola, ella mejor que nadie sabía lo que significaba tener la responsabilidad de Storybrooke sobre sus hombros.
"perdón", cambió el tema radicalmente y las cejas de Regina se encogieron sin emitir sonido alguno, porque no le dio oportunidad a mencionar palabra, "fui una princesa muy mala", esta conversación no podía esperar, si quería que fueran una verdadera familia, era mejor saldar las deudas del pasado.
"yo no diría que fuiste una princesa mala, diría que fuiste una princesa malcriada", no era costumbre para ella mentir, además, no era un secreto.
"y un poco ciega y sorda también, ¿no crees?", le preguntó para que supiera exactamente el tema que quería tocar.
"egoísta lo resumiría mejor", su sinceridad era algo que no podía ocultar.
"tienes razón, no fui capaz de enfrentarme a mi padre y exigirle que te tratara con respeto", Regina se tensó sin poderlo ocultar.
"no quiero hablar, Blanca", se estabilizó un poco y quiso evitar la conversación.
"¿hasta cuándo, Regina?, ¿no crees que es hora de que nos reconciliemos con nuestro pasado para seguir adelante como la familia que somos?", su voz fue muy pausada, Regina no hablaba, "mi padre me confesó que nunca me quiso, que hubiera preferido que me muriera con mi madre porque ser mi padre fue lo peor que pudo ocurrirle", recibió una mirada de compasión por parte de su madrastra, siguió hablando, "nunca te valoré, ni tomé en cuenta tu presencia", hablaba con el corazón en la mano.
"también te hice mucho daño", si quería hablar del pasado se lo concedería.
"que comprendí y perdoné, pero entre nosotras no todo está dicho, el regreso de mi padre me hizo darme cuenta de eso", descubrir la verdadera cara de su padre, le quitó la venda de sus ojos.
"eras pequeña para comprender", por fin, la conversación tomaba forma.
"igual pude defenderte y demostrarte todo lo que te quería", una leve sonrisa se dibujó en el rostro de Regina.
"hiciste algo mucho mejor", declaró y Blanca la miró confundida, "me derrotaste de la forma que nunca pensé que sería posible, me hiciste tu amiga y nunca te rendiste conmigo", eran sus palabras para que supiera que los tiempos de rencor y de venganza habían terminado.
"gracias Regina", una nueva vida comenzaría para ambas, una donde formarían parte de una misma familia.
"no me agradezcas, no he terminado", debía hablarle de David.
"¿de qué otro tema quieres que hablemos?", interrogó.
"David", la mención de ese nombre no trajo reacción alguna a los ojos de Blanca.
"que te ama y que está dispuesto a todo por ti, esa no es sorpresa para mí", la sorprendió con esa respuesta.
"lo si…", intentó comentar, no pudo.
"lo supe desde siempre, desde que regresamos del Bosque Encantado, Emma y yo… pero una vez más, me hice la desentendida ante lo que ocurría justo frente a mis ojos", el cambio radical de su esposo era imposible de ocultar, fue una ingenua al pensar que podría solucionar la situación.
"no quise hacerte más daño del que ya te había hecho", se excusó.
"debiste aceptarlo desde hace mucho, quizás las cosas ahora fueran diferentes", sabía muy bien que era ella quien le ponía frenos a David con respecto a su relación.
"se suponía que eran amores verdaderos, eso es para siempre, no se rompe un lazo tan fuerte como ese y lo sabes, además, ¿cómo saber con exactitud que me elegiría?", esas palabras la atormentaban noche y día.
"al parecer, nuestro amor verdadero no fue tan fuerte como pensamos, por eso mi corazón no pudo salvarlo", Regina abrió los ojos del asombro, ¿cómo era posible?
"pero yo les…", Blanca la interrumpió.
"me hiciste creer que había funcionado, pero no fue así, tu secuestro me lo comprobó", sospechaba que algún hechizo hizo para cubrir la verdad, no la culpaba.
Se miraron a los ojos, para terminar de sellar su pacto de paz, su pasado no les ajustaría cuentas nunca más, su intercambio terminó cuando el timbre de la mansión se escuchó.
"¡Robin, qué sorpresa!", exclamó cuando abrió la puerta.
"¡GINA!", el pequeño Roland la abrazó con la intensidad, ella le correspondió.
"hijo deja que Regina respire", bromeó Robin mientras Blanca salía a su encuentro.
"estaba a punto de llamarte", la sonrisa que recibió iluminó la mansión.
"¿cuándo iremos a tomar helado de almendras?", preguntó Roland sin soltar el cuello de Regina.
"no ha parado de preguntar lo mismo", comentó Robin.
"no te preocupes mi niño, iremos más pronto de lo que crees", calmó su entusiasmo con esa respuesta, añoraba repetir la visita al parque, aquel día se divirtió tanto viéndolos correr sin cansarse que hasta ella se contagió.
"podemos ir todos", planteó Blanca mirando muy intensamente a Robin.
"me da mucho gusto verlos juntos", sacó lo que tanto se reservó y su hijastra se sonrojó.
"¿no te molesta?", preguntó Robin.
"los veo muy felices, motivo suficiente para desearles una vida llena de felicidad", recibió un abrazo sorpresa, ese sí le quitó el aliento, pero era un abrazo que ambas necesitaban, por fin ella y Blanca, estaban en paz.
"desde la primera vez que las vi en el Bosque Encantado, supe que ambas se amaban y no me equivoqué", su instinto no le falló en aquella ocasión, este intercambio entre ambas lo comprobaba.
"te mandaré con David el informe que me pediste", Blanca rompió el abrazo, extendió su mano para que Roland entendiera que era hora de la despedida.
"me pondré a trabajar cuanto antes", le prometió y fue su despedida, los tres abandonaron la mansión.
Ese encuentro con Blanca, le sirvió de mucho, no esperó ese consentimiento por su parte con respecto a David, pero así es la vida, siempre te da las sorpresas menos esperadas.
Contaba las horas para que el horario de trabajo terminara, extrañaba a Regina desde antes de salir de la mansión, no veía el momento de recoger sus cosas en la cafetería para instalarse en la mansión a su lado, para contar con amaneceres como el de hoy, si le hubieran dicho que su sueño de vivir con ella, se haría realidad tan pronto, lo hubiese añorado desde el primer beso que se dieron, sonrió ante ese pensamiento y de pronto su mente se inundó de recuerdos.
La primera imagen que vio cuando despertó del coma, fue el bello rostro de la alcaldesa del pueblo, se había levantado de la camilla del hospital y comenzó a caminar sin rumbo, no sabía hacia dónde iría, el bosque le pareció muy conocido, por eso se adentró en la espesura de los árboles, pronto su desorientación le jugó en contra y todo se volvió negro, lo siguiente que supo, fue que Regina lo había encontrado y al parecer, por segunda vez, según lo que acababa de escuchar, sus ojos café y su suave piel, la que tuvo el privilegio de tocar, aparecían en sus sueños, ni cuando fue a la casa de Katherine, ni cuando Blanca estuvo cerca de él, se sintió de la mima forma, su corazón lo conducía hasta la alcaldía y hasta la mansión de la alcaldesa con mucha frecuencia, pero inhibió sus instintos por la amistad de su esposa con la hermosa morena, además, su corazón era un torbellino, Mary Margaret se acercaba más a él y su esposa quien estaba ajena a su confusión, no tenía la culpa de nada.
Un día, ocurrió que a Regina se le descompuso el auto, y por casualidad, él pasaba cerca y la ayudó, llevó todas sus compras a la casa y en agradecimiento, lo invitó a cenar, al principio, dudó, luego cambió de opinión, una cena no le haría daño a nadie.
La mejor lasaña que en su vida hubiese tenido el privilegio de probar, fue aquella que Regina cocinó esa noche, apenado, se ofreció a dejar la loza limpia y en medio de una amena conversación, estuvieron a punto de besarse, ella se le lanzó encima, su pequeño y menudo cuerpo, sus manos, su aliento, y sus labios estuvieron a punto de hacer contacto, su cercanía fue abrumadora, se puso tan nervioso que no hizo nada, ella se apartó al sentirse rechazada, su rostro se lo dijo todo, en ese momento no podía retractarse por lo que se retiró, dejando detrás sus deseos de regresar y besarla hasta desfallecer.
Los días pasaron y la maldición se rompió, sus memorias volvieron y su reencuentro con su amor verdadero fue inminente, un beso en medio de la calle principal confirmó que por fin los finales felices habían vuelto, el hecho de haber recuperado a su hija y a su esposa, llenaba su corazón de satisfacción, pero algo le faltaba, no sabía qué, hasta que la maldición del alma oscura, a la que Gold condenó a Regina, los unió a todos en el gran salón de la alcaldía, donde el portal del sombrero, se llevó a Blanca y a Emma, en un arrebato de furia, se enfrentó a Regina.
"todo esto es culpa tuya", todo el pueblo estaba en penumbras, porque la magia del alma oscura provocó la masiva falta de fluido eléctrico.
"me culpas por la ineptitud de tu esposa por lanzarse al vacío", sus palabras fueron hirientes, en respuesta, acortó la distancia entre los dos.
"todo", respondió, la tensión entre los dos se multiplicaba, a medida que la distancia era menor.
"claro, a la Reina Mal…", no pudo contenerse más, estrelló sus labios en un beso apasionado, lleno de tensión frustrada, la había despreciado dos veces, no podría vivir con una tercera, todas aquellas veces que soñó saborear sus tentativos labios, se quedaron pequeñas, con la lluvia de sensaciones que se agolparon en su corazón, de solo tenerla, aunque en contra de su voluntad, su gloria duró muy poco, sin previo aviso y en un arrebato, Regina levantó su mano y lo lanzó hacia la pared, donde lo apresó con un hechizo.
"debí matarte cuando pude, pero, ahora, ahora tendré la oportunidad de verte sin vida delante de mí", con cada palabra que decía, las ramas del tapiz de la pared, le sacaban el aire.
"todo…esto…por…un…beso", se esforzó para decirle y la furia de esos ojos intensos, se multiplicó por mil, hasta que la dulce voz de Henry lo salvó de morir en manos de la mujer que había despertado su corazón ese mismo día.
"una moneda por los pensamientos del Príncipe Encantador", la burla de esa voz lo apartó de sus recuerdos.
"lo menos que me imaginé fue que una persona de tu categoría, vendría hasta aquí", le siguió su juego, además, su presencia no era bienvenida.
"si no vas a verme, debo venir yo mismo", aclaró, para que supiera que no estuviera allí si no fuera por una razón de suma importancia.
"no tengo que ir a verte", ni siquiera se movió de su asiento, tampoco lo invitó a sentarse.
"tenemos un trato y debo cumplir con mi parte, porque esta mañana cumpliste con la tuya", logró la reacción que necesitaba.
"no estoy para juegos Gold", advirtió.
"no juego", hizo un gesto con su muñeca y apareció un folleto dorado, acto seguido, se lo ofreció a David.
"¿qué es…?", la lectura del documento dentro del folleto, lo silenció y sus ojos se iluminaron como el diamante más grande del universo.
"el pago por cumplir con tu palabra", el príncipe levantó la vista de los papeles en sus manos para darle la atención que necesitaba.
"no hicimos ningún trato, ya te lo dije", la ironía del principio de esa conversación, quedó atrás.
"aunque no lo creas, sí lo hicimos, obtuve exactamente lo que necesitaba, lo más justo es que también obtengas lo que más añoras", la lentitud de su comentario dejó a David sin palabras, quiso partir, pero casi se olvidaba de la mejor parte, "y, cómo olvidarlo, faltaba este ínfimo detalle", apareció en sus manos dos cajitas finísimas y las puso en el buró de David, sabía muy bien que el muy orgulloso, no las tomaría, "nuestro trato estás sellado a la perfección", dicho esto, despareció en una nube de humo marrón.
Se debatía entre la curiosidad, la confusión y la alegría, en sus manos tenía el boleto definitivo a la felicidad, y frente a sus ojos, lo que le demostraría al mundo su amor por Regina, porque no tenía que ser adivino para saber el contenido de las pequeñas cajitas, respiró hondo, extendió su mano y las tomó, si era un hechizo, o una trampa, estaba dispuesto a dejarse arrastrar, Regina valía ese riesgo y muchos más.
Sonrió al abrir una de las cajitas, dos alianzas de oro puro, brillaban orgullosas ante su mirada, tomó una entre sus dedos, sintió de inmediato la magia, no era experto, pero pudo reconocer que el mismo Gold las había hecho, también lo supo cuando al darle vueltas al metal en sus dedos, dos palabras aparecían y desaparecían con el movimiento, mismas que terminaron de alegrar su tarde, hacer tratos con el hechicero, a veces traía sus ventajas y aún faltaba abrir la otra cajita, esperaba no encontrarse con la trampa que tanto temía allí, con mucho cuidado la abrió para develar ante sus ojos el anillo de compromiso más hermoso que haya podido admirar en toda su vida, digno de la persona que lo luciría, era una fina prenda de oro y una piedra roja ligeramente dividida adornaba la parte superior, al observarla con detenimiento, pudo apreciar que la piedra tenía forma de corazón y al seguir detallando la prenda el mismo truco de las alianzas apareció en la parte inferior del anillo, las palabras NUESTRO CORAZÓN aparecían y desaparecían a medida que la prenda bailaba en sus dedos, no pudo evitar sentirse el hombre más feliz, por lo que juró que prepararía la boda más hermosa y diferente para la mujer que amaba.
"¿interrumpo?", la voz de Blanca lo sacó de su estado de enajenación, por suerte, había guardado las cajitas en una gaveta de su buró de trabajo.
"te llamé con el pensamiento", era su respuesta a la pregunta que había hecho.
"pues aquí estoy", se puso a completa disposición de David y lo vio extender su mano para entregarle unos papeles, los que leyó con mucha sed de conocimiento, para encontrarse con la solución de todos sus problemas.
"justamente venía a saber sobre esto", tomó del porta lápices una bella pluma negra y firmó muy gustosa aquellos documentos que significaban el comienzo de una nueva vida.
"gracias Blanca", la sonrisa de David iluminó su rostro.
"también quería que le entregaras esto a Regina", sacó de su bolsa el informe que le prometió, luego de un almuerzo delicioso en Grannys, Robin la acompañó a la alcaldía y con su ayuda, encontró la información que necesitaban para comenzar a organizar el pueblo.
"Blanca tenem…", la mano femenina se levantó impidiendo que el resto de su discurso se concretara.
"acabo de hablar con Regina, somos una familia y estoy muy de acuerdo con su relación, les deseo que sean muy felices", solo asintió porque las palabras se atascaron en su garganta, Blanca dio media vuelta y partió.
Boquiabierto, así fue como se quedó con la reacción de su exesposa, ahora sí, no podía esperar para llegar a la mansión, por lo que, cerró la comisaría, pasó por la cafetería, recogió sus cosas del cuarto que había rentado, no sin antes enfrentarse a Granny, quien disfrutó como nadie el hecho de que ya no viviría allí, esa anciana siempre lo sabía todo.
De camino a la mansión se encontró con su hija quien iba para el barco con Killian, donde se quedaba desde que todos decidieron dejar el departamento, le dio gusto verla, quería contarle las buenas noticias, pero debía esperar ponerse de acuerdo con Regina para hacer su relación pública, momento que no podía esperar y conociéndola, debía frenar su ansiedad.
La mansión estuvo frente a sus ojos más pronto de lo que imaginó, estacionó su camioneta en el lugar donde a partir de ahora sería su hogar, e hizo nota mental de que el auto de Regina ya no estaba, de eso, también se encargaría.
Con la maleta en una mano y los folletos en la otra, tocó el timbre de la mansión.
"¡ABUELO!", Henry le dio una cálida bienvenida.
Ese intercambio no pasó desapercibido por Regina, quien cruzó los brazos para admirarlos con una bella sonrisa en sus labios, mismos que había extrañado durante todo el día y no podía esperar para saborear nuevamente.
"mamá, ¿el abuelo puede quedarse a comer lasaña con nosotros?", la inocencia del muchacho no se perdía, eso era lo hermoso.
"el abuelo se quedará para siempre con nosotros mi príncipe", era mejor dar la noticia cuanto antes, pero lejos de tener miedo por la reacción de su hijo, tenía la extraña sensación de que las aguas por fin, tomarían su curso.
"¿vivirás con nosotros?", preguntó mirando a su abuelo, buscando la aprobación que necesitaba y David caminó lentamente para tomar a Regina por la cintura, ambos sonrieron.
"y dentro de unos meses, tendremos la compañía de dos personitas más", informó Regina y los ojos de Henry comprendieron el significado de esa noticia.
"¡tendré dos hermanitos!", corrió para abrazarlos con mucha efusividad.
El momento familiar no terminó ahí, los tres se pusieron a trabajar en conjunto para preparar la cena, Regina los complació y una sabrosa lasaña fue el plato principal de aquella noche hermosa, cuando dejaron la cocina limpia y recogida, vieron una película y Henry cayó rendido sin siquiera haber comenzado, al finalizar la película, David lo llevó a su habitación mientras Regina se daba un baño para dormir.
Al llegar, la encontró sentada en la cama leyendo un libro, se detuvo a observarla, hasta su concentración era hermosa, lucía una bata de dormir que cubría hasta encima de sus rodillas, sus pies cruzados y la mejor parte, la que más amaba, sus lentes para leer, se veía extremadamente sexy, sus deseos de besarla regresaron, ya que con la presencia de Henry, no se había querido saltar ningún límite, a pesar de saber que el adolescente aprobó su relación con mucha madurez, cerró la puerta con sumo cuidado, para no interrumpirla y decidió caminar hasta el baño, pero ella tenía otros planes.
"estás en deuda conmigo y si entras al baño aumentará", sus palabras los detuvieron de inmediato, tuvo que mirarla, no entendía.
"no recuerdo que me haya faltado entregarle algo a mi reina, se lo he dado todo", le siguió el juego.
"haré cuentas para que veas que tengo razón", fingió resignación y quiso quitarse los lentes, movimiento que David no podía tolerar, quería ser él, quien los quitara.
"no", fue un poco autoritario y sus bellos ojos lo miraron extrañados, no pudo más y se le lanzó encima para atacar sus labios con mucha pasión, se aseguró de no aplastarla, estaban sus amores.
"creo que tu deuda comienza a disminuir", dijo con mucha picardía.
"bueno, permítame decirle a la reina de mi vida que usted cambiará de opinión en cuanto lea estos papeles", la dejó sola en la cama para buscar los folletos y entregárselos, no había saciado sus deseos con el simple besito que se dieron, quería más, pero ahora debía quitarse el cansancio del día de su cuerpo.
Regina tomó los documentos y preguntó, "¿qué son?", David se perdió en el baño, solo sintió que la puerta se cerró.
Minutos más tarde, cuando el agua caliente relajó todos sus agotados músculos, salió con una toalla secándose el corto cabello, se sentía un hombre nuevo, pero al sentir los audibles sollozos de Regina, quien ahora lo esperaba sentada en una esquina de la cama con los papeles en sus manos y su rostro bañado en lágrimas, se preocupó.
"mi amor, ¿qué ocurre?", la toalla quedó olvidada en el suelo al verla en ese estado.
"el divorcio David", dijo entre lágrimas.
"sí mi vida, soy un hombre libre para ti y para mis amores", se hincó ante ella, pasó suavemente una mano por su vientre y con la otra, acarició su rostro para limpiar sus lágrimas, en lo que le quedaba de vida, permitiría que llorara con esa intensidad, hacerla feliz era su nueva promesa, la cual cumpliría así fuera con sus últimas fuerzas.
"dime que no estoy soñando, que no despertaremos, que esta es nuestra realidad", casi imploró con su voz quebrada por el llanto.
"no es un sueño, no despertaremos y esta es nuestra hermosa realidad", afirmó y se inclinó para besarla con suma paciencia y con mucho amor, ella se perdió en sus brazos, era la primera noche juntos con él viviendo en la mansión, había que celebrar.
Los próximos días fueron bien rutinarios, David trabajaba todo el día, Emma traía a Henry en las tardes para que se quedara con ella en la mansión, habían acordado no decir nada sobre su relación ni sobre el embarazo, esperarían un poquito y ella se entretuvo redactando un plan de acciones para que Blanca, Emma y David lo pusieran en marcha y así lograr el orden en al pueblo antes de las elecciones.
Esa mañana habría una reunión en la cafetería, debían ponerse de acuerdo, además, la campaña electoral no era juego, debía manejarse con sumo cuidado, por lo que necesitaban ayuda, más de uno, se ofreció a cooperar.
Se levantaron, desayunaron y David como todas las mañanas, llevó a Henry al colegio, ella iría caminando, fue una batalla campal que David la dejara caminar, pero lo neutralizó cuando le informó que caminar le haría muy bien a los bebés.
La puerta de la cafetería anunció su llegada, al parecer, era quien único faltaba para que el escenario se completara, el cual no fue muy agradable para ella, estaban Bella, Archie, Azul, Tinkerbell y los enanos, sentados en una mesa, hacían cuentos muy animados, frente a la caja de discos, estaban Emma y Killian muy acaramelados, Robin y Blanca acariciaban al bebé y Roland comía una copa de helado con merengue frente a ellos, su vista recorrió hasta la barra, donde estaba David junto a Katherine, estaban sospechosamente cerca, ella escribía en un papel y él asentía en cada cosa que leía, la que no alcanzaba a escuchar, parecía que se confesaban secretos de estado, de solo verlos así, toda su piel se erizó y su alegría de la mañana desapareció, caminó hasta la mesa donde Blanca estaba sentada, ignorando por completo a David, de hecho, lo ignoró durante toda la reunión, la que transcurrió exitosamente, acordaron dividirse, los enanos, Bella, Archie y las hadas, prepararían las elecciones y el resto se haría cargo de aplicar el plan de acciones que Regina había redactado, ella no movería un dedo, fue su condición, no quería involucrarse nuevamente con el poder del pueblo, no muchos estuvieron de acuerdo, pero respetaron su decisión.
Se retiraron para comenzar con sus tareas lo más pronto posible.
"Regina, necesito hablar contigo", la voz del hada suprema, interrumpió su despedida con David, la cual no estaba resultando muy agradable que digamos.
"luego te llamo", fueron las últimas palabras que escuchó y su mayor miedo se hizo realidad, vio que cuando David salió de la cafetería, Katherine se montó en su camioneta para irse juntos, involuntariamente tocó su vientre, respiró hondo y centró su atención en el hada, quien se había sentado a esperarla.
"tú dirás", en el salón de la cafetería solo estaban ellas, porque Granny, preparaba las condiciones para abrir el negocio.
"quería pedirte perdón", comenzó sin reservarse nada, el arrepentimiento por lo que había ocurrido hacía tantos años, no la dejaba dormir y ahora que sus teorías sobre la magia blanca de Regina, se habían confirmado, debía actuar a favor de su consciencia.
"puedo saber, ¿por qué hasta ahora?", esperaba un reproche como ese.
"llámalo cobardía", tenía toda la culpa, de que Gold haya acabado con su vida, que ni coraje pudo juntar a lo largo de los años para enfrentarse a ella.
"todas las veces que añoré que me sacaran de las garras de mi madre, pero llegó un momento que mis llamados se volvieron insignificantes, hasta para mí, que ni me molestaba en pensar en el ejército de polillas de colores que se jactaban de su capacidad de ayudar a todas las almas en desgracia", sacó todo lo que había tenido guardado durante años, y el coraje que sentía por lo ocurrido con David, la ayudó a no dejar nada en su corazón.
"lo siento tanto, Regina, pero te aseguro que todo tiene una explicación", su disculpa salió desde el fondo de su alma.
"todos tenemos nuestras propias explicaciones, Azul, pero supongo que eso haya quedado en el pasado, ¿cierto?", era el objetivo de la conversación, además, si a ella la habían perdonado, por qué no podía retribuir la acción.
"gracias", fueron sus palabras, tenía razón en odiarla, ya se encargaría de cambiar eso, de eso estaba segura.
"empecemos desde cero, ¿sin rencores?", Regina se paró del asiento que ocupaba y le extendió la mano, gesto que fue correspondido por el hada, con mucha gratitud.
"sin rencores", afirmó y ambas apretaron sus manos en señal de fraternidad, no dijeron más, Regina se retiró, tenía otro asunto que resolver.
La conversación con la reina, la hizo recordar, uno de los eventos más dolorosos de su inmortal vida como hada.
Cuando el hada Fiona, oscureció su corazón y se convirtió en el Hada Negra, acabó con todas las posibilidades de que su hijo Rumplestiltskin, fuera El Salvador, que estaba destinado a ser, dejándolo abandonado a su suerte, la misma que se torció cuando tuvo la posibilidad de convertirse en el Ser Oscuro, entonces todas sus pesadillas comenzaron, cuando él descubrió la existencia de La Maldición Oscura, creada por su madre, pero como ella no quería que madre e hijo se enfrentaran en lo que sería una batalla, de vida o muerte, nunca develó ese pequeño secreto, hasta que, en aquella ocasión, la figura del mismísimo Oscuro se le apareció, atemorizando a sus hadas porque quería tener una charla con ella.
"¡BASTA!", exclamó cuando hizo su aparición.
"vaya, vaya, al fin te dignas a aparecer, me pregunto, ¿qué clase de tutora eres, cuando tus pupilas están sufriendo y tú ni por enterada?", se burló con sumo desdén.
"¿qué quieres Rumple?", todos lo conocían por ese nombre.
"quiero La Maldición Oscura", tarde o temprano se tendría que enfrentar a esa realidad.
"eso no ocurrirá", afirmó con mucha firmeza.
"eso lo veremos, además, no querrás que el mundo entero, sepa que eres tan inútil como Hada Suprema, que no pudiste evitar que una de tus alumnas, se convirtiera en el Hada Negra", esparció su veneno, cómo era posible que supiera.
"vete de aquí Rumple, no conseguirás nada de lo que buscas", le aconsejó que se retirara.
"entonces tendré que decirles a todos que la llena de luz, Hada Azul, tiene bajo su poder la Maldición Oscura, dispuesta a lanzarla en cualquier momento", siguió amenazándola.
"nadie te creerá", lo desafió.
"entonces me verás obligado a matar una por una a tus preciadas moscas mágicas, hasta que llegue a ti, y te aseguro que no tengo reservada una muerte muy bonita, además Azul, esa maldición es mía, me pertenece por derecho, la hizo mi madre", la actitud de Azul cambió por completo, sabía que la tenía exactamente donde la quería.
"tú ganas", se rindió ante todas sus amenazas, el bienestar de sus hadas dependía de ella, no tenía otra alternativa, con su varita, hizo que un pequeño pergamino flotara en el aire hasta quedar frente a Rumple, quien lo tomó con una sonrisa de triunfo en su rostro.
"ah y para que nuestro encuentro no se repita, quien lanzará mi maldición, será una hechicera de magia blanca muy poderosa, me encargaré de oscurecer su magia y si me entero que alguna de ustedes se acerca a ella e interfiere con mis planes, cumpliré con todas mis amenazas, su nombre es Regina", desapareció en una nube de humo marrón, dejándola con un torbellino de pensamientos, a partir de ese momento, tendría que dedicarse a cuidar a sus hadas con más cuidado, costara lo que costara, lo primero que hizo fue mantenerlas alejadas de todas la mujeres con el nombre que acababa de escuchar, por eso, años más tarde, condenó injustamente al Hada Verde por haber querido ayudar a Regina, le dolía en lo más profundo, cada llamado que hacía, cada vez que imploraba que la liberaran de su prisión y ella no respondía, se hacía la sorda, a pesar de que en su naturaleza de hada de luz, no estaba abandonar a su suerte a quien necesitaba su ayuda, fue como un condena, un castigo, pero debía desempeñar su roll como mejor pudiera y en aquel momento, ignorar sus llamados mantendría a salvo a toda una generación de hadas.
"terca nuestra reina, ¿verdad?", Granny preguntó y ella asintió, dio un último sorbo al café le había servido y salió de la cafetería, con la satisfacción de que a partir de ese día sus deudas del pasado, habían comenzado a saldarse.
